NdT 1: Te recomiendo que leas este capítulo cuando estés en casa, en tu cama, casi para dormir. No me hago responsable de las emociones que puedas sentir y lo que pueda pasar si estás en público.
Esta historia es una traducción autorizada Hot For Teacher de Motherofbulls
…
— Estás loco.
— Ese no es el punto. – dijo Albus. – Solo admite que te gusta Rose.
— No lo voy a admitir porque no es cierto. Y ya que estamos hablando de eso, ¿Por qué no admites tú que te gusta Mónica? – Albus levantó las cejas levemente.
— Okay, claro. Lo admito. ¿Ves? No me he prendido en fuego. La diferencia está en que posiblemente tu también le gustes a Rose. A mi Mónica me encuentra poco atractivo y tengo que aprender a vivir con eso. – Simón rodó los ojos.
— Al, Harry Potter es tu papá. Puedes tener a cualquier chica fácilmente si parpadearas de vez en cuando y aprendieras a respirar por la nariz. – ahora le tocó a Albus rodar los ojos.
— Oh, claro. Esperemos a que mi papá me ayude a conseguir una novia. Eso no es para nada patético. Mientras estoy en eso, ¿Por qué no me hago una cicatriz en forma de rayo en la frente y pido que me trasladen a Gryffindor? – Scorpius empujó a Albus.
— No te molestes con este, Simon. Él es feliz siendo un pervertido con Mónica desde la distancia. – Albus asintió.
— Por esto es que somos amigos. Me entiendes. – Los tres chicos estaban sentados en una larga mesa de la biblioteca, con sus cosas esparcidas por toda el área. Albus suspiró, fulminando con la mirada a Scorpius.
— ¿Por qué te permití convencerme de tomar Aritmacia? – Scorpius sacudió la cabeza.
— Es fácil. Es solo que no lees los textos con la suficiente calma. – Albus frunció el ceño.
— Leo los textos jodidamente bien, muchas gracias. Pero son completamente diferentes a la basura que aprendemos en clase. ¿Cuándo se supone que voy a usar esta estupidez en la vida?
— ¿Aritmacia básica? – preguntó Scorpius arrastrando las palabras.
— No hay nada de básico en esto. Has escuchado las cosas que la profesora Vector se imagina. Ella te preguntará cosas como "Si lanzas una rana de chocolate a diez metros desde una escoba que va a quince millas por hora en una villa de Rusia, y la resistencia al viento existe, y perdiste recientemente cuatro piedras, ¿entonces cuantos pastelitos puedes comprar con un alma humana?" Eso no tiene ningún jodido sentido.
— Me encantaría estar de acuerdo contigo, pero no hay nada que tenga para decir. Necesito concentrarme en Transformaciones. – dijo Scorpius con un suspiro. Después de algunos minutos, Simón también suspiró y puso su pluma de sobre el pergamino con gran ceremonia.
— Soy una basura en pociones. Scorp, ¿crees que podrías…?
— No.
— Pero ni siquiera…
— No. – respondió Scorpius con aburrimiento. Estaba acostumbrado a esto. ¿Scorpius que respondiste en las preguntas 2 y 3? ¿Y en la 4,5,6,7,8,9, y 10? Soy una basura en (inserte una materia). ¿Crees que puedas leer mi ensayo y corregir todo lo que hice mal? Normalmente él estaba dispuesto a ayudar, pero ahora mismo estaba bastante concentrado. Nada podía distraerlo.
— Eh…¿Malfoy? – una pequeña y femenina voz de empollona rompió su concentración. – él levantó la mirada.
— ¡Weasley! Um…hola. – hizo algo con su mano, parecido a un saludo. Albus y Simón se mordieron los labios para no reírse.
— Hola. – ella estaba sonrojada y por el movimiento de sus manos parecía estar inquieta. - ¿Ya comenzaste el ensayo de Defensa Contra las Artes Oscuras?
— No. ¿Y tú? – Scorpius no estaba preparado para que él y Weasley tuvieran esta conversación. Merlín, ¿mis manos siempre han sido tan grandes flojas? ¿Qué debo hacer con ellas? Vio como Rose sacudía la cabeza.
