Aplicó más de la pasta verde en el cuenco del tocador en su rostro. Se quejó débilmente, para después apretar los labios, soportando el dolor que la pasta medicinal le provocaba. Se miró al espejo, encontrándose con piel quemada, así como con todavía rastros de sangre; parte de la ropa seguía algo adherida a su cuerpo, las partes menos dañadas estaban de un rojo brillante y se concentraban más en sus piernas y vientre. Quiso hacer una mueca de desagrado, pero incluso eso le dolía.
Siguió aplicando el menjurje a pesar de no encontrar resultados inmediatos. Parte del pelo se le había quemado también, dejándola sin cabello en la parte derecha de su cabeza; observando cada vez más su reflejo, llenándose de enojo. Literalmente podía sentirlo subir hasta su cabeza, creándole un nudo en la garganta, haciéndola lagrimear, causándole más dolor en el rostro y en el cuerpo mismo.
¿Cómo es que había sido tan tonta? Tal vez si ella no se hubiera creído la mejor en estas cosas, esto no habría sucedido.
Y su bello, bello rostro.
El espejo empezó a crujir, como si estuviese próximo a reventar mientras ella lo miraba fijamente, con la sal de las lágrimas irritándole la piel quemada. Y su sobrina, su amada sobrina, ¿por qué no pudo salvarla de todo? Del estúpido camino de la luz, o lo que sea.
Astrid jamás había dudado en desobedecerle, ¿que había cambiado ahora? ¿Ese dragón que le había hecho? En el momento en el que la desafío no pudo sentir más que dolor, ¿por qué, por Satán, su sobrina tiro todo por la borda? Todos esos años, criándola, enseñándole todo lo que sabía, explicándole todo, como a una niña normal de la noche y así era como le pagaba.
Incluso había llegado a quererla. Astrid siempre fue una niña querida, feliz, criada para ser la mejor siempre, sin dejarse aplastar por nadie, sacarlas adelante... Pero ahora, había usado esas mismas armas con quien la había salvado, con quien le había criado y amado.
Seguramente estaba rodando en la isla. Tenía que hacer algo al respecto, las demás harán lo que sea para asesinar a su sobrina, incluso mintiéndole. Mørke tenía que encontrar a su sobrina antes de que otra pudiese hacerlo; pero la herida dolía demasiado...
Hubo un par de toques en la puerta, Mørke no respondió.
—¿Mørke?—la llamó alguien desde el otro lado de la puerta, la aludida no dio ninguna respuesta, es más, no siquiera se giró hacia la puerta.— Eh, ya revisamos en toda la isla. Astrid no está en ninguna parte.
Imposible, ¿cuál era la única forma de que la chica pudiese salir de la isla? En bote o en barco, pero había heks rodeando todo el perímetro, ¿cómo lo había logrado?
Mørke caminó hasta la puerta, para después abrirla con brusquedad.
—Pues busquen de nuevo— ordenó con voz dura— No pudo haber ido lejos.
La adolescente que habían mandado era una de las chicas que había hablado con Astrid antes de su bautizo. Esta temblaba del miedo, demostrando que la habían obligado a estar ahí.
—Revisamos en todas partes, en la aldea, en las playas, en muchas cuevas, las montañas... peinamos los bosques, en lo que cabe...
—¿Dijiste, "en lo que cabe"?— Mørke apretó el picaporte de la puerta con fuerza, haciendo que la chica diera un paso atrás— ¿Qué significa... "en lo que cabe"?— cuestionó de forma lenta, con gran rabia.
—Bueno, es que hay... Hay sparers en algunos lugares y es imposible cruzar...
Mørke apretó con más fuerza los dientes, sintiendo cada vez más frustración. ¿¡Sparers en Berk!? Claro, el jefe Stoick había muerto, pero su hijo parecía más listo de lo que creía.
Sin embargo, eso no explicaba donde estaba su sobrina en ese momento.
—Esos vikingos hijos de...— siseo la pelinegra con furia— Busquen hasta por debajo de las rocas. Me importa poco si alguna de ustedes muere quemada por esas... cosas— espetó— Quiero a mi sobrina. Y si me entero de que alguna de ustedes le hizo algo, por minúsculo que sea, mataré a todas, una por una— amenazó acercando su cara a la de la chica— Ve y diles eso. No vuelvas si Astrid todavía no está aquí.
Cerró la puerta en las narices de la muchacha. Pateó una mesa, causando que se desplomase en el acto; echó una mirada al espejo, viéndose igual que antes, sin recuperar su belleza.
Lanzó un grito de frustración, jalándose el cabello con desesperación.
El espejo en la habitación que perteneció a Valka y Stoick Haddock, la misma en donde Stoick dio su último aliento, se hizo añicos.
Se sujetó con fuerza a las salientes de la cabeza del dragón, temblando a pesar de la capa sobre su espalda. Trataba de tranquilizarse respirando hondo y de forma rítmica, se aseguró que no dejaban nada, ni siquiera a Stormfly, quien se aferraba a la tela de la capa.
Había vuelto a peinar su cabello rubio en una trenza hecha a la carrera, cubrió su cabeza con la capucha de la capa, la cual había vuelto de un tono rojo oscuro, con la finalidad de salir lo más cubierta posible de la isla. Resoplo el aire contenido en los pulmones y sintió como el dragón gruñía, como si le preguntará si ya estaba lista. Astrid se aclaró la garganta de forma audible, asintiendo con la cabeza.
Titubeó antes de hablar.
—Am, de acuerdo... ¿Puedes ser... eh, menos brusco a la hora de despegar?— le cuestionó.
El dragón hizo un sonido similar al de una carcajada. Astrid hizo mala cara.
—Bien, como quieras— Astrid pareció no darle importancia, sin embargo, el furia nocturna si notó como ella apretaba más sus salientes. Dio unos pasos hacia atrás y Astrid se encogió más en su capa, exponiendo lo menos posible la piel de su cuerpo. Esperaba que no doliera demasiado pasar por ahí.
Hiccup empezó a correr en dirección a la salida. Stormfly se mantuvo alerta, escuchando con atención si había alguien cerca. Vio cómo su compañera bajaba la cabeza, esperando el latigazo de dolor.
Una vez Hiccup cruzó la cortina, extendió sus alas, empezando a sustentarse. Astrid sintió como sus manos se achicharraban en un segundo, sin embargo, no aflojó el agarre e hizo un enorme esfuerzo para no gritar de dolor; no abrió los ojos, sin embargo sentía como gotitas de agua salada le golpeaban las mejillas. Hiccup estaba volando bajo, lo más pegado al mar para camuflarse, en dirección al norte, volando lo más rápido que podía para salir de las aguas de su isla.
Una vez estuvo lo suficiente lejos, se elevó más, dando por exitoso el escape. Dio un vistazo a su isla, parecía que la habían abandonado, las luces estaban todas apagadas, todavía emanaba algo de humo de algunas casas, no había ni un solo barco en los puertos, ni una luz en las estatuas en el mar. El dragón suspiró con nostalgia para luego refugiarse en las nubes nocturnas.
Astrid sintió un tirón hacia arriba y se sintió estúpida por no querer abrir los ojos. Cuando lo hizo, se topó con una cama esponjosa de color plata debajo de ellos, y sobre estos, la enorme luna llena; dejo salir una exclamación de admiración al ver el cielo nocturno desde tan arriba, un espectáculo único que probablemente nunca se volvería a repetir. No sintió miedo de la altura y se agachó para tocar una de las nubes, daba la sensación de que le mojaban la mano, sin embargo, cuando apartaba las manos, esta estaba completamente seca. Stormfly, viendo que podía volar libremente, se apartó lo suficiente de la heks para extender sus alas. Hiccup volaba a una velocidad constante, viéndose bastante orientado a pesar de que solo se podían ver nubes a su alrededor.
