12. "Lo imposible está a un beso de distancia de la realidad"

—¿Quieren salsa sriracha en sus palomitas?

Hubo dos respuestas afirmativas y Michelle desapareció de nuevo en la cocina de su apartamento. Ned estaba arrodillado frente a la televisión con el control remoto en la mano, recorriendo la fila de series que Michelle tenía en Netflix. Peter se había ofrecido a hacerlo, pero sus dos amigos habían respondido con un rotundo "no" por lo que Peter se había acostado en el sofá, sintiéndose como un inútil.

Ya había pasado casi una semana desde el incidente, como Peter solía llamarlo, y mientras que los exámenes médicos no mostraron nada más serio que un páncreas ligeramente lastimado y una nariz casi fracturada, todos a su alrededor insistían en tratarlo como si estuviera hecho de vidrio. Ni siquiera había regresado a la escuela hasta apenas el día anterior, un miércoles, y mucho tenían que ver los moretones regados por todo su cuerpo, así como la enorme marca todavía ennegrecida de una bota en su estómago, la cual Peter había tenido que mostrar en el vestidor ante el asombro de todos sus compañeros.

Peter recordaba cómo se la había hecho.

No había dormido nada en toda la maldita semana.

Habían sido varios tipos los que estaban robando en el cajero automático. Peter no recordaba mucho más que eso –desde esa noche sentía el cerebro todo revuelto, lo que había hecho que May se preocupara al pensar que Peter podía tener una conmoción cerebral, lo cual era perfectamente plausible.

Se había encontrado con los ladrones más o menos por accidente después de que bajara del edificio. Había sido un momento salvaje, nada de pensamientos involucrados, todo fue descubrir a los ladrones y arrojarse sobre ellos. Pero había un detalle que sucedía cuando peleas con un montón de gente al mismo tiempo: nadie espera su turno. Simplemente se amontonan sobre ti y te hacen papilla. No obstante, las innovaciones adicionales que Stark le hizo al traje tuvieron que haber hecho su trabajo porque Peter al menos continuaba con vida. ¿Cuán duro tuvieron que haberme golpeado si el traje no fue suficiente para librarme de las contusiones?, se preguntaba por centésima vez.

Pensar en eso le hacía sentir ganas de vomitar (de nuevo), así que repitió mentalmente su pequeño mantra una y otra vez: estoy bien todo está bien está bien… y entonces se obligó a ponerle atención a la pantalla de la televisión. Era Sense8 a la mitad de la temporada uno. Desde la cocina les llegó el grito de Michelle:

—¡No se atrevan a comenzar sin mí!

Michelle se materializó cargando un cuenco enorme lleno de palomitas, el cual depositó en la mesita de centro antes de dejarse caer en el sillón en el pequeño hueco que quedaba entre el reposabrazos y los pies de Peter.

La verdad era que él podría haber sido capaz de regresar a la escuela desde el día lunes, al menos físicamente, pero la gente normal no tenía su mismo factor de sanación. Fue por esa razón que May había armado todo un alboroto para llevarlo edificio arriba hasta el apartamento de Michelle, a pesar del hecho de que Peter ya podía caminar perfectamente bien.

En la pantalla, Max Reimelt golpeó a un pandillero en la cara y luego se giró para patear a otro en los testículos.

Volteándose para alcanzar el cuenco comunal de palomitas, Ned le preguntó a Peter:

—Oye, ¿este tipo de violencia está bien para ti? —Sonaba preocupado. Peter asintió, moviendo una mano como restándole importancia.

—Sí, está bien. —Las peleas en las películas no le molestaban; no estaban ni cerca de parecerse a lo que sucedía en la vida real.

—Porque podemos dejar de ver esto y mejor escoger algo como Galavant, si lo necesitas…

Michelle soltó un resoplido de risa sobre sus palomitas.

—Eres tan gay.

—Tú eres quien estaba mirando sin parar San Junipero hace una semana —replicó Ned—, así que no te atrevas a burlarte.

Michelle soltó risitas.

—Y no me arrepiento. —Se apoyó de espalda contra el sofá y subió los pies encima de la mesita—. Muy bien. Juguemos a "follar, casarse y matar" con los sensates. Va.

Ned apuntó con el dedo hacia la pantalla de la televisión, donde Reimelt estaba ahora abriendo una caja fuerte.