— Me preguntaba… ¿te gustaría que lo hicieramos juntos? Desde que…ya sabes…ya hicimos la parte física del ejercicio. Juntos. Quiero decir… — ella se sonrojó. Albus y Simon trataban de no reírse por la incomodidad de ella, pero no podían evitar las sonrisas burlonas. Scorpius, por otro lado, salió en su rescate.
— Sí. Quiero decir…si tu quieres. Hacer el ensayo, solo eso.
— ¿No dijiste que tenías que trabajar con Transformaciones? – preguntó Simon. Albus se burló por lo bajo. Scorpius se sonrojó fuertemente.
— Eso dije, pero siempre puedo hacerlo más tarde. Y, de todas formas, realmente debería comenzar con el ensayo de DCAO. – él le lanzó miradas a sus dos amigos que les advertían que era mejor que se callaran.
— ¡Bien! – gritó Rose. – Imagino que puedo… — señaló la mesa, que estaba cubierta por los libros de los tres chicos. Scorpius rápidamente recogió la mesa para ella.
— Por favor, siéntate. Unete a nosotros.
— Gracias. – ella se sentó frente a él, al lado de Albus, y sacó de su mochila su libro de Defensa Contra las Artes Oscuras. Aunque no estaba muy emocionada por tener que compartir espacio con su primo menos favorito, podía hacer una excepción si eso significaba que podía pasar tiempo con…hacer ese ensayo con Malfoy. Desde que, ya sabes, él era su compañero en la clase. No había otra razón.
— Hola, Rose. – dijo Albus. Ella rodó los ojos.
— Eres tan raro. – Albus la observó sin piedad. A pesar de que no era más que un acto maligno leve, le respondió.
— ¿Por qué? ¿Te hago sentir incómoda?
— ¡Detente!
— No estoy haciendo nada. – él no había dejado de observarla desde que ella se había sentado. Tampoco había parpadeado.
— Te estoy ignorando. – intentó mostrarse despreocupada e involucrar a Scorpius en una conversación sobre las diferentes escuelas de pensamiento en el mundo muggle. – No estoy segura de que Muay Thai sea siempre superior. Quiero decir, piénsalo un poco, Malfoy. Si algunos combates tienen resultado, entonces sería bueno luchar en algunos casos. – el chico asintió.
— Entiendo tu punto. Al, corta esa mierda. – Rose se giró para mirar a su primo, que seguía observándola.
— ¿Cómo haces para aguantar tanto rato sin parpadear? – Albus se encogió de hombros.
— La mente sobre el cuerpo, no al revés. Pongan eso en tu ensayo. – ambos, Scorpius y Rose, rodaron los ojos. Continuaron hablando sobre la importancia del movimiento de los pies por lo que parecieron horas. Simon y Albus se mantuvieron observándolos confundidos.
— ¿Qué es esto? ¿Un tipo de raro y empollón ritual de cortejo? – le susurró Simon a su amigo. Rose y Scorpius estaban tan comprometidos en debatir respecto a la ética de la defensa preventiva que no habían notado que los otros dos seguían ahí. Albus asintió.
— ¿Ves cómo el empollón masculino se inclina hacia adelante cuando expone su punto? Le está dejando saber a los otros empollones que esa chica empollona es suya. – Simon soltó una carcajada.
— ¿Notas como la chica empollona se toca el cabello cuando el chico habla? Le está enviando un mensaje secreto al chico de que esta disponible para juntarse con él.
Scorpius y Rose permanecieron ajenos a los comentarios de los otros dos chicos. Trabajaron en sus ensayos, alternándose entre discusión que parecían más flirteos que otra cosa y silencios amigables. Una hora después, Rose se puso de pie.
— Debería regresar a mi sala común. Quizá…si quieres… ¿podríamos juntarnos para estudiar otra vez? ¿Algun día? Eres muy buen…
— Sí. – dijo Scorpius sin un pizca de vacilación. – Rose sonrió.
— Oh, que bueno. Entonces supongo que te veré por ahí.
— Sí, nos vemos. – Scorpius observó como ella se alejaba.
— Ejem. – Scorpius se giró hacia sus dos amigos que habían estado sentados en la mesa durante todo el rato.
