17. Y otras palabras que comienzan con "p"
—¿Más vino?
—Por favor.
Las copas tintinearon y Tony pensó con tristeza en el Sauvignon Blanc que estaba desperdiciando aquella tarde al bebérselo en compañía de Justin Hammer. Había estado guardando esa botella para alguna ocasión especial; y aquella tarde ciertamente para nada calificaba como especial.
Si se hubieran apegado al plan original, Tony podría haber tenido al menos el placer de beberse el mejor vino vintage del propio Hammer, pero éste, fiel a su costumbre, le había mandado un correo electrónico justo el día anterior para avisar así de repente que tenían que reprogramar su reunión y cambiarla para las seis y media en la mansión de Tony en vez de en la suya. Happy casi se había vuelto loco con el estrés de planear una cena con menos de veinticuatro horas de anticipación, murmurando sin parar que él no sabía cómo se hacían las cosas al otro lado del charco, pero ahí en América nunca nadie reprograma una cita justo el día anterior al evento.
Al otro lado de la mesa, Peter se veía bastante incómodo vestido con un traje prestado a las apresuradas. El chico estaba sentado en la misma silla donde Pepper solía sentarse en ese tipo de reuniones (un descubrimiento que hizo que Tony sintiera varias cosas a la vez), dándole traguitos a su vaso de agua y sin comer mucho.
Esos días habían sido un tanto extraños. En menos de una semana, Tony había descubierto que en realidad sí existía una cura para la vergüenza devastadora que lo consumía: tiempo y saturación. Peter lo había visitado ahí en su casa todos los días desde el domingo anterior, aparentemente dispuesto a aceptar de manera insaciable lo que fuera que Tony estuviera dispuesto a darle.
El martes habían trabajado primero, pero eso había resultado peligroso dado que ambos eran propensos a concentrarse demasiado en la tarea que tenían entre manos; las horas podían pasar sin que ninguno se diera cuenta mientras trabajaban, apenas quedándoles tiempo para hacer nada más. Esa noche se habían escapado al piso superior -después de que Peter llamara a May para decirle que se le había hecho tarde- y se aprovecharon del anonimato que brindaba la oscuridad. Al inicio Tony había tratado de fingir que la silueta de su compañero pertenecía a alguien considerablemente mayor y más accesible, pero el ya de por sí frágil engaño se terminó de desmoronar cuando Tony, al acercarse en medio de la penumbra, escuchó el susurro tembloroso emitido por su amante: "Señor Stark..." Era Peter, y nadie más.
Gradualmente Tony se dio cuenta de que no tenía ningún deseo de fingir que no era él.
—Tengo que disculparme otra vez por haberte tomado desprevenido con tan poco tiempo de anticipación –estaba diciendo Hammer—. Me temo que surgió algo inesperado y mi casa no está realmente preparada para recibir invitados.
—Por supuesto –dijo Tony entre dientes. Estaban usando el salón comedor de negocios, el que tenía la mesa de cristal. Tony sabía, porque podía verlo en la manera en que Peter no hacía contacto visual con él, que el chico estaba pensando en lo que había sucedido la última vez que ambos habían estado ahí.
La tarde completa estaba resultando ser un desastre. Se suponía que Peter jamás tendría que haber estado en la misma habitación que Hammer, pero el tiempo se había pasado volando y cuando menos lo esperaban, FRIDAY les avisó de la llegada de Hammer. Peter y Tony estaban todavía arriba en el cuarto de éste tratando de recuperar el aliento.
No hubo oportunidad de sacar a Peter de la mansión sin que Hammer lo hubiese descubierto, así que Tony le había explicado rápidamente la situación y le había prestado el traje más pequeño que pudo encontrar. Justin, espero que no te moleste que mi pasante nos acompañe a cenar.
Hammer le había enseñado los dientes en un intento de sonrisa y había respondido: en absoluto.
Y ahí estaban los tres: sentados sombríamente alrededor de la mesa de cristal, con Tony y Peter picoteando su comida y Hammer haciéndoles conversación intrascendente; el asunto que fuera que lo había llevado ahí, claramente iba a tardar rato en salir a relucir.
