Pues ahi va otra vez: exceptuando por la historia y uno que otro OC, personajes y varios nombres pertenecen a DreamWorks y Cressida Cowell.
Advertencia: Puede contener temas un poco fuertes para algunas audiencias, se recomienda discreción.
Se retorció de dolor cuando continuaron haciendo nudos con lo que parecían cuerdas hechas de sparers, sin embargo, no gritó debido a la garganta seca. Sentía el rostro repleto de sudor, salvia y lágrimas de impotencia, ahora estaba desprotegida, al grado de que podían hacerle lo que quisieran en aquella posición. Alguien le había puesto algo en la boca para que no pudiera hablar, parecía un trozo de servilleta, sin embargo, Astrid tenía miedo de morderlo.
Vio con desprecio a Calder, luego a las personas que la rodeaban, observó cómo se llevaban a Eret y a los gemelos a una cabaña, Hiccup seguía en el suelo, en estado de shock.
Conque "Heredero de la Serpiente". Vaya mierda.
—Muy impresionante— murmuró Hiccup, Astrid temió que se transformará en dragón, sin embargo, no hubiera sido tan malo. Ella hubiera disfrutado que Hiccup como dragón destrozara las cabezas con un disparo de plasma o con los dientes. Hiccup se quedó en el suelo y no parecía querer transformarse— Pero si el asunto es conmigo (y aun no tengo la menor idea de que quieras de mi exactamente), te pido que sueltes a los demás, en especial, a mi esposa.
Calder sonrió y volteo a Astrid, ella sintió como las cuerdas abrían su piel y quemaban las capas internas de esta.
—No tiene que mentir más, jefe Hiccup— Calder la tomo de la cabeza— Sabemos lo que es, es una bruja. Y todas las brujas en Nepenthe deben ser quemadas como ofrenda para los dioses.
Había oído sobre eso, claro que sí. La gente quemaba a las brujas para asegurarse de que murieran, era algo lógico en lo que cabe, pero también un poco excesivo. Las brujas tenían exactamente la misma fisonomía que los vikingos, excepto tal vez por la magia y las marcas en las muñecas, por ende, podían morir de todas las formas en las que un vikingo podría.
—Ya le dije que el problema es conmigo. Yo sabré que hacer con ella más tarde— Hiccup se veía decidido. Quizá amaba poder caminar— Dígame que es lo que quiere y sin rodeos.
Calder la dejo sobre la mesa.
—Tu dragón, el furia nocturna. Una vez que ella este muerta y me haya bañado en su sangre, usare sus escamas para cubrirme y así, obtener mi verdadera forma.
Hiccup sintió unas terribles ganas de vomitar. El sujeto era un completo demente, lo suficiente como para creerse un dragón y matar a uno por lo mismo. Temía por la vida de Astrid, porque si moría no sólo se quedaba sin la Tryllestav, sino que también, jamás podría volver a usar sus piernas.
Si Astrid salía de ahí, si encontraba el bote para poder huir al barco con Snotlout y Fishlegs, tal vez con ayuda de Eret, Hiccup podría apañárselas para poder salir de ahí. Podía intentarlo.
— ¿Quieres mi dragón?— Hiccup intentó que su voz no se quebrará, agradeció el gesto de que nadie le háyase golpeado en todo aquel momento— Bueno, eso puede ser un inconveniente. Sólo viene cuando yo lo llamó, y ni loco lo llamare ahora.
Calder hizo una mueca que Hiccup no supo interpretar. Parecía que estaba sonriendo con desagrado, si eso fuera posible.
—Oh, lo hará, Jefe Hiccup... tarde o temprano todos lo hacen... ¿Pétur?
—Señor...
—Creo que no necesitamos a una bruja pura para el sacrificio— comento Calder, Astrid abrió los ojos, preocupada por el significado de esas palabras, Hiccup también. — Es libre de... divertirse con ella. Si ella tiene la boca ocupada no puede usar sus poderes.
El hombre, quien debía medir unos centímetros menos que el padre de Hiccup se acercó a Astrid, quien no paro de gritar de forma ahogada, llena de rabia y coraje, el hombre tomó una lanza, dispuesto a romper la ropa de la heks.
Ellos van a...
El hombre abrió abruptamente las piernas de la chica, haciendo pedazos la cuerda de sparers que rodeaba los tobillos de la bruja, así como rompiendo los mallones y maravillándose con el contraste de su piel contra la de ella, ansioso, con una perversa mueca en el rostro.
— ¡Oye, degenerado!— Hiccup grito con rabia al ver lo que iban a hacer con ella— ¡Suéltala o juro que yo voy a...!
Alguien le dio una patada en la cara, sin dejarlo acabar la frase, el sujeto rompía la ropa de la rubia, con tacto escaso y viéndose como un ser primitivo, Astrid empezaba a llorar de rabia, de impotencia, fuera del dolor que le provocaban las sparers en sus muñecas.
— ¡Te he dicho que la sueltes, imbécil!— vocifero el castaño, lleno de coraje, miro a Calder y escupió las siguientes palabras— Si tienes un maldito problema conmigo o con mi dragón, desquítate conmigo y a ella déjala en paz.
— ¿Por qué tanta compasión hacia las mujeres que roban a los bebés para comérselos? Incluso comen dragones— respondió Calder— Ella se merece este tipo de... escarmiento.
— ¡Te voy a...!
Astrid gritó de forma ahogada, quería vomitar. Estaba tan asqueada.
—A menos claro, que traigas a tu dragón— repuso Calder, de forma desinteresada— Tal vez le pida a mi amigo que no le haga... mucho daño.
— ¡Él le hace eso y juro que...!
—Puede ser peor, jefe Hiccup. Toda la aldea podría violarla son miramientos... quedará en usted y en su juicio— amenazó Calder, Hiccup vio como aquel sujeto repartía asquerosos besos en la piel expuesta de su esposa, sintiendo toda la ira correr por sus venas— Solo imagínesela, siendo usada por todos los hombres de la aldea, una y otra vez... Mientras ella pide piedad.
—Hijos de perra...— siseo Hiccup.
Astrid era solo una niña. No debía tener más que su edad, todavía tenía esa inocencia. No podían...
La matarían.
—Solo usted puede hacer que yo cambie de opinión... y retire esa orden.
Astrid le miró a los ojos, llenos de lágrimas, con la cara sonrojada y con dolor. El cabello se lo había soltado en mechones, dejando la trenza perdida entre una maraña de nudos. No podía hablar debido al pañuelo en su boca, a Hiccup se le rompió más el corazón.
Por favor... Por favor...
Hiccup escucho su voz con claridad, como cuando él era un dragón y se comunicaban con la mente. Su voz estaba rota, asustada... Recordó las palabras que le había dicho él cuando la encontró en esa cueva.
"Me gustaría que alguien hiciera eso por mí."
Podemos encargarnos de estos imbéciles.
Sí. Claro que sí.
—Piénselo... más de uno podría divertirse a la vez. Incluso, si usted quisiera...
— ¡YA! — vocifero Hiccup con todo el aire de sus pulmones, a lo lejos, se escuchó el estruendo de un trueno acercándose. Calder se puso serio— Llamare a mi dragón, solo déjala tranquila— condicionó en voz más baja— Lo llamare y vendrá, pero mientras tanto... no quiero que le toquen ni un solo pelo, ¿me entendiste? No quiero que le hagan absolutamente nada.
