Heya, ¿me recuerdan? Yo sé que no, sin embargo, para aquellos pocos que leen este fic, les agradezco por seguir aquí y hoy les traigo un nuevo capítulo, yep, el fic no está muerto. Espero les guste y los dejo con esto

Pese a las visitas de Nick, y las alentadoras noticias de que se recuperaría pronto, Skye no lograba encontrar paz alguna en estar confinada a una cama de hospital; era aburrido, era estresante, pero por encima de todo, le traía malos recuerdos, muy malos recuerdos. Estaba dispuesta a lo que fuera con tal de alejar su mente de aquellas ideas, una vez incluso trató de charlar con el doctor que iba a revisarla, aunque sin mucho éxito. Sólo había pasado poco más de un día desde que terminó en ese lugar, y sin embargo se sentía como una vida entera para ella, quería salir, quería regresar a su taller en medio de la nada, no quería estar ahí.

-¿Estás segura de que no quieres que reparen tu camioneta?- preguntaba Nick, confundido.

-Claro que quiero repararla, pero quiero hacerlo yo- explicó Skye.

-Escucha, no quiero hacerte enojar, pero en tu estado actual no vas a poder hacer mucho, aunque te dieran de alta mañana, no podrías ponerte a trabajar.

-Deja que yo me preocupe por eso- replicó la vulpina.

Nick bajó las orejas y retrocedió levemente, sorprendido por la reacción de Skye.

La zorra suspiró, no tardando en entender lo que hizo -. Lo siento- Se disculpó -. Aprecio mucho lo que haces por mí, en serio, pero puedo cuidarme sola.

-Considerando que vives en medio de la nada, no lo dudo, simplemente creo que es demasiado para que lo hagas tú sola, tu camioneta no salió exactamente ilesa de aquél accidente- dijo rascándose la nuca.

Skye sólo podía imaginar qué tan mal había dejado a su amado vehículo, lo peor de la situación era que no había más culpables que ella, había sido víctima de su propia estupidez.

-¿Te parece si cambiamos de tema? Ya me quedó claro que mi camioneta tendrá suerte si vuelve a funcionar- rió irónica.

-Vale, vale, en todo caso, creo que ya te he hecho demasiadas preguntas, ¿no hay algo que tú quieras saber de mí?- soltó Nick.

-A decir verdad, sí- A Skye no le tomó nada contestar -. La última vez que escuché hablar de Zootopia, supe que eso de que cualquiera puede ser lo que desee es una vil mentira- explicó con algo de recelo -. ¿Cómo es que hay zorros policía?

-De hecho soy el único hasta ahora- respondió Nick, rascándose la nuca.

-¿De verdad?

-Sí… Escucha, no voy a mentirte; no todos pueden ser lo que desean, y si tengo esta placa es porque pasé un infierno para conseguirla. Este lugar es mucho mejor que Preyland, eso te lo aseguro, pero no es perfecto y el odio público hacia los zorros aquí es igual al resto del mundo, sin embargo, Zootopia ha sido el único lugar que me ha dado la oportunidad de ser algo más…- Bajó la mirada, en una mezcla agridulce de emociones, recordando brevemente el cambio por el que pasó su vida al conocer a Judy.

-Vaya- suspiró la vulpina -. No hay muchos lugares de los que puedas decir algo así.

-Lo sé. Por el momento creo en el lema de la ciudad- Sonrió Nick -. Hasta que la suerte decida abandonarme- río sagaz.

Skye también rió por el comentario, una agradable charla era algo que no tenía hacía años. Los dos zorros conversaron por un rato más, hasta que el celular de Nick rompió con el agradable ambiente que se había formado.

-¿Está todo bien?- preguntó Skye al ver la mueca seria en el rostro de Nick.

-Sí, o al menos algo así- respondió -. Ayer pasó algo grande y al parecer me quieren en la estación ahora mismo.

-¿Te tienes que ir?- cuestionó algo decepcionada.

-Descuida, no tengo nada qué hacer después de mi turno, así que haré lo posible por visitarte otra vez antes de que termine el día- aseguró sonriente. La vulpina correspondió dicha sonrisa y dejó ir al zorro.

Una vez fuera de la habitación de Skye, Nick atendió a la llamada de Jack.

-¿Qué pasa agente Smith?- bromeó al ver al conejo en la pantalla.

-Te dije que no me llamaras así- Se quejó Savage.

-Y yo te dije que lo haría de todas formas.

Jack suspiró irritado -. Como sea, escucha, ya deberías saberlo, fuiste ascendido a detective hace dos días.

-Bogo me envió un correo esta mañana.

-Y también sabrás que hace dos días, además de tu ascenso, atacaron el cuartel de Fuerzas Especiales.

-¿Cómo no saberlo? Salió en todos los noticieros del país- dijo algo exaltado.

-Sí… Como sea, te llamo para decirte que Bogo solicitó a todo el ZPD para una reunión de emergencia, tienes que estar allá.

-¿Qué hay de Judy?- preguntó confundido.

-De hecho, esperaba que tú lo supieras, incluso creía que ella ya te habría dicho todo esto a esta hora- explicó el conejo, rascándose la nuca.

-Espera, espera, espera, viven juntos ¿y no sabes dónde está?

-Oye, cuando desperté ella se había ido, cuando supe de la reunión en el ZPD di por sentado que estaría allá desde temprano, pero…

-Fuiste a buscarla y no estaba, ¿cierto?

-Sí, así es- dijo Jack, decaído -. Tampoco responde mis llamadas, me da miedo pensar que el ataque a FE fue demasiado para ella- Desvió la mirada, claramente angustiado por su prometida.

-Hey, anímate Jack, si averiguo algo de ella, te lo haré saber- Sonrió Nick.

-Gracias amigo.

Desde el día del ataque, Judy no podía sacar todo lo que pasó de su cabeza; muy poco le importaba haber estado frente a la muerte, había superado ese miedo hace mucho, sin embargo, nada parecía tener sentido. Desde el supuesto robo a la joyería del camello, quien al final de todo era cómplice o jefe de quienes atacaron Fuerzas Especiales, el extraño collar que habían perdido y finalmente, aquél mamífero vestido como doctor de la peste.

Desde que despertó por la madrugada, Judy había estado deambulando por la ciudad, buscando pistas, escuchando rumores, nadie ni nada tenía datos sobre quienes los atacaron. Una operación así requeriría planeación, pero parecía ser que todo simplemente salió de la nada. Ninguna de sus fuentes los conocía, nadie había oído hablar de algún criminal o mercenario que se vistiera de manera tan extraña. El no saber nada, el no tener pistas ni algo a qué aferrarse la hacía sentir una inútil.

-¡Tiene que haber algo!- clamó estresada, logrando asustar a uno que otro de los mamíferos que la rodeaban en la cafetería en que se encontraba.

En cuanto Judy recobró la compostura, respiró profundamente y se enfocó de nueva cuenta en los papeles que tenía regados en su mesa, como si por arte de magia una pista importante fuese a saltar ahora que los revisaba por decimoquinta ocasión.

