Esto es Berk.

Está a doce días al norte del calvario y a unos cuantos grados al sur de Muérete de Frio. Está ubicado justo sobre el meridiano de la tristeza.

De alguna forma somos el mejor secreto guardado de... bueno, de todas partes.

¿Mi pueblo, descrito en una sola palabra? Tenaz. Ha estado aquí por más de siete generaciones. Desde hace tiempo de que las casas ya no son del todo nuevas, eso se debe a un par de cosas que hemos mejorado por aquí.

Sé que no parece mucho, pero este montículo de roca mojada oculta un par de sorpresas...

Una mancha negra sobrevoló por la isla. La cual era una pequeña isla de piedra, rodeada de estatuas de sus antiguos jefes, con fuego encendido en sus bocas. Se observa unas cuantas casas, más bien chozas, pintadas de vivos colores, así como estructuras extrañas rodeando la isla. Ovejas y vikingos le miraban con admiración y otros tantos con miedo. Las ovejas principalmente.

Vivir aquí es increíble... pero no tanto para los más sensibles.

La mancha paso como un borrón muy cerca del suelo, tan cerca del suelo, que logró tomar una cesta repleta de pescado usando su hocico. Un aldeano que parecía ser el propietario se dio cuenta de la travesura de aquella cosa.

—¡Hey!— exclamó en dirección al cielo, para después negar con la cabeza.

Tenemos pesca, caza y una encantadora vista del atardecer. Pero tenemos algo mejor que todo eso.

Verán, la mayoría de los sitios tiene diversas mascotas, loros, perros, caballos, hasta ratones...

Pero aquí hay:

—¡Dragón!— exclamó un hombre al cielo.

¡Dragones!

La mancha empezó a volar más despacio, permitiendo que toda la gente le viera. Era un dragón negro, precioso, con enormes orbes verdes que analizaban el entorno. Los niños le observaban emocionados, apuntándole con sus dedos, abriendo la boca por la impresión, otros, los más ancianos, le observaban con cierto desagrado, pero ninguno se animaba a hacer un comentario. Más dragones se sumaron a él, eran de todos los colores y especies que trataban de seguirle el paso.

Hacia un día estupendo. No había nubes en el cielo a pesar de que siempre hacia frio. El sol no calentaba demasiado, pero iluminaba bastante, la brisa era templada, agradable. Hoy pintaba como un excelente día.

Mientras la mayoría de las personas tienen pasatiempos como tallar madera o tejer tapetes, nosotros preferimos entrenar a nuestras mascotas. Todos en Berk tienen un dragón, ellos nos ayudan con nuestras actividades, nosotros los ayudamos con las suyas y siempre y en cuanto nadie perturbe esa paz, todo se conserva igual.

Cuentan que la paz con los dragones fue lograda gracias a un dragón negro que se hizo amigo del hijo del jefe de la isla. De alguna forma, el dragón logró vencer a unos invasores que amenazaban con apropiarse de Berk, por ello, logró el respeto de todos y la guerra con los dragones terminó.

Nadie sabe a ciencia cierta si lo del hijo del jefe es cierto, puesto que nunca los han visto juntos. Lo que sí es verdad, es que ahora ese tal Drago Bludvist y la gente que intentó quedarse con nuestras tierras, fueron forzadas a firmar un acuerdo de paz, y a largarse para siempre.

El dragón dio una pirueta en el aire, una bastante complicada. Lanzó unos cuantos disparos hacia el frente, sintiendo como el plasma calentaba su rostro. Dio una vuelta sobre su propio eje, contrayendo las alas.

Un hombre gordo, rubio y con una pata de palo salió de una de las cabañas; no era cualquier cabaña, esta estaba sostenida por un mástil de madera, poniéndola por encima de todas. Alargó los brazos al cielo y los movió, como si tratará de llamar la atención del dragón.

—¡Deja de alardear, chico dragón!— le gritó, el dragón pareció escucharle porque volvió la cabeza hacía él.— Sí, te hablo a ti, presumido.

El dragón bufo, pareció rodar los ojos. Dio una vuelta cerrada, abriendo unos picos de escamas en su espalda, los vikingos le vitorearon en respuesta. El hombre rubio rodó los ojos, detrás de él, una anciana se abría paso desde la casa con un bastón. El reptil comenzó a volar en dirección hacia ellos.

Lo que también es verdad es que él dragón nos protege a todos de cualquier enemigo. Los demás dragones le siguen, y eso hace que todos los demás nos sintamos seguros. Es maravilloso.

Y lo mejor es que hemos adaptado la isla para ellos, si volteas hacia ese lado puedes ver un comedero de dragones... oh, y por allá, el más sofisticado sistema contra incendios conocido. Curamos sus heridas, los atendemos cuando están enfermos... ¡Hasta les arreglamos los dientes!

La vida en Berk ha cambiado mucho desde que decidimos hacer la paz con los dragones. Y sé que todo estará bajo control bajo el cuidado de ese dragón Furia Nocturna.

¿Qué cómo lo sé?

El dragón dio otra vuelta, desviándose fuera de la aldea, ocultándose de los curiosos, quienes empezaron a dispersarse. Parecía haberse ido. La gente volvió a sus actividades habituales, restándole atención a lo que ahora pasara en el cielo.

El hombre rubio, después de ver esa maniobra, negó con la cabeza para luego girarse hacia el lado norte de la casa, por donde el dragón iba aterrizando. Poco a poco, su cuerpo fue cambiando: las escamas se transformaron en piel suave y blanca en algunas partes, pero en otras, parecía que se transformaban en ropa negra. Algo así como una armadura. La complexión se hacía cada vez más delgada, como la de un humano, al igual que las facciones del rostro, los ojos cambiaban de color, cambiándolos por un tono verde menos eléctrico. Empezó a salirle cabello castaño en la cabeza, quedándose como una despeinada maraña de pelos, algunos mechones apuntaban en diversos ángulos, desafiando la gravedad.

Poco a poco, se transformó en humano, comenzando a caminar en dos piernas, revelando a un muchacho bien parecido de uno ochenta, con el rostro repleto de pecas.

—Oye, Gobber, ¿te importaría no llamarme chico dragón cuando sea un dragón? Puede que la gente empiece a notar mi condición— saludó en tono sarcástico y burlesco. La voz del ahora humano era un poco nasal, pero no era molesta, es más, era agradable.

Porque yo soy ese dragón.

—No lo haría si no te desaparecieras todo el tiempo, muchacho— le respondió Gobber— Y yo principalmente sé por qué debemos mantener todo esto en secreto.— añadió, acercándose a él, le dio una palmada en el hombro bastante fuerte para luego dirigirse hacia la escalera que lo llevaría hacia abajo de nuevo— Ayúdame con Gothi, tenemos que llevarla con Stoick.

El muchacho dio un respingo al oír aquel nombre. Sin perder el tiempo, ayudó a la anciana a subir a su espalda con la intensión de bajar con ella hasta la aldea.

—¿Qué le pasa a papá?— cuestionó el chico, viéndose bastante preocupado. Gobber soltó un suspiro— ¿Ha... empeorado?

—Tu madre no está segura— Gobber termino de bajar, casi tropieza con sus propios pies. El joven fue más ágil, en lo que cabe y logró llegar a tierra firme sin problemas, la anciana no se bajó, necesitaban que llegará rápido.— La fiebre aumentó esta mañana. Las hierbas no funcionan y el antídoto contra el Dragonvine no está funcionando.

El castaño tragó saliva.

Mi padre es Stoick The Vast, el jefe de esta isla. Y es el hombre que veremos a continuación; es la persona más fuerte y dedicada que conozco; nunca pierde la calma, de ahí su nombre, mide como dos metros y hasta ahora, nadie ha logrado vencerlo.

Excepto por una planta de Dragonvine. Una planta venenosa para los vikingos, mortal para los dragones; tenemos el antídoto contra ella, ya saben, saliva de Silkspanner, sin embargo... No parece funcionar en mi padre.

—¿Crees que sea... lo que Gothi dijo que pasaría antes de que...?— el chico vaciló, esperando a que el mejor amigo de su padre y mentor le interrumpiera con aire despreocupado diciendo que aquello era imposible. Pero no lo hizo.