Astrid se dio cuenta de que posiblemente tendría algo de tiempo para leer algo. Con cuidado, soltó una de las salientes de Hiccup, para buscar algo en su bolso, sintió algo liso y suave, movida por la curiosidad lo sacó y se dio cuenta de que era el mapa que se había encontrado sobre otra Tryllestav en algún otro lado del archipiélago.
Con cuidado se soltó para usar ambas manos para leerlo o mínimo para desdoblarlo. Hiccup no le tomó importancia, parecía que estaba metido en sus propios pensamientos; la chica vio en el mapa el "Mercado del Norte", seguido de un camino trazado finamente a carbón hacia donde se suponía que se encontraba la Tryllestav. Levantó una ceja, aquello se veía demasiado fácil y nada le garantizaba que la varita estuviese allí; lo más probable es que solo fuese un viejo truco, o que alguien más ya la había tomado (el sujeto al cual Mørke se la robó, por ejemplo).
Y aunque no fuese así, ¿que conseguiría? No tenía ni idea de cómo se usaban. Y aunque lo supiera, no podría enfrentarse a su tía así como así; no, lo más sensato era tomar un barco que la llevase lejos del archipiélago, no importaba donde, lejos de la magia de su tía y lejos del aquelarre. Tal vez así podría olvidarse del asunto de una vez por todas.
Suspiró y guardo el mapa en su bolso. Lo quemaría cuando tuviese oportunidad. Por un momento pensó en el pobre chico que la acompañaba, ¿qué sería de su pueblo ahora, de sus cosas? ¿De sus inventos? O incluso, de su familia, había mencionado algo antes, sobre su madre... ¿Qué sería de ellos? Quizá estuviesen muertos ya, probablemente por eso había decidió llevarla, porque él también quería huir.
No quiero, de hecho, mi mamá está bien... Creo. La última vez que la vi, estaba bien.
Astrid se sobresaltó, esa era la voz del chico, de Hiccup.
—¿Hablas?— le cuestionó al dragón.
¿Escuchaste lo que dije?
—Alto, ¿cómo...?— Astrid empezó a observar la cabeza del Furia Nocturna, buscando algún indicio que demostrará como podía escucharle. Pero el hocico nunca se movió cuando lo escucho de nuevo.
Es que creí que estabas hablando... Te respondí y no creí que me escucharás. Vaya, es bastante raro, ¿no?
—No, es aterrador—cortó Astrid, con un tono serio. No hubo respuesta por parte del joven— ¿Estabas escuchándome?
No fue intencional. Lo lamento.
Astrid no quiso seguir hablando con él, o pensar en algo concreto. Le daba miedo que aquel sujeto pudiese escuchar sus pensamientos, se dedicó a observar el vuelo de Stormfly, quien con gracia, los seguía a la misma velocidad que la de Hiccup.
¿Sabes de me qué di cuenta?
Ahí estaba la voz, viniendo del fondo de su cabeza. Astrid no quiso responder.
Me di cuenta de que no sé tu nombre. Estaba muy mareado cuando estaba... tu sabes, no sé si escuche bien... Creo que era Estrid, ¿no?
—Es Astrid— corrigió ella, desviando la mirada.
Ese nombre es demasiado lindo para una bruja.
Astrid se encogió de hombros. Pero no podía negar que estaba en lo correcto.
— Supongo— estaba actuando lo suficientemente fría para un extraño. Sabía que debía estar agradecida por traerla hasta allá, pero no podía hablarle con toda la familiaridad del mundo.
Bien.
Hubo silencio, tanto en las cabezas de ambos como en el ambiente. Astrid seguía viendo las nubes, a veces encontrando parches con la ausencia de estas, mostrando mar, le encantaba la vista, y ya se había acostumbrado lo suficiente a la adrenalina que sentía en el vuelo; contaba las estrellas visibles, perdiéndose y volviendo a empezar. Una y otra vez, hasta que empezó a darle sueño.
¿No había dormido lo suficiente ya? Su reloj biológico, a punto de volverse loco le indicaba que no. Suspiró, tratando de no cabecear, buscando una forma de despertarse.
Apartó la vista del cielo, puede que tanto hacer lo mismo la hallase aburrido.
Puedes dormir si quieres. No te dejare caer.
—¿Te importaría dejar de meterte en mi cabeza?— le contestó, enojada.
No lo hago. Tú eres la que lo hace, tus pensamientos llegan, como si hablaras sola.
La chica resoplo, cansada. Bien, podía cerrar los ojos un rato, por unos dos minutos, casi nada, y luego podría volver a abrirlos; claro, debía tener en cuenta de que si se movía por lo menos un poco, tal vez podría tener una caída de por lo menos de mil pies hacía el agua.
Pero él había dicho que no la dejaría caer.
O bien podía estar mintiendo, sin embargo eso no tendría sentido, si realmente hubiese querido matarla, lo habría hecho ya en la isla o cerca de ahí. Stormfly voló hacia el frente, posicionándose justo enfrente de Hiccup, como si verificará que iban en una dirección segura. Eso dio más que pensar a Astrid, ¿y si no iban al Mercado del Norte? ¿Qué tal si la abandonaba a su suerte en una isla cualquiera? Respiró hondo, tratando de calmarse.
Por el momento, lo único que podía hacer era confiar en Hiccup, el hombre que se podía transformar en dragón a su voluntad por culpa de su tía. Sonaba tan absurdo que ni siquiera ella misma lo hubiese creído; cerró los ojos, sentía los párpados secos, tal vez de tanto aire y de tanto tenerlos abiertos, no pudo evitar bostezar profundamente.
Ahora que sabía que ese extraño que la llevaba hasta ese mercado era el inventor de Berk (y de la espada que se suponía podía prenderse en llamas), le entraron dudas sobre los dibujos y los diarios, los cuales no había ojeado y que por cierto, había robado. Espero que Hiccup no pudiese escuchar eso.
No lo hizo, porque no dijo nada.
Tampoco dijo nada al respecto cuando pensó en la chica del dibujo, ¿quién sería ella? ¿Hiccup podría tener una hermana? ¿Alguna novia? ¿Prima?
También se preguntó por qué ella y él podían comunicarse de esa forma. Era muy molesto, daba la impresión de que ella ya no podía pensar en algo sin que él lo supiera, ¿qué tal si ella se dedicaba a pesar sobre algo mucho más privado?, como por ejemplo, que recordase a un dragón a la hora de la cena en Red Death, o en los muchos cadáveres que había visto en el bosque de camino a la aldea de Berk. No le gustaría que un tipo desconocido leyera sus pensamientos con total libertad y peor, que tuviese el poder para divulgarlos o decirlos en voz alta.
Se dedicó a pensar en algo más interesante, volviendo al tema de la Tryllestav, recordó lo que había hecho en el baño antes de su bautizo. Algo bueno había salido de eso, descubrió de una forma bastante accidental que era una lyse como su tía, pensó que, de haber sabido que no iba a asesinar al dragón, pudo haber huido de Berk con la varita en mano. Hubiera sido bastante fácil, de haberse ido con ella, nadie hubiese podido seguirle el rastro, es más, ella tal vez se hubiera borrado de sus mentes si eso hubiera querido. No sin antes asegurarse de que Mørke sufriera lo suficiente, sintiera la traición que significaba que alguien de tu familia tratará de matarte, con o sin ayuda; pero también haría sufrir al aquelarre entero, ellas nunca la ayudaron con nada, ni la apreciaron alguna vez, todo porque era la sobrina de Mørke, pero ahora...
