*o*

"…Miénteme, te permito que me engañes,

Prometo que como una ciega seguiré tus pasos,

Entregándome por completo a este momento,

Para creer que te amo y que tu también puedes amarme…"

*o*O*o*

. . .

La tarde cayo para los nuevos esposos entre el cumulo de emociones que se fueron sumando a lo largo de la velada. Una promesa fue hecha mientras bailaba, una que no tenia el carácter obligado de un contrato, sino la esperanza de disfrutar el tiempo que los uniera.

En la soledad de la alcoba nupcial, sin el bullicio de la gente, sin tener que mantener ante nadie las estúpidas formalidades se encontraron mirándose por vez primera sin las cargas que llevaban a cuestas.

. . .

Draco, no era un romántico. No creía en las estupideces rosas que le gustaban a las mujeres, era un amante complaciente en toda la extensión de la palabra, de gustos y manías exquisitas que seducían por si misma, mas nunca fue mas allá para buscar encantar a sus conquistas en turno.

Con Ginny no fue diferente, no le ofreció flores, dulces o corazones, no endulzo su oído con palabrería barata o promesas que le llevaran a abrirle las piernas para probar sus glorias. Todo fue fuego, una pasión incendiara que todo lo consumía. Juntos, no hubo palabras de por medio solo gemidos lánguidos y estremecedores, no había cabida para nada mas.

No sabía ser de otra manera, aun cuando la pelirroja hubiera despertado otro tipo de sentimientos distintos al deseo antes de que terminara destruyéndolo con sus traiciones. Por esas mismas razones no contemplaba que su matrimonio con Hermione pudiera desembocar en algo distinto, sin embargo, no podía dejar de intentarlo, cuando acababa de hacer un compromiso mucho mas fuerte que cualquiera.

"…Empecemos de cero."

Draco recordaba que la propuesta fue lanzada al aire mientras tenia su intensa mirada sobre el, era un desafío en toda regla, un reto hecho a quemarropa con la única verdad de por medio, de que a pesar del como inicio esa relación, en sus manos estaba cambiar el resultado.

No había promesas de amor eterno, ni mentiras o falsos acuerdos. Solo el sincero deseo de llegar a un punto en medio del camino donde pudieran sanas cada uno sus heridas de amor.

Mientras seguían bailando, el rubio afianzo el agarre, atrayendo a Hermione por la cintura, llevándola consigo para girar después juntos mientras contestaba con un simple -¡Hagámoslo!

Nunca imagino verla reír de esa manera por su causa o que encontraría refrescante esa sonrisa. Para Malfoy era como quitarse de encima otro poco del peso que llevaba. Ella era cálida como su mirada, decidida en su voluntad de entregarse al momento y no dejarse hundir por un pasado que no podían cambiar ninguno de los dos.

-Solo tenemos el presente, hagamos de este momento algo memorable. –Le había dicho la castaña poco después con las mejillas sonrojadas y los ojos brillantes. Agitada por el baile, pero también afectada por la cercanía que comenzaba a afianzarse entre los dos.

Cuando la velada moría, tomados de la mano caminaron por los jardines alejándose del bullicio final de la recepción, para desaparecer.

Aparecieron en la alcoba principal de la enorme mansión que Malfoy compro para vivir con su mujer. No deseaba estar cerca de sus padres, ni se sentía capaz de vivir en el pequeño apartamento de Hermione.

Malfoy agradeció internamente que Pansy hubiera insistido en arreglar la alcoba. El ambiente dentro era cálido y olía a flores frescas. La iluminación era tenue, decenas de velas estaban esparcidas por los finos y blancos muebles de la habitación. No estaba sobrecargado o exagerado en la decoración, por el contrario era sutil y hermoso encontrarse con la tranquilidad del espacio.

-¡Bienvenida! –Dijo sin soltar su mano, recibiendo una tímida sonrisa de su parte.

Se miraron en silencio, con intensidad. Era la primera vez que lo hacían enteramente consientes del paso que habían dado.