—Bueno, para empezar, yo follaría con él —dijo—. Y entonces… mataría a Will y me casaría con Lito.

Peter se pasó las manos a través del cabello mientras decía:

—Yo follaría con Kala, me casaría con Capheus y Hernando, y no mataría a nadie.

—Hernando no es un sensate —protestó Ned.

—De todas maneras me casaría con él —dijo Peter con una gran sonrisa—. Dios, me encanta tener una selección más amplia que ustedes a la hora de escoger pareja. ¿Y tú, Michelle?

—Yo tendría un matrimonio polígamo con todas las damas e ignoraría a los demás.

Bufando de risa, Peter se estiró para alcanzar un puñado de palomitas pero un dolor sordo debajo de sus costillas inferiores lo hizo sisear y regresar bruscamente a su lugar. Sanaba rápido, pero al dolor le gustaba persistir.

Michelle se paró a medias en su asiento, y Ned sí se puso de pie completamente.

—¿Te encuentras bien? —preguntaron al unísono. Peter meneó la mano.

—No, sí, está bien.

—¿Estás seguro? —preguntó Ned, quien ignoró las señales de Peter y ya estaba a medio camino hacia el sofá.

—Sí, estoy bien. Es sólo mi páncreas.

Michelle estaba mirándolo de una manera que Peter sabía era su modo de demostrar preocupación: una ceja arqueada y la cornisa de sus labios curvada hacia arriba.

—¿Sí sabes que seguramente no existe nada como "sólo me duele el páncreas", cierto?

—En serio, estoy bien, los médicos dijeron que todo estaba bien.

—De acuerdo…

Ninguno de sus amigos se veía convencido, pero ambos tomaron de nuevo sus sitios, dándole a Peter una mirada preocupada y luego intercambiando una entre ellos dos cuando pensaron que la atención de Peter había regresado al show de TV. Peter tuvo que contenerse de poner los ojos en blanco. May hacía exactamente lo mismo en casa, continuamente preocupándose por él en exceso. Y aunque a Peter en parte le gustaba la atención, la mayor parte del tiempo sólo quería que lo dejaran en paz.

Tenía cosas en que pensar.

Conforme la conversación murió y el episodio continuó en la pantalla, Peter recordó todo lo que había pasado antes de la pelea, y todo lo que había pasado después.

La última cosa que él habría deseado era que Stark lo viera todo golpeado, particularmente después de la manera en que habían discutido. ¿Cómo se suponía que tendría que haber interpretado el horror en la expresión de Stark cuando éste lo vio? ¿Era debido a que se había preocupado por él, o era más bien que se había sentido perturbado por el recordatorio de lo que había hecho? ¿Y cómo se suponía que tenía Peter que interpretar eso, también? Quería creer en ello, en esos escasos minutos en el salón comedor, ¿pero cómo podía hacerlo? Hacía una semana, en su auto, Stark le había dicho que no jugara con fuego, pero Peter lo hizo de todas formas y ahora los dos habían resultado quemados… ¿Qué era lo que Stark había dicho que le pasó? ¿Le había pegado a una pared? No había que pensar demasiado para llegar a la conclusión de que Peter había sido también la causa de eso.

Ned y Michelle estaban hablando de nuevo.

—¿A tu papá no le preocupa que te juntes con un par de chicos mientras él está en el trabajo? —preguntó Ned.

—¿Bromeas? Estaba tan aliviado de que socialice con gente de mi edad que ni siquiera dudó en darme permiso.

En la pantalla, Kala se estaba preparando para su boda. Ned torció el cuello para girarse a ver a Peter.

—No te vayas a poner a llorar —se burló.

Peter le enseñó el dedo medio y estaba a punto de responderle algo, cuando su teléfono comenzó a vibrar dentro del bolsillo trasero de su pantalón. Se sobresaltó y cuidadosamente levantó el cuerpo para sacar el teléfono y ver quien le estaba llamando.

Era el emoji de la bandera de Alemania seguido del emoji de las gafas de sol.

—Oh mierda —dijo en voz muy alta. Sus dos amigos lo miraron, asustados.

—¿Qué sucede?

—¿Quién es?

Se levantó del sofá de un brinco e ignoró las innumerables quejas de su cuerpo y la sorpresa de sus amigos.

—Tengo que responder —les dijo—, ustedes sigan viendo la TV.

—¿Todo está bien? —preguntó Ned.

