15. Descenso descontrolado
—¿Tuviste sexo?
Tony se obligó a controlar su pulso antes de girarse hacia Rhodey. Caía la tarde en el complejo y ambos estaban mirando a Gladiator en la televisión, la imagen de Russell Crowe enfrentando a un tigre parpadeaba encima de sus caras.
—¿Qué te hace pensar eso? —preguntó Tony fingiendo indiferencia.
—Tienes tu cara de después del sexo.
—Yo no tengo una cara de después del sexo.
—¿Hace cuánto tiempo nos conocemos? —preguntó Rhodey mirándolo fijo—. Y sí. Tú tienes una cara así. Haces esto... —Rhodey torció la boca en una sonrisa ladeada—... Todo el tiempo.
Tony puso los ojos en blanco y miró hacia otro lado.
—Puede ser —dijo evasivamente.
—Ajá. Y apuesto que también quieres que crea que tú mismo te mordiste el labio así de fuerte.
De manera ausente, Tony se lamió el labio inferior, ahí donde Peter lo había mordido hasta sacarle sangre la otra noche. Todavía se sentía en carne viva.
—Voy a tener que acogerme a mi derecho a no declarar —dijo.
—Mira, no te estoy juzgando —aclaró Rhodey—. De hecho, hasta me siento un tanto aliviado si te soy honesto. Estaba esperando que te quedaras sufriendo por despecho.
—Tengo derecho a no declarar —repitió Tony e intencionadamente regresó su atención a la película.
Conforme pasaba el tiempo (tres días, tres miserables y dichosos días desde la noche en que lo habían hecho) Tony se había vuelto más consciente de las dos mitades de su mente: la primera que era aquella que lo había hecho llamarle por teléfono a Peter, que lo había hecho susurrarle con voz ronca estuviste perfecto a través de la línea, que lo hacía desear más y más aún mientras estaba ahí sentado con Rhodey mirando una película; y luego, la segunda, una que no podía superar el hecho de que le había robado su virginidad al chico en su maldito cuarto.
Extrañamente, era ese detalle con el que no podía dejar de autoflagelarse. El cuarto del chico, con sus pósters en las paredes y los rincones desordenados. ¿Cuán apropiado era eso? Tony se las había arreglado para manchar el único sitio que el chico tenía para refugiarse del mundo exterior. En su puta cama. En dónde él dormía todas las noches. Había algo absurdamente enfermo en ello. Pepper y él habían dormido en el mismo lugar donde tenían sexo, y también lo había hecho con Steve. Pero esto era diferente; nadie, excepto ellos dos, sabía que Tony había follado a Peter ahí. Que lo había follado tan duro que el chico había tenido que sostenerse de su mano mientras lo hacían. Tan duro que había estado cojeando durante días.
Sentía como si hubiese robado la niñez de Peter al mismo tiempo que le robaba su virginidad. Pero las palabras como niñez lo hacían sentirse asqueado, así que trataba de evitar el pensamiento.
A veces, una voz en su cabeza que sonaba sospechosamente como la de Peter, le susurraba cosas como ¿no puedes simplemente alejar tus dudas y temores y enfocarte en lo bueno?
—¡¿No están entretenidos?! —le gritaba Rusell Crowe a la multitud del Coliseo.
Tony se removió en su asiento y se sacó el teléfono para revisar sus mensajes. Le había llegado uno de Peter muy temprano en la mañana:
"Soñé contigo anoche"
Anoche. Casualmente, también Tony había soñado con Peter y se había despertado con una erección tan persistente que tuvo que masturbarse inmediatamente igual que un...
... Bueno. Igual que un adolescente.
En los peores momentos del día se descubría a él mismo imaginándose penetrando a Peter otra vez, besando los gemidos y lloriqueos del chico, el pequeño quejido que había emitido cuando Tony se deslizó más profundamente...
Se relamió los labios y escribió con rapidez:
"me lo cuentas cuando nos veamos"
—¿Es ella? —preguntó Rhodey—. ¿O él? ¿Ellos?
—Um, yo...
