14. Perfecto
Peter se despertó sintiendo dolor en sitios de su cuerpo que no había creído que fuera posible que pudieran doler. Gimiendo, cambió de posición delicadamente y respiró el aroma que desprendía la funda de su almohada. Olía a algo adulto y ligeramente peligroso. Era la loción para después de afeitar de Stark y algo más que Peter no podía identificar pero que sabía de manera intuitiva que era él.
Podía haberse quedado ahí respirando el aroma de lo sucedido la noche anterior –siempre había considerado esa idea un tanto repugnante, pero quizá sólo era diferente cuando se trataba de uno mismo- pero la alarma de su reloj sonó rompiendo el hechizo. Sin importar lo que hiciese el día anterior, siempre podía contar con la cotidianidad para obligarlo a regresar a la realidad.
Como fuera, nada de eso lo detuvo de hacer una pausa frente al espejo para hacer un recuento de los daños mientras se ponía su ropa. Buen Dios. Su cuerpo era una zona de guerra. Tenía una mordida casi en carne viva en el hombro, otra arriba de su pezón y otra más en el cuello. También tenía marcas de uñas en forma de media luna en sus caderas y, la joya de la corona: la marca clarísima de una mano en una de sus rodillas. Con los dedos bien pintados y todo. Esa mañana tendría que vestirse de manera mucho más conservadora de lo usual.
Así que ese era él ahora. Su yo post-virginal. Era gracioso pensar que la línea finalmente se había dibujado: que todo lo que había hecho era ANTES y que todo lo que venía a continuación sería DESPUÉS.
Antes de dirigirse a la cocina a desayunar, le echó un vistazo a su teléfono. Tenía algunos mensajes de Ned, dos de los cuales tenían que haber llegado mientras Stark y él habían estado... En medio de sus cosas. Era raro pensar en eso.
No tenía ningún mensaje de Stark. Se dijo que no debía preocuparse por eso. La última cosa que quería era verse como un desesperado. Si no sabía nada de él en las siguientes tres horas, le mandaría un texto. Un emoji, quizá. Algo seguro.
Milagrosamente, May no pareció notar nada fuera de lugar cuando Peter salió a la cocina a desayunar. Éste se había levantado el cuello de la camisa lo más que había podido y ni así era suficiente para cubrir el chupetón que tenía en el cuello. Más tarde, asaltó la gaveta de maquillaje de su tía e inexpertamente se puso un poco de corrector, pero el tono no coincidía con su propio color de piel, así que eventualmente se rindió y se lavó para quitarse esa cosa.
Descubrió el verdadero infierno una vez que llegó a la escuela y se sentó en su primera clase del día. La voz del profesor era apenas un leve ruido de fondo; Peter perdió noción de las notas que tendría que estar tomando y se encontró a él mismo revisando su teléfono de manera compulsiva. Sin mensajes nuevos. Lo único bueno era que Michelle estaba dormida como era usual, ya que lo último que necesitaba era a alguien que lo distrajera todavía más.
Echó un vistazo al pintarrón blanco, donde el profesor estaba dibujando una parábola y gesticulaba hacia varias ecuaciones que había escrito a la izquierda.
—Entonces, ya que esto es una ecuación y no una expresión, por supuesto...
Peter pronto volvió a perder el interés.
Se removió en su silla –cuidadosamente porque auch- y miró hacia su teléfono. Todavía nada. Realmente no quería ser él quien hiciera el primer movimiento en caso de que eso resultara molesto para Stark o algo, pero...
Tecleó un mensaje rápido:
"Hola"
Pero por supuesto. Qué comentario inicial tan irresistible. De todas maneras lo envió.
El profesor les pasó una hoja con ejercicios. Peter la completó mecánicamente, su mente concentrada en otros sitios como en el respaldo de su sofá, y en su cama, cuyos resortes seguramente ahora estaban dañados de manera permanente.
Su teléfono se iluminó. Tenía una respuesta:
"¿Cómo estás?"
Peter sonrió ampliamente, mordiéndose el labio inferior y tecleando más mensajes:
"Adolorido"
"Realmente adolorido"
"Pero está bien"
Después de unos segundos, escribió otra cosa:
"¿Debería darte las gracias?"
"¿O eso sería raro?"
La campana sonó antes de que pudiera obtener una respuesta.