—¿Has escuchado acerca del tal Toomes? —le preguntó Hammer a Tony—. ¿El traficante de armas que la policía acaba de capturar?
Tony se aclaró la garganta.
—Sí, escuché algo al respecto.
—Qué desafortunado su caso, es lo que creo –dijo Hammer—. Tiene el talento de un verdadero hombre de negocios. Lo conocí en persona brevemente hace unos años. Por aquel entonces era dueño de una compañía de recolección de chatarra. —Hammer negó con la cabeza—. Comprendía bastante bien el funcionamiento de un negocio, a pesar de que a veces su actitud era... —Hammer bajó la voz y se encogió de hombros. Entonces soltó una risa antes de decir—: No cabe duda que delante de la destrucción va el orgullo. Como fuera, supongo que si había demanda para sus armas... Nadie puede culparlo por hacer dinero a medida de sus posibilidades.
Tony vio que Peter se mordía los labios.
—Yo creo que fue un egoísta –dijo el chico en voz baja—. Conozco a su hija. Ella no tenía idea... Y ahora la está pasando muy mal. —Peter se silenció cuando Hammer fijó su mirada en él.
—Me temo que con el tiempo descubrirás que el mundo es un sitio retorcido y cruel, señor Parker –dijo Hammer—. Y mucha de la gente que lo habita, sin importar cuán humildes o sencillos parezcan ser, estarán más que ansiosos de poner las manos encima de las cosas preciosas de la vida... Cosas como tú mismo, por ejemplo.
Tony tosió fuerte.
—Sírvete más vino, Justin.
—Gracias, pero ya lo hice.
—Insisto.
Tony y Hammer se quedaron viendo a los ojos durante algunos segundos hasta que Hammer sonrió a medias.
—Muy bien. —Tony había ganado esa, pero la condescendencia en el tono de Hammer lo hizo sentir que había sido al contrario; situación que se exacerbó al verlo servirse más de su vino—. ¿Cómo has estado tú, Anthony? —añadió Hammer—. Últimamente has estado muy alejado del ojo del público, algo bastante inusual en ti. Cualquiera pensaría que ha habido una muerte en tu familia.
Tony negó con la cabeza y se obligó a sonreír.
—Ha sido sólo trabajo, Justin. Sólo trabajo.
—Trabajo y dinero, dinero y trabajo –dijo Hammer y se rió bajito—. Las dos cosas que hacen que el mundo gire, ¿no lo crees así, señor Parker? —Una vez más, Hammer se giró a mirar a Peter, y Tony sintió que se le erizaban los vellos de la nuca al ver al chico ofrecerle a Hammer una sonrisa débil y asqueada en respuesta.
—Peter –dijo Tony inmediatamente—, si vas a la cocina, creo que el postre está en alguna parte del refrigerador enfriándose. ¿Te importaría servirlo?
Era claro que Peter no estaba concentrándose: se levantó de su silla a una velocidad que difícilmente podía considerarse humana.
—Sí... Quiero decir, no... —tartamudeó el chico, sonando aliviado y sin ver a nadie a la cara—... Por supuesto...
Desapareció por la puerta hacia la cocina y Tony inmediatamente se giró hacia Hammer.
—Supongo que nunca has oído hablar de la costumbre de no mirar a otras personas de manera tan descarada –murmuró.
Hammer arqueó una ceja y curvó los labios en una mueca de burla.
—Yo no me preocuparía si fuera tú –dijo—. No tengo intenciones de buscar los favores de algo que es definitivamente de tu propiedad.
Tony abrió la boca para responder, una oleada de enojo recorriéndole el cuello, pero en ese momento Peter regresó con tres platos de algo con chocolate que era demasiado simple como para haber costado la fortuna que Happy gastó en ello. Maldita comida de ricos. Rápidamente, Peter les pasó los platos, rodeando prestamente la silla de Hammer para llegar hasta la de Tony.
—Gracias –le murmuró Tony al chico. Peter le dirigió una rápida sonrisa que no correspondía a la expresión en sus ojos, y entonces se retiró velozmente hasta su silla.
—Entonces, señor Parker –comenzó Hammer, sonriendo benignamente ante la mirada de rabia que Tony le dirigió—, ¿es al MIT hacia donde estás dirigiendo tus esfuerzos?
