Heya, me recuerdan? Yo sé que no, alguien lee este fic? Puede que tampoco, pero vamos que lo inicié y no lo puedo dejar sin continuación, menos cuando sólo tiene dos capítulos XD. Creo que no tengo mucho para agregar, simple y sencillamente les deseo una feliz lectura.

Los dejo con esto.


-Sólo... Un poco... Más...- Decía Skye con algo de esfuerzo; debía alcanzar una tuerca algo alejada dentro del cofre del auto y sus brazos no eran lo suficientemente largos para hacerlo con facilidad, ya estaba con medio cuerpo sobre el motor, una suerte que el auto no encendiera o de lo contrario podría ser muy malo.

–Ya quedó- Soltó con alivio al regresar las dos patas a tierra firme, secó el sudor de su frente con el antebrazo, aunque esparciendo levemente la grasa de motor que ya tenía en el pelaje –Voy a necesitar un buen baño después de esto- Musitó mientras observaba sus brazos y patas, no le dio más importancia y decidió pasar a revisar si lo que hizo había servido de algo.

Apenas dio un paso y logró percibir el ligero sonido de una pequeña cadena golpeando el suelo, rápidamente dirigió su atención hacia abajo.

–Ay no- Se agachó lentamente y recogió el collar en forma de media luna que hasta hacía unos segundos colgaba de su cuello. Skye lo revisó por completo, no parecía que el dije se hubiera dañado; mas no podía decir lo mismo de la cadena, a la cual le faltaba un pequeño trozo, seguramente lo perdió mientras estaba dentro del auto.

Abrió la puerta del conductor, y dejó el collar encima de la guantera, ya se preocuparía por arreglarlo más tarde; por ahora, debía ver si sus patas aún conservaban la vieja magia con que había reparado tantos casos perdidos.

-Muy bien cariño, no te portes mal ¿de acuerdo?- Dijo con algo de angustia, ¿y si no lograba hacerlo arrancar entonces qué? No podía prestarle la camioneta a Nick para llegar hasta Zootopia, ¿cómo la recuperaría después? Estaba llenándose la cabeza de muchas cosas innecesarias, por el momento, solo debía girar la llave –Sí...- Musitó aliviada al escuchar el no tan sano, pero continuo rugir del motor; no había humo negro escapando de ningún lado, no era un remedio perpetuo, pero al menos serviría para regresar al zorro hasta la ciudad.

La vulpina bajó del auto y salió del garaje. Tenía una vieja silla de playa frente a su casa, mirando al tramo de la carretera. Esperó varios minutos más y no había señal alguna de Nick o más importante aún, de su camioneta.

"¿En qué diablos estabas pensando Skye? ¿Tu camioneta, en serio? ¿Por qué no también le diste las llaves del taller y de paso las de tu caja fuerte?". La mente de la vulpina empezaba a maquinar varios escenarios en los que ese zorro se esfumaba con su camioneta para siempre; ya fuera que viajara por una carretera secundaria, se escabullera directamente entre los árboles del bosque, o simplemente pasara de largo, no es como si Skye pudiese usar la chatarra de auto que le dejó Nick e iniciar una persecución; no llegaría muy lejos.

-Muy bien suficiente- Dijo para sí misma. Tomó aire y dejó salir una larga bocanada del mismo –Tú también eres un zorro Skye Winter, eso no te convierte en una ladrona y tampoco a él- Mantenía los ojos cerrados en un intento por mantenerse concentrada en su optimismo, hasta que un sonido familiar hizo reaccionar sus orejas. Rápidamente alzó la cabeza y en el horizonte divisó su camioneta acercándose. Una vez más pudo respirar tranquila, aunque no libre de angustia pues el vulpino aún podía seguir conduciendo sin detenerse.

-Más te vale que te detengas- Masculló entre dientes al verlo más cerca, aunque manteniendo una sonrisa algo forzada en el rostro, tampoco buscaba dar las impresiones erróneas a su nuevo amigo. ¿Amigo?

Grande fue su alivio al ver cómo descendía la velocidad hasta estacionarse frente al garaje, dejando por supuesto el espacio para que el auto del zorro saliera sin problema.

-Espera un momento, ¿sí?- Le dijo Nick a su madre después de haber bajado de la camioneta. El vulpino se dirigió hacia Skye, saludándola primeramente con una pequeña sonrisa y mostrando en alto las llaves del vehículo.

–No tiene ni un rasguño patas blancas... Lo siento, Skye-

-Hehe, descuida, ¿Se portó bien contigo?- Respondió guardando las llaves en su bolsillo.

-Todo tranquilo, mi madre te agradece mucho que me ayudaras, y yo también a decir verdad... De casualidad habrás...-

-¿Reanimado el cadáver que me trajiste?- Rió algo irónica –Para tu suerte, sí, logré hacerlo encender, aunque no sé por cuánto tiempo se mantendrá así; deberían regresar ya- Sugirió ella.

-Supongo que tienes razón. El placer fue todo mío Skye Winter- Extendió una pata hacia ella.

-También mío Nicholas Wilde- Respondió el apretón de patas, y después de intercambiar un par de palabras más, ambos tomaron caminos distintos; Nick subió a su madre en el auto y partieron de regreso a Zootopia; Skye subió a su camioneta y emprendió el pequeño viaje hacia su zona de pesca. Ambos zorros no paraban de preguntarse por qué ocurrió tan peculiar encuentro, y más importante aún, si volverían a verse después de eso.

-Parece una chica agradable- Comentó Mary una vez estuvieron algo lejos del taller.

-Así es, sin ella me habría tomado un poco más de tiempo llegar por ti- Explicó Nick.

-Aún recuerdo cuando Henry compró este auto, definitivamente ha visto días mejores- Dijo la vulpina mientras que con algo de dificultad bajaba el vidrio de su ventana.

-¿Estás bien?- Preguntó el zorro.

-Descuida Nicky, estoy bien, esto pasó hace tiempo- Respondió alzando su brazo enyesado –Y mantén los ojos en el camino, ¿de acuerdo?- Le replicó.

-Bien, bien, lo siento-

-Espero que esto no se caiga a pedazos a mitad de camino- Rió Mary.

-Sí, esperemos- Dijo Nick con un tono algo nervioso, ya había tenido muy mala suerte el día anterior, lo que menos necesitaba era otra desagradable sorpresa.

-Ahora... Dime la verdad por favor, esa placa que traes contigo, ¿es real?- Preguntó esperanzada.

-Oh. ¿Esta cosa vieja?- Preguntó sacándola del bolsillo de su camisa –Totalmente auténtica, si quieres puedo darte una visita guiada por la estación cuando lleguemos a la ciudad-

Jenna logró respirar aliviada al escuchar eso, su hijo realmente había logrado una vida decente en Zootopia después de todo, lo que les había prometido quien los había sacado de la ciudad no parecía ser una mentira.

-Y dime, ¿cómo es la ciudad?- Preguntó curiosa –Ahí no hay...- Se frotó con suavidad el pelaje del cuello.

-Por supuesto que no- Respondió de inmediato el zorro. Nick no quería que su madre pensara ya ni por un segundo en la horrenda calidad de vida que se tenía en Preyland –Esas cosas no han sido siquiera una idea ahí- Aseguró.

-¿Jamás?- Cuestionó su madre. Era lógico que tuviera tantas dudas, sobre todo después de una vida llena de injusticias.