—Sabía que usted era un hombre de negocios—sonrió Calder e hizo una seña a Pétur para que se apartara de Astrid. El hombre le escupió a la bruja y le golpeo en el estómago, Hiccup lo miro con ira hasta que salió de escena. Después de eso, alguien tomo a Hiccup por los brazos, arrastrándolo—Pero primero debemos esperar a que la luna este en su punto máximo, jefe Hiccup, siéntase cómodo en mi cabaña, cuando le requiera…
— ¡No dejare a Astrid sola!
—Alguien vendrá a buscarle—dicho esto, varios hombres batallaron con Hiccup para llevárselo a la cabaña de Calder. Hiccup la perdió de vista cuando giraron hasta llegar al lugar, y mientras giraba la cabeza vio al niño que habían encontrado esta mañana; este se veía preocupado y mirando hacia donde estaba el banquete. Una mujer (probablemente su madre) lo hizo retirarse del lugar.
No quito de su vista el rostro del pequeño que le devolvía la mirada hasta que alguien lo arrojo a la cabaña y cerró la puerta.
Hiccup no se había detenido a pensar lo que pasaría al encarar nuevamente a Eret, posiblemente si los nephentianos no le mataban, la tripulación de este y el propio Eret lo haría; por lo menos, como mínimo, solo los arrojarían al mar si tenían suerte. Cuando se encontró ahí lo primero que vio fue a Eret y a los gemelos, ya despiertos, tratando de despertar al rey Mik. Se levantó como pudo, solo consiguiendo una postura adolorida y encorvada para ver lo que estaba pasando.
Cuando los demás le vieron, Hiccup apenas pudo tomar aire para hablar cuando Eret lo tomo de su cuello, haciendo que el dolor en su espalda fuera un poco más intenso.
Gracias, necesitaba eso.
—Sí, me alegra que te preocupes por mí, solo fueron unos cuantos golpes y… raspones… ¿quieres por favor dejar de…?—Eret apretó más fuerte y Hiccup sintió que la respiración se le iba.
—Muy bien, Hiccup Haddock, si es así que te llamas y si no estás a merced de esa… cosa—Eret escupió la última palabra, con todo el desprecio que le fue capaz de decir. Hiccup torció la boca, harto de todo ese teatro del control mental. — ¿Qué demonios acaba de pasar allá afuera?
—Primero que nada, estas ahorcándome—jadeo Hiccup señalando las manos del joven quien sujetaba fuertemente del cuello, impidiéndole respirar. Eret aflojo el amarre y Hiccup pudo tomar una bocanada de aire—segundo, no tengo ni la menor idea, lo único que sé es que quien matar a Astrid y que quieren a mi furia nocturna, quien por cierto, está a varios kilómetros de aquí, solo para sacrificarlo y usarlo para que un sujeto supuestamente se convierta en dragón—- explico Hiccup de forma entrecortada, los gemelos seguían mirándole expectantes—Y antes de que me mates o lo que sea, te aconsejaría que lo pensaras dos veces, porque… bueno, primero debemos sacar a Astrid de aquí, tengo la sospecha de que siguen vivos por mi…
—¿Crees que seguimos vivos por ti?—se burló Eret de forma sarcástica, Hiccup sintió como este apretaba más fuerte con cada palabra—escucha, pequeño y delgado imbécil, si seguimos aquí, es porque todos tenemos un turno para morir, primero esa bruja, luego nosotros, luego tú, cuando hayas traído a tu jodido dragón y quizá al último al rey de los dementes que esta por allá—señalo a su espalda—Así que estas jodido de cualquier forma, Gran y Estúpido Amo de Dragones.
—Deja de llamarme así—siseo Hiccup, tratando de soltarse del agarre de Eret, quien al parecer, tenía toda esa fuerza que aparentaba—No soy el puto Amo De Dragones o lo que sea que el archipiélago ha dicho de mí. Si estamos jodidos era porque alguien decidió parar aquí.
— ¿Ah sí? ¿Y cómo carajos iba yo a saber que todos tenían volados los sesos aquí?—Eret se le acercó al castaño de manera amenazadora—Es más, ¿Cómo iba yo a saber que tu esposa era una maldita bruja? Y no cualquier bruja, una heks, la cual pudo comernos en cualquier momento durante la noche.
— ¿Astrid es una bruja?—intervino Ruffnut, su hermano y ella intercambiaron miradas, asustados. —No veo que tenga una enorme nariz ni los labios negros.
—Exacto, debe tener verrugas en todos lados, lo que pasa es que usualmente se ponen pócimas para que queden bonitas para nosotros…
—Y sus ojos son azules, no negros, además no tiene el cabello o las uñas de ese color purpura que tienen las uñas de los cadáveres. —siguió defendiéndola Ruffnut, todavía sin sentirse convencida.
— ¡Exacto! La heks son horrendas y Astrid es lo opuesto a horrendo.
—Sah, es linda hasta para mí… y soy mujer.
—Tiene marcas de bruja en sus malditos brazos—intervino Eret, perdiendo la paciencia con los miembros de su tripulación, los dos se encogieron en ellos mismos, al parecer, ellos tampoco estaban familiarizados con un Eret tan molesto. —van desde sus antebrazos hasta las palmas de sus manos.
— ¿Y cómo sabes que lo son?—inquirió Tuffnut, todavía aferrado a la creencia infantil de que Astrid era normal, como ellos y como todo el mundo—Mamá decía que todas las brujas se llevaban a los niños cuando eran malos y se los comían. Pero Astrid no parece comer gente en absoluto, no se ha comido a ninguno de nosotros, además, esas pueden ser cicatrices, la gente suele lastimarse mucho y…
— ¡Lo sé porque vi a una de ellas asesinar a mi hermano y a mi madre!—explotó Eret, soltó a Hiccup y este se tomó la garganta. Lo gemelos se quedaron en su lugar, asustados por la confesión de su capitán; el castaño llego a pensar que las cosas no podían empeorar justo ahora— Vi que las llevaban cuando le estaban comiendo los órganos a mi hermanito, ¡¿Crees que no las recordaría, tarado?!
El labio inferior de Tuffnut tembló de forma incontrolable, viéndose a punto de llorar, se abrazó a su hermana, quien le consoló.
Hiccup había recobrado el aliento, pero ahora no tenía nada que decir.
—Escucha, no sé cómo… pero Astrid no es como ellas—aseguro el castaño, poniendo sus brazos delante de él para evitar un ataque. —De verdad, Astrid salvo mi vida de un aquelarre completo y estamos a punto de salvar a mi aldea precisamente de ellas.
— ¿Ah, de verdad?—Eret se volvió sarcástico hacia el joven, quien trataba de ignorar el dolor en sus heridas. —Mi mamá también creía que la ayudarían a ganar más dinero porque vivíamos en la miseria, y mira donde está ahora.
—Ella de verdad pudo matarme—el castaño continúo tratando de convencerle—Tenia la oportunidad y decidió desafiar a su aquelarre entero solo para dejarme ir. No es como tú piensas, ella no nos hará daño, te lo prometo.
— ¿Y por eso te casaste con ella? ¿Solo porque salvo tu vida?—atacó Eret, Hiccup frunció los labios— ¿Esperas a que crea esa basura?
—Es la verdad. Debo salvarla, y lo hare con o sin tu ayuda.
— ¡Ah, genial! Chicos, el Amo De Dragones está por hacer su acto final y llamara a su furia nocturna para que haga todo el trabajo sucio. —Eret fingió entusiasmo y se giró hacia un rincón—Por favor llámalo para que nos saque de aquí y tú puedas salvar a tu bruja.
La voz del castaño no tembló cuando sentencio lo siguiente:
—No puedo llamar a mi dragón.
