Heya. Vacaciones, esa dulce época del año en la que no te tienes que preocupar de nada, bueno, casi de nada. En fin, estoy de vuelta, y traigo actualización de este singular y no tan conocido fic, debido a ello, agradezco mucho a aquellos que siguen por aquí y les gusta lo que leen.

En fin, los dejo con esto.


Las imágenes de la noche anterior no eran nada claras para Skye, de hecho, apenas y lograba recordar siquiera cómo fue que llegó tan lejos en su camioneta, el por qué se había ido, era algo que definitivamente se había borrado de su memoria, al menos por el momento. No sabía en dónde se encontraba, no sabía cómo había terminado en ese lugar. Los efectos de su pequeña intoxicación etílica la noche anterior habían dejado claros daños en su psique, aunque seguramente nada de qué preocuparse a largo plazo.

El peculiar dolor en la base de su hocico fue una de las cosas que la ayudó a regresar a la realidad; de pronto, todos esos sonidos que la rodeaban empezaron a tomar forma y convertirse en palabras, esas extrañas luces, ahora podía ver la perfecta forma de las grandes lámparas en el techo de lo que seguramente era un hospital. La vulpina llegó rápidamente a esa conclusión al escuchar el pitido del electrocardiograma junto a ella. El haber descifrado en dónde se encontraba no era exactamente reconfortante, pues aún no lograba recordar lo que pasó la noche anterior. A medida que ganaba más y más lucidez, ésta traía consigo la realidad de su condición; un dolor punzante en su mejilla derecha, la incapacidad de abrir por completo el ojo izquierdo, un fuerte, pero no insoportable dolor en la caja torácica, un dolor de cabeza que se hacía paulatinamente más grande, consecuencia de la resaca, y por último; lo que seguramente sería una pata rota a juzgar por el yeso que la cubría.

La vulpina dejó escapar un prolongado suspiro. Hacía lo posible para no entrar en pánico y dejar que venciera su lado irracional, aunque de igual manera se castigaba a sí misma por no haber hecho lo mismo el día anterior; se había dejado llevar completa y enteramente por la desesperación y ahí estaban las consecuencias.

–Veo que al fin despertó– dijo una leona al entrar en la habitación.

–¿Dónde estoy?– preguntó Skye.

-–Hospital Pembroke, en la parte norte de Tundratown.

–¡¿Zootopia?!– clamó incrédula. La ciudad no era algo que estuviese cerca de su hogar, ni siquiera le era posible verla a la distancia. La noche anterior no era clara, sin embargo, no podía creer haber llegado tan lejos.

–A juzgar por esa reacción, supongo que no es de por aquí– comentó la doctora, mientras se movía por el lugar. Revisó dentro de un gabinete hasta encontrar una pequeña linterna, junto con otro par de cosas.

–Para nada… He estado evitando la ciudad por…– Se detuvo al percibir una incandescente luz directamente en su ojo derecho –. ¡¿Qué rayos hace?!– Se quejó tratando de apartarse, únicamente logrando que la gran felina sujetará con algo de fuerza su rostro.

–Lamento si esto le incomoda, pero debo asegurarme de que no haya más daño por la contusión- explicó brevemente. No haciendo mucho caso a las réplicas de Skye, la leona prosiguió con el chequeo –. Parece que no hubo daño severo; sus pupilas se dilatan bien y la hinchazón en el ojo izquierdo ha disminuido notablemente desde la noche anterior– La doctora anotaba todo en lo que seguramente era el archivo médico de la vulpina. Skye estaba molesta, no hacía mucho para ocultarlo; con el dolor de cabeza y las diversas molestias en su maltratado cuerpo, no le era agradable el "chequeo" que le estaban haciendo. Lo único que ella quería en ese momento, era largarse lo más pronto posible.

–El único daño importante que quedó es su pata y algunas costillas, señorita Winter– Señaló la felina. Skye quedó fuera de lugar con eso último, no por el hecho de saber que había algo grave con su pata, sino porque la doctora conocía su apellido. No tenía seguro médico, no estaba registrada en ninguno de los hospitales de la ciudad, ni siquiera había puesto pata alguna en Zootopia hasta ese día, ¿cómo era que la conocían?

–¿Está todo bien?– preguntó la doctora al notar el prolongado silencio de la vulpina.

–¿Eh?– Reacción Skye –. Lo siento. ¿Cómo es que conoce mi apellido?– preguntó sin reservas.

–Skye Winter Wilde, fue el nombre que su primo nos dio.

"¿Winter Wilde?" Se preguntó la vulpina. Entonces, recordó su pequeño encuentro con cierto zorro de pelaje anaranjado el día anterior "tiene que ser una broma. ¿A caso él fue quien me trajo aquí?"

–Tendrá que esperar hasta que vengan a sacarla. Debido a las circunstancias de su accidente, quien venga a firmar su salida deberá ser legalmente responsable de usted, y de supervisar su recuperación. Nuestro traumatólogo vendrá en unos momentos para explicar la condición de sus fracturas.

–¿Qué? No puede dejarme aquí– replicó Skye.

–Son las normas del hospital señorita Winter, y mientras sea nuestra paciente, tendrá que acatarlas, le guste o no– Un particular y pesado tono autoritario se hizo sentir en esa última declaración. Skye no era tonta, tal vez un poco terca y arrogante, pero no ingenua; estaba consciente de que necesitaba esa atención médica, más aún después de escuchar sobre aquellas fracturas, por cómo se lo había dicho la leona, había más de una.

La zorra de pelaje blanco se quedó completamente sola una vez más, ahora podía quejarse en voz alta todo lo que quisiera, y aunque la tentación de empezar a maldecir a diestra y siniestra era mucha, otra cosa fue la que abarcó sus pensamientos en ese momento; ¿cómo es que ese zorro había dado con ella? Fragmentos de su accidente empezaban a aflorar en su memoria, estaba en medio de la nada, la carretera a Zootopia no era muy transitada a esas horas de la noche, en pocas palabras, la probabilidad de que alguien la encontrase eran de nulas a ningunas. Pudo haber muerto esa noche, y sin embargo, ahí estaba, a salvo, atendida y por el momento, sin ninguna otra preocupación más que el paradero y estado de su camioneta.

Skye se recargó en la cabecera de su cama. Alzó la mirada y dejó escapar otro prolongado suspiro, para luego ponerse a buscar su celular alrededor suyo. Esperaba que al menos lo hubiesen dejado en su habitación. Fue una agradable sorpresa encontrarlo justo en la pequeña mesa junto a ella. Lo tomó, aunque no lo encendió, lo que quería era ver sus heridas, en vez de simplemente sentirlas, y la oscura pantalla de su celular funcionaba bien como un espejo. Su mejilla derecha tenía algunas suturas, de ahí el ardor, su ojo izquierdo estaba algo hinchado, no tardó en entender que seguramente se había golpeado contra algo. En resumen, estaba bien. Respiró aliviada, pero antes de pensar en qué haría después, la puerta volvió a abrirse. La vulpina estaba lista para soportar los sermones del traumatólogo, pero en vez de ver una bata blanca, un uniforme azul y una placa dorada fue lo que entró.

–Tú– musitó Skye, no encontrando nada más para decir en ese momento.

–Hola– respondió Nick, de igual manera quedando en blanco, aunque manteniendo su mirada fija en aquellos ojos celestes que, a decir verdad, empezaban a verse molestos –. ¿Pasa algo?– preguntó saliendo de su pequeño trance.

–¡¿Winter Wilde?!– Le reprochó molesta –. ¡¿A qué clase de juego estás jugando?!

–¿Juego? Estabas cabeza abajo cuando te encontré, y mi seguro cubre a familiares, no a conocidos de la carretera. Era eso o que terminaras siendo mi esposa.

Ella no estaba nada feliz con ese último comentario. Se cruzó de brazos y parecía que trataba de derretir a Nick con su mirada. El zorro no pasaba eso por alto, y si bien esperaba algo más de gratitud, tampoco es que le sorprendiera del todo la reacción tan negativa de Skye, a fin de cuentas, un completo desconocido la llevó lejos, muy lejos de su hogar.