-En cuanto llegaron las noticias sobre Preyland, hubo un poco de ajetreo entre los puestos altos de la ciudad, pero se acordó que esa no sería nunca una medida aplicable a ninguno de nosotros-

-Es bueno saberlo- Su madre no estaba del todo bien, de hecho, no estaba bien. La visita de su hijo fue de gran ayuda para su afligido corazón, sin embargo, tenía miedo, estaba insegura de todo. Tanto tiempo sin conocer la libertad hacía que le diera pavor aquello que no conocía.

-Ey, anímate un poco mamá, si llegas a la ciudad con esa cara larga papá de seguro me castigará por un mes- Bromeó el zorro, de alguna increíble manera, logrando en su madre una pequeña sonrisa.

-Lo siento, es sólo que... Bueno, creo que lo entiendes, ¿no?-

-(Suspiro) Por desgracia sí, papá pasó por eso un tiempo después de haber llegado a Zootopia- Explicó con algo de rencor, cosa que no pasó desapercibida a los instintos de una madre.

-Henry... Él jamás te trató mal ¿cierto?- Preguntó con temor.

-¡¿Qué?!- Reaccionó Nick –Claro que no, él nunca permitió que me faltara nada- Explicó Nick, aunque bien sabía que su padre no fue perfecto en los primeros años lejos de Mary.

-¿Estás seguro?-

-Por supuesto que sí mamá. Escucha, no hay que seguir pensando en cosas así ¿de acuerdo? Olvida Preyland, olvídate de los collares y de todo eso... Aunque parezca mentira, en Zootopia cualquiera puede ser lo que quiera- Sonrió Nick

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Mientras tanto, a unas horas de donde ahora Nick se encontraba, Judy y Jack habían organizado lo muy poco que tenían de tan peculiar caso; empezando desde luego con el "robo" a la joyería, seguido por los secretos del dueño y ahora sólo esperaban que la vieja pista de Jack fuera suficiente para armar algo concreto.

-No puedo creer que al fin veré donde trabajas- Decía Judy apenas logrando controlar la emoción que estaba sintiendo.

-No es para tanto Judy, yo veo donde trabajas prácticamente a diario- Bromeó el conejo.

-Oh calla ya- Respondió ella.

Apenas el auto dejó de moverse, Judy bajó prácticamente saltando por la ventana.

-Oye tranquila- Le replicó Jack al bajar corriendo detrás de ella –Vas a romperte una pata si sigues así-

-No puedo creerlo, es mucho más grande que el ZPD- Dijo la coneja al ver el inmenso edificio que se erigía frente a ella –Aunque demasiado negro para mi gusto-

-Sí, no brillamos por nuestro estilo colorido- Se excusó Jack.

-Al menos un color más vivo, deberían adoptar la fachada de la estación-

-Lo veré con mi jefe, ahora cariño, ¿quieres seguir discutiendo sobre nuestro inexistente gusto por el arte o quieres entrar?-

-Sólo espero que sea mejor por dentro-

Si bien no era para nada parecido a la estación del ZPD, las fuerzas especiales sí que sabían cómo organizar una estación. El exterior tal vez era algo simple, sin embargo las paredes interiores brillaban con diversos murales, todos y cada uno con distintos sucesos referentes a la fundación de la ciudad, tratados importantes, un par de guerras en la historia de presas y depredadores, incluso la construcción de Zootopia. El parecido más grande con la estación de policía definitivamente sería el escritorio de recepción, lo único que faltaba en el mismo era un regordete cheetah comiendo donas y hablando con la boca llena.

-Y dices que no brillan por su creatividad artística- Dijo Judy.

-Bueno, no quería arruinar la sorpresa- Sonrió el conejo.

-Agente Savage, un gusto verlo aquí tan temprano- Sonó una voz en recepción.

-Hola Naiahri, qué tal te trata la vida- Respondió.

Se trataba de una jaguar de pelaje extrañamente rojizo oscuro, suficiente para contrastar con sus ojos color verde; figura delgada pero bien ejercitada y vestida con la ropa típica de recepcionista, de igual manera, el pelaje de su cabeza había crecido lo suficiente para crear una cabellera moderadamente larga la cual ataba detrás de su cabeza con una liga.

-Bueno, nada interesante ha pasado en mucho tiempo, así que ¿tú qué crees?- Le respondió reubicándose en su lugar tras el escritorio –Así que usted debe ser la famosa Judy Hopps, Jack duró un mes entero sin hablar de nada más que su compromiso- Comentó la felina.

-¡Eso no es cierto!- Clamó el conejo mientras que sus mejillas ardían por la pena. Judy por su parte, solo trataba de contener su risa.

-Naiahri, sólo venimos al depósito de evidencia- Masculló Jack.

-Ohh, eso puede ser un problema- Respondió ella.

-¿Problema?- Curioseó Judy.

-Sí, Larry no pudo venir hoy, y no es como que alguno de nosotros visite muy seguido ese lugar así que, digamos que está cerrado por el día- Explicó.

-Esto es malo- Habló Savage.

-¿No hay nadie en todo este lugar que pueda abrir el depósito?- Preguntó la coneja.

-De manera "legal" nadie pequeña coneja- Respondió la jaguar –Sin embargo hay alguien que lo haría sin temor a meterse en problemas- Agregó risueña.

-(Suspiro) Y yo que esperaba evitar a ese chiflado esta semana- Se quejó Jack en voz baja.

-¿De qué están hablando?- Preguntó Judy.

-Lo conocerás enseguida, gracias por todo Naiahri-

-Un placer ayudarlos, y Savage, asegúrate de no perder las cejas otra vez cuando lo veas- Rió en voz baja.

-¿Perder las cejas? ¿Lo dice en serio Jack?- Reía Judy.

-Esa historia es para otro día... En otra vida-

Unos minutos de caminata dentro de la base de fuerzas especiales, y Judy y Jack se encontraron frente a una gran puerta de garaje en uno de los límites traseros del edificio. El arco de la salida era suficientemente grande como para dejar salir vehículos para rinocerontes o tal vez incluso elefantes.

-¿Seguro que es aquí?-

-Sí, ya que ese lobo blanco no estaba en su oficina tiene que estar aquí- Respondió el conejo. Golpeó la cortina de metal fuertemente un par de veces y aguardó a ver si recibía algún tipo de respuesta.

-Parece que no hay nadie- Comentó Judy.

-Así parece... Pero debería...- La puerta empezó a abrirse lentamente, un ominoso chillido fue señal de ello, uno no muy sutil cabría agregar, y para nada agradable a los sensibles oídos de los dos conejos. En unos pocos segundos la cortina terminó de abrirse, revelando así un muy oscuro garaje, lleno de todo tipo de cachivaches extraños, menos vehículos.

-¿Qué rayos es este lugar?- Preguntó Judy, dando un par de pasos dentro del lugar.

-Mathew lo convirtió en su taller personal, rara vez se usaba este garaje para guardar los vehículos oficiales de fuerzas especiales, así que él decidió tomarlo para sí- Explicó.

-¿Y exactamente qué hace aquí?-

-Pues...-

-Reparo partes de autos, hago piezas para armas de fuego, experimento un poco con lo que encuentro, cualquier cosa puede salir de aquí a decir verdad- Escucharon los dos tras de sí.

Al girarse se toparon con un lobo blanco, alto, tal vez demasiado para su propia especie, para cualquier tipo de cánido a decir verdad. De cuerpo atlético y de postura firme, con un parche cubriendo su ojo izquierdo, del cual sobresalía una cicatriz vertical resaltando sobre su pelaje; el cual, parecía estar manchado de una pintura color morado, así como parte de la camiseta negra que vestía en el pecho, siendo contrastado por el par de pantalones azul oscuro. En su cabeza descansaba una gorra algo grande incluso para él, aunque por alguna razón parecía no bajar más de lo necesario, no le cubría los ojos.