—Sí, ya sé, tu derecho a no declarar —dijo Rhodey. Tony percibió la amargura en el tono de su amigo y bajó el teléfono.
—¿Qué sucede?
Rhodey se mordió los labios y negó con la cabeza.
—Últimamente has estado muy hermético. Y tendrás que perdonarme, pero eso me preocupa.
—No hay razón para preocuparse.
—¿Entonces puedo tener alguna seguridad de que no estás teniendo algún tipo de episodio maniático?
Tony agarró el control remoto de la TV, le puso pausa a la película y suspiró.
—¿Estás preocupado de que pueda matarme o de que le prenda fuego al edificio?
—No lo sé, Tony, y eso es lo que más me preocupa. —Rhodey negó con la cabeza—. No creo que estés completamente consciente de ti mismo como para darte cuenta de que te estás comportando de una manera que es... realmente sospechosa.
—Creo que estás exagerando las...
—Te quitaste la escayola dos semanas antes de lo...
—Rhodes, en serio...
—¡Estoy muy preocupado por ti, ¿puedes entenderlo?! —Inmediatamente Rhodey se cubrió la cara con las manos—. Mira, siento haber gritado —dijo en voz más baja—. Pero sólo contéstame una pregunta, así podré tacharla de mi lista de las cosas que me preocupan... ¿Estás bebiendo otra vez?
Sintiéndose muy infeliz, Tony exhaló y apoyó la cabeza contra el respaldo del sofá.
—No —dijo honestamente—. No estoy bebiendo.
—Muy bien. Gracias.
Se quedaron sentados en silencio por varios minutos. El teléfono de Tony se iluminó con un mensaje: Peter le había contestado. Tony resistió la urgencia de leerlo de inmediato.
—Lamento preocuparte —le dijo a Rhodey—. Han estado pasándome cosas.
—Cosas —repitió Rhodey. Dejó salir una exclamación que bien podía haber sido una risa—. No me obligues a ponerme mi traje y a romper otro edificio para hacerte entrar en razón, ¿de acuerdo?
—Definitivamente eso no será necesario —dijo Tony. Miró hacia la pantalla de la TV—. ¿Quieres seguir viendo eso? Yo ya estoy algo cansado.
—No, podemos parar ya.
Mientras subía por las escaleras, abrió el mensaje que Peter le había mandado:
"¿Puedo verte mañana?"
—Oye —le llamó Rhodey desde abajo—, sólo para saber, ¿por cuánto tiempo piensas quedarte aquí?
—Um, de hecho... Pensaba regresar mañana a la mansión —respondió Tony distraídamente. Levantó la mirada del teléfono y descubrió que Rhodey lo estaba viendo con gesto desalentado—. Lo siento —agregó—, sé que últimamente he estado de un lado para otro.
Pero todo lo que Rhodey dijo fue:
—Si necesitas algo, estoy a una llamada de distancia, ¿de acuerdo?
Pero Tony pudo sentir la frustración por debajo de la superficie.
"Ve a la mansión cuando salgas de la escuela. Ahí estaré."
Tony no recordaba con especial claridad la primera vez que se había embriagado. Las circunstancias estaban borrosas en su mente (dieciséis años, la fiesta de algún amigo menos rico que él, vodka y jugo de limón, cócteles excelsior) y los detalles físicos estaban todavía más confusos. Realmente lo único que recordaba era la pequeña batalla en su cabeza justo antes de que tomara su primer trago y el mundo se deslizara hacia la izquierda.
Hazlo... No, vamos a pensarlo bien... Hazlo... Papá va a enfurecerse y mamá te mirará como si te hubieras follado a Gloria en su sofá francés... Te arrepentirás de esto mañana... A la mierda.
Era malo resistiendo tentaciones. Siempre lo había sido, seguramente siempre lo sería. No era que no pudiera escuchar los pensamientos gritando en su cabeza que le pedían que se negara; más bien era que todo el ruido blanco se convertía efectivamente en eso: en ruido blanco. Molestaba los primeros minutos, pero luego era algo que Tony podía desconectar a voluntad.