͢-(Suspiro) Escucha, no lo hice para molestarte, ¿sí? Al llegar aquí, no estabas en ningún registro, no tenías seguro médico, prácticamente no existes en la ciudad, tenía que hacer algo para que te admitieran y cuidaran de ti- explicó Nick, al fin logrando apaciguar un poco el mal carácter de la zorra ártica -. Si no quieres hablar conmigo bien, pero soy el único animal que puede sacarte de aquí, si después de eso ya no quieres volver a verme, entonces es todo- Se dio media vuelta, dispuesto a dejar a Skye a solas por lo que quedaba del día, hasta que…

-¿Cómo fue que diste conmigo?- preguntó ella, esta vez en un tono mucho más relajado -. Y no me digas que fue mera suerte, no tenías nada qué hacer en esa carretera a esas horas de la noche, y no creo que alguien te hubiera llamado a ti o a la policía. ¿Qué hacías allá, dime?

Nick se giró lentamente y caminó hacia la cama de Skye –. Iba a verte– respondió una vez estuvo junto a ella.

–¿Para qué?– Cuestionó.

–Iba a devolverte esto– Mostró el collar de media luna. Los ojos de la vulpina se iluminaron apenas verlo. Sin mediar ninguna palabra, Skye lo tomó de la pata del zorro. Nick se sorprendió por algunos segundos, pero no tardó en entender el verdadero valor que ese collar tenía para ella. Sería demasiado arrogante preguntar la historia detrás de eso, así que por el momento no diría más.

–Gracias– dijo Skye. Mantenía el dije pegado a su pecho, y la alegría había regresado a su rostro. Nick se daba por bien servido esa mañana, no todo había salido mal después de todo.

–Un placer. Escucha, más tarde vendré a verte otra vez, primero tienen que asegurarse de que estés bien para irte del hospital, luego… Ya veremos luego.

–De acuerdo– respondió con desgano, a fin de cuentas, no quería pasar todo el día en el hospital –. Gracias Nick, y… Lamento cómo te recibí– Agregó poco antes de ver al vulpino salir de la habitación. Éste se despidió con un simple ademán y siguió su camino.

Ahora la mente de Skye estaba mucho más tranquila y relajada. Observó el dije por algunos instantes y musitó.

–No te volveré a perder.

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Las labores en el ZPD habían empezado desde hacía unas horas. Si bien, cualquier otro día, Bogo habría restregado el suelo con la moral de Nick por llegar tan tarde, en este contaba con una buena excusa para su retraso; ¿qué era mejor motivo que un familiar hospitalizado?

-Buenos días Nick- Saludó Garraza, al tener al zorro frente al escritorio.

-Hola Benny.

-Está todo bien, ¿no? Te vez muy tranquilo pese a lo que pasó con tu prima, ¿seguro que todo está en orden?- preguntó preocupado.

-Aprecio tu preocupación Garraza, pero ella está bien- "Al menos eso espero" -. Los Wilde somos mamíferos duros- Sonrió sagaz.

-Ya veo. Bueno, Bogo recibió tu notificación y aunque le molestó que no llegaras temprano, parece que no te castigará de ninguna manera, aunque dejó muy en claro que debías ir a ver a Judy a su oficina, parecía ser urgente- explicó el felino, una vez más, regresando a sus asuntos.

-Así que Zanahorias ya está aquí. No la veo desde hace un día entero, hehe, debe extrañar a su compañero si quiere verme con tanta urgencia- dijo para sí mismo, a la par que caminaba rumbo a la oficina de su compañera.

Lo sucedido había sido una distracción perfecta para Nick de todos sus problemas personales; el compromiso de Jack y Judy lo había golpeado tan fuerte, que le costó recuperarse, y aunque no lo fuera a admitir a viva voz, alejarse tanto de ella por un día, definitivamente fue lo mejor para él. Era su compañera y claro que la apreciaba, pero la manera en que todo pasó, no fue sencillo de digerir, aún no terminaba de hacerlo a decir verdad, pero hacía su mejor esfuerzo para disimular. A fin de cuentas, les deseaba lo mejor a sus dos pequeños amigos.

Nick golpeó la puerta un par de veces, aguardó pacientemente a recibir alguna respuesta, la cual no se hizo esperar.

-Está abierto- La inconfundible voz de su compañera, aunque parecía algo decaída. No se demoró en girar la perilla y entrar, para entonces recibir la inesperada e intrigante condición en que ambos conejos se encontraban, Jack también estaba ahí; recostado en el sofá tamaño elefante en uno de los lados de la oficina, cubriendo su rostro con el antebrazo. Su traje estaba rasgado en algunas partes, y lleno de suciedad en otras, completamente desaliñado. En cuanto a Judy; una pequeña gasa cubría su mejilla izquierda y tenía algunos vendajes envolviendo la base de su oreja derecha, que al parecer, no podía levantar. La coneja miraba fijamente un archivo sobre su escritorio, mismo que estaba junto a una gran caja con la etiqueta "Fangtown".

-Wow- Reaccionó el vulpino -. Díganme que al menos anotaron la matrícula de lo que los atropelló- rió, cerrando la puerta tras de sí.

-Muy chistoso- reprochó Jack, mientras que Judy dejó escapar una discreta risa por el comentario de Nick.

-Vaya, parece que alguien se levantó del lado izquierdo de la cama- continuó avanzando por la oficina -. O saltó del lado equivocado del acantilado. ¿Qué rayos les pasó a los dos?

Judy cerró el archivo y con algo de dificultad se levantó de su silla, claramente estaba adolorida.

-Es una larga historia, ¿y en dónde rayos estabas tú? Tratamos de llamarte toda la noche- Le replicó.

-Estuve fuera de la ciudad, tenía que traer a mi madre aquí al fin- respondió con alegría.

-¿Ya está en Zootopia?- Jack se levantó de golpe del sofá, dejando ver un ojo morado y un poco enrojecido -. ¿Estaba bien cierto?

-Nick, eso es maravilloso, tu familia al fin está reunida- Judy no tardó en unirse a la conversación -. Supongo que ahora estará con tu padre. Vamos, cuéntanos cómo fue todo- suplicaba impaciente.

-Debiste habernos dicho que irías por ella esa misma noche, habríamos ido contigo- Agregó Jack -. A decir verdad me sorprende que hayas soportado un viaje tan largo tú sólo y sin dormir.

-Oigan, oigan, tranquilos, que seguramente les va a dar un ataque- dijo Nick, retrocediendo un poco, ahora temía que los dos conejos le saltaran encima.

-Desde que te conozco, ni tú, ni tu padre han dejado de trabajar para reunirse los tres, nos sentimos bien por ti, es todo- aclaró Jack, finalmente calmándose un poco. Definitivamente había olvidado lo maltratado que se encontraba.

-Jack tiene razón Nick. Yo te conozco desde hace mucho más tiempo, y esa siempre ha sido tu motivación más grande. Por favor, no nos dejes así, tienes que contarnos todo- Judy seguía siendo tan insistente como siempre, y si bien Nick apreciaba tanto apoyo por parte de sus dos mejores amigos, ahora mismo la intriga lo estaba invadiendo mucho más a él.

-Muy bien bolas de pelo, hagamos un trato; me dan una historia, y yo les doy otra- Se cruzó de brazos el vulpino, sonriéndoles con los ojos entrecerrados. Tanto Jack como Judy veían algo así venir, más aún, siendo que no habían dado explicación alguna sobre su actual estado.

-¿Qué tal si tú nos la das primero?- sugirió Jack -. Estoy seguro de que no es tan larga como la nuestra.

-Oh, pero si me encantan las historias largas agente Savage- Se burló Nick, a la par que saltaba al sofá de la oficina -. Así que será mejor que empiecen si no quieren que nos quedemos aquí todo el día.

Los dos conejos rieron.

-Bien, tú ganas- dijo Judy -. Esto es lo que pasó.

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La conmoción restante por la pelea entre Samuel y Mathew no tardó mucho en disiparse, más aún cuando el jefe había dejado muy en claro que no quería más revuelo sobre el tema. El alce malhumorado sería arrestado por el resto de la semana, mientras que el lobo con cuernos ahora tendría que enfrentarse a la fastidiosa actitud de su hermano mayor.

-¿Seguro que estás bien?- preguntaba Naiahri. Desde que terminó la pelea, no se había separado ni un centímetro del lobo, quien a cada pocos pasos debía detenerse a causa del dolor -. Escucha, yo hablaré con él, tú tienes que ir a un hospital.

-Estoy bien, Ahri. Además, sabemos que no me dejará ir así como así- Aseguró Mathew.

-Yo podría obligarlo.

-Ya te redujo a ser recepcionista por seis meses, no creo que quieras pasar el resto de tu carrera detrás de ese escritorio- Le recordó el lobo.

-Claro que no, pero no puedes dejar que te haga eso.

Los dos seguían discutiendo mientras se dirigían a la oficina del jefe de fuerzas especiales. Mientras tanto, caminando por un pasillo aledaño, Judy y Jack aún discutían sobre lo que recién pasó, llevando consigo la caja de evidencia; más concretamente, Judy era quien no podía dejar de quejarse.