Los demás se giraron, sorprendidos y asustados.
— ¿Qué?—susurro Eret despacio, intentando procesarlo, Hiccup ladeo la cabeza, pudo sentir que la sangre le empapaba la armadura y ardía con el sudor de su espalda. — ¿No vas a… llamarlo?
—No puedo hacerlo—reafirmo Hiccup, decidido—No puedo traerlo hasta acá, y aunque pudiera, está en Berk, atendiendo una invasión de brujas las cuales están esperando a que Astrid y yo regresemos para matarnos.
— ¿Quiere decir que dejaras que nos maten a todos?
—No estoy diciendo eso, digo que no puedo llamarlo. Pero se me ocurrirá algo para salir de esta, debe haber algo que podamos hacer sin usar a los dragones y sin…
—Hiccup, puede que yo no entienda la mayoría de las cosas que están pasando aquí, créeme, pero lo único que me quedo claro que ese demente quería era a tu dragón o no nos dejara salir de aquí, o mínimo no nos dejara en paz, así que llama a tu estúpido dragón o…
—Hay demasiada gente y saben lo que hacen, no voy a traerlo hasta aquí. —Se excusó Hiccup. —lo siento, pero no voy a traer a mi dragón hasta una trampa con un problema de temblores.
—Bien, ahora dame otra maldita razón para partirte la cara.—siseo Eret—he escuchado que has salido de peores, derrotaste a Drago Mano dura, pero no puedes contra un montón de desequilibrados que creen que un hombre puede transformarse en dragón y que eso los salvara de que su puta isla se venga abajo. Ahora trae el maldito trasero de tu dragón y pídele que nos saque esta.
—No puedo hacer eso.
— Hiccup, si no lo haces, nosotros mismos te torturaremos hasta que lo llames.
—Oye, no vamos a hacerle nada—intervino Ruffnut molesta, con su hermano todavía sollozando a su lado.
—No me importa si no quieren hacerlo, son mi maldita tripulación y hacen lo que les digo, o si no pueden irse directo al infierno.
—Eso no te da derecho de decirles…
— ¡Bueno! ¿Qué? ¿Vas a decirme como salir de aquí o como debo manejar a mi tripulación?
—Es que no puedo hacerlo—repitió Hiccup con voz fuerte— tiene que haber otra forma en la que se pueda salir de aquí. No lo entenderían, esto no es por los tramperos de aquí o…
— ¿Entonces, Hiccup? ¿Con qué tiene que ver?
El castaño tomó aire, miro a las ventanas, las cuales estaban cerradas, seguramente por afuera, porque no circulaba ninguna corriente de aire. Tembló y le dolió por las heridas, podía sentir que las gotitas de sangre recorrían su camino hasta asentarse en su espalda baja, vio como todos le miraban con atención.
No es fácil decir lo que eres todos los días, en especial si desde el comienzo de esta semana no has parado de decirlo. Toothless también se removió en algún lugar de su cerebro, incomodo, todavía sin confiar en aquellas personas.
—Conmigo. Yo soy el dragón, la furia nocturna que ha salvado a Berk y a otras islas todo este tiempo.
Hubo un silencio sepulcral, solo se escuchaba barullo afuera en el mismo idioma que nadie sabía hablar salvo el rey medio desmayado en el suelo. En ese idioma todos se escuchaban algo molestos, quizá porque no se lograba entender lo que decían; extrañamente, Hiccup no pensaba en ese momento en que se había confesado y en lo que probablemente estaban pensando los presentes, sino en el niño afuera que Astrid había curado con su agua milagrosa, como la llamaba ella. Se preguntó si podría ayudarles, si sentía suficiente simpatía por ellos, tal vez su familia no estuviese tan loca como casi todo el pueblo. Solo necesitaban salir, distraer a Calder y a los guardias que cuidaban a Astrid, correr hasta el bote… si nadaban…
Recordó algo importante.
El cuerno hueco, uno de ellos debía portarlo.
Los demás, ni siquiera recordaban el cuerno, es más, no podían pensar otra cosa más que Hiccup era nada más que un demente como los de Nepenthe.
—Oh, no—se lamentó Tuffnut sollozando y alertando a Hiccup.
—También se volvió loco—coincidió Ruffnut. Eret se cubrió la cara con las manos.
— ¿Qué? No, no estoy loco—negó Hiccup—Estoy hablando en serio, puedo transformarme en dragón, no tengo nada que ver con ese otro chiflado—se defendió, los demás no le creyeron—Sé que no van a creerme, pero puedo probarlo.
— ¿Quieres… decir… que…?—lloriqueo Tuffnut con la voz entrecortada— ¿… te puedes transformar en…?
—Tuffnut, es lo más estúpido que hemos oído…
—La leyenda existe.
Esa había sido otra voz, todos se volvieron a donde se suponía que estaba el rey Mik desmayado. Este se encontraba sentado, mirándoles con sus grandes ojos, todavía vidriosos por la siesta que le habían obligado a tomar; sonrió débilmente e intentó levantarse.
—Genial, más gente loca—mascullo Eret.
—La leyenda del Heredero De La Serpiente. — explico el joven, a pesar de verse un poco adormilado, podía verse lucido—Era una cosa que contaban las ancianas a los niños, sobre un hombre que podía convertirse en dragón. Hace mucho tiempo, se decía que nacería en una aldea un hombre bendecido por una völva, con la fuerza de diez hombres, la capacidad de surcar los cielos más rápido que cualquier dragón, y con la única misión de salvar a su propio pueblo. —relato el rey, poniéndose de pie—Calder y yo escuchábamos esa historia todo el tiempo, éramos muy buenos amigos, pero él era… un poco extraño, apartado de los demás, como si anhelara ser… algo diferente. Creo que el llego a creérsela demasiado…
—No es posible—negó Hiccup—Nací hace veinte años, la leyenda no pudo existir antes.
—Pues existía aquí—respondió con una sonrisa el joven rey. —Mira, yo jamás te llame, el que lo hizo fue Calder, él tenía la loca idea de que los dragones producían los temblores, pero eso me parecía imposible, aquí no hay ni un solo dragón por alguna extraña razón. Y cuando me di cuenta él me tenía todo el tiempo…
— Dormido, por eso…
—Tal vez por eso no me acordaba de muchas cosas en el día—sonrió el hombre—Creo que dice la verdad—le dijo a los demás— Quiero decir, ¿ya vieron su traje?
Hiccup dio un paso al frente, quedando justo delante de los gemelos.
—Es por eso que yo siempre salía de Berk y llegaba muy rápido a todos lados. —Explico—Es de verdad. Lo juro.
—Entonces hazlo—lo reto Eret.
—Bueno…— Hiccup titubeo—Primero necesitamos un plan, ¿todavía tienes el cuerno hueco?—le pregunto a Eret. Este se revisó los bolsillos.
—Debí perderlo durante el banquete.
—Uno de los cuernos de mi casco esta hueco—hablo Tuffnut sin titubear—ya sé que tenía que cambiarlo, pero no lo hice y lo siento mucho, porque debía hacerlo y…
—Muy bien, entonces, crea ese maldito plan…— condiciono el pelinegro—Y si no te conviertes en dragón, yo mismo…
—Sí, tú mismo podrás matarme.
El propio hombre rubio que había enloquecido hacía rato le tapo la nariz de manera abrupta, al grado que tuvo que abrir la boca para poder respirar, se vio en un problema cuando aspiro con la garganta el paño que cubría su boca. El sujeto metió dos de sus dedos en la boca de la chica y quito el paño con brusquedad, luego, cuando ella pudo respirar, le miro a la cara, se encontraba de rodillas y con las muñecas y tobillos en carne viva… o peor, el mínimo roce la hacía lagrimear del dolor.