-Gracias. –Su voz fue a penas un susurro y a pesar de sentirse nervioso e intimidada, no podía dejar de mirar el gris profundo de sus ojos.

Malfoy era mucho más alto que ella. Se veía imponente en su traje, con su rostro indescifrable pero esa mirada que haría temblar a cualquiera. No podía evitar sentirse pequeña a su lado, mucho más en su inexperiencia, ante alguien que tenia fama de ser el mejor amante –o al menos eso escucho en los corredores del colegio entre suspiros-

Magnética. No había otra manera de nombrarle a la sensación que nacía desde el centro de su ser y se expandía obligando a anclar su mirada a la suya y perderse en ella, zambulléndose en su profundidad como lo haría en una tormenta grisácea e indescifrable.

Humedeció sus labios, mordiendo en el poseso su labio inferior con nerviosismo.

-Es una invitación Granger. –Le dijo con voz ronca, repitiendo una frase que hace ya algún tiempo le había dicho.

Al pronuncio ese apellido que ya no llevaba, se inclino para besarla. Atrayéndola con una de sus manos por la cintura la hizo pegarse a su cuerpo al tiempo que susurraba contra sus labios.

-Aquí y ahora, solo tu y yo.

El cálido aliento sobre sus labios, le aguo la boca con anticipación, los entreabrió en señal de entrega sin ser capaz de cerrar sus ojos, cautivada por una sensación que la embargo al escucharle.

Una corriente de electricidad corrió de las terminaciones nerviosas de su boca, haciéndola gemir suavemente, solo entonces se permitió cerrar los ojos para disfrutar la invasión sensual de su lengua. Un beso húmedo y necesitado nació primero lento, con la suavidad de una caricia en su espalda, bajando hasta el inicio de sus nalgas, aun protegidas por las capas de tela de un hermoso vestido que comenzaba a estorbar.

Pronto el contacto evoluciono conforme la necesidad crecía, fueron sus labios húmedos, las lenguas danzarinas, la profundidad de un acercamiento que pronto los dejo sin aliento.

Sus manos estrujaban la tela suave del vestido, pegándola a su cuerpo, amoldándola. Mientras la necesidad de desnudarla se volvía mas imperiosa. La sintió temblar entre sus manos, sensible y perceptiva a su toque.

Percibía su nerviosismo, pero también la entrega en sus tímidas caricias. Sus pequeñas manos se alzaron para enredarse en su cuello, disfrutando de la sedosidad de su cabello rubio.

Se separaron un poco, cuando la necesidad de respirar no les dejo opciones, aun entonces no perdieron la cercanía, mantenían sus rostros tan cerca que Draco pudo observar las pequeñas pecas salpicadas en la nariz y mejillas de su mujer.

"Su Mujer" pensó para sus adentros y el solo pensar en Hermione de esa manera le causo una extraña satisfacción.

Era suya. Aunque sabia que ella diría que no era de nadie. Sonrió pensando en que al menos esa parte aguerrida la conocía bastante bien.

-¿Por qué sonríes? –Pregunto con curiosidad. Aun tenia la respiración agitada y errática por lo que su voz sonó inestable, incluso la sintió lejana.

-¡Eres hermosa! –Se atrevió a decir, percibiendo el rubor evidente en sus mejillas y la sinuosidad de sus labios hinchados por sus besos. Desde su altura podía observar sus senos redondos apretados por la tela del escote, como subían y bajaban por la acelerada respiración de la castaña.

Sonrió intimidada, con el ardor en sus mejillas llegando con más fuerza, tanto que un naciente calor llego hasta su corazón. Sabía bien que no la amaba, por eso le causaba un placer infinito que la encontrara hermosa.

Era el momento para entregarse, para abandonarse por completo a ese instante. Temblaba entre sus brazos victima del naciente calor que embargaba su corazón ante el descubrimiento de sentirse bella y deseada. Vibraba bajo el toque de sus manos, ante la anticipación y el desasosiego de estar parada en suelos inexplorados.