—¿Tomaste apuntes? —Michelle se había despertado y ya estaba metiendo sus cosas a su mochila.
—Um, no, hoy no —contestó Peter en tono culpable.
Michelle hizo una pausa y lo miró fijamente. No era la primera vez que lo hacía, y en esa ocasión, como siempre, Peter sintió como si estuviera pasando a través de un detector de metales.
—¿Por qué estás sonrojado? —preguntó Michelle después de un momento.
—No estoy sonr...
—Sí, sí lo estás. —Lo miró feo—. Será mejor que no estés enamorándote de mí.
—¿Qué? No.
—Qué bueno. Porque sería vergonzoso.
El teléfono de Peter se iluminó.
"Realmente preferiría que no me dieras las gracias."
Peter ya estaba comenzando a teclear algo en respuesta y echándose la mochila al hombro con su mano libre, cuando le llegó otro texto de Stark:
"¿Pero te sientes bien?"
Volvió a sonreír mucho y entonces se dio cuenta de que Michelle todavía lo estaba mirando.
—¿Qué?
—¿Estás drogado?
Peter se encogió de hombros; la sonrisa que tenía en la cara se le ensanchó casi como por voluntad propia.
—Sí. Pero de alegría.
Michelle hizo un leve gesto que bien pudo pasar por una sonrisa.
—Bonito chupetón —le dijo ella y se encaminó hacia la puerta.
Para la hora del almuerzo, Ned también le había preguntado si andaba drogado y varios profesores le habían dicho que era libre de irse hasta el fondo del aula hasta que despertara con propiedad. A pesar de todo eso, Peter fue capaz de montarse durante toda la mañana en el subidón de adrenalina que le había quedado de la noche anterior. Ni siquiera el examen sorpresa de la tercera clase pudo amargarle los ánimos.
Todo se fue al diablo en el momento en que entró a los vestidores del gimnasio.
Hasta donde él sabía, a nadie realmente le gustaba la clase de Educación Física, a Peter menos que a los demás. Le parecía que era mucho trabajo tener que fingir menos fuerza y que apenas sí podía hacer cinco lagartijas. Ese día, sin embargo, se dio cuenta de que corría otro peligro.
Sus pantalones cortos de gimnasia no cubrían el moretón con forma de mano que tenía en la rodilla.
Dejó salir un suspiro y tiró inútilmente del dobladillo de sus shorts hacia abajo. Maldiciendo entre dientes, se frotó la cara con las manos y alcanzó su camiseta, cuyo cuello, rápidamente descubrió, tampoco le ayudaba en nada para ocultar el chupetón que tenía. Aparentemente ningún secreto estaba a salvo en los vestidores escolares.
A su lado, Ned estaba poniéndose su camiseta y hablando acerca de algo que había pasado en la clase que él tomaba en la primera hora. Peter no lo estaba escuchando; estaba deseando haberse dejado el corrector de May sobre la piel.
—Y entonces Flash va y... ¿qué demonios...? —exclamó Ned cambiando de tono repentinamente. Peter miró hacia él y, asustado, se percató de que su amigo estaba mirando fijamente hacia su cuello con la boca abierta. Demasiado tarde, Peter levantó una mano y se cubrió el chupetón.
—No es lo que estás pensando —le dijo.
Ned bajó la voz y susurró:
—¿Eso es un chupetón?
Peter abrió la boca para negarlo de nuevo, pero se dio cuenta de que inevitablemente Ned le preguntaría entonces qué era eso realmente. Pensó rápidamente en alguna explicación posible pero la única que se le venía a la mente era "me quemé con unas tenazas para el cabello", la cual no le serviría de mucho por múltiples razones.
Ned estaba esperando por una respuesta.
—Sí —murmuró, bajando la vista. Las orejas se le pusieron rojas.
—¡Carajos, Peter! ¿Con quién follaste?
Pero entonces el silbato del entrenador Wilson resonó afuera de los vestidores y ambos no tuvieron más remedio que seguir al montón de alumnos hacia el gimnasio. Wilson estaba parado en el centro y dio una palmada para llamar su atención.
—¡Cinco vueltas! ¡Empiecen!
Todos obedecieron de mala gana. En un día normal, a Peter le habría costado bastante autocontrol no adelantar a los más veloces de su grupo, pero ese día le estaba costando trabajo mantener el mismo ritmo que llevaba Ned.