Llegaran a mis venas, tal vez las corten, luego a mis huesos y entonces… lo bueno es que moriré antes…
El sujeto le ato una cuerda de sparers en la boca, pasándole por las comisuras. La ató en la nuca, muy apretada, lo que hizo que le quemara las mejillas, parte de las orejas y el cuero cabelludo.
—Ahora todo lo que digas no le hará daño a nadie—aseguro el hombre. Calder miro a los otros presentes—Enciendan el fuego, recuerden avivarlo con la hierba mata brujas. Hoy salvaremos Nepenthe.
Tal vez si lo muerdo…
Se le pudrirían los dientes, no podía simplemente morderlas.
Necesitaría un milagro.
Entre las personas que la rodeaban le pareció ver la silueta de un niño. Recordó al pequeño que había curado esa misma mañana; se preguntó qué estaba haciendo.
Pensó en si el pequeño la odiaría por lo que era... o si él estaba consciente de lo que era ella. No había ni un rastro de duda de que no tenía ni idea de lo que ella era, de lo que podía ser capaz. Definitivamente no. Se le veía en extremo agradecido por lo del agua mágica, ilusionado incluso.
Astrid llego a la conclusión de que no quería que ese pequeño la viera así.
Empezaron a hablar en el idioma que ella todavía entendía, sabía lo que le harían, primero que nada, se asegurarían de que el fuego empleado arderá solo con sparers, ya que estas acababan con la magia de las heks rápidamente. Luego, cantarían algo a los dioses, pidiendo que los deseos de ellos se cumplan (en ellos, estaba que la isla dejará de temblar), a cambio, la ofrecerían a ella, a un ser de oscuridad. Dramático.
La razón de la cuerda hecha con sparers en su boca, era para que todo lo que dijera no tuviera magia, es decir, si ella intentaba maldecir a Calder (por poner un ejemplo muy exacto), ninguna de sus palabras tendría alguna validez. Lo cual la dejaba en extremo incapacitada.
Algo bueno había salido de esto, por lo menos no la violarían, aunque eso no mejoraba las cosas. Gimoteo de dolor, procurando que nadie pudiese oírla, principalmente porque no quería abrir demasiado los labios, o si no, la cuerda rasparía las comisuras de sus labios hasta abrirlas hasta las mejillas. Y en segunda, porque no quería darle el gusto a Calder.
Si es que llegaba a salir de esta, cosa que dudaba, ella se encargaría de mandar a Calder al mismo infierno, lo quemaría como fuera en sus llamas toda la eternidad... Añadiendo algo extra, por su asquerosa propuesta anterior.
Pero eso solo pasaría si Hiccup se recuperaba milagrosamente. Vio que Stormfly también estaba atada y todavía inconsciente muy lejos de ella, las cuerdas parecían ser de metal, pero Astrid no estaba tan segura.
Alguien dijo que deberían hacer lo que Calder había sugerido hacia un rato. Varios estuvieron de acuerdo, incluso mujeres; la veían como un maldito pedazo de carne (en el sentido más literal de la palabra), y eso no hacía más que hacerla rabiar. Una cosa graciosa era que no le habían quitado el bolso, pero, sin poder llamar las cosas con su boca e inmovilizada, su bolso no servía de mucho.
Calder dijo que él era un hombre de palabra, y que Hiccup Haddock debía estar contento cuando llamase a su dragón. No quería imaginarse lo mal que seguramente la estaba pasando justo ahora.
— ¡Oye!
Astrid levanto la mirada, lentamente, mirando al hombre que le había hablado con asco. Ella no le contesto.
— ¡Contéstame!
Le dio una bofetada. Ella siguió tranquila, mirándolo con odio.
— ¿¡Me has oído!? ¡Bruja de mierda!
Intentaba humillarla, era obvio, apretó los dientes, respiro hondo y abrió un poco su boca, craso error, derramó más lágrimas de dolor. El sujeto la levanto con brusquedad, para luego llevarla hasta un poste de madera.
Genial, es mi fin.
— ¿Estás seguro que esto va a funcionar?— Eret miro a Hiccup con desconfianza— Para empezar no sabemos si está cerca de nosotros, ¿qué tal si nos escucha otra persona? Además, no hablamos su mismo idioma...
—Tenemos al rey, el problema no es ese— Hiccup se recargo en la puerta— Debe estar bloqueada con algo.
—Ya intente derribarla antes de que llegarás. Necesitamos más fuerza, es una madera muy fuerte...
Necesitamos ayuda entonces.
La piel empezó a picarle, las heridas de su espalda a escocerle. Le pidió a alguien algo para morder y le pareció que uno de los gemelos le daba un paño para ponérselo en su boca. Hiccup lo mordió intentando soportar el dolor.
Cuando sus alas salieran, le dolería como el infierno.
— ¿Siempre parece que te duele?
—No debería dolerme. — jadeo mordiendo el paño, su cuerpo se perlo de sudor, los demás dieron dos pasos atrás, por si acaso, Hiccup los miro con los ojos entrecerrados, Eret culpó a la histeria el hecho de ver los ojos del castaño de un verde eléctrico.
Sus ojos se pusieron en blanco, como si se hubiera desmayado, su cuerpo empezó a vibrar fuertemente, la piel pareció seccionarse en forma de escamas, para luego teñirse de color negro, el rostro se le deformo, rugió al sentir como sus alas salían de su espalda, y se puso a cuatro patas, estas empezaron a engrosarse, las uñas a crecerle como garras.
Su piel cambio de color a un negro satinado. Y en menos de un parpadeo Hiccup había dejado de ser un vikingo para ser un dragón.
Un furia nocturna, como en los cuentos que los marineros contaban sobre las hazañas de un sujeto que vivía en Berk que salvaba dragones. Nadie pudo respirar después de eso, viéndose sin aliento, hubo silencio en la cabaña cuando el dragón giró la mirada hacia los presentes, analizándolos uno a uno, con las pupilas rasgadas, igual que un dragón salvaje.
El dragón sacó la lengua durante un momento y parpadeo, las pupilas se le dilataron, dándole un aspecto más enternecedor y amigable. Resoplo y sonrió con las encías.
Les dije que podía hacerlo.
Sin embargo, a Hiccup le dolían un poco las alas, posiblemente que no podría volar demasiado. Hubo más minutos de muda sorpresa hasta que se escuchó que alguien golpeaba la puerta.
El dragón detectó su olor. Olía exactamente igual a uno de los sujetos que le había sujetado para encerrarlo hasta allí.
El hombre hizo llamados en su idioma, tal vez preguntándose por el ruido. No estaba muy seguro; en la cabeza del dragón retumbo:
DOOOOOORRRRRMIIIIIIIRRRRRRR...
¿Dormir? ¿Quien?
NECESITAAAAAAR...
¿Quién lo necesita? ¿Quién eres?
No hubo más, el sujeto seguía golpeando la puerta, tal vez amenazando con romperla.
—Bueno, al parecer los atrajiste con tu escándalo.
¿Amigo? ¿Estás ahí? ¿Quién necesita dormir?
Le suelo empezó a temblar suavemente, apenas y vibraba.
Yo. Mustio una voz femenina. Creo que estoy alucinando...
¡Astrid!
¿Hiccup?
Vamos por ti, aguanta un poco.
— ¿Qué hacemos? ¿Cuantos hay afuera?
Solo había uno. Tal vez los demás estaban con Calder, haciendo quien sabe qué.