Quería ser sincera con Draco y con ella misma. Busco en el fondo de su ser cualquier resistencia que le hiciera apartarse, pero no encontró nada. ¿Era Draco el indicado? el hombre que le mostrara un camino diferente a sus ensoñaciones infantiles de un amor que se construyo de manera platónica por su mejor amigo.

No tenía la respuesta a ese tipo de preguntas, pero estaba mas que dispuesta a buscarlas a través de sus labios y su cuerpo.

No había culpa en el deseo que nació en su cuerpo y buscaba ser satisfecho. Ya no era una niña enamorada del amor, ni la adolecente que alimento en su corazón un amor tímido por su mejor amigo que evoluciono hasta no dejarle cabida a nada mas que el dolor por no ser correspondida.

Era ya la mujer, una completa que no cultivaría por mas tiempo un imposible. Quizás mañana cuando todo hubiera concluido se sentiría con las fuerzas suficientes para empezar de nuevo y buscar por su cuenta un amor para ella.

El aire se volvió inexplicablemente denso y caliente, sofocante y embriagador. Respiraba su aliento combinado a su aroma personal.

Así entre sus brazos, ante la mirada ardiente de sus ojos puestos en ella, viendo el fuego que nacía en ellos, se sintió poderosa, sensual y bella. Encontró entonces el valor que busco a lo largo de los últimos días para confesarle algo que la tenia inquieta y azorada.

-Serás el primer hombre en mi vida. –Declaro de manera intensa, dejando que el calor en su cuerpo tomara fuerza.

Malfoy entendió al instante el verdadero significado de esa declaración, nadie había estado antes que el. Estaba a punto de tomar algo de Hermione que nadie más tendría. No había mantenido expectativa alguna sobre el tema, no esperaba ser el primero en la vida sexual de Hermione, pero tener la oportunidad era algo increíblemente satisfactorio, que le hizo hervir la sangre y provoca una punzante erección que urgía por salir de sus pantalones.

Sonrió de medio lado, encantador. Con sus ojos grises brillantes y sus pupilas ya dilatadas por el creciente deseo que le consumía, dándole una oscuridad a su mirada que la volvió más la de un depredador dispuesto a lanzarse a su presa.

"…Espero también ser el ultimo" pensó para si mismo, incapaz de decirlas en voz alta, por miedo a aceptar la realidad que empezaba a deslucirse entre ambos.

No, no la amaba, pero si podía llegar a hacerlo.

Hermione tenía todo para lograr que su frio corazón sanara. ¡Que fácil seria amarla! Tenerla asi entre los brazos dispuesta y entregada, transparente en sus emociones como un libro muchas veces leído y pocas veces valorado.

Era fascinante encontrar la sensualidad en su timidez, la valiente mirada respaldando sus miedos. Toda ella era un mar de contradicciones, rebelde, obstinada e infinitamente sensible y amorosa.

Debía odiarle por quien fue, por quien es ahora por forzarla a casarse, por tomar algo que no merece aunque lo desea como el infierno. Contrario a todo, la tenia pegada a su pecho, con sus ojos castaños puestos en los suyos, ofreciendo sus rojos labios y su cuerpo. Deseando tomar para ambos un momento que solo a ellos pertenezca, que no este manchado por fantasmas y amores no correspondidos.

No pudo decir nada, el no es de palabras, sino de hecho. Hermione siento el cambio en sus besos, en el ardiente deseo, pero también en su propia necesidad creciendo y suplicando por ser satisfecha.

Le devoro la boca de manera urgente, presionándola contra su cuerpo, bebiendo con avidez de sus labios, incluso los suspiros torvos que trataban de huir de su garganta. No se limito a tomar su boca, bajo lentamente por su cuello, pero había demasiada tela de encaje de por medio.

Bufo frustrado haciéndola reír.

-Te burlas de mí. –Pregunto de buena gana, dispuesto a hacerle pagar por sus burlas.

-Solo un poco. –Respondió sonriente, separándose lo suficiente para soltar los broches delanteros para retirar el cuerpo de encaje de manga larga y cuello.

