Hermione se levantó sintiéndose cálida y feliz. El brazo de Draco rodeándola posesivamente y su cuerpo desnudo contra el de ella se sentía fabuloso. Ella lo sintió moverse, apretando su agarre sobre ella. Ella se acurrucó más contra él y suspiró cuando sintió los labios de él en su hombro.
— ¿Dormiste bien? – le preguntó él, su voz rasposa.
— Muy bien. – dijo ella moviendo su cuello para que quedara más accesible a las atenciones de él. Los dientes de él mordieron allí donde su hombro se conectaba con su cuello. Ella gimió ante la sensación de su lengua sobre su piel.
— Yo también. – susurró él en su oreja, mordiendo el lóbulo. – Me cansaste.
— Tú eras el que…mmm. – él la silenció con un sensual beso. Ella se entregó y relajó su cuerpo mientras el se movía y acariciaba su seno izquierdo. Los labios de él dejaron huella por su mandíbula, su cuello. Ella se mordió el labio mientras él se movía hasta sus senos y rozaba sus caderas con las de ella, arrancándole un gemido al hombre.
— Jodido Merlín. – escuchó ella que él decía. Los parpados de ella se cerraron por el placer que sentía ante el toque de piel contra piel y el expertís de los labios de él, que chupaban y succionaban sus sensitivos pezones. Ella casi no se dio cuenta del montón de elfos reunidos alrededor de la cama de Draco.
— Oh, por Dios, Draco.
— Mmm, Hermione. – gruñó él, chupando uno de los pezones de ella.
— ¡Muévete!
— Tu primero, amor. – la calentura del hombre hacía que no entendiera la aflicción en la voz de Hermione.
— Draco. Tus elfos domésticos nos están viendo. – dijo ella como cuando hablaba en el salón de clases. Draco se quedó boquiabierto.
— Por las tetas de Merlín, ¿es en serio…? – se giró hacia la puerta y los elfos se dispersaron cuando vieron que los ojos de su dueño se posaron en ellos. Él suspiró y se talló el puente de la nariz, entrecerrando los ojos.
— No sé como comenzar a disculparme por esto. – Hermione soltó una carcajada.
— Está bien.
— No, no lo está. – ¿Era mucho pedirle al jodido destino que esas malditas bestias lo dejaran tener sexo mañanero con Hermione? ¿No podía estar con ella sin estudiantes cerca o elfos domésticos que arruinaran todo? Suspiró. – Iré a hablar con ellos.
Hermione dejó escapar una carcajada, mientras él se ponía unos pantalones y una túnica. Él se giró para mirarla, sonriendo ante la visión de ella desnuda.
Ella era perfecta. Su pelo salvaje y rizo se desparramaba por la almohada como diciendo: ‹‹recién follada››. Ella se tapó como una fina sábana su desnudez.
Y ella tenía una sonrisa en el rostro que le hacía querer mandar todo a la mierda y saltar a la cama para pasar todo el tiempo posible con ella.
— No te vayas a ninguna parte. No hemos terminado. – le dijo mientras caminaba hasta la puerta.
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‹‹ Por las barbas de Merlín, esto es muy incómodo. ¿Cómo les voy a decir que quiero follar a mi novia en paz sin que nos espíen como unos pervertidos? Ah, y sin ofenderlos ››
Los elfos domésticos fueron reunidos, bajo las ordenes de Quincy, en la sala de servicio. Draco no disfrutó dirigirse al grupo. Mirando a los veinte pares de ojos saltones se aclaró la garganta.
— Como todos ustedes saben, tengo un visitante en mí habitación. Una visitante femenina. Y ella…nosotros requerimos de privacidad.
No hubo ninguna reacción.
›› Sé que esto es algo sin precedentes, pero les pido que no la hostiguen tanto. Denle algo de espacio. Pero trátenla como la visita distinguida que es.
Whimsy, el elegante elfo, que siempre era un poco más borde que los demás, preguntó
— ¿El amo Draco traerá en más ocasiones a la señorita Hermione?