-El señor Cornelius desapareció de la ciudad, los coyotes que arrestamos no nos dicen nada… Y luego está este sujeto- La coneja alzó una fotografía, sacada de los videos de seguridad de Fuerzas Especiales; era la imagen del enmascarado que llegó al final -. ¿Fue quien orquestó todo, o simplemente se aprovechó del caos?- Se cuestionó Judy -. Era como si supiera lo que pasaría ese día, sin embargo también parece que fue el único que se benefició de todo el ataque- Dejó escapar un irritado suspiro y dejó la foto de vuelta en la mesa -. Es muy pronto para descartarlo como cómplice- Con sus dedos estrujó su nariz, una vez más, no había llegado a nada.

Fácilmente pudo haberse quedado toda la mañana ahí, de no ser por el aviso de que un mensaje había llegado a su celular. La coneja lo revisó, era de Nick, y de paso vio todas las llamadas perdidas que tenía de Jack.

-Jack va a matarme- Ahora lo recordaba, había silenciado todas sus llamadas para el tiempo que estuvo investigando, de no ser por ese mensaje del zorro, no se habría percatado ni de qué hora era; ya iba tarde para el trabajo, y el mensaje de Nick sólo la hizo preocuparse más.

"Junta importante en el ZPD, no llegues tarde Rabo de algodón"

Tomó todos los papeles y corrió fuera del lugar, debía tomar un taxi lo más pronto posible o no llegaría jamás. La coneja no paraba de maldecirse una y otra vez por ser tan descuidada; tanto Nick como Jack la habían criticado por su obsesión con el trabajo y lo mucho que la hacía descuidar otras cosas, irónicamente, esa misma obsesión por el trabajo, ahora la había hecho descuidar el trabajo.

Nick miró su celular una última vez, releyó el mensaje que le había enviado a la coneja, asegurándose de que hubiera sido recibido y leído. Después de eso, se dirigió a la sala de conferencias, aún faltaba cerca de media hora para que Bogo empezara a gritar; según Ben, el búfalo se levantó de muy mal humor ese día.

El zorro no tenía apuro en llegar a su asiento, pese a que toda la sala ya estaba prácticamente ocupada por el resto de oficiales de la estación, al parecer la noticia del ataque a Fuerzas Especiales se esparció rápidamente; Wilde podía captar varios murmullos referentes al tema, tal vez algunos más discreto que otros, el punto radicaba en que, el tema del día no sería nada desconocido para nadie.

-Vamos Hopps, tú nunca llegas tarde al trabajo- musitó Nick para sí mismo, dejando descansar su cabeza sobre su pata izquierda, y observando el lugar vacío de la coneja junto a él.

El tiempo pasó más rápido de lo que a Nick le hubiera gustado, poco a poco sentía al búfalo mala cara acercándose, y si no veía a Judy para entonces, estaría en graves problemas, sin mencionar la preocupación ya infundada por culpa de Jack y la misteriosa "desaparición" de la coneja.

La puerta de la sala se abrió, y para desagrado del zorro, no era Judy quien entró. Bogo había hecho acto de presencia, y como de costumbre, no había sido suficiente para callar todo el alboroto del lugar, cosa que cierto individuo aprovechó para colarse en la junta, justo a tiempo para escuchar el característico "saludo matinal del jefe.

-¡Ya cállense!-

-¡Zanahorias!- clamó Nick en voz baja -. Creí que no lo lograrías.

-Sí, por un momento yo también creí eso- rió algo nerviosa, mirando de reojo a Bogo para cerciorarse de que no la hubiese visto llegar tarde.

-¿Qué explicación debo darle a Jack cuando lo vea? Estaba muy preocupado esta mañana.- explicó sonriente.

-¿Lo dices en serio?- cuestionó incrédula.

-Bueno, según me dijo, te fuiste sin avisar y no respondiste ni una sola de sus llamadas.

-Lo sé- suspiró la coneja, enfadada consigo misma y estrujando su rostro con sus patas -. ¿Puedes guardar un secreto?-

El zorro asintió

-Jack seguramente me habría detenido de haber sabido lo que iba a hacer, así que… silencie su número temporalmente- explicó rascándose la nuca.

-¡¿Qué?!- Se sorprendió -. Vamos Judy, eso no se hace, ¿qué estabas haciendo que era tan importante?

-Buscando cualquier pista sobre quienes nos atacaron hace dos noches, pero no encontré nada. Veré llamar a Jack en cuanto la junta termine.

-¡Si ya terminaron de murmurar, tenemos trabajo qué hacer!- clamó Bogo al ver a los dos.

-Lo siento jefe- respondieron al unísono.

Bogo resopló molesto y dirigió la mirada al frente de la sala -. ¡No creo que sea necesario recordarles lo que pasó hace dos noches en el cuartel de Fuerzas Especiales, así que seré directo! ¡El alcalde quiere a las mejores unidades policiales en este caso, y como somos el distrito principal de Zootopia, estamos en la lista de miembros para el trabajo! Pese a lo que les hayan dicho, no quería a todo el ZPD en esta reunión, ya se habrán dado cuenta de ello por todo el espacio de sobra; si están aquí es porque los considero mis mejores elementos, y los quiero metidos de lleno a esto. Si tenían casos pendientes, serán reasignados, así como también se les asignará un miembro de las Fuerzas Especiales para trabajar el caso. Hasta que no sepamos quién o quiénes y por qué atacaron, no podrán abandonar esta misión, ¡¿Quedó claro?!

-¡Sí señor!- respondieron todos.

-En estos archivos está toda la información que se tiene hasta ahora, por desgracia no es mucho, pero servirá para empezar- aseguró Bogo mientras entregaba las carpetas a los oficiales presentes, aunque curiosamente, saltándose a dos de ellos.

-Am, jefe…- Trató de hablar Judy.

-Wilde, Hopps, los quiero en mi oficina a las 6, retírense - interrumpió sin siquiera verlos.

El zorro y la coneja intercambiaron miradas por algunos segundos, pensando en si valía la pena discutir, aunque la respuesta era un tanto obvia a ese punto. Ambos se levantaron de sus asientos y salieron de la sala de juntas a esperar las instrucciones de Bogo.

-¿Crees que esté molesto con nosotros?- preguntó Judy mientras caminaba hacia la oficina del jefe.

-Lo dudo mucho, hasta donde recuerdo no hemos hecho nada para subirle la presión arterial, además, si estuviera enojado con nosotros, no habría tenido reparo en humillarnos frente al resto de oficiales- rió Nick, irónico.

-Tienes razón, aún recuerdo el incidente de la cebra- dijo la coneja con desgano -. Entonces, ¿de qué crees que se trate?

-Ni idea, pero tengo otro asunto pendiente en la ciudad-. El zorro empezó a adelantarse.

-¿Qué? Oye, espera- Corrió tras él -. No puedes irte, el jefe dijo…

-Dijo que nos quería a las 6, y aún faltan unas cuantas horas para eso- Sonrió sagaz -. Estaré de vuelta a tiempo, palabra de explorador- Levantó su pata en forma de broma.

-No eres un explorador- Judy se cruzó de brazos y lo miró con seriedad.

-Y tú eres quien no llegó temprano hoy.

-Bien, ya entendí, suerte en lo que sea que vayas a hacer.

-Nos vemos Pelusa.

Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, el cuartel de Fuerzas Especiales seguía en reparación, principalmente la fachada frontal y la recepción del edificio, a fin de cuentas, fue donde la lluvia de balas se dio en primer lugar. Se había notificado a las familias del trágico deceso de aquellos que murieron en el ataque, no habían sido días fáciles y por encima de todo, no prometían mejorar. Lance había hecho todo lo posible para mantener a los medios lejos de él y de sus agentes, aunque muy poco podía hacer por lo que públicamente ya se sabía, sea como fuere, al parecer había llegado algo grande a la ciudad después de todo.

Un automóvil de tamaño mediano llegó a la parte frontal del edificio, el lobo con gorra que estaba dentro fue recibido por la imagen de cientos de constructores arreglando los muros, las puertas y también secciones del suelo. Mathew no creía lo que sus ojos veían, lentamente bajó de su auto y contempló por algunos segundos más todo el desastre.

-Ahri no mentía, hicieron pedazos el lugar- musitó incrédulo.

-¡Matt!- Escuchó el lobo. Como si la hubiese llamado, la jaguar de pelaje teñido ahora corría rápidamente hacia él.

-Hey, un gusto ver… ¡Agh!- Se quejó el sentir sus costillas siendo comprimidas por la felina -. Demasiado, demasiado, demasiado…

-Lo siento- Se apartó Ahri del abrazo, -. Como eres tan grande no creí que te dolería tanto- explicó.

-Sí, ser grande no me hace de piedra, ¿sabes?

Los dos rieron y siguieron el camino por el frente del cuartel.

-Entonces, ¿tienen alguna idea de quienes fueron?- preguntaba Mathew.

-Solamente tenemos un nombre, fuera de eso, nada de nada- respondió Naiahri.

-Recuerdo bien que el día del incidente llamaste como loca a mi casa y a mi celular, ¿pasó otra cosa?- cuestionó curioso.

-Sí, al parecer la pelea que tuviste con Sam no fue sólo por lo cretino que es, te querían en una ambulancia para usarte como chantaje.

-Vaya, casi es algo halagador que pensaran en mí- sonrió bromista.

-Por un momento creí que…

-Oye, oye, no soy tan descuidado como puedo llegar a parecer, ¿de acuerdo?- dijo en un intento de calmarla -. Estoy aquí y estoy completo. Mejor dime, ¿qué tal está el ego de Lance?

-Destrozado- rió un poco complacida.

-Sí- Clamó Matt en voz baja, haciendo un ademán con su brazo.

-No seas tan duro con él, este fue un golpe fuerte para todos- dijo Ahri, con algo de seriedad.

-Bien, bien, supongo que al menos me evité una semana sin sueldo.

Sin saberlo, los dos se dirigían a donde Jack se encontraba.

-De verdad, de verdad lo siento Jack, no era mi intención preocuparte- decía Judy, al otro lado de la videollamada de Savage.

-Está bien, es sólo que, después de lo que pasó, bueno, creí que estarías…

-Estoy bien, ¿sí?

-Bien- Sonrió Jack -. ¿Cena en mi departamento esta noche?

-Técnicamente es nuestro departamento- rió la coneja.

-Hehe, bueno…- La atención del conejo se desvió hacia el lobo blanco recién llegado -. Cariño te llamo más tarde.

-¿Pasa algo?- preguntó preocupada.

-Eso espero, hasta más tarde- Cortó la llamada y corrió donde Mathew y Naiahri.

-Sin pistas, sin nombres, esto no va a ser sencillo- decía el lobo.

-¡Matt!- Clamó el conejo.

-¿Hmm, Savage?

-Estaba esperándote- comentó Jack, al estar frente a él.

-Creo que tendrás que hacer fila, Ahri llegó primero- bromeó Mathew.

-Escucha esto es serio- Se quejó el conejo.

-Bien, bien, todos se levantaron de mal humor hoy. ¿De qué se trata Jack?

-De él- Del interior de su saco, Jack mostró a Ahri y a Mathew la fotografía del misterioso atacante de hace dos noches. La felina ya estaba familiarizada con el asunto, del lobo no se podía decir lo mismo.

-¿Se supone que debo saber quién o qué es?- cuestionó confundido.

-No… no exactamente- respondió Savage.

-Eres el mejor de inteligencia Matt, te necesitamos en esto- Agregó Naiahri.

-Y por eso estoy aquí- El lobo tomó la fotografía -. A simple vista realmente no puede verse nada, diría que conseguir un traje así de perfecto no es tarea fácil, y no cualquiera podría hacerlo- explicó -. ¿Se llevó algo?

-Una pieza de evidencia muy importante, ¿recuerdas el collar que traía conmigo el día del ataque?- Mathew asintió -. Se lo llevó.

-¿Por qué?- Confusión pura era lo que el rostro del híbrido dejaba ver -. Aunque creo que ese por qué estaba en el collar.

-Llegamos a esa conclusión también- Aseguró la jaguar.

-Necesito ver los videos de seguridad, debe haber algo ahí. ¿Qué pasó con Samuel?- preguntó mientras empezaba a caminar junto con el conejo y la jaguar.

-Sigue sin hablar, casi pareciera que tiene miedo de alguien- respondió Jack.

-¿Ese idiota le teme a alguien más? Eso sí es raro.

-Podría tratarse del camello, ¿cómo se llamaba?- habló Ahri.

-Cornelius- aclaró Matt.

-¿Y tú cómo lo sabes?- cuestionó Savage.

-No llegué a ser jefe de inteligencia de este lugar sólo por mi bonita cara- Se mofó.

-Te ayudaré entonces- dijo Naiahri.

-Y yo tendré qué dejarlos a los dos con eso, Lance me quiere en otra parte ahora- comentó Jack al ver su teléfono -. Espero logren encontrar algo- Se marchó.

-Y… ¿Cómo estás?- preguntó la jaguar apenas se quedaron solos.

-¿A qué te refieres?

-Bueno, te golpearon, la discusión con tu hermano, y ahora te enteras de que en realidad querían secuestrarte… ¿Seguro que estás bien?- La preocupación era más que clara en su mirar, ¿cómo no estarlo? Se trataba de alguien a quien conocía desde la infancia, se trataba de su mejor amigo.

Mathew dejó escapar un leve suspiro, acompañado por una sonrisa también -. Soy más duro de lo que parezco, a este punto creo que ya deberías saberlo.

-Aun así…

-Oye, oye, basta de pensamientos sombríos, el día acaba de empezar- bromeó el híbrido -. Mejor cuéntame qué tal la cita con tu novio anoche.

-¿En serio?- rió la jaguar -. Fue horrible, llegó tarde y tuve que pagar todo yo.

-Creí que siempre dividían la cuenta.

-Igual yo, hasta hace dos semanas al menos- sonrió ella.

-Te dije que no podías confiar en un jaguar de las nieves- bromeó Mathew.

-No digas eso, mi padre es de esa misma especie- replicó Naiahri, dando un leve y amistoso golpe en el brazo del lobo.

-Auch, bien, bien, me retracto. En fin, será mejor darnos prisa.

Después de haberse reunido con su jefe, Jack había sido asignado directamente a la estación del distrito 1 del ZPD, en pocas palabras, estaría trabajando con Nick y Judy; eran el equipo perfecto y eso lo complacía de sobremanera. Ahora caminaba por la calle, matando algo de tiempo hasta la hora indicada para regresar al ZPD, podría ver a Judy de frente en vez de por la pantalla de su celular, necesitaba hacerlo después del susto de la mañana. Iba inmerso en sus pensamientos hasta que algo llamó su atención.