—Eso es correcto –respondió Peter con voz entrecortada.
—No hay necesidad de que te quedes en los Estados Unidos, ¿sabes? —dijo Hammer—. La Escuela Politécnica Federal de Zúrich tiene un programa académico excelente, hasta donde yo entiendo. Nicklaus Wirth estudió ahí. También Einstein. Piensa en eso, Parker... Tú podrías ser el siguiente Einstein.
La piel alrededor de los ojos de Peter se tensó y se bebió el contenido de su vaso de agua de un solo trago. Colocó el vaso en la mesa haciendo un ruido sordo.
—Yo soy más como un Tesla –dijo al final de manera vacilante con una sonrisa igual de insegura.
—O como un Stark –respondió Hammer.
—O como un Stark –susurró Peter. Miró a Tony a los ojos y algo en el pecho de éste se elevó, caliente e insoportable. Aclarándose la garganta, Tony desvió la mirada.
El resto de la cena la pasaron en relativo silencio hasta que Hammer se puso de pie, arrastró su silla para moverla hacia atrás y susurró algo sarcástico acerca de que tenía que ir a empolvarse la nariz. Salió del salón comedor dejando a Peter y a Tony a solas.
—¿Recogemos la mesa? —le pidió Tony a Peter.
—Sí –respondió el chico con voz ronca.
Juntaron los platos y los llevaron a la cocina. Tony hizo una pausa al pasar junto a Peter.
—¿Estás bien? —le preguntó en voz muy baja.
—Sí. —Peter apoyó la cabeza contra el hombro de Tony durante un breve momento y entonces continuaron su camino. Pero entonces Peter se detuvo y dijo—: Oye, ¿Tony?
Tony levantó la mirada de los platos apilados.
El día anterior, Tony le había dicho a Peter que podía llamarlo por su nombre de pila y Peter había parecido genuinamente sorprendido por la idea, aun cuando Tony le señaló que habían hecho mucho más que méritos como para tenerse ese tipo de confianza. Sin embargo, escuchar su nombre de labios de Peter en ese momento fue impactante, y Tony tuvo que resistir unas ganas urgentes de besarlo.
—¿Sí? —preguntó.
—Gracias por mandarme a la cocina.
Tony no supo cómo responder, así que sólo asintió con la cabeza. Peter continuó rumbo a la cocina y Tony regresó a la mesa para levantar los cubiertos de plata que no habían sido usados.
El lunes anterior habían estado trabajando en el laboratorio cuando Peter casualmente había mencionado que su cumpleaños iba a ser la siguiente semana. Sus dulces dieciséis. Tony ocultó la incomodidad que eso le ocasionaba -así de horrible como sonaba, pero le resultaba mucho más fácil continuar con eso cuando la realidad de la edad de Peter no lo encaraba- y le preguntó qué era lo que deseaba de regalo.
—Oh, no lo sé –había respondido Peter, obsequiándole a Tony una sonrisa ladeada y traviesa—. ¿Por que no eliges tú? —Y luego, contradiciéndose a él mismo, añadió en voz más baja—: Deberías atarme a la cama.
Tony se preguntaba a veces si Peter sabía acerca de la guerra constante que Tony peleaba contra él mismo y había tomado la decisión de no preguntarle al respecto, o si el chico genuinamente no tenía idea de lo que palabras como esas provocaban en Tony. Peter convertía a Tony en el tipo de hombre que odiaba ser -pero no, Tony no iba a pensar de aquella manera. Se negaba a echarle la culpa al chico.
¡CRASH!
Asustado y distraído momentáneamente de sus pensamientos, Tony corrió hacia el interior de la cocina. Lo primero que vio fue a Peter con las manos en alto, mirando impactado el cristal hecho añicos regado por todo el suelo. Luego Tony localizó a Hammer al otro lado de la isla de la cocina; el tipo se veía bastante divertido mientras se servía los restos del sauvignon blanc en una copa que se había salvado de romperse.
—¿Qué tipo de cristalería era esa? ¿Riedel? —preguntó Hammer—. Auch.
