Agradézcanle a la cuarentena y a The Weeknd para darme un espacio para actualizar. En especial a The Weeknd xd

Salvo por los OCs y la trama, nada me pertenece a mí, todo le pertenece a Cressida Cowell y a DreamWorks.


La isla era algo parecido a una explosión de color, llena de tonos verdes, marrones y plateados por las mujeres que sobrevolaban la isla. El sol brillaba en todo su esplendor y las mujeres que aún estaban en tierra firme charlaban distraídas, realizando sus actividades diarias, comunes y completamente cotidianas, casi todas, saludaban a las recién llegadas con una calidez casi familiar, como si las conocieran de años y no hacia una hora. Les habían cambiado las ropa, a ambas les ofrecieron usar vestidos blancos que les cubrían los brazos, se ceñían al cuello y que llegaban unos centímetros más debajo de la rodilla, la tela les hacía cosquillas y por alguna razón usarla no les daba calor.

—Bueno…— murmuro Ruffnut, Astrid le devolvió la mirada. — ¿Dónde crees que tengan estas locas a Hiccup? Quizá lo tengan en una especie de bodega gigante con más comida…— empezó, mirando todo el lugar. — ¡Quizá este en la cocina!

—No lo creo, tiene que ser en un lugar donde le sea difícil que escape, incluso donde no necesite tanta vigilancia, para no agobiarlo demasiado. —contradijo Astrid, sin embargo noto algo extraño. —No todas las chicas parecen estar aquí, lo que quiere decir que probablemente…

Se detuvo, tuvo un espasmo que le recorrió todo el cuerpo, dejándole un cosquilleo en las marcas de bruja de sus brazos. No tuvo respuesta para saber lo que le había pasado, pero sentía que el aire que estaba inhalando no era suficiente.

—Oye, ¿estás bien?—Ruffnut la tomo del hombro preocupada, Astrid asintió torpemente con la cabeza. Esto de estar casada espiritualmente con otro sujeto estaba volviéndose cada vez más raro, en especial porque no sabía exactamente cómo funcionaba todo, empezando por aquella punzada.—Estas asustándome un poco, ya sabes, no quiero que te desmayes y me dejes sola con estas caníbales locas.—comento y Astrid tono aire.— ¿Crees que Hiccup está en problemas?

—No estoy segura. —mustio la rubia, miro hacia el cielo azul, como si esperara ver a un dragón negro sobre su cabeza. —No tengo idea, debemos seguir buscando.

— ¿Y dónde?—protesto Ruffnut. — Prácticamente podría estar en cualquier parte. — Miró en todas direcciones, buscando enfatizar su punto. — Está isla es inmensa, bueno, no tanto, pero lo captas, ¿no? Si no está en el pueblo entonces tendríamos que buscar en el bosque y...

Ruffnut cerró la boca en el momento en el que vio a dos doncellas volar sobre su cabeza, charlando alegremente. Llevaban cascos y se dirigían al bosque, Astrid las siguió con la mirada, curiosa. Las alas se asemejaban a alas de dragón, no tan grandes como las de Hiccup, sino pequeñas, mucho más pequeñas, apenas lo suficiente como para elevar a las doncellas en el aire.

—Tenemos que seguirlas. — dijo Astrid, caminando en la misma dirección que habían tomado las doncellas.

— ¿Si sabes que no hemos revisado el pueblo, cierto?

—Es la segunda pareja de chicas que veo que se dirigen justamente a esa parte del bosque. — explicó Astrid, Ruffnut trataba de seguirme el paso.

— ¿Crees que Hiccup esté en el bosque?

—Tal vez escapó.

—No lo creo, todas aquí parecen muy tranquilas. Si mi cena tratara de escapar definitivamente no estaría tan tranquila.

—Saben que Hiccup no puede salir de aquí. — contestó la bruja. — Es una isla pequeña, pero Hiccup no puede salir de ella a menos que tenga un bote, porque no puede volar. Por eso están tan tranquilas.

—De modo que crees que Hiccup está como una gallina en un corral.

—No tardarán mucho en encontrarlo, quizá sí las seguimos, sabremos donde lo atraparán.

Ruffnut pudo seguir el paso de Astrid y ambas abandonaron el pueblo sigilosamente. Las marcas en los brazos de Astrid comenzaron a arder de nuevo.

Astrid quiso creer que era porque estaba cerca de Hiccup.


No sabía ya había pasado por ese lugar o si era nuevo. Nunca había estado en ese bosque antes y poco todo parecía demasiado similar a lo anterior; Hiccup buscó ayuda de otros dragones, afino el oído para poder escuchar a alguno y le pidió ayuda a Toothless para que este tradujera el mensaje. Con algo de suerte, quizá podría encontrar a un dragón lo suficientemente grande como para montarlo y que los llevará de vuelta con Astrid y los demás (por lo menos Astrid seguía viva, porque aún podía caminar, pero no podía decir lo mismo de la tripulación, así que quizás debía hacerse a la idea de que probablemente ya no había barco), el problema era que ni él, ni Toothless detectaban a ningún dragón, ni uno solo.

Hiccup se estaba cansando, esta isla no se parecía en nada a Berk, principalmente porque en ese lugar hacia mucho más calor, la humedad lo estaba ahogando y le hacía sudar a chorros. El cabello húmedo le picaba los ojos, lo hacía lagrimear y tropezar cada vez más; una vez más, él y Toothless volvieron a agudizar el oído tratando de escuchar. Una vez más, no había escuchado nada.

Fue ahí cuando Hiccup se dio cuenta de que en sí, no tenía un plan. No sabía a donde ir, sí bueno, las mujeres aladas no le habían encontrado aún, pero eso no significaba que no fueran a encontrarlo en algún momento; quizá solo estaban jugando con él, dándole algo de ventaja para ir a buscarlo una vez se cansará. Luego quizá lo capturarían o quien sabe, podían matarlo para usarlo de una vez en su estofado sagrado.

Pero están buscando a un vikingo, ¿no?

Hiccup jadeo al darse cuenta de que Toothless tenía razón. Claro, las mujeres aladas estarían buscando a un hombre, el único en la isla, pero un dragón... Un dragón puede esconderse con seguridad en alguna parte, incluso puede volar. Solo debía buscar una cueva. Se recargó en un árbol y trato de recobrar el aliento.

—Ellas curaron nuestras heridas, amigo. — recordó Hiccup en voz baja. — Pero eso no quiere decir que ya podamos volar. Ni siquiera sé si podremos transformarnos. — razonó, buscando con la mirada un nuevo camino. —Después de que tuvieras ese bloqueo...

No perdemos nada con intentarlo.

Hiccup emprendió la marcha de nuevo. Mirando ocasionalmente las copas de los árboles.

—Dejaremos de intentar llamar a alguien por el momento. — Dijo el castaño, Toothless estuvo de acuerdo. — Necesito que te enfoques en escuchar los alrededores. Tarde o temprano nos buscarán.

Caminó por lo que le parecieron horas. Aunque el cielo seguía brillante, así que le atribuyo la mala percepción del tiempo al cansancio; Toothless escuchó agua y Hiccup sintió que los dioses por fin se compadecían de él, aunque siguió el sonido con cautela. Encontró un pequeño arroyo, y una vez hubo bebido de él, barajeo las nuevas opciones que tenía: podía seguir el arroyo vía abajo y llegar a la playa, o podía seguirlo rio arriba y buscar la fuente de este, quizá, encontrando una cueva o una cascada donde esconderse.

Movimiento detrás. ¿Qué era más factible? Supongamos que corría río abajo y llegaba (con suerte) a la playa, ¿entonces qué? ¿Se arrojaba al agua y ya? ¿Hacia dónde nadaría? Teniendo en cuenta esto corrió río arriba, mirando ocasionalmente al cielo y las copas de los árboles. Quizá sí descansaba lo suficiente, podría ir río abajo sin ser visto, llegar a la playa y tratar de escuchar algo, lo que sea que lo sacará de ese lugar; corrió tanto que los pulmones empezaron a arderle y se descuidó tanto por donde iba que tropezó con una piedra mojada. Se dio contra el suelo, sintiendo un dolor agudo en el costado, esta vez, Hiccup escucho el agua caer, casi dejándolo sordo, cansado, alzó la vista y vio una enorme cascada. Sonrió, aunque ya había pasado el peligro, aún tenía que levantarse y eso dolía bastante en esos momentos.