-¿Nick?- El zorro estaba al otro lado de la calle, cerca de un callejón y mirando en todas direcciones, claramente buscando no ser visto por nadie.

Jack lo observó por algunos segundos más, hasta que el zorro finalmente giró en la esquina del callejón, adentrándose al mismo; Savage se acercó lentamente, se quedó justo en la esquina y alzó las orejas, había alguien más con Wilde.

-¿Lo tienes?- preguntaba un tejón.

-Sí, lo tengo, directo del almacén de evidencia, nadie notará que no está- De su bolsillo sacó una pequeña bolsa con pequeños cristales rojizos dentro.

-¿Qué les dije?- clamó un ciervo de aparente edad joven -. Este sujeto consigue de todo- Tomó a Nick del hombro.

-Eso veo- comentó el tejón -. ¿Qué dices Lainus, crees que el jefe quiera hacer un trato?

-Si pudieras conseguir más que unos pocos gramos, podría ser, pero esto es patético- Se quejó un lince de pelaje grisáceo.

-Me imaginaba que necesitaría algo más para sorprender al gato malhumorado- Se mofó Nick, no complaciendo mucho al tal Lainus -. No es la primera vez que hago tratos contigo Lanning- dijo mirando al tejón -. Y sabes que me gusta el dinero fácil, sobre todo cuando es mucho- De un basurero que se encontraba en el lugar extrajo un gran paquete forrado en etiquetas de evidencia del ZPD. Los tres "compradores" del zorro quedaron anonadados al verlo.

-Esto es de una redada hecha hace 6 meses, todos los sospechosos quedaron bajo arresto, así que nadie lo buscará- explicó mientras lo extendía al lince, este se había quedado sin palabras.

-Hehe, te cerró la boca Lainus- Se burló el tejón.

El lince regresó a la realidad después de ese comentario, dibujó una pequeña sonrisa en su rostro y le devolvió la mirada a Nick -. Parece que sí podemos hacer negocios después de todo, Wilde. ¿Cuánto quieres por todo esto?

-600 dólares, al contado y justo ahora- respondió firme.

-¿Sólo 600 por 5 kilos de obsidiana roja? Creí que los zorros eran mejores haciendo tratos- Bufó Lainus.

-Llamémoslo un descuento por primera compra, si quieren más, costará más- Se cruzó de brazos.

-Oye Lanning, no me dijiste que era tan rastrero- El tejón se encogió de hombros -. Policía y todo, pero zorro al final del día, me agradas. Le comentaré a mi jefe de esto, tal vez podamos hacer un negocio grande, mientras tanto, nos serviría mucho otro paquete así para la próxima semana, te pagaremos el doble de lo de hoy.

-Trato hecho- Nick y Lainus estrecharon las patas.

-Aquí tienes Nicky- Lanning tendió al vulpino los 600 dólares.

-Caballeros, ha sido un placer hacer negocios con ustedes.

-Sí, sí, como digas- Los tres se marcharon sin decir más nada. Nick guardó el dinero en el bolsillo de su camiseta y se dispuso a irse también.

-¿Nick?- Antes de poder siquiera empezar a caminar, Jack hizo acto de presencia, bloqueando una de las salidas del callejón.

El conejo y el zorro se miraron en silencio por algunos segundos, casi podía sentirse algo de tensión en el ambiente, hasta que Wilde habló.

-Lo digo en serio Jack, deja de usar esa colonia, podía olerte desde el otro lado de la calle- Se quejó el vulpino.

-Oh vamos, ni que esos tarados supieran que era yo- respondió el conejo.

-Si sigues apareciendo cada vez que hago un intercambio, en algún momento van a notar ese recurrente olor tuyo, no puedo creer que a Judy le guste.

-Di lo que quieras Wilde, este aroma es una sensación entre los conejos- presumió Jack -. Entonces, por lo que escuché, al fin llamaste la atención de un pez gordo.

-Sí así es- suspiró Nick -. A Bogo le gustará saber esto…- dijo decaído.

-¿Pasa algo?- cuestionó Savage.

-No es exactamente fácil hacer esto, ellos podrían descubrirme u otro policía podría arrestarme si me ven, a fin de cuentas, solamente tú, Bogo y yo estamos en esto… Puedes llamarme cobarde si quieres, pero tengo miedo de lo que pueda pasar.

-Oye tranquilo, si se vuelve demasiado arriesgado te sacamos de inmediato, y si algún otro oficial te arresta, Bogo se encarga de eso; te tenemos cubierto amigo- Sonrió el conejo, logrando dar ánimos a Nick y haciéndolo sentir un poco más seguro.

-Sí, gracias Jack.

-Sé que no querías hacer esto, pero te aseguro que todo valdrá la pena, acabar con todos los traficantes de obsidiana roja de la ciudad debe valer para algo, ¿no?

-Claro que es importante, es sólo que…- Nick se cortó.

-¿Qué?

Nick suspiró -. Nada, tienes razón, todo saldrá bien- Sonrió.

-Ese es el Nicholas Wilde que conozco… Aunque… Te lo digo de nuevo, no vamos a dejar que nada te pase, creo que Bogo ya había sido muy claro en eso, pero ahora yo también te lo digo.

El vulpino sonrió nuevamente -. Bien, creo que debo volver al ZPD.

-Entonces te acompaño, fui asignado ahí recientemente.

-¿Te asignaron o suplicaste que te asignaran?- bromeó el zorro.

-Muy chistoso…

Un tiempo más tarde, faltaban 15 minutos para las 6 de la tarde, 15 minutos para la reunión en la oficina de Bogo, y por supuesto, Nick no aparecía por ninguna parte; Judy no había salido de la estación en todo el día, y definitivamente esperaba que su compañero apareciera a tiempo, lo último que necesitaba eran los gritos de Bogo. Sea como fuere, no es como si pudiera salir corriendo a buscar al zorro en ese momento, sólo le quedaba aceptar su destino.

Con pasos algo inseguros, la coneja subió al segundo piso del ZPD, preparando su ánimo para los regaños que con seguridad iba a recibir. Parte de ella esperaba que Nick llegase en el último segundo, razón por la cual estaba caminando particularmente lento, por desgracia para ella, en cuestión de nada, ya se encontraba frente a la puerta de Bogo.

-Juro que voy a rasurarle la cola a ese zorro- masculló entre dientes.

Abrió la puerta, y para su grata y un tanto frustrante sorpresa, Nick y Jack ya se encontraban ahí.

-Hopps, hasta que te dignaste en aparecer- Se quejó Bogo al verla entrar.

-Lo siento jefe, yo… Am…

-Como sea, no quiero excusas, toma asiento.

Se sentó a lado de Nick, frente al escritorio del búfalo, mientras que Jack los observaba recargado en la pared.

-Me pides que no llegue tarde y eres tú quien se atrasa, eso es triste Zanahorias- Se burló Nick.

-Cállate, no te vi entrar por ningún lado, ¿cómo iba a saber que ya estabas aquí?

