Ya se la saben, exceptuando por la historia y uno que otro OC, personajes y varios nombres pertenecen a DreamWorks y Cressida Cowell.
Advertencia: Puede contener temas un poco fuertes para algunas audiencias, se recomienda discreción.
El Terrible Terror dio otra vuelta en la jaula, asustado. Miro fijamente a la niña que le observaba desde afuera de la jaula, quien le miraba con bastante curiosidad, siguiendo cada movimiento con sus azules ojos. Hoy habían cambiado de color a uno mucho más claro, casi del color del cielo. Las dos trenzas le caían por los hombros, gruesas, bastante bien sujetas en correas de cuero.
Respiró rápidamente, moviendo su pecho de arriba a abajo. La niña se sintió culpable al ver la reacción del pequeño dragón, así que se apartó, para mirar a la mujer quien cocinaba algo en un caldero.
Los ojos azules le brillaron con intensidad, la curiosidad estaba rebosándole por los ojos. Bajo de la silla donde estaba trepada y se sentó correctamente en ella, balanceando sus piernas.
— ¿Tía?
—Dime— contesto la mujer, sin dejar de lado sus tareas, estaba destazando un animal que la niña no alcanzaba a ver, para luego arrojarlo al caldero.
— ¿Es cierto que mi mamá era una mala bruja?
La mujer pelinegra se quedó quieta durante un corto instante, frunciendo el ceño aprovechando que la niña no le veía, volvió a su tarea y la niña espero pacientemente la respuesta.
— ¿Dónde oíste eso?— cuestionó de forma fría la mujer. La niña frunció la boca, tal vez había hecho la pregunta equivocada, o peor. No le gustó ese tono de voz en su tía.
—Las niñas se la pasan diciendo eso todo el tiempo— respondió la niña con seguridad. — Llega a ser algo molesto...
— ¿Y por eso te peleas con ellas a golpes?
La niña se encogió de hombros para luego desviar la mirada, orgullosa, había disfrutado haberle hecho eso a las niñas con las que solía jugar, aunque, si lo pensaba mejor, lo único que hacían era pelear. Que si ella hace esto, que si no parece una bruja, que si es muy rubia, que sus ojos no parecen los de una bruja, que ella no es buena para la magia... ¡Llegaron a decirle que no era una bruja! ¡Y claro que lo era! Se sabía los mandamientos del señor oscuro al derecho y al revés, convertía canarios en sapos, extraía el veneno a las arañas, se sabía el movimiento para romperle el cuello a un Terrible Terror, sabia incluso como meterse en la cabeza de las personas solo por molestar. Ella era bastante buena.
Además, sabía leer y hablar dos idiomas a la edad de cinco años, ya hablaba nórdico y el lenguaje heks, e incluso estaba aprendiendo latín. Ella era mejor que todas esas niñas torpes.
E iba a demostrarlo de todas las formas posibles. Demostrándoles a esas niñas que no sólo sabía usar sus manos para hacer hechizos, sino para golpear.
—A veces se lo merecen, lo sé— habló la mujer, Astrid se giró, sorprendida de que su tía estuviese de acuerdo con ella— Pero no puedes hacerlo todo el tiempo, corderito, sus madres pueden ser un dolor de cabeza para mí.
La niña asintió, pero a pesar del sorpresivo comentario de su tía, no se sentía satisfecha.
— ¿Y lo era?
— ¿Uhm?
—Mi madre, ¿era una mala bruja?
Esta vez la mujer se volteo para mirar a la niña. Falda de picos corta, con gruesos mallones, botas y hombreras diminutas; ella misma recordaba haberle hecho las trenzas, así como cepillarle el cabello antes de eso. La blusa gris azulada se ceñía a su cuerpecito y las hombreras parecían ser muy pesadas para un cuerpo de ese tamaño, sin embargo, su sobrina era mucho más fuerte que otras niñas.
Sonrió con ternura. Era como tener a su hermana de vuelta. Como debía ser.
—Claro que no, era bastante buena— sonrió la mujer con nostalgia— Teníamos... nuestras diferencias, pero claro que era buena.
—¿Por qué peleaste con ella?
—No peleamos. Sólo nos distanciamos un poco, a veces la gente lo hace porque...— se frenó, sin saber exactamente qué decir, la niña todavía era bastante pequeña como para entender ese tipo de cosas— Sus vidas son diferentes.
La niña frunció el ceño.
— ¿Como?
—La gente decide otras cosas, se van separando. — Explico brevemente— Pero al final se vuelven a juntar. Tu madre vino, matamos al Red Meath...
—Y yo nací.
—Exacto. Naciste. — confirmó.
— ¿Y por qué mi mamá se fue? ¿A dónde fue?
La pelinegra trago saliva, mirando al horizonte.
— Hay ocasiones en donde la gente se va de este mundo para no volver, pero su alma se queda con el señor oscuro. Ella nos brinda su poder, y algún día yo lo haré, y todas aquí.
— ¿Cuándo será eso?
—Cuando seas muy mayor— sonrió la mujer— Tendrás más años que los que tengo ahora. Ya serás una heks completa y una bruja bastante buena.
La niña sonrió.
— ¡Claro que sí! ¡Seré tan buena que nadie se podrá meter conmigo! ¡Seré tan poderosa como tú, tía Mørke! ¡Y como mamá! ¡No dejare que nada te haga daño, porque todos los vikingos me tendrán mucho, mucho miedo!
Mørke rio con simpatía. Tenía un gran espíritu. Eso siempre era bueno.
—Estoy segura de que sí— murmuró Mørke, acercándose a su sobrina— Pero mientras tanto, yo debo protegerte. Te juro que mientras yo esté aquí, Astrid, no te pasara nada malo.
—Nos cuidaremos las dos— aseguró la niña.
Mørke asintió.
—Sí. Así debe ser.
Astrid mantenía los ojos cerrados, esperando que la cantidad de agua la hiciese caer o que desplomara la canastilla donde ella estaba. Esperaba que la ola tuviera la suficiente potencia como para hacer que litros y litros de agua se le colaran por la nariz y boca, yéndose directamente a sus pulmones, llenándolos de agua, acabando con todo el aire de estos hasta hacerlos reventar en poco tiempo. Quería que algo la golpeara para no ser consciente de eso.
Esperaba que no fuese tan doloroso como su mente le hacía creer.
Pero no paso, en su lugar, escucho como el agua de mar se movía, y caía, rápidamente al mar mismo, pero no sentía nada de agua. Abrió los ojos, aterrada de ver el agua frente a ella, pero solo vio el cielo medio amanecido de un nuevo día, así como agua yendo directo al mar.
Sin tocar el barco.
Eso sí, el barco se sacudía como loco, con amenaza de volcarse, por lo que Astrid no pudo moverse, abrumada.
La tripulación estaba en la misma situación que la de Astrid, todos miraban asombrados como el agua caía al rededor del barco, como si hubiera una capa protectora que rodeaba el barco, impidiendo que el agua pasara.
— ¿Qué está...?— Erete sintió las sacudidas y se levantó como pudo para maniobrar el barco, Hiccup también miraba la extraña cúpula que cubría el barco, sorprendido.
— ¡Wow!— exclamaron los gemelos al unísono, impresionados por el espectáculo.