-Y ahí está nuestro servicio de inteligencia- Habló Jack.

-El mejor que esta organización ha tenido, si me permites agregar- Dijo el canino –Mathew Monteiro pequeña coneja, aunque todos me llaman Matt- Extendió su pata hacia Judy.

-Judy Hopps, un gusto señor... ¿Por qué su pelaje es morado?- Preguntó la coneja.

-¿Oh esto? Un pequeño accidente con una lata presurizada, iba a limpiarme en cuanto llamaron a la puerta- Respondió mientras tomaba una toalla húmeda y empezaba a frotarse la cara con ella.

-Mathew, necesitamos que nos metas en el almacén de evidencia- Jack no tardó en ir directo al punto de aquella reunión.

-¿Larry no vino hoy?-

-No-

-¿Y ustedes quieren entrar por qué?-

-¿A caso importa?- Se quejó el conejo.

-Si voy a poner mi carrera en riesgo por un capricho, al menos me gustaría saber si es uno que valga la pena- Respondió con una sonrisa cínica.

-Vamos Matt, me debes un favor ¿recuerdas?-

-Vale, vale, ya capté conejito, iré por mi caja de herramientas- Unas pasadas más con la toalla húmeda y el pelaje del lobo volvía a relucir en blanco absoluto. Se retiró por algunos momentos, dejando así solos a los dos conejos.

-Jack- Habló Judy.

-¿Sí?-

-Corrígeme si me equivoco... Pero acaso su ojo era...-

-¿Color morado? Sí, lo viste bien- Interrumpió el conejo.

-Pero creí que los lobos adultos tenían ojos amarillos, o azules en el caso de los de pelaje blanco, además, se veía demasiado alto; aunque bueno, somos conejos, todos los animales se ven altos para nosotros hehe- Rió nerviosa.

-De hecho tienes razón en lo de la altura, historia larga, recuérdame contártela más tarde-

-Bien-

-De acuerdo, estoy listo- Escucharon los conejos.

-¿No dijo que iría por su caja de herramientas?- Preguntó Judy.

-Encontré lo necesario dentro de ella- Mostró un manojo de llaves.

-¿Espera? ¿A caso son?...- Se sorprendió Jack.

-Duplicados de todas y cada una de las puertas del cuartel... O al menos de casi todas, mi hermano cambia su cerradura constantemente. ¿Nos vamos?-

-Vamos detrás de ti-

Cerró la cortina de metal después de que los tres salieron, y regresaron al edificio. Mientras caminaban por los pasillos, Jack y Judy iban detrás del inmenso lobo blanco, el cual mantenía una distancia moderada entre los dos; no conocía de nada a Judy, en cuanto a Jack, no eran más que compañeros de trabajo. El conejo nunca se preocupó por hacer buenas migas con él, pese a que fue el apoyo táctico en casi todas sus misiones, a Mathew parecía darle igual de todas formas.

-Jack- Musitó la coneja.

-¿Sí?-

-Ese sujeto es endemoniadamente alto- Clamó abrumada al ver al lobo pasar junto a un tigre. Bien recordaba a lobato del ZPD, frente a Colmillar a ese lobo le faltaban dos metros para tener la estatura del felino, en cambio, el espécimen que caminaba frente a ella con facilidad era un metro más alto que cualquier otro lobo que Judy hubiese visto. La altura estándar de un lobo común y corriente no era de más de un metro con ochenta centímetros, según la coneja calculaba, Mathew medía poco más de dos metros.

-Te dije que te lo contaría más tarde- Respondió el conejo.

-Sí pero...-

-Y aquí estamos- Interrumpió el lobo. Se detuvieron frente a dos grandes puertas metálicas con una cerradura algo grande. Matt buscó en su manojo de llaves y pasó a abrir el lugar.

-Bueno, les dejaré el duplicado, pero asegúrense de regresármela más tarde y por supuesto, de cerrar el lugar-

-Y con esto estamos iguales Mathew- Dijo Jack para después entrar.

-Muchas gracias señor- Se despidió Judy con una muy leve reverencia con su cabeza.

-Un placer-

Matt se retiró del lugar sin la menor idea de qué hacer ahora. Su turno era de tiempo completo en ese fatídico miércoles, en todo caso tal vez volvería a su dulce garaje de la soledad por el resto del día. No había escuadrones desplegados en ningún lado, así que no tendría trabajo importante en tal vez toda la semana. Estaba en paz consigo mismo, perdido en sus pensamientos, hasta que alguien chocó contra él.

-Fíjate por donde vas, fenómeno- Le reprochó el jaguar que claramente se había interpuesto en su camino a propósito. El lobo no le dio más vueltas al asunto y siguió con su camino, no sin antes escuchar lo que el felino se puso a comentar con otro animal.

-Esas cosas en su cabeza seguramente no le dejan espacio para pensar- Se burlaban cruelmente.

-Todos sabemos eso Bobby, solo está aquí porque su hermano es el jefe-

Mathew dejó escapar un prolongado suspiro, estrujó su gorra con enojo; parecía querer hundirla en su propia cabeza, pero de nueva cuenta, alguien estaba decidido a fastidiarle más el día.

-Vaya, así que el esperpento decidió salir de su cueva- Habló el mamífero frente a él. Un alce, grande y de músculos voluptuosos, nada inesperado tratándose de un agente de campo, aunque un detalle a resaltar sería que una de sus grandes astas parecía tener menos hueso que la otra; en pocas palabras, estaba rota.

-Sam...- Dijo Mathew con rencor.

-Fenómeno- Resopló el astado.

-Vaya, los insultos sí que se les van terminando con los años, si tu cerebro ya terminó de secarse, tengo cosas más importantes qué hacer ahora- Matt no tenía intención de quedarse ahí más de lo necesario, ansiaba volver a la seguridad de su garaje. Con fuerza el alce lo empujó contra el muro, manteniéndolo ahí haciendo presión con su antebrazo, eran casi de la misma altura, por lo que Sam podía fastidiarlo sin tener que encorvarse.

-No te quieras pasar de listo conmigo-

-No es algo especialmente difícil, ¿sabes?- Sonrió el lobo con cinismo, sólo provocando que el alce hiciera más presión en su garganta.

-¿A caso buscas que te deje el otro ojo igual? No lo has olvidado, ¿cierto?- Cuestionó con malicia.

-Por supuesto que no... Yo fui quien te rompió el cuerno ¿no es así?-

Ambos se miraron con odio, cualquiera diría que querían matarse mutuamente, sin embargo, ninguno de los dos era tan estúpido como para iniciar una pela dentro del cuartel; había cámaras en todos los pasillos.

Sam dejó ir el cuello de Matt, haciendo que éste se desplomase hasta el suelo, quedando recargado en la pared y sentado en el suelo.

-Ya arreglaremos nuestro asunto después- Se "despidió" el cretino.

Mathew tomó aire, inhalaba y exhalaba lentamente en busca de calmar el estrés y por supuesto, en un esfuerzo de no estallar. Mientras tanto, la recepcionista caminaba por el mismo corredor en que se había dado tan peculiar encuentro, apenas divisó a Sam dirigiéndose hacia ella, supo de inmediato por la expresión de ira en su rostro que algo había pasado; Naiahri lo siguió con la mirada por unos segundos, sólo para luego caminar más aprisa por el pasillo. Tal cual lo esperaba, un acabado y desmoralizado lobo blanco recién se levantaba del suelo. Ella lo examinó con la vista rápidamente, parecía estar completo y sin algún tipo de golpe o herida. Rápidamente se acercó a él sin que éste se percatase de su presencia.