—Yo no lo descartaría, pero tampoco diría que fuese posible— Gobber tenía el rostro sombrío, no acorde a su actitud alegre de todos los días. Eso asustó más al joven.— Hiccup, si algo llegase a pasar, la primera orden es sacarlos a todos de aquí rumbo a la isla Berserker.

Hiccup hizo una mueca.

—Lo sé, Gobber. Lo sé— Hiccup no se veía muy feliz con la noticia. Se le veía dolido, tal vez a punto de llorar. Gobber le dirigió una mirada conciliadora.

—Todavía no sabemos lo que pase, Hiccup— le consoló— Mejorará, ya lo verás.

Caminaron hasta una casa. Era más grande que las demás, también un poco más vieja, Hiccup subió las escaleras en dirección a la casa, todavía con la anciana en su espalda. La bajó una vez que estuvieron en la puerta, para luego abrirla, adentrándose en la casa.

La casa era un lugar en orden, con dos pisos, la cocina estaba al fondo, a un lado de la puerta de daba al patio trasero. Había una mesa en el centro de la casa, era de buena madera y estaba en buenas condiciones, el fogón estaba encendido y frente a este, se encontraba una mujer de mediana edad, calentando un pocillo con agua, posiblemente té. Se giró hacía el muchacho, el parecido entre ambos era sorprendente.

—¡Hiccup!— la mujer corrió hacia él, le abrazó con fuerza. Hiccup le regresó el abrazo.— No he conseguido que la fiebre baje— se lamentó— La saliva de Silkspanner no funciona...

Gothi la tomo del brazo, indicándole a señas que la llevará con su esposo. Valka asintió y todos subieron rápidamente por unas escaleras de troncos; había tres puertas en el piso de arriba, la mujer castaña abrió una de ellas revelando a un hombre robusto, gigantesco, postrado en una cama. A pesar de su complexión grande, se veía bastante débil, tosía como si se le fueran a salir los pulmones, tenía el rostro enrojecido por la fiebre, se veía que había bajado unos cuantos kilos por la enfermedad.

Incluso se veía más viejo para su edad. Hiccup sintió una punzada en el pecho, ver así a su héroe de la infancia, a su propio padre... Era algo duro de presenciar. Hiccup caminó hasta la cama de su padre, sintiéndose como un niño pequeño. Hubo un momento en el que no se pudo acercar más. Tenía miedo.

Gothi, sin embargo, llegó hasta la cabeza del hombre, empezando a examinarlo, le daba golpecitos con su bastón, esperaba, parecía que oía cosas y les respondía en su mente. Los demás le miraban expectantes.

La anciana bajo la mirada, parecía ser que tenía un diagnóstico. Pero Stoick ya lo sabía desde el momento en el que esa planta demoníaca le infecto uno de los brazos.

—¿Es ella, verdad?— la voz del hombre incluso sonaba débil en ese momento. Ya no sonaba tan fuerte como antes, ni mucho menos; era la voz de un hombre enfermo.

Gothi asintió.

Hiccup soltó todo el aire que estaba en sus pulmones. Valka se mordió los labios, intentando no desplomarse, Gobber agachó la mirada, triste.

—¿Qué?— exclamó Hiccup en un susurro. Se acercó con más valentía hasta donde estaba la anciana— No, no... Debe haber alguna forma, él no puede...— Iba a derrumbarse, no podía aceptar que el hombre que lo había visto crecer, el mismo que lo llevó a cazar jabalíes y el que le entregó su primera arma, estuviese muriendo.— Buscaré en todas las islas. Debe haber alguien que sepa... tal vez un Silkspanner de ala titánica pueda ayudar, o alguna subespecie... Yo podría, yo...

La anciana levanto su mano, haciéndolo callar, negó con la cabeza. Hiccup empezó a hiperventilar, asustado, triste, sintiéndose morir.

—No...— su voz se quebró, dirigió su mirada hacia la cama, donde reposaba su padre. Su madre ya estaba junto a su padre, ambos tomados de las manos.

Gobber trató de convencer al muchacho para darles privacidad. Este no quiso irse, empezó a tener un ataque, o por lo menos eso sentía. Tuvieron que sacarlo a empujones, luego Gothi le dio una planta para masticar, que lo relajó casi por completo.

Su padre iba a morir.

Por culpa de una bruja. La misma que le había hechizado. Quiso buscarla, descuartizarla con sus enormes dientes, hacerla pagar por lo que había hecho; pero no era necesario. Una vez que ella vuelva, él mismo se encargaría de hacerla pagar. Lo haría de forma lenta, no le importaba como, solo quería... quería...

Pero la razón intervino. Matar a esa maldita bruja no serviría de nada, no le traería a su padre de nuevo y posiblemente tampoco haría de él un muchacho normal. Hiccup respiro hondo, quería llorar como un niño pequeño, pero no podía hacerlo. Si su padre lo veía así, no le gustaría. Tenía que ser fuerte, aguantar todo lo que venía.

Extrañó bastante a Kaira. La extrañó demasiado, extrañaba poder abrazarle, sentir su consuelo. Ella era tan buena con él, tan comprensiva, amorosa... Y estaba en la isla Berserker en este momento.

Kaira era una chica que había conocido hacia mucho y el amor de su vida. Agradecía a su padre por haberlos presentado; era una aldeana Berserker, una chica tierna y amorosa, que compartía el amor hacia los dragones con él. No había día que no se escribiesen, en especial desde que su padre enfermo; ella no había parado de mandar sus buenos deseos, así como consejos de cuidado. Hiccup nunca se sentía solo cuando leía sus cartas.

Pero ahora, incluso pensando en ella, se sentía bastante solo. Escucho unas pisadas provenir de arriba, luego las escucho bajar las escaleras y acercarse con cautela a él; su madre le tomó la barbilla, subiendo por ella para luego acariciar su mejilla. Habló con voz suave, pero se notaba pastosa también, signo de que había llorado.

—Hiccup—lo llamó, este no le regresó la mirada— Tu padre... Él quiere hablar contigo— le dijo, esta vez tratando de que este alzase la mirada. No se detuvo hasta que los ojos verdes de su hijo se toparon con los de ella. Este soltó un suspiro.

—Mamá, esto es mi culpa, si yo...— Su madre lo calló, poniendo un dedo sobre los labios del chico. Hiccup volvió a bajar la mirada, triste.

—No es tu culpa— lo consoló su madre— De alguna forma, él sabía que esto pasaría... Y tu padre... ambos— rectifico— sabemos lo fuerte que eres. Podremos superarlo.

Le dio un abrazo fuerte antes de que él subiera hacia el cuarto, donde Stoick The Vast iba a regalarle a su único hijo su último aliento.


La mano de Hiccup siempre había sido diminuta comparada con la de su padre.

Cuando era niño, él incluso podía cargarme con una sola mano. No necesitaba más apoyo, recuerdo que me sentaba en su palma por horas y horas, mientras me enseñaba Berk... Todo parecía tan grande, tanto, que temía mucho no poder ser igual de grande, incluso pudiendo ser un dragón.

Era tan fuerte, inteligente... Yo no sabía si podía ser como él. Si algún día, podría ser el gran jefe de Berk, el hombre más respetado de todos. Incluso ahora, no siento que dé el ancho suficiente.

El hombre apretó su enorme mano con la de su hijo, abrió los ojos y esbozó una sonrisa débil al verlo; Hiccup la correspondió, con más tristeza que alegría. Temió que su padre le viese llorar o algo parecido, pero no podía evitarlo, él siempre había sido así de sensible.

—¿Cómo va todo, hijo?— cuestionó su padre en voz baja, con el tono de voz más grave de lo normal— Me contaron por ahí que un misterioso Furia Nocturna venció a unos cuantos cazadores de dragones.

Hiccup rio, aquello había pasado hacía por lo menos dos días. Al parecer, a su padre se le estaba agotando la memoria... O no había despertado en todo ese tiempo.