Resbalo de sus hombros la tela de encaje. El escote de corazón dejaba bastante piel expuesta, el nacimiento de sus senos y sus hombros bronceados.

La beso de nuevo con ansias renovadas, no solo la boca, sino la tierna piel de su cuello, dejando un rastro húmedo por donde pasaba que la hacia arquearse y erizaba todos los bellos de su piel.

Se hundió en el nacimiento de sus pechos, estrujándolos atreves de la ropa, para degustar el sabor de la piel sensibilizada por su toque. La hizo girar sin apartar del todo los labios de su piel, mordió de manera juguetona su hombro y el hueco de su cuello, hasta situarse a sus espaldas.

Estaban en medio de la habitación a media luz, con un fuego que inicio como una pequeña llamarada. El silencio presente dejaba que los largos suspiros, los gemidos y esos suaves ronroneos de excitación fueran percibidos por ambos como el aludió de una tormenta que esta por comenzar.

Sobre el piso ya descansaban algunas prendas; el cuerpo de encaje del vestido de novia, el saco y la corbata de Draco. Ambos están seguros que no será lo ultimo que esa noche terminara cayendo de sus cuerpos para dejarlos desnudos.

Cierra los ojos cuando siente sus fuertes manos apartar su larga melena para trazar caricias en sus hombros y espalda, antes de comenzar a desabrochar uno a uno los botones forrados de organza y los lacillos del vestido para liberarle de la hermosa y estorbosa prenda.

Las capas de tela se abren para mostrar la suave piel de su espalda. Hasta entonces recuerda que el vestido era tan entallado que prefirió no llevar sostén y por un instante se sintió cohibida. Aunque al segundo siguiente olvido todo, cuando pudo percibir unos labios besando y trazando líneas imaginarias en su espalda y columna vertebral.

El vestido resbalo del cuerpo de Hermione lentamente para mostrar la magnificencia de su espalda desnuda, sus bragas de encaje blanco se ciñen a su redondo trasero insinuando la curva de sus nalgas, con un ligero del mismo color para sostener unas finas medias en sus torneadas y largas piernas, todavía lleva las altas zapatillas que hacen marcar los músculos de sus pantorrillas y tensan sus muslos de manera deliciosa.

No puede evitar deleitarse con la vista, permite que sus manos lentamente acaricien sus costados, primero pasa sus manos por sus hombros y baja lentamente definiendo sus contornos. Teniéndola aun de espalda, disfruta de las reacciones que despierta. Suspira y gime cuando la toca, se arquea ligeramente cuando acaricia la nudosidad de su columna vertebral y la besa. Aun con la tenue luz percibe sus vellos erizados y sonríe complacido por provocarla, por tenerla dispuesta a entregarse.

-¿Dime que quieres? –Pregunta incitante con su varonil voz susurrando contra el lóbulo de su oído para tener la oportunidad de lamerlo con erotismo a penas las palabras abandonan su boca.

La pregunta la desconsienta y en su aturdimientos, con toda la marejada de sensaciones que se han adueñado de su cuerpo, lo único que logra hacer en la nebulosa que le han creado las expertas manos de Malfoy y su boca, solo puede girar un poco el rostro para mirarle con la pregunta danzando en sus pupilas.

Draco entiende la mirada y sonríe lobunamente. Se entretiene lamiendo su cuello antes de contestarle lanzando una bocanada de aliento caliente contra su piel provocando una descarga eléctrica que la hace temblar contra su cuerpo.

-Es tu primera vez, voy a complacerte, pídeme lo que quieras.

Gime, apoyando su espalda contra el torso firme, sintiéndose repentinamente mareada y con una zozobra que la estremece en lo mas profundo de su ser.

"¿Qué quieres Hermione? Se pregunta internamente a si misma. Para poder contestarle…"

Teme no saber lo que busca o quiere. Su vida siempre se ha regido por los deseos de otros y no los propios. Y ahora duda sobre lo que realmente desea.