Peces, algas y otras cosas caían junto con el agua, Hiccup espero ver un Escaldaron, o algún dragón marino, sin embargo, lo único que veía eran peces, algunos cangrejos y mucha agua. El barco dejo de tambalearse de forma tan violenta y pudo levantarse, esta vez, dirigió su mirada a Astrid, quien seguía en estado de shock arriba del mástil, sobre la canastilla.
Eret, sin embargo, tenía una cosa en mente, ¿cómo había sido posible? Tal vez Hiccup y Astrid ocultaban algo, tal vez algo sumamente siniestro. Snotlout pensaba en algo parecido; a menos que Hiccup fuera un santo, los dioses no le perdonarían la vida de esa forma tan evidente. Había algo oculto.
Y debían averiguar que era.
Astrid salió de su ensueño al escuchar un graznido por parte de Stormfly, Astrid asintió como si la hubiese entendido y el dragón voló directo a su hombro, enroscándose en el cuello de la rubia; ambas bajaron del mástil, viendo como los gemelos aterrizaban limpiamente en la cubierta.
— ¡Eso fue divertido!— grito Tuffnut, su hermana estuvo de acuerdo— ¡Debemos hacerlo más seguido!
— ¡Pero por supuesto que no!— contradijo Fishlegs, todavía temblando de forma incontrolable, apenas y sentía los pies en la cubierta— Fue demasiado estrés, creo que voy a...— farfullo antes de correr hasta la orilla para devolver toda la cena. Los gemelos pusieron cara de asco.
—Bueno, creo que es mejor que estar muerto— opinó Snotlout con sarcasmo. Vio a la rubia bajar del mástil y decidió confrontarla de algún modo— ¿Qué se supone que eres, rubia?
Astrid intento verse genuinamente confundida.
— ¿Qué?
— ¡Ay, a ver!— saltó Ruffnut al ver a Stormfly, quien se escondió entre los pliegues de la capa. La chica intento ver mejor al dragón, sin mucho éxito— ¿Qué es? ¿Un nadder bebé?
—Se ve muy pequeño para ser uno— habló Fishlegs, quien parecía que se había recuperado— ¿Es una clase de subespecie?
¿Qué es una subespecie?
—Ah...— murmuró Astrid, sintiendo temor de que ella diera un dato mal, por pequeño que fuese. Esos sujetos parecían ser unos expertos en dragones (la mayoría parecía serlo, más bien. Desde que salió de Red Death de lo único que habían hablado era de dragones... y de la Tryllestav).
Afortunadamente, Hiccup fue en su ayuda... de nuevo.
—Es un nadder hechizado que encontramos, ¿verdad, Astrid?— intervino Hiccup, sacándose esa mentira de la manga. La verdad es que él siempre había rescatado dragones desde que se le permitió volar lejos de Berk, en cambio Astrid...— Lo encontramos por ahí.
La chica asintió, viéndose no muy convencida.
—Iban a cazarlo un par de brujas. Creo que alguien, tal vez una bruja primeriza no apunto bien o algo así... No es importante— Astrid empezaba a ser mala mintiendo, ¿por qué ahora? Los presentes les miraron con curiosidad y ella temió que le quitaran las muñequeras. — Se llama Stormfly.
Ambos asintieron y acariciaron a la Nadder, quien todavía no confiaba en esas nuevas personas. Astrid estaba tensa, pero feliz de no haber muerto ahogada por una ola gigante.
—Creo que puedo ver la isla Nepenthe— hablo Eret, recuperando el mando del barco. Los demás volvieron a sus puestos, sin embargo, se podía percibir un aire de incomodidad. Tal vez se debía a las confesiones hechas anteriormente.
— ¿Cómo lo hiciste?— murmuró Hiccup acercándose a ella y al oído. Astrid se encogió de hombros, si era honesta, no sabía exactamente como lo había hecho o si lo había hecho ella. Tal vez su tía al final había cambiado de opinión.
—Solo necesito dormir— respondió Astrid, caminando hacia las escaleras.
¡Oh! ¡Ella es muy difícil!
— ¿También tú? Ya basta con eso— farfullo Hiccup, rodando los ojos.
Nepenthe era una isla pequeña en medio de la nada que sería meramente un borroso punto en los mapas de no ser por dos cosas bastante especiales.
Los terremotos.
Y sus aguas termales altamente relajantes. Estando a una temperatura perfecta para el clima, con burbujas que venían de la nada y un vapor que hidrataba la piel, los marineros amaban pasar el rato en aquella isla. Unos minutos allí y te volvías un ente despreocupado, comiendo cocos, bebiendo de sus licores y apreciando los atardeceres.
No tenías que preocuparte de los molestos dragones, Nepenthe no tenía ni un solo dragón en todo lo ancho de su pequeña isla. Por lo cual los ataques de dragones eran nulos; era la isla perfecta para vacacionar.
Si soportabas los temblores, claro.
Además, el agua de coco te quitaba la sed en un santiamén. Era algo amarga, pero aguantaba bastante; eso y el agua dulce ayudaban bastante a la tripulación de Eret.
Hiccup sintió una molestia en el fondo de su cabeza, escuchaba como continuamente alguien susurraba algo inentendible, como si quisieran ponerse en contacto con el alfa. Eso no era normal, salvo por Stormfly, no había ni un solo dragón en toda la zona.
¿Entonces que era? ¿Un Escaldaron? No, ellos casi nunca tenían problemas, pero lo de la ola gigante lo hacía dudar, ¿había pasado algo malo, acaso? Mientras la ola resbalaba en el barco, no había visto ningún dragón tampoco o el indicio de ninguno.
¿Qué podía ser? Se escuchaban insistentes y molestos. Con voces graves. Toothless tampoco tenía una pista de lo que podía ser, solo sabía que se trataban de dragones, cerca, bastante.
Tal vez si haya dragones en Nepenthe después de todo.
— ¡Tierra! ¡Suelten el ancla!— avisó Fishlegs, Snotlout soltó la enorme cadena de la que colgaba el ancla. Eret dejo de maniobrar el timón y trataba de mantener el barco en línea recta. Los gemelos casi saltan al mar de la emoción.
— ¡Nosotros soltamos el bote! ¡Eret, déjanos soltar el bote!
—Es el séptimo este mes, dejen de hundirlo.
—Bah, ¿qué te hace creer que lo hundiremos?— Tuffnut zafo el nudo de la cuerda que sujetaba con fuerza el bote, dejándolo caer sin cuidado, Ruff lo atrapó antes de que este se desplomara en el mar. — Ups, error mio.
Eret frunció el ceño y luego soltó un suspiro de pesadez. Luego miro a Hiccup, quien observaba la isla de Nepenthe con una expresión preocupada.
—Oye, Hiccup, ayuda a estos chicos a mantener el bote en buenas condiciones.
Hiccup pareció despertar de un trance y saltó confundido hacía el moreno, quien tuvo que repetir la orden más despacio. Hiccup asintió y torpemente caminó hasta donde se encontraban los gemelos ayudándoles con la cuerda.
