16. El baile

La vida de Peter se había convertido en un torbellino de actividad.

Descubrió que las cosas nunca sucedían de una a la vez: no fueron solamente la Semana del Orgullo, los shows de las porristas y el Baile de Bienvenida; también tuvo que suceder su chispeante nueva relación (si es que se atrevía a llamarla así) con alguien varias veces mayor que él, además del anuncio de parte de su tía de que las cosas con Nathan ahora sí iban "en serio", y la perspectiva ya confirmada de una pasantía de duración indefinida con el multimillonario Tony Stark, la cual comenzaría un par de días después de Acción de Gracias. Peter casi había dejado caer el teléfono cuando le llegó esa última noticia.

"¿Realmente organizaste esto por mí?" le texteó a Stark.

"No es como si no fuéramos a trabajar de verdad", le respondió éste. "Pero sí."

Peter escribió unos treinta borradores para un solo mensaje de texto antes de darse por vencido y sólo decir lo que realmente sentía:

"No puedo esperar a que llegue el día"

Pero tenía que esperar porque había otras cosas que hacer primero. Como presentar un examen de Español, asistir a la conferencia escolar acerca de "beber y conducir con responsabilidad" y, justo esa noche, ir al Baile de Bienvenida.

Estaba parado ante las escaleras de la entrada de su escuela, vestido con su traje y sintiéndose elegante y ridículo al mismo tiempo. La música que provenía del interior del salón estaba tan alta que Peter podía sentir los bajos golpeteando profundo en sus tímpanos aun desde ahí afuera.

El auto apenas se había alejado del bordillo de la acera cuando su teléfono vibró. Seguramente era May; era tan propio de ella mandarle un mensaje de texto apenas diez segundos después de haberlo dejado…

Pero no era de May, era de Stark. Peter no tuvo oportunidad de leerlo porque repentinamente alguien lo llamó desde atrás y…

—¡Hola! —Ned llegó corriendo hasta él vestido también con un traje. Lo abrazó apretadamente—. Demonios —dijo, alejándose de Peter pero sin soltarlo de los brazos para poder observarlo—. Pareces todo un James Bond.

—Lo dirás por ti —dijo Peter—. Daniel Craig va a tener que cuidarse.

Al mirar por encima del hombro de Ned, Peter ubicó a Michelle, quien estaba ahí de pie con cara desdeñosa e inesperadamente vestida con algo de diseño floral. Sin cambiar la expresión de la cara, la chica le enseñó el dedo de en medio y lo saludó con un asentimiento cuando Peter también le hizo la misma seña.

—No se ven tan horribles —les dijo ella.

—Lo mismo puedo decir de ti.

Michelle torció el cuello para mirar detrás de Peter.

—Oh cielos —dijo—. No miren ahora, pero alguien está a punto de incendiar la escuela.

Peter echó un vistazo por encima de su hombro y vio a Liz Allen ataviada con un bonito vestido corto de color rosa brillante y colgada del brazo de alguien que Peter reconocía vagamente como el capitán del equipo de natación.

—Se ve lo suficientemente bonita como para arrepentirte de haberla dejado ir, ¿eh? —le preguntó Michelle a Peter.

—¿Estás de broma? —intervino Ned—. Peter tiene un novio secreto y sexy que le da toda la verga que podría desear, así que creo que está muy bien por el momento. —Peter se ahogó con su propia saliva y los ojos se le humedecieron—. Vamos adentro —dijo Ned, picándole la espalda.


En el interior, el sonido era como una pared sólida y Peter sintió como si se hubiera golpeado de cabeza directo contra ella. Si los bajos de las canciones ya habían sido palpables para él desde el exterior, ahí dentro los sentía palpitar en el interior de su caja torácica, sus sienes y hasta en las raíces de sus dientes bajo las encías. Sumado a eso, estaba también la multitud de estudiantes gritando para hacerse oír por encima de la música.

Repentinamente Peter sintió las palmas de las manos mojadas en sudor y recordó el teléfono que traía en una de ellas. Apresuradamente, no queriendo que nadie leyera por encima de su hombro, abrió el mensaje de Stark.

"Diviértete. No te embriagues."

Sonrió y tecleó una respuesta rápida: "Entendido" y se guardó el teléfono en el bolsillo. Al otro lado del salón, a través del océano de parejas danzantes, Liz consiguió que Peter se fijara en ella y lo saludó con una mano. Peter le devolvió el saludo con una sonrisa.