-¡Silencio los dos!- clamó Bogo -. Esta es la cuestión, ahora que ambos tienen el rango de detectives, los trabajos que recibirán serán más importantes, empezando por esto- deslizó hacia ellos una carpeta, la cual Judy no tardó en tomar.

-¿La joyería? Creí que esto ya…

-No es solamente la joyería, sino todo lo que ha pasado desde eso- interrumpió el jefe.

-Hmp, entonces no era un simple acto de vandalismo después de todo- comentó Nick.

-Jefe, no quiero ofenderlo, pero todo lo que está en este archivo es lo que ya sabemos, no hay información relevante- explicó Judy.

-Así es- hablo el vulpino, tomando el archivo y sacudiéndolo en el aire -. Esta cosa está más delgada que mi cartera.

-Cállense ya, sé que no tenemos nada, es por eso que trabajaran con el agente Savage de Fuerzas Especiales, de igual manera tengo entendido que ya tienen algún tipo de indicio para una posible pista.

-Así es- respondió Jack -. Cuanto menos sabemos lo que están buscando, ya es algo.

-Jefe, no lo entiendo, todos los demás oficiales están trabajando en esto mismo, entonces…- Trató de decir la coneja.

-No, ellos están trabajando en encontrar a quienes atacaron Fuerzas Especiales, ustedes tienen que descubrir qué pasó con el dueño de la joyería, y con este tipo- Bogo mostró la imagen de quien parecía ser la sensación del momento, aquél mamífero vestido como doctor de la peste.

-¿Otra vez ese sujeto?- habló Nick -. ¿Por qué de la nada es tan importante?

-Bueno, siendo completamente honestos, sí tenemos una pista sobre él- comentó Jack.

-¿Ah sí?- cuestionaron Nick y Judy al unísono.

-Es la primera vez que ataca, pero no es la primera vez que se le ve- Jack sacó unas cuantas fotografías de su saco y las dejó sobre el escritorio.

-Espera, espera, espera, ¿ese es Mr. Big?- habló el zorro, sorprendido.

-Imposible- soltó la coneja.

-Tendrán qué interrogar a la musaraña- dijo Bogo.

-No será fácil, los líderes del crimen no dan citas para hablar- Se quejó Savage.

-Ya se nos ocurrirá algo- interrumpió Judy.

-Entonces lo dejo a su mejor criterio. Hopps, puedes retirarte, tengo qué hablar con estos dos ahora.

-¿Qué? Pero creí que éramos…

-Esto no tiene nada qué ver con el caso, sino con el ascenso de Wilde, y ya que fue Savage quien lo propició, debo aclarar ciertos puntos con ellos.

-Pero…- Trató de hablar Judy.

-Pero nada Hopps, puedes retirarte.

Un poco confundida, decidió hacer caso, lo último que quería era molestar al jefe.

-Suerte- musitó al oído del zorro, después salió de la oficina y cerró la puerta detrás de ella.

-Bueno jefe, detective Wilde suena genial, déjeme decirle que lo mejor es ya no tener que usar el unifor…

-No están aquí por eso- interrumpió el búfalo.

-¿No?- cuestionó Wilde. Jack por su parte, ya se hacía una idea de qué iba todo.

-Tenías un intercambio hoy, ¿no es cierto?- preguntó el jefe.

Nick suspiró o algo decaído -. Sí, así es. Todo salió bien podría decirse, más que bien de hecho.

-¿De qué hablas?

-Una de las cabezas de los traficantes al parecer podría hacer un trato con él- explicó Savage.

-Entonces tu cobertura como policía corrupto sigue intacta- comentó Bogo, aliviado de que nada se haya salido de control todavía.

-Demasiado intacta para mi gusto- musitó Nick, aunque de igual manera, siendo escuchado por Bogo.

-Escucha Wilde, sé que esto no es fácil y estoy consciente de los peligros que conlleva hacer este trabajo, te agradezco mucho lo que estás haciendo y nos encargaremos de que salgas ileso, ¿de acuerdo?- Pese a lo que pudiera llegar a parecer, Bogo se preocupaba a su manera por todos sus oficiales, y Nick no era la excepción.

-De acuerdo, sólo… No hay que extenderlo más de lo necesario- Sonrió algo nervioso -. Por cierto, este fue el pago- Mostró los 600 dólares.

-Puedes conservarlo- respondió el búfalo, ni siquiera dudó en permitirle al zorro quedarse con tanto dinero.

-¿Lo dice en serio?

-No es una cantidad importante, aunque la guardemos como evidencia, no nos ayudaría en prácticamente nada.

-Bueno, ¿quién soy yo para desafiar las órdenes de mi jefe?- sonrió el vulpino, tomando de nuevo los 600 dólares -. Muchas gracias jefe- agregó, esta vez con un poco más de seriedad.

-Ahora vete, quiero a mis dos detectives trabajando para resolver esto.

Nick no dijo más, simplemente hizo un ademán y se fue, dejando a Jack y a Bogo.

-Jefe, esta no es mi área y mucho menos trabajo aquí, pero ese era dinero ilegal, ¿es correcto que se lo quede?- preguntó Jack.

-Creí que ustedes eran amigos Savage- Se levantó de su escritorio.

-Claro que lo somos, y es por eso que me preocupa que mi mejor amigo sea descubierto con dinero lavado- dijo alzando el brazo hacia la puerta, claramente preocupado.

-Agente Savage, ¿cuánto tiempo lleva trabajando en Fuerzas Especiales?

-5 años.

-Yo llevo 25 años siendo parte de esta estación, con el tiempo aprendes que no todo es blanco y negro, a veces hacer lo correcto implica ir en contra de la ley. Este trabajo, lo que Wilde está haciendo, es muy peligroso y ya he perdido buenos oficiales en operaciones encubiertas, dejar que ese zorro conserve ese dinero es la más mínima cosa que puedo hacer por él- Era extraño no escuchar a Bogo gritando, y eso que Jack no trabajaba ahí.

-¿Y qué es lo máximo que puede hacer por él?- preguntó Jack.

-No dejarlo morir.

-Ok, ese es un pensamiento sombrío- rió incómodo, el conejo -. Buen chiste.

-¿Te parece que bromeo?- comentó Bogo.

Savage suspiró un poco tenso, por un momento imaginó ese horrible escenario.

-Simplemente no hay que dejar que llegue a eso.

Fuera de la oficina, Nick ya se había reunido con Judy.

-Bueno, y tú te quejabas de que no había nada interesante por hacer- decía la coneja.

-No me quejaba por eso, me quejaba porque no salíamos de la estación… Ahora desearía que siguiera así- dijo decaído.

-Oh vamos, anímate Nick incluso tenemos una pista.

El zorro sonrió, recordando algo muy importante -. Sobre esa pista Zanahorias…

-¿Qué pasa?

-¿Crees que Jack va a aceptar quedarse mientras nosotros vamos a hablar con Mr. Big?

El optimismo y la sonrisa de Judy desaparecieron de inmediato, y una sensación gélida le recorrió la espalda. Se quedó petrificada justo en donde estaba, mientras que Nick en cierta manera, se divertía con ese silencioso espectáculo.