—Muy bien, préstenme atención— habló Eret con voz se capitán— Lo que haremos será que uno de nosotros debe quedarse en el barco... Ya saben cómo son los piratas, dudo mucho que haya por aquí, pero... nada cuesta prevenir— Hiccup se giró, temiendo de que Eret fuese a nombrarlo a él. Había algo en Nepenthe, tal vez un dragón herido o en problemas. Él era el alfa, si había un dragón en problemas, tenía que hacer lo necesario para ayudarlos. — En fin, Fishlegs, eres el indicado, Tuff, tú también te quedas.
— ¿¡Qué!?— gritaron Fishlegs, Snotlout y Tuffnut al mismo tiempo.
— ¡No, no, y no!— negó Snotlout— Si crees que voy a acompañarte para tu loca aventura con los locos de Nepenthe...
—No están locos, solo son algo... relajados. Además, hay cosas que necesito que cargues...
—Además, ¿por qué llevarás a ese sujeto?— señaló a Hiccup, este miro hacia otro lado, algo avergonzado. — Tiene brazos y al parecer es el Gran Amo de Dragones. Esos bracitos deben servir de algo.
—Quiero vigilarlos de cerca— murmuró Eret lo suficientemente bajo como para que solo los ale estaban cerca pudieran escucharle— Bueno, si tanto insistes, Tuff, tú vas, Snotlout, te quedas. No quiero nada fuera de su lugar. Nos tardaremos poco, no más de unas horas. Si pasa cualquier cosa— les paso una especie de cuerno hueco— Tóquenlo lo más más fuerte que puedan. Peleen. Tenemos uno por cualquier emergencia. —Se giró a Hiccup— Dile a Astrid que bajaremos en cualquier momento... ¿Crees que quiera quedarse?
Hiccup se encogió de hombros, pero luego se dio cuenta de lo aguerrida que solía ser su esposa.
—Tal vez no.
Era la segunda vez que estaba en un bote, esta vez, con un montón de desconocidos y con un sujeto que se transformaba en dragón y que por cierto, era su esposo. Pegó sus mejillas cada vez más a sus rodillas, sintiendo la presión de la sangre en ellas, ¿lo había hecho ella? seguramente no, no sintió nada, ni siquiera el típico cosquilleo que te da cuando haces un hechizo. Había algo mal, algo que no encajaba del todo.
Hiccup fruncía el ceño a ratos, luego volvía a su estado sereno, se veía extraño desde lo de la ola. Recordaba haberlo visto como molesto, algo hastiado, ido e incluso hablaba consigo mismo.
¿Hiccup estaba loco? Vino a su memoria la habitación en la fragua, llena de dibujos de furias nocturnas. Al principio había creído que estaba obsesionado con aquellas criaturas, antes, claro, de saber que Hiccup era el dragón de dichas ilustraciones. Recordó la espada que todavía conservaba en su bolso, la que se suponía se prendía en llamas, ¿Por qué la había inventado? Hiccup ya podía escupir fuego, ¿para qué tener un arma que hiciera lo mismo?
¿Era por qué nadie sabía que él era un dragón? Le parecía increíble, ¿cómo es que nadie se había dado cuenta antes? Cuando vio al pueblo de Berk pudo ver que miraban a Hiccup con algo de desconfianza, entonces, ¿Cómo era Hiccup antes de que las brujas llegarán a Berk? Cuando hablaba con él no parecía el hombre más hablador, o más normal (tomando en cuenta de que era un licántropo), pero no parecía un mal sujeto.
En todo caso, Hiccup había inventado esa espada para luchar en el campo de batalla, sin usar... Su otra forma. Que valiente.
O no, en la hoja donde estaba su funcionamiento, se leía "Papá la llama Espada Dragón". ¿Era para su padre?
Pero lo más importante, ¿por qué Hiccup le intrigaba tanto? No era más que un muchacho con un pasado confuso y tal vez triste, idéntico al de muchos otros casos o a los típicos héroes en los libros que su tía Mørke robaba y luego quemaba, libros que Astrid llegaba a leer antes de que su tía los mandara directo antes infierno... Ah, literalmente. Era el muchacho que al final iba a aprender que era más que solo el dragón, que era alguien súper valioso por lo que era en realidad...
Una cosa así.
Pero, bueno, había más cosas, Hiccup ahora era su esposo. Vaya, ni siquiera tenía los dieciocho y ya tenía marido. Puede ser que su necesidad de saber de él era su infantil deseo por saberlo todo o sentir que tenía el control sobre todo, porque Hiccup ni siquiera le caía tan bien.
Luego estaba la tripulación...
—Entonces... ¿por qué estamos tan callados?— cuestionó el gemelo rubio, el cual, no parecía ser muy inteligente. Su hermana tampoco.
—Hablemos de algo interesante.
Eret soltó un gruñido a la par que remaba para mover el bote.
—Por ejemplo... ¡Hiccup!— lo llamó el gemelo con entusiasmo, el muchacho pareció despertar de una especie de ensueño— Cuéntanos como salvaste la Isla de los Defensores de su propia destrucción. — Sugirió el rubio de forma infantil.
—Tuff, no nos tardaremos más de diez minutos en llegar a la orilla...— trato de intervenir Eret.
Hiccup tragó saliva. Qué pena ser él.
—Bueno, es una larga historia, se van a aburrir de lo larga que es...
— ¡Cuenta una versión corta entonces!— interrumpió la rubia.
Hiccup miró hacia todos lados, asustado.
—Eh, bueno, es que...
— ¡Me encantan los chicos modestos!— lo halago Ruffnut con voz ronca. — Podrías, no sé, tener dos esposas...
Hiccup hizo una mueca.
—No, gracias— negó de forma diplomática, Astrid estuvo a punto de decir: "te lo regalo, si quieres", hasta que el otro gemelo intervino nuevamente.
— ¿Cómo se conocieron?
Hiccup y Astrid se miraron entre sí.
La familia de ella llego a mi Isla.
Nuestra.
Sí, exacto.
Digamos que, mi tía parece tener suficientes razones como para acabar con Berk y conquistarla, por ende llevo a todo el aquelarre hasta Berk. Fue una cuestión extraña, yo me iba a bautizar...
Juraría que ella realmente iba a matarnos.
Y yo iba con toda la intención...
—Sí, bueno, estábamos... en... eh... el bosque, era de eh, noche... Y la vi— explicó Hiccup sin encontrar nada que inventar— ¿No es así...?
Astrid le interrumpió antes de que este pudiera decir algún apodo artificialmente cursi. Conociéndolo, iba a decir uno malísimo.
—Ah sí, estaba a punto de matarlo— soltó Astrid sin preocuparse demasiado en lo que estaba diciendo. Vio a los presentes quedarse estupefactos— Es que no le veía bien la cara.
— ¿¡No reconociste quien era!?— Tuffnut no podía creerlo. Hiccup debía ser tan famoso como los mismísimos dioses— ¿Cómo?
Astrid se encogió de hombros.
—De donde vengo, nadie conoce a Hiccup— respondió ella como si fuera lo más natural del mundo.
Esta vez fue Eret el que hizo la pregunta:
— ¿Y de dónde vienes?
—Es lejos.
La profundidad del agua se fue haciendo cada vez más pequeña, al grado que ya se podía escuchar el rasgueo de las rocas de la costa contra la parte baja del bote. Hiccup rodeo con su mano la muñeca de Astrid, por encima de la muñequera, con delicadeza, como si pudiera permiso para tomar su mano. Ella no hizo otro movimiento.
