Con la espalda apoyada en el cabeza de la cama la observa. Admira la sinuosidad de sus formas femeninas, su cuerpo esta cubierto a medias por una sabana blanca satinada, que poco cubre y deja mas bien nada a la imaginación.

Esta recostada de lado con su cabello extendido sobre la almohada como una colcha castaña de rizos ingobernables y rebeldes, que le invitan a tocarlos para sentir sus sedosas hebras entre sus dedos y poder percibir el dulce aroma que despiden.

Desde hace un rato juega a enredar y desenredar un mechón de sus cabellos en sus dedos de manera distraída, absorto en la bella imagen que tiene delante. Tiene los pechos desnudos e insinuantes, meciéndose al ritmo de su respiración. La blanca tela se enreda entre sus piernas, ocultando su pubis, no así sus caderas y parte de sus nalgas.

Las sabanas habían quedado manchadas por su virtud, fue lo suficientemente caballeroso para ocuparse de limpiarlas usando un simple hechizo, cuando Hermione se disculpo para ir al baño, antes de regresar al cobijo de su cama y que la dejara descansar para reponerse.

Desde entonces han pasado un par de horas, las velas se han consumido por completo. La habitación se encuentra parcialmente en penumbras, la tenue luz de la luna se filtra por la ventana entre las cortinas y cae de lleno sobre la cama, bañando su desnudez.

Hace poco han concluido sus placeres, fue su primera vez y a sido seguramente demasiado como para dejarla rendida, exhausta y seguramente adolorida.

Pero es inevitable sentir que el fuego comienza de nuevo a encenderse en la sangre que corre por sus venas y se agolpa de lleno en su pene, para ponerlo firme y dispuesto para hundirse de nueva cuenta en la estreches de su interior.

Aprieta su erección comenzando a bombear primero lento apretando desde la base de su falo hasta la punta, aflojando un poco, antes de comenzar de nuevo.

Los labios entre abiertos de Hermione, le trae la lujuria a sus pensamientos, imaginando lo que seria que su boca sustituyera el movimiento de su mano. Un calambrazo lo hace morderse los labios para acallar sus gemidos roncos de placer.

Podría despertarla pero no quiere comportarse como una bestia en celo que no puede contenerse. La desea de nuevo, mas no quiere lastimarla, no después de que se entregara tan voluntariamente, sin condiciones o reservas.

Se conforma entonces deleitándose con su desnudez, con la evocación de los eventos recientes. Reavivando el eco de su voz gimiendo en su oído, sus uñas enterrándose en su piel mientras entra por primera vez en ella.

Cierra los ojos para recordar con mayor nitidez su abandono al deseo, sus ojos color miel, nublados y acuoso, brillantes por las lagrimas, tan fieros y decididos al mismo tiempo. Su piel caliente y enrojecida, veteada aquí y alla donde a succionado con mas fuerza para marcarla, para hacerle saber que por mas que se resista ya es suya, aunque sea por tiempo definido.

Sus muslos cremoso, virginales y cálidos abiertos para recibirle, mostrándole sus labios vaginales y el botón rosado de placer infinito. Sentir como entra arrasando consigo las barreras fue glorioso. Estuvo a nada de venirse de solo entrar, estaba tan apretada y caliente, tan jodidamente estrecha que tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para mantenerse y no eyacular.

Mueve su mano de arriba a abajo por toda su longitud, cada vez mas rápido, cada vez apretando con mas fuerza, esta a punto de llegar. Aun con los ojos cerrado y mordiendo sus labios, evocando sus últimos recuerdos.

Tan sumergido en sus ensoñaciones, comenzando a arañar su climas se sobresalta al sentir el movimiento de la cama.

Abre los ojos para encontrarse de frente con la misma mirada que evocaba. Se alza sobre su cuerpo poniéndose a horcajadas. Sus senos se pegan a su piel, incitantes, con los pezones ya erguidos y dispuestos a pedir sus atenciones.

Su cabello desordenado enmarca su rostro, en una visión salvajemente leonina. Sus mejillas sonrojadas y esa manía suya de morderse el labio lo vuelven loco. Sus manos grandes descansan en las armoniosas caderas, procurando quedarse quietas, esperando cualquier movimiento, sintiendo como la erección rosa la humedad que nace entre sus piernas.

Hipnotizado por su mirada, la ve alzarse un poco para acomodar en su entrada el falo erecto. Se hunde lentamente, empalándose a si misma.