No dudaba que todas quisieran matarle ahora. Resoplo, tratando de alejar un mechón rebelde de su cara. Sí, sí tuviera esa varita mágica, ella se aseguraría de que esas brujas pagarán.
Por un segundo se le ocurrió buscar la Tryllestav del mapa, pero se dijo a si misma que sería una búsqueda sin remedio, ¿qué tal que no la encontraba? ¿Y si el mapa era un fraude? De hecho, sería bastante gracioso que lo fuese (dicho de forma sarcástica).
... a la derecha. Se supone que ya vamos a llegar, ¿debería comprar provisiones? Sí, nunca están de más, ¿Qué podría perdurar más? Tal vez algo de patatas, las patatas son eternas, y la carne... No, el sitio es bastante húmedo...
Astrid miró a todos lados, para luego reconocer la voz de Hiccup que provenía de su cabeza. Era verdad, como si estuviese hablando consigo mismo.
Si ella hablaba así en la cabeza del muchacho entonces sí que era vergonzoso.
... mantas, muchas mantas. Tal vez pueda disfrazarme o ir durante la noche, necesito las cosas en la fragua. Con algo de hierro podría...
De noche era una pésima idea. Las heks solían ser trasnocheras y la gran mayoría solía dormir durante el día.
... debe haber más cosas en la isla. Agua, el agua se puede acabar rápido...
No sonaba a que quisiese huir. Sonaba a que quería regresar a Berk, ¿por qué? Ya no había nada que hacer allí, además de que era una soberana estupidez ir allí de nuevo. Con la Tryllestav en el poder de Mørke, aun siendo un Furia Nocturna en excelente forma, era una causa perdida. Seguramente el chico ya lo sabía.
—Eh...— habló, había dejado claro que no quería dormir a pesar de que el cuerpo se lo pedía. Deseó que en ese dichoso mercado vendiesen algo de Camellia para beber, era difícil de conseguir, y solo la había probado una vez..., y vaya que había quedado despierta toda una noche—¿Qué harás después de que lleguemos a... al Mercado?
El dragón gorjeo, sorprendido. Astrid espero la contestación en su cabeza y cuando la escuchó, siguió dándole miedo.
Dejarte ahí. Y luego regresó a Berk.
Astrid se mordió el labio. Tenía que advertirle que no era una idea ni para considerarse.
Ya sé que no lo es.
La rubia frunció los labios.
—¿Y por qué quieres regresar?— le preguntó, sintiéndose extraña de no poder verle a la cara... o saber que no le hablaba a un humano en concreto.
En primera, porque hay gente allí que me espera. En segunda, porque es mi deber.
—¿Eres... una especie de guardián?— Astrid estaba siendo curiosa, cosa que había desarrollado más en Berk que en Red Death.
Peor, soy el jefe de la isla.
La muchacha sintió que los ojos se le querían salir de las órbitas. Eso explicaba muchas cosas, entre ellas, el motivo por el cual a su aquelarre le urgía matar al dragón.
Sí, lo sé. Mi primer día fue bastante duro. Imagínate que tienes que preparar una isla para luchar contra un montón de heks que tratan de conquistar tu aldea. Y no quiero hablarte de los dragones... Me ven como su líder, como un alfa.
—¿Y por eso mi tía quería matarte?
Tengo la teoría de que es más por venganza, pero tu posibilidad me gusta más.
—Lo siento— se disculpó ella, sentía que debía hacerlo, después de todo, era una de ellas— Cuando terminen de buscar en toda la isla, o bueno, cuando se den cuenta de que no estas, te estarán esperando en todas las costas...
Lo sé, por eso mismo debo apresurarme.
—Puede que cuando entres te lancen un hechizo de sangre... o algo peor. Si eso pasa, trata de bañarte en el mar, si es posible en tu forma de... persona— aconsejó. Sabía la defensa de hechizos al derecho y al revés— Todas las noches, sin excepción durante una semana. Las Rensende también ayudan mucho, cómelas en una pasta con agua dulce.
Gracias..., supongo. No creo que me maldigan más de lo que ya estoy.
Astrid asintió, sin decir nada más.
Grønland es un buen lugar para volver a comenzar... o eso me han dicho. Busca un barco que vaya hacía allá.
—¿"País verde"?*
Eso dicen. Jamás he ido.
Todavía sentada, Astrid volvió a cerrar los ojos, Grønland, o "País verde", definitivamente sonaba mejor que Red Death o Berk.
¿Astrid? Eh, ya casi llegamos, ¿Astrid...? ¿Ese es tu nombre, verdad?
El dragón había empezado a sentir que el peso de la muchacha se incrementaba al quedarse dormida desde hacía una media hora, después de escuchar que divagaba sobre Grønland, no volvió a escucharla. Lo cual quería decir que estaba lo que se seguía de dormida; cuando empezó a reconocer que estaban próximos a llegar, trató de despertarla, ya que aterrizar con ella en ese estado...
Ella era una heks, después de todo. Si despertaba en el aire, de cabeza, y cayendo en picada hacia el mar, puede que eso la moleste un poco, quizá lo suficiente para lanzarle un hechizo mortal.
Una parte racional de él volvió a regañarle por haberla ayudado a salir de Berk. Era casi una traición a su pueblo y si llegaban a enterarse probablemente lo tacharían de loco, si no es que ya lo hacían... o peor, incluso podrían matarlo por traidor; el hecho de haberlo salvado no sería razón suficiente para ellos, esa adolescente era una de ellas, peor aún, de la misma sangre de la bruja que le arrojó ese maleficio antes de nacer. No sólo eso, por lo visto era lista, astuta y con un gran conocimiento sobre la magia... ¿Por qué por hell la había ayudado? Es más, esa chica, en el caso de que lo quisiese tenía el poder de matarle una vez llegasen al Mercado.
¿Y para qué?
Es ahí donde esa parte "racional" se equivocaba. Si ella hubiese querido matarle, lo hubiese hecho en el momento en el que se lo pidieron, a menos claro de que quiera su carne, o dientes para ella sola... O no. Tal vez no era el lado racional el que le pedía que arrojará a la chica en cualquier isla ahora que estaba débil, tal vez era su lado paranoico, el cual había encontrado el momento perfecto para salir a la luz.
Eso le molestaba e incluso, lo hacía sentir demasiado incómodo. Sentía disparos de adrenalina inyectarle las venas, pensando en todas las atrocidades que la chica podía hacerle si bajaba la guardia un segundo, se atrapaba a si mismo creando planes de como dejarla sin opciones para atacarle; imaginó los escenarios distintos con los puertos que recordaba, o el bosque cercano al mercado, las distintas formas de huir, tanto como dragón, como humano.
Luego negaba con la cabeza, tratando de alejar esos pensamientos de su mente. Esa chica no tenía pinta de querer matarle; sí, le hablaba de forma fría, sin ganas, pero también detectaba miedo en su mirada. Le daba una mezcla de enfado y asco cuando recordaba lo que Mørke había dicho que las brujas le harían si no cumplía con la indicación de matarle, ella no se lo merecía, ella era mucho mejor persona que todas ellas.
Puede que esa haya sido la razón por la cual se ofreció a llevarla hasta el Mercado. No había podido salvar a mucha gente que luchó con él, si tenía la oportunidad de hacer algo al respecto con ella, claro que lo haría.
No mentía al decirle que le hubiese gustado que alguien hiciera algo similar con él estando en la misma situación que ella.
¿Astrid?