— ¿Eh? ¿Dijeron algo? – Albus sonrió.
— Nop. Ni una jodida palabra. Solo disfrutábamos el espectáculo. Y me aclaraba la garganta. – sonrió con una sonrisa demasiado entusiasta, que mostraba casi todos los dientes. – ALGO TOTALMENTE NORMAL.
— Ustedes dos están hechos el uno para el otro. Nunca había visto tanta tensión sexual en una conversación sobre los riesgos de seguridad. – dijo Simon. Scorpius se sonrojó.
— Les doy cinco galeones si dejan de hablar de esto ahora mismo.
…
Los débiles intentos de Draco de leer su libro estaban fracasando. No podía dejar de mirar la chimenea. Ella llegaría pronto. ¿Por qué estaba tan nervioso? Ya habían estado juntos de manera íntima antes. No debería estar para nada nervioso por eso. Debería estar ansioso, pero nervioso no.
Ella vendría a su casa. Esta casa. La casa en la que había sido torturada cuando era adolescente. La casa en la que Lord Voldemort había puesto su guarida durante la guerra. La casa en la que él había nacido. Donde vivía con su familia. Donde su esposa había muerto.
De pronto se paralizó. ¿Era esto una mala idea? ¿Qué pasaba si era muy pronto?
En el momento en el que alejó sus ojos de la chimenea para poder entrar en pánico, escuchó el familiar sonido que anunciaba la llegada de Hermione. Sus nervios eran tantos que envió el libro que tenía en las manos a volar por la habitación para ponerse de pie y recibirla. ¡Ya está aquí! Okay, Draco. Cálmate. Actúa normal.
— Veo que encontraste el lugar sin problemas. – le dijo mientras se le acercaba y dejaba un suave beso en su mejilla. – Hermione sonrió.
— Bonita casa. – ella se sonrojó, esperando que su comentario no sonara muy genérico o falso. Buena esa, Hermione. Es una mansión jodidamente grande. Obviamente será bonita. Él sonrió ante la expresión sonrojada de ella.
— Si trajiste alguna maleta, Whimsy la puede llevar hasta mi habitación por ti. – él se sonrojo de repente, dándose cuenta de las implicaciones de su ofrecimiento. No le había pedido a Whimsy que preparara una habitación para Hermione porque había asumido que ella dormiría en su cama. De repente le pareció que había actuado precipitadamente. Pero entonces ella le dedicó una sonrisa tranquilizadora.
— No es necesario. Solo traje esto. – le mostró una pequeña cartera donde no cabría algo más que un pinta labios. – Tiene un hechizo de extensión indetectable. Él arqueó una ceja.
— Muy impresionante, profesora. – ella lo miró con ojos muy abiertos y luchó contra la sonrisa que quería escapar de sus labios.
— ¿Así que ya soy ‹‹profesora››? Acabo de llegar, Señor Malfoy. – él sonrió coquetamente.
— Sigue así y olvidaré mis modales. ¿Whimsy?
Una pequeña elfina, vistiendo la funda de almohada más hermosa que Hermione había visto, apareció en la habitación. Oh por Dios. Esta es la ropa formal de ella.
— ¿El amo llamó a Whimsy?
— Por favor, lleva las cosas de la Srta. Granger a mi habitación. – los ojos de Whimsy se abrieron de manera excesiva.
— ¿A…la habitación del amo? ¿La Srta. Granger no necesitará su propia habitación? – Draco gruñó internamente. ¿Por qué la elfina tenía la necesidad de recalcar lo obvio? Cuando le respondió, lo hizo en voz baja para que solo Whimsy escuchara.
— La Srta. Granger se quedará en mi habitación. – Whimsy asintió levemente, una mirada incrédula adornando su rostro. Draco se dio cuenta de que sería la comidilla de sus sirvientes. Ninguno de los elfos había visto algo parecido después de la muerte de Astoria.
— Whimsy llevará el bolso de la Srta. Granger a la habitación del amo. – y despareció con un ‹‹pop››. Hermione observó el intercambio con un poco de vergüenza. Se mordió el labio a la vez que Draco centraba su atención en ella.