Merlín sí, eso espero.
— Es probable, Whimsy. Ahora, como estaba diciendo…
— ¿Es la señorita Hermione tan bonita como ellos dicen? – esta vez la pregunta vino de un elfo más joven.
— Ella…ella es adorable, sí. Y entiendo que la mayoría de ustedes no están acostumbrados a ver a una joven mujer en la casa. Pero por favor, respeten los límites. – dijo Draco sonrojado.
Los elfos domésticos miraron boquiabiertos a su amo. Él estuvo tentado a gritarle a todos: ‹‹ ¡Y quedan todos libres! ››
— Gracias. Pueden retirarse a…realizar sus labores regulares.
Mientras todos salían de la sala, Draco se giró para también salir solo para encontrarse a Quincy de brazos cruzados en la puerta.
— ¿Podría el amo Draco dedicar un momento para hablar con Quincy?
Draco no se atrevió a rechazar su pedido. Quincy había estado en la mansión más tiempo que él y, elfo doméstico o no, Draco había sido criado para respetar a sus mayores. Especialmente mayores tan intimidantes como Quincy.
— Claro.
— A Quincy le preocupa que el amo Draco tenga una amante en la casa de los padres del amo Draco. ¿De dónde ella viene? ¿Quién es ella?
Draco estaba un poco sorprendido. Él esperaba que Quincy estuviera diciendo lo que él creía. Lo último que necesitaba era un elfo racista jodiendo a su novia.
— Hermione no es mi amante, Quincy. No había traído a una mujer a esta casa desde Astoria, por si no lo recuerdas. Así que debe ser difícil para ti entender que Hermione es importante para mí. Sobre de donde ella viene, no sé a que te refieres exactamente, pero espero que no te refieras a su estatus de sangre. Ella es considerada por muchos como la bruja más brillante de su generación. Además, ella es una heroína de guerra y puedo decir con firme convicción que no hay nadie más digno…
— Quincy escuchó que la señorita Hermione es la razón por la que el amor Draco desea pagarnos.
Ningún otro elfo doméstico se atrevería a interrumpir a su amo. Pero estando aquí con Quincy, Draco tenía la impresión de que esta conversación era una versión más suave de la que habría tenido con su padre si todavía estuviera vivo. Solo había una manera de ganarse el respeto de ese hombre.
— Quincy, soy tu amo. Sé que llevas en la mansión desde que mi abuelo Abraxas era un niño, pero eso no te da el derecho de cuestionarme con quien decido pasar tiempo. Hermione es una persona encantadora, que estoy orgulloso de conocer, y la voy a traer aquí todas las veces que desee. Esta es mí casa y la vas a tratar con el respeto que se merece.
Quincy se veía un poco sorprendido de que el pequeño Malfoy le estuviera hablando así. Pero sus palabras parecieron suavizar algo.
— El amo Draco tiene razón, por supuesto. Quincy va a hablar con los otros y se va a asegurar de que la señorita Hermione tiene todo lo que necesite…incluida su privacidad.
Draco asintió y se giró para salir de la sala de servicio. La euforia principal había pasado y ahora sentía como si pudiera vomitar en el baño más cercano. Merlín, nunca había escuchado a su padre hablarle a Quincy de esa manera. De alguna manera consiguió llegar a su habitación y su corazón dio un salto cuando vio aquella belleza desnuda en la cama.
Ella enarcó una ceja.
— Eso te tomó bastante tiempo. ¿Está todo bien? Te vez un poco enfermo.
Él colapsó en la cama y le respondió, su voz amortiguada por las sábanas.
— Creo que tu valor Gryffindor se me está contagiando.
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Los tres chicos de Slytherin dejaron el Gran Comedor, notando que la profesora Granger estaba nuevamente ausente en la mesa de los profesores.
— ¿Qué te parece que tu padre se esté follando a la profesora Granger ahora mismo, Scorp? – preguntó Simón, sin tacto alguno.
— No me importa. – dijo Scorpius encogiéndose de hombros.