-¿Qué posible razón puede haber para que algo así pase?- cuestionaba indignada.

-Oye no me mires a mí, esos dos tienen mala sangre desde mucho antes de que los conociera- Se excusó Jack.

-¿Y no pudiste mostrar al menos algo de empatía por él? En lugar de eso, preferiste alejarte- Se cruzó de brazos, negándose a seguir avanzando.

-Ya te dije porque lo hice, tú misma lo viste; el jefe llegó y se llevó a los dos. No me sorprendería si Mathew también termina bajo arresto.

-¿Acaso estás escuchando alguna de tus palabras, Jack?- Judy simplemente no lograba entender por qué su pareja estaba siendo tan frío en ese asunto. No se estaba dando la oportunidad de conocer a Matt, lo evitaba como si fuera la plaga o algo peor. Únicamente cuando necesitaba algo, Jack se daba el lujo de hablar con él. Ese no era el conejo de quien Judy se enamoró -. ¿Por qué lo evitas realmente?

Jack desvió la mirada hacia el suelo, y resignado, dejó escapar un leve suspiro.

-¿Recuerdas lo que pasó con mi hermano?- preguntó cabizbajo.

La actitud tan hostil de Judy se desvaneció con esa simple mención; se trataba de un tema delicado, uno que los dos preferían evitar.

-Mathew era el encargado de proporcionar toda la información necesaria para esa misión, y fue inteligencia durante la misma.

-¿Fue su culpa entonces?- preguntó algo temerosa.

-No, mi hermano era terco por sí mismo, sin embargo su equipo debió cuidar de él y viceversa. No es que haya sido culpa de ese lobo- Trataba de explicar Jack -. Pero desde ese día, traté de alejarme lo más posible de todos los involucrados. Nada más allá de un saludo profesional.

-¿Lo dices en serio?

-Sí, sé que no es la actitud más madura, pero para mí, era necesario- Jack miró a Judy -. Dos de los miembros de ese escuadrón se retiraron, una murió poco después por heridas internas, y la cuarta… bueno, desapareció. Sólo quedó Mathew, desde entonces; nunca habíamos tenido mucho contacto, así que eso ayudó un poco a todo este asunto. La muerte de mi hermano no fue sencilla Judy.

La coneja dejó escapar un leve suspiro. Se relajó lo más que pudo, a la par que recordaba esas historias que Jack le había contado sobre su hermano; un tema delicado, prohibido hasta cierto punto, pero no era excusa suficiente para su comportamiento, aunque no por ello perdía peso como argumento.

-¿De verdad no te das cuenta Jack?- dijo Judy con gentileza -. Me has dicho cientos de veces que ya lo superaste…

-Y así es- interrumpió el conejo.

-No, claro que no, y esta es la prueba de ello- Judy tomó la caja de evidencia de las patas de Jack y la puso en el suelo, para después tomarlo de las mismas, mientras lo veía a los ojos fijamente -. Sé muy bien a quién culpas por la muerte de tu hermano, no importa cuanto lo niegues, sé que es así. No voy a decirte que estás mal, cada animal en el mundo afronta las situaciones difíciles a su manera, y si esta es la tuya, no voy a tratar de imponer algo distinto- Judy apretó levemente su agarre -. Pero hace mucho que ella decidió alejarse de todos, a causa de la misma razón por la que tú evitabas a todos tus compañeros… Por la que solías evitarme a mí.

-Judy…

-Cuando recién te conocimos, no querías entablar conversaciones profundas con nadie, nos evitabas, así como a todos en el ZPD y éste lugar. Fue muy difícil hacerte salir de ese cascarón tan frío. No te dabas cuenta que ibas por el mismo camino que esa hembra. Mucho tiempo la odiaste y criticaste por haber "huido" de todos, pero tú ya no estabas aquí desde que tu hermano murió. No puedo, y no voy a pedirte que olvides todo y sigas adelante, pero sí te suplicare que no sigas por ese camino otra vez- Ella lo abrazó fuertemente. Jack se quedó petrificado por algunos segundos, para después corresponder el gesto, sintiendo una mezcla de tristeza y felicidad.

-¿Todo esto sólo por evitar a un compañero de trabajo?- Trató de bromear el conejo.

-No es solamente por eso- Rió Judy -. No soy tan buena para leer a los mamíferos como Nick, pero a ti te conozco a la perfección, y la mirada que le dirigiste a ese lobo en cuanto lo viste, es una mirada que ya conocía, y que no quiero volver a ver jamás- Eso último lo dijo con suma seriedad, y no era ajeno a Jack el por qué.

-No quiero que vuelvas a ser ese conejo malhumorado, y callado que solías ser, y creo que tú tampoco quieres volver a serlo, ¿cierto?

-En eso tienes toda la razón- Sonrió Jack.

Antes de poder decir otra cosa, las orejas de ambos conejos reaccionaron ante las voces a la distancia de Matt y Ahri. Dirigieron su atención a donde se encontraban los mismos, poco más al frente estaba la oficina del jefe de ese departamento de fuerzas especiales. Quien al parecer no estaba listo para recibir al apaleado lobo blanco, pues tanto él como la jaguar se sentaron en una pequeña banca de color negro que se encontraba fuera de la oficina. Judy vio eso como una oportunidad, no iba a obligar a Jack a hablar si no quería hacerlo, pero vaya que ella ansiaba saber más. La enérgica coneja miró a su prometido con una expresión llena de impaciencia, no hacían falta palabras para saber lo que quería hacer.

-Te recomiendo que hables con ellos antes de que entren en la oficina, podrías no verlos después de eso- Sonrió el conejo.

-Gracias Jack- Judy le dio un leve beso en los labios y corrió donde se encontraban los dos depredadores.

Savage la veía alejarse, por alguna razón no podía borrar esa pequeña sonrisa de su rostro. Judy tenía un efecto en él, que no lograba comprender.

-¿Qué hice para merecerte Judy Hopps?- dijo para sí mismo, únicamente logrando que esa extraña y jovial sensación creciera más en su pequeño ser.

Jack tomó la caja de Fangtown del suelo, y decidió ir con Judy también.

Discreta y lentamente, la coneja se acercó poco a poco a los dos depredadores, mientras lo hacía, se preguntaba a sí misma qué haría; había cientos de cosas que quería saber sobre Mathew, el primer híbrido que había conocido desde que llegó a Zootopia, sin embargo, Judy sabía lo maleducado que podría ser simplemente llegar a interrogar a otros animales sin razón. Sería mejor empezar por presentarse.

-Hola- dijo algo ansiosa, una vez estuvo donde ellos.

-¿Hmm?- Se giró Naiahri, no logrando ver a nadie en primera instancia.

-Aquí abajo- habló Judy. La jaguar rápidamente dirigió su atención al origen de esa voz.

-Oh, hola.

-Soy Judy, Judy Hopps, aunque ya nos habíamos conocido hace algunas horas- dijo sonriente.

-Descuida, te recuerdo, aunque esperaba que para esta hora, tú y Jack ya se hubieran ido- explicó.

-Oh vamos, ni que fuera algo extraño ver a Savage prácticamente durmiendo aquí- Agregó el lobo. Una sutil manera de entrar en la conversación.

-¿Qué? Jack no…. Esperen, ¿de verdad lo hacía?- preguntó con intriga.

-Así solía ser, hasta que de un día para otro, se iba del lugar a la misma hora, durante mucho tiempo nos preguntamos qué pasaba con él, pero luego supimos que conoció a una chica que lo traía como cachorro persiguiendo su cola- bromeó la felina, ocasionando en Judy una reacción similar.

-A este punto deben estar al tanto de que estas orejas no son de adorno- replicó Jack al acercarse más.

-Oh, vamos Jack, fue gracioso- respondió Judy.

-No tienes que sentir pena porque una chica te hace feliz, agente Smith- Se burló la jaguar nuevamente.

-Ese chiste pasó de moda hace años- habló Jack.

-Muy bien, muy bien, todos sabemos que no están aquí para reírnos de Jack- comentó Mathew, solamente logrando algo más de irritación en el conejo -. Quieres saber sobre mí ¿No es así, señorita Hopps?- inquirió el híbrido. Después de esas palabras, por alguna razón, Judy no era capaz de apartar su mirada de los cuernos de aquel extraño lobo.