Una pequeña vocecita suena en su interior, clamando por ser escuchada, sin embargo, teme que se burle de sus cursilerías.

Malfoy la ve dudar y sonrojarse, sin apartar sus ojos de los suyos. Puede percibir como se debate internamente sin conseguir articular palabra.

-¡Solo dilo! –Reta, girándola para tenerla de frente. –Creí que eras valiente. –Le pica de nuevo tomando su barbilla para darle énfasis a sus palabras.

Sus ojos amielados son fuego, llamaradas intensas y cálidas. Brillan orgullosos por el reto soltado y aun cuando muerde de nuevo su labio, toma valor para encontrar su voz.

-¡Bésame! –Mordió sus labios en un sensual gesto. -profana mi boca con tus labios. Te permito que tus caricias aturdan mis sentidos y tus manos expertas me descubran un mundo de nuevas sensaciones.

¡Carajo!

No, definitivamente Draco no era un romántico, pero en ese momento por ella seria lo que le pidiera. No podía evitar que las palabras de Hermione lo afectaran de tal modo que se sentía obligado a complacerla. No sabía si era su voz, sus tentadoras palabras o la intensidad de las mismas, pero se sentía perdido, jodidamente caliente y aturdido.

Escuchar su voz dulce demandante y tímida, mermada por la tortura de sus dientes en ese labio hinchado y sensual. Su eje se tenso comenzando a palpitar, anticipando y deseando hundirse en la suavidad de sus carnes.

La beso como pedía, profundo e intenso, tomándola por la nuca para hondar entre sus labios, sus lenguas ávidas danzaban sensuales, paladeando el dulce néctar de sus labios. El fuego crecía con la intensidad de ese baile de bocas. Labio a labio, respirando el mismo aliento, encendiendo y saboreando por primera vez un verdadero beso apasionado.

Entre la evolución de los besos, con torpeza desabotono la camisa, liberándolo de ella. Cayo entre la marea de ropa que yacía bajo sus pies.

Ambos gimieron al contacto de su piel. Los pechos redondos de pezones rosados y erguidos se pegaban a dorso fornido de Malfoy. Mordió su labio inferior haciéndola gemir, fue un deleite escucharla, sentirla vibrar entre sus brazos. Podía percibir sus suaves pechos apretados contra el.

-¡Mírame! –Pidió posando sus manos en su rostro con suavidad. –Como si fuera la persona más importante en tu vida. Que el gris de tu mirada me envuelva en tus ardientes pasiones. Enciende en mi sangre y mi cuerpo esos anhelos que permanecían dormidos.

¡Era el infierno! Escucharla recitar sus deseos con tanta pasión, con tal rendimiento de si misma, de manera tan poética que lo desarmaba. Como si le dijera -¡Tomo todo de mi! Pero espero lo mismo.

No fue difícil mirarla, hacerla sentir que solo ella importaba. La levanto con facilidad haciendo que enredara sus piernas en sus caderas y camino los pocos pasos que los separaban de la cama con ella en sus brazos.

Recostándola con delicadeza en la cama, se levanto para mirarla tendida sobre el colchón. Era una vista magnifica y sensual.

La castaña sentía el rostro ardiente en una mezcla de vergüenza y excitación que no hacia mas que crecer cada vez mas. Su respiración aun era errática por la intensidad de sus besos y la premura de sus caricias cada vez más ardientes. Bajo esa mirada gris era imposible no sentirse deseada, podía ser que no usara palabras pero se notaba que le agradaba lo que veía.

Era una sensación nueva ser deseada. Bajo su mirada predatoria se sentía poderosa, deseada y hermosa. Ya no era más la chica tímida y asustadiza que solía esconderse tras ropa holgada y gris para no llamar la atención.

Hermione si es una romántica empedernida, de esas que gustan de novelas rosas por mucho que lo niegue, es del tipo de chicas que se derrite ante un ramo de flores, una caja de bombones o muñecos de felpa, es de las que fantasean con que le reciten poemas al oído y sueña con noches eternas a la luz de la luna.