—Aw, y ella sigue totalmente queriendo contigo —dijo Ned en voz muy alta por encima del ruido.

—Oh por favor —se burló Peter—. Vamos a…

… Buscar un sitio que no esté tan cerca de esos malditos altavoces, Jesús.

Se hicieron sitio en una mesa milagrosamente solitaria al otro lado del salón, cuyo mantel todavía estaba cubierto por vasos de plástico con agua y bolsos de mano abandonados. Peter quitó de una silla un par de zapatos de tacón alto de satín rojo y se sentó pesadamente ahí. El sonido constante, suficientemente alto como para ser una presencia física, estaba comenzando a causarle náuseas.

—¿No vas a bailar? —le preguntó Ned.

—Bailaré cuando pongan una canción de Nicki —contestó Peter.

—Por favor, no puedes quedarte aquí sentado toda la noche —le suplicó Ned estirando ambos brazos hacia él. Peter miró de reojo hacia Michelle, quien también se había sentado—. No puedo creerlo —les dijo Ned.

—¿Qué? —preguntó Michelle, consiguiendo de alguna manera hacerse oír por encima de la estridencia sin gritar—. El poder con el cual "Uptown Funk" puede controlar a toda la gente en un salón es fascinante para mí. Sólo puedo apreciarlo si me quedo afuera.

Ned negó con la cabeza en un gesto de decepción.

—Bueno. Me voy. —Y se perdió entre la multitud justo en el momento en que la música cambiaba de Bruno Mars a una canción de Hey Violet que hizo que Peter se sintiera particularmente incómodo.

Todos estaban ahí: Flash y su pobre cita, una chica que no parecía estar pasándosela muy bien. Liz estaba bailando primero con su propia cita y luego, con Betty Bryant. De vez en cuando Peter tenía un ocasional vistazo de Ned y de algunos de los otros chicos del equipo del decatlón; Harry Osborn bailaba dando vueltas con su novio bajo el brazo. Peter tuvo un breve vistazo de cabello rubio que tal vez podía pertenecer a Gwen…

Las manos le temblaban, sentía la garganta seca. Agarró el vaso con agua más cercano y le dio un trago con la esperanza de que el líquido fresco pudiera curar algo de las náuseas que invadían su estómago. Pero el calor del salón con tanta gente en su interior se había vuelto casi similar al de una tina llena de agua caliente. Peter hizo gestos mientras se pasaba el trago y empujó el vaso por encima de la mesa. A su lado, Michelle había sacado de su bolso un pequeño cuaderno y estaba dibujando en él a pesar de la poca luz… Por Dios, esa era otra cosa, las luces parpadeantes, ¿así era como se sentían los ataques epilépticos?

Sacó el teléfono de su bolsillo y escribió:

"Oye creo que no voy a poder hacerlo"

Para su alivio, la respuesta de Stark llegó en segundos. Para su frustración, no era la que él estaba esperando.

"¿La pasantía o el baile?"

Peter apretó los dientes y respondió:

"El baile. Siento que me muero. La música está jodidamente alta."

La canción cambió otra vez. Flo Rida, "Low". Algo en la música (¿quizá en los sintetizadores?) provocó que las sienes le palpitaran. Gimió en voz alta y bajó la cabeza, enterrándola entre sus brazos. Respiró cuidadosamente intentando aliviar un poco las náuseas.

—¿Estás bien?

Levantó la mirada hacia Michelle, quien estaba observándolo con el ceño fruncido. Cuando ella le vio la cara, bajó el lápiz.

—¿Qué te sucede?

—Voy a… —El estómago le dio un retorcijón. Con otro gemido, Peter se puso de pie solamente para sentir que la cabeza le daba vueltas por culpa del repentino cambio de gravedad. El mundo comenzó a torcerse hacia la derecha, Peter intentó sostenerse de la mesa pero Michelle fue más rápida que él; lo agarró fuertemente del brazo y más o menos lo arrastró fuera del salón en dirección al baño de hombres más cercano. Cuando ya les quedaban unos cinco metros para llegar, Peter pegó carrera, se metió en el primer cubículo que vio y vació el contenido de los intestinos en el inodoro.

Una vez que terminó de vomitar todo lo que traía en el estómago y un poco más sólo por si las dudas, se sentó en cuclillas y tiró de la palanca.

Vomitar nunca era divertido. Vomitar en un baño de la escuela, por alguna razón, era mucho peor.

Michelle estaba esperando por él afuera del cubículo, apoyada contra la pared de brazos cruzados. Lo observó mientras Peter se enjuagaba la boca bajo la llave del lavamanos y se echaba agua en la cara.

