Los personajes que se utilizaran aquí no son míos son de la mangaka Rumiko Takahashi, solo los uso con fines de entretenimiento.
Pergaminos.
Bufo irritada por milésima vez. ¡¿Cómo no estarlo?! Kagome se había ido en el lomo de Kirara en vez de su espalda. ¡Diablos! Hubiera deseado sentir los suaves y cálidos pechos de la mujer en su espalda rozarse exquisitamente… ¡Mierda! Debía de pensar en otra cosa o terminaría por abalanzarse sobre ella… Trato de pensar en otra cosa en otra cosa… ¿Plantas?… ¿El cielo?... ¿El sonido de sus pisadas al correr?... ¡NO PODÍA! Simplemente no podía pensar en otra cosa que no fuera esa tonta y sensual azabache… No había nada más interesante que ella en esos momentos…
-No desesperes amigo, ya casi llegamos a la aldea. –Miroku se acerco a él confirmándole sus palabras.
-Khe… Eso espero. –mascullo molesto y desviando la mirada. Debía pensar en alguna otra cosa… O por lo menos, dejar de verle el culo.
La aldea comenzaba a visibilizarse, indicando que ya no estaban tan lejos de ella. Aumentaron el paso para llegar un poco más rápido de lo normal. Necesitaban saber si la anciana Kaede había logrado encontrar algo sobre el hechizo de Inuyasha.
Las personas de la aldea parecían más felices de lo normal… Mucho más felices… ¿La cosecha había salido bien? No lo sabían y al albino era lo que menos le importaba…
Un momento…
Ese olor…
Ese olor tan familiar… Tan asquerosamente familiar llego a sus fosas nasales.
Y para Miroku no paso desapercibido, en el ambiente se sentía mucha fuerza espiritual cercana y podía adivinar a quien se debía.
-¿Sucede algo chicos? –les pregunto Sango mirándolos tensos.
-Pronto lo veras, Sanguito. –contesto Miroku con un rostro serio. Ambas mujeres temieron lo peor… Kagome busco la mirada de Inuyasha y al ver que este estaba centrado en el camino, sintió una opresión en el pecho… ¿Era tan importante? Tampoco era que deseara que la mirara todo el rato… Pero aun así…
Los aldeanos los recibieron con alegría, pero no les comentaron nada más que debían ir a hablar con la anciana Kaede. Los viajeros se dirigieron a la cabaña de la mujer. Un gran poder espiritual se sintió por momentos y todos se sintieron aturdidos. Kagome asustada corrió y abrió la cortina de la anciana mujer encontrándose con que ella estaba acompañada…
-Kagome. –la voz sínica de la mujer logro enojarla un poco.
-Kikyo… -Sango entro en la cabaña seguida de los hombres y observaron a la miko con rostro impaciente. ¿Qué hacía ahí?
-Kaede-obachan… ¿Qué hace ella aquí? –pregunto cortante Kagome. No sabía porque, pero se había quedado enojada de los sucesos de anoche… Aun no podía olvidar como Kikyo se aferraba al haori de Inuyasha para alcanzar a besarlo…
-Mi hermana llego anoche. –comenzó su explicación con un rostro sereno a pesar de la tensión palpable en el ambiente. –Y dijo que quería ayudar en la búsqueda de la cura de Inuyasha. -todos la miraron sorprendidos menos Inuyasha. No sabía que tramaba esa estúpida, pero estaba seguro que no lo conseguiría. –Además, la aldea cercano me hiso un gran favor. –la anciana mujer los miro. –Tomen asiento para comentárselo todo.
-Claro. –Inuyasha con desinterés fingido se sentó junto a Kagome pasando su mano por su cintura y abrazándola, pegándola casi por completo a él.
Kagome se sonrojo, pero no dijo nada. Kikyo la fulmino con la mirada.
-Bueno. –comenzó Kaede. –La aldea cercana me proporciono un par de pergaminos, según el comportamiento de Inuyasha, pero hay un problema. –Sango sabía que nada de eso podía ser tan fácil.
-¿Cuál problema, Kaede-sama? –pregunto Miroku con el semblante serio.
-Los pergaminos están escritos en una lengua un poco difícil de leer y además, muchas partes están borradas. –la mujer confirmo sus palabras sacando de un saco un par de pergaminos aparentemente viejos.
-¿Esas partes son importantes? –Kagome pregunto curiosa, ignorando que el agarre en su cintura se intensificaba.
-No lo sabemos, apenas me acaban de llegar ayer y no he tenido tiempo de comenzar a traducirlos. –Kaede miro los papeles y después a su hermana mayor. -¿Me ayudarías hermana?