El bote encalló y todos se dispusieron a bajar.
— ¿De verdad jamás habían venido hasta aquí?— cuestionó Hiccup, bajando del bote y dispuesto a ayudar a Astrid. Ella al principio rechazo la ayuda, sin embargo, al casi perder el equilibrio, no tuvo de otra que sostenerse fuertemente del brazo que le tendía Hiccup.
—Gracias— mascullo ella con orgullo, Hiccup alzó las cejas, como si dijera "de nada" silenciosamente.
—Con cuidado— murmuró el castaño.
—No. Ciertamente no. Siempre compramos el agua de coco de aquí en el mercado. — Respondió Eret mirando el entorno— Qué extraño... No hay nadie aquí.
— ¿Debería?— Hiccup frunció los labios, buscando con la mirada a alguien al rededor. Los gemelos buscaron entre los arbustos.
—Eh, pues siempre hay alguien cuidando... las playas...— contestó Eret en voz baja— Tiene que haber...
Escucharon un murmullo entre los arbustos, se giraron rápidamente y vieron la sombra de alguien bastante pequeño de estatura. Hiccup tragó saliva, ¿era una isla de enanos? A menos que fuera un niño.
La sombra jadeo, para luego echarse a correr, como aterrado, el grupo lo siguió, tratando de que ninguno lo perdiera de vista. Hiccup escuchó atentamente, buscando a algún dragón que pudiese ayudarle, pero no escucho a nadie, solo el murmullo de algo.
¿Puedes ayudarme?
D...oro...
¿Amigo? ¿Puedes ayudarme?
Rrr...
Se rindió, no podía comprender nada.
— ¡Rodeenlo!— ordenó Eret.
— ¡Lo vas a asustar!— advirtió Astrid. — Cree que vamos a hacerle daño.
— O quiere advertirles a todos sobre una invasión, cuando obviamente no es el caso.
¿Hay algún dragón por aquí? ¡Quien sea!
La personita resbaló con una rama y cayó de cara al suelo. Astrid hizo que los demás bajarán el paso, se acercó lentamente hasta él, tratando de no hacer mucho ruido, el niño trato de levantarse, pero un dolor agudo en su rodilla se lo impidió.
—Hey, tranquilo— murmuró Astrid el niño le miró, asustado y sin entender. Ella miro a los presentes, como esperando algo— ¿Estas bien?
El niño murmuró algo en un idioma extraño.
— ¡Farðu frá mér!
Astrid comprendió lo que estaba pasando. Colocó una rodilla en el suelo, tomo un puño de tierra y murmuró algo lo suficientemente bajo para que la tripulación no le oyera.
—Språk.
El niño se estremeció, sujeto su rodilla y la miro con terror.
— ¿Er allt í lagi? ¿Estás bien?— preguntó ella, esta vez en el idioma natal del niño, los demás la miraron boquiabiertos, el niño también se asustó bastante. Tenía formas en el rostro hechos con pigmentos, así como la piel más oscura que Astrid vio alguna vez. Era linda, como el color de la madera oscura de los robles, y se veía suave. El niño titubeo.
—... No. — el niño abrazo su rodilla— Me duele.
—¿Es tu rodilla?— cuestionó Astrid, señalándole— ¿Puedo verla? Tal vez pueda curarla— aseguró ella tratando de inspirarle confianza. El niño siguió mirándola sin confiar en ella— No estamos aquí para hacerles daño. Solo queremos algo de comer.
— ¿Qué le estas diciendo?— inquirió Eret— ¿Ya le dijiste que no lo mataremos?
Astrid hizo mala cara, luego agradeció que el niño no pudiera entenderles para nada.
—Se lastimó, quiero saber si hay alguien que hable escandinavo— repuso Astrid como si se lo explicará al niño, sin embargo, la explicación era para Eret— Eh, ¿sabes de alguien que hable como mis amigos?
El niño asintió. Sus ojos negros y fijos estaban suavizándose, alejando el miedo.
—Calder— murmuró el niño—El señor Calder habla como ellos— señaló a Eret. Hiccup seguía como perdido en sus pensamientos, los gemelos por primera vez en el viaje estaban quietos. — El rey Mikkel también.
— ¿Calder es el rey?
—No, no— el niño negó con la cabeza— Calder es el general, nos protege a todos. Sé dónde está.
— ¿Querrías llevarnos?
—Pero me duele— señaló la rodilla.
Astrid buscó en su bolso, debía quedarle todavía algo de poción de flightmare. A la luz del día, la poción no brillaba; sacó el frasco y un pañuelo, lo mojó un poco e hizo un ademán para que el niño descubriera la herida. Con mucha timidez el pequeño lo hizo y mostró una herida abierta y profunda.
—Eso se ve mal.
— ¿Qué es eso?— preguntó el niño.
—Agua que cura— evadió Astrid— Sirve, te lo prometo.
El niño se dejó hacer, lo relajo el dejar de sentir dolor una vez la chica puso ese pañuelo húmedo contra su piel. Presionó durante unos instantes y retiro el trozo de tela, revelando una piel oscura saludable y brillante.
El niño movió la rodilla con asombro, ¿cómo lo había hecho?
La tripulación también le vio maravillados. Eret trato de no verse muy asustado, principalmente porque no tenía ni idea de lo que el niño y Astrid estaban diciendo, pero ahora... Ahora Astrid curaba de la nada a un pequeño. Los gemelos sentían que la baba resbalaba por sus barbillas.
Hiccup tenía cara de preocupación, buscaba en su mente cualquier excusa que pudiese usar. Sonrió con preocupación y pesadez a un inseguro Eret.
—Ella... hace eso todo el tiempo— aseguró Hiccup.
— ¡Vaya, gracias! ¡Esta como nueva!— agradeció el niño, levantándose de un salto, Astrid sonrió y se encogió de hombros— Los llevare con Calder, no está muy lejos... ¿Cómo se llaman?
—Me llamo Astrid— se presentó la rubia, luego se levantó para presentar a los demás— Ellos son los gemelos, Ruffnut y Tuffnut. Mi... Eh, pareja Hiccup y Eret, el capitán.
—Creo que acaba de presentarnos— murmuró Tuffnut a Eret, quien seguía viéndose impasible.
— ¿Qué le habrá dicho de mí?— cuestionó Ruffnut.
—Duh, que eres feísima.
— ¡Cállate, cerebro de pescado!
— ¡Fea con f de foca!
—Son... buenas personas— aseguró Astrid, tratando de convencer al niño. El niño solo se rio y le pidió seguirlos, pero luego se detuvo, como si recordará algo.
—Él— señaló a Hiccup, quien dio un salto en su lugar— ¿Cómo dijiste que se llamaba?
Astrid hizo una mueca.
—Hiccup. Hiccup Haddock.
Al niño se le iluminó la cara. Sonrió y parecía que quería reanudar la marcha con más ganas que antes.
— ¡Calder tenía razón! ¡Él va a salvarnos! ¡Por fin se podrá cumplir la profecía!— grito el niño, corriendo en dirección a la selva, probablemente de camino a la aldea. Astrid no tuvo tiempo de preguntarle nada, sin embargo todos emprendieron la marcha.