— Espero no haber formado un escándalo con tu personal. – él sonrió.
— Para nada. Me temo que estoy un poco decepcionado de ellos. La mayoría de los elfos domésticos viven para este tipo de cosas. Intriga, guardar secretos. No les doy suficiente de qué hablar. Esto es un hecho positivo para ellos. – ella soltó una carcajada.
— Así que… ¿Qué vamos a hacer? – él sonrió y se acercó a ella.
— Tengo algunas ideas.
…
— Oh, Dios, ¡es enorme! – Hermione estaba cerca de las lágrimas por la hermosa vista frente a ella.
— Me alegra que te guste. – dijo él con una sonrisa. – Vuélvete loca, sé que quieres.
Solo para estar claros, estaban hablando de la biblioteca.
Hermione no podía parar de caminar de sección en sección, de libro raro a libro raro. Ahora mismo estaba examinando la primera edición de ‹‹Almas Muertas››.
— No puedo creer que tengas esto.
— ¿Y eso por qué? – él se acerco más a ella para examinar el libro que tenía en la mano.
— Gogol era muggle. E imagine…tu familia no tendría… - ella se veía un poco compungida y no podía terminar la oración. Draco le sonrió con afección.
— Era de mi abuela. Ella tenía afición con la literatura rusa muggle y mi abuelo no podía negarle nada. – Hermione sonrió.
— ¿Y a ti? ¿Qué te gusta leer? – él se encogió de hombros.
— De casi todo. Recientemente estuve leyendo de Gertrude Stein, si puedes creerlo. – sus ojos tenían un brillo descarado.
— ¿No estas diciendo eso por impresionarme?
— Oh, definitivamente trato de impresionarte. Sin embargo, disfruté mucho leyendo ‹‹Tres Vidas››. – Hermione soltó una risita.
— Estas lleno de sorpresas, Draco Malfoy.
— Buenas sorpresas, espero. – ella se mordió el labio.
— De hecho, estoy cuestionándome la exactitud de mi percepción. ¿De verdad eras un idiota cuando éramos niños o siempre fuiste como ahora? – él soltó una carcajada.
— No, yo definitivamente era un idiota. Contigo especialmente. Y ya sabes…lo siento por todo eso. Por si nunca te lo había dicho. – ella lo miró interrogante.
— No tienes que…
— Hermione, me gustas. Mucho. Y…no quiero que haya nada sin decir entre nosotros que pueda salir a flote después y arruinarlo todo. – ella sonrió.
— Tú también me gustas. Y no necesitas disculparte por ser un imbécil cuando eras un niño. – él se relajó notablemente y cogió su mano.
— Nunca había conocido a alguien como tú. Después de la muerte de Astoria… – hizo una mueca. – Olvídalo. Primera lección sobre cortejar a una mujer, Draco: ¡Nunca traigas a la conversación a tu difunta esposa!
— Dime. – le dijo Hermione tranquilizadoramente. Él sintió sus mejillas calentarse.
— Um…bueno, iba a decir que después de la muerte de Astoria pensé que esa parte romántica de mi vida había terminado. Y estaba bien con eso. Scorpius…él siempre fue primero y ni siquiera tengo que pensarlo. – se sacudió levemente. – Lo siento. De verdad no quería soltar este vómito emocional ahora mismo.
— Me gusta esta parte de ti. – Draco señaló la biblioteca.
— Así que, ¿es justo decir que mi complot de impresionarte con la biblioteca está funcionando? – ella asintió.
— Mucho. Pero sabes que estoy saliendo contigo solo para tener acceso a tus libros, ¿verdad? – él asintió.
— Claro. Aunque, ¿estás segura de que no es porque soy increíblemente guapo? – ella se las arregló para parecer que lo estaba considerando.
— Reconoceré que eso puede jugar un pequeño papel. – él sonrió.
— No tiene nada de pequeño. – ella rodó los ojos.
— Hace diez segundos me estabas abriendo tu alma. Ahora estas alardeando de tu destreza sexual. – él retiró su mano de la de ella y se la estrechó.
— Oh, hola. Creo que no nos conocemos. Soy Draco Malfoy y soy conocido por ser un presumido de vez en cuando. – ella se rio.