—Sí— repuso el joven con un hilo de voz, reía entre lágrimas rebeldes— Creo que les di un buen mensaje acerca de no matar dragones en mi guardia.— alardeo, pero nunca se le daba bien. Stoick lo sabía, su hijo era todo menos un engreído.

Lo habían criado bien.

—Ese es mi muchacho— lo felicito, con su otra mano dio un par de palmadas hacia el antebrazo de Hiccup— Siempre tan valiente, como tu padre.

—Sí tú lo dices— ahí estaba, su hijo no podía ni reconocer que hacía las cosas bien... o que las hacia mejor que muchos en realidad. Stoick tosió de forma un poco escandalosa, alarmando a su primogénito.— Papá, yo...

—¿Sabes lo que pasará, no?— le interrumpió el pelirrojo, dejando de toser. El chico concentró sus orbes verdes en él— Cuando yo muera, independientemente de si viene esa heks o no.

Hiccup tragó saliva. Sólo había pensado en lo duro que seria que su padre no estuviese, jamás se había planteado lo que seguiría después de eso. Él tomaría el trono como jefe de Berk, se casaría, tendría un heredero y entonces el reinado Haddock continuaría por generaciones.

No se sentía listo. A sus veintiún años de edad, no tenía ni la menor idea de cómo liderar... vikingos. Aquello le ponía los pelos de punta, ¿y si lo hacía mal? ¿Había alguien que lo juzgase? ¿Qué pasaría si toda esa gente se enterase de que él es el dragón? ¿Lo desterrarían? ¿Lo tacharían de fenómeno?

¿Qué diría Kaira? ¿Le perdonaría por ocultarle algo tan grande? ¿Se alejaría de él?

—Hijo— su padre lo sacó de sus pensamientos, Hiccup le dirigió una mirada de preocupación.— Sé que tienes muchas dudas, puede que creas que no estás listo...

—Es que yo... no soy bueno siendo un líder... Quiero decir, no sé cómo gobernar, ¿qué tal si se enteran...?

No pudo continuar.

—Lo único que importa es que sé que eres lo suficientemente inteligente como para poder con esto— intervino su padre, le comprendía, era normal tener miedo. No todos los días te vuelves jefe de una isla— En algún momento tendrás que decidir sobre hacer público el cómo eres. Tendrás que afrontarlo, explicar que no fue tu culpa.— Stoick sonrió— Y sabrás hacerlo, confío en ti. Tu madre lo hace también...

Hiccup se sintió todavía más pequeño, sin embargo, si su padre creía en él... Puede que sea verdad. Stoick The Vast nunca miente. Jamás.

—De... acuerdo— aceptó sollozando, odiaba ser tan sensible.— Mañana por la mañana saldrán los barcos, el refugio esta... casi... listo— se limpió las lágrimas y se sintió mejor de que su voz sonará más nivelada y firme.— Hay sparers en todas las entradas y...

—Salgan esta noche— ordenó el todavía jefe— Mejor prevenir que lamentar— aseguró, Hiccup asintió— Hiccup— lo llamó.

—¿Qué sucede?

—Prométeme que te casaras y le darás nietos a tu madre— dijo, medio bromeando, Hiccup rio con suavidad— Nada me... hubiera hecho más feliz— empezó a toser—... que verte tener una familia con el amor de tu vida...— sonrió, mientras Hiccup recordaba a Kaira.

—Puede ser— Hiccup se encogió de hombros, luego tomo más fuerte su mano, todavía preocupado por el prevenir. Ser el jefe de Berk no tenía ningún manual de entrenamiento en las estanterías del Gran Salón, tampoco era tan fácil.— ¿Y si no sé gobernar... o si lo hago mal? ¿Qué tal que no puedo... dar el ancho?

—Pero si ya lo haces— respondió Stoick, se rio para luego admitir:— No podría sentirme más orgulloso de ti, de mi hijo.

Hiccup se quedó con él, hablando de muchas cosas. Stoick le daba consejos, Hiccup preguntaba, una y otra vez, anécdota tras anécdota, Hiccup fue extrañándolo cada vez más a pesar de que no se había ido, las horas pasaron hasta que ambos se quedaron dormidos.

Cuando Hiccup despertó unas dos horas después, descubrir que su padre, el hombre que le había criado, que le había enseñado lo que era el mundo, la importancia de Berk, de protegerlo. El que lo había aceptado a pesar de ser diferente a los otros niños, a pesar de haber recibido una maldición...

Había muerto.


A pesar de que había bastantes esperanzas de que Stoick sobreviviera al ataque de Dragonvine que había sufrido en una expedición, ya había preparativos para su funeral. Aunque, claro, no todos pudieron despedirse adecuadamente de él; las familias con niños pequeños y mujeres embarazadas tuvieron que partir de Berk lo más rápido posible por órdenes del difunto jefe.

Poco se sabía de la maldición que la bruja lanzó a esta tierra. Lo único que saben, es que cuando la bruja regresará, los más débiles (niños en su mayoría) debían ser protegidos. Los demás podían quedarse... si querían, para ayudar a luchar.

La gente no sabe que él que los protege soy yo. Mis padres creyeron que lo mejor sería proteger Berk desde el anonimato, con la promesa de que algún día yo mismo tendría que decir la verdad. Claro, papá no pudo mantener en secreto que la isla estaba, eh, maldita... y, bueno, algunos no se lo tomaron muy bien... Pero, ¡hey! por lo menos podremos proteger a los más indefensos. A muestro Berk... ¡Porque nadie nos amenaza!

El barco se alejaba a la deriva, Hiccup encendió la flecha que usaría para iniciar el fuego que consumiría el barco. Colocó la flecha en su sitio, tensando la cuerda del arco, relajando su pulso... ¿Hacia cuanto no usaba un arco? Tal vez desde los trece años... la verdad, no lo recordaba.

Apunto, tratando de no temblar. No supo cuando soltó la flecha, ni mucho menos el momento en el que el barco empezó a arder. Pero ahí estaba, su padre por fin entraría al Valhalla con los valientes.

Donde él pertenecía.

Y derrotaremos a esa bruja, cueste lo que cueste. O aunque tenga que morir en el intento.

—Te lo prometo, papá— susurró al horizonte, deseando que su padre pudiese escucharlo. Un viento del norte soplo fuerte, en respuesta, causando que el joven sonriera con nostalgia; se giró al pueblo restante, quienes le observaban expectantes.

Hiccup Haddock no era tan relevante como lo era el misterioso Furia Nocturna de Berk (al cual nadie ha nombrado de forma diferente), para ellos sólo era un joven... extraño. Siempre encerrando en la fragua del pueblo, creando inventos para los dragones y también para los vikingos. Devorando todos los libros que había en existencia, tanto en el Gran Salón como en toda la isla, así como los que los mercaderes llevaban a Berk; haciendo bocetos, soñando despierto...

Y siempre solo. Nunca hablaba con nadie, salvo con Gobber, su madre y con Stoick; no tenía amigos, se encerraba en su mismo a tal grado de que hablar con él no era para nada placentero como se podría pensar. Respondía con monosílabos, se trababa al hablar y a veces decía las oraciones en desorden.

Nadie entendía por qué Stoick lo había escogido como heredero, salvo el hecho de que era su hijo. Pero, vamos, nadie confiaba en él, era raro, muy raro... Incluso esa armadura suya, siempre vestido de negro, como si esperará alguna guerra. No era como que los vikingos nunca esperarán guerras, pero, vamos, por lo menos hay un día en la semana en la que no usarán metal.

Además, parecía llevarse mejor con los dragones. Era el único en el pueblo que daba la impresión de saber exactamente lo que los reptiles pensaban, como si el joven fuera una especie de "encantador de dragones". Era el que mejor conocía la forma de curarlos, o de alimentarlos, lo que les gustaba o lo que no.