-¿Qué? Bueno, así es, pero cómo…

-Tal vez mis oídos no cubran tanto rango como los suyos, pero aun así soy mitad lobo, y mi sentido del oído funciona como tal, estos pasillos son fáciles de escuchar- explicó mirando a los dos conejos -. Ojalá mi olfato sirviera igual.

-¿Hay algún problema con eso?- preguntó Judy. Era claro que Jack también tenía curiosidad respecto de eso, definitivamente no conocía al lupino tan bien.

-Para un lobo, olfatear y seguir rastros debería ser algo de todos los días, pero para mí, únicamente percibo olores superficiales; aromatizantes, perfumes, comida, etc. Y ni siquiera puedo percibir esos olores si están demasiado lejos. Jamás podría encontrar a un animal a base de esta cosa- Señaló a su nariz.

-Mathew no cuenta con todas las capacidades de sus dos especies- explicó Ahri.

-Exactamente. Bien, ahí tienes un dato extra sobre mí- sonrió.

-Si no le molesta, me gustaría preguntarle unas cosas más- dijo Judy, ahora con más curiosidad que antes.

-¿Les parece un intercambio de preguntas?- sugirió Matt.

-¿Estás seguro de que tienes tiempo para eso? El jefe no se veía nada feliz allá en las canchas.

-Es mi hermano y no tengo que hacerle caso si no quiero- río el cánido.

-¿Qué no es tu jefe en horas de trabajo?- contestó Jack, con una sonrisa sagaz.

-Tal vez, pero mi turno ya terminó.

-Pueden seguir discutiendo sobre esto toda la noche, o aprovechar el tiempo antes de que vengan a ejecutar a Matt- comentó Naiahri.

-Es un buen punto- dijo el lobo -. ¿Para qué la caja de Fangtown?- preguntó al ver el nombre pegado en la misma.

-¿Esto? Bueno, estamos investigando algo, y recuerdo bien haber visto algo parecido en esta caja hace mucho- explicó Jack.

-¿Parecido a qué?- curioseo Matt.

-A esto- respondió Judy. La coneja introdujo su pata en el saco de Jack, y mostró el extraño collar de amatistas que habían encontrado en la joyería el día anterior.

-Wow, Jack, no sabía que te inclinabas por gustos así- bromeó la jaguar, a lo que el conejo únicamente rodó los ojos.

-Ciertamente, no sabíamos que te gustaban las cosas brillantes, pero este collar es en realidad para macho y hembra- explicaba Mathew, a la par que tomaba la joyería con ambas patas.

-¿Estás seguro? Las piedras preciosas no parecen algo que un macho usaría- señaló Ahri.

-Para usar en público no, pero para eventos de gala, diría que esto hace juego con algún tipo de vestimenta, tal vez para eventos importantes- comentó mientras veía el collar con más detenimiento.

-¿Sabe algo más de él?- preguntó Judy.

-Lo que acaban de escuchar es todo, no soy joyero, así que no les puedo dar un análisis más profundo- respondió, devolviendo el collar a la coneja -. ¿Pero para qué la caja de Fangtown?

-Como dije, sólo es una corazonada- dijo Jack -. Aún no revisamos bien lo que hay dentro, pero es la única pista que tenemos, y hasta ahora, este ha sido un caso muy extraño.

-¿Qué tan extraño?- preguntó Ahri.

-¿Alguna vez escucharon de un asalto a una joyería, en donde dejan todo lo de valor en el suelo?- contestó Judy.

-Eso sí es raro- habló Mathew.

-Pues es a lo que nos enfrentamos ahora- dijo Jack -. Y bueno, Matt, respondimos a tu pregunta, creo que le debes a la dama una respuesta también.

-Es lo justo- respondió sin problema -. Pregunte lo que quiera señorita Hopps.

-¿De verdad? Bien, me gustaría saber si…

-¡Mathew!- La puerta de la oficina del jefe se abrió al fin. Con toda la charla de antes, podría decirse que se habían olvidado por completo por qué estaban ahí.

El lobo dejó escapar un breve suspiro, claramente fastidiado.

-Creo que tendremos que continuar esta conversación en otro momento- dijo resignado, para luego levantarse e ir rumbo a la oficina. Naiahri estaba a punto de ir tras él, pero un ademán por parte del lupino le hizo entender que debía esperar fuera.

-¿Qué tan malo puede ser?- preguntó Judy, una vez se cerró la puerta.

-Todos aquí conocemos a Samuel, y lo mucho que odia a Matt, no es un secreto que ese alce patán empezó todo, sin embargo, Lance no le tiene mucho cariño a su hermano.

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-¿Qué diablos pasó allá?- El semblante serio y de brazos cruzados que presumía el lobo de pelaje gris oscuro no era nada amigable.

-Oh, por favor, ¿de verdad me lo estás preguntando? Como si fuera noticia que ese sujeto me odia- replicó Matt.

-No me interesa lo que haya entre ustedes, lo que quiero saber es por qué estaban peleando en este lugar- clamó con frialdad.

-Descuida hermano- respondió el lobo blanco, con un tono muy tranquilo -. La querida imagen de este lugar no se manchara por algo así.

-Medio hermano- Corrigió molesto.

-Cierto, Lance Blackthorne. Por un momento había olvidado lo infantil que eras en ese aspecto- se burló Matt.

-Cuida mucho tu tono, aún soy tu jefe.

-No, no lo eres, mi turno terminó hace horas, después de eso, no tengo que seguir ordenes tuyas- Afirmó posicionándose con las patas sobre el escritorio de su hermano. La diferencia de tamaño era mucha, aunque Lance no dejaba que eso lo intimidara, al menos no tanto.

-Entonces, ¿por qué sigues aquí?- cuestionó -Debiste haberte ido en cuanto tu turno se terminó, nos habrías ahorrado a los dos este problema.

-¿De qué problema estás hablando exactamente, eh? No sé si te habrás dado cuenta, o si simplemente no te importa, pero a quien golpearon fue a mí.

-Y es por eso que Samuel está encerrado y no tú, pero no tengo intención de seguir perdonando tus faltas de respeto a tu trabajo.

-¿Faltas de respeto?- cuestionó incrédulo -. ¿Tener un pequeño partido con una amiga es una falta de respeto ahora? Y que un imbécil, a quien por alguna razón no has enviado al otro confín del mundo, venga a golpearme sólo porque sí, ¿no lo es?

-No pienso tener esta discusión contigo otra vez Mathew.

-Púdrete.

El lobo mayor estalló en ira con esa última palabra -. ¡Estás suspendido por una semana y sin paga, ahora lárgate o sino…!

-¡¿Qué harás, llamar a mamá?! Oh, es cierto, no le has hablado en cinco años- respondió el lobo astado, claramente igual de enojado que su hermano.

-¡Cierra la boca!

-¿O qué?- respondió plantándose en el escritorio, presionando fuertemente sus garras contra la madera, ignorando al completo todo el dolor muscular e interno que estaba sintiendo en ese momento.

Lance no supo cómo contestar, si su hermano menor decidía pelear con él, difícilmente podría hacerle frente a alguien que le doblaba en tamaño y fuerza, pero no podía cambiar su postura, a fin de cuenta, él era el jefe y debía actuar como tal. Tragó un bulto muy grueso, pero no se movió, a la espera de algo bueno.

Para bien o para mal, Mathew no tenía fuerza ni el ánimo para otra pelea en esa noche. Dejó escapar un prolongado suspiro y se fue.

Nada de aquella discusión pasó exactamente desapercibido, por dos razones; la primera, era que tanto Jack como Judy habían podido escuchar fácilmente todo detrás de esa puerta, y Naiahri, ella no se había despegado de la misma desde que Mathew entró. No fue una sorpresa ver salir al descomunal lobo, completamente llevado por la ira, aunque sin mediar palabra con nadie más.

-Será mejor irnos de aquí- murmuró Jack al oído de Judy, quien simplemente asintió y empezó a alejarse junto con el conejo.

La jaguar permaneció algunos momentos más ahí, simplemente esperando a que Mathew desapareciera entre los pasillos, después de eso, se giró para encarar a su "jefe"

-En verdad eres un cretino, ¿lo sabías?- Le replicó entrando en la oficina.

-No entiendes lo que está pasando- respondió Lance, sin dirigirle la mirada.

-Entiendo que ese lobo de allá es tu hermano, y lo tratas como basura. ¿Esta vez cuál fue el motivo para todo ese espectáculo, eh? Todos sabemos que fue culpa de Sam.

-No lo niego.

-Tú no lo… ¿Qué?- cuestionó confundida.

-Ya sé que Mathew no tuvo la culpa de nada- explicó, a la par que se levantaba de su asiento.