— ¿Sabes que te animaría, Scorp? – preguntó Albus golpeándole el hombro.
— No voy a revisar de nuevo el fanfic que estás escribiendo de Star Trek, Al.
— Bien. Pero iba a decir, mi prima…conoces a mi prima Rose, ¿verdad? ¿Pelo rojo, mandona, con un palo en el culo? Como sea, mi prima está parada justamente allí fulminándote con la mirada y parece estar pensando si venir a hablar contigo u orinarse encima.
Scorpius se giró para encontrarse a una muy ansiosa Rose Weasley recostada en una columna. Ambos adolescentes enderezaron su postura en el instante en que sus miradas se cruzaron. Algo en Rose se activó y se acercó a Scorpius.
— Hola, Scor…quieor decir, Malfoy.
— Hola, Weasley. – dijo Scorpius bajando la voz. Pasó las manos por su rubio cabello. – ¿Qué pasa?
— Um…nada. Solo… ¿hay un tipo de fiesta? ¿En la torre de Gryffindor? ¿Esta noche? Yyyyyy… ¿me preguntaba si querrías venir? – Rose no era así normalmente. Pero algo acerca ese rubio Slytherin hacía que se sintiera muy nerviosa y no pudiera hablar.
El corazón de Scorpius dejó de latir aproximadamente por dos segundos. Rose Weasley acababa de invitarlo a una fiesta en la Torre de Gryffindor. ¿Qué significaba eso?
— Um…sí, claro. Eso suena bien.
Rose dejó salir el aire que estaba conteniendo.
— Muy bien. Bien. A las nueve. – se giró y se fue tan rápido que casi choca con unos Ravenclaw de segundo año.
Scorpius no se dio cuenta. Se quedó allí, mirando maniáticamente la pared, contemplando si lo que acababa de pasar había sido solamente en su cabeza.
Albus llegó por detrás de él.
— Mira, es perfectamente normal mirar la pared. Yo lo hago todo el tiempo. Pero se ve un poco raro que lo hagas tú.
— Rose Weasley me acaba de invitar a una fiesta esta noche. – dijo suavemente, sus ojos todavía mirando la pared. Albus levantó las cejas.
— Es bueno ver que uno de ustedes decidió tomar la iniciativa.
Scorpius finalmente parpadeó. Se giró a mirar a Albus con mirada peligrosa.
— Tienes que venir conmigo. –
— Um…excusa genérica. – Scorpius hizo una mueca
— ¿En serio acaba de decir ‹‹excusa genérica›› para no ir a una fiesta?
— Oh, lo siento. No pensé que esperaras algo más elaborado.
— Al, vas a ir.
— O, O -escúchame bien- puedo tomar una larga y relajante siesta y no interactuar con personas que no conozco o no me agradan.
— Oh, vamos, Al. No conozco lo suficiente a ninguno de los Gryffindor. Me voy a ver como un imbécil allí solo. – Albus no se movió.
— Si ella te ama realmente, te va a aceptar por lo que eres.
— ¿Cómo vas a hacer nuevos amigos si nunca sales?
— No necesito más amigos. Ya tengo dos.
— Yo lo haría por ti.
— Y lo aprecio. Pero por suerte para ti, yo no me estoy babeando por chicas Gryffindor. Tus servicios no serán requeridos.
— Al, eres mi mejor amigo. Te estoy pidiendo que hagas esto por mí. Por favor. – Albus bufó. Scorpius había invocado la carta de ‹‹mejor amigo››. Esa mierda era sagrada.
— Bueno, allí estaré. Iré contigo.
— ¡Sí! – Scorpius dio un salto.
— Con una condición.
— Dila.
— Quiero que admitas que te gusta Rose. – el rostro de Scorpius palideció.
— ¿Es eso realmente necesario?
— Solo dilo, Scorpius. Yo ya lo sé. Tú también lo sabes. Quizá nunca lo hayas dicho en voz alta antes. Pero si quieres que vaya a una fiesta en la cueva de los leones con los imbéciles de Gryffindor para que puedas hablar con mi prima, dirás las palabras. – Scorpius rodó los ojos.
