Draco pensó que era completamente imposible que Hermione lograra anular el arraigo domiciliario de su padre, cuando el, con todo el dinero que ofreció y cedió de su enorme fortuna, solo pudo conseguir que se modificara la sentencia lo suficiente para que pagara su pena desde la mansión familiar.

Tenia en cuenta que era una excelente bruja, especializada en leyes mágicas, que tenia un cargo medianamente importante en el departamento legal, pero de ahí, a que lograra que alguien con los antecedentes de su progenitor pudiera librarse sin mas de su castigo, existía un mar de diferencia.

Aun asi parecía tan segura de conseguirlo y mostraba tal entusiasmo que incluso el termino creyendo en esa posibilidad y lo que esta le traería en consecuencia.

Sabia que posiblemente era demasiada infantil su postura, que nada le costaría concederle a Granger que el estúpido de Potter fuera su padrino de bodas, incluso adelantar la fecha no presentaba ningún problema, pero no soportaba la idea de tenerlo cerca, sabiendo los sentimientos que su futura esposa sentía por el.

No podía creer que a pesar de los años el nombre de Harry Potter siguiera representando un enorme obstáculo que sobrellevar. Le resultaba insoportable sentirse de nuevo invadido por los celos como cuando era solo un crio. Quizás las razones cambiaron pero el sentimiento era el mismo.

Parecía que nunca estaba a su altura, no importaba cuanto se esforzara y todo lo que hiciera, siempre lo tendría un paso adelante, tomando lo que deseaba aun cuando no tuviera merito alguno, ni lo mereciera.

Odiaba estar de nuevo con la sensación que le dejaba que Potter le arrebatara algo que quería para el mismo.

Ginny prefirió al héroe antes que al villano y Granger terminaba sustituyéndola en su vida en su faceta de mártir, porque lo amaba tanto que no le importaba lo que tuviera que hacer para que fuera feliz.

Se encontraba invadido por los celos, envenado hasta el alma, deseando con todas sus fuerzas tener la mitad de lo que el tenia. Ser el dueño de un cariño tan profundo y desmedido, a la vez de tener la misma oportunidad de decidir lo que deseaba de la vida, sin tener el obstáculo que representaba su apellido y su pasado.

Sí, era posible que ante las circunstancias sacara ventaja, que a la larga el matrimonio con Hermione le daría la oportunidad de limpiar por fin su nombre. Pero no dejaba de sentir la amargura de tener que conformarse con la mujer que amaba a otro y que terminaría en sus brazos para asegurar que un infeliz que ni siquiera se a dado cuenta que lo aman de esa manera, no sufra por las traiciones de una zorra.

Su orgullo aun no se repone del golpe que supuso ser traicionado por Ginny. Después de que creyó que lo amaba y que lo aceptaba con todo y su pasado. Aun no podía olvidarla, la tenia clavada en su pecho como una daga que no lo mata, mas no lo deja respira, su fuego seguía corriendo en sus venas con los recuerdos de las pasiones que los envolvió en la cama, era como una droga, sabia que no debía quererla y a pesar de sus resistencias la deseaba. La seguía sintiendo en el cuerpo como un calor que no se apaga y lo hace arder con fuerza depredadora.

Imaginarla en sus brazos lo llena de rabia y celos, en nada ayuda pensar que todo ese tiempo que la creyó suya, la compartió con Potter.

Furioso estrello la copa que tenia en sus manos contra la chimenea haciendo que las llamas se alzaran por unos segundos.

Sus pensamientos eras caóticos en esos momentos, pero tenia algo muy claro le quitaría a Potter alguien que amara y lo haría arrepentirse de una manera y otra de tener lo que debía ser solo suyo, el amor de Granger.

*o*O*o*

Hermione no alardeo sobre lo que podría lograr, aunque si que omitió decir que llevaba tiempo cocinándose una nueva ley de restricciones sobre los arraigos en el departamento de aprobación de leyes mágicas, que ella misma estaba promoviendo.

Le tomaría pedir un favor o quizás dos dentro del departamento y tal vez hablar con el ministro para exponerle su reciente compromiso y próxima boda para que tomara en consideración su pedido, estaba casi completamente segura de que le concederían la aprobación, pero si por algún motivo se lo negaras. Recurriría al apoyo de Harry y el ministro no se negaría a complacerlo.