¿Su dragón está enfermo? No se preocupe, Hiccup sabrá curarlo; ¿Pareciera ser que su dragón se ha vuelto gruñón, rebelde o triste? Hiccup sabe lo que le molesta y le dirá como solucionarlo; ¿Tiene problemas para elegir su dragón? ¡No busque más! Hiccup hizo una sección en el libro de dragones indicando el tipo de dragón para cada una de las necesidades de cada vikingo, ¿necesita velocidad? Un nadder puede ser buena opción, ¿solo quiere algo de compañía, o no tiene mucho espacio, o solo necesita quien le entregue el correo? Lo ideal es un Terrible Terror, ¿Quiere un dragón leal, tierno con los niños y fácil de entrenar? ¡Busque un Gronckle! También crean hierro de excelente calidad si usa la receta adecuada...

Si se trataba de dragones, Hiccup siempre tenía la respuesta. Fuera de eso, lo mejor era consultar el problema con alguien más... Como Stoick, por ejemplo o Gobber...

Y para Hiccup no era ninguna sorpresa la forma en la que la gente lo veía. Sabía exactamente lo que pensaban de él, incluso estando en el aire, en la fragua o en la comodidad e intimidad de su habitación.

—Bien— habló el castaño con voz firme, la muchedumbre seguía observándolo de la misma manera, haciendo que se pusiera un poco nervioso— Yo... sé que esto es un golpe duro para... para todos— titubeó, casi se ruboriza, si no es que ya lo estaba haciendo— Sé que no soy como mi padre... Pero, si todos ayudamos, si peleamos juntos...— la garganta se le secó— Yo sé que podemos vencer a esa vieja bruja. Y cualquier enemigo que venga después.— respiro hondo, la voz empezaba a volverse mucho más firme. Los vikingos ahora le mirábamos un tanto sorprendidos— Vamos a hacer esto: Otro barco saldrá en breves... Si alguien no se siente del todo seguro de luchar, o se siente enfermo... Lo que sea, es libre de irse a la isla Berserker por un tiempo, y regresar cuando las cosas estén mejor o cuando se sientan listos— condicionó, causando que algunos vikingos— No habrá resentimientos por mi parte si se van, y espero que no los haya por parte de los demás.

"Pero... si se quedan, tienen que prometerme... Por la memoria de mi padre o la de sus seres queridos, que protegerán a Berk con su vida, con toda la lealtad que sea posible.— se vio determinado, aunque todavía temblaba un poco.

Gobber caminó hacia él, saliendo de la muchedumbre, quienes seguían murmurando por lo bajo. El rubio sonrió, buscando estrecharle la mano a su nuevo jefe... no oficial, por cierto.

—Creo que hablo por todos al decir que lucharemos por Berk— dijo el hombre con orgullo— Tú solo dinos que hacer y lo haremos.


El pequeño barco en el que estaba sentada se balanceaba ligeramente hacia los lados... a veces. De hecho, casi siempre parecía que iban a volcarse en cualquier momento.

¿Cómo se llamaban estos barcos?

Creo que la palabra es botes.

El bote dio una gran sacudida, tanto, que tuvo que sostenerse de los costados del bote para no caer al mar. Jadeo, echando un vistazo hacia su bolso de cuero, cuidando de no aplastarlo; esa ola había sido grande, de hecho, el mar parecía bastante inquieto en todo lo que iban de la madrugada, para cuando llegasen, ya sería medio día y dado que no estaban remando, la rubia estaba bastante aburrida.

Aunque, la entretenía un poco eso de luchar por no caer al mar, quisiera admitirlo o no. Su tía fijaba su vista al horizonte, volteando de vez en cuando, cosa que Astrid aprovechaba para ver a Stormfly, pasarle algo de comida o simplemente darle cariño; a pesar de haber diversos botes a la redonda, nadie le estaba haciendo caso a lo que hacía. El bote de ambas estaba en silencio, casi sepulcral de no ser por los gorgojos de la pequeña nadder.

Stormfly estaba tomando una siesta (para buena suerte de ambas, pensó Astrid) cuando su tía se giró hacia ella, dispuesta a iniciar una conversación. La mujer le miró, tomando nota de la protección hacia su bolso, así como las mallas de bajo de la capa de su sobrina, se las había puesto desde que sintió el cambio de temperatura al salir de Red Death, luego en la trenza que le caía por el hombro y finalmente en la capa roja.

Astrid la tenía desde que había cumplido nueve años, y desde que había aprendido el hechizo ajustador, no se la quitaba salvo para lavarla o cuando estaba en su cuarto. No había querido reemplazarla por una con un color más apagado o por otro modelo. Su sobrina había desarrollado un apego por ese trapo viejo (no se veía en absoluto viejo, todavía tenía ese tono carmín que la caracterizaba) casi inquebrantable.

La pelinegra se aclaró la garganta, paso su melena hacia uno de sus hombros, dejando al descubierto parte de su cuello. Astrid nunca dejaba de sorprenderse por la belleza de su tía, no importaba el hecho de que la mujer tuviera ciento cincuenta años (más o menos), ella siempre se veía de máximo, treinta años.

—¿Ya pensaste en tu nombre para esta noche?— cuestionó al fin su tía, se veía interesada en saber. Astrid se reclino en una de las paredes del bote.

—Me gusta mucho el que tengo ahora— respondió la rubia, pensativa, había estado pensándoselo durante toda esa semana— Sin embargo, estaba pensando en bautizarme como si tuviera dos nombres— continuo, dándose cuenta de que nunca había preguntado si era permitido— Quería llamarme Astrid Eyra Hofferson, el Eyra por mi madre...

Mørke asintió lentamente, ladeado la cabeza hacia un lado, tal vez comprendiéndolo. Astrid también asintió, que no hubiese réplica le daba pauta de que si estaba permitido tener dos nombres. Bien.

—Me agrada— admitió la mujer, mostrando una sonrisa maternal— A tu madre le hubiera gustado y créeme, le habría encantado que utilizarás su nombre para honrarla— añadió, alargando la mano para acariciarle el cabello. Se podía hacer debido a lo pequeño del bote.

—¿Es lo que crees?

—Por supuesto— Mørke colocó algunos mechones que se habían soltado de la trenza de su sobrina detrás de la oreja de esta— Estaría más orgullosa de lo que estoy yo ahora— dijo bromeando, fingiendo celos y haciendo reír a la rubia— ¿Alguna comida en especial cuando lleguemos? Me han dicho que mi sobrina no cocina bien del todo.

La tía Mørke es una excelente cocinera, prácticamente puede hacer cualquier cosa que le pidas. Dicen que en tiempos de escasez ella podía armar banquetes sin usar la magia y con apenas una vaca (o dragón) flaca (flaco), un par de calabazas y una hogaza de pan.

Astrid se encogió de hombros.

—Me se defender un poco— le quito importancia, luego respondió la otra pregunta— Hace mucho que no como pastel, ¿crees que tengan por allá?

—Si es como recuerdo, sí— Mørke asintió— También hay muchos dragones, pero me temo que habrá muchas quienes todavía querrán comérselos— hizo una mueca de asco y Astrid también— Lo que me recuerda, ¿ya buscaste un compañero?

La adolescente se mordió los carrillos, teniendo algo de cuidado de no sacarse sangre. La respuesta era sí, pero no sabía si era la respuesta que su tía quería oír.

—Lo cierto es que no— mintió, nuevamente le salió de forma natural. Y nuevamente se sintió mal por mentirle a su tía— No ha habido terribles terrores en Red Death durante un tiempo.

—Puedes culpar a Prudence por eso— bromeó Mørke, para después lanzar una carcajada, su sobrina se le unió. La aludida no parecía poder escucharles desde su bote.— Pero no te preocupes— su tía se vio despreocupada— Encontrarás a tu compañero, no te presiones demasiado.

Dicho esto, la mujer se giró para confirmar que seguían en la dirección correcta. Astrid verificó que Stormfly seguía dormida, así como que todo en su bolso se encontraba en orden; no quería leer, el bote se movía demasiado y marearse nunca era una buena opción.

Tampoco tenía hambre (había atrapado un pollo antes de irse, luego lo había cocinado, empacado y asegurado), así que dejó la comida en su sitio; pensó en hacer una siesta, no había dormido en todo lo que llevaba la noche, así que sonaba como una buena opción. Colocó sus manos sobre el bolso, si detectaba algún movimiento, se despertaría en ese mismo instante.