Vio al dragón Nadder que siempre la acompañaba. No entendía como era que existía uno de ese tamaño, por un momento, la primera vez que lo había visto en la fragua pensó que era un dragón Nadder bebé, hasta que reparó en sus facciones: parecía una dragón joven adulta, muy madura, siguiendo órdenes, nada que ver con un bebé que hacía lo que quería. La dragón seguía volando frente a él, inspeccionando el terreno cuando Hiccup gruño en su dirección, esta se volvió, como si esperará otro gesto.
Despiértala, hemos llegado.
Dejó que su amigo se encargará de traducirlo. La Nadder pareció captarlo porque voló hacía su compañera y empezó a darle golpecitos en la cara.
Sintió como el peso de la chica iba aminorándose conforme se despertaba.
La chica empezó a desperezarse, balbuceando algo, tanto con su voz como en la mente. Se preguntaba dónde estaba, parecía que había tenido una pesadilla debido a que se notaba algo asustada... Aunque cabía la posibilidad de que háyase olvidado que estaba volando sobre él.
Confirmo su sospecha cuando la escuchó gritar.
—¿¡Donde...!? ¿¡Qué demo...!?
La chica jadeo y apretó las salientes de él con fuerza, Hiccup lanzó un gruñido corto (y bastante discreto) de dolor. Ella se calmó después de un rato, recordando todo lo que había pasado.
Eh, ¿Astrid? Ya casi llegamos.
—Claro, claro...— farfullo ella.
Sujétate fuerte.
Empezó a descender, cuidando de no ser tan brusco. Conforme atravesaba las nubes, la isla donde estaba el mercado se hacía cada vez más visible; Hiccup buscó donde aterrizar para que no le vieran, había acabado con Drago Manodura y con su ejército, pero no faltaban cazadores de dragones solitarios en el Mercado. Era un sitio un tanto peligroso.
Observó una playa solitaria, con algunos señalamientos cercanos de no acercarse. Se decidió por aterrizar en ese lugar, cuidando no aterrizar en la arena, sino en el bosque cercano a la playa. No quería que un Traga Arena los succionara a ambos.
La chica hacia un buen esfuerzo por no parecer asustada. Cuando Hiccup aterrizó con elegancia en el lugar, sacudió la cabeza, indicándole a la chica que podía bajar; la rubia ladeo el cuerpo hacia la playa, estuvo a punto de bajarse de ese lado, cuando el joven prácticamente le gritó:
¡POR AHÍ NO!
Casi cae de cara hacía la arena por el susto, la chica gruño, molesta por la brusquedad. De ser un humano Hiccup se hubiese ruborizado, probablemente hubiera buscado disculparse, pero un nudo en su garganta lo hubiese impedido.
Perdona. Es que es peligroso.
—¿Sí? No me digas— respondió ella con sarcasmo, bajando desde el otro lado. Una vez ambos pies estuvieron en el césped, Hiccup se concentró para volver a ser un humano de nuevo; supuso que la imagen era un tanto extraña para la joven, porque giro su cabeza hacia otro lado, haciendo como si buscará algo entre los árboles.
Una vez él estuvo en dos pies, se estiró cual largo era, tronó los huesos de su cuello de forma audible y soltó un gemido de satisfacción cuando dejo de sentir tensión en sus ellos. La chica se abrazó a sí misma, todavía sin mirarle directamente, aunque Hiccup notaba cuando le miraba de reojo.
—Bien, ya llegamos— Astrid dio un respingo al oír la voz del muchacho saliendo de los labios de este. Incluso Hiccup llego a sorprenderse un poco— Te llevaré al mercado. El puerto esta todo derecho, deben salir barcos en la mañana, pero les llevamos casi un día en barco a las brujas— explicó, palpando entre su traje buscando una hoja de papel. Encontró su diario con el mapa del archipiélago, arrancó un trozo de este y extrajo el carbón de un bolsillo oculto— Te haré un mapa, puede que llegue a ser algo confuso.
—¿Estamos realmente lejos?
Un latigazo de adrenalina casi arruina su mapa improvisado. Estaba siendo muy paranoico, ella lo había preguntado porque tenía miedo. De hecho, él también tenía algo de miedo de que Mørke apareciera entre los árboles o algo así.
—En barco es como día y medio, si no es que se pierden. La mejor forma para llegar siempre es volando o consiguiéndose a un mercader— informó, trazando el camino lo más que podía— Eh, aléjate de la gente, en especial de los que no se vean tan amables... o de los que se vean extremadamente amables, hay sujetos que en serio pueden hacerte daño. No hables con nadie...
—Puedo cuidarme sola— atajó ella con soberbia. Hiccup lo dudó, pero no dijo nada. Sólo se encogió de hombros.
—Y no te quedes mucho tiempo aquí.— le entregó el mapa con el trozo de papel, con un nombre escrito en él— Busca a este sujeto, él debe tener un barco que lleve hasta Grønland.
—¿Y quién es?— preguntó ella, leyendo el nombre.
—Un sujeto que me debe una— aseguró Hiccup sin querer dar detalles. Astrid asintió.
—Bueno, en marcha.
Ambos comenzaron a caminar en dirección a la parte iluminada de la isla. Astrid agradeció el ponerse las botas antes, aunque sus heridas todavía dolían un poco, todavía tenía el vestido de su bautizo, así que con las manos se esforzaba en cerrar la capa para que nadie la viera. Miraba a Hiccup de reojo, como si tratará de descifrar si todavía podía leer su mente...
Parecía que no.
Stormfly dormía sobre su hombro, roncaba de forma un tanto sonora y el movimiento del pecho de esta parecía un masaje de consuelo. Se recordó que necesitaba dormir, pero si el lugar era tan peligroso como Hiccup aseguraba, lo mejor era esperar al barco y dormir todo el día de mañana; una vez en Grønland ella podría retomar sus horarios de sueño.
No había prisa, después de todo.
Leyó el nombre del sujeto al que debía buscar. A ella no le sonaba el nombre para nada, igual tenía que encontrarlo en un Mercado donde todos eran "peligrosos" para ella.
—¿Cómo es que conoces este lugar?— rompió el silencio la chica. Se fijó que el muchacho era más alto que ella, tal vez unos diez centímetros.
—Ya te lo dije. Nos quedamos sin mercader, alguien tenía que llevar a mi padre— respondió Hiccup, como si no quisiera hablar mucho.
Astrid se encogió de hombros.
—¿Por qué?
Hiccup soltó un suspiro.
—El sujeto nos traicionó durante más de una década— respondió, viéndose incomodo, sin embargo continuo— Trabajaba para un loco que quería dominar a los dragones para conquistar el archipiélago.
—¿Y tú lo descubriste?
—Algo así— Hiccup se encogió de hombros— Pero lo detuvimos a tiempo. En fin, este tipo— señaló el papel— Me debe una por eso, él era uno de los malos, pero, supongo que ahora hace cosas mejores que traficar con Dragones.
Astrid asintió. Hiccup parecía un chico bastante maduro para su edad, de hecho, la forma en la que se expresaba se le antojaba para un hombre de mucho mayor edad, no de un chico de unos veinte años. Divisaron la zona más iluminada y Hiccup dejo de caminar.
El chico sintió un vacío en el estómago por dejarla ir sola, sin embargo confiaba en que el sujeto le cumpliera la que le debía. Había salvado su vida de ese Skrill, además, lo había ayudado con un tranquilo negocio de víveres por todo el archipiélago y más allá de este; lo menos que podía hacer era simplemente llevar a esa chiquilla a Grønland.