-Aún puedo romperte la nariz, lo sabes, ¿verdad?- respondió la felina, cruzándose de brazos.

-Y aún puedo hacer que seas recepcionista hasta que te jubiles.

-¿De qué va todo esto Lance?

-Debía hacer que ese lobo testarudo se fuera del lugar, y no había otra forma para lograrlo- dijo al avanzar por la oficina.

-¿Para qué querías que se fuera? Su relación ya es suficientemente problemática como para que hagas ese tipo de bromas- le reprochó.

-No era una broma. Sígueme.

El lobo gris y la jaguar rojiza caminaron por los pasillos del cuartel, no mediando palabra alguna en el trayecto, sin embargo, ambos sabían bien hacia dónde se dirigían.

-¿El cuarto de vigilancia?- preguntó Naiahri al llegar.

-Así es- respondió Lance al abrir la puerta.

-Aún no me has dado ningún motivo para no golpearte- Ella ya estaba cansada de tanto secretismo y cosas sin sentido, en cualquier momento podría saltar sobre el lobo.

-Si dejaras de interrumpirme tanto, podría mostrarte esto más rápido- El lobo gris no dio más explicaciones. En una de las consolas de grabación empezó a retroceder en la grabación. La jaguar ahora contemplaba con curiosidad lo que hacía el lupino. La hora en la esquina izquierda superior de la pantalla retrocedía y retrocedía hasta finalmente correr con normalidad.

-¿Ese es...?

-Samuel- Interrumpió Lance.

-¿Qué está haciendo?- preguntó la jaguar, acercándose más a la pantalla.

El alce parecía estar hablando con alguien en los estacionamientos del cuartel. Debido a que las videocámaras no contaban con algún tipo de micrófono para grabar sonidos, debían bastarse con las imágenes para tratar de armar algo, aunque no era muy difícil suponer que las cosas eran muy extrañas.

-¿Sabes quién es ese camello?- preguntó la felina, viendo con detenimiento al desconocido.

-No, y claramente no trabaja aquí, o sabría de las cámaras.

-¿Y qué hay de Sam? Él trabaja aquí y aun así está siendo grabado- refutó Naiahri.

-Tal vez simplemente lo ignora, o lo hizo a propósito. Sea como fuere, eso no es lo que me preocupa, sino esto.

De un momento a otro, los dos parecían haber dejado de hablar. El camello entregó un papel a Sam, no podía verse bien qué había escrito o si era alguna fotografía, pero si algo había sido claro, fue la sonrisa que poco a poco se dibujó en el rostro del alce.

-Esto se grabó a la hora en que el turno de Mathew estaba por terminar, tiempo después, de la nada, y sabiendo las consecuencias que traería, ese demente ataca a mi hermano sin ninguna razón justificable- explicó el lupino.

-Lance, no me malentiendas, sigo molesta por lo que hiciste, y también me agrada ver que te preocupas por tu hermano, pero esto podría no ser más que una mera coincidencia, ¿lo has pensado? Mathew ya piensa que lo odias, si de verdad corriera peligro, ¿no sería mejor decírselo?

-Naiahri, Mathew no corre del peligro, sino que va hacia el.

No había manera de contradecir eso.

-Pero como dices, podría ser mera paranoia mía- admitió cruzándose de brazos.

-Pues esa paranoia ya le quitó una semana de pago a tu hermano- reprochó ella.

-Por supuesto que no voy a dejarlo sin trabajo, mañana le llamaré, diciéndole que necesito sus habilidades y que solamente él lo puede hacer, para su ego será satisfactorio… ¿Cómo está por cierto?

-Creí que se había dislocado el brazo izquierdo, pero al parecer está bien, aunque no sé si le rompieron la nariz- dijo con pesar.

-Mañana hablaré con él de esto, si te hace sentir mejor.

-Más te vale hacerlo, por ahora, creo que iré a vigilar que Mathew no haga otra locura esta noche, si realmente Sam estaba tramando algo en contra de él, entonces más vale estar seguros.

-Gracias Naiahri, y por cierto…

De la nada, las luces de todo el recinto se apagaron. Hubo breves momentos de oscuridad absoluta, y entonces la energía auxiliar iluminó tenuemente las habitaciones y pasillos con una luz roja.

-¿Lance?- habló la jaguar. El lobo rápidamente volvió a poner su atención sobre los monitores, pero estos estaban ahora apagados; no tenía ni la menor idea de lo que estaba pasando en su cuartel.

-Ve por Savage, ¡y asegúrate de que mi hermano se haya ido!- ordenó mientras salía corriendo.

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-¿Jack, esto es normal?- preguntaba Judy, mirando a su alrededor, tratando de entender la situación y pensar en qué hacer. Habían llegado a la recepción cuando las luces se fueron, y al parecer el alumbrado exterior también había sido desactivado, pues no podían ver nada, ni a nadie.

-No, definitivamente no lo es.

Las orejas de ambos conejos se movían en todas direcciones; en ese momento dependían enteramente de su sentido del oído. Captaron varios sonidos, seguramente de los pocos que quedaban en el lugar a esas horas de la noche, todos tan confundidos y desorientados como los dos conejos.

-¿Dónde rayos está Nick cuando lo necesitas?- masculló Jack entre dientes.

-¿No crees que estás exagerando? Podría ser solamente una falla en el sistema eléctrico- sugirió Judy con algo de optimismo.

Jack estaba por contestar, pero entonces, un sonido destacó de entre todo lo que los rodeaba en ese momento. Algo completamente desconocido para Judy, pero que Savage conocía a la perfección; un arma siendo preparada.

-¡Judy, al suelo!

Arrojó la caja de evidencia detrás del escritorio, luego tiró de Judy tan rápido como pudo, logrando ponerla a cubierto junto con sí mismo, mientras que la lluvia de plomo había empezado.

No todos los que estaban en recepción fueron tan afortunados, si bien no eran muchos, y algunos lograron ponerse a cubierto detrás de columnas, puertas o paredes, desgraciadamente hubo bajas por igual.

Los dos conejos permanecían sin moverse, manteniendo las orejas abajo y en cierta manera, rezando para que ninguna bala los alcanzara. Pasaron algunos segundos más, hasta que el silencio llegó, y el olor a pólvora se avivó.

-Jack- musitó Judy, aunque el conejo simplemente le indicó que se quedara callada, mientras que Savage se asomaba discretamente para ver qué estaba pasando; un pequeño grupo, no más de cinco animales, todos y cada uno de ellos eran coyotes, aún se mantenían con las armas en alto, pero eso no fue lo que más llamó la atención del conejo, sino un sexto animal que entró por la destrozada puerta principal. Le era demasiado familiar.

-¿Señor Cornelius?- murmuró con asombro.

-¿El dueño de la joyería?- cuestionó Judy.

-¡No pierdan tiempo aquí, saben bien a lo que venimos!- dijo apenas entrar. El resto de su equipo asintió y se dispersó por los pasillos, mientras que él, partió en otra dirección, concretamente hacia las salas de confinamiento.

En cuanto estuvieron seguros de estar a salvo, Judy y Jack salieron de su cobertura. El conejo no tardó en recobrar la compostura, mientras que Judy aún no terminaba de procesar lo que recién ocurrió, todo fue tan rápido, y tan cercano a la muerte, que no lo podía creer. Savage prácticamente podía escuchar el corazón de su prometida latir sin parar.

-Judy, mírame. Todo está bien, estás bien.

Ella no respondía, no podía hacerlo. Observaba fijamente a Jack. No es que estuviera al borde de la desesperación, simplemente no podía creer lo que acababa de pasar, pudo morir, tanto ella como Jack, y había cadáveres a su alrededor. Era la primera vez que ella experimentaba algo así. No estaba rota, ni mucho menos, asustada, no sabía cómo debía sentirse.

-Cariño, mírame a los ojos. Sé que esto no es agradable, pero ahora no podemos quedarnos aquí, necesito que lo resistas. Cuando todo termine, prometo que desahogaras todo, ¿sí?- Jack se preocupaba por Judy, y lo hacía de la manera más pura y sincera del mundo; en lo que a él concernía, ella no estaba preparada para tal grado de violencia, pero no debía permitir que se quebrara ahí, al menos no por el momento -. Por favor Judy, reacciona.

De un momento a otro, ella lo abrazó con todas sus fuerzas. No para llorar, ni para sollozar; la coneja necesitaba regresar al mundo real, y Jack era su ancla emocional.

-¿Judy?