— ¿Cómo sabes hablar su idioma?— cuestionó Eret, todavía incrédulo.
— ¡Sí, parece que estuviste aquí!— aseguró Ruffnut.
—Lo aprendí de un libro— evadió la rubia nuevamente.
— ¿Y qué hay de esa agua milagrosa?— inquirió Tuffnut.
—La compre por ahí...
—Pues tienes que decirnos en donde, parece ser muy útil— replicó Eret en forma acusadora. Astrid no se dejó intimidar, sin embargo, por dentro estaba si entiendo temor de ser descubierta.
Esquivando ramas, y sin poder rastrear a un dragón (cosa que hacía que Hiccup se viera mucho más ausente que antes), llegaron hasta la aldea, donde casi no había personas. Sólo unos extraños pozos y algunas piscinas humeantes, había gente adentro, otros caminaban con expresión perezosa. La tripulación los ignoró hasta que llegaron a una especie de casa, el niño se adentró en ella, gritando cosas en el idioma natal de Nepenthe.
— ¿Qué dice?
Astrid se concentró.
—Creo que dice algo como... "Salvador ha llegado"...— repuso ella en voz baja— Hace calor— se quejó, aflojando el nudo de su capa, lamento no poder quitarse las muñequeras de piel, las marcas ardían con el calor.
El niño salió de la casa, con un hombre rubio, de ojos azules en una inmensa capa cubriéndolo todo el cuerpo, el sujeto corría sorprendido fuera de la casa. Reparó en los recién llegados, abrió la boca, con sorpresa.
—Miliar!— gritó el hombre, los demás se miraron entre sí— Þú ert sá sem við vorum að bíða eftir, frelsari okkar!— dijo, Astrid lo miro con cara de confusión. El hombre parecía solo hablarle a un Hiccup ausente— Guðirnir hafa heyrt bænir okkar!
— ¿Qué dicen?— cuestionó Eret.
—Qué los dioses escucharon sus plegarias, al parecer... estaban esperando a Hiccup... o a nosotros.
— ¡Hiccup Haddock!— nombró el hombre rubio, con largos cabellos cayéndole por los hombros. — ¡Hemos estado esperando por tanto tiempo por usted...!
— ¿Eh?— Hiccup despertó del ensueño, de nuevo— ¿A mí?
— ¡Sí, usted! ¡El único capaz de detener los terremotos!— Hablo el hombre en escandinavo, los demás se sintieron aliviados de por lo menos entender dos frases en aquella isla— Nos han hablado maravillas de usted, los dragones...
— ¿Dragones?— cuestionó Hiccup, no esperaba que mencionaran a las criaturas, aunque, dentro de sí se lo esperaba un poco. — ¿Hay dragones aquí?
—Nos dijeron que esa era la razón de los terremotos... Y que usted era el único con el poder de ayudarnos.
Nepenthe era cálida, bastante, al grado que la humedad los hacia sudar como si estuvieran atrapados en una olla de caldo hirviendo. Las piscinas repletas de agua humeante no ayudaban en nada respecto al clima, alimentaban la humedad con el vapor y se encontraban de forma irregular en todas partes.
Astrid tuvo una idea al respecto.
— ¿Y si están debajo de la tierra?— sugirió ella, Hiccup asintió, pero no se veía muy convencido. —Hay varios hoyos, están llenos de agua pero...
— ¿Algo como un Grito Mortal?— murmuró Hiccup— No he escuchado que salgan del agua.
—Tal vez son nuevos tipos de dragones.
—Dragones que susurran cosas extrañas— repuso Hiccup, algo harto de escuchar susurros en su cabeza, Astrid le miró sin entender. — He estado escuchando susurros en mi cabeza desde que vinimos aquí.
— ¿De tu parte dragón?
Hiccup hizo una mueca.
—No... Bueno, soy una especie de alfa. Todos los dragones me siguen y... esas cosas. Casi siempre me llaman cuando hay problemas— explicó Hiccup— Pero esta vez... Sólo susurran cosas. Que no podemos, puedo, entender.
Negó con la cabeza.
Astrid hizo una mueca, la idea de gritos mortales acuáticos no era una mala idea en el momento, sin embargo, le preocupaba que Hiccup no hablara demasiado.
—...Yo mismo les presentaré al rey Mikkel— Calder no había dejado de hablar con el grupo, bastante emocionado. — Debe estar por aquí, meditando o algo... Es maravilloso que estés aquí, Hiccup Haddock. Se escuchan maravillas de usted en todas partes.
— ¿Ah sí?— Hiccup parecía estar en un punto medio entre sorprendido y bastante acostumbrado a aquello. — ¿Qué le han dicho de mí?
—Qué es el gran maestro de dragones, sabe todo sobre ellos, como si les leyera la mente— Calder se giró hasta quedar frente a Hiccup— Hemos escrito cartas estos últimos días, pero nunca recibíamos respuesta.
—Digamos que Berk no está en su mejor momento— evadió Hiccup.
— ¿Cómo está Stoick The Vast? ¿No le parece irónico que su padre sea el mayor cazador de dragones y usted sea el mejor entrenador...?
—Mi padre está...— Hiccup se mordió el labio, la palabra "muerto" le pesaba bastante— Mi padre falleció hace unos días.
Calder se quedó estático, Eret miró a Hiccup durante unos segundos, apenado, para después bajar la cabeza. Los gemelos también se quedaron mudos, sin saber que decir.
—Esa es una lamentable noticia— murmuró Calder— No tenía ni idea...
—No es culpa suya. Ahora...
—Pero, si no le importa, todos venimos de paso— cortó Eret, atrapando la atención del hombre rubio— Solo buscamos algo de agua y comida que comprar.
—Oh...
—Pero, si me dicen en problema no creo que nos tardemos demasiado en resolverlo— intervino Hiccup— ¿Solo han ocurrido terremotos?
—Más fuertes que antes. Las casas amenazan con caerse. — explicó Calder, Eret negó con la cabeza, si aquello los retrasaba sería culpa del "Gran Entrenador de Dragones"— Creemos que es una señal de los dioses, pero luego nos dimos cuenta de que tal vez sean dragones. — Llegaron hasta una playa, donde se encontraba una silueta de alguien meditando— Llegamos, el rey sabe un poco más de esto.
Hiccup y Eret se miraron entre sí. Luego ambos caminaron hasta donde se suponía estaba el rey.
—Eh, ¿Hola?— hablo Hiccup, confundido por la situación.
—Somos...
El sujeto se giró. Tenía el cabello rubio dorado en rastas que le llegaban hasta los hombros, con una túnica bastante parecida a la de Calder, tenía un bastón, y solo alzó las cejas cuando vio a los recién llegados.
Con los ojos, recorrió las caras de todos, intentando reconocerlos.
—Nýliðar!— Exclamó. — Hver ertu?
Hiccup miro a Astrid, quien era la única que podía entender el extraño idioma. Ella suspiro antes de traducir.
—Pregunta que quienes somos. — le aviso a ambos.
Eret dio un paso frente a Hiccup.
—Hola, soy Eret, Hijo de Eret. Capitán de la tripulación de Eret, la más honorable en todo el archipiélago; esta es mi tripulación: los gemelos Tuffnut, Ruffnut, Hiccup y Astrid... Ella al parecer puede entender todo lo que dicen. Rey Mikkel...