-Lo olvidé por completo…

El zorro llevó sus patas a la cadera -. ¿De verdad estás diciéndome que tú, Judy Hopps, olvidaste mencionarle a tu prometido que eres madrina de la nieta del jefe de la familia criminal más importante de Tundratown?- De la nada, Nick empezó a reír a carcajadas, ganándose un par de miradas de otros oficiales, aunque nadie le dio demasiada importancia al por qué.

-¡Cállate!- reprochó avergonzada -. Esto es serio Nick, ¿qué voy a hacer?

El zorro recién tomaba aire y se relajaba -. Oye, no me metas en esto, yo no voy a casarme con Jack, ¿o sí?

-Por favor, ayúdame- suplicaba juntando ambas patas.

-Zanahorias, por mucho que me gustaría hacerlo, no hay nada que yo diga o haga para suavizarlo. Mi consejo es que simplemente le digas la verdad- explicó un poco más serio.

Judy suspiró -. Creo que tienes razón.

-Yo siempre la tengo- sonrió burlón.

-Nos vemos aquí por la noche, mientras tanto pensaré en cómo decírselo.

-Yo iré a arreglar algo, nos vemos Zanahorias- Se despidió Nick -. Oh, por cierto, si no es molestia, esta noche, después de la visita a Mr. Big, habrá cena en casa de mis padres, me gustaría que tú y Jack estuvieran ahí también.

-Será un placer Nick- sonrió la coneja -. Bueno… ¿Cómo diablos se lo voy a decir a Jack?

-¿Decirme qué?- preguntó el conejo desde detrás de ella.

-¡Jack!- Se asustó la coneja.

-Wow, tranquila, no voy a hacerte nada- río por la reacción de Judy -. ¿Hay algo que quieras decirme?

-Pues… Am… Ven conmigo, ¿quieres?

-De acuerdo

Nick regresó al hospital, haría otra visita a Skye siendo que esa noche estaría un poco ocupado con un par de compromisos. Ahora que habían pasado un par de días, el zorro empezaba a preguntarse exactamente qué estaba haciendo; ayudar a Skye y llevarla al hospital había sido por sentido común, pero seguir visitándola parecía estar siendo algo exagerado. En parte, Nick sabía a qué se debía tal "amabilidad" aunque no lo admitiría a viva voz, era una forma de sobrellevar su reciente decepción amorosa; tal vez suene cruel, pero había funcionado hasta ahora, el qué haría una vez que su nueva amiga se recuperase y dejara la ciudad era algo por lo que se preocuparía a su debido tiempo.

-Por ahí señor Wilde- Le decía una antílope al zorro, señalándole el camino por un pasillo distinto al que había seguido esa mañana.

-¡Auch!- Escuchó

-¿Hmm?- El vulpino asomó su cabeza por una puerta, encontrando a quien estaba buscando.

-Espere… Duele… Duele mucho…- Se quejaba Skye, aparentemente sin poder respirar bien. Un doctor trataba de ajustar una faja alrededor de su torso.

-En verdad lo siento, pero si no se ajusta bien las fracturas en los arcos costales tardarán mucho más en sanar- explicó la cebra que ajustaba la faja -. Con eso bastará.

Skye llevó una pata a su pecho, le costaba un poco respirar, sin mencionar el dolor que le causaba en sí mismo llevar puesta esa cosa.

-¿Hola?- Nick golpeó el marco de la puerta un par de veces.

-¿Lo puedo ayudar en algo?- preguntó el doctor.

-Sí, sólo quería ver cómo estaba mi prima- sonrió él.

-Horrible- Se quejó la vulpina.

-La faja es necesaria para sanar las fracturas.

-¿Son conminutas?- preguntó curioso.

-Efectivamente- respondió el doctor -. Ahora sólo queda llevarla de regreso a su habitación.

-Puedo ir yo sola- dijo fastidiada, aunque la pata enyesada obviamente no se lo iba a permitir.

-Hehe, yo me encargo de eso doc- rió el zorro.

-Muy bien, llame si necesita algo- La cebra los dejó y sólo quedaron los dos zorros.

-Entonces, ¿el tratamiento VIP no te va?- bromeó Nick.

-Muy chistoso- reprochó irónica - .¿Cómo supiste eso?

-¿Qué?

-Las fracturas conmi… Como se llamen

-Oh eso- Wilde se acercó y se sentó sobre la camilla en la que estaba Skye -. Un año después de que me hice policía un par de idiotas me golpearon con un auto tratando de huir de una patrulla, terminé con dos costillas totalmente destrozadas, incluso tuve que usar una faja igual a la que llevas puesta ahora- explicó Nick.

-Supongo que ser policía no es simplemente repartir multas y ya- comentó ella.

-Conozco a cierta coneja que aseguraría eso también.

-¿Qué haces aquí Nick? Creí que vendrías más tarde- dijo curiosa.

-Sí, más tarde no podré estar aquí, así que aproveché el tiempo libre que tuve a esta hora- sonrió.

Por desgracia no había mucho material de conversación, y el silencio incómodo no se hizo esperar. Skye no tenía nada para contar, o mejor dicho, nada que quisiera contar, y en cuanto a Nick, él no sabía qué decir en absoluto.

-¿Sabes cuánto tiempo estaré aquí?- preguntó Skye.

-No, no en realidad, diría que lo más preocupante son tus costillas rotas, tal vez en cuanto sanen te dejen ir.

-Ojalá y no sea mucho tiempo.

-¿Te puedo preguntar algo?

Ella asintió.

-¿Qué harás después de todo esto?- preguntó el zorro

-¿Te refieres a cuando me den alta?- cuestionó.

-Sí.

La vulpina suspiró -. Creo que regresaré a mi taller y empezaré a reparar mi camioneta.

Nick quedó un poco fuera de lugar por la respuesta -. ¿Sólo eso?

-Sí, sólo eso- Sonrió Skye, tal vez no entendiendo del todo la pregunta.

-Ya veo- dijo el zorro, un poco decaído.

-¿Pasa algo?- preguntó ella.

-No, no claro que no- rió nervioso -. En fin, puedo quedarme por aquí un rato más, si es que quieres.

-Si no es mucho pedir, ¿podrías conseguirme algo de comida real? Tengo algo de dinero guardado en la funda de mi celular.

-Y ahora tendré que agregar contrabandista de comida chatarra a mi currículum- bromeó Wilde.

-Hehe, disculpa por orillarte a estos extremos- bromeó Skye también.

-Sólo espero poder recuperar mi honor algún día- dramatizó él.

Nick se quedó con Skye por el resto de la tarde, al menos podía pasar un rato agradable hasta la noche, Judy en su caso no podría decir lo mismo, Jack no tomó del todo bien la relación de la coneja con Mr. Big.

Más tarde esa noche, tal como habían acordado, los tres se vieron en el ZPD y con el auto de Jack se dirigieron al distrito alto de Tundratown. El viaje en si mismo había sido de lo más pesado, por no decir incómodo; Jack simplemente no terminaba de asimilar la situación, parte de él no se creía la familiaridad de Judy con la mafia, y la otra parte no podía parar de temblar de terror al pensar en ello. Savage había estado detrás de Mr. Big durante años, en más de una ocasión tuvo algún enfrentamiento contra los familiares de la musaraña, y ahora de la nada, resulta que no sólo debería dejarlo en paz, sino que seguramente lo vería en su boda.