-Estoy bien- Escucharla hablar nuevamente fue todo un alivio para Savage, más aún al notar tanta tranquilidad en su voz -. Sólo necesito respirar- dijo separándose de Jack, aunque sin quitar sus patas de los hombros de su prometido -. Demasiada emoción en una noche- rió algo nerviosa.

-Escucha, hablaremos de esto, te lo juro. Por más fuerte que quieras parecer, presenciar algo así no es algo sencillo, mucho menos vivirlo. Prométeme que no vas a fingir que nada pasó.

-Te lo prometo Jack- Sonrió Judy, tomando la pata del conejo y poniéndola en su propia mejilla por algunos instantes, dejando que Jack sintiera el suave pelaje, hasta que tuvo que regresar a la realidad -. Hay que irnos- afirmó. Buscó la funda que tenía bajo el saco, y de ella tomó su arma, Judy por su parte, desenfundó su pistola de dardos.

-No olvides apuntar al cuello, eso los noquea más deprisa- comentó Jack, mientras se ponía a caminar.

-Lo sé- respondió la coneja -. ¿Crees que esté aquí por el collar?-

-Lo dudo, debería estar buscando en el ZPD, no aquí, definitivamente debe ser algo más.

-Sabía que nos estaba ocultando algo- refunfuñó Judy.

-Debemos averiguar qué- respondió Jack -¿Aún hay oficiales en la estación?

-El turno de la noche, ¿por qué?

-Vamos a necesitar algo de ayuda extra aquí. No tenemos mucho personal, y aunque quienes nos atacan no sean demasiados, creo que es mejor no correr riesgos. Además, así tú y yo tendremos tiempo de ocuparnos de ese camello, y saber de qué va todo esto.

-Entendido- Judy no demoró en encender su radio y llamar a los refuerzos.

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No les tomó mucho tiempo a los conejos seguir el rastro del camello, a fin de cuentas, Savage conocía el lugar como la palma de su pata. En poco tiempo se encontraron en las salas de confinamiento. Desde que entraron en la zona, habían sido capaces de escuchar dos voces en particular; uno era Cornelius, otro era Sam.

-Espera- habló Judy. Se detuvieron en un amplio arco. El sujeto que buscaban estaba a la vuelta de la esquina, sin embargo, tanto Judy como Jack, querían saber de qué iba todo. Aguardaron quietos, y escucharon.

-Tenías una tarea simple- Se quejaba el camello -. Aseguraste que podrías encargarte sin problemas.

-Bueno, no contaba con que todo el recinto viniera a ver el espectáculo- Reprochó el alce, evitando cruzar miradas.

-¡Eso no importa! Solamente debías hacer que lo enviaran al hospital, así lo habríamos atrapado en el camino, y podríamos haberlo usado para que su hermano nos diera lo que queremos.

-¿Y por qué es tan importante? A fin de cuentas ya perdiste el collar de Zootopia, ¿de cuánto te serviría el de Fangtown?- cuestionó Sam. Para ese punto, Jack y Judy no lograban terminar de entender lo que estaba pasando. ¿Había más de uno de esos collares? Más importante aún, ¿por qué eran tan importantes? En cierta forma se sintieron afortunados de tener uno en su poder, de esa manera podrían averiguar más.

-¿Y ahora qué harás anciano?

-Liberarte, y largarme de aquí. Debo planear cómo recuperar lo que es mío- respondió. Entregó al alce una ganzúa, y no le tomó mucho abrir el cerrojo.

-¿Lo que es tuyo?- dijo Samuel al estar libre -. ¿No te preocupa que él se entere que tú lo tienes?

-Si logramos conseguir las tres partes, no importará, por eso es imperativo que obtengas el collar de rubíes- no intercambiaron más palabras. El camello salió por otra de las puertas que había en el lugar, Samuel hizo lo mismo, dejando a Judy y a Jack en un gran predicamento.

-Sam se dirige al almacén de evidencia- dijo Jack.

-Pero la caja la dejamos en la recepción, detrás del escritorio- Agregó Judy.

-Si ese camello sale por la puerta principal, es muy probable que la vea. No podemos dejar que la encuentre, y tampoco podemos dejar escapar a ninguno de los dos.

-Y en cuanto el alce malhumorado note la ausencia de la caja, seguramente irá a averiguar quién la tiene- comentó la coneja -. Debemos separarnos Jack.

-Me duele admitirlo, pero tú eres mucho más rápida que yo- sonrió Savage -. Ve por Cornelius, no lo dejes escapar, y protege la caja.

-Y tú ten mucho cuidado- Depositó un leve beso en la mejilla del conejo, dejándolo atónito por algunos segundos. No fue hasta que Judy desapareció de su campo de visión, que Jack regresó a la realidad.

-Bueno Savage, tu prometida es capaz de derribar rinocerontes por sí sola, si yo no puedo con un alce, juro que me jubilare antes de tiempo.

Samuel ignoraba que lo habían escuchado, ignoraba que iban tras él. En su mente, todo lo que importaba era tomar lo que necesitaba, e irse, no quería tener que cruzarse con otro percance, mucho ya había sufrido su ego al no poder lidiar con Mathew. Hasta que, de pronto, escuchó rápidos pasos que se dirigían a él desde atrás; al darse media vuelta, todo lo que alcanzó a percibir fue un destello grisáceo.

Jack había saltado y asestado una fuerte patada en el rostro del alce, al aterrizar nuevamente, de inmediato trató de desenfundar su arma para así doblegarlo, por desgracia, Sam no tardó en recomponerse y arremeter contra el conejo; lo tomó del cuello de su camisa, arrojando lejos el arma y azotándolo contra los muros, para finalmente arrojarlo de vuelta al suelo. Había sido doloroso, claro que sí, pero Jack no podía darse el lujo de detenerse ahora; continuó dando pelea, la velocidad era su habilidad a favor, por lo que constantemente saltaba de un lado a otro, apoyándose en las paredes, golpeando y pateando a su gran rival una y otra vez, hasta que en un salto mal calculado, lo dejó en una mala posición, permitiendo que el ya fastidiado alce, lograse asestar un devastador golpe en el rostro de Savage. Jack por poco perdía el conocimiento, quedó muy aturdido y algo mareado también, fue toda una suerte que Sam no tuviera aliento suficiente para golpearlo otra vez.

-No importa cuánto lo intentes- Jadeó el alce -. Me has golpeado varias veces, y a penas y me has hecho algo. Yo solamente tuve que golpearte una vez, y casi estás inconsciente. ¡Ríndete de una vez Savage!

-Me encantaría hacerlo…- respondió Jack, tratando de reincorporarse -. Pero tengo un amigo, que nunca dejaría de restregármelo en la cara- Sonrió irónico, mientras se preparaba para la segunda ronda.

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Mientras tanto, Judy había logrado alcanzar al camello en la recepción. El dueño de la joyería estaba por cruzar la puerta principal. Primeramente, Judy buscó con la vista la caja de Fangtown, afortunadamente la encontró donde la habían dejado momentos atrás, eso sólo le dejaba una tarea pendiente.

-¡Señor Cornelius!- clamó a todo pulmón, logrando hacer que el camello se parara en seco, no logrando ocultar la sorpresa en su rostro, ¿qué hacía ahí esa coneja? -. Deténgase ahora mismo, y levante las patas- Judy apuntaba firmemente con su pistola de dardos, acercándose cada vez más -. Vendrá conmigo, y me dirá qué es todo esto, y quiénes…

De un momento a otro, todo lo que Judy sintió, fue un gran ardor en su mejilla izquierda, a la par que caía al suelo bruscamente. Uno de los coyotes que había invadido el recinto había dado con ella, la atacó con sus garras y ahora se disponía a terminar lo que inició; apuntó su arma y estaba por tirar del gatillo. Tres disparos retumbaron en esa gran sala, Judy inmediatamente se revisó a sí misma, esperando ver sangre en algún momento, de pronto, el coyote que estaba apuntándole, cayó muerto al suelo. La coneja lo observó por algunos instantes, completamente confundida.

-¿Estás bien?- Escuchó.

-Sí, eso creo- respondió, aún algo aturdida.

Su salvadora, no era otra más que la recepcionista del lugar, Judy no esperaba que fuera ese tipo de animal, tal vez a causa del cheetah que ostentaba ese cargo en el ZPD.

-Gracias, Na.. Nai… Niah… Am…- Judy estaba ahogándose en vergüenza, no podía recordar el nombre de aquella felina.

-Puedes llamarme Ahri- Sonrió la jaguar.

-Gracias Ahri- dijo la coneja, un poco más aliviada, aunque rápidamente, ese alivio se desvaneció al darse cuenta de que el camello se había escapado.