Ese asunto con Peter (así era como había decidido llamarlo, como si por el hecho de usar palabras educadas y carentes de emoción como asunto, pudiera divorciarlo de la necesidad, el calor y la repulsión que estaban inseparablemente ligados al mero pensamiento de Peter) era diferente.
No podía desconectar los instintos que le decían que se echara para atrás, pero de alguna forma, todos esos gritos internos parecían menos relevantes. Si se concentraba, podía simplemente seguir adelante a pesar de todo lo que tenía en la cabeza.
De camino a su cuarto, se asomó brevemente al cuarto de Steve. La idea de sacar las pertenencias de todos ellos y llevarlas a almacenar a algún sitio había estado rondando por su cabeza durante un tiempo, pero luego la desechó. No era como si tuvieran la gran necesidad de espacio, de todas formas, qué caray.
Siempre quedaba la posibilidad de que alguno de ellos regresara algún día.
¿Por qué no pudiste tragarte tu puto orgullo y firmar los jodidos Acuerdos?, pensó Tony dirigiéndose al cuarto vacío, a las viejas fotos de guerra junto a la cama, a la ropa que continuaba colgada en el armario. Si tan solo hubieras sido feliz con lo que ya tenías, no te habrías ido y yo no tendría que estar tratando de sacudirme a un quinceañero de la consciencia.
Por supuesto, echarle la culpa a alguien más también ayudaba.
Cuando llegó a su cuarto, dos correos electrónicos estaban esperándolo: uno era de Ross y el otro de Justin Hammer, de entre toda la gente. Es como estar entre la espada y la pared, pensó y primero abrió el correo de Ross.
Fue rápido de leer: Ross le decía que existían rumores de un potencial avistamiento del Capitán Rogers en algún lugar cercano a la frontera exterior de Wakanda, y le preguntaba si acaso Tony sabía algo al respecto. Tony tecleó una muy rápida respuesta: "Nada", y entonces le brindó su atención al otro correo.
Muy fuera de lo común, el correo de Hammer sólo tenía un par de frases.
"Anthony,
¿Estás libre para cenar conmigo el día 30? Existen algunos asuntos que me gustaría discutir.
J.H.
Empresas Hammer."
Tony había hecho negocios con Hammer tiempo atrás, mayormente en sus días antes de ser Iron Man, y pronto se había dado cuenta de que Hammer tenía una insuperable habilidad para elaborar los mensajes a la medida de sus destinatarios, siempre sabiendo cuáles botones oprimir para inducir la respuesta deseada. Era casi un tipo de superpoder Pavloviano. Para vergüenza de Tony, Hammer continuaba sabiendo bien cómo jugar con él, dejándole saber únicamente la información suficiente que despertara su interés y así tuviera que aceptar la invitación. Sabía que no tenía caso preguntárselo por correo o por teléfono, Hammer sólo evitaría el tema.
Que se pudra, pensó y estuvo a punto de borrar el correo junto con el de Ross.
Pero entonces dejó salir un suspiro.
"¿Dónde y a qué hora?" escribió y golpeó la tecla enter con más fuerza de la necesaria. Al mismo tiempo, su teléfono se iluminó entregándole un mensaje de su contacto Itsy-Bitsy (Dios, de veras que tenía que cambiar eso).
"No puedo dormir", decía el mensaje de Peter.
Tony se acomodó en su silla para responder. Había algo reconfortante cuando tenía al chico ahí al otro lado de la línea, de la misma manera que había algo innegablemente encantador en el chico mismo. Encantador y nauseabundo al mismo tiempo, como un postre tan dulce que hace que te duelan los dientes.
Tony dejó el complejo muy temprano a la mañana siguiente. Había tratado de hacerlo a tiempo antes de que Rhodey estuviera despierto, pero de todas maneras se lo encontró en la mesa de la cocina, taza de café en mano y mirando fijo su reflejo en la superficie de la mesa con expresión indescifrable.
—¿Todo está bien? —preguntó Tony dubitativamente. Rhodey levantó la vista hacia él y parpadeó lentamente, como si tratara de comprender por qué Tony estaba parado ahí en el marco de la puerta.