— Eres un estúpido. – fueron interrumpidos por unos golpes en la puerta de la biblioteca.
— Adelante. – dijo Draco. Un viejo elfo domestico con una postura excelente, entró en la biblioteca. Ella instintivamente enderezó su postura.
— Quincy pensó que al amo le gustaría saber que la cena será servida en una hora.
— Gracias, Quincy. – con un asentimiento, el elfo doméstico desapareció. Draco se giró hacia Hermione. – Bueno, creo que esa es nuestra señal.
— ¿Para qué?
— Para vestirnos. – Hermione arqueó una ceja.
— ¿No lo estamos ya? – Draco soltó una carcajada.
— Difícilmente podemos llegar con esto al comedor. – Hermione estaba realmente confundida ahora.
— ¿Por qué no? – Draco arqueó una ceja.
— Primero, Quincy haría un berrinche. Segundo, mi madre se levantaría de la tumba y me sacaria del comedor cogido de la oreja si ve que no me visto apropiadamente para la cena. Es como hacemos las cosas aquí. – Hermione lo miró con una mezcla de diversión e incredulidad.
— Sí, porque estoy segura de que en eso es en lo primero que tu madre se va a fijar. No en que estas saliendo y cenando con una bruja nacida de muggles.
— A mi madre no le va a importar que seas la prima perdida de Salazar Slytherin si nos ve vistiendo pantalones tan cutres en su comedor. – ella suspiró.
— Ah, sangre puras. Son un grupo extraño de personas.
— Es la endogamia. Después de generaciones de primos casándose entre ellos, desencadenaron ese gen que la mayoría de la gente tiene que les permite establecer sus prioridades directamente. Pero, todos tenemos un impecable gusto en la moda y modales en la mesa perfectos.
Caminaron hasta el cuarto de Draco para cambiarse. Hermione se sorprendió de lo fácil que era actuar tan natural con él.
— Tendré que transfigurar algo para ponerme. No estoy segura de haber traído algo que satisfaga a Quincy.
— Já, mira como te burlas. Pero solo lo haces porque no tienes idea de cuan escalofriante puede ser. – Hermione bufó.
— ¿Estas sugiriendo que le tienes miedo de tu mayordomo?
— No, no estoy sugiriendo nada. Te estoy diciendo que le tengo terror. Un testimonio de cuanto me gustas es que encontré el valor de hablar con él sobre pagarle a los elfos domésticos. Honestamente, debería despedir a mi abogado y enviar a Quincy a manejar todas mis negociaciones. – ella estaba riéndose.
— ¿Cómo se lo tomó?
— Bueno, estaba desgarrado. Por una parte, soy su amo, así que está obligado a hacer lo que yo diga. Por otra parte, puedo decir que quería desesperadamente cortarme el cuello con un cuchillo de cocina. – Abrió la puerta de su habitación. – Damas primero. – le dijo con una encantadora sonrisa.
— ¡Maldición! ¿Esta es tu habitación? – era más grande que el apartamento que ella tenía cuando era aurora. – Draco, esto es ridículo.
— No sé si lo dices porque no te gusta o porque te sientes insultada.
— Siempre supe que eras rico, pero, ¿en serio?
— Y eso que no has visto el baño todavía. –
Ella caminó, con algo de timidez, al baño. Draco supo que había encontrado la tina de baño cuando la escucho gritar ‹‹¡JODER!››. Sonrió. Su bañera era su cuerpo de agua favorito en toda Gran Bretaña. Era mas una piscina que una bañera. Las losetas de mármol estaban encantadas para mantener el agua en la temperatura perfecta. Y alrededor de la misma había cientos de botellas que contenían todas las esencias de baño conocidas por el hombre. Draco, con toda su masculinidad incluida, estaba seguro de que un buen baño de burbujas diferenciaba a los humanos de los animales.
— ¿Quieres probarla? – le preguntó mientras se paraba tras ella. Hermione sonrió.
— ¿Tenemos tiempo?