-¿Buscabas a alguien?- preguntó Naiahri.

-A un camello llamado Cornelius, es el dueño de la joyería que asaltaron esta mañana- explicó mientras revisaba la caja de Fangtown.

-¿Camello? Creo que sé de quién hablas.

-¿Ah sí?

-Está en una de las grabaciones, el jefe cree que su objetivo era Mathew, ¿no lo vieron quedarse, cierto?

-No, Jack y yo lo vimos irse hace más o menos hora y media- respondió Judy -. Dejé escapar a nuestro principal sospechoso, pero al menos esta cosa sigue intacta- dijo con algo de optimismo.

-¿La caja de Fangtown, eso es lo que están buscando?

-Así es, aunque no sabemos por qué. Por ahora deberíamos ir a ver a Jack, fue tras el alce malhumorado.

-Esperemos que el mal genio de Savage sea mucho peor que el de él- comentó no muy segura de las posibilidades del conejo en cuestión. Tanto Judy como Naiahri se apresuraron a buscar a Jack, y con suerte, terminar con toda esa locura.

No les tomó mucho llegar donde Jack. El pobre conejo estaba hecho un desastre; su traje rasgado y lleno de polvo, su ojo derecho ya estaba mostrando algo de hinchazón a causa del golpe, sin mencionar aquellos moretones que su pelaje se encargaba de cubrir, ahora descansaba sentado en el suelo y recargado a la pared. Por otro lado, el alce estaba tirado en el suelo, aparentemente inconsciente.

-¡Jack!- Reaccionó Judy. Corrió donde su prometido y se arrodilló para verlo mejor.

-Hola cariño, supongo que te fue mejor que a mí- rió con algo de dificultad.

-No hagas ese tipo de bromas ahora- Le reprendió. Judy revisaba con detenimiento el rostro del conejo, en busca de heridas más graves, mucho fue su alivio al no encontrar nada más -. Bueno, creo que estarás bien, aunque no podrás ganar ningún concurso de belleza así- bromeó la coneja.

-Creí que no debíamos hacer bromas así…- La atención de Jack cambió a quien se encontraba detrás de Judy; Samuel estaba levantándose, y no le tomó mucho a Savage entender por quién iría al retomar entera conciencia. En un movimiento rápido, Jack tomó la pistola de dardos del cinturón de la coneja, para ese momento, el alce estaba a punto de abalanzarse sobre Judy.

-¡Muévete!- La empujó de manera algo brusca, y él se levantó también, logrando evadir el agarre de aquel desgraciado. Sin perder un segundo más, Jack disparó, y el dardo acertó directamente en el cuello del animal.

-¿Qué?- Sam comenzó a tambalearse, llevó su pata a su cuello y retiró el dardo -. Maldito infeliz, te voy a…- El pesado cuerpo del alce azotó contra el suelo, esta vez, fuera de combate definitivamente.

-(Suspiro) Lamento mucho eso Judy- Se disculpó el conejo.

-Descuida, yo habría hecho lo mismo- respondió sonriente. Se levantó del suelo y fue donde Jack.

-Esto es tuyo- Entregó la pistola.

-Toda una aventura, ¿eh? Nunca me dijiste que era así de emocionante trabajar aquí- Bromeó la coneja.

-Hehe, te lo juro, nunca es tan emocionante.

-Entendido Lance. Bueno par de conejos, parece que el resto de invasores fueron detenidos- dijo la jaguar al acercarse luego de cortar la llamada con su jefe-¿Tan rápido?- cuestionó Judy.

-Tal vez nos hayan atacado desprevenidos, pero este sigue siendo el cuartel de fuerzas especiales- explicó con cierto orgullo.

-Y la policía no debe tardar mucho en llegar- Agregó Jack -. Creo que esta cosa está a salvo- dijo mostrando el collar de amatistas.

-¿Todo esto, sólo por esa cosa?- habló Naiahri.

-Muy importante debe de ser si valió como excusa para matar a tantos animales en una noche- dijo Savage con claro enojo.

-Al menos ellos no lo tienen- comentó Judy -. ¿Qué es ese ruido?

Los tres se giraron al percibir algo rodando por el suelo, no lograron verlo en primera instancia, pues se trataba de algo muy pequeño. Primero la jaguar, y luego los conejos; apenas Jack y Naiahri la vieron, trataron de alejarse lo más rápido posible, llevándose a Judy con ellos, esta última logró cubrir sus ojos al darse cuenta de qué se trataba, por desgracia, la granada aturdidora explotó demasiado pronto. Luego de la incandescente luz, todo lo que podían escuchar era un continuo y abrumador chillido, en el caso de Judy y Jack, este efecto era más doloroso. Ambos se estrujaban las orejas con desesperación, Naiahri estaba desorientada y no podía ver nada con claridad.

De la nada, un descomunal mamífero, cubierto con una larga gabardina oscura, vistiendo un traje extraño que le cubría patas, cola y garras, así como una máscara antigua de algún tipo de ave con un pico muy alargado y de color azul oscuro, ideal para ocultar cualquier tipo de hocico. Ni un solo pelo salía a la vista, incluso su cola estaba cubierta en tela, era imposible saber quién o qué era.

Jack estaba completamente incapacitado, Naiahri no podía ver nada, la única que quedaba era Judy, si bien no había sido cegada, aún prevalecía la molestia en sus oídos; no podía escuchar absolutamente nada más que ese insufrible chillido. Eso ya de por sí era desconcertante para un conejo, pero pudo ver cómo su atacante se acercaba lentamente a Jack, ella temió lo peor, así que se apresuró a socorrer al indefenso conejo. El misterioso mamífero sujetó a Savage del cuello de su camisa y lo levantó, Jack podía sentir que lo tenían, pero no era capaz de abrir sus ojos para ver de quién se trataba, y después de la pelea contra Samuel, no era mucho lo que podía hacer. Sea como fuere, quien lo sujetó simplemente revisó al conejo en busca de algo, al no encontrarlo, soltó a Savage, dejando que cayera al suelo, al hacer esto, el misterioso animal logró ver el collar de amatistas en el suelo. Lo tomó y lo contempló por algunos momentos, para después guardarlo. Al darse la vuelta, Judy ya había saltado para tratar de derribarlo, aunque el sujeto en cuestión fue más rápido; tomando ventaja del estado en que la coneja se encontraba, la sujetó de la oreja derecha en pleno salto.

-¡Ahhh!- Gritó Judy.

El extraño la levantó hasta poder encararla; la vio fijamente por algunos momentos. Ella no se iba a dejar someter tan fácilmente; sosteniéndose de su propia oreja para evitar salir lastimada, la coneja logró asestar una patada en el pico de la máscara, aunque al parecer, no logrando mucho más que hacerle mirar hacia otro lado por el impacto. Lentamente regresó su mirada hacia Judy, a ese punto, no estaba segura de qué más hacer, y para variar, aún seguía algo aturdida por la granada. Antes de poder siquiera pensar en atacar otra vez, la coneja fue lanzada con fuerza hacia el suelo, y aquél misterioso mamífero se fue del lugar. Judy quería ir tras él, pero debía aceptar que esa pelea, estaba perdida.

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Nick, Judy y Jack estaban sentados en el sofá de la oficina. Los dos conejos recordaban con algo de amargura lo sucedido, sintiéndose enteramente derrotados. Nick por su parte, apenas estaba terminando de digerir todo lo que recién había escuchado; casi parecía sacado de una película, le era imposible imaginar todo tal cual se lo contaron.

-Y esa es nuestra historia. Perdimos la mejor pieza de evidencia que teníamos disponible- Se quejó Judy, bajando la mirada.

-Sin mencionar la paliza que nos dieron- Suspiró Jack.

-Vaya- suspiró Nick -. ¿De verdad tenía cuernos ese sujeto?

Jack dejó escapar una leve risa, mientras que Judy llevó una pata a su rostro.

-¿De verdad es lo único a lo que prestaste atención?- cuestionó Jack.

-No, también me intriga esa jaguar de pelaje rojo que mencionaron- respondió levantándose hacia el escritorio de la coneja.

-Se tiñe el pelaje- explicó el conejo.

-Y ahí murió el misterio- El vulpino empezó a revisar la caja.

-¿Buscas algo?- preguntó Judy al ver al zorro.

-Dijeron que estaban buscando esta caja, ¿no? Algo sobre otro collar, ¿no lo tienen ustedes?

-No- habló Jack -. Al parecer, quien quiera que fuera ese animal, no ignoró la caja.