Gime suave, profundo, exhalando una bocanada de aire contra su cuello, mientras lo hunde hasta el fondo de su intimidad, cobijándolo de nuevo en sus entrañas.

Draco aprieta su mandíbula con fuerza, zambulléndose en las glorias cálidas de su mujer. Aguantando su estrechez y lo jodidamente sensual que luce su expresión de deleite, cuando lo siente tan profundamente.

Ella se abraza a sus hombros, inestable. Su inexperiencia pesa, pero no deja que la intimiden.

Despertó con los suaves ruidos de su pareja mientras se masturba. Sus ojos se abrieron sorprendidos, alejando la niebla del sueño, para mirar con una fascinación indescriptible la manera en que se toca.

Su cuerpo es toda una obra de arte, le recuerda el David de Miguel Ángel o de Bernini. Su cuerpo fibroso muestra la tensión de sus músculos ante el implacable movimiento de su mano. Tiene una piel blanca que evoca el mármol perfecto y sinuoso, sin ser demasiado musculoso cada parte de su anatomía muestra el arduo trabajo que esta detrás para que parezca cincelado a mano. El torso estructurado, su abdomen firme y cuadriculado, los muslos, los bíceps, la espalda, donde quiera que mires la visión encanta.

Pero justo en ese momento lo que mas llama su atención en la enormidad de su erección, la manera en la que se estimula, cerrando los ojos y mordiendo sus labios. Tiene de repente la imperiosa necesidad de ser ella quien lo toque, que sea sus manos y su cuerpo los que le causen el placer que muestra su rostro.

Se encuentra sumamente excitada, motivada también por los recientes eventos. Nunca antes se sintió tan empodera, tan libre de decir lo que quiere, de hablar de sus deseos mas profundos sin temer a ser juzgada. Draco no la hacia sentir torpe o fuera de lugar, la incitaba a soltarse, a ser ella, permitiéndole descubrir una parte de si misma de la que no tenia conocimiento.

Quiere tocarle, aprender bajo su guía. Desea complacerle porque sabe de algún modo que el a su manera también se esfuerza por hacerlo.

Mantiene a raya sus dudas y amordaza sus mojigaterías para sentirse sensual y decidida, para ser ella quien tome iniciativa. Lo sorprende gratamente, lo percibe por su manera de mirarla y dejarse hacer.

Sus manos fuertes sostienen sus caderas a la espera de su siguiente movimiento. El calor es tan intenso que siente que se quema. Su cuerpo se amotina, tomando vida propia y amordazando su mente lógica para que el instinto tome las riendas.

Deliciosamente llena después de hundirlo, comienza a moverse sobre el, su inexperiencia le puede, pero sus manos la estimulan guiando sus movimientos.

Lo escucha gruñir de manera varonil, afianzando su agarre, estrujando la piel bajo sus manos, le acaricia no solo la cadera, aprieta también sus nalgas para hacerla moverse contra su eje, en ese vaivén delirante que la tiene extasiada.

-Déjame sentirte. –Le pide levantándola y moviéndose sin salirse de su interior, la inclina para que apoye su espalda contra el colchón para acelerar las embestidas.

No podrá aguantar mas y necesita llevarla consigo a la cima. Hace que levante una de sus piernas acomodadora en su hombro para hondar aun mas. Bombea duro, con fuerza, entrando tan profundo, que solo se detiene cuando chocan sus genitales contra sus nalgas.

-¡Aaah! –Grita Hermione con fuerza con los espasmos en su interior otorgándole el placer de un orgasmo.

Es todo lo que Draco necesita escuchar y sentir para acompañarla. Eyacula con fuerza sacudido por los temblores del éxtasis. Cuando logra recuperarse un poco sale de su interior, le ayuda a acomodarse, cubriéndola poco después con la sabana.

Draco no dice nada, no puede hacerlo. Solo le besa suavemente los labios, arropándola para que el sueño se la lleve de vuelta.

Ella no necesita de palabras, así, en sus brazos, en el silencio de la habitación disfruta de sus cuidados, se siente querida y apreciada de una forma extraña, que le hace sentirse por fin tranquila después de la tormenta en la que se convirtió su vida.

Hermione cierra los ojos dejándose vencer por el sueño, sin perder la sonrisa en los labios que nace de esa sensación cálida de sentirse protegida.

. . .

. .

En algún momento de la madrugada tuvo que levantarse de nuevo para ir al baño, se envolvió en sabana para hacer el recorrido. Draco dormía plácidamente boca abajo completa y espléndidamente desnudo. No pudo evitar que le ardieran las mejillas, ni morderse el labio de manera nerviosa.