—Sí —dijo.
—¿Estás seguro? —presionó Tony. Rhodey tenía el gesto lleno de cansancio, y eso hizo que una nueva ola de culpa bañara a Tony. Era tan fácil olvidar que él no era el único jugador en su vida y que no era la única persona que estaba lidiando con traumas. Su mejor amigo se había caído, caído desde muy alto, ¿y realmente cuánto había hecho Tony para ayudarlo? Volvió a sentirse bañado por la culpa—. Si necesitas que me quede, puedo hacerlo —dijo. Podía mandarle un mensaje a Peter y decirle... Joder, ya habían tenido sexo, bien podía confiar en Peter y decirle la verdad, ¿o no? Él entendería.
Pero Rhodey meneó la mano rechazándolo.
—Está bien —dijo.
—Pero...
—Tony, vete. En serio.
Tony abrió la boca para protestar, pero Rhodey lo estaba mirando fijo con un conocido gesto de determinación, las cejas alzadas como si dijera ¿estás poniéndome a prueba? Tony asintió y dejó el tema por la paz.
—¿Entonces ya te vas? —preguntó Rhodey.
—Sí. —Era difícil mirarlo. Tony caminó a grandes pasos hasta el refrigerador con el pretexto de buscar algo para comer, pero en realidad sólo quería evitar sus ojos—. ¿Cómo está yendo la terapia?
—No tan mal —dijo Rhodey.
Tony se le quedó viendo al contenido del refrigerador durante algunos segundos antes de rendirse.
—Supongo que te veré pronto —dijo, dándose la vuelta. Rhodey asintió, dándole un trago a su café—. Llámame si necesitas hablar, ¿de acuerdo?
—Lo mismo te digo.
Y eso pareció ser todo.
Llegó a la mansión a media mañana para descubrir que tenía un nuevo correo de Hammer confirmando la cena a las siete treinta en su casa. Tony le mandó una rápida respuesta sólo para decir que lo marcaría en su agenda y luego no hizo otra cosa más que caminar de un lado a otro, nervioso y odiándose mucho.
Las horas transcurrieron mientras él se la pasó marinando sus más horribles sentimientos, hasta que todo ello se desvaneció en el momento en que FRIDAY carraspeó y le avisó:
—Jefe, el joven Parker ha llegado.
—Déjalo entrar —dijo Tony—. Y apaga las cámaras.
—¿De dónde, jefe?
—De-de... —tartamudeó—. De todos lados.
Peter estaba abajo en el lobby hablando animadamente con Happy, quien, a su vez, no se veía nada animado. Pero eso al chico o no le importaba, o no era capaz de captar las señales, y Tony lo observó desde la parte alta de las escaleras con cierta diversión. El escenario era una reminiscencia de la tarde en la que habían ido a la fiesta de Dot, cuando Tony se había parado ahí en ese mismo sitio a observar al chico sentarse y preocuparse, todo mientras el mismo Tony intentaba reunir valor...
Casi igual como en ese momento.
Al final se quedó demasiado tiempo ahí esperando, tanto que Peter levantó la vista por encima de Happy y lo vio, interrumpiéndose a media frase.
Tony descendió las escaleras y le hizo señas a Peter para que lo siguiera (Happy le murmuró un marcado "gracias") rumbo a las escaleras de servicio que los llevarían al laboratorio. Sus dedos se rozaron mientras caminaban, un punto de contacto casi eléctrico, y Tony rodeó los hombros de Peter con un brazo. El chico se presionó contra él apenas ligeramente, cadera con cadera.
La puerta del laboratorio se cerró con un clic y Tony se giró a mirarlo. Peter dejó caer su mochila de golpe sobre una encimera y vio a Tony a los ojos; tenía una mezcla de expectación e incertidumbre en la mirada. Una de sus mejillas estaba manchada de pintura de color azul brillante; Tony se dio unos golpecitos en el mismo sitio de su propia mejilla y lo miró interrogante.
Peter sonrió mucho y apartó la mirada casi de manera tímida. Se quitó la pintura rascándose con una uña.