Busco la capucha de la capa, se acomodó mejor sentada entre el suelo y una de las paredes del bote. Trato de no pensar en las sacudidas del bote.

Mørke escuchó como la respiración de su sobrina se regulaba, se volvía más profunda, rítmica y relajada. No hizo nada para ahuyentar su sueño o al dragón que estaba en su bolso.

¿Qué cómo lo sabía? Lo había visto mientras comían en Red Death. No había dicho nada, era algo que la mujer podía dejar pasar con facilidad; si quería que su sobrina se quedara de su lado, lo mejor era hacerla sentir segura.

Había trabajado tan duro... Pero por fin había llegado el día. Por fin...


La muchacha se sentía un poco nerviosa, no había pasado nada en absoluto en la tarde y mucho menos en la mañana; sin embargo, no había parado de sentirse observada.

Sirvió el vaso con agua, estaba sedienta. Bebió todavía sintiéndose incomodo; su padre no había vuelto del frente todavía y su madre estaba en el jardín. Empezó a jugar con sus rizos, tratando de relajarse un poco, estaba siendo paranoica, pero la culpa era la atmósfera de alarma que había en toda la isla.

Justamente pensó eso cuando escucho ruido en el cobertizo de su padre, justamente en el jardín, el cual estaba próximo a la cocina. La adolescente se quedó quieta, pensando que tal vez era un objeto que se había caído a su madre (su padre debía hacer una limpieza a ese sucio cobertizo), un terrible terror o incluso Cooler, el Pesadilla Monstruosa de su padre. Sea lo que sea, debía dejar de relajarse. No había señales de estar en peligro...

¡CRASH!

Eso no pudo ser un simple objeto cayéndose. Tomó el hacha de la mesa, dispuesta a investigar el origen de ese ruido; camino de puntitas directo al jardín, adoptando una posición de pelea. Pensó en llamar a Cooler, sin embargo, sabia de sobra que estaba con su padre en ese momento.

Abrió la puerta con cuidado, tratando de no hacer ruido, o que por lo menos la vieja puerta no chirriara demasiado. Echo un vistazo al jardín, más específicamente al cobertizo. No sabía que esperaba encontrar ahí, probablemente ver a su madre silbando mientras colgaba la ropa en los lazos, pero lo único que vio fue el jardín desolado, su madre había colgado la ropa... eso era todo. No había rastro de su madre en lo poco que se veía del jardín.

Fue abriendo la puerta con su torso, lentamente; respiro hondo antes de girarse al cobertizo. La puerta de este estaba abierta. De alguna forma, no le resultó familiar, ¿era su madre la que estaba ahí? ¿Qué hacía su madre en el cobertizo de su padre?

Otro ruido, como si alguien estuviese buscando algo. La muchacha camino de forma vacilante hacia la puerta de la pequeña habitación.

—¿Mamá?— Alargó las sílabas, sin poder confirmar si efectivamente se trataba de su progenitora— ¿Mamá, eres tú?

Los ruidos cesaron por un instante, para luego volver a revolver las cosas. No respondió de otra forma.

La joven sintió como la sangre se le iba de la cara, si no era su madre, ¿quién más podría ser?

¿Dónde estaba su mamá?

—... ¿Quién anda ahí?— tartamudeo la muchacha.

Era delgada, apenas tenía catorce años. Rubia y con algunos rizos en el cabello, usaba un vestido café a las rodillas abajo de una especie de suéter verde sobre este, llevaba botas, se había quitado las hombreras, así como su pechera. Tenía los ojos azules, casi tanto como los de Astrid y el rostro níveo salpicado de pecas café. Levanto el hacha, dispuesta a atacar a cualquier extraño y saltó de lleno hacia la puerta.

—¡Eh!— gritó, para ver a un Terrible Terror en medio del minúsculo cuarto. La chica soltó el aire contenido, aliviada. Sólo era un dragón, quizá estaba perdido.— Hola, chico...— susurró ella, adentrándose al cobertizo, bajando el arma. Sólo estaba un poco estresada; ninguna bruja...— ¿cómo entraste, pequeñín?—... había llegado a Berk. Tal vez la muerte del jefe era solo una casualidad.

Una vez estuvo a un paso del terrible terror, la puerta se cerró de golpe. No hacia viento. La muchacha se giró hacia la puerta, asustada y dispuesta a abrirla de nuevo; se quedó congelada al ver a una mujer recargada en la puerta de madera.

—Hola, cariño— la saludó con familiaridad, pero la joven no tenía ni idea de quien era. Un escalofrío bajo por su espina dorsal, sentía el cuerpo frio, frío...— ¿Qué estás haciendo tan sola a horas de la noche de brujas?— cuestionó con voz dulce.

Oh no...

—¿Cuál es tu nombre?— le pregunto, la mujer era joven, con el cabello castaño, observándole con los ojos negros— No seas tímida, cariño, necesito un nombre.

La chica no contesto, ni siquiera podía moverse del miedo. Respiraba hondo, sintiendo que le faltaba el aire, tenía ganas de llorar por el terror y tenía los ojos tan abiertos que sentía que abandonarían su cuerpo en cualquier momento.

Parecía un conejito asustado.

—Bjorg— habló una voz detrás de ella, era una voz melodiosa y tranquila— Irónicamente, se llama Bjorg— Sintió su presencia a su espalda, podía incluso sentir el calor de la mujer— ¿Podemos usar tu cocina, Bjorg?

Sintió un corte cruzándole la garganta, con una estela de dolor, pata luego sentir como algo brotaba de esta. Abrió la boca por el dolor, sintiéndose caer, alguien la sostuvo.

—Tomaremos eso como un si— mustio una bruja en su oído.

Después... Nada.


Cuando despertó, estaba en la costa de una isla, todavía en el bote, adolorida y con Stormfly jalándole la trenza de forma desesperada. No había rastro de las otras brujas, la habían dejado sola.

A lo lejos, había ruido. Astrid le dio un manotazo a la nadder, con el fin de que dejará de chillar de una vez, murmuró que estaba despierta y que la dejará en paz, para luego ponerse de pie. No había nadie, no su tía, ni una chica de su edad. Habían dejado el bote a buena distancia del mar, con el fin de no ahogarla, pero, vamos, ¿por qué no la habían despertado?

Tampoco habían dejado comida. Ya era el atardecer, ¿tanto había dormido? recordaba haber despertado durante el día, masticado algo, tal vez haber hablado un poco... Pero seguían en el mar en ese momento. Salió del bote, completamente desorientada ¿dónde estaba? ¿Eso era Berk? Parecía un lugar... verde... ¡y vaya que hacía frio!

Además, ¿que era todo ese ruido?

—¿Stormfly?— la llamó la chica, sobándose los brazos tratando de entrar en calor. Berk sí que era húmedo. Dio un par de pasos, fijándose en la curiosa línea que se formaba cuando el césped se juntaba con la arena de la playa— ¿Qué es eso?— cuestionó, sin reconocer la mayor parte de los sonidos. Se fijó en el cielo violeta teñido ligeramente con luz naranja, vio algo extraño, una nube de humo salía del centro de la isla. Eso no podía significar nada bueno— Oh no— susurró, Stormfly voló a su alrededor, se quedó levitando cerca de su compañera— Tenemos que ir allá, Stormfly.

Ambas se encaminaron en dirección al centro de la isla, probablemente donde estaba la aldea. Había un bosque espeso, apenas y podía caminar, Stormfly iba frente a ella, indicándole el camino; conforme iban avanzando el olor iba cambiando, había un hedor entre humo y carne quemada flotando por todos lados y era tan denso que obligó a Astrid a cubrirse la nariz. También los sonidos se aclaraban, cada vez se volvían más fuertes...

—¡AYUDA!

—¡...ALGUIEN POR FAVOR!

—¡... TOCAR MI CASA!

—¡Axe! ¿¡Alguien lo ha visto!?

—¡Por favor...!

Detectó humo a través de los árboles, conforme iba avanzando se volvía más denso. Tosió ligeramente.

Sólo podían ser voces de...

—¡AYUDAME, POR FAVOR! ¡DUELE!