El dragón rugió, extendió un poco sus alas para proteger a sus compañeros detrás de él. Todos retrocedieron, hasta Eret, que no parecía creer lo que estaba pasando; Hiccup abrió su hocico y este se iluminó con una potente luz azul.
Lo siguiente que los demás vieron fue el volar de miles de astillas, el sujeto nativo volando por los aires, y a Hiccup sacando humo por las comisuras de su hocico.
— ¡Libertad!— gritó Tuffnut, feliz de encontrar una salida.
Eret despertó de su ensueño.
—Muy bien, Tuff, necesito tu cuerno, vamos a llamar a nuestra tripulación— ordenó Eret, Tuffnut desarmo su casco, pasándole el hueso hueco— Rey Mik, permanezca a salvo...
La tierra tembló con un poco más de fuerza.
—Tenemos que sacar a la gente de sus casas... Presiento que esto colapsara en cualquier momento. — Opinó el rey— Yo me encargo. Ustedes detengan a Calder.
El dragón asintió y emprendió la marcha hacia Calder, sintiendo que el suelo temblaba cada vez más. El sonido del cuerno lo sintió en su espalda, trato de volar, para encontrar a Astrid.
¡DOOOOOORRRRRMIIIIIIIRRRRRRR!
Y la tierra tembló de nuevo.
Tal vez sí haya un dragón después de todo.
— ¿Qué fue eso?
Snotlout estaba dormitando en el espacio del capitán, sobre el timón. Sacudió la cabeza cuando Fishlegs preguntó eso, confundido. Él no había escuchado nada fuera de lo normal.
— ¿Qué?— balbuceo Snotlout. Oficialmente el día de hoy había sido una perdida valiosa de tiempo, y no podía negarlo.
—Eso, sonó como el cuerno— respondió Fishlegs fijando su mirada en la isla. No encontró nada a pesar de ser el que mejor veía de la tripulación.
—Es un pueblo tribal— zanjó Snotlout, sin darle demasiada importancia— Hacen sonidos de cuernos... y de tambores... seguramente ni siquiera creen en Odín o Thor. Si hubiera problemas...
Un sonido fuerte lo interrumpió, parecido a un rugido, luego, el sonido del cuerno fue mucho más audible.
—Eret dijo que si sonaba el cuerno había problemas— contradijo Fishlegs. Luego con pesar, subió al poste con la canastilla, para ver mejor, Snotlout ya no se veía tan seguro de lo que había dicho y se acercó para escuchar lo que Fishlegs veía. — ¡Fuego!— gritó el muchacho, Snotlout miro a la isla— Pareciera como si quisieran quemar...
Sonido del cuerno. Luego, el barco se sacudió, como si el mar vibrara.
— ¡Tienen problemas, Snotlout!
—Y nosotros también, el agua se mueve como loca— Snotlout regresó al timón— Me voy a tratar de acercar, ¿Puedes ver que más hacen?
Fishlegs esforzó la vista.
—Tratan de quemar algo... Creo que es a alguien.
No supo cómo era que no se había desmayado antes. Las cuerdas ahora la ataban al poste, pasando por su pecho, la vista la tenía borrosa, y no se sentía del todo bien. Se preguntó si así sería morir.
Lo más probable era que sí. Si ella moría, Hiccup no perdería otra cosa más que sus piernas, pero era un precio justo si se podía salvar a Berk... Sintió el fuego y se dio cuenta de que alguien ya la había puesto en la hoguera.
Y que el piso temblaba.
Se escuchó un rugido. Vio a Calder sonreír, sin embargo, no la apartaron del fuego. Iban a matarla así Hiccup trajera a todos los furia nocturna consigo.
Va a matarme. Hiccup... Va a quemarme...
Ni siquiera sabía si él podía escucharla o si solo estaba alucinado. Escuchó los gritos de júbilo de los aldeanos. Todavía podía entenderlos.
— ¡Hera Calder...!— gritó una vocecita infantil vagamente familiar— ¡Las casas se caen a pedazos...! ¡La tierra opnar!
Calder se giró con duda, al ver al niño que esta mañana le había dicho que encontró a Hiccup Haddock en la isla, sintió una ligera desconfianza. Sin embargo, perdió el equilibrio y lo confirmó, ese era un temblor bastante fuerte.
La tierra vibró, esta vez de forma diferente, como si brotara sonido de su interior.
¡DORMIR!
¡DORMIR! ¡DORMIR!
Astrid sintió que la cabeza le retumbaba con el eco de las voces, al principio pensó que se trataba de Hiccup, sin embargo, ella estaba lo suficiente consiente para saber que definitivamente esta voz era mucho más grave y casi inhumana, no como la suave voz del castaño.
— ¡La tierra se abre!
¿Hiccup?
¡Astrid! ¡Son dragones!
¿Quienes?
¡La isla entera! ¡Es por eso que no hay más dragones aquí! ¡Es porque la isla es un dragón!
Ah, genial.
Sintió dolor en las plantas de los pies, miro hacia abajo y observó con desesperación que el fuego llegaba a estos lentamente y le quemaba la piel. Quiso gritar de horror e impotencia, sin embargo, hacerlo haría que se cortará la boca.
Calder y algunos aldeanos perdieron el equilibrio en medio del temblor. Si lo que Hiccup decía era verdad, eso quería decir que toda la aldea se destruiría en cuestión de segundos.
— ¡Ungfrú Astrid!— exclamó el niño que hoy había conocido, corrió hasta ella y se cuidó de que el fuego no le quemará el rostro, Astrid le devolvía la mirada con preocupación, más por él que por ella. —El rey Mik me pidió que la ayudara, nuestras casas... ¿le quema?
—Un poco—jadeo la rubia tratando de minimizar el dolor que estaba sintiendo. Sintió como las manos del niño desataban hábilmente los nudos de las cuerdas, sin embargo, había un problema más grande.
Una de las montañas que se alzaban sobre Nepenthe se elevó como si tuviera vida propia, lanzando lava por el pueblo como si la escupiera de un enorme hocico, una montaña a su lado se elevó e hizo lo mismo, además se sacudió perezosamente, pero lo suficientemente fuerte como para que todos dieran un salto sin quererlo. Las enormes montañas rugieron después de eso molestos, abrieron sus enormes ojos amarillos, mirando alrededor.
—Buenos días—mustio Astrid.
Exacto, buenos días, al parecer han estado dormidos por un largo tiempo. Siglos, tal vez, no parecen felices de estarlo, por cierto.
Con todo y vibración, el niño logro desatar a Astrid de las manos y apartarla de la fogata, Astrid tropezó al momento, todavía tenía un pie atado al poste donde la habían amarrado. Buscó en su bolso y encontró el cuchillo-hacha, con el que corto la cuerda para poder huir. Ambos corrieron hasta que una enorme bola de fuego les cerró el paso, Astrid tomo al niño de la muleca y haciéndose de esfuerzos e ignorando el dolor que le producía moverse, lo condujo hacia otra parte.
— ¿Dónde están tus padres?
—Mi mamá esta con el rey…
— ¿Y mi tripulación?
—Están por aquí…
Fishlegs corrió fuera del bote, alarmándose todavía más al sentir el agua caliente, tal y como se siente cuando un volcán en una isla está a punto de hacer erupción. Snotlout remo más rápido, sin embrago no alcanzo a su amigo.
— ¡Se está quemando! Creo que son…
¡RAAAAAAAARRRRRGGGGG!