La miko se limito a asentir con la cabeza y miro fijamente a Inuyasha.
-Te dije que te ayudaría. –Inuyasha suspiro molesto y recargo la cabeza en el hombro femenino.
Kagome caminaba junto a Shippo cargando cada uno una cesta con frutas. Los aldeanos les habían regalado para la anciana Kaede y su preciada ex-miko. Ambas mikos estaban muy centradas en descifrar el extraño lenguaje y las letras borrosas. Miro a sus alrededores son encontrar a Miroku ni a Inuyasha, ese par se habían ido a platicar y no habían regresado. Resoplo cansada. Cuando esos dos se juntaban a hablar, seguramente sería sobre cosas degeneradas.
-Kaede-obachan, aquí tiene unas frutas de los aldeanos. –la muchacha se acerco y dejo las cestas a un lado de la anciana mujer. Kikyo la siguió con la mirada, pero ella la ignoro. -¿Cómo va la traducción?
-No hemos avanzado mucho… Pero es mejor que nada. –Kaede suspiro, se masajeo su cuello adolorido de estar agachada un buen rato y se levanto de su lugar.
Kagome tomo asiento en el piso de madera junto a Shippo.
Sango entro en la cabaña con un semblante serio. Miro a todas las presentes y de inmediato sintió el ambiente tenso.
-¿Qué sucede Sango-chan? –pregunto la azabache cambiando su actitud radicalmente.
-Este… Olvide unas cosas en mi villa… Apenas me di cuenta… ¡No puedo creerlo! –confeso mascullando un par de maldiciones. ¿Cómo pudo haberse dado cuenta hasta ahora? Bueno, era comprensible, tenía la cabeza en otro lado…
-¿Quieres que te acompañemos, Sango-chan? –la miko más joven la miro fijamente y su amiga negó con la cabeza.
-Cuando les comente a los chicos, houshi-sama se ofreció muy rápido en acompañarme. –Sango sonrió sin darse cuenta y Kagome tuvo que retener una risita. –Él dice que desde lo de las brujas, lo mejor será que él ponga sellos en todo el lugar.
Kagome sintió eso como una excusa muy mala por parte de su amigo, pero aun así no podía negar que era muy tierno por su parte.
-¿Cuándo se van? –pregunto Shippo un poco desanimado, pero también a sabiendas de toda la situación. ¡Primera situación de adultos que entendía!
-Le dije a houshi-sama que entre más rápido nos fuéramos, mejor. –afirmo la castaña tomando al hiraikotsu y su traje de exterminadora. –Espero que regresemos a más tardar, mañana por la tarde.
Sango se despidió y justo cuando estaba por salir, Miroku entro a la cabaña.
-¿Estas lista, Sango? –la mujer asintió con la cabeza firmemente y ambos salieron de la cabaña para montarse en Kirara e irse de la aldea en dirección a la villa de los mata demonios.
Shippo les dijo que iría a jugar con algunos niños de la aldea y que probablemente llegaría un poco tarde, quizá después de la cena.
Paso un rato desde que sus amigos se fueron.
Un pequeño niño entro en la cabaña con lagrimas en los ojos gritando que su hermana estaba muy rara, que estaba gruñendo de una forma horrible y que además sus uñas, habían crecido a un largo inhumano.
Kaede miro a la azabache preocupada, pero después trato de tranquilizarse.
-Hermana, acompáñame a ayudar a la mujer. –Kikyo frunció el ceño.
-¿Por qué no te acompaña Kagome? –Kaede suspiro al ver como as dos mujeres se molestaban.
Su hermana podía haber llegado a ser la mayor, pero eso no quería decir que ahora la menor no fuera la más sabia.
-Porque Kagome no tiene mucha experiencia aun. –su hermana mayor retuvo un suspiro de disgusto y sin rechistar más, se encamino junto con su hermana al lugar donde le pequeño les decía.
Kagome miro preocupada la entrada de la cabaña. Era posible que aquella mujer estuviera poseída, pero no entendía el porqué. En la aldea habían tres mikos y solo un tonto ser malvado, se le ocurriría entrar en la aldea a sabiendas de eso.
-¡Diablos! –la voz ronca llena de entusiasmo la sobresalto. –Esperaba con ansias a que se largaran de la cabaña esas dos. –Kagome se quedo muda al ver entrar a Inuyasha a la cabaña.
Por acto de reflejo comenzó a retroceder para alejarse del hanyou, pero pronto sintió la pared chocar contra su espalda. Él sonrió y ella se asusto.