-(Suspiro) Sabía que no debí salir del garaje- Dijo el lobo para sí mismo.

-Hola Matty- Escuchó tras él.

-¿Hmm? Hola Ahri- Respondió jovial el chico.

-Te dije que no me llamaras así, ya no tenemos diez- Rió la jaguar.

-Y yo te dije que ya no me llamaras Matty, ¿o no?- Respondió sonriente el cánido.

-Bien, ya entendí... Y dime... ¿Cómo estás?-

-¿Yo? De maravilla-

-¿Seguro? Porque acabo de ver a nuestro cretino local y no se veía muy alegre- Le replicó la felina.

-Oh... Sí yo...-

-¿Te hizo algo otra vez?- Preguntó preocupada.

-Nada importante- Mathew desvió la mirada.

-Matt, no dejes que te molesten por eso, hay muchos a quienes nos agradas, sin importar quien seas; sin importar lo que seas- Le aseguró.

-Sí... Gracias- Respondió no muy animado.

Naiahri sabía que esas palabras difícilmente lo harían sentir mejor, se lo veía en su rostro.

-Te diré qué; esperaré hasta que tu turno termine y me darás la revancha de básquetbol. ¿Te parece?- Sugirió sonriente.

-¿Qué? Ahri, mi turno termina hasta las nueve hoy, ya ni siquiera habrá sol-

-Lo sé, así tendremos la cancha para nosotros dos, y con ese ojo parchado será un partido justo- Sonrió pícara –Por cierto, ¿qué tal está?-

-El médico dijo que el viernes podría quitarme el parche, ya ansiaba tener dos ojos de nuevo hehe-

-Me alegra escucharlo. Si no tienes nada qué hacer, ¿por qué no me acompañas a almorzar? es mi hora libre-

-Supongo que es mejor que seguir encerrado en ese garaje. De acuerdo, te sigo- Sonrió Matt, poniéndose en marcha rumbo a la cafetería del lugar.

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Parecía como un sueño, o mejor dicho, como algo salido completamente de una película de ciencia ficción. Una ciudad tan brillante, con edificios tan inmensos, tan viva, y más importante que todo lo anterior, no había señal alguna de la horrible vida que los depredadores tenían en Preyland. Algo tan simple como que una leona los atendiera en las entradas de la ciudad, Mary creyó que nunca podría ver a alguien con colmillos en un puesto así.

Seguían su viaje por las calles de Zootopia, habían dejado de hablar desde que pudieron ver la ciudad en el horizonte; su madre sólo miraba por la ventana, trataba de asimilar todo lo que pasó, lo que estaba pasando en ese momento y era increíble. ¿De verdad podría ver a su esposo? ¿Después de diez años lejos? Ya había tenido el gusto de reunirse con su hijo, ya tenía la mitad de la recompensa por tanto dolor.

-¿Y qué te parece? ¿Dime la verdad?- Sonrió Nick.

-¿Qué? Lo siento, estaba... ¿Qué dijiste?- Respondió apenada.

-Tierra llamando a mi madre, ¿la ciudad es todo lo que esperabas?-

-Hasta ahora lo es- Dijo con tranquilidad –Sólo me falta...-

-¿Ver a papá?-

-Sí... Sería agradable verlo en persona y no sólo por la computadora- Rió levemente.

-Para eso tenemos que tomar esta curva- Dijo Nick mientras viraba el volante.

-¿No vive en la ciudad?- Preguntó curiosa.

-Por supuesto que sí, sólo que no en esta parte- Respondió.

-¿Hay más? Este lugar es enorme-

-Y sólo has visto el centro, creo que te encantará el distrito forestal-

-¿Realmente hay un bosque?- Preguntó incrédula.

-Y una tundra entera también, pero ya habrá tiempo para ver esos lugares más tarde-

En poco tiempo al fin llegaron a los aparcamientos del distrito forestal, oficialmente ya estaban en el distrito, sin embargo aún no entraban en la espesura del bosque; aunque por las nubes y los estruendosos sonidos en el horizonte, fácilmente el zorro podía decir que los generadores de clima habían empezado a trabajar ya; sería un camino interesante para llevar a su madre hasta su nuevo hogar.

-¿Eso es normal?- Preguntó Jenna.

-Tendrás que acostumbrarte mamá, llueve un par de veces por día para mantener el ambiente- Explicó Nick al bajar del auto, no sin antes recoger algo que había llamado su atención y meterlo en su bolsillo, luego revisaría bien de qué se trataba -¿Estás lista?-

-Eso creo, me tiemblan las patas- Rió nerviosa.

-Tranquila, conociendo a papá seguramente no ha dejado de ver la puerta desde que me fui- Sonrió el zorro.

-Gracias, Nicky-

Los dos vulpinos empezaron el camino entre los árboles, era muy poco lo que, charlaban pues constantemente debían estar pendientes de no pisar algún charco o ser engañados por alguna hoja llena de agua sobre ellos. Poco a poco se acercaban al vecindario del padre Nick, el gran árbol ya estaba a la vista y Mary sentía como si el corazón le fuera a salir volando del pecho.

-¿Es aquí?-

-Así es- Respondió Nick.

-Pero... Es muy grande, ¿no crees?-

-Tanto papá como yo queríamos hacer que todo fuera perfecto- Explicó.

-Pero parece demasiado costoso, no creo que haya sido correcto- Dijo con algo de remordimiento.

-Hehe, te preocupas demasiado por cosas sin sentido, no se la robamos a nadie, te lo aseguro- Rió el zorro, no causándole mucha gracia a su madre –Bien, dejaré que papá te explique todo el contexto-

Al fin estaban frente a la puerta, Nick tocó un par de veces y no pasaron ni dos o tres segundos antes de que la puerta se abriera a toda velocidad.

-¿Nicky eres tú?- Habló Henry al abrir –Tardaste... Mucho...- De pronto Nick parecía no tener la menor importancia en el asunto, nada que no esperase ya el alegre zorro.

-¿Henry?- Musitó la vulpina.

-Mary...-

De pronto los dos se encontraban abrazados con fuerza y sin querer dejarse ir, el momento había sido tan intenso que ni siquiera se habían percatado de que seguían fuera de la casa, bajo la lluvia y en el lodo; aunque no pareciera un escenario muy glamuroso, era algo con lo que Jenna había soñado muchos años, o al menos desde que escuchó de Zootopia y su distrito forestal. Ese momento era de ellos y para ellos, eran una familia otra vez, después de todo el tiempo que pasó. Nick los observó unos momentos más y entonces se empezó a alejar.

-¿Nicky?- Habló Henry –No tienes que irte, nosotros dos sólo...-

-Descuiden tortolos, ustedes tienen más de que hablar que yo, además, necesito dormir un poco, salí desde temprano. ¿Recuerdas papá?-

-Sí pero... No quiero que...-

-Mañana vendré a visitarlos y me pondré al día con los dos ¿Les parece?-

Sus padres intercambiaron miradas por un momento, casi parecían haberlo echado a propósito, pero en parte sabían que el zorro tenía razón; querían hablarse, contarse todo lo que pasó en esos diez años, sería un día muy largo a decir verdad.

-Después del trabajo más te vale estar aquí- Le reprochó Henry.

