Hermione se paseó a través de los corredores, sosteniendo firmemente una taza humeante de su té favorito, hacia su despacho preguntándose como pasaría el resto de la tarde. No tenía más clases que dar hoy y todos los ensayos habían sido corregidos. Quizás debería relajarse con un buen libro, una buena copa de vino y… ¡agh! Girando en la esquina hizo contacto con una barrera sólida, derramando el té caliente por toda su blusa en el proceso.
- ¡Madre Santa, esto quema! Maldita sea. – torrentes de suciedades como esa salieron de su boca.
- ¡Lo siento mucho! Oh mi Dios, no puedo creer que hice eso. Déjame ayudarte. – un par de manos se hicieron camino hasta su blusa y comenzaron a frotar el líquido de la misma para sacarlo. Hermione levanto la mirada para ver la cara del dueño de dichas manos y por un momento se olvidó de su piel ardiente.
- ¿Malfoy?
- Granger, lo siento tanto, tanto por haber chocado contigo así. – Él continúo dando toques en su blusa.
- Sr. Malfoy. ¿Podría…? ¿le importaría…quizás sacar sus manos de mis pechos?
En ese momento dos cosas sucedieron. Una: Dracoo se dio cuenta de que había estado tocando el líquido caliente utilizando solamente sus manos cuando era un mago completamente capacitado con una varita. Se sonrojó como un chico de catorce años virgen. Dos: un visitante llegó a la escena.
- ¿Papá? ¿Qué estás haciendo con la profesora Granger? – Scorpius estaba de pie en medio del corredor, boquiabierto de que las manos de su padre estuvieran en los pechos de su profesora favorita. – Draco sacó las manos rápidamente.
- ¡Scorp! Simplemente tuve una reunión con la directora respecto a mi donación anual. La Sala Común de Slytherin podría usar algunos sillones nuevos… - Miro hacia donde habían estados sus manos e hizo un gesto entre él y Hermione. – Esto no es lo que parece. Choqué con ella y…derramé el té sobre ella como un perfecto tonto…y luego trate de arreglarlo…porque no soy un idiota y…luego…apareciste. Y eso fue lo que pasó más o menos. - Scorpius entrecerró los ojos con sospecha.
- ¿Por qué McGonagall no podía simplemente enviarte una lechuza sobre los sillones? ¿Qué estás haciendo aquí? – Draco se frotó la nuca, sonrojándose furiosamente
- Oh, bueno. Es un buen día, ¿sabes? Y pensé que…podría…tu sabes...Hogwarts es simplemente bonito en esta época del año. – Cállate-la-maldita-boca-Draco. Te escuchas como un maldito imbécil.
- Y…la directora normalmente prefiere discutir estas cosas en persona. – Hermione habló, tratando de suavizar la tensión. Draco le envió una mirada agradecida. Ella se sonrojo. Él se sonrojo. Ambos desviaron su mirada hacia el suelo. Scorpius observo el intercambio con un leve horror. Nunca había visto a su padre tan desquiciado. Nunca había visto a la profesora Granger utilizando una blusa mojada tampoco, y su atención fue inevitablemente hasta los pezones que podían marcarse por encima de la blusa. Ambos, Draco y Hermione se dieron cuenta del lugar donde Scorpius tenía su mirada fija al mismo tiempo. Hermione miró hacia abajo y sus ojos se ensancharon en shock al ver que su blusa era ahora completamente transparente. Miró nuevamente hacia arriba para encontrarse a Draco luciendo la misma expresión, su mirada fija en su pecho.
- ¡Sr. Malfoy! – Hermione gritó para que los chicos Malfoy retiraran la atención de sus pechos. Ambos "Señores Malfoy" la miraron al mismo tiempo. Hermione tomó la oportunidad para dirigirse a Scorpius.
- Tu padre solo iba a escoltarme a la enfermería. – le envió a Draco una mirada mientras lo decía. Draco tomo la indirecta
- Sí. Eso iba a hacer. Porque me siento terriblemente mal por haber arruinado su blusa.
- Y quemarme con liquido tan caliente.
- Eso también. – y ambos se hicieron camino hacia las escaleras.
Scorpius sacudió la cabeza y frunció el ceño. Su padre normalmente mantenía la calma cuando se encontraba bajo presión. Pero tenía sentido que se sintiera incomodo cerca de la profesora Granger. Probablemente aún estaba avergonzado con todo el asunto de "mi hijo está enamorado de ti, por favor no lo expulses". Esperaba que un algún día olvidara eso.