— ¡Dragones, maravilloso! ¡Sabía que nada en esta isla estaba bien!—bramo Snotlout llegando a la orilla, mientras que Fishlegs buscaba a el resto de la tripulación a gritos— ¡Con lo que me gustan los dragones!
— ¡Chicos! ¡Chicos!
El cuerno hueco volvió a sonar, al norte.
— ¡Suena en la aldea!
— ¡Esto es una señal!—grito Calder, levantándose con dificultad— ¡Mi cuerpo está por transformarse!
Los demás aldeanos no le hicieron mucho caso, tomaron sus armas y trataron de detener a los dragones.
¡Lo empeoran! ¡Los enfurecen cada vez más!
— ¡Díselo a ellos!
Un furia nocturna cruzo el cielo, para sorpresa de todos, en dirección a los dragones, Calder sonrió y dirigió su mirada a la fogata, sin embrago, se enfureció de no encontrar a nadie.
La bruja había desaparecido.
— ¡Mantengan a los aldeanos lejos!— gritó Eret a los gemelos, a la par que ayudaba a otros aldeanos a salir de sus casas y esquivar los disparos de los dragones que habían surgido de la tierra. Eran enormes, más grandes que cualquier barco que el pelinegro hubiese visto, y al parecer eran parte de la isla misma. — ¡Rey Mik! ¿Sabía de esto?
—Estoy tan sorprendido como tú— dijo el rey con emoción, como si toda su aldea no se estuviera incendiando— ¿Quién lo diría? Por eso no hemos visto dragones nunca.
—Bueno, pues a menos que alguien les cuente in cuento para dormir este lugar no es seguro— repuso Eret, para luego sonar el cuerno, le pareció ver a alguien seguido de esto, corriendo directo hacia ellos, la primer figura era demasiado pequeña incluso para ser Snotlout y la otra demasiado delgada para ser Fishlegs. Suspiro molesto, aunque era parte del plan— ¡Eh, niño!
— Hér er það! Ég kom með hana aftur!
—Dice que la trajo de vuelta... a la bruja.
El niño y la bruja llegaron justo frente a ellos, ella todavía tenía las cuerdas que quemaban sobre su cuerpo, así como la cuerda que le atravesaba la boca. Los ojos estaban rojos de dolor, la cara sucia y atravesadas por los surcos de las lágrimas, las muñecas todavía tenían las marcas de bruja, sin embargo, ahora, goteaban sangre y estaban al rojo vivo, al igual que las palmas de las manos, la base de los dedos y los tobillos. Las rodillas estaban abiertas y sucias debido a estar arrodillada durante mucho tiempo y su trenza estaba desecha.
Descalza, con la ropa hecha jirones, pero Eret no podía verla como algo humano. Por lo menos no del todo.
Hiccup dijo que tenerla era clave para que todo saliera bien.
Eret estuvo a punto de decir algo cuando el grito de júbilo de alguien le interrumpió, vio a lo lejos a Fishlegs y a Snotlout, corriendo en su dirección. Eret se alegró de ver a su tripulación apoyándolo.
— ¡Un día! ¡Llevamos un día y ya estamos en peligro mortal!— gritaba Snotlout— ¡Esto pasa cuando tienes a Hiccup Haddock en tu barco! ¡Ese tipo da mala suerte!
— ¡Chicos!— gritó a su vez Fishlegs, llegando donde los demás, sin fijarse mucho en el aspecto de la bruja— ¿Qué está pasando? La isla está...
—Es un completo desastre, estos idiotas no tenían ni idea de que estaban viviendo sobre dos dragones gigantes. — mustio Eret, cuidado que el rey no le escuchará. Astrid no movió ni un músculo, sin saber exactamente que hacer— Tenemos que salir de aquí.
— ¡Mierda!— exclamó Snotlout— ¿Pero qué te paso?— le cuestionó a la rubia, mirándola de arriba a abajo, Astrid se encogió en sí misma, indefensa.
—No importa ahora, el punto ahora es salir de aquí— sentenció Eret, atrayendo la atención de los demás.
— ¿Y Hiccup Haddock?
Hubo un silbido cortando el aire, venía de arriba e iba a gran velocidad, fue casi invisible verlo entre tanto humo, sin embargo, quedaba claro que había sido un furia nocturna.
En todo el Archipiélago había solo uno. Fishlegs quedó boquiabierto, era la primera vez que veía a uno fuera de su imaginación y los dibujos de los libros.
—Digamos que está algo ocupado. — Aseguró Eret.
— ¡Pero vaya que lo está!— opinó Ruffnut, detrás de Eret, este rodó los ojos—Muy ocupado, Sip.
Astrid escudriño el cielo con la mirada, si Hiccup podía volar, eso quería decir que sus alas no estaban rotas, o por lo menos no del todo. Busco en su bolso y siguió la trayectoria del dragón, lentamente, Hiccup podía caer el cualquier momento y cuando lo hiciera...
— ¡Oye! ¿A dónde vas?
¡DORMIR!
¿Quién no les deja dormir?
Hiccup sobrevolaba la isla, buscando una posible solución que no fuera volar rápidamente o forzar las alas que en ese momento le ardían no sólo por el fuego. Miró preocupado los alrededores, no había ni un solo dragón muy cerca de este.
¡No para de hablar! ¡Tenemos que dormir!
¿Quién lo hace?
¡No vamos a dormir!
¿Por qué? Tiene que haber una razón...
¡Por años, los humanos han vivido a costa nuestra, aprovechándose de nosotros...!
Hiccup observó las piscinas en la piel del dragón, así como los árboles rompiéndose en mil pedazos. El "agua" no era precisamente "agua", tal vez se trataba del somnífero que los dragones usaban para dormir durante tanto tiempo. Por eso quien las tocaba caía dormido.
... Bañándose en nosotros, comiendo de nosotros. ¡Y no lo permitiremos nunca más!
Primero que nada deben calmarse, piensen bien lo que hacen, solo matan a gente inocente.
¡Ellos también lo hacen!
¡No lo harán más! gimió Hiccup de dolor, luego planeo un poco más, sintiendo las alas arder. Lo prometo, pero por favor, tienen que volver a dormir.
¿¡Y quien lo dice!?
Uno de los dragones se giró hacia Hiccup con actitud desafiante, la furia nocturna, a pesar de no sentirse en condiciones para seguir volando, no se apartó del retador, siguió mirándole con valentía.
Tenía que solucionarlo rápido si no quería que las alas se le partieran a la mitad.
Yo, el alfa de dragones.
Levanto la cabeza, con orgullo y rugió con todas sus fuerzas, el hocico y parte de la cabeza de se iluminaron de un azul eléctrico.
Les ordenó que vuelvan a donde estaban y que regresen a dormir. Dejaran a estas personas, no volverán a levantarse, nunca jamás.
Los dragones lanzaron pensamientos confusos, en los cuales se hacían los desentendidos, o miraban hacia otra parte. No era un dragón ordinario, poseía los poderes de un alfa y estaba muy cerca de convencerlos. De hecho, su voz era más persuasiva y cautelosa que la voz que había escuchado antes, la cual les ordenaba despertarse.
Pero no se iban a rendir. Siempre y cuando esa gente dejará de cometer tales atrocidades, ellos irían a dormir; Hiccup no creyó que eso fuese un problema y aceptó. Con pasos pesados, los dragones volvieron a sus lugares, causando menos destrucción que ciento despertaron.
Se acomodaron, cerraron los ojos y por un momento todo regresó a la normalidad. Como pudo, casi tan satisfecho como adolorido, Hiccup aterrizó en la cima de un acantilado, respirando con dificultad.