-Inuyasha… -Kagome susurro su nombre inconscientemente.
-Esta vez nadie me impedirá poder disfrutar plenamente de ti. –su voz era más ronca de lo normal.
El albino se agacho y antes de que ella tan solo reaccionara, él ya la estaba besando apasionadamente mientras la tenía empalmada contra la pared. La obligo con solo sus manos a que sus piernas quedaran a los costados de sus caderas, dejando sus piernas totalmente abieras a él. Trato de alejarlo empujando su firme pecho con sus manos, pero él se lo impidió tomando sus dos manos con solo una de ellas.
-Inu… -ella suspiro contra sus labios y él sonrió.
Descendió sus besos a su cuello repartiendo lamidas y de vez en cuando mordiéndola ligeramente arrancándole leves gemidos. Ella trataba de retorcerse para liberarse de su cuerpo. Mientras se movía, sus piernas le jugaron una mala broma y empujaron levemente a Inuyasha. Él malentendió la acción y se pego aun más a ella sacándole un suspiro.
-Sabes muy dulce… Me encanta. –confeso en un susurro. Delineo con su lengua el borde de la blusa escolar hasta llegar al inicio de sus senos.
La tela le molestaba y gruño inconforme. Soltó las muñecas femeninas para utilizar su mano para tocar uno de sus senos por encima de la tela. Su mano libre acaricio su vientre hasta llegar al borde de la falda, bajo su mano hasta los muslos, los apretó fuertemente para luego masajearlos lentamente. Kagome gimió de placer al sentir como la mano en su seno se colaba por su blusa y con solo una garra rompía su sostén para posar su mano en su seno desnudo… Su pezón erecto se clavaba en la palma de su mano. Movió sus garras lentamente sintiendo la suavidad y calidez del pecho.
-Inuyasha… Bast… ¡Ahh! –no pudo retener un gemido al sentirlo apretar de una forma tan deliciosa su pezón, enviándole una descarga de placer a su entrepierna.
-Tu piel es tan suave… -Ronroneo contra su pecho.
Al termino de sus palabras apretó su cuerpo aun más contra el femenino, rosando su prominente erección contra el colido centro de la mujer. Kagome gimió y sintió su rostro calentarse. Ella trato de hablarle, pero sus palabras se atoraban en su garganta y lo único que salían de ellos eran gemidos, se mordió el labio inferior e intento suplicarle con la mirada al hombre para que se detuviera, sin embargo el le sonrió de una forma tan lasciva que la hiso humedecerse aun más. Él coloco sus manos sobre su trasero y lo apretó, Kagome se retorció y sin querer, lo abrazo fuertemente por el cuello mientras cerraba fuertemente los ojos con lágrimas en ellos.
-Vaya, Kagome. –jadeo contra su oído. –Quizá no niegues, pero estas realmente caliente.
-Yo… ¡E-espera! –rogo la miko al sentir como él movía su cuerpo, rosando ambos sexos. Suprimió un gemino y sus piernas desesperadas trataban de arquearse por las deliciosas descargas de placer. -¡D-deten…! ¡Ahh!
-No sé cómo puedes decir eso cuando tus piernas tiemblan bajo mis carisias. –al termino de sus palabras lamio su oreja levemente.
Kagome lloriqueo levemente e inconscientemente movió sus caderas apretando placenteramente su intimidad contra la erección del hombre. Al sentirla moverse así bajo su rostro a su cuello y comenzó a lamerlo mientras que sus manos le ayudaban a mover el cuerpo femenino a su antojo, rosando y apretándola de vez en cuando contra su miembro necesitado. Simulo leves embestidas y ella comenzó a gemir audiblemente sin soltarlo del cuello. Apretó aun más su cuerpo y sin dejar de moverse, dejo una mano sobre el trasero de la mujer mientras que la otra la dirigía a las esbeltas piernas, comenzó a acariciarlas hasta que finalmente coloco su mano sosteniendo su rodilla, repitió la misma acción con su otra mano y gracias a este apoyo, podía apretar aun más deliciosamente su cuerpo contra el de ella teniendo mejor acceso a su sexo. El cuerpo le quemaba a Kagome, lo sentía tan caliente y a decir verdad, no deseaba alejarse de él, trato de abrazarlo también con las piernas y él se lo permitió gustoso, dirigiendo sus manos nuevamente a su trasero. Kagome con las mejillas carmesí lo soltó del cuello ligeramente para mirarlo a los ojos. La respiración de ambos era agitada y sonriendo él la beso apasionadamente, metiendo su lengua en ella probando el sabor tan dulce que solo ella podía poseer.
