*o*O*o*
Necesitaba un momento a solas para aclarar sus pensamientos y controlar sus emociones. Los últimos días de su vida solo podían ser descritos por dos palabras, caos total.
Entre las puntuales reuniones con Narcisa Malfoy para seguir con su "entrenamiento" para cumplir con el protocolo necesario que una bruja distinguida debía de seguir al pie de la letra. Sumado al asalto de los mejores amigos de Draco, Pansy y Theodore, que fueron encomendados a la tarea de "facilitarle" la transición y que no hicieron mas que agobiarla todavía más.
Ahora pedía le concedieran unos minutos de paz para estar en comunión consigo misma. Después de todo ya estaba todo listo para el gran momento. Sus padres esperaban en el enorme jardín que para esos momentos se encontraría abarrotado de personas que en su gran mayoría, por no decir que en totalidad, ni siquiera conocían de nada, tratando de lucir normales y no desentonar con todo el evento mágico, siendo muggles.
La ultima en salir de la habitación donde estuvieron toda la mañana arreglando a Hermione, fue Luna Lovegood, ella seria la dama de honor. La joven rubia lucia hermosa con su vestido largo y vaporoso en color amarillo claro y su largo cabellos que ya le llegaba por dejo de sus caderas, tenia decenas de flores enganchadas por todos lados, parecía una hada del bosque, lo que iba muy acorde con su forma de ser.
Hermione esperaba que le dijera algo antes de marcharse, siendo la única de sus amigos que conocía las razones por las que se casaría pensó que le expresaría ya fuera su acuerdo o desacuerdo en ese momento, incluso que intentara persuadirla, pero contrario a sus expectativas, solo la miro largamente arrobada, con una intensidad que la hizo sentir desnuda, tomo sus manos con la suyas apretándola ligeramente con cariño, transmitiendo una calidez con su suave toque que la reconforto de inmediato.
-Siempre serás Hermione. –Le había dicho y ella solo pudo asistir con la cabeza sin comprender que quería decir con semejantes palabras.
Luna la hizo girar un poco, sin soltar una de sus manos para que se pusiera frente a un enorme espejo de cuerpo entero.
-¡Estas ahí! –Le dijo sonriendo con dulzura, posando sus ojos azules en los castaños de la imagen reflejada.
Granger vio la imagen de Luna a su lado, sonriendo, con esa tranquilidad característica de su persona, pero cuando poso sus ojos sobre su imagen no pudo reconocerse del todo. Era la primera vez a lo largo de la mañana que se veía en el espejo.
Estaba cambiada, como si se tratara de otra persona, alguien ajena a ella, pero con su mismo rostro, uno que reflejaba la enorme sorpresa que sentía en ese instante.
-Estas ahí. –Repitió Luna. –Eso es lo importante. –Agrego sin perder la sonrisa y deposito un suave beso en su mejilla antes de dejarla sola.
Hermione no se movió de su lugar, a pesar de escuchar la puerta cerrarse a sus espaldas. Por un momento se quedo sin la capacidad de hablar o de moverse, su corazón latía con una velocidad sorprendente, golpeando sus costillas y haciéndola sentir sofocada.
Sabía que era ella, pero al mismo tiempo no podía creer el peso de la verdad ante sus ojos. Hasta ese instante fue consiente de los verdaderos alcances de su decisión.
El vestido de novia era una pieza exquisita, un diseño de color marfil y blanco satinado con escote corazón sobre el que lleva un cuerpo de encaje francés de manga larga y cuello alto. La falda con mucho volumen y una cola de 3 metros de largo con aplicaciones de encaje y flores color marfil. El corpiño de satín bajo el encaje es estrecho hasta la cintura y acolchado en las caderas se basa en la tradición victoriana de corsetería. La parte trasera tenia un acabado en gasa y botones forrados de organza sujetada por lazos. La enagua de tul de seda con adornos de encaje. Todos los bordados estaban realizados a mano con hilo de oro y cientos de pequeñas piedras preciosas se adherían sobre los relieves de las flores de color marfil realzando su belleza.