Bien hecho, gracias Toothless.
El dragón se dejó caer al suelo, completamente agotado, pero no tanto como para caer casi muertos como la última vez en la que Astrid tuvo que apañárselas para llegar hasta el mercado del norte desde en medio del océano. Todo le dolía, desde la garra más insignificante hasta la última escama que tenía en la cola; hizo un esfuerzo sobrehumano para revertir la transformación y hacer que Toothless volviera a dormir o que por lo menos, descansara un poco.
Sintió como sus terminaciones nerviosas se encogían y se volvían de un tamaño más pequeño, como su piel cambiaba tanto de color, como de textura, como las alas se guardaban a sí mismas en su espalda, comprimiéndose, esta vez doliéndole muchísimo. Los dientes se acomodaron a la dentadura del muchacho y perdieron filo de forma significativa; los huesos se envolvían humanos, los mismos que necesitaba un chico de veinte años, escuálido y ordinario. La ropa volvía a donde debía estar y los ojos al color y tamaño del que debían ser.
Al final, siempre reaparecían sus pecas.
Estaba perlado en sudor y tendido en el césped solo con los brazos y piernas de apoyo. Jadeo, cansado y levanto la cabeza con los ojos cerrados, iba a ser un problema importante levantarse y darse cuenta de que estaba sangrando de la espalda (podía sentir, a parte del dolor, la temperatura de esta, tibia y escalofriante), sin embargo, lo logró, limpiándose el sudor de la frente. Vio a lo lejos las montañas que en realidad eran dragones y se alegró de haber convencido a esas criaturas tan rápido. Si ellas se hubieran negado con tanta facilidad, hice no quería pensar en cómo hubieran terminado las cosas.
Respiro hondo, llenando sus pulmones con humo y un ambiente bastante pesado y tranquilo. No le gustaba que estuviera así, mucho menos en aquel lugar tan cutre, una isla donde todos eran unos chiflados por efectuar un golpe de estado teniendo un líder el doble de chiflado que se creía un dragón. Recordó a Astrid y su situación, así como la situación de la tripulación de Eret y el pueblo, completamente destrozado; se dio la vuelta, a punto de volver a la aldea cuando vio cara a cara a Calder.
Este le miraba sin expresión en el rostro. Hiccup le rogo a los dioses que este háyase llegado después de su transformación, de haberlo hecho antes, este hecho le daría más y más alas de que el Heredero de la Serpiente existía… y era lo último que quería hacer en ese momento. Sintió como la sangre se le iba de la cara y de todo el cuerpo y como el dolor solo disminuía un poco o para darle paso a la preocupación. Hiccup iba a hablar cuando Calder le gano la palabra.
—Siempre fuiste tú, Hiccup Haddock—susurró el hombre, el muchacho supo la cruel verdad sintiendo frio en el pecho, sabiendo a lo que se enfrentaba—Eres más especial de lo que pareces, explica porque nunca estas cuando el Furia Nocturna ataca. Eres más peligroso, pero yo nunca pensé que fuéramos iguales.
Esto debe ser una broma.
—Pero no puede haber más—Calder no enfocaba su vista en nada en particular, parecía como asombrado, extraño, le toco el hombro todavía con la vista en algún lugar lejos de ahí—Puedes ser inmortal, puedes tener mi cuerpo, dragón.
—Alto, ¿Qué? —farfullo Hiccup, sacudiéndose la mano de Calder, temblando tanto de miedo como de nerviosismo.
— ¡Tengo que matarte, Jefe Hiccup! —bramo el hombre y saco de sus ropas una daga de buen tamaño, que afortunadamente Hiccup pudo esquivar, tambaleando con horror. Deseo por un momento volver a convertirse en dragón, sin embargo, este estaba bastante cansado y Hiccup bastante mal herido— ¡Beberé la sangre de tu cuello, la sangre del hombre que se transforma el dragón!
— ¡Calder, basta! —intento detenerlo el castaño, temiendo por su vida debido a sus múltiples heridas y a su debilidad en aquel instante. — ¡Detente! ¡Piensa bien lo que haces!
— ¡Jamás había estado tan cuerdo como ahora, jefe Hiccup! Era parte de tu destino venir hasta acá, todo esto para que yo, el elegido, tenga tu poder y reparta justicia justo como lo haces…
El castaño perdió el equilibrio, y viéndose perdido cubrió su cara con las manos, a punto de sentir la hoja afilada en su estómago, en su pecho o donde fuese que Calder iba a apuntar y destripar. Hasta que escucho como alguien golpeaba a otra persona, alzo la vista y vio una figura de cabello dorado sosteniendo una espada iluminada en fuego.
¡Astrid!
Ella todavía llevaba puestos los harapos y algunas de las cuerdas, las cuales parecía ignorar mientras atacaba a Calder, este no perdió el tiempo y el derribo de un puñetazo, quitándole la espada en el acto, Hiccup busco entre sus cosas, recordaba haber tenido algo de gas de cremallerus en algún lugar de su armadura.
— ¡Todas las brujas sucumbirán! ¡Este mundo será un lugar mejor y bello…! ¡Puro, tal y como era antes…!
Hiccup se levantó, y una vez se dio cuenta de que Calder estaba bastante cerca del vacío, se le ocurrió hacer algo de tiempo.
—Calder, debes calmarte, pensarlo mejor…
— ¡Te matare Hiccup Haddock! ¡Y a ella la profanare hasta que no pueda respirar!
Astrid entrecerró los ojos y le lanzo algo con puntería perfecta. Hiccup vio con claridad como un saquito lleno de algo chocaba de lleno a la espada en llamas. Parpadeo un segundo y al otro Calder estaba cubierto de llamas y gritando de dolor. Soltó la espada y esta se clavó en la tierra.
El hombre, retorciéndose, mientras se veía como sus escamas se arrugaban a gran velocidad, miro con furia a Hiccup antes de hacer por el acantilado, este hizo un intento involuntario de salvarlo, pero ya era tarde. Calder siguió ardiendo incluso cuando se golpeaba con las rocas y cayó muerto al mar.
Hiccup casi pierde el equilibro de no ser por los brazos de Astrid, quien lo llevo de vuelta a la zona segura y quien también estaba en situación de shock. Ambos temblaban casi al mismo tiempo y sudaban a mares. Todo había terminado.
— ¿Estás bien? —le pregunto el castaño, mirándole, ella se arrancó con cierto dolor la cuerda que le atravesaba los labios y dijo con dificultad.
—Eso creo.
Hiccup reparo en su aspecto, pero no hizo ningún comentario al respecto, respiro hondo y volvió la vista hacia adelante.
-Así que… tu tenías mi espada.
La espada, llamada Inferno, ardía todavía con intensidad, amenazando quemar el pasto la rededor.
Por suerte, ella todavía tenía suficientes recursos para hacer su poción curativa. Por lo que curo a todo aquel que lo necesitara, claro, guardando un poco para sí misma.
Así que, sumergida en la tina del rey, en la cabaña de este, miraba como sus quemaduras desaparecían como si se tratara de pintura. Suspiro de alivio.
Puso especial cuidado en su cara y en su boca, así como en sus manos. Una vez esta volvió a la normalidad, se permitió salir junto con los demás para escuchar los agradecimientos del rey, todavía había en su cuerpo heridas que podían curarse por sí mismas, por ello cojeaba un poco al caminar, sin embargo, podía caminar sin la ayuda de nadie.