Resbalando, llegó hasta la cascada, empapándose por completo, bebiendo también, de vez en cuando, encontró una forma de pasar detrás de ella: un estrecho pasillo de roca mojada. A gatas, tosiendo y ahora con el cabello mojado cubriéndole los ojos casi por completo Hiccup lo atravesó, buscando una especie de cueva o un agujero en el muro de roca; de niño su padre siempre le había dicho que en todas las cascadas había una cueva detrás con tesoros o cosas escondidas, pero lo único que Hiccup y Toothless querían en ese momento era una simple caverna donde planear su huida. En volver a ver a Astrid y conseguir esa...

— ¡Whoa!— exclamó Hiccup cuando una de sus manos se resbaló y casi le hace caer al agua. Solo Thor podía saber si había rocas debajo del agua o algas tramposas, así que con el corazón en un puño, Hiccup volvió a estabilizarse y giró su cabeza hacia el otro lado, soltó un suspiro de alivio. Después de todo su padre no le había mentido.

Era una caverna, era lo suficientemente grande como para que alguien erguido pudiera pasar por ella, y un poco menos ancha que la cascada, Hiccup metió la cabeza y lo primero que hizo fue mirar hacia abajo (¿y si no tenía piso y caía directamente al inframundo?), la cueva tenía un piso de roca estable, o al menos eso parecía, lentamente giró y por fin pudo meter todo su cuerpo, gateo un poco más, la cueva no parecía pequeña, sino que se extendía como un pasillo enorme y rocoso. Una vez se vio a salvo, cubierto por el agua de la cascada y por la oscuridad de la cueva, se sentó.

—No ha estado tan mal, ¿verdad, Toothless?— jadeo Hiccup, Toothless simplemente pensó que pudo haber sido peor. Trató de agudizar el oído, esta vez buscando serpientes o cosas que pudieran hacer daño. — Creo que debo tomar tu consejo y convertirnos en dragón.— avisó Hiccup.— Parece ser que esta cueva sigue, tal vez tenga otra salida.— miró por encima del hombro, hacerlo sin una antorcha sería imposible para un vikingo, pero para un furia nocturna con visión perfecta en la oscuridad era pan comido.— ¿Qué dices, amigo?

Toothless aceptó, y una vez estuvo listo, Hiccup respiró hondo. La última vez que se habían transformado había dolido tanto que estuvo a punto de desmayarse; la sangre le hormigueo bajo la piel, se dio cuenta que se estaba transformando y que no lo estaba imaginando cuando vio cómo su vista mejoraba, a razón del cambio, la piel se fragmento en escamas lisas, volviéndose cada vez más oscura, los dedos transformándose en garras y las manos en sus patas delanteras, el cuerpo aumentando de tamaño. Aun había algo de escozor en la espalda, pero Hiccup casi no lo notó.

Una vez se hubo transformado por completo, Hiccup quiso extender sus alas, pero un fuerte dolor lo hizo descartar la acción. Al parecer esas mujeres habían reparado su cuerpo de vikingo, pero su cuerpo de dragón aún estaba demasiado herido, después de volar en Nepenthe, una de sus alas debió lastimarse por volar demasiado tiempo. Bien, podría esperar ahí en lo que se curaba.

Pero, ¿cuánto tiempo podría hacerlo?

Inquieto, el dragón miró nuevamente el fondo de la cueva, curioso, rugió con su eco localización, mandando aros de luz a través del pasillo de rocas, este se iluminó por unos segundos, notándose largo, sin embargo, parecía permanecer recto. El dragón caminó por él, debía haber otra salida, quizá una que lo llevará a un lugar diferente en la isla.

Durante un buen rato, no encontró nada interesante, ni siquiera esqueletos o cadáveres de algún animal. La cueva no se estrechaba ni parecía torcerse mucho, tampoco se bifurcaba, lo único que ambos sentían era que iban bajando.

¿Raro, no? ¿Dónde estará la salida?

Toothless volvió a hacer la eco localización en la cueva, esta vez, encontró algo. Una abertura al fondo.

¡Una salida!

Con nuevas fuerzas, el dragón corrió hacia ella. Quizá la pesadilla estaba a punto de acabarse, bueno, parte de ella, aún tenía que encontrar a Astrid y ayudarla a encontrar la dichosa Tryllestav, también debía pensar en un plan para llegar hasta ahí, porque, bueno, en el peor de los casos ya se habían quedado sin tripulación y...

Llegaron a la salida, una roca la cubría en una parte, pero nada del que preocuparse, detrás de esta había luz, aunque algo tenue. El cuerpo de Toothless se abrió paso y pudo salir del pasillo, aunque soltó un gruñido al darse cuenta que esa no era la superficie, sino más bien, un tétrico lugar con dibujos en las paredes, con hilos de luz llegando desde arriba por medio de un agujero muy, muy lejos y también un poco estrecho. Se parecía a la guarida del Traga Arena, sin embargo, no había tesoros ni nada por el estilo. Uno a uno, Hiccup y Toothless analizaron los dibujos en las paredes, todos de la misma especie de dragón.

Látigos Afilados.

Pero en esta isla no hay dragones, ¿de dónde...?

¡INTRUSO!

El dragón dio un salto. Esa había sido la voz de una hembra.

¡PUEDO OLERLO!

¡YO TAMBIÉN!

Más hembras.

Parecían molestas por algo. Bueno, las dragones hembra podían llegar a ser bastante territoriales, seguramente con una charla y algo de negociación podían lidiar con ellas, por lo mientras, debían salir de allí. Toothless olfateo el ambiente y entro en estado de alerta de inmediato.

Alguien había estado ahí antes. El olor era reciente. Si alguien había podido entrar, tuvo que haber salido por otro lado que no fuera el camino hacia la cascada; el dragón siguió el rastro, caminado hacia el dibujo más grande del lugar. Los ojos del Látigo Afilado eran de esmeraldas y en su boca parecía llevar algo, un tubo muy similar a otro que ya había visto antes.

Similar al Ojo del Dragón.

¿Qué es eso?


Astrid sintió como si algo le quemará el pecho. Como un fierro al rojo vivo, o una sparer. Llevó inmediatamente una mano a su pecho, buscando que le estaba achicharrando la piel, Ruffnut lo notó y antes de poder preguntar Astrid lo encontró: era el extraño collar que la anciana Gothi le había dado antes de irse. Este brillaba con una intensa luz verde.

La rubia no se había dado cuenta que aún lo tenía hasta ese momento.

—Wow. — Exclamó Ruffnut, Astrid volvió la vista al pecho, esperando encontrar una fea cicatriz en la piel nívea, sintió alivio al saber que su piel estaba tan tersa como siempre. — ¿Qué es eso?

—Es una especie de collar. — balbuceo Astrid, cuidando que la extraña piedra no le tocará la piel.

— ¿Y por qué brilla?

—No lo sé, una anciana me lo dio. — zanjó Astrid. Era cierto que no tenía ni idea de lo que era ni de porque brillaba con esa intensidad en aquel momento. Ruffnut alargó una mano para tocarlo, pero Astrid apartó el collar enseguida. — ¡No lo toques, esto quema!— la regañó.

— ¿Hay algo de tus cosas de magia que no tenga que ver con producirte daño físico?— reprochó Ruffnut, haciendo un puchero. — No me molesta el daño físico, ya sabes. — añadió en un tono pícaro. — Pero es muy extraño que todas tus cosas te pidan que te hagas daño.

—Es el precio a pagar. — Explicó la bruja. — Cuando uno hace hechizos, parece más una negociación. Una cosa por otra. Sangre por magia.

—Eso es tétrico. — Observó Ruffnut. — Y demasiado genial.