—¿Con quién fue? —le preguntó Ned mientras corrían.
—No puedo decirte.
—Oh Dios, ¿no me digas que fue con Michelle? —dijo Ned—. ¡Me niego a ser el tercero en discordia!
—Michelle es lesbiana.
—Escuché mi nombre —dijo una voz conocida detrás de ellos. Un momento después, Michelle llegó trotando hasta colocarse a un lado de Ned—. ¿Qué está pasando?
Ned no perdió el tiempo.
—¿Tú y Peter follaron?
—¿Qué? —Ella torció el cuello para poder ver a Peter—. ¿Qué le has estado diciendo?
—Oh Dios mío, ¿entonces sí fue contigo?
—¡No! —respondieron Peter y Michelle al mismo tiempo—. ¿Qué está pasando? —volvió a preguntar Michelle.
—Peter tiene un chupetón en el cuello y no quiere decir quién se lo hizo.
Habían completado la primera vuelta y Peter sabía que tenía la cara completamente roja y no por el ejercicio.
—Sí, ya sé —dijo Michelle. Ignorando el chillido de incredulidad que emitió Ned, ella agregó—: Yo apuesto por Liz.
—Uh, ella nunca saldría conmigo —dijo Peter al mismo tiempo que la chica en cuestión pasaba corriendo a un lado de ellos, flanqueada como siempre por toda una corte de amigos.
—Fue tu novia en séptimo.
—Sí, pero eso fue antes. Cuando los dos estábamos en el mismo año, y de todas formas todo el mundo sabe que lo que pasó en la secundaria no cuenta para nada.
—Entonces fue con Gwen —dijo Ned.
—Nop —dijo Peter y decidió ceder un poco, pero sólo un poco—. Para su información —agregó—, fue con un hombre.
Michelle miró a Ned con sospecha, pero Ned negó con la cabeza.
—Pensé que había quedado claro que Peter no es mi tipo —dijo.
—¿A quién más conocemos que sea gay?
—A Harry.
—Oh, vaya que sí lo haría con él, pero no —dijo Peter.
Ned resopló y Peter se dio cuenta de que su amigo ya no estaba tomando el tema en serio.
—Ya sé —dijo Ned—. Fue con Flash.
Peter se rió a carcajadas.
—Dios mío, no quiero ni imaginarme como sería.
—Jesús —exclamó Ned cuando dieron la vuelta en una esquina—. Tu rodilla. Tienes una mano pintada ahí. Literalmente. En tu rodilla. —Peter se sonrojó y no miró hacia Ned—. ¿Quién es este tipo?
Estaban terminando de dar la segunda vuelta. Peter rápidamente se dio cuenta de que necesitaba encontrar algún tipo de excusa para evitar darles un nombre a sus amigos.
—No lo conocen —intentó—. Él no asiste a esta escuela.
—¿Pero al menos tiene un nombre? —preguntó Ned. Entonces, añadió—: ¿O no lo dices por razones de seguridad?
Peter se aferró a eso como pez a un cebo.
—Um, sí. Es por eso. Él todavía no sale del armario, así que es un poco...
—Entiendo. De acuerdo...
Corrieron en silencio durante un rato.
—No puedo creer que tú hayas perdido tu virginidad primero que todos —dijo Ned de pronto—. No, espera, en realidad tiene sentido... —continuó—. Delgado, blanco, convencionalmente atractivo... Por supuesto que tú la perderías primero.
—¿Vas a invitarlo al baile? —preguntó Michelle.
—Um... No. Todavía está en el armario, ¿recuerdas?
—Pero todavía no respondes a la pregunta del millón de dólares —dijo ella.
—¿Cuál pregunta? —dijo Peter poniéndose nervioso otra vez.
—Sí, ya sabes... ¿Fue bueno?
Peter recordó todas las horas previas en las que estuvo esperando, caminando de un lado a otro en su rápidamente aseado cuarto, sin haber cenado, casi vomitando por culpa de los nervios, todo por el momento en que Stark se aparecería en la puerta de su apartamento. Y sí, las cosas no habían sucedido tal cual él las había imaginado, y sí, continuaba adolorido ("más duro" había resultado ser una frase que implicaba una gran cantidad de penitencia física en proporción a la gratificación inmediata) pero no había modo alguno de que Peter se arrepintiera de que las cosas hubiesen pasado tal cual como sucedieron.