El chico (porque eso era, un chico, no parecía tener más de la edad de Eret), hizo cara de sorpresa, para luego sonreír.
— ¿Hablan escandinavo? ¡Haberlo dicho antes!— reparo el rey usando un perfecto escandinavo para hablar— No me llamen Mikkel, por favor, Mikkel era mi padre. Ustedes pueden llamarme Mik.
— ¿Mik?— repitió Ruffnut.
—Exacto, Mik— el rey se levantó con despreocupación. Era extraño, el hombre no parecía estar preocupado por la situación de la isla.
—Qué estilo— exclamó Tuffnut.
— ¿Y en que puedo ayudarles?— inquirió el rey— ¿Vienen de paso? No esperen mi autorización para usar nuestras famosas piscinas, úsenlas cuando deseen.
— ¿En serio?— gritó Tuffnut, ansioso por meterse en las pozas humeantes— ¡Yuuuuhuu!— dijo antes de correr hasta una de ellas, quitándose la ropa.
Eret intentó frenarlo, sin embargo, Tuffnut ya estaba bastante lejos.
—Disculpe, Rey Mikkel...
—Mik.
—Eso, rey Mik— corrigió Eret, sintiendo irritación. Aquella isla era bastante... relajada, daba la sensación de que a nadie le importaba absolutamente nada— Venimos de paso, eh, queremos saber si nos podrían vender algo de comida, comida que dure, y agua. Tenemos un largo viaje por delante, así que si es tan amable...
— ¡Oh, pero por supuesto!— Mik se veía bastante feliz de tener gente nueva en su isla. — Por favor, tomen lo que necesiten...
—Respecto los terremotos, rey— Calder llegó por detrás y se metió en la conversación. Mik parpadeo, confundido— Hiccup Haddock está aquí.
— ¿¡En serio!? ¿¡Dónde!?— Mik miro en todas las direcciones, esperando encontrar a alguien. Tenía la esperanza de ver a un hombre tan alto y fornido como Stoick The Vast. Hiccup saludó con su mano de forma tímida.
—Hey— saludó con timidez, Mik le miró con incredulidad— Me dijeron... que tienen un problema de temblores.
— ¿Temblores?
Justamente Mik había terminado de decir esa palabra cuando la tierra empezó a sacudirse, vibrando con intensidad sobre sus pies, el mar reaccionaba también, yéndose hacia atrás. Astrid casi pierde el equilibro de no ser por Eret, los gemelos seguían en el agua, pero no parecían tener mucho interés, es más, les parecía genial la forma en la que el agua se movía.
Mik se quedó en su lugar, sin tambalearse a diferencia de los recién llegados. Calder solo se balanceo un poco.
— ¿Ah, esto?
Paró a los pocos segundos. Hiccup escucho en su cabeza otro susurro inentendible.
Doooooo...
¿Qué pasa? ¿Sabes hablar?
RRRRRRR...
Hiccup se enderezo, harto de no obtener una respuesta clara. Mik seguía en su sitio, sonriendo.
—No son tanto problema, siempre han existido. — excusó Mik, como si realmente no importará.
—Es lo que le estaba explicando, su majestad— intervino nuevamente Calder, Mik negó con la cabeza.
—Calder, ya te he dicho que no me llames su majestad, nada ha cambiado. Mi padre ya no está, tome su lugar, sigo siendo el mismo.
Hiccup sintió una punzada en su corazón, Mik era el único que tal vez le comprendía un poco, sin embargo no había ni una pizca de tristeza en toda esa oración.
—Claro, señor, Mik... Los temblores son más fuertes. Pueden que se traten de dragones.
— ¿Dragones? ¿En dónde estarían? ¿Bajo la tierra?
—Es lo que quiero averiguar— respondió Hiccup, metiéndose en la conversación— Sí se tratan de Gritos Mortales... eh, dragones que están debajo de la tierra, puedo resolverlo rápidamente.
Mik asintió lentamente.
—De acuerdo, Oye, ¿que no eras el mejor entrenador de dragones?
Hiccup se vio apenado.
—Eso parece.
— ¡Salgan de ahí o se arrugaran como pasas!
Astrid miraba las plantas y se llevaba las que eran útiles para algunas pócimas. Stormfly volaba al rededor, buscando de igual forma plantas. Astrid le indicaba algunas que estaban en lo alto de los árboles.
La muchacha las guardaba en frascos o las hacía bolita para luego meterlas en su bolso. Suspiró, acalorada; se quitó la capa y paso su trenza hacia un hombro, despejando su nuca, sostuvo la capa con su antebrazo, abanicándose con la mano libre.
Se detuvo, había escuchado algo en las ramas, más pesado que Stormfly. Miró hacia arriba, con la esperanza de ver un dragón, por irónico que sonase; sin embargo, no vio nada.
No movió ni un músculo, esperando otro sonido. Se sentía acechada, observada.
Se giró lentamente, deseando que Hiccup o Eret estuviesen detrás de ella, mirándola con despreocupación. Pero no sentía que esa pesada observación fuese por parte de alguno de los dos.
El corazón se le disparó cuando vio a Calder ahí plantado. Abrió los ojos con sorpresa, sintiéndose expuesta sin saber porque.
— ¿Necesita algo?— habló ella, consiguiendo hablar sin que la voz le temblará. El hombre no se movió. No había querido admitirlo, pero esta isla le estaba dando mal rollo. — ¿Calder, verdad?
—Es usted la esposa del señor Haddock— No había sido una pregunta, pero de todas formas Astrid asintió, confundida a punto de llamar a su cuchillo-hacha— No sabía que estuviera comprometido.
—Nuestro matrimonio fue muy rápido— zanjó Astrid, sin querer entrar en detalles.
—Tu piel es muy blanca.
El cuchillo estaba asomándose en la bolsa. Astrid entre cerró los ojos.
—No me malinterprete, es que aquí hace bastante sol, nuestra piel se opaca— explicó rápidamente Calder, Astrid frunció el ceño, no muy convencida— Pero usted... Su piel es en serio blanca, ¿De dónde es usted?
Astrid mordió uno de sus carrillos.
—Está lejos... muy lejos.
— ¿Más que Berk?
Astrid no estaba muy segura de eso.
—Tal vez— espetó, no muy segura. Se giró y trató de llamar a su dragón, dispuesta a acercarse a Hiccup (quien no estaba por ningún lado), o a Eret. Silbo, no muy segura de que funcionara, sin embargo, Stormfly voló en su dirección.
— ¿Tú lo entrenaste?
—Hiccup me ayudó— mintió Astrid, esta vez más segura de lo que estaba diciendo— La salvamos de un montón de...
—Brujas— completo la frase Calder en voz baja y grave, al grado que hizo que Astrid se estremeciera.
—Sí— Astrid se sintió mejor de tener a Stormfly en posición de pelea en su hombro. Se alegró de que Eret estuviese cerca de una piscina a unos cuantos metros, vigilando a los gemelos. — ¡Capitán Eret!— llamó Astrid y este se giró al instante, el pareció darse cuenta de la situación, por lo que no dejó de mirar a Calder— ¿Necesita ayuda con algo?
Eret miró durante un segundo a los gemelos, luego, al darse cuenta de que Hiccup estaba quien sabe en donde, decidió asentir.
