¡Hola bellezas! ¿Cómo están? Sé que hace días no me pasaba por aquí, pero estaba teniendo unos días de relajación extrema que tanto me hacían falta. Durante esta semana tampoco estaré muy activa porque mi hermana mayor viene de visita y nos vamos de fiesta, jajaja. Aun así, trataré de sacar un rato para traducir y publicar. Los capítulos de este fic son super cortos, así que no es tan difícil.
Aquí estoy con un nuevo capítulo del fic que ha revolucionado la historia del Dramione, jajajaja. Es broma, pero a mucha gente le ha gustado y estoy muy feliz por eso. Gracias por cada review, me hacen feliz.
Espero muchos más en el capítulo de hoy.
Recuerden que la historia es de Motherofbulls y los personajes y lugares de J.K.R, nada me pertenece. Solo soy la afortunada de poder traducirlo y traérselo a todas ustedes.
Nos leemos abajo bellezas.
OOOOOO
Hermione estaba sentada en su escritorio disfrutando una relajante taza de té después de un día de clases. Se recostó en su silla, pensando en su cena con Draco dos noches atrás. Nunca imaginó que sería tan fácil hablar con él. Y tan…encantador. La hizo reír, y en la manera que la miraba…aquí vamos. Ahí van mis bragas.
- ¿Qué tal mi ninja?
- Ooof. – recostada en su asiento, Hermione casi se vira su té encima. Otra vez. - ¡Harry! ¿Cuántas veces tengo que decirte que no entres de esa manera a mi oficina? Te voy a conseguir una jodida campana para navidad.
- ¿Corrigiendo ensayos? ¿Está el trabajo de alguno de mis mocosos allí? – Harry la ignoró y caminó hasta la silla opuesta a la de ella en el escritorio, poniendo sus pies sobre el escritorio.
- ¿Qué estás haciendo aquí?
- Solo pensé que podría pasar por aquí y ver si querías ir por un bocado. Ginny está en una reunión en casa de una de sus amigas de las Harpie. Estoy aburrido.
- Pues, gracias por elegirme para curar tu aburrimiento. Déjame terminar mi té y nos vamos. – Harry puso sus manos detrás de su cabeza y le sonrió. - ¿Qué? – los ojos de él se estrecharon y su sonrisa se hizo más grande. - ¿Qué?
- Adivina a quien me encontré hoy.
- No voy a jugar ese juego.
- Su nombre empieza con D, cara de hurón imbécil, tiene mucho dinero, su hijo es un pequeño monstruo de lo cachondo. – Hermione rodó los ojos.
- Sigues sin ser divertido.
- Cenaste con él.
- Sí.
- Te gusta. – ella volvió a rodar los ojos.
- ¿Qué pasó con el "no puedo estar envuelto en esto"? Estamos tratando de ser…
- Discretos. Sí, lo entendí. Malfoy dijo lo mismo. Alto y claro.
- ¿Entonces porque estamos hablando de esto en una escuela llena de niños mágicos que pueden escucharnos en cualquier momento?
- Porque eso te hace sentir incomoda lo que significa que tomaras demás en la cena lo que significa que podré convencerte de que hagas tu personificación de Minerva.
- Te mueres porque me despidan. ¿No es así?
- ¿Qué puedo decir? Extraño a mi esposa de trabajo. – Harry bajó sus pies del escritorio. – Ahora termina tu maldito té mujer. No tengo toda la tarde. – Hermione rodó los ojos por tercera vez.
- Allí está. Ahí está mi marido de trabajo.
OOOOOO
Harry y Hermione se sentaron en el bar de Las Tres Escobas a comer su pescado con patatas fritas.
- ¿Aun vendrás a cenar este fin de semana? Ginny hará un asado. – preguntó Harry, sorbiendo de su whiskey de fuego. Hermione asintió.
- Estaba…pensando en que quizás…
- ¿Podrías preguntarle a cierto rubio idiota si también quiere ir? – Hermione suspiró.
- ¿Crees que es muy pronto para eso? – Harry negó con la cabeza.
- No con él. Ustedes son dos completos adultos. No tienen que pretender que se gustan menos de lo que lo hace. Porque tú sin duda le gustas. – Los ojos de Hermione se ensancharon.
