Aun tengo muchos borradores de estas mini historias. Hoy he decidido revisar y publicar esta, es una de mis favoritas.

Espero la disfruten, agradezco comentarios y favs, nos leemos!


Tres

POV Dick Grayson

Durante el sexo mi mente se desconecta de mi cuerpo.

Es el único momento en que la culpa y el remordimiento no acaban conmigo.

Podía olvidarme de todo y solo disfrutar.

La vista se me nublaba, el sudor empapaba mi piel desnuda, y sentía vivo cada centímetro de mi piel.

Bajo mío, el cuerpo de mi joven amante, apretaba los ojos mientras yo lo penetraba más profundo.

Él era simplemente hermoso y me hacía volverme loco.

"¡Damián!" jadee cuando sentí un estremecimiento placentero de parte de sus paredes en mí.

Llevábamos más de 3 meses haciéndolo (comenzamos días después que él cumpliera los 17), y nunca me cansaba de su imagen durante el sexo:

Su cuerpo era delgado y firme. Su piel dorada cómo las arenas que seguramente piso de niño junto a la Liga de Asesinos, brillaba deliciosa por el sudor. Su cabello corto, negro y húmedo acariciaba las almohadas de su cama en su penthouse en el centro de Gotham.

"¡Grayson!" masculló apretando los dientes y clavando los dedos en la cama retorciendo las sábanas. Sé que se moría por enterrarme las uñas en la espalda, pero el marcarme, traería problemas para ambos.

Apoyado de los codos en la cama, baje mi pecho sin detener el movimiento que habíamos logrado, hasta que roce su abdomen caliente con el mío. Su cavidad torácica estaba tan pegada a la mía, que podía sentir los alocados latidos de su corazón y su agitada respiración, seguramente él también sentía los míos.

Abrió los ojos azules y me miró con una intensidad que hizo recorrer un estremecimiento en mí. Era electricidad, eran cosquillas, era cada nervio de mi piel respondiendo a su ardor.

Enlazó sus piernas en la base de mi espalda mientras yo entraba en él cada vez más rápido, luego salía, y una vez más, más adentro. Levantó las manos y desde el cuello me bajó el rostro hasta que nuestras frentes se tocaron entre sí.

Lo sentí venir, un último jadeo, un último movimiento, y llegue a mi punto. El placer me recorrió como una oleada incontrolable y deliciosa que me entumeció.

Mientras oía la entrecortada respiración de Damián y su cuerpo húmedo y caliente bajo el mío, descanse mi cabeza a un costado de la de él, rozando con mi nariz su oreja.

Estaba tan cansado.

"Grayson."

Oí a lo lejos. Se había volteado y rozaba con sus labios jóvenes mi oreja para luego besarla.

Quise responderle pero no tenía energías. Intente despegar la frente de la almohada, pero no hubo caso, tampoco ayudó las suaves caricias de Damián en mi cabello negro y empapado de sudor.

"Babs me espera." me pareció que dije con una voz que arrastraba cada palabra como si pesaran una tonelada.

"Lo sé." respondió en un tono plano, y se salió de debajo de mí levantándose de la cama, para luego meterse al baño dando un sonoro portazo.

Tuve intenciones de llamarle, pero ese fue mi límite.

Todo se fue a negro.

Cuando abrí los ojos, lo primero que vi al despertar, fue el rostro de Damián. Yo aun seguía en su cama, y él acostado a mi lado, estaba volteado hacia mí, mirándome.

Su rostro parecía de alguna forma inmensamente triste, casi nostálgico.

No dijo nada mientras yo poco a poco empezaba a ubicarme en el contexto que estábamos. Entonces abrí más los ojos sorprendido y me senté rápidamente, mirando a mi alrededor.

"¿Qué horas es?" pregunte viendo qué Damián ya se había bañado y cambiado de ropas, y que me había cubierto con una frazada mientras dormía.

"Creo que las 6." dijo recostando la cabeza en la almohada y mirando el techo de su lujoso lugar comprado por su madre para su cumpleaños 17.

"¡Oh mierda! ¡Debía reunirme con Babs a almorzar a las 3!" grité intentando con la mirada ubicar mis cosas esparcidas por su habitación. "¿Por qué no me despertaste? ¿No me ha llamado? ¿Dónde está mi celular?"

"Silencio Grayson." dijo con tranquilidad sujetándome de la muñeca antes de que me pusiera en pie.

"¡Deje plantada a Babs!" chille furioso, pero él me tomó con más fuerza.

"Te llamo al celular hace un par de horas." Dijo apuntando con la mirada su mesilla de noche, donde mi celular descansaba "Conteste y le dije que habías pasado a verme y que te habías dormido en el sillón mientras yo había ido por algo de beber. Entendió y dijo que pasaría por ti, aun no llega."

Yo suspire más tranquilo, y cuándo me iba a levantar a ir al baño, no me soltó.

"¿Damián...?

"Estas tan cansado." Dijo volteando a mirarme de una forma que rara vez le había visto. "Entre a ducharme y cuando salí, estabas dormido. No pude despertarte, te veías agotado. Siempre andas corriendo de aquí para allá Grayson, tu cuerpo no lo está aguantando."

Yo guarde silencio, dándome cuenta de mi propio cansancio. Fue como si de solo recordarlo me hubiera aumentado 10 años de carga a mi espalda.