-¡Jack!- clamó Judy.

-¿Qué, qué pasa?- reaccionó el conejo.

-Trataba de decirte que tal vez sea mejor que tú esperes en el auto- respondió.

-¿Por qué?- cuestionó indignado.

-Amigo- habló Nick -. Como alguien que ya hizo enojar mucho a Mr. Big una vez, te digo que Judy tiene razón, es mejor que nos dejes esto a nosotros.

-Se supone que tú debes de estar de mi lado zorro traidor- Se quejó el conejo.

-Y lo estoy, trato de evitar que maten a mi mejor amigo antes de que se suicide… Digo, que se case- bromeó sonriente.

-Los odio a los dos- Se cruzó de brazos y se dejó caer en el asiento del conductor.

-También te quiero- Judy lo besó en la mejilla.

-También te quiero, pero no voy a besarte- comentó Nick al bajar.

Jack restregó sus patas en su cara, dejando escapar un pesado suspiro mientras que el zorro y la coneja caminaban hacia la mansión de Mr. Big.

-Más vale que estén bien- resopló Savage.

-Si lo piensas un poco, lo tomó muy bien, ¿cierto?- habló Nick.

-Dices eso porque no escuchaste su lado neurótico y paranoico esta tarde, me dio 20 razones diferentes por las cuales debería ir a ver un psicólogo, y otras 5 de por qué debería arrestar a Mr. Big.- se quejó la coneja

-¿Al menos eran buenas razones para ir al psicólogo?- Se burló el vulpino -. Auch- Se quejó al ser golpeado en el brazo.

Nick tocó el timbre, y después de un par de segundos un oso polar les abrió la puerta.

-¿Qué tal todo Otar?- saludó el zorro.

-Nicky, ha pasado tiempo desde tu última visita- sonrió el oso.

-Sí, bueno… Antes no podía ni mirar en dirección de esta casa- Se rascó la nuca.

-Entren.

Se movieron por el pasillo principal hasta llegar al despacho de Mr. Big, quien ya los estaba esperando.

-Nicky, Judy, es todo un placer verlos- saludó la musaraña.

-Es un placer también- respondió la coneja -. ¿Cómo está Fru Fru?

-De maravilla, aún no se cree que te vayas a casar, ha estado planeando varias cosas desde que se enteró.

"¿Ellos ya lo sabían?" Se preguntó Nick a sí mismo.

-Es muy tierno de su parte, pero no quiero abusar de su amistad, espero no esté planeando nada demasiado costoso- dijo Judy, apenada en cierta forma.

-Tonterías, sólo lo mejor para la familia. ¿Y qué hay de ti Nicky?

-¿Qué hay de mí?- cuestionó confundido.

-Tu compañera se casa, ¿y tú ni una cita has tenido en años?

-De acuerdo, ese fue un golpe bajo…

Judy y Mr. Big rieron por la situación, aunque la coneja no pudo ahogar por completo el sentimiento de culpa, a fin de cuentas, esos años de soltería del zorro, fácilmente podrían deberse a ella

-En fin, sé que no están aquí para hablar de esto- dijo el pequeño mamífero -. Cuando me llamaste esta tarde, dijiste que había un asunto urgente del que querías hablar.

-Así es, no me gusta molestarlo con esto, pero llegamos a un callejón sin salida- explicó Judy.

-Ambos nos hemos ayudado varias veces en el pasado, no es ninguna molestia, querida, ahora dime de qué se trata todo.

La coneja le hizo un ademán a Nick, quien del bolsillo de su camisa sacó la fotografía del mamífero enmascarado con Mr. Big, en lo que parecía ser los muelles de Tundratown.

-¿Sabe quién es?- preguntó Judy.

La musaraña se quedó congelada por algunos segundos, incluso algunos de los osos presentes veían la fotografía fijamente, con nada más que ira en su mirar.

-¿Lo han visto?- cuestionó Mr. Big.

-Algo así… Atacó Fuerzas Especiales, Jack y yo estábamos ahí y… Bueno, lo vimos- explicó la coneja.

-¿Usted sabe quién es?- preguntó Nick.

-Desearía no hacerlo- dijo Big -. No me malentiendan, no sé quién o qué animal se esconde debajo de la máscara, y dudo mucho que el nombre que nos dio sea de verdad, sin embargo sepan esto; él no es bienvenido en esta casa- Wilde retrocedió levemente, conocía a la perfección las expresiones de la musaraña, y la del momento era inconfundible; estaba molesto.

-¿Qué hizo para ofenderlo?- interrogó Judy.

-¿Ofenderme? Ojalá hubiera sido algo tan simple como eso. ¡Ese bastardo casi mata a mi hija!

-¡¿Qué?!- clamaron al unísono el zorro y la coneja.

-Fue hace años, mucho antes de siquiera conocerte a ti Nicky; durante una reunión en los muelles, un encargo para nosotros había llegado, y yo personalmente fui a recibirlo. Era una trampa, una familia rival que hoy en día ya no existe lo vio como una oportunidad para acabar conmigo, fracasaron, pero no sin antes jugar un último truco sucio.

-¿Qué le hicieron?- preguntó Nick.

-Dijeron que habían secuestrado a mi hija.

Vano fue el intento del zorro y la coneja por ocultar su sorpresa.

-Me querían a mí o sino la matarían, la amenaza más usual en este trabajo. Pasó un día, y yo aún planeaba qué hacer, entonces una invitación llegó a mi puerta, alguien me quería de regreso en los muelles.

-Pudo haber sido otra trampa- comentó Judy.

-Eso pensé, así que fui preparado, pero al llegar, sólo había un mamífero, él- Señaló la fotografía -. Dijo que podría salvar a mi hija, y que para el día siguiente ella estaría a salvo en casa. Parecía ser demasiado conveniente.

-Pero aun así hizo un trato con él, ¿cierto?- habló Nick.

-Sí, y a cambio él sólo pidió un favor, uno que cobraría después. Cumplió su palabra, al día siguiente mi hija regresó sana y salva, y ese sujeto no volvió a aparecer hasta un mes después; fue entonces que vino a cobrar lo que le debía, pero algo en él no me terminaba por convencer, así que me negué.

-Eso debió molestarlo mucho- opinó la coneja.

-No, parecía ser que ya lo esperaba. En fin, al día siguiente mi hija enfermó gravemente, y entendí por qué no se molestó cuando me negué. Cuando me contactó otra vez, me explicó que había envenenado a mi hija, y que solamente él podía hacer el antídoto- El enojo en Big no hacía más que crecer al contar esa parte -. Se burlaba de mí, dijo que era una póliza de seguro y que de no cumplir mi parte del trato, ella moriría en dos semanas… No tuve opción.

-¿Qué fue lo que le pidió?- cuestionó el zorro.

-Los planos de los generadores de ventiscas de Tundratown.

-¿Qué?- reaccionaron Nick y Judy.

-Cumplí con mi parte, le envié los planos y no más de dos horas después, un paquete con el antídoto e instrucciones llegó a mí. Desde entonces estuve tratando de encontrarlo, pero todos aquellos que tuvieron contacto con él compartían una historia parecida a la mía, él aparecía de la nada, ofrecía un servicio a cambio de un favor y luego desaparecía. Con el tiempo entendí que en realidad se estaba preparando para algo, pero de repente, desapareció completamente, ni una pista, nadie lo vio o escuchó de él… Hasta esta noche, que ustedes trajeron esa fotografía, ¿qué fue lo que les ofreció?