—… Todavía no hayo como agradecerle, jefe Hiccup, de verdad, usted ha salvado a todo mi pueblo.—el rey tenía una ropa distinta al día en el que lo conocieron, esta vez más elegante; a Astrid unas mujeres le prestaron ropa en lo que ella reparaba la suya, y Hiccup solo tenía rotas algunas partes de la armadura, los demás usaban ropas de los nativos, menos Fishlegs y Snotlout—Con Calder muerto, y los dragones muertos ya no habrá amenazas en esta isla… y prometo guardar el secreto, Heredero de la serpiente.
—Nadie jamás me había llamado así—contradijo Hiccup avergonzado, Astrid seguía apartada del lugar escuchando todo lo que decían; sintió un tirón en su falda y vio al mismo niño que la había salvado la noche anterior. Ella le sonrió, sin dolor, recordando que no le había agradecido todavía por salvarla de la hoguera.
—Hey—le saludo, el niño llevaba un bulto en sus brazos, cubierto con una manta, este agacho la cabeza al bulto, y luego destapo el bulto, resultó ser una adormilada Stormfly, quien dio un bostezo perezoso dirigiendo la mirada a la bruja. Le reconoció con alegría, salto sobre ella mientras Astrid no cabía de la emoción al ver a su amiga de nuevo con ella y al parecer, sana y salva.— ¡Stormfly!
—La encontré ese día, alguien casi la pisa mientras Calder hacia sus ceremonias. —Explico el niño, mirando fijamente a Stormfly, Astrid la subió a su hombro, donde el dragón le acaricio la cara con su hocico. —La llevaba en brazos cuando vi a tu novio—señalo a Hiccup—entonces supe que tenía que ayudar, me escape de mamá y…
—Gracias—agradeció la rubia, sonriendo con sincero agradecimiento, el niño desvió la mirada algo avergonzado, pero en el fondo, le agradaba que la muchacha agradeciera su trabajo—De verdad, no sé qué hubiera hecho si a ella… le hubiera pasado algo.
— ¿Es en serio lo que dicen?—cuestiono el niño de repente, tomo a la rubia por sorpresa, sabiendo lo que preguntaría a continuación—Que eres una bruja y que comes niños.
Astrid desvió la mirada, sintiéndose avergonzada, nuevamente expuesta, pero esta vez lo sintió más a fondo en el pecho.
—Lo de bruja… es verdad—admitió la chica, desatando las cuerdas de sus muñequeras, exhibiendo sus marcas—Pero yo no le hago daño a la gente. Por eso ayude a Hiccup a salvar este lugar y te ayude a curarte, ¿ves? Si fuera mala, yo no hubiera hecho tantas cosas.
—Tienes razón. —Acepto el niño, sonriendo—Yo no creo que seas mala—le abrazo, posando su cabeza en la cintura de la chica— ¿De verdad te tienes que ir?
—Debo terminar una tarea pendiente—respondió ella—pero, cuando termine tal vez venga a verte.
—No te sabes mi nombre para buscarme. —Se burló el niño, Astrid hizo una mueca—Me llamo Sigurd—se presentó.
—Lindo nombre.
Cuando terminaron de despedirse, Astrid se acercó a Hiccup con cautela, mientras este miraba preocupado el cómo cargaban el barco con provisiones; la miro y respiro hondo. —Creo que fue una pésima idea.
—Puede que sea en parte mi culpa—murmuro Astrid de forma distraída— ¿Crees que debamos… hablarles?
Hiccup ladeo la cabeza, preocupada. Todavía no se sentía en condiciones de volar, en especial por los hechos de la noche anterior; trago saliva y junto con su esposa se dirigieron al barco.
—¡Eret!—le llamo desde lejos mientras se acercaba, se fijó en que Astrid seguía a lado suyo, así que freno frente a ella—Creo que lo mejor es que te quedes un poco apartada de esto, ¿de acuerdo?—le sugirió, aunque por la cara que había puesto Astrid se mordió un poco la lengua.
—Ni de broma, solo yo puedo asegurarle de que no quiero comerme su tripulación o que los sacrificare en algo—se defendió, usando un tono amargo.
—Nadie menciono nada de sacrificios, pero gracias por la información—habló alguien a la espalda de Hiccup, la tripulación de Eret les rodeaba, con los brazos cruzados—No aceptamos brujas en este barco y… lo que sea queseas tu—señaló a Hiccup, quien en lugar de sentirse mal, solo se molestó un poco. Ni él mismo sabía a ciencia cierta lo que era.
—No soy como crees. —replico Astrid, usando su típica fortaleza y poco tacto. Al parecer, su tono ácido y amargo lo usaba con todos y no solo con Hiccup. Eret no se doblego, ni mucho menos el resto de la tripulación. —Quiero ayudar a Hiccup… y a Berk.
— ¿Y qué demonios le pasa a Berk? ¿Otro loco intenta hacerse con el poder del dragón alfa que en realidad es un hombre?
—Apreciaría que no se lo dijeras a todo el mundo—refunfuño Hiccup, Eret rodo los ojos, Fishlegs, sin embargo, sintió que los ojos se le iban a desprender del cráneo.
— ¡¿Qué…!?
—Te explico luego—corto Eret, Astrid dio un suspiro como señal de impaciencia.
—Escucha, si lo que quisiera fuera matarlos a todos, ¿no crees que eso hubiera hecho desde un principio? Mi tía quiere hacer eso con Berk y con todo el mundo, matar gente inocente, y no se detendrá a menos que yo encuentre la Tryllestav.
— ¿La que cosa?—cuestiono Snotlout, creyendo que había oído mal.
—La Tryllestav, una varita mágica. El arma más poderosa de una bruja.
Los gemelos reventaron en carcajadas, Fishlegs sudaba frio, Snotlout les siguió a con risitas un tanto disimuladas y Eret simplemente negó con la cabeza esbozando una gran sonrisa.
—Cariño, las varitas mágicas no existen. Si existieran, yo ya sería el hombre más rico de todo el archipiélago—se burló Eret. Astrid sonrió con superioridad.
— ¿Y si te dijera que si me llevas a ella te haría el hombre más rico de todos?
Eret dejó de sonreír. —No puedes.
—Claro que puedo. —y saco el mapa que llevaba a la Tryllestav. —Si nos ayudas, puedes ser el hombre más rico que haya pisado estas tierras. —Aseguro—Y ustedes, pueden obtener lo que deseen.
La tripulación se miró entre sí.
— ¿Qué tan lejos está esa varita mágica?
He vuelto, despues de un mes de no actualizar, despues de un examen de admision, despues de ver Aladdin, despues de tener que enfrentarme a examenes, despues de...
Bueno, ya xd
Que bien, que bien, ya todo esta bien :)
Es hora ya de festejar... En realidad no, todavia les falta un largo camino por recorrer. Ya sali de vacaciones, asi que prometo actualizar mas seguido, asies.
Re-re-reviews:
Bere o Nade: Bien, apenas saliendo de vacaciones, con la preocupacion de un examen menos xd Pero todo oc.
AME ese comic, en lo personal es mi favorito, es bastante cool y eso. Con una trama un poco mas madura que los otros cómics. Hablando de Astrid, ella no entiende como es que las sparers no le hacen el daño igual a las brujas normales, y no parece importarle demasiado. Asi como tambien, que las brujas pueden morir por lo que sea, no son invencibles xd
Esas preguntas son clasificadas Bv
Y las demas... ya se respondieron xd
Gracias, espero te guste este capitulo como el anterior.
chey120: Jejeje, estuvo demasiado genial, modestia aparte.
Esas se van resolviendo poco a poco, paciencia pequeña satamontes
Gracias por seguir la historia y por leer hasta aca :3