Con cuidado y de manera muy ortodoxa, Astrid pudo sacarse la cadena del cuello para apreciar mejor la piedra. Parecía una linda luna, con sus cráteres en verde e incluso pequeñas montañas, el collar se balanceo hacia adelante y hacia atrás, en dirección a la izquierda.

—Parece que quiere decirnos algo. — Adivinó Ruffnut. — ¡Oye! ¿Y si es una especie de brújula?— saltó, emocionada por haber descubierto algo, Astrid la miró confundida. — ¡Sí, ya sabes, que nos indique el norte!

—Dudo mucho que sirva para eso. — Cortó Astrid. — La anciana que me lo dio detectó con esto que yo soy una bruja, quizá detecta la magia o algo así. — después de decir aquello, a ambas chicas se les vino la misma pregunta a la mente.

—Entonces, ¿hay otra bruja aquí?— preguntó Ruffnut con voz temblorosa, Astrid trago saliva, ¿y si Mørke los había encontrado? Quizá estaba con las extrañas Doncellas Aladas, quizá tenían a Hiccup.

Escucharon voces y ambas corrieron a esconderse entre los arbustos. Ambas trataron de ver entre las hojas quien iba caminando por ahí, parecía ser una se las doncellas, Ruffnut la identificó al instante, era Atali y miraba por encima del hombro todo el tiempo.

— ¿De dónde salió?— susurró Ruffnut. Astrid le respondió con un "shh".

Una vez se alejó, ambas contaron hasta diez antes de hablar.

—Creo que vino de por allá. — señaló Astrid, curiosamente, hacia la izquierda.

— ¿Crees que ellas también sean brujas?— preguntó Ruffnut, Astrid negó instantáneamente la cabeza.

—No, no parecen. — dijo, y se aventuró a salir, una vez verificó que no había nadie al rededor ni sobre ellas, sacó todo el cuerpo del arbusto. El dije seguía ardiendo, comprobó que por encima de la capa no le llegaba el calor, así que esta vez, lo uso por encima de esta. — En fin, debemos seguirla, quizá ella sepa donde esta Hiccup.

— ¡No, espera!— Ruffnut corrió por donde Atali había aparecido. — ¿Y si tienen a Hiccup por aquí?

— ¿Qué te hace creer que está en esa dirección?

—Oh vamos, tal vez lo tienen encerrado en una cueva. O en un calabozo...

— ¿En medio del bosque?— Astrid puso sus manos en las caderas. No perdían nada, después de todo; aunque, si se llegaban a toparse con Mørke...— No te alejes de mí, de verdad no tengo idea de lo que detecta esta cosa. — Señaló el collar. — Pero es importante.

—De acuerdo. — aceptó Ruffnut. Ambas comenzaron a caminar por el sendero, se encontraron una bifurcación de este al poco rato, ninguna de las dos tenía idea de cuál tomar hasta que Astrid se dio cuenta que el collar brillaba con más fuerza en uno de los caminos, así que siguieron caminando guiadas por el dije en forma de luna.

Fue así hasta que llegaron a una zona rocosa, rodeada por los árboles, como si el bosque sólo hubiese rodeado esa parte. En el centro de la zona, había un agujero. El dije seguía brillando con la misma intensidad.

—Vaya, nos trajo hasta un geiser. — Observó Ruffnut. — ¿Por qué?

Astrid avanzó por el piso de roca. Era bastante extraño, ¿un geiser en medio del bosque? No tenía sentido.

—No sé ve como uno, debería haber más rocas. — Respondió Astrid. — Tampoco se siente caliente aquí. — vio a Ruffnut correr a su lado, hacia el agujero. — Pero no estoy muy segura, no te... ¡no pongas tu cara ahí!— gritó al ver que Ruffnut metía su cara en el agujero. — ¡Ruffnut!

— ¡Aquí hay algo!— Ruffnut metió más su cabeza, Astrid sentía el corazón en un puño. De verdad esperaba que no fuera un geiser. — ¡Veo algo!— pataleo.

Adentro, parecía una enorme caverna con dibujos. Escuchó un gruñido y giró la cabeza para ver que lo ocasionaba, una mancha negra le miraba desde el suelo.

— ¿Qué es lo que ves?

—Un salón lleno de dibujos de dragones y creo que un dragón. — Describía Ruffnut. — Alto, se parece a Hiccup dragón, es un furia nocturnAAAAAAAAAAHHHHH— gritó Ruffnut cuando una de sus manos que la sostenía para no caer, resbaló. Se fue de cabeza por el agujero, para horror de Astrid.

— ¡Ruffnut!— Astrid la vio caer, mientras una sombra corría hacia donde la rubia se iba a estrellar.

Ruffnut cerró los ojos y no los abrió hasta que aterrizó en algo blando, escuchó como si alguien hubiera perdido el aire. Alzó la vista y vio un dragón debajo de ella, quien, boca arriba, había amortiguado su caída.

— ¿Hiccup?— preguntó la chica, el dragón volvió la cabeza hacia ella y bufo en respuesta. — ¡Hey, es Hiccup!— Ruffnut se levantó de un salto y miró hacia la abertura en el techo, encontrándose con Astrid ahí. — ¡Mira, Astrid! ¡Encontré a Hiccup!— y señaló al dragón.

Hiccup se enderezó y se sacudió. Luego, gorjeo hacia arriba.

Astrid sintió que un peso se liberaba de su espalda. Hiccup estaba ahí, con vida, en una especie de cueva extraña, ahora con Ruffnut.

—Alabado sea Satán. — murmuró Astrid.

Tomaré eso como una expresión de alivio. Escuchó en su cabeza, Astrid enrojeció al oír a Hiccup en su cabeza, al parecer sólo pasaba cuando él era un dragón.

—Lo es. — respondió Astrid entre dientes. — ¿¡Dónde estabas!?— Le gritó al dragón. — Hemos estado buscándote en todas partes.

Ruffnut se volvió hacia Hiccup, quien miraba hacia arriba como si pudiera responderle con los ojos.

Bueno, después de caer del barco, me desmaye y desperté en este lugar. Ellas dijeron que me vieron en el mar y me trajeron hasta aquí, me quitaron la armadura y curaron mis heridas... Luego dijeron que me comerían.

— ¿Cómo...?— Astrid se sorprendió bastante. — ¿Cómo las curaron?

Aún no lo sé.

Era casi imposible. Eran heridas hechas por una maldición, necesitaba una poción muy buena para quitarlas.

— ¿Hablas idioma dragón?— preguntó Ruffnut. Astrid la miró. — Es que siento que me estoy perdiendo de mucho.

—Algo así, puedo oír lo que dice en mi cabeza. — Explicó rápidamente la rubia. — ¿Cómo entraste?— le preguntó a Hiccup, si seguían hablando de las heridas, no llegarían a nada.

Hay una salida por allá. Señaló detrás de sí con su cabeza. Lleva directamente a una cascada, creí que había otra salida por aquí.

—Hiccup dice que hay una salida que llega a una cascada. — Informó Astrid para Ruffnut. — Pero debe haber otra, vimos a Atali caminando fuera de aquí hace un rato.

Aun huele a que ella estuvo aquí.

—Ignorare lo extraño que sonó eso. — Astrid rodó los ojos, sentía como Hiccup intentaba explicar que no lo había dicho en un mal sentido. — ¿Ves algo por ahí, Ruffnut?

—No. — Negó con la cabeza mientras daba una vuelta en su misma, analizando el lugar. — Sólo rocas y dibujos extraños de dragones.

Son Látigos Afilados, he oído a unas hembras hablar hace rato. Creo que saben que estoy aquí.

— ¿Les has hablado?

No creo que sea un buen momento. Les molesta que yo esté aquí.

—Oye, ese dragón tiene algo en su boca.— observó Ruffnut, corrió hasta el dibujo y lo observó por un buen rato.— Es como un extraño tubo, tiene un dragón tallado, y está repleto de garabatos extraños…

No terminó Ruffnut de describirlo cuando Astrid volvió a sentir el calor del dije nuevamente, estaba brillando con todavía más intensidad que antes, echó un vistazo al rededor, no había nadie, ni en las copas de los árboles o en el suelo.