—Es la Semana del Orgullo Estudiantil —explicó—. Hoy tuvimos un show de porristas.
Tony se apoyó contra la puerta, contentándose por el momento sólo con observar al chico hablar.
—¿Y cómo estuvo?
—No tengo idea —dijo Peter—. Yo no fui. Todos esos gritos, ya sabes. Pero Michelle me dijo que "presentó una seria deficiencia de entusiasmo", así que... —Sonrió mucho—. Te extrañé.
Una sonrisa se dibujó en los labios de Tony de manera automática.
—Y yo a ti —dijo. Era asombrosa la manera en que Peter podía incrementar y disminuir simultáneamente sus niveles de estrés—. ¿Cómo dormiste? —le preguntó.
—No tan mal, considerando las cosas. Eventualmente conseguí quedarme dormido.
Los ojos de Peter bajaron de la cara de Tony hacia el resto de su cuerpo, barriéndolo con la mirada y finalmente deteniéndose en sus propios zapatos. Entonces se atrevió de nuevo a levantar la vista, como para asegurarse de que Tony había captado la indirecta.
Tony caminó rápidamente hacia él y lo besó breve y casto (como si algo acerca de eso pudiera considerase casto). La mano de Peter encontró el cuello de su camisa y tiró de él para acercarlo.
—Quiero verte más seguido —le dijo el chico. Tony se alejó lo suficiente para verlo a la cara.
—Lo sé.
—¿Crees que podríamos...? No lo sé —dijo Peter y suspiró—. Cuando me llevaste a Berlín dijiste que era para una pasantía, ¿cierto? ¿No podemos hacer eso otra vez?
Tony arqueó una ceja.
—¿Quieres que te lleve de nuevo a Berlín?
Peter sonrió ampliamente, extendiendo los dedos encima del pecho de Tony.
—¿Es una opción?
—Probablemente no es la mejor idea.
—Sí, bueno. Esto tampoco lo es, ¿o sí? —dijo Peter—. Pero aquí estamos.
—Sí —susurró Tony—. Aquí estamos.
Peter elevó la cabeza para besarlo otra vez y tiró del cuello de su camisa mientras caminaba hacia atrás, quedándose esencialmente atrapado entre Tony y la mesa. Tony le mordisqueó el labio inferior, las manos en el cabello del chico, y cuando una de las manos de Peter se deslizó hacia abajo por su pecho y estómago, abriéndose camino hacia el bulto entre sus piernas, Tony se la tomó suavemente de la muñeca y la llevó hacia un lado de la mesa, atrapándola ahí con su propia mano. Si Peter se sintió decepcionado por eso, Tony no se dio cuenta porque había comenzado a besarle el cuello y los ruiditos que emitía el chico sonaban a nada más que satisfacción.
—Te extrañé —volvió a murmurar Peter con los ojos cerrados.
Tony hizo ruiditos de asentimiento y lo besó otra vez, sonriendo mucho a pesar de él mismo cuando la lengua de Peter se deslizó dentro de su boca. No debería ser tan placentero, realmente, nada de eso.
Con un leve gemidito, Peter meneó sus caderas contra el muslo de Tony.
—Pero de verdad —dijo, enfatizando cada palabra con un beso—, ¿no hay algo que podamos hacer? Como otra pasantía o lo que sea, para poder venir más seguido...
Tony se separó lo suficiente para mirarlo y le dedicó una sonrisa traviesa.
—¿Ya estás buscando la manera de mudarte?
Sonrojándose mucho, Peter se rió.
—No es eso lo que quiero decir —explicó—. Es sólo que... quiero verte más. ¿Qué, tú no quieres verme a mí?
—Por supuesto que quiero verte —dijo Tony. Renunciando a sostenerle la mano, Tony se arrodilló y colocó las manos sobre los muslos de Peter—. Pero necesitamos hacer las cosas con inteligencia. Y antes de que lo digas, ya sé que fallamos en el paso número uno de ese plan. —Peter sólo lo miró con una extraña mezcla de deseo y frustración en los ojos. Pupilas dilatadas. Dios, realmente era bellísimo, de una manera en la que nunca debió haber sido—. Escucha —dijo Tony una vez que consiguió apartar la mirada—. Veré que puedo hacer. Pero no te prometo nada, ¿de acuerdo?