El zorro y la coneja intercambiaron miradas por unos segundos.

-No nos ofreció nada- respondió Judy -. De hecho ni siquiera nos habló, solamente nos quitó algo y se fue.

-Entonces es lo que temía- habló Mr. Big.

-¿De qué habla?- cuestionó Nick.

-Sea lo que sea que ese sujeto haya tramado todo este tiempo, ya lo puso en marcha. Y les daré una advertencia también; durante el tiempo que lo investigué, los favores que ofrecía, podían ser de cualquier cosa, desaparecer a alguien, robar algo. Sea quien sea, tiene habilidades y es astuto también, eso lo hace muy peligroso, no les recomiendo ponerse frente a su mira; si los percibe como una amenaza, no le costará mucho deshacerse de ustedes. Tampoco demuestren ser útiles para él, o jamás los dejará en paz.

-¿Entonces debemos dejarlo y ya?- replicó la coneja.

-Como alguien que aún busca venganza, te digo que no, quiero encontrarlo y acabar con él… Pero como su amigo cercano, les digo que se alejen lo más que puedan… Teman al cuervo.

-¿Al cuervo?- dijo Nick.

-Lo único que logré averiguar de él, es cómo se hace llamar, y lo que intenta representar- explicó Mr. Big.

-¿Cómo se llama?- preguntó Judy.

Lejos de la ciudad, en lo que podrían considerarse los barrios viejos de Zootopia, en una enorme bodega, un camello, junto con un antílope y una loba gris discutían haciendo sonar sus voces por todo el lugar.

-¡Tenías que cuidar ese collar Cornelius!- reclamaba el antílope

-¡La policía lo encontró, si ella no hubiera intentado robarlo nada de esto estaría pasando!

-¡¿Y por qué no los mataste cuando tuviste la oportunidad?!- le reprochó la loba -. Esas cosas son la llave para todo lo que hemos querido, y por tu estupidez ya no tenemos nada.

-No quieras venir a chantajearme Velva, quieres esas cosas para ti, al igual que tú Julius- recriminó el camello.

-Igual qué tú, Cornelius- le respondió el antílope.

Los tres estaban echados a la garganta del otro, no había nada claro sobre lo que estaba pasando o lo que querían conseguir, y definitivamente no ayudó escuchar otra voz venir de las sombras.

-Así que, ustedes los tienen- habló alguien.

Velva, Julius y Cornelius miraron en todas direcciones, la loba incluso desenfundó una pistola y apuntó a la nada.

-¡¿Quién está ahí?!

-Si yo fuera tú Velva, trataría con más amabilidad a un viejo amigo… Más aún después de robarme- el animal vestido de doctor de la peste apareció de un rincón, sólo que no venía sólo; un zorro blanco con marcas de pelaje negro en el rostro lo acompañaba, así como un lince de pelaje gris, ambos con vestimentas negras, aunque un poco ostentosas.

-Tú…

-Hacía tiempo no nos veíamos, Julius, Cornelius y Velva, al menos no desde que hicimos negocios- dijo haciendo un ademán con su pata -. Recuerdo que tú Julius, me pediste difamar a tu rival político en Preyland- El antílope se aflojó el cuello de la camisa -. Y a cambio me darías los planos de los muros de la ciudad, lo cual no hiciste. Velva, querías muerto a tu padre para quedarte con el negocio familiar y me darías las claves para los depósitos de Fangtown- La loba desvió la mirada, molesta -. Y tú Cornelius, en Zootopia no muchos pueden afirmar tener la mejor joyería de la ciudad, repleta de piedras extravagantes, una pena que la destruyeran, sin embargo yo cumplí mi parte, pero tú jamás me entregaste el equipo que te pedí.

-¡Al diablo con todo esto- clamó la loba -. Si te mueres aquí…

-Si muero aquí ustedes también- El zorro y el lince que venían con el enmascarado alzaron un par de frascos -. Mátenme, y ellos les rociaran esto, sobra decir que el único que conoce el antídoto, soy yo.

-Velva, baja eso- reprochó el antílope.

-¿Qué carajo quieres?- cuestionó entre dientes la lupina.

-Que cumplan lo que me deben, y que me regresen lo que es mío. Imaginen mi sorpresa al descubrir que mi collar de amatistas estaba en la joyería de Cornelius, y que el de rubíes está en Fangtown- explicó el desconocido.

-¡¿Cómo sabes eso?!- Se sorprendió Velva.

-Oh, encontré esto en mi visita a Fuerzas Especiales- Alzó una fotografía de la loba con el collar rojo en su cuello, obviamente en otra ciudad.

-Maldición…

-Y supongo que el de esmeraldas lo tienes tú, ¿no Julius?- dirigió su atención al antílope -. Los tres me deben, y considerando el retraso y el robo, diría que también hay intereses de por medio.

-¿Entonces quieres que trabajemos contigo?- habló Cornelius.

-No conmigo, para mí, y no es que tengan opción.

Ni siquiera la claramente temperamental loba pudo decir más.

-Vuelvan a sus ciudades, en cuanto necesite de alguno de ustedes, se los haré saber- Junto con sus acompañantes, el desconocido se retiró del lugar.

-¿Crees que vayan a hacerlo?- preguntó el zorro una vez estuvieron fuera.

-Si lo hacen, obviamente intentarán matarme en el proceso, pero ya cumplieron la primera parte de su acto, incluso llevaron los collares a donde deben estar.

-¿Alguien te ha dicho alguna vez que eres raro?- comentó el lince.

-Hehe, varias veces de hecho.

-¿Qué sigue ahora?- Volvió a hablar el zorro.

-Esperar, estoy seguro de que los policías ahora deben estar averiguando más sobre mí, y eso propiciará el escenario para la siguiente actuación.

-¿Y qué con el collar que tú tienes?- preguntó el lince.

-Por ahora no es nada más que una medida de contingencia, pero si todo sale bien… Nos ayudará a terminar con todos a su debido tiempo.

De vuelta en la bodega, Julius ya se había ido, y a Cornelius no le quedaban ganas de tratar con Velva; la loba se había quedado sola, y no estaba contenta. Recuerda lo fácil que había parecido en su momento intentar robarle el collar al camello, pero ahora caía en cuenta de que había caído en el juego de ese loco, la había usado para propiciar todo lo ocurrido hasta ese momento, había sido más inteligente que ella.

Gritó furiosa, y arrojó lejos una pequeña mesa que había por ahí, para luego patear hasta romper varias cajas. Estaba furiosa, se sentía estúpida, y lo que era peor, usada, había sido no más que una vil marioneta.

-¡Maldito seas Corvus!

Espero les haya gustado, entretenido o al menos les haya dado algo qué hacer, es todo un placer escribir para ustedes y pese a lo que pueda llegar a tardar, sepan que seguiré mis fics hasta el final.

Ojalá y puedan comentar, así sabré si les gustó, les encantó... O si ya no queda nadie por este fic.

Nos vemos en el siguiente capítulo.

Paz.