Se parece al Ojo del Dragón. Murmuró Hiccup desde un rincón de la cabeza de Astrid. ¿Ese es el dije que te dio Gothi? ¿Para qué sirve?

—Detecta la magia, creo. ¿Qué es un Ojo del Dragón?

Te lo explico más tarde, ¿Crees que ese extraño tubo sea lo que está detectando?

Hiccup no esperó responder cuando fue hacia Ruffnut quien hacía de todo para alcanzar el tubo. Con su cabeza, la elevó unos metros para que ella pudiera alcanzarlo, Ruffnut rio y lo alcanzó con facilidad.

— ¡Lo tengo!

El dije dejó de brillar.

Ruffnut intentó abrir el tubo, sin éxito.

—Sea lo que sea, debemos irnos ya. — ordenó Astrid. Era extraño, pero después tendrían tiempo para verificar lo que era. — El barco está al norte de la isla... Les diría que fuéramos todos juntos pero...

Bueno, sí, estamos aquí abajo.

— ¿Dónde está esa cascada?

Lo único que sé es que me buscan en ese lugar, ellas sabían que estaba ahí. Solo debes encontrar el río.

— ¡Puede haber muchos ríos aquí!— gritó Astrid.

—Pero solo una cascada. — sonrió Ruffnut.

Yo llevare a Ruffnut a la cascada, luego nos encontraremos ahí y nos iremos.

— ¿Aún no vuelas?

No. Mis alas están heridas.

—Usaremos el cuerno entonces.

—Oigaaaaan. — Canturreo Ruffnut frunciendo el ceño. — Yo no hablo idioma dragón, así que no sé nada del plan.

—Te irás con Hiccup hasta la cascada. Yo iré a la aldea y buscare la armadura de Hiccup. — Explicó Astrid. — Los veré en la cascada, diré que te perdí de vista en la zona sur. Eso las distraerá y nos dará tiempo de correr hasta la playa y sonar el cuerno. Espero que en esa playa haya un lugar donde esconderse.

— ¡Entendido!

Astrid asintió y se levantó del agujero. Trató de recordar el camino (deseó que Stormfly la compañara), si se perdía buscaría un hechizo de brújula en su libro (si es que había uno), podría incluso subirse a un árbol y buscar llamar la atención de las chicas aladas. Se iba alejando cuando escuchó la voz de Hiccup, en un volumen muy bajo y desde un rincón de su cabeza:

Me alegra que estés bien.

Astrid dejó de caminar un segundo, incluso parpadeo un par de veces. Aun no se acostumbraba a hablar por ese medio con Hiccup, incluso llegaba a asustarla.

—También me alegro. — susurró ella.

Intentaré llamarte cuando lleguemos a la cascada. ¿Sabes si esto funciona a cualquier distancia?

—Ni siquiera sé cómo funciona.

Entonces, debemos tratar.


El mar estaba tranquilo desde la playa de los Defensores del Ala, las olas tranquilamente llegan a la playa y volvían a la playa. Su ensortijado cabello volaba con la brisa marina, estaba esperando en un lugar donde nadie estaba vigilando y donde no había sparers, los pies descalzos de Mørke daban golpecitos a la arena mojada.

No podía creerlo.

Después de provocar esa tormenta, le costaba creer que el barco estaba aún en la superficie. Quizá no toda la tripulación estuviese con vida (eso quizá era una ganancia), pero Astrid y el dragón seguían vivos, en especial el dragón. Giró su cabeza en dirección la aldea iluminada por unas cuantas antorchas, había vigilantes, revisando las costas, pero los arboles ayudaban a mantener a la bruja oculta a sus ojos, la chica de Hiccup estaba ahí, sus fuentes le informaron que lograron evacuar lo máximo la isla. Kaira debía estar en esta isla.

Tomó la Tryllestav en sus manos. Había batallado mucho para llegar a ella, le había tomado años encontrarla, le parecía risible que Astrid intentará encontrarla en menos de una semana. Claro, Astrid era una bruja dedicada, una de las mejores del aquelarre, pero eso no era suficiente para encontrar la varita, necesitaría una kompas para saber qué dirección tomar...

— ¿Mørke?— escuchó una voz ahogada detrás de la ella. —La encontramos.

—Muy bien.

Subió la capucha de su capa y siguió a la bruja que la había llamado de camino al bosque. Ahí, en un claro, estaba una chica en camisón, mordiendo con sus blancos dientes una mordaza, el cabello rubio cenizo revuelto, sucio, escurriéndole por la cara. Los pies y manos estaban atadas con ásperas cuerdas, debajo de estas, se observaban dolorosas rojeces de carne viva. La chica lloraba e intentaba gritar con desesperación.

—Hola. —la saludó Mørke con una sonrisa amable, como si estuviera saludando a una vieja amiga. La chica abrió aún más los ojos miel, no se esperaba aquella reacción. —Quiero pedir una disculpa, espero que mis chicas no te hayan tratado tan mal. —golpeo el dorso de su mano con la Tryllestav. La chica empalideció al verla. —Tranquila, esto no te dolerá mucho. —Se acercó a ella, y acaricio con la varita sus pecas. —Y podrás volver a tu linda casa cuando esto acabe.

La chica grito nuevamente mientras derramaba más lágrimas.

—Quiero que sepas que esto no es mi culpa, nunca lo ha sido. —Dijo Mørke en un tono dulce, comprensivo y meloso. —Ni tuya, ¿Cómo ibas a saber que terminarías siendo mi mensajera?—detrás, una bruja anciana sacaba una caja de entre sus ropas. —Necesito que seas fuerte Kaira. —Mørke se apartó, dándole espacio a la bruja con la caja. Las demás también se apartaron. —Hiccup vendrá por ti pasado mañana, así que se una buena niña y una buena anfitriona, ¿de acuerdo?

Los guardias de los Defensores del Ala escucharon un grito que les helo la sangre. Los alerto y decidieron investigar.

Al libro de Astrid le faltaban páginas. En especial, muchas de posesiones demoniacas.


— ¡Esto es super aterrador!— exclamó Ruffnut, encantada de oír el eco que ocasionaba su voz. No podía ver nada, así que para solucionarlo, se había subido en el lomo de Hiccup; la chica era algo inquieta y no se sujetaba bien de sus orejas o sus salientes, por lo que tanto Hiccup como Toothless tenían que estar bien atentos por si Ruffnut llegaba a caerse.

De vez en cuando, Toothless detectaba a los dragones hembra buscándolos, seguían sonando agresivas, incluso algunas gritaban que iban a "eliminar al intruso".

—Me aburroooo. — Canturreo Ruffnut desde la oscuridad. — ¡Juguemos a preguntas y respuestas!— propuso al instante. De poder ver en la oscuridad, Ruffnut habría visto la cara de incredulidad del dragón. — Ya sé que tú no hablas, pero podemos comunicarnos. ¡Uhhh! Yo hago la pregunta y tú me respondes con, eh... gruñe para no y eh, ¿qué otro sonido haces?

Hiccup gorjeó. Hubo un tiempo en el que trató de hacer que su parte dragón hablará o que por lo menos pudiera decir alguna palabra, sin mucho éxito, claro.

—Ese sonido está bien, de acuerdo, ahhh... ¿Qué es lo que más te gusta de ser un dragón?

Hiccup rodó los ojos, gorjeo y espero que Ruffnut captará la indirecta.

—Oh, sí, cierto. — recordó Ruffnut. — Bueno, eh, ¿te gusta volar o algo así?

Hiccup gorjeo.

— ¿Y no te mareabas las primeras veces? Yo recuerdo que la primera vez que vez que me subí a un barco vomite en la proa. — rio la rubia. Hiccup negó con la cabeza y gruño. Desde pequeño estaba acostumbrado a volar, francamente no recordaba ningún problema de niño. — Vaya, eso es genial. ¿Y puedes transformarte cuando quieras?— Hiccup gorjeo, siempre y cuando no estuviera herido. — ¡Uhhh! ¿Puedes poner huevos? — Hiccup gruñó un poco más fuerte, por supuesto que no, él no era una hembra. — ¿No todos los dragones pueden poner huevos?