No le gustaba hacer las cosas de esa manera, pero dadas las circunstancias no tenia mas remedio para ganar un poco de tiempo. Cada minuto contaba en esa carrera contra reloj.

Para la tarde tenia la aprobación, por supuesto con ciertas restricciones y el compromiso de ser la responsable del proyecto que empezaría a aplicarse con Lucius Malfoy. Era un gran triunfo con un sabor amargo, pero con lograría lo que quería.

De inmediato mando una carta con las recientes noticias a la Mansión de los Malfoy.

. . .

Se encontraba frente a la ventana tomando una taza de te después de ese ajetreado día, pero se sentía satisfecha su esfuerzo le concedería que Harry fuera su padrino de bodas.

Estaba a punto de ir a dormir cuando tocaron a su puerta, no sabia quien podía hacer una visita a tan altas horas de la noche, pero decidió averiguarlo pronto.

Del otro lado de la puerta se encontraba Malfoy, con claras fachas de estar pasado de copas. Incluso tiene que ayudarlo a pasar pues sus pasos son inestables.

-Me quieres decir por que vienes así. -Dijo molesta.

-No tengo por que darte explicaciones. -hablaba arrastrando las palabras.

-Sera mejor que te recuestes un rato, no puedes irte así. -Tenia todo el deseo de mandarlo al diablo por ir a su casa en esas condiciones pero no confiaba que fuera capaz de irse sin correr peligro.

Su conciencia no le permitía correrlo de su casa sabiendo que algo malo podría pasarle. Con dificultado lo guio hasta su habitación y logro ayudarle a recostarse, solo fue capaz de quitarle los zapatos y lo cubrió con una manta dejándolo completamente dormido. Tomo del armario una pijama limpia, una almohada y una cobija, para intentar dormir en la sala. Pues no pensaba dormir en la misma cama que Malfoy.

Cansada y confundida por el estado inconveniente en el que llego Draco, cerró los ojos y de inmediato se quedo dormida.

El sonido insistente del timbre la hizo despertar, abrió los ojos con pesadez y noto por la luz que entraba por la ventana que ya había amanecido. Con pereza se estiro y recogió las cosas que utilizo para dormir en la sala y las escondió antes de abrir la puerta.

Se sorprendió tanto al ver quien estaba al otro lado de su puerta que despertó por completo. Apenas fue capaz de hacerse a un lado para dejarlo pasar.

-Creo que necesitamos hablar.

-Te equivocas, no tenernos nada de que hablar.

-Quiero disculparme, no me pongas las cosas difíciles.

-Perdona si considero que tengo el derecho de estar molesta y ponerte las cosas como se me de la gana.

-Yo no quise…

-¿No quisiste que? Gritar delante de todo mundo que me tuviste desnuda en tu cama.

-Se que no debí.

-No, no debiste ser tan ruin para exponerme de esa manera.

-Estaba furioso, debes comprender que a sido demasiado duro saber que estas con el desgraciado de Malfoy.

-Y eso te da derecho de hablar de mi como lo hiciste.

-No. Se que me equivoque, que me deje llevar por el calor del momento. Sabes que nunca lo hubiera dicho de otro modo.

-El punto es que usaste lo que vivimos en mi contra.

-Si te preocupa lo que "tu prometido" pueda pensar, debes de estar tranquila. Después de todo ya debe saber que entre nosotros no hubo realmente nada. Que nunca me quisiste lo suficiente para darme la oportunidad de enamorarte, que aun teniéndote desnuda en mi cama no pudiste continuar por que no querías lastimarme a la larga, alimentando mis esperanzas.

-Ron, por favor. -Intento que no siguiera hablando. Tenía los ojos llenos de lagrimas de solo recordar como rompió su corazón ese día. -Quise ser sincera contigo y conmigo misma.

-Lo se y no te culpo. Solo quiero saber si desde entonces fue Malfoy de quien me hablaste. ¿Era el tu amor imposible?

-Ya no tiene caso hablar de eso.

-A mi me importa. Quiero tratar de entender como pudiste enamorarte de alguien que fue tan ruin y te trato tan mal ¿Desde cuando lo amas? ¿Que hizo el? que no pude hacer yo para que me quisieras.

Hubiera querido ser sincera, poderle decir que a quien siempre amo fue a Harry, que el era su amor imposible. Que intento con todas sus fuerzas corresponder a su afecto, que incluso creyo que el era la persona indicada para sosegar a su corazón roto.