— Bien. – tomó una respiración. – Me gusta Rose. ¿Feliz?
— Dos mil puntos para Slytherin. – dijo Albus con una sonrisa. – Scorpius lo fulminó con la mirada.
— Es a las nueve. ¿Deberíamos llegar a las 10? – Albus enarcó una ceja.
— Oh, miren que chico más recto y elegante. ‹‹¿Deberíamos llegar a las 10?›› Tú puedes llegar a las 10 si quieres, yo, por otra parte, llegaré a esa fiesta elegantemente tarde.
— ¿Me dejarás solo para llegar?
— Piénsalo, amigo. ¿Realmente quieres llegar a la fiesta con un chico? ¿No crees que mi hermano ya te jode lo suficiente?
— Solo no llegues tan tarde. – dijo Scorpius después de rodar los ojos.
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Albus estaba tarde.
Pero sorpresivamente, las cosas iban muy bien. Scorpius había llegado exactamente a las nueve y había encontrado a Rose de inmediato, pues eran las únicas dos personas obsesionadas con llegar temprano a los sitios. Los dos habían estado charlando por los últimos tres cuartos de hora sobre trabajos del colegio y los libros que habían leído hasta el momento. Era sorprendentemente fácil hablar con ella (aunque en parte se debía a la cerveza de mantequilla). Y ella se veía tan bonita con ese vestido verde y con el cabello rojo cayéndole por los hombros. Él se pregunto si ella se había vestido de verde por él y sonrió ante el pensamiento.
— ¿Qué? – dijo ella sonrojada.
— Nada. – dijo él encogiéndose de hombros. – Me gusta tu vestido.
— Nunca pensé que vería el día en que Scorpius Malfoy dijera que le gusta algo mío. – dijo ella reclinándose en su asiento y sonriendo.
— El verde te queda bien. – el chico se sorprendió tomando un mechón de cabello de ella y rozarlo contra la tela de su vestido. ¿De dónde demonios salió eso? ¿Acaso heredé la habilidad de papá para seducir mujeres? ¿Realmente soy bueno en ello y hasta ahora fue que vine a darme cuenta?
Al parecer, sus actos también tomaron por sorpresa a Rose.
— Gra-gracias, Malfoy. Um…también…también te queda bien a ti. – después de eso tomó un largo trago de cerveza para ocultar su sonrojo.
— Oh, ¿es ese mi pequeño hermano? ¿Qué estás haciendo aquí, Albus? ¿Viniste a acompañar a tu rubio y elegante novio? Bueno, déjenlo entrar, por Merlín.
Scorpius se estremeció al escuchar la voz de James Potter. Él nunca iba a entender como ese chico podía pertenecer a la familia de Albus. Los Potter eran una pareja adorable y Lily se veía que iba por la misma línea. Albus, por supuesto, era como un hermano para él. ¿Cómo James Potter, la persona más desagradable en todo el Mundo Mágico, pudo haber nacido en una familia tan amorosa y buena?
Rose habló.
— ¿Albus está aquí? ¿Por qué? Él no conoce a nadie en Gryffindor.
Scorpius enarcó una ceja.
— Te conoce a ti. Eres su prima. Te conoce a ti. Eres su prima. Y su hermano, James. su hermano, James. Y su hermana. ¿Y que hay sobre mí? Yo tampoco conozco a nadie aquí, solo a ti. – él no quería sonar tan irritado, pero nunca le había gustado que las personas intentaran sacar a Albus del grupo.
— No quise decir… – ella suspiró – Albus es…ya sabes. Él no es como tú. Es una especie de…drenador social. Lleva cada conversación a la miseria.
— Él es mi mejor amigo. – dijo Scorpius dándole punto final a la conversación y sonando un poco más hostil de lo que quería.
Y como si fuera una señal, Albus llegó a la escena, vistiendo una camiseta blanca que parecía tener grandes cantidades de sangre seca en la parte izquierda. En la parte de atrás de la camiseta se podía leer: ‹‹Estoy bien››.