Tal obra de arte fue creada tomando como base el traje nupcial de la boda real entre el príncipe Guillermo de Inglaterra con su prometida Kate Middleton, pero fue mejorado bajo la supervisión de Narcisa con la ostentación de cristales y piedras preciosa.
La Señora Malfoy no se conformaría con nada por debajo de los estándares muggles de la realeza para la boda de su único hijo. Quizás la elección de prometida no fue inicialmente de su agrado debido al origen, pero Draco acertó completamente sabiendo los alcances que esa unió traería consigo.
Por eso la rubia se esmero en compaginar una esplendida boda mágica con lo mejor del mundo muggle para congraciarse aun más con la sociedad que los seguía mirando con escepticismo. Aceptar a Hermione Granger en su familia era tanto como hacer las paces con su pasado.
Incluso Draco luciría un traje muggle dejando de lado las túnicas de gala, para entonar con su novia y futura esposa.
Hermione tenia que admitir que el vestido era bellísimo en toda la extensión de la palabra cualquier novia estaría encantada de portarlo, pero ella, simplemente se sentía tan ajena y fuera de lugar que la hacia sentir incomoda.
Sin poder detener el tren de sus pensamientos acaricio la suave tela del vestido, sintiendo bajo la yema de sus dedos los relieves de las flores bordadas en satin, con las pequeñas piedras que brillaban con la tenue luz que se filtraba por los enormes ventanales.
Se encontraba en una de las habitaciones del segundo piso, del ala oeste de la Mansión Malfoy. Había pasado la noche en ese mismo lugar como parte de toda la organización del evento para que su arreglo empezara a primera hora de la mañana y estar completamente lista a tiempo.
Sus pensamientos la llevaron a la noche anterior, con un suspiro comenzó a recordar.
No podía dormir, los ecos de la noche erizaban los bellos de su piel con temor. Aquel lugar enorme parecía que se la tragaría de un momento a otro, estaba sumamente cansada después de los días terribles que paso bajo la tutela de Narcisa y a pesar de todo se sentía incapaz de conciliar el sueño.
La mansión aun le causaba un terror atroz, era cerrar los ojos y escuchar sus propios gritos retumbando en las paredes, era imaginar a las muchas personas que murieron bajo ese techo, padeciendo terribles tormentos. Tratando de alejarse de esos terribles pensamientos, había salido a la terraza para tomar un poco de aire fresco.
Faltaban pocas horas para el gran evento, para unir su vida a la de alguien mas en un acto que debería llevarse a cabo con completa convicción, llevados por el amor y no por un estúpido contrato lleno de condiciones e intereses varios.
Hermione pensaba con cierta ironía que pronto estaría casada con un hombre que no solo no amaba, sino que incluso podía decirse que había odiado en el pasado y al cual nunca había siquiera besado realmente. Porque podría ser que en varias ocasiones sus bocas se hubieran tocado pero no eran besos reales, siempre fueron producto de sentimientos mezquinos como el resentimiento o la rabia.
Afuera de su departamento, frente a los ojos de Ron y Ginny en dos ocasiones Draco poso sus labios sobre los suyos, pero pudo sentir la frustración de aquella acción que no le dejo siquiera el calor de ese pequeño contacto. Después de esos, vinieron algunos otros para guardar las apariencias, mas siempre eran fríos e impersonales, era unir sus bocas sin un sentimiento de por medio.
Quizás la único vez que tuvo algo de verdad la unión de sus labios, fue cuando ella le beso en agradecimiento por concederle que Harry fuera su padrino, pero bien hubiera podido besar su mejilla y el resultado hubiera sido el mismo.
Suspiro abatida, llevando una de sus manos para acariciar sus labios, preguntándose que se sentiría besarle de verdad.
Quería que le dieran un beso real, sabiendo que no seria uno de verdadero amor, se conformaba con que no fuera incitado por la rabia o el resentimiento, que tuviera al menos algo de complicidad y calidez aunque careciera de lo demás.