-Tienen mi palabra, no quisiera que me castigaran por un mes- Bromeó en un tono burlón.

-Gracias Nicky... Por todo- Fue la despedida final de una madre a su hijo antes de ponerse a recuperar diez años de vida perdidos en dolor.

El zorro dio media vuelta, abrió la sombrilla que llevaba consigo y se alejó de la nueva casa de sus padres. Fue en ese momento en que Nick regresó al espiral tanto depresivo como autodestructivo que había iniciado la noche anterior; Judy, Jack, él, todas esas cosas juntas que se habían mantenido en un rincón cerrado de su mente, ahora habían roto el candado e invadido hasta el último fragmento de conciencia que tenía. El golpe a la moral había sido tan fuerte que incluso un pequeño dolor empezó a sentirse en su frente, llevó una pata a la misma y frotó suavemente para ver si lograba mitigarlo.

-Necesito un descanso- Suspiró algo molesto.

No todo lo que les dijo a sus padres fue mentira, de verdad necesitaba dormir, no necesariamente por el cansancio, pero sí que lo necesitaba; en eso consistiría el resto de su día, en regresar a su lastimoso hogar. Tapar bien la mayor parte de las grietas y "ventanas" para soportar el frío del invierno y recostarse en el viejo y roído colchón en el suelo. Mañana sería un día diferente, uno mejor; esa debía ser la idea, pero ¿Cómo hacerlo mejor con todo lo que pasó? respuesta, por más ridículo que pudiera parecer, estaba en su bolsillo.

Una vez salió del distrito forestal se encontró caminando por las calles del centro de la ciudad, rumbo al viejo hangar en pedazos que llamó hogar durante años, tendría que atravesar toda la ciudad para llegar, y eso le daba mucho tiempo a solas con sus pensamientos. Definitivamente no lo que necesitaba en ese momento, pero entonces, lo recordó; posó su pata sobre su bolsillo y sintió el pequeño bulto en el mismo, la deslizó dentro y sacó el collar en forma de media luna que había encontrado en el auto al llegar a la ciudad. Recordaba bien de dónde vino, de quién era, incluso recordó su olor en ese momento; era, de alguna extraña manera, embriagante, extraño viniendo de alguien que conoció hacía tan solo algunas horas.

Nick sacudió su cabeza un par de veces al darse cuenta de que se había quedado parado en el mismo lugar por al menos diez minutos. En cuanto regresó a la realidad, guardó nuevamente el collar en su bolsillo y siguió su camino, solo que ahora ya no iba rumbo a casa, sino a la estación de policía.

"Hay una probabilidad muy grande de que termine arrepintiéndome de mí mismo", pensaba el vulpino mientras cruzaba las puertas del ZPD. No tardó en toparse a su jefe, quien al parecer discutía con dos oficiales frente al escritorio de recepción mientras que Garraza no hacía más que distraerse en su celular.

-Necesito esos reportes llenos para ayer- Le reprochaba Bogo a sus oficiales, estos asintieron y se retiraron, dejando así la vista libre para ver al bribón zorro sonriéndole desde la puerta.

-¿Wilde? Creí haberme librado de ti por el día, si vienes a tratar de chantajearme otra vez ahórratelo o te quitaré una semana de sueldo-

-Muy justo creo, pero hasta donde recuerdo, lo de esta mañana no fue chantaje sino el pago de un favor con otro- Sonrió cínico.

-Como sea, no me agrada la idea de mis oficiales faltando al trabajo- Respondió el búfalo mientras revisaba algunos de los documentos que llevaba consigo -¿A qué viniste de todas formas? ¿Piensas trabajar desde medio día?-

-En realidad, necesito usar una de sus patrullas- Explicó Nick.

-¿Ah sí? Bueno yo necesitaba a Hopps con su compañero esta mañana, pero creo que no siempre tenemos lo que queremos-

-Muy gracioso jefe, por eso me agrada tanto- Sonrió Nick.

-Y por eso yo te odio tanto-

-Vamos Boggerson sólo...-

-Llámame así otra vez y te rasuraré hasta la cola- Dijo con suma severidad. Nick tragó un bulto muy grueso y pensó con mucho cuidado las palabras que usaría a continuación.

-Si ya terminaste de perder mi tiempo y no tienes intención de quedarte a hacer tu trabajo, entonces lárgate - El gran búfalo se empezó a alejar y si bien Nick estaba listo para detenerlo, no tenía ni idea de qué hacer después. Tenía varios chantajes guardados, qué no sabía el zorro de su jefe o sus colegas de trabajo, sin embargo, dos favores en el mismo día, ese no era su estilo. Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro y rápidamente corrió a los aparcamientos del ZPD, la suerte parecía sonreírle en ese día en particular pues Grizoli recién bajaba de su patrulla, era algo grande para él pero ya todas habían sido adaptadas para los oficiales más pequeños.

-¿Qué hay Oli?- Saludó Nick.

-Wilde, escuché que no habías venido a trabajar hoy, ¿está todo bien?- Preguntó el oso.

-De maravilla a decir verdad- Respondió –Pero necesito que me pagues un favor-

-Si esperas que vuelva a borrar las grabaciones de tus travesuras en la oficina de Bogo olvídalo, por poco me degradan por eso- Replicó Grizoli.

-Sí, y a mí pudieron haberme despedido por eliminar tus multas por exceso de velocidad y conducir ebrio- Le refutó el vulpino.

-Bien tú ganas... Pero esta vez asegúrate de avisarme cuando venga alguien- Accedió con desgano y algo de molestia, sin embargo, lo que Nick tenía en mente no podía estar más alejado de eso.

-Wow, tranquilo, no he hecho nada malo- "Al menos nada que haya sido grabado en video" –Necesito tu patrulla, Bogo no me dará una por el día así que necesito que la mantengas como "en servicio" hasta que regrese ¿de acuerdo?-

-¿Eso es todo?- Rió el grandulón –Haha, llévatela toda la noche si quieres, Bogo suele prestármela para salir de la ciudad todo el tiempo- Grizoli no paró de reír hasta entrar de vuelta al ZPD, no sin antes dejar las llaves en patas del zorro, quien no perdió más tiempo y se fue del lugar.

Mientras conducía por las calles de Zootopia directo a la salida de la ciudad, el zorro no paraba de preguntarse con qué excusa llegaría a la casa de aquella zorra blanca. Con aparecerse y simplemente mostrar el collar lo podría tachar de ladrón o algún tipo de acosador, sobretodo porque no podía decirse que fueran amigos o conocidos si quiera, sólo un par de extraños que se encontraron en la carretera; sí, definitivamente eso era más exacto.

-Estoy perdido-

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Cajas de herramientas abiertas en el suelo, distintos tipos de llaves esparcidas por todas partes, bugías, tuercas, palancas; el taller de Skye era todo un desastre, casi parecía haber sido saqueado y sin embargo, con toda seguridad podía decirse que no faltaba absolutamente nada, bueno, casi nada; una cosa, una muy importante y sin embargo diminuta cosa perteneciente a la vulpina, quien ahora se lamentaba en silencio, después de haberse terminado la voz en un amargo llanto, antecedido por gritos y maldiciones al aire. Cubría sus ojos con ambas patas y constantemente trataba de secar sus lágrimas, sus mejillas ya ardían por tanta fricción, incluso podían notarse un muy leve tono rojizo en su piel bajo el pelaje.

-Lo perdí, lo perdí, lo perdí, lo perdí, cómo pude ser tan tonta...- Musitaba para sí misma una y otra vez. Parecía ridículo, de hecho tal vez lo era, sin embargo aquél collar era su posesión más preciada en todo el mundo y ahora estaba en patas de un extraño a quien con toda seguridad nunca volvería a ver otra vez.