— Lamento llegar tarde. – dijo mientras se sentaba junto a Scorpius.
— ¿Qué pasó?
— Nada. Simplemente no quería venir. – dijo Albus después de enarcar una ceja.
— ¿Tuviste algún problema para entrar? – dijo Scorpius señalando la entrada.
— ¿No escuchaste? Mi hermano es el Rey de Gryffindor. Sus pequeños súbditos me dejaron entrar cuando se dieron cuenta de quien era. – dijo Albus rodando los ojos con aburrimiento.
— James puede ser un imbécil cuando quiere. – estuvo de acuerdo Rose. Albus y Scorpius la miraron con interés.
— ¿Acabas de decir algo malo sobre alguien? – dijo Scorpius con una sonrisa. Albus puso una mano en su pecho con una mueca de sorpresa.
— Y usando ese lenguaje siendo una pequeña señorita de tan buena familia.
— Si van a estar aquí, por favor no me avergüencen. Después de todo, fui yo quien los invitó. – dijo Rose rodando los ojos. Albus sonrió.
— Sí, sobre eso. ¿Por qué exactamente… ouch, Scorp. ¿Qué carajos?
Scorpius golpeó a Albus en las costillas para evitar que dijera lo que no debía, o sea, que Rose y él se gustaban, pero ninguno decía nada.
— Así que, ¿qué estás haciendo aquí, hermanito? – el estúpido Rey de Gryffindor se unió al pequeño grupo.
‹‹Salvado por el imbécil››, pensó Scorpius.
— Oh, ya me conoces. Me encantan las fiestas. Las fiestas salvajes, debo decir. – James bufó.
— Linda camisa, por cierto. Debería sentirme orgulloso de que no te hayas puesto un abrigo negro y te hayas parado en una esquina a mirar a todo el mundo.
— ¿Parezco ese tipo de persona? – dijo Albus rodando los ojos.
— ¿Ahora mismo, amigo? Sí. – dijo Scorpius. Rose soltó una risita.
— Esta camiseta es una pieza de arte. Me aleja de tener que mantener conversaciones reales con las personas.
— ¿Por qué no regresas a tu yo pasado y comienzas a gritar tan fuerte como puedas en medio de la gente hasta que se vayan? – dijo James soltando una carcajada.
— Una vez. Hice eso una vez y tenía siete años.
— ¿Y qué haces tú aquí, Malfoy? – James centró su atención en Scorpius.
Scorpius había aprendido hace mucho tiempo a no seguirle la corriente a James cuando estaba en su modo de imbécil.
— Rose me invitó.
— ¡Awww! ¿Eso hiciste? Esto es jodidamente hermoso. – dijo James con una sonrisa.
— Cállate, James. – dijo Rose.
Él la ignoró y le dio un trago a su vaso, que por el olor que tenía debía contener whiskey de fuego.
— Sabía que solo era cuestión de tiempo para que tú y ese raro estuvieran juntos.
— No estamos juntos. Somos amigos. – dijo Rose con un chillido.
Scorpius se sintió inútil e incómodo en medio de los primos que peleaban.
— Y él no es raro. – añadió Rose. Scorpius le dirigió una mirada agradecida.
— Quizás comparado con mi hermano no lo es, pero realmente… – dijo James con una carcajada.
Scorpius miró alrededor buscando a Albus, que tan pronto había podido había huido de ese sin sentido de conversación. El chico estaba de pie al lado de una chica de cuarto año de Gryffindor, tratando de montar conversación.
— Hola. Hace buen tiempo. – la chica rodó los ojos y se alejó, dejando a Albus solo. Él solo se encogió de hombros y murmuró – Las chicas de Gryffindor son muy básicas.
James continuaba molestando a Scorpius.
— Pero no puedes negarme que este no es raro también. Quiero decir, su papá es una escoria de mortífago que debería estar pudriéndose en Azkaban y la familia de su mamá murió por alguna estúpida maldición porque su familia no tuvo el sentido común de dejar de tener hijos.