—Gracias —dijo Peter una vez que se sintió capaz de hablar de nuevo. Le parecía que los bajos de la música sacudían las paredes.

Michelle se encogió de hombros.

—¿Estás borracho?

—¿Qué? No. Sólo… Sobrecargado.

—Ah, tú también sufres del trastorno del procesamiento sensorial. Me lo estaba preguntando —dijo Michelle y le pasó su teléfono a Peter—. Me dejaste esto, por cierto.

A Peter se le paró el corazón durante algunos segundos mientras le arrebataba el teléfono a Michelle de la mano.

—Gracias… gracias. —Para su alivio, el bloqueo estaba intacto pero por alguna razón presentía que Michelle era bastante capaz de adivinar su contraseña.

—¿Está todo bien? —le preguntó Michelle inclinando la cabeza hacia un lado.

—Sí… Tan bien como podría estar después de vomitar, ¿sabes?

—Quiero decir que de repente te has puesto todo a la defensiva. De hecho, últimamente has estado actuando un tanto extraño.

Peter recordó lo que había pasado en el apartamento de Michelle cuando los escuchó a ella y a Ned hablar, y supo de qué se trataba eso. Parecía que habían pasado décadas desde ese día.

Se encogió de hombros y evitó mirarla a los ojos mientras se lavaba las manos.

—Es el estrés. Ya sabes.

Michelle se aclaró la garganta. Cuando Peter la miró, se dio cuenta de que ella lo estaba observando con una expresión que nunca le había visto antes: algo entre la sospecha y lo que quizá era preocupación.

—¿Podemos hablar? —le peguntó ella.

—… Ya estamos hablando.

—Quiero decir en un lugar donde la gente no estará intentando tener sexo dentro de unos diez minutos.

—¿Qué sucede? —preguntó Peter.

—Qué gracioso —dijo Michelle—. Justo eso es lo que yo iba a preguntarte a ti.


Se escabulleron por la puerta de salida hasta un costado del edificio escolar. La temperatura había bajado mucho durante todo el tiempo que habían estado en el interior; ambos se estremecieron de frío mientras se sentaban en el cemento y miraban hacia el casi desierto estacionamiento. Un farol brillaba naranja en el parabrisas del auto que estaba estacionado a un lado. Peter respiró el aire fresco de la noche y trató de relajarse.

—De acuerdo, mira —dijo Michelle al fin—. Nos contaste que estabas follando con alguien, pero no nos dices con quién. Directamente nos comunicaste que se trata de un hombre, y como sea, tú has estado fuera del armario desde hace años, así que el problema no es el asunto gay. Entonces, voy a tratar de adivinar que lo que sucede es una de dos cosas: o nosotros conocemos a esta persona y tú realmente estás avergonzado por eso, o por alguna razón sientes que no puedes decirnos.

—Michelle —comenzó a decir Peter nerviosamente—. Ya te lo dije, él no ha salido del…

—Sí, y también nos dijiste que no lo conocíamos. Así que, ¿en qué le afecta que sepamos su secreto si no lo conocemos?

Peter no sabía que más decir.

—No lo sé, yo sólo estoy haciendo lo que él…

—Ya sé qué es lo que está pasando contigo.

Peter parpadeó y su corazón comenzó a latir más rápido.

—De acuerdo…

—O al menos puedo hacer una suposición bien fundamentada —dijo Michelle y se aclaró la garganta del modo que siempre lo hacía antes de dar la respuesta a una pregunta. Liz decía que "se ponía en su modo pedante"—. Tiene que haber una razón lógica por la cual no quieres que sepamos quién es él. No me creo que todavía esté en el armario. Y teniendo en cuenta la parte donde tú eres Spider-Man…

¡Michelle, pero qué demonios…!

Ella le dirigió una mirada fija y valorativa.

—Sí, sé sobre eso.

—¡Nadie sabe sobre eso!

—Peter Parker se va fuera de la ciudad a un programa de pasantía súper especial con Tony Stark justo antes de que Spider-Man sea visto en Berlín. Quizá sea evidencia circunstancial, pero se vuelve algo sospechosa cuando Peter Parker también aparece golpeado cada dos por tres…

—Muy bien, muy bien, tu punto ha quedado claro.