—Sí, está bien, es sólo que… —se interrumpió mientras entraba en la cocina y tocaba el botón para contestar en la pantalla de su teléfono. Usó la mano libre para oprimirse una oreja y ahogar los ruidos que venían de la otra habitación, aspiró una profunda bocanada de aire, se apoyó contra la encimera de la cocina y respondió:

—¿Hola?

Stark sonaba cansado, aliviado y frustrado, todo al mismo tiempo:

Ahí estás. Hola. Pensé que ibas a dejar el teléfono sonar sin contestarme.

Pensé en hacerlo —mintió Peter. Echó un vistazo hacia la salita para asegurarse de que ni Michelle ni Ned estuvieran escuchando—. ¿Qué estás haciendo? —añadió.

Quería asegurarme que no habías muerto —dijo Stark.

Peter suspiró.

—No estoy muerto —dijo—. ¿Algo más, o eso era todo?

Estás enojado conmigo. Necesitamos enfriar los ánimos o…

—¿O…?

… Necesitamos enfriar los ánimos —repitió Stark después de una pausa—. Creo que no nos hemos comunicado bien.

—Bueno… ¿qué quieres que te diga? —preguntó Peter.

No lo sé —admitió Stark—. No sé si queda algo por decir. —Una breve pausa—. ¿Qué te pasó? Voy a asumir que no estás en condición crítica ya que estás contestando el teléfono.

—Sí. Sí, ya estoy mejor. —No quería comenzar a hablar de los ladrones de cajeros automáticos en caso de que el tema lo llevara a recibir un regaño acerca de los Acuerdos que no tenía ganas de escuchar—. ¿Cómo está tu mano?

No tengo idea, no la he visto en una semana. Doy por sentado que todavía continúa pegada a mí.

Peter sonrió un poco. Podía sentir que Stark estaba tratando de apaciguar la situación con humor y, aun en contra de su mejor juicio, estaba funcionando con él. Peter se aclaró la garganta y bajó la voz hasta volverla un murmullo para que sus amigos no tuvieran ninguna oportunidad de escuchar:

—¿Puedo preguntarte algo? ¿Con total sinceridad?

De acuerdo. —Había inquietud en la voz de Stark y con justa razón: esa frase tenía una connotación que ninguno de los dos sería capaz de olvidar en un buen tiempo.

—¿Fue…? —Peter titubeó, tratando de encontrar la mejor manera de colocar en palabras la cuestión que lo había estado atormentando durante toda la semana—. ¿Fue real? —preguntó con voz temblorosa.

¿Real? —repitió Stark cautelosamente.

—Sí, ya sabes, que si fue… ¿fue legítimo? —Cuando Stark no mostró señales de comprender su pregunta, Peter gimió y comenzó a caminar de un lado a otro aunque a paso lento—. Lo que hicimos —dijo, intentando escoger sus palabras con sabiduría—. ¿Fue porque ambos lo deseábamos, o fue porque yo estaba ahí disponible y te resulté conveniente? Quiero decir… ¿estás… estás aprovechándote de mí?

Hubo un silencio al otro lado de la línea y, por un momento, Peter se preguntó si Stark había colgado, más o menos respondiendo a su pregunta al no responderla. Pero entonces Stark tosió.

Eso no fue lo que pasó —dijo.

—Pero, ¿cómo puedo yo saberlo? —presionó Peter—. ¡En una situación como esta, no puedo simplemente creer en lo que tú me digas!

No lo sé, Parker, tú dímelo —respondió Stark—. Si mi palabra te sirve de algo, puedo jurar que no quería lastimarte. Tú no eres sólo algo conveniente para mí.

Peter sintió una sonrisa pugnando por formarse en sus labios, calor elevándose en su pecho. Se detuvo al lado del microondas en el rincón más alejado de la cocina y se apoyó contra la encimera; necesitaba un descanso.

—Seguramente soy todo lo opuesto a "conveniente", ¿cierto?

Silencio. Escuchó la pauta de la respiración de Stark en su voz y trató de seguir el mismo ritmo con la suya. Adentro, afuera. Adentro, afuera. Adentro, afuera.

—¿Qué vamos a hacer? —preguntó después de que el reloj digital de la pared señalara que habían pasado dos minutos sin que nadie dijera nada.

No tengo idea.

Peter ahogó una risa.

—Eres el adulto aquí, ¿y no tienes ninguna idea?