Fue precisamente esa esperanza lo que la hizo terminar aquella tarde en su cama intentando que la hiciera olvidar, pero que no fue capaz de llegar hasta el final, sabiendo que no importaba hasta donde llegara no podía borrar lo que sentía y Ron no merecía que lo utilizara.

-Lo siento. -Se disculpo con el rostro húmedo por las lágrimas, por el dolor que le causo antes y por el que le seguía provocando.

Vio como Ron se ponía pálido de repente, abriendo los ojos con sorpresa. Comprendió todo cuando giro y vio a Malfoy en el pasillo que daba a la habitación recién bañado con solo una toalla enredada en las caderas.

-Ron… -Intento detenerlo, pero su amigo ya había salido huyendo.

Se dejo caer en el sillón abatida, con el llanto a flor de piel.

-Eres demasiado cruel. -Reprocho entre lágrimas.

-No hice nada. -Contesto fingiendo inocencia.

-Sabes perfectamente lo que hiciste. Mejor vete.

-No voy a marcharme. Arréglate por que iremos a visitar a mis padres.

No era una sugerencia, era una orden. Hermione lo sabía y no le quedaba otro remedio que ceder para no complicar mas las cosas.

A cada momento parecía que se oscurecía su porvenir.

*o*O*o*

Vestida de novia caminaba hacia el altar del brazo de su padre. No era la boda que había imaginado desde niña, pero ahí se encontraba caminando hacia el que seria su futuro marido.

El aire estaba perfumado con el aroma de las rosas blancas y rojas que adornaban el recinto, era una ceremonia sencilla pero emotiva al menos para la mayoría.

Una tenue luz enlazo sus varitas, un beso y después rompieron en aplausos.

Todo estaba hecho, pensó Hermione tratando de contener sus lagrimas. Tenia los ojos aguados y mantenía la sonrisa que se había confeccionada a fuerza de voluntad, temblaba ligeramente cuando se acerco a felicitar a los novios.

-¡En hora buena! Que sean muy felices. -Se inclino a besar ambas mejillas de Harry, quien estaba ya sentado en una silla de ruedas debido al esfuerzo de mantenerse de pie los pocos minutos que duro la ceremonia.

-Gracias. -contesto con cariño, con una sonrisa de felicidad en sus pálidos labios.

Con tensión se giro hacia Ginny, dándole un abrazo y un frio beso en la mejilla. Más cuando iba a separarse la pelirroja la detuvo prolongando el acercamiento.

-No tienes que casarte. Yo hare completamente feliz a Harry no necesitas seguir adelante con esa locura.

Hermione se soltó tratando de ocultar su molestia y con una sonrisa fría le dijo. -Mi boda será en unos días, gracias también por tus buenos deseos.

Ginny apretó los puños furiosa, mas no pudo decir nada mas, por la cercanía de Harry.

-Sera mejor que nos marchemos, no quiero tentar la suerte. -Se dirigió a su amigo.

-No parece demasiado cómodo Malfoy. -Se burlo el pelinegro.

-¿Por que será? -Señalo discretamente a Ron que se encontraba en el extremo contrario, lanzándole miradas envenenadas. -No hay que presionarlo mucho, después de todo fue un gran triunfo que lograras convencer a Ron de estar en el mismo espacio que Draco.

-No te preocupes, ya se acostumbrara. -Trato de consolarla.

-Lo dudo mucho. -Dijo suspirando.

La ceremonia del enlace matrimonial entre Harry y Ginny se llevo acabo en un pequeño recinto cercano a San Mungo por la delicada salud del novio. No tendrían la gran fiesta que deseaba la pelirroja, pero se consolaba pensando que era ahora la legitima esposa y dueña de todas sus posiciones.

La pelirroja esperaba que pronto muriera para poder seguir con su vida sin el lastre que ahora representaba atender a un enfermo terminal.

-Mañana pasare a verte. -Prometió la castaña antes de ir al lado de su prometido que mantenía como siempre una fría mascara carente de emociones.

-¿Ya nos vamos querida? -Pregunto con cierto sarcasmo en la voy.

-Sera lo mejor. -Admitió y pronto salieron del lugar para desaparecer.

Hermione se aferraba a la idea de que Harry acababa de cumplir uno de sus sueños, para tratar de apartar la amargura que sentía en esos momentos.