Almas en pena. Pasaba siempre que había una matanza...

Astrid tragó saliva. ¿Qué había pasado?

Llegó al pueblo, tratando de no mirar hacia abajo (docenas de cuerpos de hombres y mujeres reposando, calcinados o cubiertos de sangre), esquivando el humo. Stormfly, quien tenía un mejor sentido de la vista, era quien le guiaba; también a ella le ponía nerviosa el ambiente...

Había casas quemadas, dragones volando por todas partes, disparando a diversos objetivos. Astrid no espero más y sacó de su bolso el cuchillo de mantequilla que ella misma había hechizado; lo lanzó por los aires, cuidando que no le viera algún dragón o vikingo. Recibió su hacha en la mano.

Una vez preparada, ya podía avanzar. Caminó con sigilo, buscando a su tía, esquivando algunos disparos cercanos, así como escombros que volaban por los aires debido a la potencia de dichos disparos. No se cruzó casi con gente, la poca gente que se cruzó con ella iba directo al bosque, apenas llevándose lo que tenían en brazos. Le llamó la atención no ver niños entre los que iban.

¿No había niños en Berk?

¿Por qué?

Bueno, si ellos conocían a las heks, era algo obvio él porqué. Astrid decidió seguir buscando a su tía, preocupada; dio hasta la única casa que parecía en pie. Tenía una enorme chimenea, se adentró en ella por una ventana, la cual tenía cerradas las puertecitas de madera; una vez estuvo adentro, volvió la cabeza para asegurarse de que Stormfly seguía con ella. El corazón le dio un vuelco cuando se dio cuenta de que no era así.

—¿¡Stormfly!?— gritó en un susurró. Hubo un chillido a su espalda; Astrid soltó el aire, aliviada de verla, la dragón estaba volando cerca de una puerta.

Echó un vistazo al lugar. Había muchos escritorios, grandes cantidades de metal, vasijas, cuencos metálicos, pinzas, martillos, un horno gigante...

—Es una fragua— murmuró, apartando la capucha de su cabeza. El horno estaba semi encendido, y el lugar estaba un poco desordenado pero era mejor en comparación al desastre de afuera.

Stormfly gorjeo, sobrevolando por el lugar en busca de alguien. Astrid también se daba de curiosa.

—Busca algo útil, un repuesto de hacha o algo así. Dudo que haya comida aquí— le pidió a la dragón, quien solo asintió para luego regresar a su tarea— Tenemos que salir de aquí antes de que alguien nos encuentre.

Buscó por todos lados, encontró un repuesto perfecto para su hacha, algunas dagas, se dio abasto de diferentes piedras para afilar y por suerte, había por ahí un barril de cerveza y una hogaza de pan. Compactó todo lo encontrado con un par de palabras y los puso en su bolso; siguió buscando cosas útiles. Preguntándose para quien era cada arma y porque había algunos objetos extraños tirados por ahí.

Escuchó un sonido metálico proveniente de atrás, Astrid se giró con rapidez, encontrándose a Stormfly tratando de cargar una espada de considerable tamaño. La bruja corrió hacía la dragón, recogiendo la espada.

—¿Qué haces? Esto no..., vaya, es bonita— exclamó examinado la espada. Era bastante extraña, no tenía ni un poco de filo, la hoja no parecía serlo, solo parecían varias varillas que se conectaban simulando ser una. El mango era bastante pesado, de hecho, era ridículamente pesado, pero bastante cómodo; el balance estaba perfecto, pero no se veía muy útil.

También notó que había ciertos botones en la empuñadura. Curioso...

—Pero no es útil— comentó, sin embargo, siguió inspeccionándola, tentada a apretar los botones— Me pregunto...

Apretó uno que estaba justo debajo del principio de la hoja. Esta dio una sacudida y desapareció de forma bastante sorprendente. De alguna forma, esta se había metido en el mango haciendo del arma algo mucho más práctico.

Astrid dejó salir una exclamación, asombrada por la tecnología que parecían llevar los vikingos. Si el herrero que logró hacer dicha espada lograba hacer una funcional (que cortase, vaya), aquella espada sería toda una sensación.

—De acuerdo, creo que podemos llevarnosla— concedió Astrid, guardándose la espada en el infinito espacio de su bolso. Se volvió a Stormfly— ¿De dónde la sacaste? Tal vez encontremos algo...

Stormfly voló hasta una puerta abierta al fondo, adentrándose en ella para luego emitir un chillido. Astrid le siguió de forma sigilosa, no quería que alguien detectará su presencia. Cuando llegó, abrió la puerta, y soltó un silbido de admiración al ver el lugar.

—¿Y esto?— preguntó Astrid al aire.

El lugar era pequeño, o por lo menos eso parecía por la enorme cantidad de papeles que forraban las paredes; todos ellos eran bocetos a carbón que todo tipo de cosas, estructuras extrañas, líneas formando cuerpos para... ¿algo?, rostros, letras, letras y más letras, mapas, círculos, listas, más rostros, dibujos de personas, diversos sketches de gente usando cosas que Astrid jamás había visto...

Y dragones. De toda clase, desde los típicos Terrores Terribles, Nadders mortíferos, Pesadillas Monstruosas, Gronckles..., hasta dragones que ella no conocía o que solo había visto en ilustraciones de los libros de magia. Pero los más abundantes eran los Furia Nocturna, había muchísimos de ellos, volando, sentados, echados, en fin.

—Alguien tiene un dragón favorito, ¿no crees?— le preguntó Astrid a su nadder— Así que, hay un inventor en Berk y fanático de los dragones, eso es nuevo— se fue adentrando más y más, tomando nota de las ilustraciones. En la última pared de la habitación había un escritorio repleto de papeles (algunos en blanco y otros hechos bolita), carbones, tinteros, cartas o dibujos a medio hacer, y exactamente lo que la bruja estaba buscando: una ilustración de la espada que Stormfly había encontrado. La ilustración era una especie de diseño de la espada, señalando para que servía cada parte, así como su funcionamiento. El nombre venía con letras grandes en la parte superior de la hoja— "Inferno"— leyó en voz baja— Vaya nombre para una espada— repuso Astrid, medio burlándose— Y letras pequeñas pone: "Papá la llama Espada Dragón" ¿Bueno?

El dibujo indicaba que todo lo interesante estaba en la empuñadura de la espada. Había una buena cantidad de gel de pesadilla monstruosa dentro de él en un compartimento, así como otro más delgado pero del mismo largo con gas de Cremallerus. Estaba equipado con un par de carbones para crear una chispa (para encender el gas, supuso Astrid). Había detalles sobre la hoja, el por qué era retráctil sobre el metal con el que estaba hecho. Eso se lo saltó. En las instrucciones decía:

"Presionar botón 1 para mostrar la hoja, botón 2 para ignición"

Y ya.

—¿Ignición de qué?— Astrid buscó más información en el escritorio, tal vez había una especie de libro, diario... algo. Revolvió los papeles, también buscaba otra cosa útil, como algún cuchillo, el sujeto parecía ser amante de los dragones, a lo mejor tenía algunas escamas de Furia Nocturna.

Oh, eso sería maravilloso...

Se topó con un dibujo bastante lindo, era una chica con facciones casi perfectas, una sonrisa adorable, pecas y labios gruesos. El sombreado era admirable, el dibujo se veía hecho con empeño, casi se atrevía a decir que con amor.

Lo dejó a un lado, siguió buscando, encontró otro dibujo, esta vez en un diferente papel; era más amarillo que algunos y en él estaba el dibujo de un muchacho bien parecido, estaba de perfil, por lo que se notaba la nariz medio abultada, pero pequeña. A Astrid le gustaba como tenía las facciones, era un hombre, pero no dejaba de verse dulce como un niño pequeño, le gustaba como las facciones no eran del todo afiladas, pero tampoco abultadas. Los detalles de las pecas eran casi invisibles...

—¿Tú que dices? ¿Es guapo?— bromeó Astrid mostrándole el dibujo a su dragón, quien se había tomado un descanso sentándose sobre el hombro de la rubia. Este miró el dibujo y gorjeo en respuesta, Astrid lo tomó como como un sí— Tal vez un poco— aceptó Astrid, para luego ver quien había hecho el dibujo: Kaira.