-Cuando nos recuperamos y fuimos a recepción, todo lo que estaba dentro terminó en el suelo, seguramente se lo llevó- dijo Judy con decepción.

-Bueno, eso sí es malo. Debo suponer que no tenemos nada entonces- comentó el zorro.

-Nada de nada. Por ahora, estoy tratando de armar algo con lo que hay en la caja- explicó Judy mientras caminaba de regreso a su escritorio.

-Y yo estoy esperando a que mi prometida decida que podemos ir a nuestro departamento a descansar- replicó Savage, cruzándose de brazos.

-Haha, ¿por eso el traje tan deshecho, Rayas?- rió Nick.

-¿Me acabas de llamar Rayas?- cuestionó confundido.

-Judy tiene cerca de tres apodos, era hora de que mi segundo conejo favorito tuviera uno- explicó, revolviendo el pelaje de la cabeza de Jack.

-Mejor guárdatelos para Judy- le reprochó el conejo, a la par que empujaba la pata del zorro.

-Oh vamos, es divertido, Rayas- rió Judy.

-Me rehúso a seguirles el juego- Se cruzó de brazos -. Sin embargo, señor Wilde, ahora usted es quien nos debe una historia.

-Así es Nick- Judy saltó de vuelta al sofá -. Cuéntanos qué pasó con tu madre- Sonrió la coneja.

-Me encantaría hacerlo, pero su historia fue demasiado larga, y ahora- Revisó el reloj de su celular -. Es mi tiempo de descanso. Adiós Zanahorias, adiós Rayas.

-¡Ah no, no te irás…!- Jack trató de protestar, pero la puerta se cerró en su cara.

-¿No vas a ir tras él?- preguntó Judy.

-Estoy casi seguro de que me fracturé una costilla ayer, lo último que quiero es daño permanente por perseguirlo a él- dijo con ironía.

-Hehe, bueno, es cierto que Nick siempre logra escapar de ti- Se acercó hasta Savage y acarició sus mejillas.

-Judy… podríamos…

-Sí, podemos irnos de aquí- interrumpió sonriente -. A mí también me hace falta un descanso.

-Y a mí un baño- Agregó Jack mientras abría la puerta de la oficina.

-Puedo ayudarte en eso último- sugirió Judy, en un tono seductor. Jack la miró algo sorprendido, pero rápidamente decidió seguir el juego también, a fin de cuentas, había pasado mucho desde la última vez.

-Creo que puedo soportar otro par de costillas rotas.

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Ya era medio día. Por toda la mañana hasta esa hora, Skye había recopilado los números de todos los talleres y depósitos de chatarra de la ciudad, y le faltaba poco para haber llamado a todos los que había en Zootopia. Quería saber el destino de su camioneta, sin embargo, parecía ser que no estaba por ningún lado.

-¿Está seguro de que no le suena la descripción?- preguntaba al jabalí en la videollamada.

-Para nada, si esa camioneta hubiera estado aquí, seguramente la recordaría. Lo siento señorita.

-(Suspiro) Gracias…- respondió desanimada. Colgó la llamada y se recargó contra la cabecera de la cama. Sus esperanzas habían mermado considerablemente desde que empezó su búsqueda, y el no poder salir del hospital no hacía nada más que empeorar su mal genio -. ¿En dónde diablos está?

-Toc, toc- La puerta se abrió nuevamente -. Hola- Saludó el zorro anaranjado al entrar.

-¿Nick? Creí que estarías ocupado- comentó la vulpina.

-Es mi tiempo libre, y creí que sería bueno venir a ver qué tal estaban las cosas por aquí- Se desplazó hasta la camilla.

-No tan bien como me gustarían- respondió cabizbaja.

-¿Pasó algo?

-Aparentemente, tengo dos costillas rotas, y mi pata izquierda está igual- Señaló al yeso.

-Sí que son malas noticias, pero mira el lado bueno; no estás tan mal como tu camioneta- bromeó el zorro, acercando una silla y sentándose en ella.

-Entonces, ¿sabes lo que le pasó?- preguntó esperanzada.

-Sí… Lo siento, pero sigue en el bosque.

-¡¿Qué?!- Clamó exaltada, aunque rápidamente quejándose por el dolor en el tórax -. ¿Qué?

-Cuando te encontré, bueno estaba por mi cuenta, sólo puede traerte aquí, y no se me ocurrió llamar a una grúa- explicó rascándose la nuca.

-(Suspiro) Esto es una pesadilla- musitó Skye, pasando sus patas por su rostro.

-Oye, vamos, no creo que alguien vaya a tomarla, y si te preocupa tanto, puedo mandar a alguien por ella hoy mismo- Sonrió el vulpino.

-¿De verdad lo harías?- preguntó incrédula.

-Muchos animales en la ciudad me deben uno que otro favor- dijo confiado -. Será sencillo.

-No me vas a cobrar esto, ¿o sí?- preguntó Skye, con una sonrisa sagaz.

-¿Qué clase de mamífero crees que soy?- respondió dramatizando.

Ambos rieron un poco, aunque Skye procuraba no lastimarse en el proceso.

-Entonces…- habló Nick.

-¿Entonces?

-¿Puedo preguntar qué pasó allá?

-Oh- reaccionó Skye -. ¿Me creerías si te dijera que iba a matarte?

-... ¿A mí?- cuestionó sorprendido.

Skye rió levemente por la reacción del zorro.

-Estaba… Estaba muy ebria anoche- Admitió con pena -. En mi pequeño y borroso mundo, en esos momentos estaba convencida de que te habías robado esto- Alzó el collar que Nick le entregó horas atrás.

-¿Tan importante es?- preguntó curioso.

-Es el último recuerdo que me dio alguien muy importante y especial para mí- respondió desviando la mirada, al mismo tiempo, esbozando una pequeña sonrisa.

-Oh… ¿Y dónde está? Seguramente querrá saber que estás bien- dijo Nick.

La expresión en el rostro de la vulpina cambio al escuchar eso último; ya no era una sonrisa lo que había, sino melancolía.

-Él… Murió hace mucho tiempo…

Nick no tardó mucho en reconocer que tocó un tema muy delicado, a fin de cuentas, sabía leer bien a los animales.

-En verdad lo siento mucho- Se disculpó apenado.

-Descuida- Sollozó levemente, y limpió una pequeña lágrima en su ojo derecho -. Fue hace mucho tiempo.

-Aun así, creo que no debí haber tocado el tema.

-No importa. Además, por el momento me preocupa más el saber que no podré salir pronto de aquí- rió algo nerviosa, claramente tratando de desviar su mente de aquellos malos pensamientos.

-¿Cuánto tiempo te mantendrán encerrada aquí?- preguntó Nick.

-Acorde a mi doctora, un mes cuanto menos, así no correré peligro de que una costilla me atraviese los pulmones- explicó no muy complacida -. Una lástima que aún después de eso, mi pierna no sanará todavía.

-Oh vamos, los zorros somos animales más fuertes de lo que nos dan crédito- Sonrió el vulpino -. Seguramente estarás de vuelta en tu taller, atendiendo a las ardillas del bosque en un santiamén.

-Hehe, sí que sabes cómo animar a alguien Wilde.

-Tengo ese don, y también el de sacar de quicio a mi jefe, pero eso ya no es importante. ¿Sabes? Si ya no quieres matarme, podría venir a visitarte estos días que estarás atrapada aquí.

-¿Por qué harías eso?- preguntó curiosa.

-Porque somos amigos, ¿no?

Skye sonrió levemente.

-Sí, sí, creo que lo somos, aunque también somos primos- Los dos zorros rieron por el comentario y continuaron charlando por lo que quedó del descanso de Nick. Al irse, el zorro garantizo que haría todo lo posible para traer la camioneta de Skye a la ciudad, aunque ella pidió que no se reparara de ninguna manera, pues quería hacerlo ella misma. La vulpina había tenido un día muy agradable a decir verdad, restando la molestia del chequeo médico y el asunto de estar en un hospital, eso le permitió conocer mejor a Nick.

"Supongo que Zootopia no es tan mala como creí" pensó para sí misma una vez el zorro abandonó la habitación.


Bueno, espero les haya gustado, entretenido, o al menos les haya dado algo qué hacer. Sé que no son las parejas usuales del fic, pero dicen por ahí que experimentar es bueno (casi siempre)

Comentan? Alguien? Así sabré si les gustó, les encantó... O si a nadie le interesa este tipo de historia XD. Ojalá puedan comentar, se los agradecería mucho.

Eso es todo por mi parte, nos vemos en la siguiente actualización, oh, y feliz navidad adelantada a todos ustedes mis lectores.

Paz.