- ¿En serio? ¿Cómo lo sabes? ¿Dijo él algo? – Harry se rio.
- Tranquila allí, Lavender Brown. – Hermione gruñó.
- Eso jodidamente nunca.
- Muy pronto se estarán besuqueando en público y lo llamaras "Dray-Dray".
- Eres un imbécil. Y no me mereces. – Hermione puso toda su atención en su propio whiskey de fuego.
- Solo estaba bromeando. Y respondiendo tu pregunta…llámalo una cosa de hombres. Solo puedo decirte que le gustas. Deberías invitarlo. A él le gustaría eso.
- ¿Tú crees? ¿Realmente disfrutara una tarde llena de bromas sobre hurones en la casa de Harry y Ginny Potter como telón de fondo para nuestra segunda cita? – Harry se encogió de hombros.
- Podría acabar con eso. Ver si se lleva bien con tus amigos. Probablemente no, pero mejor saberlo ahora, ¿verdad? – Hermione dio golpecitos con sus dedos en la mesa, mirando contemplativamente a la distancia.
- Esto parece lo contrario a mantener las cosas discretas.
- Prometo ser discretísimo. – Hermione entrecerró los ojos y lo apuntó con un dedo.
- Vas a bajar el tono de tu idiotez.
- Por supuesto.
- También Ginny.
- Oh, alto ahí. No puedo garantizar…
- Bajaran su idiotez. O si no reprobaré a sus hijos. – Harry abrió los ojos enormemente.
- No lo harías. – ella se encogió de hombros.
- Aparentemente me gusta Draco Malfoy ahora…quien sabe de lo que soy capaz.
OOOOOO
Draco se tiró sobre las docenas de aburridos documentos sobre el estado de los Malfoy con aburrimiento. Siempre era absolutamente molesto leer todos esos papeles que su abogado insistía en que había que examinar detenidamente antes de firmarlos. Pero hoy era casi jodidamente imposible hacerlo.
Todo en lo que podía pensar era en la suave risa de Hermione Granger. En la forma en que su cabello contrastaba con su piel, haciéndola lucir como un postre tentadoramente atractivo. Y en la forma en que la delicada piel de su mano se sentía cálida en sus labios.
Joder, Blaise tenía razón. Estoy enamorado.
Había querido besarla esa noche, pero no quería asustarla. Había querido enviarle una lechuza en el momento en que llegó a casa para planificar otra cita, pero sabía que se vería patético y desesperado.
Si ella quisiera un patético y desesperado, nunca habría dejado a Weasley.
Habían pasado unos días. No era muy pronto, ¿verdad? Podía pedirle otra cita sin que sus cojones se encogieran en sus pantalones, ¿verdad?
Apenas había comenzado su carta cuando una lechuza aterrizó en su escritorio dejando una carta con el sello de Hogwarts. La carta decía:
Draco:
Me preguntaba si tenías algo que hacer el sábado en la tarde. A Harry y Ginny le gustaría invitarte a cenar.
Esta totalmente bien si no puedes venir. Pero debes saber que hice prometer a Harry y a Ginny que iban a bajar su nivel de idiotez, que no es poca cosa. Sería una lástima no aprovechar esta oportunidad.
Tuya,
Hermione
Draco sonrió, recostándose en su silla. Aunque cenar con los Potter no era exactamente lo que él tenía en mente para su segunda cita, tomaría esto como una señal positiva. Esto significaba que le gustaba lo suficiente como para llevarlo con sus amigos...aunque fueran unos idiotas.
Y su firma, "tuya". Draco sintió que su rostro se sonrojó fuertemente con el pensamiento de que él le hubiese reclamado cualquier cosa a ella. Eso no es lo que ella quiere decir, imbécil. Es solo una firma.
Suspiró. ¿A qué llegó su vida para pensar que una tarde con los Potter era la cosa más fantástica del planeta? Sacudió su cabeza, con una sonrisa boba plasmada en su rostro.
Hermione:
Sería negligente de mi parte si permitiera que tu titánico logro de conseguir que el Elegido de Pacotilla y Compañía se comporten por una tarde se fuera a la basura. Estaré allí.
Tuyo,
Draco.
Draco sonrió y chocó su frente contra el escritorio.
Maldito. Idiota.