-¡Ahhh!... ¡Inuyasha! –Kagome sentía como todo su placer se acumulaba en su intimidad como si estuviera por explotar…
-¡Campo espiritual!
Las palabras lograron que el cuerpo masculino se envolviera en una luz violeta. Pronto unos rayos azulados se hicieron presentes y mandaron al hombre lejos de Kagome con descargas eléctricas y quemaduras dolorosas. Kagome respiro dificultosamente y trato de recuperar su vista, cuando la centro mejor observo a Inuyasha en el suelo gruñendo del dolor. La azabache con el rostro aun sonrojado trato de acercarse a él, pero le fue imposible porque el campo le dio una leve descarga en los dedos logrando que gimiera unos momentos por el dolor causado.
-¡¿Qué crees que haces?! –le grito enojada Kagome aun con las mejillas coloreadas.
-No pienso permitir que hagas alguna tontería con Inuyasha… No lo hare… -Kikyo apretó fuertemente sus puños, mirando con reproche al hombre que seguía retorciéndose de dolor. -¿Creías que te dejaríamos a solas con ella para que fueses más lejos? –pregunto con ironía la mujer. Inuyasha la miro furioso sin dejar de gruñir. –No dejare que seas de alguien más…
-Kikyo… Maldita zorra… -Inuyasha enterró sus garras en la madera del piso tratando de aplacar el ardor.
Kaede rápidamente entro en la cabaña y al ver la escena casi desesperada les grito:
-¡¿Qué sucede aquí!? –Kagome la miro con lagrimas en los ojos y después miro a Kikyo enojada.
-¡Ella es la razón! –contesto finalmente la miko más joven tratando de contener en vano su enojo y frustración.
-¿Hermana? –Kikyo no dejo de mirar a Inuyasha, incluso al contestar.
-Ellos dos estaban cometiendo una estupidez. –cuando termino, salió de la cabaña dejando a Kaede encargarse de la situación.
La anciana miro a Inuyasha quien aun recibía las dolorosas descargas dejándole quemaduras no tan graves, pero que aparentaban ser muy dolorosas. Kaede libero al hanyou del campo espiritual, su respiración era dolorosamente agitada. La miko le coloco un campo espiritual color azul para mantenerlo alejado, pero sin lastimarlo del todo como el anterior. Finalmente la anciana mujer dirigió su mirada a Kagome.
-¿Qué sucedió? ¿Por qué mi hermana le coloco ese campo a Inuyasha? –pregunto tratando de ocultar su preocupación.
-Yo… -Kagome sintió sus mejillas arder y desvió la mirada apenada. –Él…
-¿Qué hicieron? –cuestión más insistente la mujer y ella bajo la cabeza. -¿Te dejaste seducir? –Kagome guardo silencio y comenzó a mover sus piernas nerviosa. –Kagome… Te dije que no sucumbieras a él, el hechizo que tiene aun no sabemos cuál es y por lo tanto la cura tampoco y si en cualquier caso la cura no tiene que ver con esto puedes causar algo malo. Si algo sale mal, Inuyasha puede quedar así para siempre y nunca volver a ser el de antes. –Kagome abrió los ojos asustada, dándose cuenta de su error.
¿Qué estuvo por hacer? Si Inuyasha hubiera continuado… ¿Qué hubiera pasado? Sintió su rostro caliente nuevamente… ¿Y si nunca volvía a la normalidad por lo que estaban por hacer? A pesar de que esa idea la asustaba mucho, pensar que el albino podría quedarse con esa actitud para siempre causaba que recordara que sus bragas estaban húmedas y que la incomodidad en su sexo aumentara considerablemente.
Kaede observo unos momentos a la joven antes de suspirar pesadamente.
-Trata de no olvidar lo que te acabo de decir y mejor ayúdame a hacer la cena. –Kagome asintió apenada.
Mientras ayudaba a la anciana miko, su irada se desviaba de vez en cuando en dirección a Inuyasha, él se había quedado dormido tal vez por el dolor. Mientras picaba algunas verduras recordó la respiración de Inuyasha en su oído y sin querer casi se corta un dedo por el nerviosismo que tuvo.
Cuando ambas terminaron la cena, comenzaron a comer en silencio. Kagome se sentía incomoda y extrañamente avergonzada.
Saco un libro de su mochila y comenzó a estudiar, pero la incomodidad entre sus piernas persistía y como si no fuera poco, recordó su cuerpo aprisionado por el del hanyou, sintiendo humedecerse aun más. Apretó los ojos fuertemente en un intento vano de olvidar las deliciosas sensaciones que su cuerpo había tenido con las carisias de él.