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Horas más tarde

-Jack llevamos horas aquí- Se quejó Judy mientras caminaba por los pasillos del almacén de evidencia, seguía a Jack a todas partes, siempre atenta a las cajas que había.

-Lo sé, pero no puedo recordar el nombre de la ciudad, juraría que iniciaba con una F o algo así-

-A veces me pregunto qué harías si no me hubieras conocido, tu memoria es lamentable- Rió la coneja.

-Aún no estamos casados y sin embargo ya te burlas de mí, eso es triste- Reprochó Jack.

-Oh vamos, no te pongas así- Lo abrazó por detrás –Eres adorable cuando se te olvidan las cosas-

-Y a ti te encanta echármelo en cara ¿No?- Sonrió el conejo.

-No todos los días te ves tan tierno, usualmente pareces alguien muy gruñón- Explicó ella.

-Bien, bien, hay que darnos prisa y encontrar la evidencia de ese caso, este lugar es demasiado frío para mi gusto-

-Mientras tanto cariño, ¿no me debes una historia?- Preguntó Judy mientras buscaba entre más cajas.

-¿Ah sí? ¡Oh, es cierto!- Reaccionó Jack -¿Aún quieres saber sobre Mathew?-

-Ver a un lobo que mide poco más de dos metros no es exactamente mí día a día, ¿sabes? Debe haber algo interesante qué contar-

-Pues, algo así, dime Judy ¿Qué sabes sobre las relaciones inter-especie?- Preguntó él.

-Estaría en una ahora de no ser por ti ¿Recuerdas?- Respondió no muy complacida –Nick y yo habríamos sido una relación así, ¿qué con eso?-

-Bueno, hoy en día no están mal vistas en la sociedad- Los dos conejos seguían buscando entre todos los archivos –Pero no fue así siempre, hace más o menos dos décadas era prácticamente un tabú-

-¿En serio?- Cuestionó Judy con asombro –No suena mucho a Zootopia cuando lo pones así-

-Es la cruda realidad, mis padres me contaban cómo eran las cosas cuando eran jóvenes; había cierto nivel de tolerancia, un depredador podía estar con otro de distinta especie siempre y cuando fueran de la misma categoría; leones y tigres, linces con jaguares, lobos y zorros, etc. Pero fuera de eso, era un odio público severo, más tratándose de depredadores con presas, ese tipo de relaciones, bueno, no tenían cabida ni siquiera en la mente animal- Expresó con pesar –Los padres de Mathew...-

-Espera, espera, espera ¡¿Él es un hibrido?!- Judy no podía creer que se tratase de algo así.

-De los casi inexistentes que descienden de un depredador y una presa- Reafirmó Jack.

-Imposible...- Musitó Judy.

-Ese sujeto es lo que algunos doctores llamarían "Milagro". Si tú y Nick hubiesen tratado de procrear, la probabilidad de éxito habría sido de más o menos el quince por ciento, y eso porque sus fisionomías son casi iguales- Explicó.

-¿Qué son los padres de Mathew?- Preguntó curiosa la coneja.

-Mathew es hijo de una loba blanca... Y de un ciervo... Eso debió ser simplemente imposible- Aseguró Jack, dudando incluso de sus propias palabras.

-Pero, no tiene sentido, a todas luces parece un lobo, sólo es un poco más alto y sus ojos no son del color que deberían...-

-Y los cuernos- Interrumpió él.

-C... ¿Cuernos?- Cuestionó incrédula.

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La hora había avanzado demasiado ya; el turno de la mayoría de los miembros de fuerzas especiales había terminado, dejando paso libre a aquellos que trabajaban por la noche. No era un turno tan concurrido, pero aun así había muchos más mamíferos a esas horas que en el ZPD; algo irónico siendo que en la estación de policía había mucha más actividad que en fuerzas especiales.

En la parte trasera del edificio había dos grandes canchas para básquetbol, nadie las frecuentaba mucho pues todos preferían ir directamente al gimnasio, sin embargo de vez en cuando algunos animales iban a matar algo de tiempo. Ahora que era de noche, nadie tenía necesidad de ir allá, a excepción de dos almas.

-Y bien, ¿cómo va el marcador?- preguntó Matt mientras botaba el balón con una pata.

-Deja de presumir y muévete ya- Respondió Naiahri.

Era seguro decir que llevaban aproximadamente tres horas jugando en el lugar, los dos habían cambiado sus ropas; Naiahri difícilmente podría jugar vestida de secretaria, y Matt sólo tuvo que cambiar su pantalón por unos shorts y vendajes deportivos para sus patas, aunque había conservado la gorra puesta, pese a la clara ausencia de sol. Estaban cansados no cabía duda de ello, y sin embargo seguían corriendo por todo el lugar. Ahri era mucho más ágil que Mathew, sin embargo, la altura extra le sentaba bien al lobo y era muy útil para encestar una y otra vez.

-Y con eso van veintiocho a dieciséis- Clamó el cánido al arrojar el balón al tablero una vez más.

-Presumido- Respondió la felina mientras se apoyaba en sus rodillas.

-¿Estás cansada?-

-¿Y tú no?- Le sonrió ella –Llevas jadeando la última media hora-

-Suena justo, creo que deberíamos dejarlo hasta aquí, ya es muy tarde de todas formas- Justificó el lobo. Se sentó en el piso, no tardando en ser acompañado por su compañera.

-Tienes razón. ¿Te sientes mejor ahora?- Preguntó Naiahri.

-¿Qué? Oh... Sí, eso creo- Respondió Matt –El cansancio me impide pensar en otra cosa- Rió.

-Es bueno saberlo- Ahri se levantó del suelo –Será mejor irnos, si mal no recuerdo, mañana ambos entramos a las seis- Tendió su pata hacia el lobo.

-Trágico pero cierto- Se levantó del suelo ayudándose de la lince.

Los dos se dirigieron a los vestidores, desde que llegaron se percataron de que el vestidor de mujeres estaba cerrado a cal y canto, desde luego, Matt no tendría llave para ese lugar; Ahri se había encargado de quitarle todos y cada uno de los duplicados que hacía.

-¿Segura que no te molesta cambiarte aquí?- Preguntaba el lobo blanco mientras guardaba sus cosas.

-Para nada, tampoco es que hubiera alguien además de nosotros aquí- Respondió mientras se quitaba la blusa.

-¡Wow, wow, wow! ¡¿Qué rayos haces?!- Exclamó Mathew.

-¿Qué? ¿A caso te incomoda?- Se burló –Necesito tomar un baño, y las regaderas de aquí tienen agua caliente-

-Sólo... No te desvistas frente a mí ¿De acuerdo?- Se ruborizaba al hablar y cubría sus ojos con el antebrazo.

Una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro de la felina, Matt le estaba dando la espalda, de ninguna manera pasaría por semejante vergüenza, hasta que de pronto sintió algo caer sobre su cabeza. Lentamente lo sujetó, aun sin saber bien qué era, hasta que lo tuvo frente a sus ojos; sus mejillas ardieron como brasas y podía sentir un escalofrío recorriendo su espalda desde la cola hasta la nuca; era un sostén, indudablemente era de Naiahri, podría reconocer ese olor a kilómetros.

-¡Ahhhh!- Gritó a todo pulmón mientras que la chica detrás de él no paraba de reír. El lobo no dijo más, arrojó la prenda al suelo y salió de los vestidores.