Hurgo en su bolsillo, buscando monedas. Tomo la mano de la chica (Hiccup la sintió bastante fría, al grado de que le preocupó que enfermase, tenía algunas heridas pequeñas y tierra entre las uñas debido a las caídas en Berk) y depositó un par en la palma de la chica, con eso tendría para comer un poco, tal vez incluso encontrar donde dormir. Le incomodó esa idea.
—Ve a un puesto de frutas, vegetales, cosas así y pregunta por el sujeto. Te marqué un puesto por aquí— señaló nuevamente el mapa— Y diles que eres amiga mía. Eh, te creerán más si les... si les das esto— Hiccup busco en los múltiples bolsillos de su muy extraño traje para luego sacar un todavía más extraño objeto. Parecía un pedazo de vidrio en forma de hexágono con un marco de madera— Es un lente, no lo pierdas. Créeme, una vez que te vean con esto, te llevarán con él.
Astrid solo observó el curioso objeto, pero no lo tomó. Ya sabía la respuesta, pero necesitaba confirmar si Hiccup iba a huir o no.
—¿No vienes?— preguntó, de la misma forma fría y desinteresada que no era tan realista.
—Tengo que volver a Berk— una vez dicho esto, Hiccup intentó hacer lo mismo que había hecho con las monedas, pero esta vez con la lente. Astrid apartó su mano con brusquedad y le arrebató la lente.
El castaño no hizo más que cruzarse de brazos. La chica no se veía como una persona... estable.
—Bien, supongo que este es el adiós— habló él, tratando de parecer relajado a pesar de la situación. Astrid le miró como si nunca lo hubiese visto antes— Eh, espero que tengas un buen viaje y...
—Gracias— lo cortó, tratando de verse orgullosa, pero no lo logró. El chico había perdido su isla, y tenía todas las de perder ahora, algo de empatía no vendría mal ahora— Yo...— balbuceo, se regañó mentalmente por eso. Una cosa era que quisiera ser más suave y otra que fuera demasiado suave— Lamento lo de mi aquelarre, de verdad. No tenía ni idea de que... eso iba a pasar.
Bueno, eso último era mentira. Las heks son violentas. Demasiado.
—No te preocupes, saldremos de esta... solo tengo que pensar— cómicamente, se dio un par de golpecitos en la cabeza. Astrid sonrió. El muchacho era algo optimista.
O muy crédulo. Tal vez ambas.
—Entonces...— Ella dejo la frase al aire. No quería irse, tenía tantas preguntas, quería vengarse todavía pero lo mejor era retirarse, tal vez detenerse a pensar un poco. Volverse poderosa.
—Fue un placer conocerla, my lady— Hiccup le tendió la mano, Astrid la estrecho con la suya.
—El placer es todo mío.
—Buena suerte.
—Igualmente.
Astrid empezó a caminar en dirección al pueblo, mirando por encima del hombro y también tanteando el entorno, como si buscará que alguien saliera de los rincones para hacerle daño, preparada para defenderse y hacer papilla al que se atreviese si quiera a pensarlo.
Hiccup sentía el vacío en su estómago cada vez más fuerte, una sensación de abandono y la necesidad de algo en su cabeza de ir a por ella.
—No la sigas...— murmuró Hiccup, como si se lo dijera a alguien en su cabeza— No la sigas...— cerró los ojos, dando media vuelta. Si se apresuraba, llegaría antes del amanecer.
Pero sus pies dejaron de avanzar. ¿Y si le pasaba algo? ¿Y si alguien la asaltaba o algo peor? él no se perdonaría si ella...
Pero no era su problema. La chica tenia pinta de inestable, tal vez algo bipolar e impredecible, orgullosa y todo, pero se veía que podía apañárselas sola.
¿Y si no?
Soltó un suspiro. No era su problema. De hecho, no debió llevarla ahí en primer lugar, pero lo había hecho y ahora...
Volvió la cabeza. Ella había desaparecido. Respiró hondo antes de encaminarse de vuelta a la playa del Traga Arena. Sin embargo, su pie no se movió.
—¿De verdad? ¿Te importa tanto?— preguntó, hablando solo— No puedo ir.
Sí, sí podía.
—No... No— respondió con algo de firmeza— No.— negó nuevamente, siendo más firme— Tenemos que volver a Berk. Nos necesitan allá.
¿Y qué hay de las mantas que necesitaban en Berk? ¿Y la comida que iba a comprar? esas brujas no les dejarían ni asomar la nariz fuera de las cuevas subterráneas de Berk.
Hiccup suspiró derrotado.
—De acuerdo. Compramos eso y nos vamos.
Algo dentro de él se llenó de emoción e hizo que Hiccup quisiera correr hacia la aldea.
Astrid se sentía extraña en medio de tanta gente, era extraño como su vida había cambiado totalmente en sólo un día. Primero, estuvo con su aquelarre, con la esperanza de ser una heks completa, orgullo de su tía y dispuesta a servir al Señor Oscuro durante toda su vida. Después se encontró a si misma sintiendo pena de un dragón, que resultó ser un humano, y no sólo eso, era el jefe actual de Berk al cual su tía Mørke había hechizado años atrás; como agradecimiento, ese dragón la había llevado hasta aquí, un mercado con puertos que llevaban a todos los destinos posibles.
Y estaba buscado a un tal Viggo Grimborn.
Vio un sitio en el mapa, bastante parecido al que Hiccup había indicado. Caminó hacia él, decidida. Mañana por la mañana, su tía Mørke no podría encontrarla nunca.
Stormfly, quien se había despertado por el barullo de la gente, rodeo el delgado cuello de la muchacha con su cuerpo, para así no concentrar todo su peso en un solo hombro. Astrid, al darse cuenta del cambio y de que su hombro se sentía más liviano, soltó el aire con satisfacción.
Se dio cuenta de que un par de sujetos la miraban fijamente, con miradas que no le gustaban para nada a la chica. Decidió ignorarlos, pero buscó su cuchillo por si las moscas; una vez llegó hasta donde el hombre despachaba, cayó en la cuenta de que nadie compraría fruta en la madrugada. Por lo menos ella no.
El hombre la miro de arriba a abajo, escudriñando con la mirada entre la capa. Astrid sintió que eso le revolvía el estómago, así que le dirigió una dura mirada.
—Buenas noches— saludó rápidamente, de forma fría— Busco a alguien y me dijeron que puede ayudarme.
El hombre tenía una larga barba castaño oscuro, así como una complexión robusta y de alta estatura. Al oír lo que la chiquilla había dicho soltó una sonora carcajada que llamó la atención de los dos hombres que anteriormente miraban de forma indecente a Astrid.
—¿Alguien?— dijo el hombre entre risas, algo que hizo enfadar a la chica— Niña, no sé quién te dijo que podía ayudarte con eso, pero debía ser un gran idiota— aseguró el hombre, negando con la cabeza.— Yo solo vendo verduras. Compra algo o lárgate.
Astrid frunció el ceño. O bien Hiccup le había mentido o ese hombre ocultaba algo.
—Me dijeron que podía ayudarme— insistió usando voz cortante, el hombre borro su sonrisa y frunció el ceño— Estoy buscando a alguien que le debe un favor a Hiccup Haddock...
—Conocemos a Hiccup Haddock— la interrumpió la voz de un hombre. Astrid se giró para ver a uno de los hombres anteriores, hizo una mueca de disgusto.
Vaya, al parecer Hiccup era un tipo famoso, ¿el mundo sabía que se convertía en dragón?
—Como sea— Astrid ignoró aquel comentario y se giró hacia el hombre del puesto, quien esta vez le miraba con incredulidad— Es mi amigo. Quiero ir a Grønland y me dijo que Viggo Grimborn podía...