—Entonces estás pasando por muchísimas cosas —dijo Michelle y de nuevo se aclaró la garganta—. He aquí el asunto. Tú no quieres que sepamos nada de este tipo. Para mí, eso suena a que hay algo que realmente estás tratando de esconder. Como ya lo establecimos, no es el género, así que debe ser cualquier otra cosa. —Levantó una ceja—. ¿Tienes algo que decir?

Peter miró hacia el estacionamiento para así no tener que mirarla a la cara.

—No —dijo con la voz llena de sarcasmo—. Continúa tú que estás tan de buena racha.

Michelle ignoró el sarcasmo de Peter.

—Estás follando con alguien con quien de veras no deberías estar follando. Y si hacemos a un lado la homofobia internalizada, no nos quedan muchas opciones. O… quizá estoy mirando este asunto de manera equivocada… ¿Tú…? —Su voz se volvió marginalmente más delicada al preguntar—: Ya sabes. ¿Tú sí querías hacerlo?

—Whoa. —Peter se giró para encararla—. Eso que estás insinuando… Eso definitivamente no pasó.

Michelle torció los labios en una sonrisa sin humor.

—¿Estás seguro? Algunos de los moretones que te dejó se veían bastante intensos.

—Estoy seguro —espetó Peter—. Fue completamente consensuado, ¿de acuerdo?

—Entonces eso nos deja solamente la posibilidad número tres —dijo ella—. ¿Qué tan mayor es este tipo?

Peter se congeló y se le quedó mirando a Michelle con los ojos muy abiertos.

Apartó la vista.

—Ah —dijo Michelle y suspiró profundamente—. Veinte puntos para Ravenclaw.

Se quedaron en silencio. Una pareja caminó a tropezones hacia uno de los autos estacionados. Entraron en él y azotaron la puerta, cuyo golpe reverberó por todo el lugar. El auto salió de la zona de estacionamiento y se internó en la noche.

—¿Vas a decir algo al respecto? —preguntó Peter al fin.

Michelle se encogió de hombros.

—Es tu vida, Parker. Sólo te diré que creo que estás tomando una decisión realmente estúpida, pero, ya sabes. Como te dije, es tu vida.

Más silencio.

—Y hablando en serio, ¿qué tan viejo es? —agregó Michelle.

Peter suspiró.

—Tiene como… cuarenta años… —susurró al fin.

¿¡Qué?! —exclamó ella y su voz hizo eco por el estacionamiento—. Pensé que era alguien como un estudiante universitario. —Negó con la cabeza—. Tienes que dejarlo.

—No tengo por qué hacer lo que me dices. Y como sea, ¿qué pasó con el "es tu vida, Parker"?

—Parker, son las diez de la noche y hace muchísimo frío acá afuera. No me voy a poner a analizar contigo por qué follar con un tipo tres veces más viejo que tú es una mala idea.

—Tú… okey, mira. —Peter gimoteó y se frotó las sienes—. No tienes el contexto de cómo sucedieron las cosas. No entiendes…

—¿Quién es?

—Yo… ¿qué?

Michelle se cruzó de brazos.

—No quieres decirnos su nombre. Ergo, él es conocido al menos por su nombre. ¿Quién es?

Peter se puso de pie.

—Al diablo con esto —dijo y caminó de regreso a la entrada principal pero entonces escuchó los pasos de Michelle detrás de él.

—Déjame ver —dijo Michelle—. Es alguien que conocemos o que al menos reconoceríamos. Ninguno de los profesores de esta escuela está guapo, así que eso los deja afuera a todos. Pero, oh espera, tú eres Spider-Man…

¿Podrías dejar de decir eso en voz alta…?

—Y si creemos lo que vemos en YouTube, hace bastante poco, en esa supuesta pasantía tuya en Berlín, conociste a un puñado de gente extremadamente atractiva quienes son todos mayores de treinta años…

Peter se giró hacia ella.

—Michelle, necesito que te calles ya.

Ella se silenció y se le quedó mirando. De nuevo estaban parados justo afuera de las puertas principales del edificio. La música había dejado de sonar; Peter se preguntó si estaban coronando al rey y la reina del baile.

Michelle y él se observaron mutuamente hasta que Peter se vio obligado a apartar la mirada primero.

—Oh dios mío —dijo Michelle en voz baja y pasó saliva—. ¿Puedo tratar de adivinar quién es?

—No.

—De acuerdo —dijo y gimió, pasándose una mano por el cabello—. Claramente, no vas a escuchar ninguna de las razones que pueda exponerte… ¿Y sabes qué? Está bien. Probablemente yo tampoco lo haría, pero… —Negó con la cabeza—. Realmente estás en la cuerda floja ahora mismo, ¿cierto?