Ese fue el último pensamiento antes de regresar a la cama y obligarse a cerrar los ojos para dormir al menos un par de horas.
Por eso ahora que se encontraba frente al espejo, viéndose vestida de novia, se sintió ajena a todo lo que le rodeaba, como si no fuera ella misma quien estaba a un paso de casarse, ataviada con un esplendoroso vestido, con todos sus cabellos recogidos en un alto moño con decenas de pasadores con pinta de diamantes que no hacia mas que resaltar su rostro mimetizado por el maquillaje.
Tembló ligeramente victima de sus desatadas emociones, inmersa en una realidad aplastante que la estaba dejando sin aliento. Tuvo que cerrar los ojos un instante para tratar de controlarse para no colapsar en ese momento.
-Estas ahí. –fueron las dos palabras que Luna dijo antes de irse y cuando recupero la capacidad de respirar comprendió la profundidad de esa simple frase.
Se obligo a abrir los ojos lentamente absorbiendo la verdad en las palabras de su amiga, levantando el rostro con la misma calma hasta enfrentarse de nuevo con su imagen en el espejo.
"Estas ahí. Eso es lo importante"
Luna se dio cuenta antes que ella que sin importar su apariencia, su esencia estaba ahí, atrapada en un vestido, maquillaje y un peinado que no la definían en absoluto.
Se sintió de nuevo ella misma, más dueña de su persona y de su vida.
Nadie la obligo a tomar ese camino, bien pudo rechazar la oferta de Draco y permitir que todo el teatro que formo Ginny con sus traiciones saliera a la luz. Pero decidió callar para intentar obsequiarle a Harry una fantasía de felicidad y estuvo dispuesta a cargar con las consecuencias.
No podía culpar a nadie de sus decisiones, pasado el primer momento pudo negarse en continuar con la farsa. Pudo dejar que Malfoy hablara, que Ginny intentara liarse de nuevo con el rubio, sin importar que con ello terminara matando literalmente a Harry. Pero ella no era asi, no podía mantenerse al margen.
Iba en contra de su carácter y forma de ser permitir que otros sufrieran, y esa necesidad de proteger era aun mas poderosa tratándose de Harry a quien ella consideraba su autentico y verdadero amor.
Draco Malfoy pudo ser muchas cosas en el pasado, pero en el presente era un hombre que no se andaba por las ramas, era directo y conciso con lo que quería y deseaba. No hubo engaño de por medio en cuanto a los motivos por los que deseaba casarse. Quería limpiar su apellido y que la sociedad permitiera que su pequeña familia dejara el exilio, al mismo tiempo que deseaba vengarse de Ginny.
Recordaba a la perfección que con esa misma claridad la enfrento antes de llamar a Nott y sus testigos para redactar el contrato que enlazaría sus vidas.
-Sabes que no te quiero y se muy bien de quien estas enamorada. –La verdad fue demoledora, pero agradeció la sinceridad de sus palabras. –Pero te prometo que lo que dure esto cuidare de ti, de la misma manera que lo haría si las circunstancias que nos unieron fueran otras.
Tomaría entonces todo lo que le ofreciera, sin culpa ni dolor. Tal vez de esa manera cuando todo terminara su corazón sanaría lo suficiente para buscar el verdadero amor, el que no pudo tener con Harry.
Draco Malfoy podía ser tan bueno como cualquiera para hacerla olvidar, incluso era su mejor opción sabiendo que no había sentimientos de por medio, no tendría miedo de herirlo a la larga como le ocurrió con Ron.
Así frente al espejo aceptando el peso de sus decisiones, se prometió no perder su verdadera identidad a pesar de todo.
Llevo sus manos a su elaborado peinado para quitar los pasadores con incrustaciones de diamantes para soltar su cabello, uno a uno, los retiro por completo, dejando que una marea de rizos castaños se desperdigara por sus hombros y espalda.