Solo el punzante malestar entre sus piernas le recordó que no era momento de desviarse del camino.

Entro al cuarto de baño donde se encontraba una pequeña maleta con sus efectos personales, saco su varita para insonorizar el lugar. Necesitaba urgentemente tomar una larga y relajante ducha.

Tomo su tiempo para mimarse bajo el chorro de agua caliente. Pronto la habitación se lleno de vaho nublando el enorme espejo sobre los lavamanos dobles de mármol. Con una toalla, limpio la superficie para poder mirarse.

Quizás solo eran tonterías, pero se sentía distinta, incluso podía percibir en sus ojos algo diferente que no podía explicar. Llevo la punta de sus dedos a sus labios todavía hinchados para acariciarlos, evocando sus besos y la tortura de los dientes blancos de Draco. Un cosquilleo recorrió su vientre, estrujándolo.

Sus pechos estaban sensibles, el solo toque de la toalla al secarlos, la hizo dar un respingo. Ahora entendía la sonrisa burlona de Parkinson cuando pidiendo en confidencia su consejo al confesarse virgen, esta le había regalado un par de frasquitos de ungüentos.

-Este póntelo después e intimar, te ayudara con el ardor y el malestar. –Dijo dándole un primer frasco con las indicaciones precisas para ponerse. –Este puedes ponerlo en el resto del cuerpo donde necesites que calme ciertas incomodidades. –Su sonrisa le causo escalofríos pero los recibió sin renegar o hacer mas preguntas.

Eso había sido todo lo que le había dicho. Pero estaba profundamente agradecida. Su primera incursión al baño le valió no solo para asearse después de entregar su virginidad, sino también ponerse el ungüento para ayudarle con el malestar general y otorgarle la oportunidad de disfrutar plenamente un segundo encuentro.

Tratando de alejar el recuerdo, se froto un poco de esa pomada de color verde en los pechos y el cuello. Suspiro con alivio cuando un agradable frescor se extendió por su piel. Después pensaría la manera de agradecer a Pansy.

Hermione pensó que no era muy apropiado volver envuelta en la sabana a la habitación, además era un desperdicio no usar la exquisita ropa que escogió Parkinson para ella.

. . .

Cuando la castaña despertó de nuevo, la luz del día entraba por la ventana y se encontraba completamente sola en la inmensidad de la cama. Quizás debería sentirse triste o vacía por la situación, pero no era asi.

Se alecciono bastante bien desde antes. No mantendría expectativas sobre nada, prefería mil veces sorprenderse que volver a decepcionarse por esperar demasiado.

Draco fue gentil, incluso amable, pero no la amaba. Por tanto, no esperaría que cumpliera con sus ensoñaciones románticas.

Una fuerte explosión en la planta de abajo la saco de sus pensamientos haciendo que saltara de un brinco de la cama. Tomando su varita, salió a toda prisa de la habitación para buscar el origen de aquel estruendo.

Su corazón latía con fuerza golpeando sus costillas, temiendo que algo malo le hubiera ocurrido a Malfoy. Bajo descalza las enormes escaleras. Una segunda explosión la hizo temblar. Los ruidos venían de lo que parecía ser uno de los salones del fondo.

Con la varita en alto, giro lentamente la perilla de la puerta de madera, preparada para atacar o defenderse. Cuando la nube de polvo se disipo lo suficiente, ya comenzaba a conjurar un hechizo, más en el último momento se detuvo al ver quienes estaban dentro.

-¿Qué demonios pasa aquí? –Pregunto con incredulidad.

Pansy bajo lentamente la varita ante la mirada fulminante de Hermione.

-¡Ellos tiene la culpa! –Se justifico haciendo un puchero.

La castaña giro el rostro buscando a quien se refería pero no vio a nadie. Le tomo un segundo mas darse cuenta que Nott y Malfoy estaban escondidos bajo una mesa, cubriéndose del ataque de la morena.

-¡Salgan de ahí! –Ordeno en un grito, comenzando a perder los nervios.

Los vio levantarse y sacudirse el polvo.

-¿Qué paso? –Volvió a preguntar. Aunque no estaba muy segura de querer saber.

-Esos dos me han dicho que no seré una buena madre.

-¿Que? –Pregunto atónita.

-¡Eso no es cierto! –Se defendió Nott. –Simplemente dijimos que quizás debas esperar.