Ten cuidado con eso, Parker.

Más silencio, tan profundo que Peter creyó que probablemente podría ahogarse en él. Ciertas palabras se alineaban por sí solas en su lengua pero no se atrevía a decirlas. Es una mala idea, mala idea, se dijo. En vez de eso, decidió irse por un terreno más seguro –aunque "seguro" e "inseguro" estaban convirtiéndose en descripciones cada vez más irrelevantes.

—No puedo olvidarlo —dijo—. ¿Sabes? Hace dos meses nunca habría creído posible que esto pudiera pasar. Que… ya sabes… que y yo…

—Lo sé.

—Lo que estoy tratando de decir es que… No puedo dejarlo de lado.

—Lo sé.

—Y sé que es una pésima idea, pero no puedo… Simplemente no puedo dejarlo escapar.

—Lo sé.

—Y si vuelves a decir "lo sé" otra vez, voy a matarte.

Stark tosió.

—Mira, Peter. Lo primero que necesitas entender es que esto es casi tan difícil para mí como lo es para ti… Y sé que no es fácil para ti, créeme —añadió como si pudiera percibir que Peter había abierto la boca para protestar—. Tú eres joven. Y yo no. Existen palabras para etiquetar a las personas que hacen este tipo de cosas.

Si quieres que nos detengamos antes de que nos involucremos más profundamente en esto —susurró Peter—, sólo dilo.

Bueno, he ahí la cuestión —dijo Stark y se aclaró la garganta—. No quiero que nos detengamos, no necesariamente. Y creo que no podré continuar fingiéndolo durante más tiempo.

Oh. —Repentinamente Peter se sintió desfallecer—. Oh.

Pero sé que debo hacerlo, y sé que esto no resultaría en nada bueno para ninguno de los dos, pero…

Stark no finalizó su frase y pareció quedar mejor de aquella forma. Pero, sin embargo, y a pesar de eso, y aun así… Esas expresiones parecían resumir su situación mucho mejor que cualquier otra cosa.

—Lo entiendo —susurró Peter. Las palabras se volvieron a alinear en su lengua; él las contuvo una y otra vez, y de nuevo…

Es tu decisión —dijo Stark—. No te culparé si me dices que no. No te culparé si quieres echarte para atrás completamente y me mandas a mí a la mierda.

—Sí, pero los Acuerdos y…

Ese no es problema —dijo Stark con arrogancia simulada—. Les diré que tienes un jodido carácter independiente de los mil demonios y que te escapaste para hacer equipo con el maniático de Hell's Kitchen.

—Eso no será suficiente para que dejen de hacer preguntas, ya ni se diga para que tomen medidas contra mí…

—¡Tranquilízate, Parker, yo me encargaría de eso! —exclamó Stark. Su tono se suavizó al continuar—: En serio. No tendrás que preocuparte. Yo me ocuparé de todo. Podrás hacer lo que quieras, cuando quieras… Sólo... —suspiró—. Sólo no te dejes golpear como el otro día, ¿está bien?

Peter odiaba los Acuerdos. Odiaba el trato que se había sido cerrado sin su opinión, que lo restringía y evitaba que hiciera todo lo que originalmente había pretendido hacer. Darle indicaciones a la gente extraviada y rescatar gatos de los árboles estaba bien, suponía, pero eso no era lo que él quería. Eso no era en lo que había estado pensando cuando fue testigo del asesinato de su tío. Había pensado: si hubiera sido más rápido, si me hubiera esforzado más, esto fue mi responsabilidad.

El trato con Ross le impedía sanar de lo sucedido en ese momento.

Pero… sin embargo… y a pesar de eso…

—No he dicho que quiera renunciar —dijo en voz baja.

Stark no respondió, pero Peter fue consciente de que el ritmo de su respiración cesó abruptamente, como si lo dicho por Peter hubieran sacado de golpe el aire de sus pulmones.

Las palabras volvieron a alinearse en su lengua y esa vez no pudo contenerse de decirlas:

—El lunes por la noche May va a salir —dijo a toda prisa—. Tiene una cita con Nathan. Si quieres venir… —Tan rápido como había comenzado, se detuvo en seco—. Si quieres venir, estaría bien. Conmigo.

No hubo respuesta. Oh Dios, pensó mortificado, esta vez sí colgó el teléfono.

—¿Hola?