— ¿Para un inocente baño? Sí. ¿Para todas las otras cosas que quiero hacerte desde que me sacaste a patadas de tu cama el lunes en la mañana? – sonrió – En absoluto. – la acercó para darle un beso. Hermione sonrió dentro del beso y puso una mano entre ellos para desabotonar la camisa de Draco. – Pido una demostración. Enséñame que quieres hacerme.
Él gruñó mientras sus manos la rodeaban, hasta que llegaron a su trasero y lo amasaron. Los arrastró hasta que la tuvo contra su cuerpo y la pared. Sus labios nunca dejaron los de ella mientras sus manos se movían para deshacerse de sus vaqueros. La espalda de ella se arqueó cuando él le quitó los pantalones y las bragas, acariciando la carne de sus muslos en el proceso. Ella gimió. Él se alejó lo suficiente para quitarle la blusa por la cabeza y rápidamente regresó a sus labios.
Ella se dio cuenta de que él estaba prácticamente completamente vestido todavía y llevó sus manos hasta la cremallera de su pantalón para quitárselos. Él se sacó la camisa y empujó los pantalones para ayudarla. Después fue hasta su espalda para desabrocharle el sostén y rompió su beso para poder recostarse y mirarla. La miró con cariño.
— Creo que nunca seré capaz de mirarte sin sostén y no sentir que me voy a venir. – ella soltó un par de risitas.
— ¿Solo vas a mirar? – él la levantó con un gruñido, arrancándole una sonrisa juguetona a la bruja. Los llevo hasta la bañera que se llenó mágicamente con agua caliente. Le mordió el lóbulo de la oreja y pasó una mano por su entrada.
— No había podido sacarme esto de la mente en toda la semana. – y metió un dedo en su cavidad.
— Joder. – siseó ella mientras él añadía un segundo dedo. Ella se removió contra su mano y el sonrió.
— Tan codiciosa. –
Movió sus dedos más suavemente y acomodó su cabeza para capturar uno de sus senos con la boca. Ella gimió audiblemente mientras el succionaba su pezón. El gimió contra su pecho, lamiendo el agua con esencia a lavanda que se escurría por el cuerpo de ella. Merlín, amaba los senos. Especialmente los de ella. ¿Cómo es que había pasado tanto tiempo sin senos en su vida? Los acarició con adoración.
— ¿Sabes? Si hubieras tenido estas cuando estábamos en Hogwarts hubiera estado detrás de ti como un cachorro. – ella se rio.
— ¿Es por ese que eres tan amable conmigo ahora? – él sonrió mientras acariciaba su clítoris, haciendo que ella se estremeciera y se pegara él.
— Entre otras cosas. – ella se inclinó, acarició su pene y él se tensó ante el contacto.
— ¿Qué cosas? – los ojos de él estaban en blanco mientras el pulgar de ella acariciaba su cabeza.
— Um…tu…Merlín, Hermione. – gimió él mientras ella bombeaba a lo largo de su prepucio. – Tus manos.
— ¿Qué más? – preguntó mientras incrementaba la velocidad. Su respiración estaba agitada.
— Tu boca.
Ella tomo una profunda respiración antes de meterse bajo el agua. Draco pensó que se iba a morir cuando sintió la boca de ella en él, chupándolo debajo del agua. Su lengua pasó por la cabeza antes de que se lo metiera completo a la boca.
— Joder, Hermione. Me vas a hacer venir – su lengua volvió a lamer su longitud antes de que retirara la boca. Salió del agua luciendo muy satisfecha de si misma. – Eres increíble. – dijo él con un jadeo, mirándola con la boca abierta.
Ella prácticamente trepó por su cuerpo, pasó una pierna por su cadera y se hundió en él. Draco le apretó las caderas y entró en ella tanto como pudo.
— Dioses, Draco. – trató de moverse, pero Draco la sostuvo firmemente y le sonrió.
— Me tienes que dar un minuto para saborearme esto. – su respiración era pesada. Ella se sentía muy bien con él dentro de ella y él sentía que si no se tomaba un momento haría alguna locura, como pedirle que tuvieran hijos.
— Muévete, Draco. Por favor. – le pidió ella tan sensualmente que él no se pudo negar. La embistió fuertemente.
— Oh, Dios. Eres perfecta. – le acariciaba el clítoris mientras la embestía.