-Te esperaré afuera- Masculló entre dientes antes de cerrar la puerta tras de sí.

La jaguar rió un poco más para después entrar a las duchas, procuraría no tardar mucho de todas formas. Mientras tanto, Matt había empezado a arrojar el balón a la cesta otra vez, como una manera divertida de matar el tiempo; una pena que esa tranquilidad no durase lo suficiente.

-Así que sigues por aquí- Escuchó detrás de él.

-¿Hmm? Oh grandioso... ¿No se supone que tu turno terminaba en la tarde Sam?- Replicó Matt al ver al alce.

-Sí, pero escuché que te quedarías hasta tarde, y aún tenemos un pequeño asunto el cual arreglar, ¿recuerdas?- Le insinuó.

-Yo diría que estamos a mano, no tienes que hacer esto- Mathew sostuvo fuertemente el balón.

-Tienes razón, no tengo que, pero en verdad quiero hacerlo- El gran alce empezó a tronar sus nudillos mientras caminaba hacia el lobo blanco. Matt estaba al tanto de todos los problemas que le podría acarrear el pelear en el cuartel, sin embargo no tenía muchas opciones para escapar, y muy en el fondo, parte de él de verdad quería romperle el otro cuerno al brabucón.

-El comité disciplinario no será bueno contigo si se produce otro incidente, ¿tu odio hacia mí de verdad vale tu trabajo?- Cuestionó el cánido.

-Tu hermano y tú ya me tienen cansado, ¿te crees intocable sólo porque el jefe te cuida la espalda? Ni siquiera deberías trabajar aquí-

-En verdad me odias ¿No?- Rió levemente –Bueno, ¿qué se le va a hacer?- En un movimiento rápido, Mathew arrojó fuertemente el balón hacia la cara de Sam, no logró mucho daño, aunque sí desorientarlo lo suficiente como para ganar algo de tiempo y arremeter contra él; esa no iba a ser una noche tranquila en lo más mínimo.

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Mientras tanto, dentro del cuartel, Jack y Judy al fin salían del almacén de evidencia; el conejo sostenía una gran caja con una etiqueta marcando el nombre del archivo, "Fangtown" se leía en él.

-Vaya nombre más raro- Decía Judy al cerrar la puerta tras de sí.

-Una ciudad fría, llueve nueve meses al año y nieva los otros tres, la ciudad está adaptada para climas así y vaya que es inclemente, sin embargo, los bosques y ríos que la rodean sí que son una obra de arte de la naturaleza- Recordaba el conejo.

-Tal vez debamos ir alguna vez- Sugirió Judy.

-Si esto no nos ayuda a sacar conclusiones concretas tal vez tengamos que hacerlo-

-Es cierto... Retomando el tema de antes, ¿Mathew de verdad tiene cuernos?- Preguntó la coneja.

-¿Aún no lo superas?- Preguntó Jack.

-No me malentiendas, es sólo que, no conoces un hibrido todos los días. Deben de ser muy buenos amigos para saber todo eso de él- Sonrió Judy con calidez.

-En realidad no- Eso sacó a Judy de lugar –Somos compañeros de trabajo, pero no puedo decir que seamos amigos-

-¿Qué? Casi acabas de darme toda su biografía allí dentro- Reprochó ella.

-Sí, porque su hermano mayor es el jefe del lugar, cuando Mathew recién entró a fuerzas especiales tenía las mismas dudas que tú, el mandamás se encargó de explicarlo todo-

-¿Su hermano? ¿Y él también es?...-

-No- Interrumpió Jack –Él es un lobo hecho y derecho- Aseguró.

-Muy bien, ahora sí estoy confundida- Declaró Judy, cruzándose de brazos.

-Su madre estuvo casada dos veces, la primera vez con un lobo normal, la otra con el ciervo actual, podría decirse que los dos son hermanos de la misma madre-

-Ya veo...-

-Los detalles en la apariencia de Mathew le han causado ciertos problemas con muchos de por aquí, suena infantil pero así son las cosas, es a lo que se arriesgan los padres de especies tan distintas cuando deciden procrear... Algunas deformidades son demasiado notorias como para dejarlas pasar por alto, muchos prefieren no darle una vida así a un niño- Explicaba con pesar.

Si bien Jack no tenía una relación amistosa con Matt, tampoco le deseaba ningún mal, y mucho menos un trato tan cruel como el que le daban algunos miembros de fuerzas especiales.

–No sé en qué rayos pensaban sus padres...-

-¡Un segundo! ¿Crees que fue un error dejarlo vivir?- Cuestionó indignada.

-¿Qué? Claro que no, sólo...-

-Jack, no me digas que lo evitas sólo por eso- Ahora Judy estaba molesta, y su pie golpeando el piso una y otra vez daba prueba de ello.

-No lo evito Judy, es nuestro servicio de inteligencia, sería imposible trabajar sin él- Se excusó el conejo, aunque Judy para nada se tragaba esas palabras; una mirada acusatoria y brazos cruzados fueron su respuesta para Jack –(Suspiro) Bien, digamos que sí me aparto para evitar problemas, pasan muy frecuentemente cuando se está cerca de él- Explicó desviando la mirada.

-Jack, de verdad te estás ganando el sofá esta noche- Declaró Judy, claramente no muy feliz.

-Vamos cariño, ¿por qué te importa tanto?- Preguntó en verdad confundido, literalmente Judy no tenía ni un día de haberlo conocido.

-(Suspiro) Cuando llegué a Zootopia y me topé con Nick por primera vez, lo primero que pensé fue que por el simple hecho de ser un zorro no haría nada más que engañar y mentir- Se calmó un poco –Y, si bien tuve razón al principio, después me di cuenta de lo equivocada que estuve con él, y míranos ahora, somos los mejores amigos de la ciudad- Dijo con optimismo –No puedes y no debes juzgar a los animales sólo por su apariencia ¿Entiendes?-

-Cuando lo pones así, tal vez he sido un cretino- Recapacitó Jack.

-No tal vez, definitivamente lo fuiste- Sonrió Judy.

-Oh vamos, trátame bien al menos por lo que queda de la noche ¿Sí?-

-Pues...-

-¡Savage, tienes que venir!- Interrumpió un cheetah al detenerse a lado suyo.

-¿Pasa algo?-

-Sam está rompiéndole la cara a Mathew en las canchas, algunos agentes ya están en el lugar, pero nadie quiere meterse en la pelea-

Jack y Judy intercambiaron miradas por unos segundos y de inmediato corrieron a ver de qué iba todo el alboroto.

-¿Qué pasa Mathew? Ya no eres tan bocón ahora, ¿cierto?- Se burlaba Sam al golpear al lobo en el rostro con su gran puño.

Mathew estaba agotado, después del juego con Naiahri sin duda alguna no estaba en la mejor condición para pelear; su pelaje blanco estaba cubierto de sangre en el hocico, ya fuera que goteara por su nariz o por el labio partido que Sam le había dejado, al igual que una de sus mejillas; estaba lleno de tierra, sus patas raspadas por caer y levantarse del suelo tantas veces, ni siquiera había logrado hacerle mucho al alce, un par de golpes al estómago y se consideraba afortunado. Matt con suerte aún conservaba la gorra en su cabeza, algo chueca y arrugada, pero aún la tenía, de hecho, se aferraba fuertemente a no perderla.

-No te imaginas cuanto quería hacer esto- Habló Sam –No te preocupes, no pretendo matarte, sólo asegurarme de no tener que volver a ver tu cara por el lugar en un buen rato- Sonrió con malicia y una grotesca satisfacción.