Aquí estoy —respondió Stark después de un momento.

—¿Me…?

Sí, te escuché.

Okey.

Una larga pausa. Un susurro cuando Stark inhaló.

Mándame un texto con la hora —dijo al final—. Ahí estaré.

Peter se deslizó hacia abajo resbalando por las alacenas de la cocina hasta quedar sentado en el piso de linóleum, el teléfono todavía presionado contra su oreja. No sabía qué más decir, así que sólo soltó:

—Te extraño.

Yo también.

—No puedo dejar de pensar en lo que pasó hace una semana.

Sí. Yo tampoco puedo.

No parecía que quedara mucho más de qué hablar. El silencio que siguió hizo que Peter se sintiera sobreexpuesto y avergonzado, como si hubiera hablado de más.

—Probablemente será mejor que cuelgue —murmuró finalmente.

Muy bien. Adiós.

Adiós.

La llamada finalizó y Peter se apoyó de espalda contra la alacena, el teléfono apretado contra su pecho, quedándose sin aliento como si acabara de llegar de correr.

Durante toda su vida había sido el nerd que siempre regresaba a casa antes de las siete de la noche, que nunca fallaba con los deberes de la escuela y cuyas calificaciones eran el centro de su universo. Y entonces adquirió sus poderes, y Ben murió, y ahora estaba concertando una… una… (no pudo pensar en una palabra apropiada así que mejor se la brincó)… con un hombre treinta años mayor que él.

Repentinamente se le ocurrió que acababa de unirse a las sombrías e infames filas de los estudiantes de segundo grado con una vida sexual activa. El pensamiento era extraño y no pudo decidir si lo asustaba o lo hacía sentirse un tanto… bueno… importante no era la palabra…

¿Cool?

Se asustó al escuchar pasos afuera de la cocina y se puso de pie, automáticamente brincando hasta adoptar una posición defensiva… justo antes de que Ned apareciera al otro lado de la esquina con el cuenco de las palomitas en las manos.

Se quedaron viendo con los ojos muy abiertos, ambos sorprendidos de la presencia del otro.

—¡Ey! —dijo Peter tal vez demasiado alto, relajándose.

Ned lo miró extrañado, inclinando la cabeza hacia un lado y apuntando con una mano hacia la alacena que quedaba arriba de la cabeza de Peter.

—Sólo vine… por un poco de sal —dijo cautelosamente.

—Oh sí, um… Sí —Peter se quitó del camino para permitir que Ned pasara, guardándose el teléfono en el bolsillo.

—Oye —añadió Ned mientras se giraba a verlo—, ¿todo está bien?

Peter frunció el ceño, inseguro de a dónde estaba dirigiendo Ned la conversación.

—¿… Sí?

—Es que has estado actuando un poco raro últimamente, y…

—¡No, sí, todo está bien! —dijo, su voz sonando varias octavas arriba de lo habitual. ¿Qué mierda está mal contigo?, se dijo a él mismo, actúa normal…

—¿Quién te llamó?

—¿Qué? Oh. May quería asegurarse de que estoy bien —dijo y se encogió de hombros, haciendo un gesto de qué-más-puedo-hacer.

—¡Se van a perder la boda! —gritó Michelle desde la sala—. ¡Dejen de besuquearse y regresen, no me dejen sola viendo esto!

—Mejor vamos —dijo Peter, agradecido de tener una excusa para terminar con esa conversación.

—¿Entonces estás seguro de que estás bien? —insistió Ned.

—Sí, ¿podemos ir antes de que Michelle venga y nos saque a rastras?

—¡Es en serio, lo que sea que estén haciendo, paren ya y regresen aquí! —gritó Michelle.

Ned asintió.

—Sí, mejor vamos antes de que nos asesine.


Terminaron de ver el episodio y comenzaron otro, sólo para después distraerse charlando. Le recordaron a Peter que ni siquiera había tratado de invitar a nadie al baile, el cual sólo estaba a un par de semanas de realizarse. "Es en serio", dijo Ned, "¿intentaste con Liz?" y Peter, a su vez, les recordó a sus amigos que tampoco ellos habían puesto mucho esfuerzo que digamos.

—Estoy guardándome para el día de mi boda —dijo Ned.