—¿Qué hace una niña buscando a Grimborn?— cuestionó el otro hombre, acercándose a la escena. Astrid soltó un suspiro de exasperación, no estaba llegando a nada y estaban empezando a enfadarla.—Qué yo sepa ya tiene compañía— y el hombre soltó una carcajada al igual que su amigo.
—Imbéciles— susurró Astrid en voz baja, tal vez debía probar en un puesto diferente. Empezó a caminar dignamente hacia otra dirección hasta que uno de los otros hombres habló.
—¡Hey espera! ¡Trabajamos para el señor Grimborn!
Astrid se paró en seco.
—¡Es verdad! ¡Sabemos dónde está!
Astrid rodó los ojos, luego negó con la cabeza.
—Oye, oye— uno de ellos volvió a llamarla, esta vez más cerca.— Es de verdad. Somos parte de una tripulación de pesca.
Astrid se giró hasta ellos.
—Seh, podríamos llevarte hasta él— el otro sujeto se encogió de hombros mientras que el otro asentía— Creímos oír que vas a Grønland...
—¿Cómo puedo confiar en ustedes?— cuestionó la rubia sintiendo desconfianza. Nadie puede parecer un cerdo y luego una persona bondadosa.
Pero ya que el frutero no quería ayudar... ¿Tenía otra opción? También recordó lo que Hiccup le había dicho: "No confíes en la gente demasiado amable", ¿debía hacerle caso? ¿Y si lo que ellos decían era verdad?
Peor, ¿y si Hiccup tenía razón? Ella era fuerte, seguro podría con ambos, eso no dudarlo.
—Oh, vamos, ¿quieres ir a Grønland o no?— la apresuró un hombre. Astrid entrecerró los ojos, para luego esconder las manos en su capa, las marcas de bruja se todavía estaban presentes y lo estarían el resto de su vida si no aprendía un hechizo para ocultarlas. Esas marcas podrían ser un problema.
A regañadientes camino hacia ellos, luego ellos emprendieron la marcha mercado arriba, con ella detrás. Miró hacia el cielo, con la esperanza de encontrarse un Furia nocturna sobrevolando sobre ella, pero solo vio estrellas y el fondo azul ultramar; sintió una punzada de decepción, pero al mismo tiempo sabía que Hiccup no podía seguir en la isla.
El camino hacía Viggo Grimborn se le hacía cada vez más largo, la gente iba disminuyendo, al grado sé que era raro ver a más de uno pasar a su lado; el sitio cada vez se volvía más oscuro y Stormfly se estaba poniendo demasiado inquieta. Astrid intentaba calmarla, pero lo único que lograba sea que ambas se pusieran todavía peor. La rubia, claro, nunca admitiría que estaba nerviosa.
Los dos hombres hablaban entre sí en voz demasiado baja. Ambos eran parecidos, uno de ellos era rubio bajo el casco que llevaba sobre la cabeza, al otro no se le veía el cabello; eran mucho más altos que ella y llevaban metal hasta en los dientes. Parecían ser lampiños (le era extraño que no tuviesen barba) y los ojos azul celeste. Su caminar era tosco y sin gracia, pero no tambaleaban al hacerlo. A veces, miraban hacia atrás, cuidando que Astrid siguiera ahí... o que no escapará.
Astrid quiso pensar que se trataba de lo primero.
Los puestos disminuían, así como las casas. Había algo que no cuadraba, no había ningún rastro de aroma a agua salada en el ambiente en el que estaban, o el hedor a pescado, o cualquier cosa que confirmará lo que esos hombres le habían dicho.
—¿Dónde estamos?
Ambos hombres se detuvieron por unos instantes para luego mirarla al mismo tiempo. Astrid sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal.
Algo muy dentro de sí le decía que la habían engañado. Hiccup tenía razón.
Dio un paso atrás y se preparó para correr, con la confianza (poca o mucha, a este punto da lo mismo) que los tipos habían logrado que ella tuviera, en algún momento de la caminata perdió dentro del bolso su cuchillo—hacha. Trató de buscarlo, con pánico e incertidumbre, ¿podría con los dos?
Tenía que averiguarlo.
Pero antes, necesitaba tiempo.
Echó a correr.
Hiccup trató de pensar en cómo llevaría tantas cosas siendo un dragón. Podía llevarlas usando sus patas delanteras (le gustaba llamarlas manos, porque, al fin y al cabo, en eso se convertían sus manos de vikingo), pero cabía la posibilidad de que la soltará. Había pensado en una especie de mochila antes, algo que lo ayudará a cargar cosas sin la necesidad de llevarlas en sus manos, sin embargo, todos los prototipos se habían hecho jirones cuando él se transformaba.
Frunció los labios, tal vez si encontraba la forma de empaquetar todo en un solo (y enorme) bulto. Ató firmemente algunas provisiones al barril de cerveza, se llenó los bolsillos con demás cosas y terminó por envolver el barril de cerveza con la manta más grande. Respiró hondo antes de transformarse.
Se sacudió una vez sintió todas sus terminaciones nerviosas como las de un dragón. Abrió sus alas para elevarse un poco y sostener aquel bulto, era incomodo, pero resistiría. Ojalá le hubiese pedido un bolso mágico a Astrid, el suyo era bastante práctico, ella en serio podía llevar el mundo entero en ese bolso.
Casi en ese momento, sus oídos detectaron movimiento, algo lejos, pero pudieron detectarlo. Pisadas rápidas, como si alguien corriera muy, muy rápido, luego otras que le seguían el paso; se parecían mucho a las que había oído antes...
¡¿... COMO REGRESO AL PUEBLO?! ¿¡COMO!? NO ME ACUERDO, NO ME ACUERDO, NO ME...
Hiccup miro hacia ambos lados, sorprendido, ¿esa era Astrid?
¿¡COMO PUDE SER TAN TORPE... !? ¡ESTÁN DETRÁS DE MÍ!
Sí, era esa niña. Y estaba en problemas... de nuevo. Hiccup rodó los ojos, sintiendo que una parte de sí quería ir corriendo hasta ella.
—No vayas, no vayas, no...
Tomó su paquete y se dirigió en dirección a los gritos.
La mente de la rubia trataba de pensar en algún hechizo para lograr zafarse de aquellos hombres. Enunció algunos, pero debido a su nerviosismo no podía recordarlos o completarlos. Estaba perdida.
Stormfly intentaba lanzarse contra los hombres, pero solo atinaba a arrojar sus espinas contra ellos, desgraciadamente nunca atinaba a los ojos o a la entrepierna. El fuego tampoco serviría, y la fatiga se estaba apoderando de su compañera bruja, al grado de que estaba bajando la velocidad.
Llegó un punto donde sintió el tirón de la caperuza en su cuello cuando la pescaron. Jadeo asustada, viendo como uno de los hombres la miraba perversamente mientras la tiraba al suelo. Astrid encontró el cuchillo por fin y lo en blandió. Los sujetos empezaron a reírse, por primera vez en la noche, Astrid quiso que ellos vieran sus marcas de bruja.
—Cabello como este, se vende a muy buen precio.— sonrió uno.
—Y una preciosura como tú, todavía mejor— otro, piso su pecho, sacándole el aire. Ella le escupió, producto de la ira; su tía la había dejado, Hiccup se había ido y ahora esos sujetos iban a venderla... o algo peor.
—Guarda eso para los otros, nena— se burló el otro, para luego agacharse. Astrid abrió los ojos de sorpresa, oh no.
Pensó en algo pronto. Algo de protección. Una maldición o algo así.