Peter no la miró a los ojos; no deseaba admitir que todo lo que ella le estaba diciendo tenía sentido.

—Todo está yendo bien —dijo no muy convencido.

—¿Y cuánto tiempo crees que esto va a durar? —preguntó Michelle y negó con la cabeza—. Creo que te va a explotar en plena cara.

Peter no dijo nada. ¿Cuánto tiempo creía que eso iba a durar? No quería considerar esa posibilidad, la idea de que algo como eso pudiera echarse a perder.

En el interior, la música comenzó a sonar otra vez.

A veces deseaba poder ser menos consciente de él mismo. De ese modo, podría ser capaz de hacer lo que le diera la gana sin saber que se estaba auto-engañando de manera obstinada, que estaba cegándose tercamente a los problemas inherentes de las decisiones que tomaba. Primeramente, había decidido ponerse el traje de Spider-Man y, como resultado, su salud mental estaba peor que nunca. Y luego se había lanzado a los brazos de alguien que decididamente estaba muy fuera de su alcance y muy fuera de su rango de edad, y ahora se sentía como si estuviera pataleando en el agua de una piscina muy profunda tratando de no hundirse con la cabeza apenas sobresaliendo de la superficie y sabiendo que una vez que se cansara…

—¿Ned sabe? —preguntó Michelle.

Peter negó con la cabeza.

—Nadie sabe —dijo y dudó un poco—.¿Puedo confiar en ti que lo mantendrás sólo entre nosotros?

Por un terrorífico momento, Peter pensó que ella le diría que no. Pero entonces la miró asentir.

—Sí. No le diré nada a nadie. Pero él va a querer saber qué es lo que está pasando —añadió—. Le diré nada más lo de la araña.

—Michelle…

—¿Qué? Estará en éxtasis por la noticia.

—Lo sé, y luego se le saldrá decir algo precisamente en el peor momento y… —Se interrumpió porque las puertas se abrieron, permitiendo la salida de Flash y su cita, quien iba llorando a lágrima viva.

—No… no… Hemos terminado… Me voy… —iba diciendo ella.

—¿Por qué siempre tienes que ponerte como loca conmigo? —le reclamó Flash. Y entonces ambos le dieron vuelta a la esquina y desaparecieron de la vista.

—Maldito Flash —murmuró Michelle.

—Maldito Flash —concordó Peter y se encogió de hombros—. Si quieres decirle a Ned, díselo entonces. Para ser honesto, estoy un tanto cansado de estar guardándoles secretos a ustedes dos.

—Suena como un plan para mí —dijo Michelle y se encaminó hacia las puertas, sólo para detenerse y girarse hacia Peter con la mano sobre el picaporte—. Sólo ten cuidado, ¿de acuerdo? —le dijo. Peter asintió, incapaz de continuar mirándola a los ojos—. Sé que no sé mucho de sentimientos ni tampoco de demostrar mis propios sentimientos, pero de veras no quisiera que te pasara algo malo.

—¿Qué es lo que crees que va a pasar? —preguntó Peter con desconcierto.

—No tengo idea —respondió ella—. ¿Vas a entrar?

Peter negó con la cabeza y entonces Michelle desapareció en el interior del salón mientras la música lo aturdía momentáneamente. Sonaba a algo de Ed Sheeran… take me into your lovin' arms…

Adentro, las parejas bailaban aquel ritmo lento, y afuera, Peter se quedó observándolas, sintiéndose amargado por no formar parte de eso y todavía más amargado porque sabía que no tenía derecho a enojarse ya que él mismo se había cerrado esa puerta.


Para gran alivio de Peter, el Baile de Bienvenida más o menos fue el inicio de los días de asueto por Acción de Gracias; no sabía cómo podría haber ido la escuela y soportado la mirada acusadora de Michelle y las preguntas de Ned (Peter había recibido una avalancha de mensajes de su parte ya muy tarde la noche del baile, Ned inundándolo de preguntas, la más notable de ellas ¿por qué no me lo habías dicho antes? Era casi un alivio poder dejar de guardar ese secreto, pero ahora la constante preocupación de que Ned o Michelle dijeran algo arruinaba eso). Había sido suficientemente malo cuando Peter mencionó que iba a estar haciendo una nueva pasantía con Stark. Ned lo había felicitado y Michelle sólo se le había quedado viendo.