Peter había pasado todo aquel tiempo imaginando cómo sería estar con Stark, pero de todos los escenarios que había visualizado en su mente mientras esperaba, los "y si pasa esto o aquello", y los miedos, y las esperanzas oscuras y furtivas... todo había resultado ser muy diferente a la realidad. No había caído en pánico, no se había comportado como un tonto (o al menos eso creía), ni siquiera había llorado hasta el mero final, y eso había sido culpa de la sobre-estimulación y no por nada que Stark le hubiese hecho.
Pero no podía poner todo eso en palabras, así que solamente dijo:
—Fue invasivo, pero bueno. Así como... realmente bueno.
—Aw —dijo Michelle—. Eres una putita en potencia.
—No soy... —comenzó a decir Peter pero se detuvo—. Sí, supongo que sí lo soy.
Una tortuosa hora y media después -Peter estaba comenzando realmente a arrepentirse de su entusiasmo de la noche anterior- pudo regresar a los vestidores con el resto de sus compañeros. Lo primero que hizo fue buscar su teléfono y su ropa, sacándose la camiseta deportiva con una mano mientras con la otra manipulaba su teléfono en búsqueda de mensajes nuevos. Tenía uno de Stark:
"Entonces... ¿qué haremos a partir de aquí?"
Peter se mordió el labio y bajó el teléfono. Esa era una buena pregunta, aunque no estaba completamente seguro de por qué Stark se lo preguntaba a él. Se puso su ropa lo más rápido que pudo sin hacer exhibición de sus habilidades arácnidas y entonces escribió una respuesta:
"No tengo idea."
Y agregó:
"Pero si sirve de algo decírtelo, yo realmente quisiera verte otra vez. Realmente"
La respuesta de Stark le llegó cuando estaba saliendo de la escuela:
"Lo sé"
Peter se detuvo frente a las puertas dobles del edificio escolar y frunció el ceño.
"¿Y tú?" le preguntó, "¿Quieres verme otra vez?"
¿Acaso algo había salido mal y Peter no se había dado cuenta?
"Por supuesto que quiero" respondió Stark, y Peter exhaló un suspiro de alivio. "Pero necesitamos tener cuidado. Lo que hicimos anoche significa que hemos cruzado una línea. No podemos regresar a lo que era antes, ok?"
"Lo sé", escribió Peter. "Pero como sea... ¿podemos al menos disfrutarlo por un segundo?"
Stark no respondió inmediatamente y Peter eligió creer que era porque había recibido alguna llamada importante o algo así, y no porque lo estaba ignorando deliberadamente. Se metió el teléfono en el bolsillo, saltó por encima de las puertas del enrejado (Jesucristo, mala idea, mala idea) y se dirigió hacia el local de emparedados más cercano.
Para la hora en que ya tenía su emparedado en las manos (el señor Delmar, desde el otro lado del mostrador, se había dado unos golpecitos en su propio cuello con un dedo y luego le había hecho una seña con el pulgar arriba, sonriéndole abiertamente), Stark le había respondido el mensaje. Peter se sentó en el banco que estaba afuera del local, ostensiblemente para comer, pero primero sacó su teléfono.
"Claro", había escrito Stark. Y luego: "No puedo dejar de pensar en cómo te veías."
Peter sonrió mucho y se mordió el labio inferior.
"¿Cómo me veía?", le preguntó.
Hubo otra pausa que esa vez sólo duró unos pocos segundos.
"Genial", decía el mensaje de Stark. "Estuviste genial."
"Quiero estar contigo otra vez", le escribió Peter.
"Yo también", respondió Stark.
"Pero desearía que no te fueras en cuanto terminamos", le dijo Peter.
"Eso puede ser difícil de arreglar."
"Quiero que te quedes" tecleó Peter, pero entonces lo borró todo porque le recordó mucho a una canción que tenía en el iPod y, de todas formas, se sentía demasiado personal. No estaba seguro de querer ya poner a prueba lo que tenía con Stark (lo que sea que fuera). No obstante, aun si todavía no podía admitirlo delante de Stark, era imposible negar lo mucho que deseaba ser abrazado por él hasta quedarse dormido, y luego despertar y tener a la otra persona todavía ahí a su lado (la única parte amarga de la mañana había sido cuando abrió los ojos y, sin haberse despertado del todo, se había preguntado a dónde había ido Stark).