—¡Jeg forbanner deg og din forvirring, din perversjon!— enunció, tratando de consentrarse. El hombre la miró asombrado— Du berører meg og du brenner! Du berører meg og du brenner! Du roter, du er en tisse!—Grito con desprecio. El hombre le hizo daño, clavando sus dedos en la piel de ella— Nei, en tispe! ¡Suéltame, hijo de puta!
—Cuidado con esta niña, parece ser una bruja.
—Con una boca muy sucia.
Algo salió de entre los arbustos, rugiendo a todo pulmón. Ambos hombres echaron un vistazo, incluso Astrid levanto la cabeza, para observar al dragón negro de ojos verdes que les miraba con desprecio. Sacó sus mortíferos dientes afilados y se preparó para disparar.
—¡Furia nocturna!— gritó uno de ellos, asustado.
Ambos se levantaron y corrieron. Hiccup no lo consideró suficiente, así que con un par de saltos los alcanzó, tomó al uno, clavando sus dientes en una de las piernas, el hombre lanzó un grito de auténtico dolor. Astrid pudo escuchar como los músculos eran desgarrados por los dientes del reptil al tiempo de que este lanzaba lejos al hombre. Su compañero, quien se había quedado helado, por la escena, no tuvo tiempo de correr.
Astrid apartó la vista cuando observó que Hiccup no iba por la pierna esta vez, sino por el cuello. Se escuchó un grito por una fracción de segundo; la chica sintió que la mano era salpicada por algo tibio.
Stormfly se había ocupado del otro sujeto, porque su cara no estaba en mejores condiciones.
Astrid escuchó pisadas después de un rato.
—Eso les hacemos a los que fuerzan mujeres en Berk— Astrid sintió alivio de escuchar la voz de Hiccup, sin embargo no se volvió— Ahora, creí haberte dicho que no fueras con extraños— había cierto tono de enfado en su voz, como cuando un hombre regaña a su hijo. Astrid esta vez le devolvió la mirada, tratando de no enfocarse en el hombre cuyo cuello había sido despedazado, al grado de que la cabeza le colgaba de forma casi cómica.
—Me enviaste con un sujeto que no tenía ni idea de quien era Viggo Grimborn— se defendió ella, levantándose. Hiccup se limpiaba los labios, tenía ganas de escupir, pero era lo suficientemente educado como para no hacerlo frente a ella.
—¡Aquí nadie te dirá dónde está de la forma amable!— Hiccup lamentó que salivajos con sangre del otro sujeto salieran de su boca.— Ugh, perdona.
—No hay problema— Astrid hizo una mueca con asco, dando dos pasos hacia atrás— Ellos me dijeron que trabajaban para él, en algo de pesca.
Hiccup hizo una expresión entre incrédula y de enojo.
—¿¡Pesca!?— espetó, viéndose bastante enojado. Stormfly, quien, una vez terminado su trabajo (en algún momento, ella había volado hacia Astrid y se había posado nuevamente en el hombro de esta) se encogió.— ¡Viggo no maneja pesca! ¡Maneja verduras y armas! ¡Maneja de todo menos pesca! ¡Porque hay mar en TODAS PARTES!
—¿¡Y cómo iba yo a saberlo!?— Astrid también estaba molesta. Ese tipo venía, la salvaba (otra vez) y se enfadaba con ella por algo que realmente no era su culpa.— ¡Me dejaste con un simple mapa!
—¿¡Tan difícil fue seguir mis instrucciones!?
—¡Tal vez si me hubieras dicho más sobre ese sujeto no estaríamos en medio de esto!
—¿¡Estamos!?— repitió Hiccup, la vena de su cuello palpitaba con fuerza— ¡Tú eres la que me metió en esto!— el chico señaló a uno de los hombres, mientras tartamudeaba, tratando de completar una oración— ¡Mira lo que me hiciste hacer!
—¡No te pedí que lo mataras!— chilló ella, sintiendo horror por el cadáver— ¡Ni siquiera te pedí que me ayudarás!
—¡No lo hubiera hecho si no hubieses gritado en mi cabeza!
—¿¡Gritar en tu cabeza!?
—¡Sí!— la señaló— ¡Lo haces todo el tiempo, es irritante! ¡Eres tan despectiva con todo el mundo, y cuando estas en problemas crees que puedes con todo!
—¡Tú eres el que se mete en mi cabeza!— Astrid sentía que las mejillas se le ponían rojas— Todo el tiempo, ¡no me dejas tranquila! ¡Y ahora insinúas que esto es mi culpa!
—¡Yo te dije exactamente que tenías que hacer!— el castaño hizo un movimiento con los hombros, como un estremecimiento, pero uno bastante violento— ¡Solo tenías que mostrar el lente y ya!
—¡Si tanto te molesto, ¿por qué volviste?!— Astrid esta vez se acercó a él de forma intimidante, pero el chico no se inmutó.
—¡Tenía que buscar provisiones!— respondió él— ¡No todo gira entorno a ti!
—¡Eso...!
—Conozco a las personas como tú, creen que pueden con todo, que son bastante fuertes, pero la verdad es que no pueden, y no admiten que se equivocan... ¡Ni siquiera pueden decir que lo sienten! — Hiccup la miró a los ojos, con una mirada extraña. El verde en sus ojos se veía triste, impotente y enfadado; no lo iba a admitir, pero Astrid sintió que la reacción de él le encogía el corazón sin saber porque.
—¡De acuerdo!— ella cedió, levantando sus manos— Lo lamento.
Hiccup rodó los ojos.
—Tal vez no debí seguir a esos sujetos— completó Astrid, bajando el tono de su voz— Lamento no haber seguido tus instrucciones. Es solo que, he pasado por tanto hoy...— Astrid suspiró, para luego refugiar sus manos en su capa— Que no se ni como estoy viva.
Hiccup relajó su semblante. Resoplo e hizo una mueca, para luego asentir.
—Igual, no debí culparte por esto. No suelo... hacer eso. No pretendía... matarlo— admitió, sintiéndose incomodo— No mido mi fuerza.
—Lo lamento.
—No es culpa tuya— "si no de tu tía", estuvo a punto de decirlo, pero se contuvo— De todos modos, esa gente no cambia. Dejarlo ir sería... una cadena que no se puede terminar— aventuró, tratando de convencerse más a si mismo que a joven. Hizo otro movimiento de hombros, esta vez, más suave que el anterior— Bien, tenemos que irnos antes de que alguien se enteré de que estamos aquí.
Ella asintió. Emprendió la marcha con él a su lado, de vuelta al pueblo.
—Oh, lo olvidaba— Hiccup fue hasta un arbusto, lo revolvió como si buscará algo dentro de él. Sacó un bulto gigante cubierto de mantas— Necesito llevar esto a Berk.
—¿Puedes con eso?— cuestionó Astrid. Esa cosa debía pesar como setenta kilos.
—Estoy seguro de que sí— respondió él, confirmando de que todo en el bulto estuviera en su lugar.
Astrid hizo un mohín, la verdad era que estaba cansada. Quería dormir un rato, dejar de correr y preocuparse por su vida, tal y como estaba exactamente hace dos días.
Pero esa vida era un espejismo. Su tía Mørke le había dejado claro que, para ella, Astrid no era más que una bruja más. No habían válido nada los años que ambas pasaron juntas (prácticamente toda la vida de ella), ni todas esas veces en las que Astrid realmente vio a Mørke como una verdadera madre. Le había traicionado, herido y perseguido; la maldijo y dejó que todas esas brujas la llamarán por todos los insultos existentes. Sólo por no cumplir su capricho de matar un dragón.