Los machos definitivamente no podían poner huevos. Volvió a gruñir.

—De acuerdo. — Ruffnut se quedó callada por un rato mientras pensaba en una nueva pregunta. — ¿A quién de la tripulación odias más? ¿Fishlegs o Snotlout?

Nuevamente, no era una pregunta de sí o no.

—Gorjea si a Fishlegs o gruñe para Snotlout. — aclaró. Hiccup se lo pensó un poco. Fishlegs parecía mucho más tranquilo que Snotlout, y este último se quejaba bastante o hacia comentarios desagradables des vez en cuando, así que soltó un gruñido. — ¿Eso crees? Mira, es que creo que ambos se mueren por mí. — confesó Ruffnut con falsa modestia. Aunque era obvio que ambos se peleaban por ella todo el tiempo. — Y no sé si seguir esperando a Eret, porque, bueno, no pienso casarme vieja y si lo espero que se decida ya tendré canas en todas partes. — explicó, Hiccup meneo la cabeza, era claro que Eret no tenía ningún interés en ella. — ¡Y no quiero quedarme con el idiota de mi hermano! Así que debo diseñar un plan para escoger entre esos dos tontos... ¿Eso es agua?

En efecto, se escuchaba como el agua de la cascada caía a lo lejos. Hiccup troto hasta ella, una vez estuvieron más cerca, Ruffnut pudo ver un poco más gracias a la luz que se colaba por la abertura. Soltó una exclamación encantada.

— ¿Y ahora qué?

Esperar.

— ¿Puedo ir por agua? Juro que no me caeré, soy una chica con unos reflejos impresionantes, ¿sabías que...?


Astrid tomó su cuchillo - hacha, dudosa, nunca se había hecho daño a sí misma si no era para un ritual. Tenía miedo de que no funcionara. Respiró hondo antes de enterrarlo en su muslo derecho, profundo, para luego tirar de él hacia atrás, empeorando la herida. Si ellas habían podido curar algo tan complejo como unas heridas por una maldición, está herida era pan comido. Sacó el cuchillo y cojeando se dirigió hasta la aldea.

El dolor le causaba un lagrimeo que ella podía usar a su favor, conforme pasaba los árboles, enredaba ramas en su cabello o se hacía rasguños. Una vez ya estuvo en ella, empezó a dar alaridos para llamar la atención.

— ¡Ayuda! ¡Por favor! ¡Necesito ayuda! ¡Mi amiga está en peligro!— exclamó, de inmediato, varias doncellas corrieron en su auxilio, la sostuvieron para que no se apoyará en la pierna mala. — Por favor, es un dragón...

Atali llegó unos segundos después.

¿Cómo se llamaban los dragones que Hiccup había dicho?

Látigos Afilados. Hola, al parecer funciona en distancias largas.

Más bien, de manera aleatoria. Respondió la rubia.

— ¿Qué les paso?— preguntó Atali. Astrid se sintió orgullosa, la mujer realmente se veía preocupada.

—Estábamos en el bosque, mi amiga Ruffnut y yo queríamos explorar un poco... Y entonces... vimos a un sujeto. — Farfullo Astrid, las doncellas contuvieron el aliento. — Estaba sucio y corría hacia el sur... Mi amiga pensó que el chico necesitaba ayuda, así que los seguimos y de la nada, llegó un dragón... ¡Y nos atacó!— lloriqueo la rubia como una auténtica damisela en peligro.

— ¿Un dragón? ¿Cómo era?— preguntó Atali.

Oye, yo sólo sé que sus escamas son plateadas, ayúdame.

Repite lo que diga.

—Era enorme, grandes dientes, sus escamas eran plateadas y brillantes, parecían una armadura...— describía Astrid, repitiendo lo que le dictaba la voz de Hiccup en su cabeza. — Se llevó a mi amiga y a mí me arrojó contra unas rocas, me corté la pierna...

—El dragón debe estar siguiendo al muchacho. — Concluyó Atali. — No te preocupes, encontraremos a tu amiga, ¿dónde fue la última vez que los viste?

—Rumbo al sur. — respondió Astrid inmediatamente. — Creo que iban hacia allá, ¿quién es ese chico? ¿Hay más habitantes en la isla?— una de las cosas que Mørke que había enseñado a Astrid es que cuando se estaba mintiendo, lo mejor que podía hacer era parecer confundida y cuestionar los hechos.

—Tranquila, responderemos tus preguntas cuando volvamos, lleven la con la sanadora del pueblo. Las otras, vengan conmigo.

Una de delas chicas la levantó y la llevó en sus brazos hasta una cabaña, volando por cierto. Astrid se sujetó fuerte, pareciendo asustada; se fijó en las alas de la doncellas y la se dio cuenta que las alas no estaban conectadas al cuerpo de la mujer.

Unos ojos, le regresaron la mirada. Era un dragón, un dragón diminuto, ¡las doncellas usaban dragones diminutos para volar! ¡Eso eran sus alas!

Una vez llegaron a una pequeña cabaña, la chica abrió la puerta y llamó a la sanadora.

— ¡Engla! ¡Ha habido un accidente!

Una mujer joven salió de uno de los cuartos, vio a Astrid y su pierna goteando sangre.

— ¡Oh no!— gritó la mujer, llevando sus manos a las mejillas. — ¡Elin, ponla en la cama de ahí!— señaló una cama junto a una ventana, la chica que cargaba a Astrid la depósito ahí con cuidado. La rubia examinó la habitación, había un mueble con dos puertas, y libros en los estantes. — ¿Cómo te hiciste esa herida tan fea?

Me apuñale antes de venir.

—Un dragón nos atacó a mi amiga y a mí. Me lanzó por los aires y...— Astrid hizo una pausa dramática, para sollozar. — Creo que me caí en unas rocas. — y sorbió por la nariz. La mujer, aun preocupada, se puso manos a la obra. Apartó el nuevo vestido que le habían dado a la rubia, limpio la herida con algo de agua, Astrid agradeció que la mujer fuera cuidadosa.

—Debes estar muy asustada. — comentó la mujer. No era muy mayor, quizá unos diez años más que Astrid. La rubia asintió tímidamente. — Oh, lo siento muchísimo, las chicas aquí no suelen ser muy agresivas. — aseguró mientras abría el mueble, ahí dentro habían cientos de frascos, Astrid tuvo una idea.

— ¿Chicas?

—Los dragones que viste, no son machos. — explicó. — Son hembras, y vienen a esta isla sólo a tener a sus crías. Son tan protectoras que cuando ven a un macho o a un hombre... bueno, tiran a matar. — La mujer regreso con más cosas. — Esto va a dolerte un poquito. — aseguró antes de poner unas cuantas gotas de un frasco en un pañuelo, después, lo presionó contra su piel, Astrid hizo una mueca. — Es para asegurarnos que no se hinche o salga pus. — le sonrió.

— ¿Es por eso que no hay hombres aquí?— cuestionó Astrid. La mujer que la estaba curando asintió.

—Sí, es por eso que no debes ir por la zona norte. Ahí es donde están todas las dragón...

¡Maldita sea!

En la cascada, Hiccup dio un sobresalto, Ruffnut también.

¿Has oído eso?

¿Uh?

Sobre la Látigo Afilado, se encuentran en la zona norte.

¿Y?

Tiran a matar si ven machos.

Eso explica lo territoriales que son.

—Vimos a una en el sur. — repuso Astrid.

—Algo debió llevarla hasta ahí. — con un dedo, extrajo el contenido de otro frasco, que tenía consistencia gelatinosa. Embarro los bordes de la herida y luego hizo un movimiento con los dedos juntando ambas partes de la herida, como si quisiera juntar ambas partes. — con esto la herida se cerrará.

— ¿Qué es?— La rubia observó como la herida se cerraba poco a poco. Jamás había visto tal cosa.

Lím, una heks nos enseñó a prepararla. Hace que las heridas desaparezcan, incluso las mágicas.

Conque era eso lo que le habían dado a Hiccup.

—Aunque dale tiempo, la herida está cerrada, pero eso no quiere decir que por dentro está del todo curada. — la chica le regaló una sonrisa amable. Astrid intentó responder. —Espero ya te sientas mejor y...