Tony le dirigió una mirada furiosa antes de colocar una mano sobre el hombro de Peter.
—Está bien –le dijo al chico—. Tómate un descanso.
A Peter le estaban temblando las manos y tenía el rostro pálido.
—Lo siento –murmuró distraídamente sin mirar a Tony a los ojos, y entonces pasó a su lado mientras se alejaba de ahí.
El sonido de sus pasos hizo eco hasta que se dejaron de oír. Enojado, Tony miró de nuevo hacia Hammer, pero su invitado estaba tan impasible como siempre.
Tony dio un paso y el cristal crujió debajo de la suela de sus zapatos. Puso los ojos en blanco y tomó una toalla para recoger los pedazos de cristal más grandes. Después pondría a uno de sus bots a limpiar el resto.
—¿Por qué estás aquí? —le preguntó a Hammer al fin con voz inexpresiva, una vez que terminó de tirar a la basura lo peor de la cristalería rota. Hammer se aclaró la garganta con una tos delicada y aristocrática.
—Creo que tú y yo hemos hecho suficientes negocios juntos como para que sepas que no es de mi agrado irme por las ramas como lo he estado haciendo toda la tarde –comenzó Hammer—, así que, ¿por qué no dejamos de perder el tiempo y vamos directo al grano?
—Oh sí, vamos –dijo Tony, mofándose de la sintaxis de su invitado en un intento de cubrir la repentina sensación desagradable que experimentó en el estómago. Apoyó la espalda contra la encimera de la cocina.
Hammer le dio una sonrisa ladeada.
—Voy a asumir, por la vergonzosa manera con la que manejas el tema de ese quien acaba de irse de aquí, que tus asuntos con él no han cambiado desde la última vez que nos vimos.
Tony frunció el ceño.
—¿Qué fue lo que dijiste? ¿Podrías repetirlo sin sonar como poesía griega?
De nuevo, Hammer sonrió con una mueca torcida. Con un aire de condescendencia, dijo, en voz mucho más baja:
—¿Asumo que continúas follando con él?
Tony se le quedó viendo fijo durante algunos segundos. Al final, le respondió:
—Peter es menor de edad.
—Las costumbres mojigatas se inclinan ante los grandes reyes –respondió Hammer perezosamente, citando a Shakespeare.
—Encantador. ¿Qué pruebas tienes?
Hammer dejó su copa de vino encima de la isla.
—Confío en que no estés pensando que yo haría una acusación como esta sin tener pruebas suficientes –dijo—. Primero que nada, las miradas que ustedes dos se dirigieron el uno al otro durante toda la tarde son francamente indecentes.
—¿Y qué miradas son esas?
Hammer arqueó una ceja.
—Son el tipo de cosas que uno sólo ve cuando está cerca de unos recién casados en plena luna de miel... Lo cual, tengo que decirlo, sólo se vio incrementado por el modo en que lo enviaste a la cocina para mantenerlo alejado del gran lobo malo. —Hammer inclinó la cabeza hacia un lado—. No puedo asegurar si tu comportamiento fue paternal o dominante. Ninguna de estas dos perspectivas es especialmente reconfortante, pero qué puedo hacer al respecto.
Tony no respondió y Hammer lo observó atentamente como si estuviera midiendo su reacción.
Tony se aclaró la garganta.
—Pensé que habías ido al baño –dijo al final.
—Tomé un atajo.
—Claramente.
Hammer sonrió a medias.
—¿Estoy detectando una nota de posesividad en tu tono?
—Detecta lo que tú quieras, pero me temo que necesitas más pruebas que solamente un tono de voz.
—Ciertamente –afirmó Hammer—. Para comenzar, ¿qué tal suena la marca de una mordida que adorna la parte izquierda de tu cuello? Y si eso no es suficiente para ti, está también la muy leve pero no menos evidente cojera del mismo señor Parker... pero, ¿qué es lo que le haces a ese chico, Anthony? Debes estar follándotelo con todas tus...
—¿Tienes...? ¿Tiene esto alguna finalidad? —lo interrumpió Tony caminando hacia el fregadero y comenzando a apilar ahí los platos sucios; necesitaba hacer algo con las manos.