Astrid lo pudo haber matado. Pero al verle a los ojos, supo que no era un simple dragón. La culpa era de su tía, quería deshacerse del hijo del jefe usándola a ella para hacer el trabajo sucio. Disfrazaba su crimen con el supuesto orgullo que sentía hacia ella.
Quizá la Tía Mørke nunca había sentido nada por ella. Pensar eso no sólo le dolió, también le hizo enfadar.
No sólo había traicionado a Astrid. Hiccup había perdido todo gracias a ella.
—No puedes volver a Berk— pronunció Astrid, sin siquiera pensarlo. Hiccup se volvió hacia ella, confundido.— No sin un plan.
—Claro que tengo un plan— mintió Hiccup, usando falsa galantería. La verdad, no había pensado en uno, solo se había enfocado en volver a Berk.
—No lo entiendes— repuso ella, Hiccup mentía y eso era bastante evidente— Te matará al más mínimo movimiento de la Tryllestav. Acabará realmente con todo ser viviente de Berk si eso quiere.
—¿Tengo otra opción?— Hiccup estaba fastidiado con eso. Sabía a lo que se enfrentaba. Lo tenía muy en cuenta— No puedo quedarme de brazos cruzados y ver como destruyen mi isla.
—La única forma de vencerla es que seas una heks— informó Astrid. Hiccup frunció el ceño— Y no sólo eso, necesitas tener una Tryllestav y ser un lys.
—Es bueno que quieras ayudarme, pero hasta yo sé que no es fácil conseguir eso— Hiccup era malo recordando nombres. Además, esos términos eran nuevos para él.— Buscaré otro plan. Tal vez tenga algún punto débil.
—Con la Tryllestav ella no lo tiene— insistió Astrid— Puedes hacer lo que quieras con eso. Puedes pedir lo que quieras, poder infinito, total control sobre los elementos...— Astrid recordó algo importante— Y si no la detienes ahora ella no sólo acabará con Berk, sino con todo el archipiélago.
Hiccup recordó entonces a Kaira. Su sonrisa alegre, la forma en la que lo miraba, el sonido de su risa y todo lo que ella significaba para él. Con Mørke siendo invencible, no sólo Berk correría peligro.
Se tomó el puente de la nariz. Era imposible imaginar a Kaira, un ser de luz, sufriendo. De repente, a su mente llegó Dagur, Mala, el bebé de ambos, Heather, Throk...
Tembló.
—¿Y qué es lo que sugieres?— cuestionó Hiccup, sin levantar la mirada.
Astrid miro a su bolso. Más valía intentarlo.
—Tengo un mapa, que guía hasta... otra tryllestav.
Hiccup levantó la cabeza tan rápido y tan fuerte que parecía que esta se iba a desprender de su cuerpo.
—¿¡Qué...!?— balbuceo, sin poder creerlo— ¿Y ibas a irte?
—¡No! Quiero decir, sí, pero...— Astrid suspiró, rebusco entre su bolso, encontrando el pergamino— Escucha, primero debo decirte que no estoy segura de que tan cierto sea este mapa...
—¿Dónde lo encontraste?
—En Berk. Cerca de una especie de casa sobre un poste...
—¿La casa de Gothi?— preguntó Hiccup, pero la chica solo parpadeo confundida. No tenía idea de quien era Gothi— Entonces, puede ser verdad, ella es una völva— balbuceo Hiccup, Astrid asintió, comprendiéndolo— ¿Puedo verlo?— pidió, nervioso. Astrid se lo dio en las manos con suavidad, este lo desdoblo de la misma forma, cuidando no maltratarlo.
Lo observó y analizó detenidamente por un rato. Alternaba la mirada entre este y la joven.
—Parece genuino.
—Bien, vamos a por él— ordenó Astrid.
—¿"Vamos"?— Hiccup lamentó sonar tan despectivo— Quiero decir, ¿a qué te refieres?
—Si quieres que esa cosa funcione, necesitas a alguien que pueda tocarla.— explicó Astrid— No cualquier heks puede hacerlo.
—¿Y tú sí?
—Digamos que lo descubrí a tiempo— Astrid lo respondió a la ligera— Eres un dragón, el más rápido de todos, seguro en un par de días podremos encontrarla.
—Alto, alto— Hiccup bajó el mapa, asustado por tanta insistencia y sin confiar del todo en la chica. Su lado paranoico lo estaba atacando, diciéndole que era una trampa— Ni siquiera lo he considerado, es más, no tienes ni idea de que este mapa sea real...
—Dijiste que se veía verídico.
—Hay muchos mapas que se ven así y resultan falsos— respondió Hiccup.
—¿Y si no lo es?
—¿Y si lo es?— Hiccup le regresó el mapa— Aprecio que quieras ayudarme, pero ni siquiera sé si deba confiar en ti.
—Bueno, eso se puede arreglar.
—Astrid— la llamó por su nombre. La chica era muy terca— No lo entiendes, no es algo fácil... Eres, eras una de ellas— añadió con suavidad— ¿Por qué me ayudarías?
Astrid se encogió de hombros.
—No es correcto lo que hacen—susurró, miró a su dragón, quien le alentaba a continuar— Y ellas... ellas casi me matan, no tienes ni idea...— no terminó la oración, sintiendo la rabia crecer dentro de ella— Creí que mi tía lo impediría, creí que me amaba, se siente como su toda tu vida hubiese sido una mentira, todo el cariño no fue real, ¿captas lo que quiero decir?
Hiccup hizo una mueca. No había contemplado la forma en la que la chica se sentía, pero ella tenía razón, tal vez él hubiera reaccionado de forma diferente pero...
—Si todavía no me crees, entonces podemos hacer un pacto— Astrid le tendió la mano— Si en algún momento, yo llegase a hacerte daño o tu llegases a morir, todos mis poderes se van.
—Pero...
—Es lo correcto— le interrumpió ella. Hiccup dudó, pero estrechó su mano con la de ella.— Pero si lo conseguimos, te pediré que me dejes vivir en tu isla, como una más.
Hiccup alzó las cejas, sorprendido.
—Creí que querías ir a Grønland.
—Eso fue cuando estaba asustada— Astrid estiró la comisura de sus labios, algo avergonzada de haber actuado así— ¿Estás de acuerdo?
Hiccup estrechó su mano con la de ella.
—Bien. Pero no usarás magia, lo tendrás prohibido... y acercarte a los dragones o a los...
—Niños. Lo tengo claro— a ambos se les revolvió el estómago— No suelo comer gente. No lo echaré de menos.
Ambos sacudieron sus manos entrelazadas de arriba hacia abajo.
—Si vamos a hacer esto, primero debemos dejar esas provisiones en Berk.
—Mejor, el ritual para oficiar el trato debe ser en donde nos conocimos.
Grønland: Un Vikingo muy importante en la historia de un pais un dia iba navegando despues de ser vetado de Islandia por cometer bastantes asesinatos, descubrió una enorme isla a la que llamo Grønland, la cual, actualmente conocemos como Groenlandia.
... Bien xd
Respondo comentarios uwu:
Mud chan: como siempre, es un placer leerte xd
Estamos conectadas uwu xd (Todavia no la veo, espero verla mañana xddd)
Se salvo por los pelos xd, sin embargo, no la tendran facil la proxima vez
No son terminos reales, yo los voy inventando. Mas adelante, Astrid nos los ira explicando.
Jajajaja, que extraño xd Bueno, aqui esta mi idea extraña para tu deleite xd
Ninca Chilena: La tia de Astrid es un personaje complejo, en el fondo ama a Astrid, pero... 7u7
Pues por lo menos se toleran xd
No esperes mas, aqui esta el cap.