Ella soñaba con paseos largos tomados de la mano, con besos robados bajo el muérdago, con cartas de amor, con abrazos que quiten el frio del invierno. Ella estaba enamorada del amor, de los imposibles, de la cercanía de un cuerpo que no estaba, anhelaba los besos de ensueño, las caricias que encendieran sus placeres, sin embargo, nada de eso había tenido.

De repente se encontró deseando algo mas tangible, algo que no fueran los sueños y deseos rotos de adolecente.

Quería sentir, vibrar en unos brazos que quisieran tocarla, que pudieran descubrir en ella algo que no fueran solo ilusiones que con el tiempo se habían deslucido. Quería ser de Draco, como nunca había sido de nadie.

La castaña le dio despojarse del pantalón, quedando solo en unos sugerentes bóxer que dejaban muy a la vista su pronunciada erección. Se apoyo en sus codos para levantarse un poco.

Lo cierto era que tenía miedo de dar el ultimo paso, pero no quería detenerse, deseaba llegar hasta el final.

-¡Tócame! Haz que tus caricias sobre mi cuerpo empañen mi lógica, que mi corazón lata al par del tuyo y lo haga tan fuerte que ensordezca la realidad.

Draco se cernió sobre ella, abarcándola toda. Sintiéndola temblar bajo su cuerpo con el creciente deseo reflejado en sus ojos color miel.

La beso de nuevo ahondando en su boca, para desentrañar el misterio de sus labios, bebió así sus pensamientos lógicos, sus dudas, el miedo a ser lastimada. Sus besos eran seguros, libres y entregados. La sintió así corresponder a su boca con vehemente necesidad de hondar también ella en su cabeza, para apartar cualquier recuerdo de otros labios y otro cuerpo.

Mientras sus lenguas danzaban, abrió los ojos para verla, para seguir cumpliendo con su petición de mirarla. La observo perdida con sus parpados entrecerrados, con sus largas y rizadas pestañas y sus enrojecidas mejillas. Se separo un poco para degustar la piel de su cuello, mordiendo suavemente el camino de su clavícula, lamiendo las pecas de sus hombros antes de sumergirse de lleno en sus cumbres redondas y erguidas.

No pudo evitar sentirse satisfecho de escucharla susurrar su nombre, mientras su lengua raspaba su pezón y engullía parte de su pecho izquierdo, permitiendo que una de sus manos amasara con afán el derecho, prometiéndose no desampararlo y tomarse el tiempo necesario para compensar su actual ausencia.

Mima sus pechos, lamiendo, succionando e incluso mordiendo para halar el pezón sensible, haciendo que gima con fuerza y arque su espalda buscando una cercanía que ya no es posible.

Se endereza atorando en sus dedos el elástico de las bragas tirando de ellas para quitarlas. Queda a la vista el bello ensortijado de su pubis y la humedad en la prenda intima es evidente, esta lista para el. Le deja el liguero y las medias, se ve tremendamente sensual en ellas.

Siente la imperiosa necesidad de tocarle como le a pedido, que sus caricias borren cualquier pensamiento coherente, que no haya para Hermione nadie mas que el en ese instante.

Con rapidez retira su bóxer dejando a la vista su erección, la siente tensarse bajo el y sonríe sin poder evitarlo.

-Te prometí complacerte y si quieres que me detenga lo hare. Aunque me cueste consumirme en mi mandito infierno.

No hay respuesta, Hermione a perdido la voz, pero no quiere que pare. Sus dudas se disuelven con sus palabras, con esa promesa de complacerla.

-¡Tómame! –Logra decir como un susurro apenas audible. –Prometo por este instante ser tuya, entregare por completo, Draco.

Sus palabras son demoledoras, penetran en todos sus sentidos enloqueciéndolos. Es la declaración, pero también la sinceridad de su promesa lo que hacer que su cuerpo se cimbre de manera violenta.