Scorpius comenzó a ver rojo. Y no un rojo que le gustase, como cuando Rose se sonrojaba por algo que él le dijera y el sonrojo combinaba con su cabello. Se giró hacia James.
— Jamás – empujó a James – vuelvas a hablar de mi familia de esa manera, maldito gilipollas.
James lo miró a la cara.
— Hablaré de ellos de la manera que me de la gana, Malfoy. ¿Qué vas a hacer? ¿Harás que tu papito venga aquí y trepe por la falda de la directora? Oh, espera. Eso es lo que hace con mi madrina, ¿no es así?
Los labios de Scorpius casi desaparecen de su boca. Rose habló en su defensa.
— Déjalo en paz, James. Y estás equivocado sobre su padre y la tía Hermione. – James bufó.
— No seas ilusa, Rose. Todos los vimos en el partido de Quidditch. Su elegante papito no pudo cuidarse y tuvo que ser salvado por una Gryffindor. Como es malditamente usual. Apuesto lo que sea a que la tía Hermione se lo está follando. Ella siempre ha sentido debilidad por…
Scorpius lo golpeó en mandíbula antes de que pudiera terminar la oración. Inmediatamente pensó dos cosas:
Uno: Ouch. Nadie nunca le dijo que cuando golpeabas a alguien dolía tanto.
Dos: Tenía que salir de la Torre de Gryffindor antes de que ese idiota reaccionara.
— Yo cubro tu espalda, compañero. – le dijo Albus mientras comenzaban a cruzar en medio de todos los Gryffindor.
Albus no era un luchador. Bueno…al menos no en el sentido tradicional. Él prefería engañar a sus oponentes. Así que soltó un gemido como una banshee que estaba en el infierno. El sonido cruzó la sala común y pareció escucharse por siempre. Los Gryffindor, medio borrachos y que habían escuchado el ruido, comenzaron a moverse y dejarles el camino libre para evitar al chico loco.
Por la fuerza de su personalidad, Albus había separado el Mar Rojo. Literalmente.
Antes de que la puerta se abriera para que pudieran salir al pasillo, Albus miró a todos esos tontos vestidos con sus túnicas rojas, y le dio un saludo vulcano.
— ¡Woo! ¡Vivan mucho y prosperen, hijos de puta!
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Cuando ambos chicos estaban seguros en las mazmorras de Slytherin, Scorpius miró a su amigo y le dijo:
— Gracias por eso.
— Cuando lo necesites. – dijo Albus restándole importancia. Scorpius sacudió la cabeza con fuerza.
— Al, tu…no lo entiendes. Lo que hiciste allí…y haber ido a la fiesta…sé que no querías hacerlo, y… – suspiró. – Realmente eres el mejor amigo que un chico pueda pedir.
— Igual tú. – dijo Albus palmeándole el hombro.
Ambos chicos se abrazaron -un abrazo de dos segundos. Si hubiese sido más largo habría sido algo raro.
Scorpius sonrió.
— Por cierto, lamento haber golpeado en la cara a tu hermano.
— Por favor. Hace años que muero por hacerlo yo. ¿Y de qué demonios estás hablando? Tú eres mi hermano, compañero. – dijo Al rodando lo ojos.
Hubo un momento de silencio entre ellos. Ambos asintieron en reconocimiento, liberando tantas emociones como sus pequeñas masculinidades de trece años les permitían.
Scorpius soltó un suspiro.
— Tú también eres mi hermano. – sonrió. – Siempre y cuando eso no convierta a Rose en mi prima.
— Ustedes dos son un dolor para la vista. – dijo Albus con una mueca.
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NdT: ¡Hola, pequeñas saltamontes! ¡Sorpresa! ¿Esperaban esto? Porque sinceramente yo no. xD Pero aquí estamos después de bastante tiempo. Espero que hayan disfrutado el capítulo y espero y nos veamos pronto.
#JamesEsUnImbécil #RoseYScorpiusSonAmor #NecesitoUnAmigoComoAlbus #DramioneEsAmor
Un abrazo, Nat.