Kaede recordó que tenía que ir a darle unas plantas a la mujer que hace un buen rato había ayudado. Tomo lo que necesitaba y se dirigió a la puerta.
-No lo dejes libre. –ordeno antes de salir en dirección de la mujer.
Kagome giro su vista a Inuyasha encontrándose con la hermosa mirada ámbar sobre ella.
-Despertaste… -Kagome desvió su mirada a su libro.
-¿Cómo no despertarme cuando tu delicioso olor a excitación no me deja en paz? –y como si no fuera poco, su incomodidad creció. -¿Lo ves?
-Yo… No… -no podía negarlo, pero tenía que hacerlo de alguna forma. –Estas mintiendo…
-¿Así? –ella sintió tímidamente antes de enterrar su rostro entre su libro. Inuyasha sonrió para sí mismo con deseos de probar algo. –Aun no puedo olvidar la sensación e tus senos entre mis manos y la forma en que gemías… ¡Dios! La forma en que gemías era simplemente placentero. –ante las palabras del hanyou ella se sintió a morir de la vergüenza y sentía como comenzaba a morirse de calor. Inuyasha comenzó a reír descaradamente y ella le dio la espalda para ignorarlo.
-Pervertido.
-Lo sé.
Kaede regreso después de un rato y el ambiente vergonzoso que se había formado entre esos dos se había calmado un poco. Kagome miro la entrada de la cabaña de la anciana miko. ¿Los pergaminos se traducirían pronto? De alguna forma deseaba que ya los tradujeran lo más rápido posible, pero otro lado le rogaba que evitara a toda costa que terminaran su trabajo.
Sintió sus mejillas arder ante ese pensamiento.
¡Inuyasha la estaba convirtiendo en una completa pervertida!
Continuara…
¡Holiwis, moffins!
¡Feliz día del amor y la amistad bien pinshis atrasado! (?)
¿Qué puedo decir? Pensaba hacer un especial de FMA, pero finalmente decidí adelantarles este capítulo y aparte publicar el de FMA más tarde.
Pues como ven Kikyo ya casi revelara sus planes e Inuyasha cuando Sango lo había dejado en paz, ahora llega Kikyo y lo arruina todo. (No nos odien TmT) Pero Inuyasha solo desea a Kagome y por lo tanto la rechazara cada vez que pueda, ese es su consuelo de ustedes (?)
Saiko666: ¡Y ESTO SE VA A DESCONTROLAR! (?) Te falto decir que Kikyo parecía que tenía chile en el rabo :v. Y puede que se ponga feliz con Sango pero ahora tiene a Kikyo de… ¡¿A quién mierda engaño?! Pronto verán las respuestas COFCOF-dentrodepocoscapitulos-COFCOF ¡Ya me pegaste la tos! COFCOF-todasqueremosunInuyashaasí-COFCOF. ¡Saluditos!
Angel Sangriento: Eh, no, no… ¡Yo soy Carlos Santa Ana! ¡ENCERIO!... ¡¿Dónde está mi capitulo?! (incerte pacman emputristesido) ¿Soy tu inspiración? Entonces ¡En algún momento del fic te hare una pequeña referencia! (?) ¡El poder de Zenosama me obliga a pagarte de a poco a poco, en abonos chiquitos! Y aun que en este cap no hubo Sepso intenso y salvaje, espero que estés satisfecha (?). ¡Fierro pariente!
LittelCurly21: Kikyo es bien aferrada y es algo de admirar… ¡NO! ¡Yo quiero que ya lo deje en paz! Pero si la autora no madura, no esperes mucho de Kikyo… ¡OYE! Bueno. ¡BESOS!
Yani Anderson: Se me paraliza la consha (?) ¡Eso era mío! ¡Cantemos Yani! ¡Libre soy, libre soy! ¡No puedo ocultar que somos unas pervertidas! Cuando leí lo que pusiste con tus pensamientos me imagine algo como… "Hágase pa tras, me voy a suicidar. Ya vale madres la vida". Pero con lo de preciosa yo (Sin negarlo) Estaba fangirleando mucho jaja. Y el trauma de Shippo, creí que el pobre requería descanso explicito, no es que me haya olvidado de él con la escena sukulenta… No, no, no…Bueno, si. ¡Nos vemos!
¿Kikyo lograra hacer entre en si a Inuyasha? ¿Qué estaría dispuesta a hacer ella para regresarlo a la normalidad?
¡ADIOS!