Más allá de eso, estaba la impactante noticia de que el papá de Liz había sido arrestado. Peter no conocía los detalles, pero de alguna forma se sentía egoístamente agradecido de que no hubiera clases esos días; no estaba seguro de qué era lo que se esperaba que él le dijera a Liz, si es que se daba el caso, y las reuniones del equipo de decatlón iban a ser silenciosas e incómodas.

Peter y May tenían la costumbre de cocinar algo pequeño en el apartamento el día de Acción de Gracias y luego reírse de las malas películas que pasaban en la televisión. Pero ese año Nathan los invitó a su casa, donde todos colaboraron para hacer la cena: Nathan se encargó del pavo, May de la tarta y Peter de los panecillos. Entonces los tres se apretujaron (como sardinas, dijo Nathan) alrededor de la pequeñísima mesa de su apartamento. Peter se descubrió comenzando a tomarle cariño al novio de su tía, quien en el pasado se había dedicado a escribir música y les contó varias buenas anécdotas de cuando había sido joven y tocó para sobrevivir en bares de mala muerte de Hell's Kitchen. También le quedó bastante claro a Peter que las cosas entre Nathan y su tía iban muy en serio. Eso hizo que se sintiera avergonzado y (por alguna razón) un tanto solitario.


Y entonces llegó la tarde de domingo y May lo llevó en su auto hasta la mansión de Stark.

—Tienes dinero para el taxi de regreso, ¿verdad? —le preguntó ella.

—Sí, claro.

—¿Estás emocionado?

—Definitivamente. —Peter apretó y aflojó los puños y respiró lentamente para controlar el dolor que sentía en el pecho y que era heraldo de su ansiedad—. Sí, definitivamente.

May detuvo el auto junto a la acera enfrente del alto edificio y quitó el seguro de las puertas.

—Diviértete y trabaja mucho —le dijo y le dio un abrazo—. Estoy realmente orgullosa de ti —dijo May y algo en su tono hizo que las entrañas de Peter se retorcieran con ardiente culpabilidad, provocando que él la abrazara todavía más apretado. Esto está tan mal, pensó. Esto que estoy haciendo es una verdadera y reverenda mierda…

Y también: estamos moviéndonos demasiado rápido.

—Cuídate —dijo May por último, dándole palmaditas en un hombro.

—Lo haré —respondió Peter. Le apretó la mano, abrió la puerta del auto y salió de él—. Te amo, May —le dijo a través de la ventana abierta.

—Y yo a ti.

Y con eso, ella se fue.


Como la mayoría de las veces que Peter había ido a la mansión, se encontró primero con Happy, quien le dijo, con su habitual mezcla de hosquedad y sarcasmo, que el señor Stark estaba en el piso de arriba y que no quería ser molestado.

—Está todo bien, Happy.

Peter se giró. De alguna manera, Stark había conseguido materializarse detrás de él sin hacer ni un solo ruido.

—Hola —saludó Peter con voz débil.

—Hola, chico. Me da gusto verte. Acompáñame —dijo Stark y le hizo una seña con la mano para que lo siguiera. Peter así lo hizo sin pensárselo dos veces, y ambos se dirigieron escaleras arriba en dirección al laboratorio.

—Entonces, ¿qué es exactamente lo que vamos a hacer? —preguntó Peter mientras caminaban—. O sea, aparte de… ya sabes. Quiero decir, en el laboratorio.

Por toda respuesta, Stark le puso una mano en el hombro, lo empujó suavemente hasta apoyarlo contra la pared más cercana, y lo besó.

—¿Eso fue un hola? —consiguió decir Peter una vez que ambos se separaron para poder respirar. Nunca había imaginado que Stark haría el primer movimiento, mucho menos así de directo.

—Me da mucho gusto verte de nuevo —repitió Stark y lo besó otra vez, sus dientes raspando el labio inferior de Peter, éste elevando su mentón y permitiéndose abrir la boca.

—Sí… Sí, a mí también.

—Lo que dijiste la última vez que nos vimos —murmuró Stark—, ¿continúa vigente?

—No recuerdo qué fue lo que dije la última vez que nos vimos —dijo Peter.

Stark bajó la voz hasta convertirla apenas en un susurro, quizá para evitar cualquier posibilidad de ser escuchado por terceras personas:

—Dijiste que querías volver a follar en una cama.

—Wow, ¿yo dije eso? Quiero decir, sí, definitivamente. —Agarró la tela del frente de la camiseta de Stark—. Sí, por favor.

—¿Estás seguro?