—Hay que poner en cajas algo de comida.
Astrid sin pensarlo, fue en su dirección, ignorando la silenciosa presencia de Calder. Una vez el bolso estuvo fuera de su visión, tomó el cuchillo-hacha dispuesta a lanzárselo en la cara si llegaba a pasarle algo.
—Da mal rollo, ¿eh?— susurro Eret una vez Astrid estuvo lo suficientemente cerca.
Ella suspiró. Bastante.
—Es un poco raro.
Hiccup miró las piscinas, no se veían muy profundas, ninguna pasaba del metro y medio. Por ende, no parecían albergar a nada. Además, los gritos mortales eran bastante territoriales, de estar debajo de la isla, ya se habrían mostrado y atacado a alguien. En especial a los niños que nadaban plácidamente en las aguas cálidas.
¿Por qué eran cálidas? Usualmente el agua caliente venía de las cuevas o del subsuelo. Esta agua estaba a la intemperie y nunca perdía la temperatura.
Nuevamente la tierra se sacudió, pero con menos intensidad. Hiccup casi cae hacia el agua.
Mmmmmm...
No le gustaba para nada esa isla, Toothless se sentía incómodo, al grado de que no hablaba demasiado. La gente actuaba extraño, con una naturalidad e indiferencia bastante... aterradora. No les importaba mucho que sus casas pudiesen caerse en cualquier momento.
Bueno, esto no parece ser por obra de dragones. No hay ni uno solo en la isla salvo por él y Stormfly.
Astrid no se siente bien. Huele como una presa, dulce, salada...
Hablando de Stormfly, podía oírla con claridad. Hiccup supo al instante que Astrid tenía algo de miedo, no demasiado, pero estaba alerta.
Esta isla era extraña.
—Voy para allá— murmuró Hiccup, al levantarse de su posición la espalda se quejó un poco. Necesitaba más de esa cosa que curaba.
— ¿Encontró dragones, señor Haddock?
Hiccup casi grita del susto, respiró hondo antes de recobrar el aliento girarse hasta donde Calder. Calder tenía una ceja alzada y miraba con atención a Hiccup, como si analizará cada detalle de su persona; le daba miedo, había algo en el que le parecía perturbador, pero no sabía que era. Su mirada estaba pérdida, tenía ojeras y se veía nervioso casi todo el tiempo.
¿Realmente le habían mandado cartas al Berk? El rey no parecía muy al tanto de eso, es más, se veía fuera de lugar y... drogado. Sí, esa era la palabra correcta, todos en esa isla parecían drogados, como si hubiera algo mal en sus sistemas, como si hubieran comido o inhalado algo.
Hiccup miro el agua por una fracción de segundo.
—Hey, hola Calder— respondió al fin el castaño. — Me asustaste, eres muy silencioso...
—No era mi intención. — Se disculpó Calder. — Solo quería saber si usted había encontrado algo sobre los dragones.
Hiccup alzó la ceja. Había dicho: "dragones" en ese tono tan extraño... Se encogió de hombros, tratando de no verse muy intimidado.
O asustado.
—No parece haber por aquí— Hiccup señaló las piscinas— No se ven tan profundas, por lo que no es posible que un dragón viva en el fondo de ellas. No hay reportes de gente... ya sabes, atacada, ¿cierto?
Calder sonrió.
—Digamos que no se saben muchas cosas por aquí, Jefe Hiccup— Hiccup tembló.
Que deje de llamarnos así, da miedo. No está bien.
— ¿Qué...?
Temblor.
—Esta noche habrá un banquete para ustedes, el rey quiere celebrar que usted llego hasta Nepenthe para ayudarnos— avisó Calder. — Será una noche muy especial.
—Pero nosotros nos iremos una vez que Eret haya abastecido el barco, no nos quedaremos mucho tiempo...
—Solo es un rato. Merecen descansar después de todo.
Hiccup no estaba muy convencido.
— ¿Ya se lo ha dicho a Eret?
Calder sonrío con todos los dientes, haciendo una mueca bastante aterradora. Hiccup podía olerlo, sabía que había algo mal, algo torcido...
Tenían que salir de ahí.
Salvo por los gemelos, ninguno de los recién llegados se sentía con las ganas de comer. El rey estaba sentado en el extremo de la mesa a la intemperie, bebiendo y riendo junto con los otros aldeanos, quienes tenían la misma piel bronceada. Hiccup seguía sintiéndose amenazado y no ayudaba para nada que no pudiera entender nada de lo que decían esos susurros en su cabeza, no quería apartarse del grupo porque el mismo podía detectar las feromonas asustadas de Astrid, y si esas personas resultaban ser unas asesinas de forasteros, no quería dejar de caminar lo que quedara de su vida.
—Rey Mik—empezó Eret antes de que Hiccup pudiera decir algo el rey se giró hacia ellos, esperando que Eret siguiera hablando—De verdad tenemos que irnos, creo que con lo que ya nos han brindado es suficiente…
— ¿Ah sí? Creí que querían quedarse como los otros…
— ¿Otros?—murmuro Astrid, estuvo a punto de levantarse cuando escucho un estruendo, los presentes se volvieron para descubrir que los gemelos habían estrellado sus cabezas en la mesa, completamente inconscientes, Astrid jadeo y trato de tocarlos, pensando que estaban muertos o desmayados.
Esperaba que fuera la segunda opción.
Eret se levantó, entre enojado, asustado y sin un quicio de paciencia, pensando que su tripulación había sido envenenada.
— ¡Fue una trampa!—exclamo el pelinegro, Hiccup se levantó también, apoyando a Eret, Astrid palpo los cuellos de ambos gemelos, mientras que el rey hacia cara de espanto y se desvanecía tal y como los gemelos lo habían hecho. Los aldeanos se levantaron lentamente— ¿¡Que les han hecho!? ¿¡Pero que…!?
—Estarán bien, nuestras aguas hacen esa particularidad—repuso Calder, levantándose lentamente—No hay que ponernos de esa manera, si nos da lo que estábamos esperando, Jefe Hiccup.
—Quiero saber que les paso a mis gemelos—insistió Eret con voz firme.
—Están vivos—informo Astrid, confundida—Es como si estuvieran…
—Dormidos—completo Calder, con tranquilidad aterradora—se les quitara en un santiamén.
— ¿Qué es lo que se supone que quieren de mí?—intervino Hiccup, ahora se sentía culpable.
—Algo bastante sencillo, Jefe Hiccup—Calder hizo una seña—Pero hay que aprovecharnos de que no hay suficientes dragones para matarnos, ¿no?
Astrid esquivo los brazos de un sujeto que intento capturarla, otro sujeto la atrapo por detrás, sujetándole los brazos, otros dos atraparon a los gemelos, quienes seguían inertes, cargándolos sobre sus hombros; Eret peleo con otros dos hasta que lograron someterlo tomándolo del cuello y aplastando su cabeza contra la mesa, Hiccup intento atacar directamente a Calder hasta que alguien le golpeo en la espalda, aturdiéndolo por completo por el dolor de las heridas a punto de cerrar.