—De hecho así es –dijo Hammer distraídamente. Tony se giró hacia él y lo descubrió sacando su teléfono y tecleando algo—. Esto –dijo Hammer y levantó el teléfono hacia Tony para que éste pudiera ver la pantalla.
Tony se paralizó.
El teléfono de Hammer estaba corriendo un video que, aunque un tanto borroso, era inequívocamente de Peter en su traje de Spider-Man: un borrón de color azul y rojo columpiándose entre edificios.
Tony dejó un plato que tenía en la mano dentro del fregadero junto con los otros.
—Es él, ¿cierto? —preguntó Hammer en voz baja. Bajó su teléfono y pausó el video—. Bastante impresionante. ¿Siempre es así de flexible?
—¿A dónde quieres llegar con esto? —preguntó Tony tratando de mantener estable su volumen de voz.
—Es muy simple –dijo Hammer—. Tú tienes secretos. Muchos. Sería un pésimo hombre de negocios cualquiera que no sacara ventaja de ellos.
Tony apretó los labios y se apoyó contra la encimera, imitando la postura relajada de Hammer para esconder la repentina ansiedad que lo estaba inundando.
—¿Me estás chantajeando, Justin? —dijo—. Estoy seguro de que tú puedes hacer algo mejor que eso.
Hammer ni siquiera perdió tiempo en tratar de negarlo.
—El proceso sería tan sencillo como fuera posible. Un simple pago cada mes y, a cambio, la identidad del señor Parker será preservada en secreto y con ello la tranquilidad mental de su familia. ¿Qué hombre en tu posición no querría lo mejor para su chico?
—Sin importar la parte donde tú te hinchas los bolsillos –dijo Tony sarcásticamente—. ¿Y está bien para ti saber que estás obteniendo ganancias gracias a la ropa sucia de alguien más?
Hammer puso los ojos en blanco.
—Creo que sabes que esto difícilmente es lo peor que he hecho en mi vida. Como muestra de buena voluntad para mi socio de negocios, te daré algo de información a cambio. Déjame contarte que tengo lazos con este asunto de Toomes. Su arresto no le hizo ningún favor a mi posición financiera. Se puede decir que fue un golpe fuerte para mí. Pero entonces me acordé de ti y de tu propia... situación. Tú amortiguas mi caída, y a cambio yo te doy protección. ¿Qué podría ser más perfecto? —Le tendió una mano a Tony antes de añadir—: Llámalo simbiosis, si lo quieres así.
Tony mantuvo sus manos resueltamente a sus costados.
—¿Cómo sabes que no iré con las autoridades a informarles acerca de tus llamados lazos con Toomes?
—Porque tú sólo harías eso si quieres tener tu vida privada al descubierto en todas y cada una de las mayores cadenas de comunicación del país.
Tony suspiró.
—¿Cuánto?
—Un millón –dijo Hammer. Tony arqueó las cejas y abrió la boca para responder, pero Hammer añadió—: Para comenzar. —Entonces vio la expresión de Tony y agregó—: Por favor, eres multimillonario, seguramente que esto no te empobrecerá.
—No es cuestión de dinero –dijo Tony lentamente—. Es cuestión de principios.
—Principios –se burló Hammer—. Tú renunciaste al derecho a hablar de principios en el momento en que arrastraste a ese blanco corderito hasta tu cama.
—No voy a pagar nada para encubrir mis pecados.
—Puede que tú no, pero quizás el chico sí lo haga. Él también tiene un secreto por sí mismo, ¿no? Oh, pero podría garantizar que el señor Parker es más pobre que un ratón de iglesia –continuó Hammer—. Aunque tú y yo sabemos que nuestro amigo mutuo tiene algo más que ofrecer aparte de dinero.
Tony se le quedó viendo.
—Explícate –exigió fríamente aunque en realidad no necesitaba ninguna explicación.
—Simplemente estaba pensando –dijo Hammer plácidamente—, que si tú estuvieras dispuesto a compartir su custodia conmigo, por así decirlo, yo podría perdonarte al menos la mitad de la presente suma acordada.
Tony se le quedó viendo atónito, inseguro de haberlo escuchado correctamente.