—Creo que...— la interrumpió Astrid. — Necesito agua. Siento que me voy a desmayar... mi amiga...

—No le hará daño si es una chica. — le aseguró. — Ya sé. — Tomó un frasco del mueble. — Voy a traer algo de agua caliente y te haré un té de esto. Te calmará. — cerró el mueble y se dirigió a la puerta.

Cuando la cerró, Astrid contó hasta diez lentamente. No quería que la chica la atrapará corriendo hacia el mueble; una vez terminó, se levantó probando su pierna. No estaba tan mal, pero cojeaba un poco; abrió el mueble y observó todas las cosas que había dentro, pociones que no conocía e ingredientes útiles, afortunadamente, cada hilera de frascos estaba ordenada y cada frasco tenía una etiqueta con su nombre. Rápidamente tomó un frasco se cada cosa, procurando tomar los frascos del fondo haciendo excepciones en las escamas de Látigo Afilado y del extraño gel que Engla había usado para curarla, podía ser útil. Arrojó los frascos a su bolso (la única cosa que las damas aladas no le habían quitado) y cerró el mueble. Escuchó atentamente, buscando pisadas, pero todo estaba sumamente silencioso.

Bien, tenía más tiempo.

Exploró la habitación. Tomó vendas, robó frascos vacíos y los llenó con puñados de hojas de las plantas que se encontraban en macetas, conservo también los sobrantes, fue a las estanterías; libros, todos en escandinavo (bien, por lo menos no estaban en un idioma extraño), muchos eran sobre los Látigos Afilados, sin embargo le llamó la atención uno con el título "Maldiciones y Enfermedades Mágicas", no lo pensó y también lo arrojó al bolso. Trató de llevarse más, sin embargo, no quería dejar a las doncellas sin libros para curarse, durante unos instantes, se estrujo los sesos para recordar el hechizo multiplicador que Mørke siempre usaba en cosas como ropa o libros. Solo funcionaba en cuero y papel.

Komdu hingað litlu eintökin, ég þarf að lesa þau…

Dijo el nombre de los libros y estos se sacudieron violentamente. Se detuvieron cuando, de ellos, los nuevos libros salieron disparados, Astrid los levantó y corrió hasta la cama donde debía estar sentada.

Fue entonces cuando le entro pánico. La chica se había tardado ya, ¿por qué? ¿Habrían llegado ya Atali y sus mujeres? ¿Se habrían dado cuenta que Astrid les habría mentido? ¿Cómo iba a responder...?

¿Hiccup?

Nadie respondió. Bien, se había ido por el momento.

Escuchó pasos. Solo una persona, genial.

¿Y si abre el mueble? ¿Y si revisa que uno de sus libros ya no está?

Engla abrió la puerta, le dijo algo sobre el té y de lo mucho que había tardado calentando el agua. Astrid no tuvo el mínimo interés en aquello, el té dejaba un regusto amargo en la boca, pero era tranquilizadora la sensación de algo caliente resbalando por su garganta.

— ¿Hay noticias de Atali? — preguntó Astrid.

—No. — la chica negó con la cabeza. No se había percatado de la falta de hojas en la maceta que tenía a lado. —Tu amiga va a estar bien, eso es seguro. Atraparán al muchacho haremos la cena y todo saldrá bien.

—No dije nada sobre un muchacho. — observó Astrid, en el relato que le contó a ala curandera, nunca había mencionado a Hiccup. La curandera palideció. — ¿Quién es ese muchacho? Creí que no había hombres.

—No los hay. — Repuso la curandera. — Es solo que... bueno, hay ocasiones especiales. — balbuceo. Astrid sintió un nudo en el estómago, iban a comerse a Hiccup. — Te lo contaremos cuando tú y tu amiga estén hoy en la cena. Hay que celebrar que tendremos dos habitantes más. — y la chica sonrió con entusiasmo genuino.

— ¿Creen que nos quedaremos?

La sonrisa en la chica desapareció. — ¿No es así?

—Bueno, Ruffnut y yo pensábamos volver a nuestra isla. — mintió Astrid. La chica asintió lentamente como si intentará comprenderlo, en un momento, Astrid pensó que si lograban vencer a Mørke, la isla no sonaba tan mal lugar para vivir. Salvo, quizá, el hecho de comer personas. — Oye, ¿(...), verdad?— No recordaba si ese era el nombre. Lo era. — ¿Crees que puedas ayudarme a llegar a la casa de Atali? Ella me dijo que esperara ahí. — Tampoco era verdad, pero por lo menos ahí encontraría su capa, la ropa de Ruffnut y con un poco de suerte, la armadura de Hiccup.

Engla la llevó directamente hasta allí. En el camino, la chica intento convencerla de quedarse, le dijo que los accidentes como aquellos, no pasaban muy a menudo, dijo que todas las chicas en la isla eran amigas, y que criar a los bebés Látigo Afilados era la tarea más importante de todas.

— ¿Por qué lo es?

—Bueno, nosotras les enseñamos a volar estos pequeñines. — Señaló al que tenía en la espalda. — Los protegemos y alimentamos porque sus madres no pueden hacerlo. — explicó. —Pero cuando están listos, los dejamos ir.

Astrid estuvo a punto de preguntar más sobre el tema, sin embargo, ya habían aterrizado.

— ¿Quieres que te acompañe a esperar?

Por mucho que Astrid quisiera, llevar a Hiccup al barco era más importante que su curiosidad.

—Estaré bien. — Astrid le sonrió para infundirle confianza a la chica. Engla asintió y voló devuelta. Como pudo, la rubia irrumpió lo más rápido que pudo en casa de Atali, buscando sus cosas. Primero la ropa de Ruffnut y luego la suya, también se echó al hombro su capa roja.

Al pasar por la sala, se dio cuenta del enorme mapa que Atali tenía en una de las paredes, era la isla. Apenas preocupándose por los clavos que lo sujetaban, lo arrancó en un solo movimiento.

Sonrió al abrir un armario y ver la armadura de Hiccup. La tomó y por medio de varios empujones, logró meterla a su pequeño bolso; antes de meter una manga, se dio cuenta que había una brújula en la muñequera.

Bien, tal parece que no usare magia.

Salió del lugar justo en el momento en el que Atali, al sur, se daba cuenta del engaño.


— ¿Por qué debo ir yo primero?— Ruffnut iba varios metros adelante de Hiccup, quien aun siendo un dragón, agudizada el oído para detectar a alguien cerca. — No es que odie no estar en peligro, pero...

Hiccup alzó la cabeza, todavía mojada por haber salido de la cascada. Aleteos, si no se daban prisa, los encontrarían.

— ¿Están cerca?— Ruffnut parecía ajena al hecho que Hiccup no podía responderle. — Quizá deba sonar el cuerno antes, ya sabes, para que el barco se ponga en marcha y no tengamos que esperar veinte mil horas a que el bote nos lleve hasta...

Más ruido, pisadas, el dragón no bolas reconoció e inmediatamente se lanzó hacia Ruffnut, para protegerla con su cuerpo. Gruño audiblemente, cono si quisiera decir "esto es mío, aléjate", mirando fijamente hacia el lugar donde las pisadas se abrían camino.

Una Astrid malhumorada salió de entre los arbustos, con la muñequera de Hiccup en una mano. Los había encontrado, pero la pierna le molestaba un poco, el dolor no era intenso, pero la herida le picaba y al estirar la pierna sentía un tirón.

— ¡Astrid!— celebró Ruffnut. Astrid no sonrió. — Estábamos a punto de sonar el cuerno.

— ¿Y qué estirar lo que estás esperando?— respondió Astrid entre dientes. —Encontré este mapa de la isla, nos llevará a la playa donde nos recogerán los chicos. Andando.

Ruffnut sonó el cuerno con toda la fuerza que pudo. A unos kilómetros, Eret puso el barco en marcha, se acercarían tanto como la profundidad se los permitiera.

No fue Eret el único que los escuchó.

Todo fue bien en los primeros metros, inclusive, estuvieron a punto de llegar a la playa, cuando una enorme Látigo Afilado les cerró el paso.