Aunque parecía como si…no. A su padre no le gustaba la profesora Granger. O sea, no le agrada, mucho menos le va a gustar.
Pero ¿Por qué seguía apareciendo en Hogwarts? Scorpius llevaba dos años en Hogwarts sin que la sombra de su padre se viera por las puertas del castillo y ahora, en solo el primer mes del año escolar, él siempre estaba allí.
Hmm…
OOOOOO
Madam Pomfrey nunca olvidaba un rostro.
- Sr. Malfoy, nunca pensé verlo en la enfermería otra vez.
- Hola, Madam Pomfrey, la profesora Granger necesita…
- Su hijo casi nunca necesita atención médica, ¿estaba al tanto de eso, Sr. Malfoy?
- Estoy…contento de escuchar eso Madam Pomfrey. Como le iba a decir…
- Solo puedo imaginar que eso se debe a que él no heredo su capacidad para causar problemas, Sr. Malfoy.
- Estoy feliz de decir que así es. Así que, la profesora Granger aquí…
- Y ese deporte tan peligroso.
- Madam Pomfrey. Estoy muy consciente de que mi hijo es demasiado bueno para, pero la profesora Granger necesita atención médica, pronto. Gracias. – Madam Pomfrey resopló y se giró a mirar a Hermione.
- Eres otra quien siempre parece necesitar mi ayuda. ¿Estas consciente de eso? – Hermione tragó
- Sí, Madam Pomfrey.
- Siempre cerca de conseguir que te maten.
- Sí, Madam Pomfrey. – la enfermera asintió.
- ¿Qué ha pasado ahora? – La blusa había absorbido la mayoría del caliente de la bebida, dejando a Hermione con una leve irritación en la piel que Madam Pomfrey fue capaz de sanar fácilmente. – Ahora espere diez minutos para que el ungüento se seque antes de realizar el Scourgify. ¿Cree que puede hacer eso Srta. Granger?
- Madam Pomfrey, en serio. Soy una mujer adulta y estoy fuera del colegio. ¿No cree que puede llamarme profesora…?
- ¿Puede hacer eso o no, Srta. Granger? – Hermione tragó nuevamente
- Sí, Madam Pomfrey. – Madam Pomfrey se retiró, murmurando en voz baja como "algunas cosas nunca cambian", dejando a Draco y Hermione solos. Draco suspiró.
- Realmente no puedo disculparme contigo por haberte chocado, derramado encima el té y por…Merlín, nunca me di cuenta, pero soy una delicia absoluta. – Hermione se carcajeo
- Sí, eres tan suave como tu hijo. – Draco gimió
- ¿Por qué todos nuestros encuentros terminan conmigo teniendo que disculparme contigo?
- No me preguntes a mí. No soy la que constantemente la está cagando. – ambos se rieron. Luego se instaló un silencio incómodo. Draco se mordió el labio.
- Asi que…pude haberle enviado una lechuza a Minerva. Sobre los sillones. – Hermione dudó
- ¿Oh?
- Sí. Solo…quería venir aquí en persona.
- Porque… ¿eres apasionado de los sillones? – Draco se rio tímidamente, con un rubor extendiéndose por sus mejillas.
- En realidad…yo…tenía la esperanza de encontrarme contigo. – Hermione le sonrió.
- Bueno, ciertamente lo hiciste. – Draco cerró los ojos y sonrió.
- Estoy tratando de arreglar esto. – suspiró – Cena conmigo. – Hermione reprimió una sonrisa.
- Quieres decir… ¿ahora? – Draco asintió.
- Sí. Quiero decir…después que el ungüento se seque, claro. No quiero traer la ira de Madam Pomfrey sobre ti.
- Bien, no podemos tener eso. – Hermione bromeó.
- Y prometo no herirte o hacerte sentir incomoda, o…hacer cualquier cosa que requiera una disculpa de mi parte. – Hermione se sonrojó y se llevó unos cabellos despeinados detrás de la oreja. Miró a Draco y asintió.
- Me gustaría eso.
OOOOOO
Nota de la Traductora: ¡Hola amores! Espero que estén maravillosamente. No tengo mucho tiempo así que GRACIAS por cada review, favorito o follow que dan a esta historia que por cierto pertenece a Motherofbulls.
Muchos besos, Nat.