La rubia al ver la escena se retorcio en los brazos de su captor, buscando los puntos débiles del hombre, tal y como le había dicho su tía. Encontró una parte blanda y el golpeo como pudo con todas sus fuerzas, el sujeto la soltó y ella pudo ir en su ayuda, esquivando a todos los aldeanos, Stormfly lanzaba fuego a la cara de los captores mientras Astrid trataba de hacer que Hiccup se pusiera de pie.
—Fue un lindo banquete, pero tenemos que irnos—finalizo Astrid de manera irónica, trato de pensar en un hechizo que pudiera ayudarlos, pero era inútil, cualquiera podría llamar demasiado la atención.
—¡Nadie se ira hasta que el Furia Nocturna llegue y la profecía se cumpla!—negó Calder, mirando al cielo de forma casi teatral, sin embargo, lo estaba diciendo con tal sentimiento que parecía decirlo de verdad—Y tu… nos servirás como ofrenda predilecta—Calder los alcanzo antes de que cualquiera pudiera correr, Hiccup fue derribado una vez más, haciendo que sus heridas sangraran de sobre manera, Astrid se vio sometida tal y como Eret lo estaba—No necesitaras estas cosas…— empezó a deshacer las ataduras de sus muñequeras, Astrid empezó a sudar, alguien había derribado a Stormfly.
— ¡Suéltame!—jadeo ella, preocupada por las marcas en su piel y por su dragón— ¡Lunático! ¡Suéltame o yo…!
— ¡Hey, déjala tranquila!—se retorció Eret, Hiccup trato de evitar cualquier abuso levantándose, pero cualquier amago de hacerlo era una patada o golpe a su espalda, haciendo que gimiera de dolor.
Astrid mordió el mano de Calder, sin tener ningún resultado favorable, vio que golpeaban a su dragón hasta dejarlo inconsciente y grito de rabia. Quería maldecirlos en voz alta, pero noto su muñeca desnuda y medio libre, la cual aprovecho para atinarle un puñetazo al rubio.
El hombre bloqueo el ataque y aprecio las marcas de bruja en la muñeca de la muchacha, también lo hizo Eret y todos en la aldea. Astrid jadeo impotente y en busca de soltarse.
—Sabía que había algo muy extraño contigo— murmuro Calder, Astrid sintió asco por la manera en la que el sujeto había murmurado contra su piel—Lograremos tantas cosas… y los dioses nos harán más caso si quemamos a uno de los sirvientes de Satanás… ¡Cúbranle la boca! ¡Es una bruja!
No de nuevo, pensó Astrid.
— ¡Átenla con la hiedra mata brujas!—ordeno Calder—a los demás llévenlos a mi cabaña y asegúrense que el señor Haddock este lo mas cómodo posible—pidió para luego patear el estómago del muchacho con fuerza. Hiccup tosió sonoramente una mezcla entre saliva y algo de sangre, después lo levantaron para llevárselo.
— ¿Qué mierda…?—gimió Hiccup, sin fuerzas— ¿… que mierda es lo que quieres?
—Quiero salvar a este pueblo de la destrucción—aseguro Calder—detener todos los terremotos, atender mi señal e ir a hacia mi destino, el destino que los dioses pusieron solo para mí—explico a un Hiccup todavía bastante confundido—Rechazar este inútil e inservible cuerpo de humano.
Hiccup sintió que Toothless se dormía, quizá desmayado por el dolor, pero ninguno pudo evitar notar esa última frase que había usado Calder.
— ¿Qué?—jadeo sin entender— ¿Qué tiene que ver tu cuerpo?
Calder sonrió y dejo caer su capa mostrando montones de cicatrices en su cuerpo, todas siguiendo un patrón que asemejaba a dibujos de escamas parecidas a las de los dragones, estaban en todo su torso y seguían por los brazos y espalda, deteniéndose en el cuello. En su sonrisa los dientes estaban puntiagudos, como si hubieran sido limados hasta asemejar los colmillos de un dragón. Los ojos de Eret, Hiccup y Astrid se abrieron de par en par, impresionados por todas esas deformaciones al cuerpo de aquel hombre.
— ¿¡PERO QUE CARAJO!?—grito Eret al borde la histeria. Hiccup dejo de mirar las cicatrices del rubio porque sentía que si volvia a hacerlo, iba vomitar bilis.
— ¿No es obvio, capitán Eret? He vuelto mi cuerpo mucho más hermoso—respondió Calder, Astrid trago saliva, luego sintió un tirón, así como la sensación que alguien le estaba quemando los tobillos. Una mujer le ataba los pies con sparers para que Astrid no pudiera moverse, ella grito de dolor—Me he deshecho de mi vieja piel, Jefe Hiccup, he manipulado esta con sangre para que fuera parecida a la de verdad.
"¿Qué opinan de mi verdadera forma?—hubo un silencio general— ¿Sabes? Siempre me sentí identificado con usted, jefe, un niño que no podía salir a jugar con los otros, siempre a la sombra de algo que no me dejaba avanzar… Hasta que entendí que era diferente... Que no era como los demás, que yo no podía ser como los otros…
Hiccup se lo pensó por un momento, ¿era Calder igual él? No, claro que no, Hiccup no era un lunático que se había deformado el cuerpo.
—Desde mi nacimiento, he sido un dragón oscuro y enroscado atrapado en la carne débil de un hombre. Pero eso está a punto de cambiar para mí y para todos, pondré fin a los terremotos, podremos fin a todo el dolor en mi interior, y será gracias a mí, al hijo de un dragón. El heredero de la serpiente.
Perdonperdonperdonperdonperdonperdon
Lo siento, estuve algo ocupada estas ultimas semanas, pero ya esta aqui. Hiccup y la tripulación se han quedado en un pesimo lugar para quedarse, Nepenthe en el mandato de Calder es un lugar peligroso, en especial si estese cree el mitico Heredero de la Serpiente, ¿podran salir del lugar sanos y salvos?
Este y el siguiente cap seran algo fuertes, quedan advertidos xD
Contesto RW:
chey120: Holis uwu
No tienes que esperar mas, aqui esta la continuacion uwu, me alegra que te este gustando la historia, es un placer escribirla.
Mud-chan:
Yo tengo aprecio por todas las personas que se dan el tiempo de comentar e incluso de las que leen. Es muy bonito uwu
No te preocupes, a todos nos pasa, hasta a mi estos ultimos dias, pero ya todo esta mejor... Algo malo esta pasando ahora, de hecho xd, pero seguro nuestros chicos sabran que hacer...
o no xd
Morke es extraña, un personaje muy complejo, pero tambien se entiende que despues de todo, ella crio a Astrid y que, de algun modo, se encanriño con ella. No se ve que la hay maltratado o algo... Ademas, hay algo en Hiccup que es importante.
Oh, no xd, la pandilla es parte clave y claro que no me olvide de ellos, seran de gran ayuda para que Hiccup pueda curarse. Aunque llegar a Nepenthe... no fue de sus mejores ideas xd
No spy muy buena haciendo caps cortos, pero estoy haciendo un esfuerzo muy grande xd
El hecho de que Hiccup y Toothless compartan un mismo cuerpo es un problema demasiado grande, mas de lo que Hiccup puede sobrellevar, sin embargo, el no quiere ver el problema...
Chale, vas cerca del final xd
De nada, un placer uwu
Gracias por llegar hasta acá, me alegra leerlos