—Sí, estoy seguro. Por favor. —Echando vistazos a ambos lados del corredor para asegurarse de que estaban a solas, Peter se oprimió contra Stark—. Por favor, fóllame.

—¿Practicas esa frase frente al espejo? —le preguntó Stark—. Porque eres endiabladamente bueno. Ven.

Stark lo dirigió hacia otras escaleras que estaban a la vuelta de una esquina, las subieron y llegaron hasta una puerta que tenía un tablero junto a ella. Stark tecleó rápidamente un código y, con un ruido amortiguado, el cerrojo se abrió. Stark empujó la puerta y se hizo a un lado para permitir que Peter entrara primero.

Peter dio un paso dentro y se quedó maravillado.

Era la recámara de Stark… Bueno, hasta donde Peter sabía, era sólo una recámara, pero de verdad, mientras más la miraba, más se convencía de que no podía ser de nadie más. Una de las paredes era casi completamente una ventana con una puerta deslizable de cristal que dirigía hacia un balcón que tenía la ciudad como vista. Había otra puerta que presumiblemente era la de un baño, y cómo sería ese baño, Peter no podía ni comenzar a imaginárselo. También había un armario enorme con puertas de metal y una televisión montada en una pared.

Pero lo que dominaba la recámara era la criminalmente enorme cama. Peter trató con todas sus fuerzas de no mirarla fijamente pero falló por completo.

—Joder —susurró—. Tú… Digo, sabía que eras rico, pero sí que eres rico. Quiero decir… Mira el tamaño de esa cosa… ¡Es como una isla para dormir! —Se giró hacia Stark—. Eres rico —repitió. Parecía que no podía dejar de decirlo. ¿Cómo una sola persona podía tener tanto dinero…?

—¿Estás bien? —le preguntó Stark.

—Sí, sí, estoy bien. Es sólo que… —Se aclaró la garganta—. Wow.

Stark no respondió; sus ojos estaban diciendo todo lo que él necesitaba expresar, mirando fijamente a Peter con hambre reflejada en ellos, como si nunca pudiera satisfacerse sólo con mirar.

Peter lo tomó del cuello de la camiseta y tiró de él para besarlo, luego envolvió un brazo alrededor de su cuello para colgarse de su cuerpo. Stark lo envolvió con sus dos brazos y Peter enredó las piernas alrededor de sus caderas.

—Por favor —suplicó Peter—. Por favor.

Peter aterrizó en la cama y continuó hundiéndose en ella. Colchón de plumas. Por supuesto. Stark estaba encima de él, besándolo.

—Espera —dijo Peter—. Creo que me estoy ahogando… en este colchón… Hasta aquí llegué… Esta es la manera en que muero…

—Nadie se ha muerto nunca en esta cama durante el tiempo que yo la he usado —le dijo Stark—. Estarás bien.

Entonces Stark tiró de la camiseta de Peter hacia arriba para besarle el esternón y lamerle un pezón. Y tal como solía pasarle cuando era confrontado por una multitud de buenas sensaciones al mismo tiempo, el sentido común de Peter se apagó. Más, más, más, parecía ser lo único que sabía cómo decir, ése era su único pensamiento mientras se quitaban la ropa, mientras Stark lo empujaba hasta el centro de la cama y lo giraba hasta dejarlo boca abajo. Sosteniendo a Peter con su peso, Stark deslizó una mano por debajo del resorte de sus bóxers.

Pero Peter quitó su mano y entonces se giró sobre la cama hasta quedar de nuevo boca arriba.

—Me gusta así —le dijo a Stark y besó los nudillos de su mano antes de regresarla de nuevo a donde había estado antes—. Así…

Stark presionó su frente contra la de Peter, y Peter cerró los ojos, arqueándose hacia él, escalofríos recorriéndolo conforme Stark le quitaba los bóxers y luego estiraba un brazo hacia un lado para alcanzar el lubricante y un condón que estaban encima de la mesita.

Fue más sencillo hacerlo esa segunda vez ahora que Peter ya sabía exactamente cómo procederían las cosas. Su cuerpo parecía arder cada vez que Stark lo tocaba; se sintió mareado en el momento en que sintió a Stark presionarse contra su entrada y creyó que se desmayaría durante la primera penetración, lenta y larga. Stark apoyó su mejilla contra la mandíbula y cuello de Peter, su barba picándole de una manera que tendría que haber sido incómoda pero que por alguna razón sólo parecía incrementar cómo se sentían las cosas. Peter descubrió que le gustaba escuchar a Stark. Stark, quien sonaba distante, como perdido en una bruma de sensaciones: gemidos desesperados y el jadeo que emitió cuando Peter lo rodó hasta intercambiar lugares con él y luego se dejó caer de nuevo empalándose en su miembro.