Peter asintió.
—Gracias.
Tony se inclinó hacia delante y presionó los labios en la parte interior del muslo derecho del chico.
—Por supuesto que quiero verte más —murmuró, más para él mismo que para Peter, quien gimió y se quedó impresionablemente quieto, aun mientras Tony recorría un camino de besos a lo largo de su pierna y le acariciaba la rodilla con el pulgar—. Lo que sea que tú sientas por mí, yo también lo estoy sintiendo por ti, ¿de acuerdo? No necesitas preocuparte por eso.
Se atrevió a mirar hacia arriba. Los ojos de Peter estaban enormemente abiertos y húmedos.
—¿Te encuentras bien?
—Sí —susurró Peter.
Tony le abrió la cremallera de sus jeans y, antes de que pudiera pensar bien las cosas y se arrepintiera, puso la boca contra la erección del chico por encima de sus bóxers de algodón.
A Peter le flaquearon las rodillas.
—Tranquilo —murmuró Tony contra él, y Peter lloriqueó, aferrándose al borde de la mesa para apoyarse. Tony tomó el resorte de los bóxers con los dedos—. ¿Puedo?
Peter asintió enfáticamente y Tony le bajó los jeans y la ropa interior hasta las rodillas, cerrando los ojos mientras arrastraba los labios por encima del muslo izquierdo del chico, hacia arriba, por encima de su vello rizado y hasta que su lengua tocó piel ardiente y suave. Peter soltó un gruñido, se estremeció y colocó una mano pesadamente sobre la cabeza de Tony...
El teléfono del chico comenzó a sonar.
—Mierda —exclamó él. Temblorosamente, Peter llevó una mano hacia atrás para sacar el teléfono del bolsillo delantero de su mochila.
—¿No puede esperar? —preguntó Tony.
—Es que... —Peter miró la pantalla del teléfono—, oh joder, lo olvidé. —Apresuradamente, empujó a Tony para apartarlo y se subió los jeans con una mano mientras respondía con la otra—. Hola May, sí, lo sé, lo siento mucho, estaba estudiando Inglés en la biblioteca y perdí la noción del tiempo... Sí, lo sé... Ya voy en camino ahora mismo... Okey, te veo en un rato. Adiós.
Ya presentable, Peter volvió a meter el teléfono de donde lo había sacado y miró hacia Tony, quien se había puesto de pie, azorado por cómo se estaban dando las cosas.
—Tengo que irme —dijo Peter—. El novio de May va a cenar con nosotros hoy y se suponía que yo iba a estar ahí desde hace media hora para arreglarme, así que... —hizo una pausa para respirar—. Tengo que apresurarme. —Se paró de puntas y le robó un beso admirablemente apasionado para haber durado tan poco—. No te olvides de lo que hablamos —dijo entonces, caminando hacia la puerta—. Lo dije bien en serio. —Entonces pareció cambiar de opinión y corrió de regreso hacia Tony para darle otro beso todavía mucho más apasionado que el anterior. Tony acunó el mentón del chico con sus manos, permitiéndose disfrutarlo, pero entonces Peter ya estaba alejándose de nuevo, los ojos brillantes como estrellas—. Quiero follar en una cama otra vez —dijo sin aliento.
Y entonces se fue, la puerta se quedó abierta, y Tony fue dejado atrás a solas con su deseo ya desvaneciéndose y con las últimas palabras dichas por Peter flotando en el aire, tan embriagadoras y tan peligrosas como las bebidas ingeridas en una fiesta sucedida décadas atrás. Por alguna razón, la sensación le recordó al agujero espacial: sentir cómo tiraba de él implacablemente hacia atrás, hacia atrás, hacia atrás. O tal vez así era cómo Rhodey se había sentido cuando cayó desde el cielo. Esa parecía ser una mejor analogía.
Ciertamente ellos dos también estaban cayendo demasiado rápido como para ser salvados.