—Tiene que ser una broma. — masculló Astrid.

—Heeey, quizá sea amistoso. — Ruffnut intentó dar un paso, pero la Látigo Afilado fue más rápida e intento darle un mordisco. — O no.

—Es por Hiccup. — Aclaró Astrid. — Odian a los machos. —Miró al dragón. — Los consideran una amenaza.

Una tercera voz habló.

—No tienen nada que temer entonces. — Era Atali, desde el cielo, manteniéndose en el aire gracias al dragón en su espalda. — A menos que estén escondiendo a un macho.

Hiccup se concentró en ordenarle al dragón frente a ellos que se quitará de en medio, pero no parecía escucharlo. Más bien, parecía estudiar la situación para atacarlo.

— ¿Dónde está el joven?— preguntó Atali, demandante. — Si lo dicen ahora, le diré a la dragón que...— se fijó en el dragón negro detrás de las chicas, ¿de dónde había salido?— ¿Ese es un furia...?

Hiccup le lanzó un disparo de advertencia a la dragón, la cual se distrajo. ¡CORRAN!

— ¡Corre!— le gritó Astrid a Ruffnut, los tres corrieron hacia la derecha, sin mirar hacia atrás, Astrid sacó el mapa e intentó buscar un camino a donde dirigirse.

— ¡Atali nos encontró! ¡Nos harán estofado a los tres!— jadeo Ruffnut, resistiendo el impulso de mirar atrás. Era la que lideraba la persecución, ya que Astrid corría más lento por la herida en su pierna y Hiccup lanzaba más disparos den advertencia contra la Látigo Afilado. — ¡Moriremos!

— ¡No vamos a morir, Ruffnut!— respondió a Astrid. — Debemos ir al risco. — indicó Astrid. — Ruffnut, debes sonar el cuerno de nuevo e indicar nuestra posición. —pidió. — Y gira por ese árbol.

— ¡Eso alertará a la doncella loca!— contradijo la rubia, sus trenzas se agitaban en todas direcciones, como cabezas de dragón.

— ¡Hazlo!

Ruffnut sonó el cuerno. Lo hizo repetidas veces mientras corría, arrebatándole el aliento, indicando el camino.

— ¡Entreguen a Hiccup Haddock!— Atali iba justo arriba de ellas y de Hiccup.

¡No te haré daño! ¡Detente!

Ruffnut salió de entre los árboles y miró hacia atrás todavía sonando el cuerno, vio justo como Hiccup esquivaba un ataque de la dragón, como rugía y volvía a atacar. Vio como la cara de Astrid se deformaba en una de espanto y como le gritó que se detuviera.

Cuando Ruffnut volvió su vista hacia el frente, se topó con una vista panorámica al cielo y al mar, también vio una de sus piernas pisando el vacío. Gritó tan fuerte que incluso el dragón dejo de atacar a Hiccup para concentrarse en Ruffnut, quien estaba a punto de caer.

— ¡Ruffnut!— exclamó Fishlegs desde el mástil. — ¡Está allí, en ese barranco!

Astrid logró pescarla de una mano, se golpeó la barbilla y se mordió la lengua tan fuerte que sangro.

— ¡Te tengo!— escupió Astrid. Algo de saliva con sangre salió de sus labios y formó manchas en el césped. Ruffnut miró al vacío. — ¡No hagas eso!— ordenó Astrid, viendo como la otra chica perdía el color de su rostro. Intento hacer fuerza para devolverla arriba del risco, pero no tenía infinito resultado.

Volvió la vista hacia atrás y observó a Atali, parada en el suelo, no parecía dispuesta a colaborar.

—Entrégame a Hiccup Haddock. — exigió.

— ¡No está con nosotras!— respondió Ruffnut, quien buscaba estar lo más quieta posible, básicamente, porque veía cada vez más esfuerzo en la cara de Astrid. — ¡Ayúdame, no te quedes ahí!

—Te ayudare cuando me digas donde esta Hiccup Haddock.

Hiccup llegó hasta ellas y contemplo la escena, ¿qué podía hacer? La dragón le lanzaba ataques, Ruffnut estaba a punto de caer de un risco y Astrid no la sostendría mucho tiempo.

—Su furia nocturna está aquí, y venía con ustedes. — continuo Atali. — Tu amiga no aguantará mucho tiempo.

El dragón embistió a la mujer alada por detrás, mandándola por los aires sin darle tiempo de reaccionar. Mordió la capa de Astrid con las encías y tiró hacia atrás, ayudando a la bruja.

Ruffnut pudo colocar ambas manos sobre el risco antes de que la Látigo Afilado volviera a atacar, esta vez, dándole a Hiccup en medio de que las alas. El dragón rugió y soltó a Astrid, la cual se fue de bruces al suelo. Ruffnut soltó otro gritó, medio cuerpo seguía en el vacío.

Abajo, Eret maniobraba para colocar el barco justo debajo del risco, tratando de no chocar con ninguna roca.

— ¡Snotlout, ve por una de las velas de abajo! ¡Corre! ¡Fishlegs, cuando yo te diga, deberás gritarle a Ruffnut que estamos debajo y que debe saltar después de que cuente hasta cincuenta! ¡Luego baja!— Eret movió el timón, haciendo que el barco diese una sacudida. El dragón de Astrid, Stormfly, levantó la cabeza del hombro de Eret, donde había estado todo el día. — Ve por tu dueña. — le ordenó a la dragón y esta emprendió el vuelo. — Creo que están en problemas.

Ruffnut estaba lloriqueando cuando Eret estuvo justo debajo de ella, el cuerno había caído al mar, pero el tubo que se había encontrado en esa extraña cueva debajo del suelo seguía en su cintura, sujetado por su falda. Astrid intentó volver a ella, pero una bola de fuego la hizo retroceder.

—Este es mi fin, voy a morir— sollozó Ruffnut. — Quisiera que Tuff estuviera aquí, el torpe de Snotlout, incluso Fishlegs...

— ¡Ruffnut!

— ¿Ah?

— ¡Aquí abajo!— la llamó la voz de Fishlegs, sin embargo, al voltear, la chica no vio nada, el barco era invisible por el hechizo que Astrid había hecho. — ¡Escucha, Ruff, debes contar hasta cincuenta y soltarte!

— ¡No voy a hacer eso!

— ¡Hazlo, Ruff, prometo que voy a atraparte!

Ruffnut lo dudaba, pero aun así empezó a contar en voz alta.

Stormfly voló directo hacia Astrid, quien aún estaba levantándose.

— ¡Stormfly!— Astrid se alegró de verla. — Ayúdame, creo que...

Alguien el derribo, Atali le acercó un cuchillo a la garganta. — Estoy harta de jugar, dime donde está. — Viendo que Astrid no hablaba, acercó aún más el filo. —Tienes a su furia nocturna, ¿dónde...?—Astrid le escupió en la cara y pateó su estómago, se liberó y buscó entre sus cosas su cuchillo - hacha.

La lanzó y amenazó a Atali con su hacha.

—Magia. — masculló Atali, luego volvió sus ojos a sus muñequeras, más cuales ella había insistido en conservar. —Eres una bruja.

— ¡Cuarenta y nueve, cincuenta!— gritó Ruffnut. — ¡Listo! ¡Me voy a lanzar!— avisó mirando hacia abajo. — ¡Espero funcione, idiotas!

Abajo, aunque invisibles, Tuffnut, Snotlout, Eret y Fishlegs, sostenían cada uno la punta de una vela, a modo de red, además, debajo de esta, se encontraban todas las almohadas que Tuffnut había encontrado, solo por si acaso.

— ¡Astrid, antes de que me vaya, debes conservar esto!— como pudo, Ruffnut sacó el tubo y se lo lanzó débilmente, Astrid lo recogió del suelo. — No sé qué demonios sea, quédatelo.

La luna en el pecho de Astrid brilló con intensidad.

— ¿De que estas hablando?

— ¡Voy a lanzarme! ¡AHORA!

— ¡No, espera, Ruffnut!— intento detenerla Astrid, Hiccup también rugió en respuesta.