—Sólo por un par de noches, tú comprendes –continuó diciendo Hammer al ver que Tony no respondía—. Tampoco tengo deseos de robártelo de manera permanente.
Y entonces toda la furia que Tony sentía explotó.
—Maldito hijo de puta pervertido... —Tony agarró a Hammer de las solapas de su chaqueta y lo arrojó contra la isla—. ¡Él no es una jodida moneda de cambio!
—De acuerdo, me ha quedado claro tu punto...
—¡Más vale que así sea! —espetó Tony—. Si de aquí en adelante, en cualquier momento, me doy cuenta de que tú siquiera volteas a verlo de una manera que no me guste, voy a golpearte yo mismo hasta dejarte sin dientes. No necesito una armadura para lidiar con pedazos de mierda como tú.
—Si haces eso –dijo Hammer calmadamente—, te garantizo que cada segundo de tu tórrido romance con el chico, así como su otra carrera, estarán en las noticias de costa a costa en menos de seis horas. Pero por favor, no te detengas por mí y hazlo. Asumiendo que el señor Parker se atreva a contarte alguna vez que algo estuvo a punto de pasar. Nadie quiere el tazón de crema en el que otra persona ha metido los dedos ya.
Tony lo golpeó. Fue rápido -demasiado rápido- y sus ya de por sí frágiles nudillos de la mano se le helaron por el dolor. Pero a cambio, la cabeza de Hammer rebotó hacia atrás en una manera particularmente satisfactoria. Tony lo tomó del cuello de la camisa y lo golpeó otra vez, y en esa ocasión escuchó el distintivo crujido de cartílago rompiéndose.
—¿Qué sucedió aquí antes de que yo entrara?
Hammer lo empujó para quitárselo de encima y se sacudió la ropa con una mano mientras que con la otra se presionaba la cara.
—Nada de lo que necesites preocuparte –dijo con voz gangosa. Tony sintió una punzada de placer al ver la sangre rojo brillante escurrir entre los dedos de Hammer—. Depende de ti –dijo éste roncamente—. Paga mucho, o toma mi otra oferta y paga menos. No le pondré ninguna objeción a ninguno de los dos casos.
Varias imágenes desfilaron por la mente de Tony y él habría pagado con gusto cualquier suma de dinero para poder deshacerse de ellas. Tragando la bilis que se le había acumulado en la boca, gimió con derrota.
—¿Cuándo quieres el dinero?
Jamás habría quedado duda de cuál de las dos opciones él elegiría.
Hammer se fue y Tony subió a la planta alta. En su cuarto, encontró el traje que le había prestado a Peter hecho una pila sobre el suelo. Escuchó el agua corriendo en la ducha. Golpeó la puerta del baño y oyó que Peter le respondía con un distante "Adelante".
Peter, posicionado cerca del suelo, era una sombra poco definida a través del vapor y la puerta de cristal de la ducha. Cuando Tony deslizó la puerta para abrirla, lo encontró sentado sobre los azulejos, los brazos alrededor de las rodillas y la mirada perdida mientras el chorro del agua le caía sobre los hombros y espalda. El agua estaba abrasadoramente caliente: haciendo una mueca, Tony metió la mano y cerró el grifo.
—Hola –dijo, sintiéndose inseguro de repente—. ¿Todo está bien?
Peter asintió sin voltear a verlo. Estaba comenzando a temblar.
—¿Pasó...? —comenzó a preguntar Tony pero enmudeció, aterrorizado de decir algo de manera incorrecta, aterrorizado de la respuesta que Peter pudiera darle—. ¿Pasó algo...?
—No pasó nada –dijo Peter adelantándose a su pregunta—. Todo está bien. Es sólo... Sólo quería ducharme y quitarme todo de encima. —Con un gemido, Peter se puso de pie y se pasó una mano por el cabello. El agua cayó en cascada sobre sus hombros y pecho—. ¿Puedes pasarme una toalla?
Tony le pasó una de la repisa cercana. Peter se la envolvió alrededor de la cintura y salió de la ducha.
Entonces rodeó a Tony con sus brazos. Éste, asustado por la repentina demostración de necesidad de parte de Peter, se congeló momentáneamente y entonces le correspondió el abrazo.