En vez de eso, decidió escribir:
"Puedo percibir tu olor en mí."
Y luego:
"¿Realmente estuve bien?"
"Sí", respondió Stark.
Hubo una pausa y Peter se preguntó si quizá Stark estaba pensando detenidamente qué decir a continuación.
"Esto es mucho para mí y me cuesta lidiar con todo, por eso los detalles de lo que pasó se me escapan un poco de la mente ahora mismo", decía el siguiente mensaje de Stark. "Pero no puedo sacarme de la cabeza los sonidos que hacías."
El calor le subió por el cuello y la cara; Peter sintió que las orejas le ardían. Era demasiado consciente de lo mucho que había hablado, pero su boca había estado operando independientemente de su cerebro y no le había sido posible quedarse callado.
"Lo siento tengo la costumbre de parlotear cuando estoy nervioso"
"No eso", respondió Stark. "Después de que dejaste de hablar."
"Oh", escribió Peter. "Quiero verte."
"Ya encontraremos alguna forma", respondió Stark.
"¿Está bien para ti?", texteó Peter después de pensarlo durante un momento. "No quiero que hagas algo si no estás completamente a gusto".
Y agregó:
"Porque sé que dijiste que esto era difícil para ti".
Peter se había terminado su emparedado y comenzado a hacer sus deberes para cuando llegó la respuesta: no un mensaje de texto, sino una llamada.
—Hola —dijo, sintiéndose avergonzado de repente y no comprendiendo realmente por qué.
—¿Puedes hablar?
—Sí, estoy en... No hay nadie alrededor.
—Es sólo que prefiero comunicarme en tiempo real. —Stark sonaba cansado pero su tono era cálido—. Escucha... No quiero que te preocupes por mí. Tú preocúpate sólo por ti mismo y por nadie más, ¿de acuerdo?
—Pero es que no quiero forzar...
—Nadie está forzando a nadie a hacer nada —lo interrumpió Stark—. Al menos, eso fue lo que me quedó claro anoche. ¿Estoy en lo correcto o me equivoco?
Peter se sonrojó.
—Sí. Eso fue... a mí también me quedó claro eso.
Silencio y, por primera vez en la vida, cuando escuchó a Stark respirar al otro lado de la línea, Peter no se sintió culpable de cerrar los ojos y soñar despierto. Cristo, se le hacía la boca agua sólo de escucharlo.
—¿Qué tan adolorido estás? ¿De verdad?
—Muchísimo —dijo Peter, suprimiendo una sonrisa mientras un transeúnte lo miraba feo—. Creo que todavía puedo sentirlo en mis órganos internos. —Después de un momento, cuando Stark no respondió nada, Peter agregó, titubeante—: ¿Puedes decírmelo otra vez? ¿En voz alta?
—¿Decirte qué?
—¿Si estuvo bueno?
Escuchó a Stark inhalar temblorosamente.
—Estuviste perfecto —dijo después de un momento. Peter bajó su lápiz, sintiéndose atónito—. Y en lo único en lo que puedo pensar desde anoche es en cuándo podré volver a hacértelo otra vez.
Peter intentó pensar en algo qué decir, pero todas las palabras se le quedaron atoradas en la garganta. Se dio cuenta de que tenía los ojos llenos de lágrimas y el labio le temblaba. ¿Por qué estaba llorando?
—¿Estás bien? —le preguntó Stark; sonaba preocupado.
—Sí —susurró Peter, mirando fijamente al árbol que estaba al otro lado de la calle mientras la primera lágrima rodaba por su mejilla—. Estoy bien.
¿La gente realmente lloraba de felicidad? ¿O era porque Peter sabía que lo que estaba haciendo con Stark era excesiva y horriblemente inmoral?
No era ningún tonto. Había bastado escuchar la jadeante necesidad en la voz de Stark emparejada con una miseria que no podía ocultar; y a pesar de que Peter trataba de reprimir las lágrimas que ya estaba derramando, sabía que nada de lo que ambos habían hecho tenía vuelta atrás.