— ¡Fue un placer conocerlos!

—Va a suicidarse. — murmuró Atali, sin creerlo.

— ¡AtrapenmeeeeEEEEEEEE!

Ruffnut se soltó y cayó con rapidez hacia lo que creía que era el mar, se cubrió la cara con los brazos y espero el impacto contra el mar, para después, ser recibida por Odín.

No vio a Odín, por su puesto, solo sintió como algo la atrapaba y la hacía rebotar para luego volver a caer. Abrió los ojos (llorosos) y se vio en el barco de Eret, con Fishlegs frente a ella, sonriendo.

— ¡Me atrapaste!— exclamó Ruffnut con voz soñadora.

Segundos antes, justo después que Ruffnut cayera, Astrid corrió hasta el borde, llamándola. Se horrorizó al verla caer y desparecer en la espuma.

— ¡Ruffnut!— la voz se le quebró. Hiccup gimió, igualmente horrorizado. Atali sólo respiró hondo, se fijó en el tubo que la otra chica le había pasado a Astrid.

El mapa.

Embistió a Astrid, tratando de quitárselo. Astrid peleo contra ella, sin saber porque lo hacía.

— ¡Déjame!

— ¡Ese es el vendkort! ¡Ha estado generaciones aquí! ¡No dejaré que te lo lleves, bruja!

Astrid la golpeó con el hacha. Algo le decía que el extraño tubo era importante, por algo esa extraña luna estaba brillando tan fuerte en su pecho.

— ¡Estás loca!— gritó Astrid, Atali volvió a atacarla, empujándola peligrosamente a la orilla. Stormfly le lanzó una lluvia de chispas de magnesio a la cara, dejándole una marca roja y haciéndola retroceder.

Astrid se levantó.

¿Qué le iba a decir a Eret? Había perdido a uno de sus hombres, bueno, a una mujer, pero lo más importante, ¿dónde estaba el barco?

— ¡Astrid!— escuchó el grito de Ruffnut. — ¡Aquí abajo! ¡Estoy bien!— pero Astrid no veía nada en el vacío. — ¡Tú y Hiccup deben saltar! ¡El barco es invisible!

¡Claro! ¡Eso era!

— ¡Devuelve eso!— Atali voló hacia ella, como pudo, Astrid la esquivo, se dirigió hacia Hiccup.

— ¡Debes volver a la normalidad! ¡Tenemos que saltar!

El dragón gruño, confundido.

— El barco. Lo hice invisible. Debemos saltar. —le susurró, Hiccup pareció entenderlo, aunque Astrid no estaba segura. Desde que ella había sido curada no escuchaba los pensamientos de Hiccup del todo.

Atali buscó atacar a la rubia de nuevo, encontrar a Hiccup Haddock era una prioridad, pero obtener el vendkort era algo aún más importante. Cuando se volvió hacia el furia nocturna, se quedó petrificada. El dragón estaba cambiando.

Le pareció ver que los ojos del dragón se hacían más pequeños y que el tamaño de este disminuía, que las escamas cambiaban de color, las garras desaparecían y las salientes se transformaban en cabello castaño revuelto. En un abrir y cerrar de ojos, el dragón se transformó en un humano.

— ¿¡Pero que…!?

La Látigo Afilado también pareció confundirse, sin embargo, continuo atacando después de oler las feromonas del chico. Atali no podía creer lo que veía y no se movía, mirando al joven con los ojos desorbitados.

—No hay tiempo de explicar. —se adelantó Hiccup, poniendo las manos delante, como si se protegiera. Un disparo lo hizo rebotar frente al vacío, por un momento, pensó en lanzarse sin más, luego en Ruffnut y lo mortífero que sonaba caer desde esa altura. —Ah… Astrid, yo no creo que esto sea buena idea.

—Solo lánzate, yo vere como…— una lluvia de espinas cayó frente a ella, impidiéndole pasar, Stormfly chilló e intento volar hasta la dragón que había atacado a su amiga, pero dudo el hacerlo por el tamaño. Astrid tembló.

— ¡Hiccup está en la orilla!—anunció Ruffnut desde la canastilla. — ¡Va a caer en cualquier momento!—dicho esto, los demás tensaron la vela.

— ¿Ruffnut?—murmuró Hiccup, abajo no parecía haber nada.

—Hiccup, debes saltar. —repitió Astrid.

El castaño volvió la mirada, a lo lejos, mas doncellas aladas volaban en su dirección. No tardarían en atraparlo.

—Confió en ti. —Hiccup se levantó y no lo pensó antes de saltar abrazándose a sí mismo, apretando las mandíbulas lo suficientemente fuerte para no gritar.

— ¡No, espera!—Atali casi lo pesca del cuello, incluso casi se lanza en su rescate, pero no le vio en el aire y no creía que alguien pudiese caer tan rápido.

Astrid también observe a las doncellas acercarse hacia ellas, lanzo nuevamente su hacha para convertirla en cuchillo. La Látigo Afilado chillo, si bien, no se había desecho del sujeto indeseable, pero por lo menos se había ido. Ella procedió a hacer lo mismo, volviendo al bosque, frustrada.

Hiccup cayó de costado en la vela, era igual de delgado que Ruffnut así que no hubo ningún tipo de problema. Al igual que la rubia, Hiccup rebotó, pero volvió a caer en la vela.

— ¡Hiccup está vivo!—escuchó decir a Tuffnut.

Astrid corrió, ahora sin ningún problema de por medio, hasta la orilla.

— ¡Astrid está a punto de saltar!

— ¿Lista?—le pregunto a Stormfly, quien chilló afirmativamente. —Bien. —y saltó.

Algo la atrapó, era Atali, quien la sostenía del tobillo, por los aires.

—No voy a dejar que lo hagas. —le advirtió, apretando los dientes. —No voy a dejar que una bruja se suicide frente a mí.

Astrid jadeo confundida.

—No me estoy suicidando. —Repuso Astrid. — ¡Suéltame!

—Has hecho que perdamos el estofado sagrado y no puedes llevarte el vendkort.

— ¡Déjame!

—No puedes llevarte el mapa, ¡la Tryllestav te destruirá si la tocas!, ¿no lo entiendes?

— ¿Esa cosa es un mapa?— replicó, luego algo hizo clic en su cabeza. – Escucha, debo encontrarla, es por el bien de todos, incluso esta retorcida isla está en peligro. Mørke no descansara hasta tener absolutamente todo en su poder, debemos detenerla. —no le gustó la manera en la que Atali la miro cuando menciono a su tía, Astrid empuño su cuchillo. —Lo devolveré, lo prometo. —dijo y clavo el chuchillo en el dorso de la mano de la mujer, hundiéndolo lo más profundo posible, haciendo que el agarre a su tobillo se interrumpiera. Sacó su cuchillo antes de caer.

Grito mientras caía, incluso los chicos tuvieron que moverse para atraparla. Astrid no escuchaba nada, solo un molesto zumbido en sus oídos. Lo último que recordó fue haber susurrado el hechizo que vinculaba el barco con el vuelo de Stormfly.

Terbang, pimpin ombak bersama Anda, terbang menjauh...

—Sácanos de aquí. —le dijo a su dragón. Ella le hizo caso.


Las demás mujeres llegaron justo después que Astrid desapareciera entre la espuma de mar.

—Se llevó varias pócimas, ingredientes y el libro de maldiciones que teníamos. —informo una de ellas, con una careta de metal en la cara. —También se llevó la ropa de los otros dos y un mapa de tu casa.

— ¡Cielos, Atali, estas sangrando!—exclamo una de ellas, Atali seguía con la vista al frente, con la vista fija en el barco que huía al horizonte, ahora visible, a una velocidad casi vertiginosa.

—Se ha llevado el vendkort. —fue lo único que respondió Atali.

— ¿Dónde están? ¡Debemos recuperarlo!

Atali negó con la cabeza, con la mano sangrante señaló el barco que cada vez era más diminuto.

—Se han ido.


Corro a terminar el siguiente capitulo. Espero no tardarme tanto, lo siento uwu

Un abrazo a todos.