"Tienes razón Damián no lo estoy aguantando, creo que no..."

Entonces me soltó como si mi piel quemara la suya. Yo le mire sin entender, y su rostro volvió a ser el que era habitualmente, cubierto de una máscara de frialdad, pedantería y arrogancia.

"¡No! ¡Cállate! ¡No quiero hablar de esto!"

Entonces se levantó de la cama y esta vez yo le sujete de la muñeca para que no se escapara.

"¡Damián! ¡Debes escucharme!"

"¡No!"

"¡Damián! ¡Damián!" le grité forcejeando con él "¡Te comportas como un niño!"

Lo mire fijamente, viendo como respiraba agitado y se negaba encarecidamente a mirarme.

"Esto me está matando Damián. Y no solo el cansancio, también la culpa. No quiero seguir haciéndole esto a Babs. No lo haré."

Y le solté, esperando su reacción.

Sin embargo, para mi sorpresa me miró desafiante y cínico comenzó a reír.

"Si vas a terminar algo, no será conmigo." mascullo con tranquilidad acercándoseme y rozando sus manos frías por mis costillas desnudas hasta que se abrazó a mí. "Si estas cansado de esto, debes terminar con Gordon, o dejar tu ocupación de vigilante o lo que sea que tanto te agote." Sonrió mientras yo estaba ahí sin moverme. "Yo no soy una opción Grayson y tú lo sabes."

Y claro que lo sabía. A Damián nada le importaba demasiado más que sus propios intereses. Y podía imaginarme perfectamente que pasaría si yo lo dejaba. Podría decírselo a Babs, invocar a la Liga y su código, volverse violento o hacer cualquier otra cosa que hiciera que me arrepintiese toda mi vida de terminar con él.

Y además, no podía dejarlo.

Lo que sea que teníamos, simplemente yo no podía acabarlo.

¿Amaba a Damián? No lo sabía. Pero el estaba ya tan dentro de mí, y era tan necesario, tan parte de mi como lo era mi propia alma...o la de Babs.

Los dos eran para mí los extremos de mi felicidad y mi tristeza.

No podía vivir con ellos dos al mismo tiempo, pero tampoco podía vivir sin alguno de ellos.

¿Qué mierda me pasaba?

¿Qué clase de ser egoísta era?

"No dejaré a Babs y tú lo sabes, esa no es una opción."

"¡Bueno arréglatelas Grayson! ¡Si vas a terminar algo, no será conmigo!" grito apretando los ojos y corriendo fuera de la habitación.

Oí el inconfundible sonido de la puerta de acero donde tenía su salón de entrenamiento, azotándose en los marcos, y luego el sonido de sus puños furiosos en la bolsa de arena.

Me di una rápida ducha, me vestí y me fui al sillón de la sala a esperar la llegada de Babs. Estaba sentado justo frente a la puerta donde Damián aún estaba encerrado.

Me levante rodeando el otro sillón rojo que hacía juego y me acerque a la puerta, a través de la cual no se escuchaba ningún sonido.

Levante la mano derecha y con los dedos roce el frío metal.

"Da..." comencé a decir, entonces mi celular comenzó a sonar. Mire la pantalla.

Babs.

"Hey" me contestó.

"Hey" le salude mientras me restregaba los ojos con el pulgar y el índice, apoyándome en la puerta.

"Creí que almorzaríamos."

"Lo siento, me he dormido..."

"Hablaremos de eso. Estoy a 5 minutos de llegar."

"Ok. Nos vemos."

"Nos vemos Dick." dijo y colgó.

Mire mi celular y luego la puerta.

Suspire mientras iba al recibidor, donde me senté en el escalón frente a la puerta de salida.

Luego de un momento, sentí los firmes golpes de Babs y abrí la puerta.

Ahí estaba, Barbara Gordon, tan bella, luminosa y perfecta. Me sonrío con cariño y yo apenas pude fingir sonreírle de vuelta.

Miro sobre mi hombro, paseando la vista por la habitación.

"Está entrenando." dije apuntando con el pulgar la puerta tras de mí. Ella asintió, y eso fue para mí, como una especie de permiso. Me tire a su encuentro y la bese apasionado, sintiendo sus labios suaves y dulces corresponderme.

Necesitaba besarla.

Necesitaba comprobar que no podía dejarla.

Y no podía.

Nos separamos y ella me tomó con sus finos dedos desde el mentón.

"Te ves cansado."

"Lo estoy. Solo llévame a casa."

Ella asintió y me soltó.

"¿No vas a saludarlo?" pregunte al ver que abría la puerta para que nos fuéramos.

"Por ahora paso. No se oye muy feliz." dijo sonriendo y salió por la puerta.

Mire mi situación ahí en el medio.

Podía seguir a Babs , o quedarme con Damián.

"¡Ya nos vamos!" grité entonces antes de cerrar la puerta por fuera e irme.

'No debes pensarlo Grayson' siempre me decía Damián cuando me torturaba a mí mismo con la culpa. 'Cuando estés conmigo, olvida que existe ella. Y cuando estés con ella...' jamás lo decía, pero me hacía un gesto significativo con la cara.

"Dick" me llamo Babs sacándome de mis pensamientos. Yo sacudí la cabeza, abrí la puerta, me senté de copiloto y le sonreí lo mejor que pude mientras nos marchabamos del lugar.