Lo que siguió a los pasadores fueron las antiquísimas joyas que portaba; los aretes largos, la recargada gargantilla y el brazalete a juego. Camino hasta el tocador conde descansaba una caja negra con interiores de terciopelo rojo, Narcisa se lo obsequio la noche anterior era una bonita tiara que perteneció a su madre y antes a su abuela, que debido a que nunca tuvo una hija no había podido heredar, ahora por derecho le correspondía o eso era lo que dijo la madre de Draco, tratándole de restar importancia aunque por sus palabras parecía ser todo lo contrario.
Coloco la tiara en sus cabellos y tomo también el regalo de su madre que consistía en unos aretes en forma de lágrima que no iba a usar por orden de Narcisa pues eran demasiado sencillos a su parecer para tal ocasión.
Sonriendo se coloco el velo. Con su varita recorto el largo de la cola y el velo. Tomo el ramo de rosas blancas y la tiño de color rojo intenso, al final delineo sus labios con un color del mismo tono de sus flores.
Era su acto de rebeldía, la promesa de que sin importar el apellido que portara siempre seria Hermione y no se debería doblegar por nadie.
Salió de la habitación con paso seguro y una sonrisa en sus labios rojo carmesí. Su padre la esperaba al pie de las escaleras orgulloso y con los ojos brillantes por la emoción de ver casarse a su pequeña.
Hermione le sonrió con dulzura y tomo el brazo que le ofrecía.
-Te vez realmente hermosa. –Alago con la voz entrecortada por la emoción.
-Gracias. –Susurro con cariño con una sonrisa aun más resplandeciente de solo imaginar la cara que pondría su "querida" suegra cuando la viera.
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En el ala contraria a donde se preparaba Hermione estaban los aposentos de Draco, que en ese momento se encontraba en compañía de su mejor amigo, terminado de vestirse.
-¿Nervioso? –Pregunto con sorna sin dejar de mirarlo colocándose las mancuernillas en las mangas de la camisa.
-En lo absoluto. –Negó con cierto fastidio, acomodando el cuello de la camisa para comenzar a anudar la corbata.
Llevaban parte de la mañana con esa dinámica y estaba comenzando a ponerlo realmente nervioso. Aunque ni muerto lo aceptaría.
-Si estas nervioso puedes admitirlo. –Continúo hablando a pesar de las miradas envenenadas que comenzaba a lanzarle su amigo. -Hasta tu deberías permitirte de vez en cuando ser un humano normal que tiene debilidades, después de todo uno no se casa todos los días.
-Déjalo ya Theodore.
Una nueva idea para molestarlo cruzo por su mente haciendo que sus ojos azules brillaran con malicia y una sonrisa alzara las comisuras de sus labios.
-Debió ser toda una tentación tenerla tan cerca y tener que esperar para la noche de bodas.
Draco tuvo que deshacer el nudo de la corbata que quedo torcido al perder la concentración por un segundo.
-No se de que hablas.
-¡Por favor! cualquiera estaría deseando perderse entre los rizos de tu prometida. –Pico para molestia del rubio. –Al menos yo estaría encantado.
Nott tuvo que agacharse para esquivar el florero que le lanzo.
-¡Ya es suficiente! –Bufo con enfado.
-Ves como tengo razón, estas nervioso.
-No estoy nervioso.
-En ese caso, celoso si que estas, a penas menciono a Hermione y te pones loco.
-Tú eres el que me pone loco con tus insinuaciones.
-Me encanta ponerte loco, pero lamento decirte que no eres mi tipo. –Se burlo.
-De verdad que no se porque soy tu amigo. –Dijo Draco moviendo la cabeza de manera negativa.
-Eso es sencillo. Soy el único que aguanta tus rabietas y conoce tus secretos. El único que sabe que a pesar de que no lo digas en voz alta, te preocupa que esto no funcione, incluso se que por mucho que lo niegues, Granger te agrada lo suficiente para intentar llegar a algo mas. –El castaño dejo un poco los juegos hablando con seriedad por primera vez en toda la mañana.
-¿Olvidas que esta enamorada de otro?