Debía ser su novia. O amiga. O hermana. O prima. O esposa. O mamá (no, una mamá no dibujaría a su hijo así... ¿o sí?) O una admiradora...

Dejó el dibujo donde estaba. Por un segundo había olvidado que estaba buscando hasta que encontró un libro, o más bien un diario bastante gordo; pasó las páginas, y cuando vio una ilustración de la espada no lo pensó más y guardó el diario. Cerca de este estaban otros dos, esta vez los aventó a su bolso sin siquiera hojearlos.

—Tal vez haya algo útil— se dijo a sí misma, un pensamiento de que estaba robando la invadió. Claro que no lo estaba haciendo, seguramente el tipo estaba muerto, o huyendo, o... esclavizado. Hacía mucho que no comían personas, tal vez...—Agh, no— negó la rubia, apartando esos pensamientos en su cabeza—Este tipo era un lunático, tal vez un genio, pero... Todo lo de estos dragones, es...

Una suave vibración le recorrió la espalda, pensó que se había estremecido, pero luego se dio cuenta de que su espalda estaba tan quieta como antes, incluso se encontraba rígida. Luego se dio cuenta de que no era una vibración.

Algo estaba gruñendo.

Justo detrás de ella. Y no sonaba para nada humano...

Se volteó lentamente, esperando lo peor, aún con Stormfly en su hombro.

Entonces lo vio por primera vez en su vida. Parecía una sombra con ojos verde metálico, respiraba pesadamente, resoplando de una manera bastante tétrica; era tan esbelto, delgado y hermoso, que era difícil no tenerle miedo. Un sólo disparo la haría pedazos. La haría papilla por dentro...

Era un furia nocturna. Joven, fuerte, y mortal.

—Oh, hola— murmuró, tratando de no mostrar miedo, eso era lo clave. Analizó el entorno, recordando que aún llevaba el cuchillo-hacha en la mano y buscando una salida.

¡La encontró! Había (milagrosamente) una ventana en medio de aquel revoltijo de papeles. Si llegaba hasta ella, tal vez podría salir, tal vez. Tragó saliva, Stormfly estaba observando la ventana también.

—Muy bien, eh, Stormfly— la llamó y esta voló hacía el dragón negro quien no les apartaba la mirada de encima— ¿lista?— susurró, pero el dragón no le pareció entender mucho. Estaba muy ocupado tratando de entender como existía un dragón nadder de ese tamaño— ¡Dispara!— ordenó, causando que la dragón escupiera magnesio encendido a los ojos del dragón.

La joven corrió lo más rápido que pudo para saltar hacia la ventana. Salió con facilidad de la fragua, cayendo de forma dolorosa en el suelo; Stormfly también salió de la fragua con velocidad, ambas corrieron hacia adelante, sin fijarse en la dirección que estaban tomando. Escucharon el crujido de madera rompiéndose, probablemente el dragón intentaba romper la pared.

—¡Corre, corre!— apresuró Astrid a Stormfly, esta siguió volando a su lado tratando de proteger a Astrid.

Un silbido hizo que apretaran el paso, el dragón había disparado y ahora estaba buscándolas. No se tardó mucho, en poco tiempo Astrid pudo sentir la respiración del dragón en la espalda y muslos; ahogó un grito de terror, no debía gritar. Observó el entorno, dándose cuenta de la vegetación.

Habían vuelto al bosque.

—Mierda, mierda, mierda...— murmuraba Astrid, tratando de tomar ventaja. Se topó con un árbol a punto de caer, lo derribó con el hacha para crear un obstáculo entre ella y el furia nocturna, pero no lo detendría por mucho.

Se oyó un disparo, luego las astillas volaron hasta casi alcanzarle. Gimió. No podría con el dragón sola, necesitaba más ayuda aparte de Stormfly; rogó al Señor Oscuro por dicha ayuda, la necesitaba más que nunca. El dragón rugió y decidió dispararle, Astrid lanzó esta vez un grito, esquivándole por los pelos; hubo otro disparo, luego otro, y otro...

El furia nocturna, molesto por su agilidad, decidió disparar al suelo, causando que la joven perdiese el equilibrio. Cayó jadeante en el piso, perdiendo el hacha de por medio, la rubia intentó alcanzarla, pero el dragón fue más rápido: se colocó sobre ella, aplastando con sus patas delanteras los hombros de la adolescente. El dragón Nadder que iba con ella le chilló cerca del oído, pero el dragón negro le amenazó con los dientes, para luego lanzarlo con su hocico lejos.

—¡Stormfly!— exclamó la chica, alarmada por el estado de su dragón. El furia nocturna lo notó, pero no le importó demasiado.

Bien, suficiente.

Se giró hasta la chica, quien le miraba tratando de desafiarlo, acto algo cómico. Hacía esfuerzos para zafarse de la fuerza de ese dragón.

—No te tengo miedo— le dijo ella entre dientes— No te tengo miedo, tú...— no terminó cuando el dragón le enseñó los dientes sumamente molesto. Astrid sintió como su corazón daba un vuelco; ese dragón de verdad iba matarla sin remedio.

Este le observó, quizá para analizar a quien iba a matar. Su mirada no reflejaba salvajismo completamente animal, o eso le parecía a Astrid; reflejaba tantas emociones juntas que realmente no parecía del todo un dragón, sino un ser humano.

Y eso la cohibió durante dos segundos, causando que se perdiera en su mirada. El dragón se dio cuenta de esto y también observó a la muchacha, le dio miedo que ella pudiese ver a través de él.

De repente escuchó algo, más gritos, dragones que solicitaban su ayuda. El dragón volvió la cabeza, dispuesto a ayudar, pero no se iba a quedar así; regresó su mirada a Astrid, quien seguía mirándolo con atención. Volvió a enseñarle los dientes, provocando que la joven cerrase los ojos.

Entonces el Furia Nocturna tomo aire y le rugió en la cara lo más fuerte que pudo a modo de advertencia (no podía matarla, era solo una niña, y, de ser como las demás, ya habría matado a alguien, ¿no?), para luego emprender el vuelo de vuelta a Berk.

Se fue tan rápido como apareció.

Una vez Astrid se quedó sola, Stormfly voló hasta ella, asegurándose de que su compañera estuviese bien. El pecho de la joven subía y bajaba por la adrenalina; miró al dragón, aliviada de verla bien.

—De acuerdo— susurró Astrid, tratando de ponerse de pie. Lo consiguió y una vez estuvo en sus dos pies, sacudió los restos de tierra y polvo que se habían quedado en su capa roja— No volvamos a hurtar cosas, ¿entendido?

Stormfly rugió, echándole la culpa a la joven bruja. Esta rodó los ojos.

—Bien, busquemos a las demás. Tengo un mal presentimiento.


¡Lo que me faltaba! ¡Esa niña agotó algunos de mis disparos!

Cuando el dragón sintió que sus disparos habían llegado a su límite, empezó a preocuparse. Aterrizó, desde hacía una hora que los ataques habían empezado, brujas conjurando diferentes hechizos, dragones siendo cazados por fuerzas extrañas... Aquello era peor de lo que Hiccup había imaginado.

—Vaya, vaya— el dragón alzó la vista hacia una mujer bien parecida con cabello negro, en su mano llevaba una vara de madera, caminaba en su dirección— Pero como has crecido, hijo de Valka y Stoick— la bruja parecía hacerle un cumplido, ignorando el desastre que había a su alrededor. Hiccup fijo su vista hacia dónde provenía la voz de Gobber y la de su madre, vio que la ayudaba a adentrarse al bosque y se relajó— Hice un trabajo espléndido, ¿no te parece?

Hiccup le regresó la mirada, furioso. Era ella, no cabía dudas; a pesar de que nunca había recibido ninguna descripción por parte de alguien, lo podía sentir en los huesos. Lo supo desde que la divisó desde los aires, matado a sus hombres con esa... esa cosa.

La heks sonrió, satisfecha de hacerlo enojar. No retrocedió.