No la ama, pero la desea como el infierno. Quiere perderse en ella, marcarla como suya quizás de manera primitiva, pero es una imperante necesidad de sentirla, de poseer al menos una parte de ella, sabiendo que no tiene su corazón. Es algo que se a vuelto mas fuerte que el mismo.

Bajo su cuerpo la siente vibrante, la encuentra suya y quiere con todas sus fuerzas que la necesidad que siente en esos momentos también la compartan. Por eso se obliga a ir lento a tener cuidado de contenerse, para prepararla y llevarla con el al borde.

Acaricia sus largas piernas que por inercia ha enredado a sus caderas, trazando pequeños círculos imaginarios que suben lentamente hasta el interior de sus muslos abiertos para el. Posa su mano en su entrada palpando la humedad que comienza a derramarse.

Es la gloria sentir su humedad, sabe que no es indiferente a su toque. Extasiado, con la boca pesca uno de sus pechos, succionando con avidez haciendo que arquee su espalda, dando libre acceso a que tome todo cuanto quiera. Su lengua traza círculos en su aureola y a veces atrapa con sus diente el pezón sensible para tirar de el, haciéndola soltar pequeños grititos que tienen un efecto demoledor en su entrepierna. Tira de nuevo con suavidad y mientras se retuerce comienza a acariciar su clítoris.

Algo en su interior se contrae haciendo que el extasis se riegue como una descarga en su cuerpo, agitándola, elevándola a un lugar infinito. Tiembla y se derrama en la mano diestra que a sabido llevarla con su toque al paraíso. Pero el apenas comienza y aun en las sacudidas que la dominan introduce uno de sus largos dedos en su interior.

-¡Aaah! -Gime en su oído mientras la sostiene para besar ahora su boca y beber sus gemidos.

Hermione no puede con tantas sensaciones, es algo sublime y cálido lo que siente. No hay palabras de amor de por medio, pero son sus acciones las que la hacen sentirse en esos momentos amada de una forma desconocida.

A pesar de la nebulosa que ahora aturde su mente para robarle parte de su lucidez, se da cuenta de que la besa, la mira y la toca de una manera que se siente desarmada. Sus ojos grises han dejado de ser glaciales ahora parecer arder como si fuera posible que el hielo se queme. La piel le arde donde quiera que la toque, se consume en un fuego desconocido que la debilita y al mismo tiempo la vuelve feroz en una necesidad que clama por ser satisfecha.

Siente los besos y las caricias tan suyas, como si en verdad la amara, que no puede sentirse mas que agradecida, de encontrarse con el cobijo de su cuerpo que la esta volviendo incandescente.

Su sangre hierve con la invasión de sus dedos en su interior que se mueven dentro y fuera en un infernal movimiento que la aturde y enloquece. De nuevo se siente a punto de un delicioso orgasmo sus paredes intimas comienzan a contraerse.

Draco lo siente también y sabe que ha llegado el momento, se siente incapaz de seguir conteniendo el deseo de invadirla.

-Este es el momento, hermosa. –Le dice con voz ronca. Buscando sus ojos para encontrar una respuesta a una pregunta no formulada.

Siente la garganta seca, las palabras siempre presentes para ella han huido por tiempo indefinido. Pero lo mira con intensidad y se entrega a un nuevo beso suave y profundo.

Esa es la respuesta esperada. No rompe el beso, se acomoda en su entrada húmeda y caliente para abrazarse por fin a la completa entrega.

Draco es imponente, su duro y lustroso pene se hace paso entre los labios vaginales, deslizándose primero lento, traspasando la barrera del gimen antes intacto. Empuja entrando por completo, sintiendo la tención en el cuerpo de Hermione al recibirlo.

El dolor la abraza, desgarrador. Los labios delgados y suaves de Draco bebieron sus gritos, cerro los ojos apretándolos con fuerza para retener las lagrimas, enterró las uñas en su espalda mientras se sostenía con fuerza de su cuerpo varonil mientras se conectaba. Se siente gloriosamente llena, el ardor y dolor persistían al igual que el deseo.