-No, no lo olvido. Lo tengo bastante presente, es sinceramente una pena y un completo desperdicio. Pero eso no quita que serás tu quien va a casarse con ella, así que deja de pensar en Potter y tus complejos para que te enfoques en lo importante, conquístala.
-Lo dices como si fuera algo sencillo, no olvides que tenemos un pasado demasiado oscuro.
-Si lo que te pesa es el pasado y como fuiste con ella, pues resuélvelo. Pídele perdón y da vuelta a la página.
Draco desvió la mirada afectado, tratando de contenerse para no intentar romperle la cabeza a Nott. Sabiendo que a pesar de todo tenia razón.
-Has intentado disculparte. –No era una pregunta, era una afirmación del castaño que se mostro sorprendido. -¿Cuando? –Pregunto con curiosidad.
-Cuando le entregue el anillo de compromiso de mi madre.
-¿Cómo fue? ¿Qué te dijo?
-No te han dicho que eres demasiado entrometido.
-Si pero es parte de mi cautivadora personalidad. Y no trates de desviar el tema.
-Fue demasiado sencillo. Dudo mucho que en verdad me allá perdonado a pesar de que diga que es agua pasada. No entiendo que pueda resultar tan fácil obtener su perdón cuando fui siempre un desgraciado con ella.
-No crees que el problema es mas bien que tu eres el que no puede perdonarse.
-Quizás. –Admitió.
-Entonces por favor deja de sabotearte o te prometo que yo tomare las oportunidades que dejes escapar.
De nuevo tuvo que agacharse esta vez para esquivar un cuadro, que se quejo por ser lanzado.
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Hermione caminaba del brazo del su padre por el pasillo central. Una suave música se escuchaba mientras lo hacia, aunque debido al nerviosismo no pudo reconocer la melodía que se tocaba.
El lugar estaba completamente lleno, la mayoría de las personas que se encontraban en los amplios jardines era la alta aristocracia mágica, pero también todos los magos y brujas que sin ser de la realeza como los Malfoy tenían altos cargos en el ministerio o poseían influencias de todo tipo en el gobierno actual.
Entre todas esas filas de completos desconocidos también estaban aquellas personas importantes en la vida de Granger, que estaban presentes para mostrarle su apoyo.
Ahí entre las primeras filas estaban sus padres, pero también estaban sus compañeros de lucha durante la guerra, sus amigos, sus hermanos del alma. Harry sentado en una silla de ruedas con una sonrisa orgullosa en el rostro la veía avanzar entre el camino marcado por centenares de flores. Y a pesar de todo, sin importar su descontento y que se sintiera profundamente decepcionado, también estaba Ron con su rostro melancólico y sus ojos azules brillantes fijos en ella, aun mostrando el profundo amor que sentía.
Hermione hubiera querido correr para abrazarlos y decirles gracias, por siempre apoyarle aun cuando no estén de acuerdo con sus decisiones, por ser sus incondicionales, sus amados hermanos, sus amigos, sus amores distintos pero verdaderos.
A sabiendas que no podían cumplir sus deseos se contento con mirarles y sonreírles agradecida.
Ignoro por completo la helada mirada de Ginny, fijando su vista en los ojos grises de su prometido, que no apartaba su vista de ella, cautivado por su belleza.
Draco sabia que su madre se empeño en vestir a Granger como una princesa, que luciera las joyas de la familia, que al caminar al altar fuera una digna Malfoy. Lo que su progenitora no entendía era que la leona jamás cambiaria para complacencia de nadie, que era lo suficientemente noble para honrar su palabra y cumplir en medida de lo posible con el protocolo, pero jamás seria una de esas tantas muchachitas sin voluntad y decisión.
Orgulloso la veía caminar con paso decidido. Con el cabellos suelto e indomable como toda ella y esos tentadores labios rojos. Tenia que admitir que no era bonita contrario a lo que pensó antes, en realidad Hermione era mucho más que eso, era hermosa.
-Eres realmente afortunado. –Escucho a Nott hablar por lo bajo.
Y tuvo que darle la razón completamente, era muy afortunado.