Era una sobrecarga de emociones. Tanto placer que sentían que iba a combustionar.
— Sí, Draco. Oh, sí, Draco. – gemía ella.
Él no podia recordar la última vez que se sintió tan bien. Tan arrogante como era, estaba seguro de que nunca se había sentido tan orgulloso de si mismo como en ese momento, viendo a Hermione Granger retorciéndose contra él, sus parpados revoloteando y diciendo palabras tan sucias que era un milagro que él no se hubiese corrido solo escuchándola hablar. Apoyándolos contra la pared de la ducha entró en ella sin parar. – Por favor, no pares.
— Joder. Fóllame más fuerte. – le ordenó ella. Él la complació entusiasta. Él no se atrevería. Probablemente no pudiera hacerlo, aunque quisiera.
— Lo que quieras, amor. – la embistió más fuerte, acariciando su clítoris al mismo ritmo que la embestía. Cuando sintió que ella se apretó y gritó su nombre, se permitió correrse gruñendo su nombre. – Hermione.
Lucharon un tiempo para recuperar la respiración. Sus frentes estaban unidas en su aturdimiento post-orgásmico. Draco le metió un mechón de cabello mojado detrás de la oreja y la miró con cariño.
— Granger, realmente eres buena follando. – ella le sonrió.
— Como tú.
Salió de ella sin querer hacerlo realmente. No sería capaz de tomar otra vez un baño sin pensar en lo que había pasado. Bañarse nunca había sido algo tan sucio.
— Estoy tentado a mandar a la mierda la cena y mantenerte aquí hasta que muramos de cansancio. Pero creo que mis elfos domésticos vendrían a buscarme con cuchillos si los privó de la oportunidad de presumir ante ti.
Ella se rio. Se sentía…tan satisfecha. Además del hecho de que hace dos minutos había tenido el mejor orgasmo de su vida, estaba divirtiéndose con él.
— Deberíamos vestirnos. No quiero que Quincy me mire con malos ojos por llegar tarde a la cena.
— Buen punto. Después de haberte deslumbrado con libros y sexo supongo que debería alimentarte. – salió de la bañera y tomó una toalla.
— Es costumbre, creo. – él sonrió y extendió una mano para ayudarla a salir de la bañera. Puso una toalla alrededor del cuerpo de ella y se aseguró de que hubiera entrado en calor y la tomó por las mejillas.
— ¿Sabes? Yo… – se mordió el labio, luciendo un poco inseguro. Algo en su interior ganó y habló. – Creo que estoy loco por ti.
— ¿Lo estás? – preguntó ella con una sonrisa. Él asintió.
— Me parece correcto estar aquí contigo. – dijo él con un asentimiento.
Sonrió antes de inclinarse y darle un dulce beso. Ella suspiró mientras él le daba un abrazo.
— ¿Quién eres?
— ¿Tu nuevo novio? – preguntó él mordiéndose el labio tentativamente. Ella se sonrojó y sus ojos se abrieron enormemente.
— ¿Quieres ser mi novio? – las orejas de él se pusieron rojas.
— Sí, por favor.
— Me gusta como suena eso. – dijo ella con una sonrisa.
…
NdT 2:
¿¡Sorpresa?! Estoy segura de que no esperaban que justamente hoy hubiera actualización de esta historia que lleva casi 2 meses en hiatus. Pero ¡aquí estoy! Y vine con todo. Tenemos un poco de Rose/Scorpius y un picante Dramione. Admito que se me hace difícil traducir estas escenas tan subidas de tono y quizá por eso me tardo un poco más. Lamento mucho haber tardado tanto, pero el capítulo es bastante largo así que espero que eso compense un poco la espera.
¿Qué les pareció el capítulo? A mí me encantó, pero la historia en general me parece fabulosa; jaja.
Realmente espero que su noche de domingo se anime un poquito cuando reciban la notificación de actualización y cuando lean el capítulo.
Estén pendientes, que pronto habrá actualización de Propuesta Accidental. *guiño*
Miles de agradecimientos a ustedes hermosas lectoras que siguen aquí sin importar cuanto me tarde en actualizar, se merecen el cielo.
Un enorme abrazo,
Nat.