—Lo siento –dijo Peter con la voz ahogada contra su cuello—. Estoy mojándote todo tu traje...
—No me importa el traje –murmuró Tony, acariciándole el cabello—. Sólo desahógate.
Pero Peter no estaba llorando.
—Escucha –dijo Peter—. Realmente no puedo... Yo no... No sé si pueda ir a casa así como me siento. May podría preocuparse...
—Quédate aquí –dijo Tony inmediatamente—. Ni siquiera tienes que preguntarme.
—Voy a llamarla para avisarle.
Peter se alejó de Tony y desapareció dentro de la recámara.
Hizo la llamada mientras se ponía una de las batas de baño de Tony. Éste se desnudó hasta quedarse sólo con sus calzoncillos, todo mientras trataba de no pensar en lo que Hammer le había dicho. Tú renunciaste al derecho a hablar de principios en el momento en que arrastraste a ese blanco corderito hasta tu cama. Pero no era así como habían sucedido las cosas... En absoluto... ¿O sí?
Peter dejó su teléfono en la mesita de noche.
—May dice que está bien –le informó a Tony y le ofreció una leve sonrisita, la cual Tony trató de corresponder. Un millón de dólares para mantener esto entre nosotros. ¿En quién estaba convirtiéndose?
—Si no te molesta –estaba diciendo Peter mientras se sentaba en la orilla de la cama—, creo que esta noche no quisiera hacer nada. Me siento como si mi cuerpo no fuera realmente mío, ¿no sé si me entiendes?
Tony caminó hasta quedar frente a donde Peter estaba sentado y se arrodilló delante de él. Le tocó una mejilla con la mano.
—¿Qué te sucede?
—No es nada –insistió Peter—. Es sólo que no me siento muy bien de acá arriba –se dio golpecitos en la sien— y sé que eso se me nota en la cara, y... y es por eso que no quiero ir a casa. Porque May va a verme y se va a preocupar y... —bajó la voz hasta enmudecer, mirando un punto atrás de la cara de Tony.
—¿Hammer te hizo algo? —le preguntó éste.
—¿Qué? No. No, no es nada que él haya hecho, fue sólo él y... —Peter suspiró—. Pensándolo bien, ¿podemos nosotros?
—¿Qué?
—Que si podemos hacer algo –dijo Peter y lo besó brevemente—. ¿Por favor? —Y le dio otro beso—. Me siento un tanto... No lo sé, ¿puedes tú tratar de hacerme sentir algo?
Tony asintió al mismo tiempo que se daban otro beso. Llevó las manos hacia el cinturón de la bata de Peter para desatarlo. Le besó el cuello, moviéndose hacia abajo -Avemaría, avemaría- y continuó así mientras escuchaba a Peter respirar. El chico se apoyó hacia atrás y colocó las manos sobre la cama.
Tony le besó el estómago.
—Oh, joder...
Tony levantó la mirada hacia Peter, repentinamente impactado por su juventud pero de manera diferente. Recordó la oferta de Hammer y sintió que se le retorcían las entrañas. ¿Cuál diferencia había entre Tony y Hammer, realmente? ¿Cómo podía tener esperanzas de proteger a Peter cuando él mismo era quien lo estaba poniendo en peligro, en primer lugar? Si hacía a un lado las trivialidades de su relación, Tony no era otra cosa más que un predador.
Y otras palabras que comenzaban con "p".
La sonrisa de Peter amainó conforme Tony no hacía otra cosa que mirarlo fijamente.
—¿Qué sucede?
Tony apartó la vista, observó las marcas que sus dedos habían dejado en las caderas y muslos de Peter más temprano ese mismo día y que ya estaban comenzando a desvanecerse. Pensó en otras marcas de otros dedos diferentes alrededor de las caderas de Peter -hechas por los dedos de Hammer- y se sintió ahogar por la mera idea.
Sin preámbulo, Tony levantó la cabeza y besó a Peter en la boca con avidez.
—Mío –susurró cuando se alejó de su boca para tomar aire. Otro beso, absorbiendo la lengua del chico, bebiéndose con gusto el gemido resultante. Tony sintió que Peter colocaba una mano en su espalda.