Para cuando ambos terminaron y se quedaron hechos sólo una pila inmóvil sobre las almohadas, Peter estaba demasiado cansado para pensar, ya ni se dijera para hablar. Emitió un leve asentimiento cuando Stark le hizo una pregunta, sonriendo apenas perceptiblemente.

—¿Sabes? —murmuró Peter perezosamente cuando recuperó la capacidad de hablar después de transcurridos varios minutos en los que Stark sólo se mantuvo abrazándolo sin decir nada—, si este cuarto se inundara ahora mismo… Creo que sobreviviríamos mientras nos mantengamos arriba de esta cosa. —Débilmente, le dio palmaditas a la cama con una mano.

Stark puso los ojos en blanco.

—¿Quizá podemos discutir los méritos de las camas tamaño Alaska King en otra ocasión? —sugirió. Con los dedos, le retiró a Peter el cabello de la cara—. Ahora mismo mataría por un poco de azúcar —agregó—. ¿Quieres galletas? Yo sí quiero una galleta.

Se levantó de la cama de un salto y comenzó a vestirse otra vez. Peter notó que le estaban temblando los dedos mientras se subía la cremallera de los jeans, pero fingió no haber visto nada cuando se percató de que Stark también lo estaba observando.

Apoyó un codo sobre la cama para incorporarse un poco.

—¿Vamos al laboratorio? —preguntó.

—Seguro, ponte tu ropa.

Con un gemido, Peter se levantó, estiró los brazos por encima de su cabeza y comenzó a buscar su ropa que había quedado regada por todo el piso.

—Oye, por cierto —dijo Stark—, ¿para la próxima podrías tomarte las cosas con más calma? Todavía tengo rasguños en la espalda que me hiciste la primera vez.

Peter se sonrojó.

—Lo siento…

—No todos tenemos sanación acelerada como tú, ¿sabes?

—Okey, okey, no es así de acelerada. Esa vez me tomó a mí todo un día perder los moretones que tú me hiciste —dijo y se puso la camiseta.

—¿Tanto tiempo? —respondió Stark pero sonando a la distancia.

Cuando terminó de pasarse la camiseta por la cabeza, Peter se dio cuenta de que estaba a solas en la recámara. Pero la puerta del baño estaba abierta (joder, el baño era digno de un palacio) y Stark estaba de pie enfrente del enorme espejo, echándose agua en el cabello y peinándoselo con los dedos.

Peter caminó hasta quedar detrás de él y apoyó la cabeza contra su hombro.

—Es lindo —dijo Peter en voz baja.

Stark no respondió de inmediato. Sólo se quedó ahí parado, permitiendo el contacto.

—Sí —dijo al final—. Sí. Lo es.

Peter cerró los ojos y aspiró el aroma de Stark, las respiraciones de ambos sincronizándose lentamente.

Despacio, Stark se giró hacia él y agachó la cara para besarlo, permitiendo que Peter lo oprimiera contra el tocador. Éste sentía como si fuera el pasajero de un auto que iba a toda velocidad: era consciente de que se estaba moviendo demasiado rápido pero, cuando se asomaba por la ventanilla, parecía que en realidad estaba estacionado y era el mundo el que se estaba moviendo en vez de él.

Todo lo que tenía que hacer era sostenerse.

—¿Laboratorio? —preguntó Peter finalmente una vez que dejaron de besarse y él apoyó la cabeza sobre el pecho de Stark.

—Laboratorio.


nota de la traductora:

Siento que necesito explicar por qué no he seguido traduciendo ni escribiendo ningún fic, así que aquí estoy!

Quizá no lo sepan, pero hace poco terminé mi carrera (en pedagogía) y estoy en proceso de titulación. Sumado a eso me he conseguido un trabajito de fines de semana (sábado y domingo, *gasp*) dando clases intensivas de español a chicos que quieren entrar a la preparatoria. Además de eso me han pasado montones de cosas (es en serio como dice Peter que los eventos nunca vienen solos) como obreros haciendo reparaciones en mi casa, un cuñado enfermo y hospitalizado, mucho trabajo fuera y dentro de casa, etc. Les pido una sincera disculpa y espero que todavía deseen seguir leyendo esta traducción. Por cierto, ¿ya vieron Infinity War? Qué chulada de película, ¿verdad?