Entre los pocos espectadores que había en el lugar no se encontraba ni un mamífero de tamaño importante, nadie capaz de terminar con esa riña tan estúpida, sólo disfrutaban del espectáculo. Algunos hasta se burlaban de la desgracia del pobre lobo, otros preferían no tomar partido y uno que otro había abandonado el lugar, entre menos tuviesen que ver con ellos mejor.

Judy y Jack al fin llegaron, no les tomó mucho abrirse paso hasta la "primera fila". El lobo y el alce seguían peleando, si es que se le podía llamar así, Sam seguía haciendo polvo a Matt y este a penas se lograba defender. Jack evaluó fríamente la situación ¿Cuál sería el mejor acercamiento? ¿Debía informar a su superior o detener el conflicto por cuenta propia? Todo eso no importó en cuanto entendió las intenciones de Judy de saltar en medio de los dos grandes mamíferos, apenas logró detenerla, hasta él tenía algo de miedo de meterse en esa pelea.

-¿Qué estás haciendo?- Le reprochó Judy.

-¿De verdad crees que te voy a dejar entrar ahí? Claro que no, si Nick no te encuentra mañana en el trabajo te aseguro que me va a comer- Explicó algo alterado.

-¡No podemos dejar que siga haciéndole eso!-

-¡¿Qué está pasando aquí?!- Clamó una voz femenina. Los dos conejos dirigieron su atención hacia el origen; Naiahri recién se había dado cuenta de todo el alboroto fuera de los vestidores.

-Pues...- Jack rascó su nuca.

La jaguar rápidamente dirigió su atención al motivo de la conmoción; el alce dio un par de golpes más al estómago del lobo, sólo para después sujetarlo con toda su fuerza en un abrazo no muy amistoso. Mathew dejó escapar un grito ahogado al sentir la presión en sus costillas y columna, el alce en verdad tenía mucha fuerza, Matt ni siquiera podía mover sus brazos, no tenía manera de escapar de ese agarre.

-Muy bien, hasta aquí- Ahri no se iba a quedar de brazos cruzados mientras le hacían eso a su mejor amigo, tenía toda la intención de sacarle los ojos a Sam, a penas Mathew la vio acercándose, supo que no podía dejarla participar en esa pelea.

-Con un par de costillas rotas debería bastar ¿No crees? O con la columna también- Puso más fuerza en su agarre.

-¡Graahh!- Se quejó el lobo. Debía actuar rápido, debía hacer algo ya, tenía que usar la cabeza.

Miró con atención la cara del alce, estaba a tiro por decirlo de alguna manera, y de tener suerte bastaría para aturdirlo lo suficiente. No hubo más intercambio de palabras; Mathew impactó violentamente su cabeza contra la de su rival, si bien no consiguió que lo soltase en ese primer golpe, sí que lo aturdió, volvió a atacar, por lo menos dos veces más, hasta que en el cuarto golpe consiguió liberarse del agarre de Sam; el alce estaba completamente desorientado, sin mencionar la sangre que ahora escurría de su nariz.

Mathew cayó al suelo, como pudo se reincorporó, recobró el aliento por un momento y miró al tambaleante alce frente a él; estaba demasiado cansado para golpearlo con sus puños, sin embargo tenía la suficiente fuerza como para derribarlo justo ahí. Matt sonrió con algo de cansancio, sus colmillos se veían de un color algo rojizo, producto de su propia sangre que ahora saboreaba a cada momento por la herida en su labio.

El lobo se preparó y con la poca fuerza que le quedaba corrió hacia Sam, cargó hacia él golpeándolo justo en la boca del estómago con la cabeza; el alce escupió sangre y cayó al suelo; Matt quedó de rodillas jadeante y muy agotado, su gorra, al fin se salió de lugar, revelando así dos pequeño cuernos extendidos a lo largo de su cabeza, sin separarse mucho de la misma; a juzgar por su coloración y textura, debían ser de ciervo, sin embargo no eran astas, eran muy extraños a la vista, y muy curiosos también.

Los murmullos entre la pequeña multitud no se hicieron esperar, todos hablaban de lo "Anormal" que se veía, si era real, si era falso, todo ese tipo de cosas a las que el lobo ya estaba acostumbrado.

-¡Mathew!- Exclamó Ahri al correr hacia él.

-Hola...- Sonrió torpemente el cánido -¿Por qué tardaste tanto?-

-No es tiempo para bromas, tengo que llevarte a...-

-¡Todos vuelvan a sus áreas de trabajo!- Escucharon desde la salida principal –Samuel, quedas bajo arresto hasta el Viernes que venga el comité disciplinario, Mathew, a mi oficina- Declaró con severidad el lobo gris que recién llegó.

-Y el jefe hizo su aparición- Habló Jack.

-¿Él es tu jefe?- Pregunto Judy.

-Así es, lamento que tuvieras qué conocerlo así-

Dos agentes recogieron a Sam y se lo llevaron dentro del edificio, mientras que Naiahri se encargó de levantar y ayudar a Mathew; esa noche definitivamente no iba a ser agradable para nadie.

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Nick aún conducía por la oscura carretera con rumbo hacia Preyland otra vez, aunque por supuesto no tenía intención de volver a esa ciudad, sólo visitaría a esa chica una vez más, le entregaría el collar y todo continuaría como si nada hubiese pasado ¿Cierto?

-Hola, ¿te acuerdas de mí?- Decía el zorro para sí mismo –No, eso suena demasiado estúpido, ¿cómo puedo llegar sin parecer un acosador?- Se preguntaba. No le quedaba mucho para llegar al taller en medio de la nada turística, aproximadamente una media hora más, mientras tanto tendría todo ese tiempo para meditar el cómo se iba a presentar frente a Skye otra vez.

Skye, esa zorra de pelaje tan blanco que parecía la nieve más pura del mundo, y sus ojos, más azules que el cielo y el mar juntos, definitivamente era un sueño hecho realidad, un sueño del que Nick debía despertar.

-¿Qué pasa contigo Wilde? Ni siquiera la conoces- Se reprochó –Sólo devuélvele el collar y márchate- Estaba decidido a seguir ese plan, no debía entrometerse más en la vida de una extraña, así debió ser, hasta que el inconfundible aroma a combustible lleno su nariz y lo obligó a detenerse. Una vez bajó de la patrulla, miró a todos lados, no era su vehículo el que apestaba así. Siguió su olfato hacia los árboles y entonces pudo ver sin mayor dificultad una camioneta volcada en una pequeña zanja. El zorro se alarmó al instante ¿Qué pudo haber ocasionado un accidente así? Debía revisar si el conductor estaba bien. En cuanto estuvo suficientemente cerca, se llevó una muy desagradable sorpresa.

-No...- Musitó al reconocer la pintura del vehículo, era el mismo que había usado esa mañana, y dentro del mismo, colgada de cabeza gracias al cinturón de seguridad y con algo de sangre goteando de su frente Skye estaba completamente inconsciente.


Espero les haya gustado, entretenido o al menos les haya dado algo qué hacer. Todo un placer escribir para ustedes y espero que aquellos que llegasen hasta aquí puedan dejar su comentario; así sabré si les gustó, les encantó, o si ya nadie lee lo que hago u.u.

Bueno, de verdad espero les haya gustado el capítulo, es muy diferente a los fics que he hecho con anterioridad y es porque en este busco experimentar, incluso metiendo un par de OCs propios.

Esto es todo por mi parte, hasta la próxima.

Paz.