—¿Qué está pasando? —preguntó el chico con un susurro.
—Nada importante –dijo Tony y lo besó otra vez. Él lo cuidaría. No tenía por qué haber revelaciones, ni lágrimas, ni marcas de dedos. Sólo una transacción monetaria y seguridad.
Una parte de Tony le decía que estaba usando la seguridad de Peter como excusa para enmascarar sus propias fechorías, pero enterró ese pensamiento lo más profundo que pudo, así como enterró la posibilidad de contarle algo de eso a Peter. El chico querría jugar a ser el héroe, insistiría en que Tony no tenía por qué pagar. Pero eso estaba fuera de discusión.
Peter se alejó de él y colocó las manos sobre los hombros de Tony cuando éste trató de acercarse de nuevo.
—Yo... Pensándolo bien, creo que he cambiado de opinión –dijo Peter tímidamente—. Creo que no puedo hacer nada de esto esta noche.
Con un asentimiento de cabeza, Tony se alejó algunos centímetros y permitió que Peter se amarrara de nuevo el cinturón de su bata.
—Lo que sea que tú quieras –le dijo al chico.
—Creí que ayudaría, pero no fue así. —Después de un momento de silencio, Peter inclinó la cabeza hacia un lado—. ¿Vas a acostarte aquí conmigo?
—¿Quieres que lo haga?
—Hay espacio más que suficiente, ¿no lo crees? —dijo Peter y se rió—. Probablemente podrías acostar a todos mis compañeros de clase aquí.
—Sí, pero acordemos no intentarlo.
Tony se sentó junto a Peter y le rodeó los hombros con un brazo. Cuando Peter apoyó su cabeza contra él, Tony enterró la barbilla en el cabello del chico, el cual estaba secándose y despeinándose en rizos.
—¿Usaste mi gel de ducha? —le preguntó después de unos minutos de estar sentados ahí, meneándose gentilmente hacia atrás y hacia delante.
—Perdón –dijo Peter. Sonaba avergonzado.
—No tienes que preocuparte por eso.
Peter se acurrucó más cerca de él y Tony se acomodó de tal manera que pudo poner la cabeza sobre las almohadas. Después de un momento, Peter se le unió, presionando su espalda contra el pecho de Tony, tibio y agradable al tacto como siempre. Entrelazaron sus manos.
¿Qué mierda estoy haciendo?, se preguntó Tony.
—¿Qué está pasando? —preguntó Peter—. Has estado actuando muy raro desde que subiste al cuarto.
—No es nada –murmuró Tony contra la nuca de Peter—. Sólo quiero mantenerte a salvo.
El pulso de Peter latía debajo de la mano que Tony tenía sobre su pecho.
—En serio –dijo Peter. Su voz se escuchaba más ronca, más adormilada—. ¿Qué sucede?
—Nada –dijo Tony—. Te lo prometo. Todo está bien.
Se quedaron en silencio durante un largo rato. Peter se acurrucó todavía más cerca de Tony, estremeciéndose con escalofríos, y Tony tiró del cobertor para cubrirlos a ambos. Peter suspiró y tomó la mano de Tony entre las suyas.
—¿Qué es lo que va a pasar con nosotros? —preguntó.
—Nada –le respondió Tony. Peter ladeó la cabeza contra su hombro para besarlo, y luego repitió el gesto pero ahora besándolo en los labios—. Absolutamente nada.
Fue solamente hasta después de que Peter se quedó dormido ahí contra su hombro, con Tony acariciándole el cabello, que éste se percató de que acababa de hacer una promesa que seguramente le sería imposible cumplir.
nota de la traductora:
Hello! Gracias a todos por su amorosa paciencia! Intenté colocar este capítulo el 29 de mayo pasado que fue cumpleaños de Tony Stark (cumplió 48 años, el hermoso desgraciado que, como su vino vintage, cada día está más bueno) pero luego no pude y además pensé que era un capítulo muy cruel como para "celebrar" a Tony con él, jaja, y pues bueno.
De nuevo, gracias por leer y comentar, y gracias a todos por sus buenos deseos! Nos leemos pronto.