-¡Merlín! –Exclama aturdido ante la deliciosa estreches de su intimidad amoldándose a su falo. –Se siente tan bien. –Dice sincero, tratando de ser dueño de si mismo lo suficiente para no venirse de manera prematura.

Era una tarea casi imposible no dejarse ir cuando se sentía tan jodidamente bien estar dentro de Hermione. Y eso que permanecía quieto dándole el tiempo suficiente para ajustarse a su eje.

La ve abrir sus parpados, sus ojos acuosos le dan la bienvenida bajo sus tupidas pestañas. A pesar de todo lo mira amorosa con una tímido sonrisa que muestra su tembloroso labio inferior en un tierno puchero.

La siente levantar sus caderas para acogerlo mas profundamente, dándole la pauta para que siga moviéndose y encumbre también su propio placer.

-Eres mía. –susurra contra sus labios comenzado a moverse.

Sale lentamente antes de hundirse de nuevo hasta el fondo, en un ritmo apaciguado pero contante.

"… no soy de nadie…" quiere decir pero su voz se a perdido, extraviado en el dolor placentero que comienza a tomar de nuevo forma en su bajo vientre.

Draco parece adivinar sus pensamientos. -¡Mía! –Repite con obstinación tomando su barbilla para que lo mire, moviéndose mas rápido cada vez, aumentando el ritmo de las embestidas. Esta tan cerca que siente como se estrecha a su falo aun mas, si eso es posible.

Hermione cierra los ojos arrobada, intoxicada por todo lo que siente. Superada en sus expectativas y sintiéndose por primera vez satisfecha en todos los sentidos.

-¡Eres mía Hermione! –Logra escuchar en la neblina del deseo con el ardiente y abrazador calor que esta apunto de calcinarla.

Es escuchar su nombre, sentir que algo se agita en el fondo de su pecho y aun en contra de sus resistencias tiene que admitir que de alguna manera tiene razón.

Su mano tomo su barbilla para que lo mirara cuando están encumbrando sus placeres, sin soltarla acaricia sus labios con el pulgar, ella lo toma entre sus labios para mimarlo, succionándolo y lamiéndolo. Es todo lo que basta para hacerlo llegar y que la lleve con el, en una ultima y profunda embestida.

-¡Tuya! –susurra al final de su orgasmo. Aunque lo a dicho entre gemidos de éxtasis, que no esta segura que la hubiera escuchado.

Malfoy sale lento, haciéndose a un lado para no aplastarla. A sido jodidamente bueno, tanto que no puede creerlo, mas aun por que tuvo el placer de escuchar que la testaruda leona se dijo suya.

No, no era un romántico. Detestaba los clichés baratos, el sexo era solo eso, ni más ni menos. Pero ahí, tendido aun lado de su esposa, de la mujer que acababa de entregarse por completo, comenzaba a dudar si hubiera algo distinto para el además del sexo, algo que pudiera calentar su frio corazón para sanarlo.

*o*O*o*

. . .

. .

.

. .

. . .

Hola a Todos,

Gracias por sus comentarios, a veces no puedo contestar uno por uno, pero todos son importantes para mi. Son el motor que me impulsa a seguir escribiendo y tratar de mejorar cada día. Sin ustedes no tendría caso seguir escribiendo.

DamaNegra90, Yalo Alex, Paloma Abril Malfoy-Granger, LluciaDeOro, Amara SLF, BeethDramione, .HR, , , lilithsr, MARUVTA, Baruka84, Camila Anahi842 y duvalintricolor, a todos ustedes mil gracias. Al igual a todos aquellos que me leen y me ponen en favoritos.

Lilithsr mi agradecimiento especial por recomendarme en facebook…

MARUVTA se de que novela me hablas yo amo "corazón salvaje" es por mucho mi favorita y no había notado que hubiera similitud pero puede ser posible ;) …

no te preocupes intento actualizar con frecuencia para que tu corazón no sufra demasiado por la espera.

Besos,

Helena Grand