—Cuando Gwen Stacy se vuelva gay, llámenme —dijo Michelle, ahora despatarrada en el suelo junto a Ned, dejándole a Peter todo el sofá para él solo—. Hasta entonces, voy a pasar una hora del baile saludando viejos amigos y luego voy a regresar a casa a mirar Deep Space Nine como por una semana.

Ned negó con la cabeza.

—No puedo creer que seas una trekkie.

Cuidadosamente, Peter se acomodó para descansar la mejilla sobre el cojín del sofá y cerró los ojos. Todos los demás chicos de su edad –con la posible excepción de Michelle- estaban esperando con diferentes niveles de expectativa el baile de bienvenida, pero no él, por la simple razón de que ese baile ya no se sentía como algo real. Lo que Peter sí sentía real eran los flashbacks que experimentaba durante las noches, los repentinos subidones de ansiedad que sufría durante el día, y el hecho de que acababa de concertar una reunión con Stark en su apartamento. Si May los atrapaba, seguramente se volvería loca.

En comparación, una fiesta ordinaria con gente que en su mayoría no simpatizaba con Peter, no era la gran cosa.

El sofá de piel sintética se sentía más suave que el de su propio apartamento. Peter exhaló y dejó que la fatiga que había estado tirando de él lo llevara a donde quisiera ir, la conversación de sus amigos desvaneciéndose a lo lejos.


Cuando abrió los ojos de nuevo, se encontró a solas en la salita. El reloj de la repisa de la chimenea indicaba que se había dormido durante una media hora. Parpadeando ante la luz que todavía entraba por la ventana, se sentó perezosamente y se pasó una mano por el cabello.

Repentinamente fue consciente de las voces que provenían de la cocina. Se quedó quieto, los vellos de la parte de atrás de su cuello erizándose automáticamente mientras se esforzaba para escuchar. Eran Ned y Michelle hablando en voz muy baja.

Gracias a Dios por su sentido del oído mejorado.

—No lo sé —estaba diciendo Michelle—. Tú sabes cómo soy yo con las cuestiones sociales. Pero también me está pareciendo extraño.

—Entonces no estoy loco —dijo Ned—. Todo el tiempo se lo pasa diciéndome que todo está bien, pero… ¿honestamente? No se lo creo.

—Y si a eso le sumamos la parte donde lo… bueno, donde lo asaltaron…

—Sí. ¿Crees que esté pasando algo que no sepamos?

—No sé. Peter es como un libro cerrado —dijo Michelle—. Si le está pasando algo, a mí no me ha dicho nada. ¿Quieres que hable con él?

Cuidadosamente, Peter se levantó del sofá.

—Michelle, queremos que se sienta a salvo, no que se aleje corriendo de nosotros —estaba diciendo Ned.

—¿Quizá necesita un acercamiento discreto y razonable? Dame un poco de tiempo —dijo ella—. Intentaré pillarlo a solas esta semana y veré si puedo sacarle algo.

Peter apareció en la entrada de la cocina con expresión de quien no sabe qué sucede.

—Ey, chicos.

Ned y Michelle, quienes habían estado parados el uno junto al otro cerca de la encimera, brincaron al sonido de su voz.

—¡Hola! —dijo Michelle. Ella era difícil de leer, dado que sus expresiones sólo parecían cambiar cuando la luna estaba llena, pero Ned era fácil de analizar. Ya estaba poniéndose rojo.

—¿Por qué no me despertaron? —preguntó Peter.

—Te veías muy necesitado de descanso —dijo Ned con culpabilidad. Por lo que parecía, probablemente Ned había sido el instigador. Peter podía imaginarlo tirando silenciosamente de Michelle hasta la cocina mientras le decía, ¿Oye, puedo preguntarte algo…?

Peter se sentía en conflicto. A Michelle apenas la había conocido al inicio de ese semestre, pero había sido amigo de Ned toda la vida, y éste se veía claramente preocupado. Igual que May, igual que sus profesores. De todos ellos, Ned era la apuesta más segura si es que Peter iba a contárselo a alguien.

Tal vez.

Ned era genial y todo, pero tenía el hábito de hablar sin pensar y de revelar cosas en los peores momentos.

Y ninguno de los secretos de Peter eran cosas que él pudiera permitirse que el mundo descubriera.

Pasando saliva, incómodo por hacer sentir incómodo a su amigo, Peter se apoyó contra la encimera y se dedicó a escuchar la conversación inocente de los otros dos, tratando de no sentirse demasiado culpable, o demasiado triunfante.