—A puesto a que eres un muchacho guapísimo— se burló, mordiéndose una uña. Hiccup sintió náuseas— ¿Qué haces así? No es de noche...— Hiccup soltó un gruñido en respuesta, estaba recuperando su fuerza muy rápido, solo bastaban unos segundos. Pero parecía que la líder del aquelarre quería ganar tiempo.— Ah sí, olvide que tienen una völva aquí... ¿Todavía vive? La mujer debió haber visto como se formó el universo o algo así...

¡Listo! ¡Disparo!

La mujer se apartó con gracia de la zona, como si bailará. Hiccup no se rindió y atacó de nuevo.

—¿Sabes? Si no fueras un regalo tan importante, ya estarías frito— amenazó la mujer, pero no sonó como tal, sino como una burla— Pero en fin, qué más da...— Hiccup volvió a dispararle, esta vez el disparo parecía que iba a dar de lleno, además, la mujer no se movió de su lugar en absoluto, solo hizo un movimiento con el palo de madera que tenía— ¡Fryse!— gritó.

Hiccup vio como su disparo de plasma se deshacía ante sus ojos, como si fuese una fuerza invisible, algo le tenso los huesos, los músculos y los nervios, dejándolo inmóvil. Al instante, unas mujeres con aire desesperado y desagradable se le vinieron encima con cuerdas, piedras...

¡Lo estaban cazando! ¡Había sido una trampa!

—Eres igual a tu madre— la mujer se le acercó con la seguridad de saber que el dragón no la lastimaría— Son tan ingenuos..., lamentablemente no eres tan fácil de engañar, eso lo sacaste del inoportuno de tu padre— le acarició la comisura de su hocico— Cuando acabemos contigo, esos dientes nos pueden servir de muchas formas, cariño— dijo de forma empalagosa, como si tratase de caerle bien. Hiccup quiso arrancarle la mano con los dientes— Bueno, en realidad, todo tú es útil— rectificó, para luego suspirar satisfecha— Cuando el efecto pase, quiero que le digas a todos estos dragones que dejen de luchar, o...

—¡No, no!— gritó una mujer, quien era sostenida por una heks de aspecto sucio. La mujer tenía surcos de lágrimas, el rostro cubierto de tierra, la ropa medio rota y una herida en la pierna que no le permitía caminar bien— ¡Suéltenme! ¿¡Donde esta...!? ¿¡Bjorg!?

La conocía. Era amiga de su madre, se llamaba Gerda y su esposo era un valiente guerrero; la niña, Bjorg apenas y tenía catorce años. Hiccup no quería reconocerlo, pero las posibilidades de que la niña siguiese viva eran escasas.

—... O la mujer muere— condicionó la bruja frente a él. Hiccup resoplo en respuesta, sentía que los sentidos volvían a la normalidad... Pero no quería que ningún dragón...— Es triste, ¿qué hace un jefe en tu situación? ¿Demostrarles a los aldeanos que eres capaz de dejar que una pobre e indefensa mujer muera o detener la única defensa que les queda y que posiblemente muera?— La otra bruja tiró a Gerda al suelo con violencia, haciendo que cayera sobre su pierna. La bruja se rio y exhibió unos dientes podridos y negros— Ser jefe debe ser difícil, ¿no es así, corazón?

El dragón gimió. Estaba desesperado, claro que podía dar la orden; era una especie de alfa, pero, vamos...

Tampoco iba a dejar que Gerda muriera.

—Tic tac, Furia Nocturna— lo apresuró.

El chico tragó saliva, observó a los dragones volando, lanzando disparos...

Deténganse...

Casi al instante de que lo dijo, los dragones dejaron de volar, atacar, disparar y hacer destrozos. La bruja líder sonrió complacida, mientras veía como el dragón se deshacía en vergüenza e impotencia.

—Eres un buen chico— lo felicitó la bruja como si felicitará a un perro. De ser un humano, Hiccup estaría llorando de rabia.— Y en cuanto a ella...— se giró hacía la mujer, para luego darle una señal a la heks que mantenía a Gerda cautiva— Llévala con su hija, será tan emotivo para nuestro gran, gran, jefe.

—¿¡Donde esta Bjorg!?— cuestionó la mujer, desesperada, antes de que la heks arrojará una piedra directo a su cabeza, reventándole el cráneo.

El dragón rugió en respuesta, horrizado, indignado e impotente. Mørke negó con la cabeza.

—Y ahora, en el acto final— Mørke uso una voz teatral, atrayendo la atención del aquelarre, incluida Astrid, quien, a lo lejos, se acercó para saber lo que venía— La luz nos quema... a veces— añadió, antes de gritar— ¡Endeløse natt, akkurat nå, rundt Berk!— entonces, al pronunciar la última palabra, extendió una mano al cielo, con la varita en esta.

De ella, salió un rayo de color negro brillante que fue directo al cielo. Una vez impacto con algo, se extendió formando un domo oscuro que rodeaba la isla entera.

—¡Dette er min hevn! ¡Alle byen skal være i smerte for alltid!— y cuando termino de conjurar el hechizo, el domo ya había cubierto todos los alrededores de Berk, oscureciendo todo— Det er et lørfte, min herre.— Luego se acomodó la túnica, para luego añadir con despreocupación— Bien, tengan todo listo para la noche. Mi sobrina se bautiza hoy, chicas.


Astrid volvió a su escondite, detrás de los escombros de una casa caída. Cubrió su boca, conteniendo el horror que sentía ahora, su tía Mørke jamás había sido tan... injusta. Caminó por el lugar, tratando de quitar la imagen del cráneo destrozado de la mujer y del adolorido Furia Nocturna.

Al cual su tía le hablaba como si fuera un humano. Eso dejaba mucho que pensar y explicaría lo que había visto en el bosque...

Su pie chocó con algo más blando que madera, un pergamino enrollado. Astrid decidió recogerlo, seguro algo había ahí que la podría distraer de todo.

Un mapa. Genial. Ahí estaba Berk, por allá (sin señalar, claro), Red Death, una isla con nombre raro, Los Locos del Ala, las extrañas mujeres que pueden volar (comen hombres, por cierto), islas, islas y la isla de la Tryllestav.

Paro de observarlo, ¿había otra?

—¡Astrid!— la tía Mørke la había encontrado y le llamaba desde lejos, Astrid volvió su mirada hacía la mujer— ¡Por fin despertaste!

Guardó el mapa. Necesitaba respuestas, pero primero debía bautizarse.


El segundo cap... bueno, estuvo algo intenso, ¿que les puedo decir? xd

Astrid ha encontrado un mapa hacia la Tryllestav, eso es increíble, y al parecer la fragua de un misterioso personaje 7u7

Eso y hemos visto algo de la vida de Hiccup, a lo largo de la historia iré incluyendo mas sobre su infancia.

Respondo comentarios:

Mud—chan: Lo se! No se de donde vino esa idea, ya que no he leído ningún fic (ni en ingles) que hable de Hiccup siendo un dragón xd, de hecho, ya había tocado el tema en un fic crossover. El hecho de que sus padres lo acepten también me agrada, es lindo. Pienso que, si Valka hubiera estado en HTTYD 1, las cosas hubieran sido mas fáciles... Pero eso no hubiera sido entretenido xd

¡Me alegra de que te este gustando! 3

Nina Chilena: Gracias, me esmero mucho en que no queden mas dudas de las necesarias, por eso la longitud de los capítulos, cosa que no quiero que sea un problema.

Y estoy consciente de las faltas, trato de corregirlas lo mejor posible, pero igual se me escapan, me pasa lo mismo con los dedazos :(

Tratare de actualizar todas las semanas, llevo unos capítulos adelantados, pero nunca faltan los imprevistos. Espero este cap te guste.

Guest (no se tu nombre xd): Eso hareeeee, gracias UwU

¡Gracias por llegar hasta acá! Cuéntenme que les pareció, no sean tímidos. Pueden mandarme PM, si lo prefieren :3

(Por lo mismo de los dedazos, ando en búsqueda de un beta, por si alguien se ofrece, estaré muy agradecida de recibir su ayuda y sus sugerencias)