-¡Porque seria una terrible madre! –Dijo la morena comenzando a hipar.

-Eso lo has dicho tu Pansy. –Esta vez era Draco quien le miraba con seriedad.

-¿Estas embarazada? –cuestiono con cautela acercándose para intentar reconfortarla.

-¡No!

-¿Piensas adoptar?

-¡No!

-Necesito que te calmes y me digas entonces porque estas pensando en la maternidad.

-¡Anda dile! –Dijo Theo señalándola de manera acusadora. –Dile que quieres que te hagamos un hijo.

-¿Hagamos? –Pregunto sin comprender nada.

-Draco y yo.

-¿Que?

-¿Es tan malo querer un bebe? –Sus ojos azules estaban aguados por las lágrimas.

Hermione se limito a abrazarla y guiarla hasta un sillón que parecía entero, pues en el lugar parecía que se había desarrollado una guerra campal.

-No es malo que quieras tener un bebe.

-¿¡Que!? -Exclamaron a la par los dos muchachos.

La castaña los hizo callar con una fría mirada.

-Lo malo seria que lo quieras por las razones incorrectas ¿Por qué quieres un bebe justo ahora?

-Quiero tener alguien a quien amar, no quiero estar sola.

-¡Comprendo!

-¿Por qué quieres que ellos sean los padres?

-Porque son las personas mas importantes para mi.

-Imagino que tener un bebe debe de ser la cosa mas maravillosa del mundo Pansy, pero no me gustaría que dieras ese paso importante porque te sientes sola. Eso seria bastante egoísta.

-Yo podría darle muchas cosas.

-No lo dudo, pero creo que un bebe debe de nacer del amor y no de la necesidad de compensar un vacio. Eres joven y guapa, deberías tomarte el tiempo de conocer a alguien con quien puedas construir tus sueños, alguien que de ese paso contigo por convicción, para que ese bebe que tanto deseas sea verdaderamente amado. No te precipites en tomar una decisión de la que puedas arrepentirte.

Con afecto limpio una de sus lágrimas con su mano.

-Mientras tanto los tienes a ellos y a mi. No estas sola.

Lo que sintió en ese momento Pansy nunca lo había experimentado. No estaba acostumbrada a que nadie le mostrara afecto de manera tan directa. Era una calidez inexplicable, una felicidad que la sacudió de pies a cabeza.

La morena solo pudo mover la cabeza de manera afirmativa, pues tenia miedo que si hablaba iba romper en llanto y ya se habia mostrado lo suficientemente débil por un día como para cometer la locura de ponerse a llorar como una niña.

-Eso mismo le dije y me mando a la mierda. –Dijo ofendido Nott.

-Tu me has dicho que si para cuando cumplamos cuarenta seguimos solos, me harás el grandísimo favor de hacerme un hijo.

-Es lo mismo que a dicho Granger, solo que con otras palabras.

-Mejor cállate Theo. –Advirtió Draco.

-Creo que lo mejor será ir a desayunar. –Atajo Hermione poniéndose de pie.

Hasta entonces Nott y Malfoy repararon en el atuendo de la castaña. No era lo que mostraba, sino lo que se insinuaba bajo la vaporosa tela de su camisón.

Pansy sonrió al ver sus caras.

-Creo que primero te cambias si no quieres causarles un ataque cardiaco.

El tiempo que le tomo a Hermione darse cuenta de que llevaba sobre el cuerpo el ligero camisón, fue el mismo que le tomo a Draco darle un codazo a su amigo para que dejara de mirar a su mujer de forma poco santa.

La castaña corrió de vuelta a la habitación para cambiarse. La cara le ardía de la vergüenza.

-Lo dicho, eres un jodido afortunado. –Le palmeo el hombro a Draco con demasiada fuerza.

-Y eso que no sabes que anoche le entrego su pureza a este impresentable que tenemos como amigo. –Dijo la morena malévola dejándolos solos.

Nott abrió la boca con sorpresa haciendo sonreír con arrogancia a Draco.

-¿Es cierto? –Se atrevió a preguntar.

-¿Tu que crees? –Replico con una sonrisa satisfecha.

-Te odio. –Bromeo antes de ponerse serio. –Espero que en verdad tomes en cuenta lo afortunado que eres y aproveches esta oportunidad.

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Hola de nuevo,

Como pueden darse cuenta este es un capitulo insustancial, sin nada demasiado relevante. Hecho en escasas horas solo por el gusto de escribirlo y complacerlas. Además que me han hecho muy feliz con todos sus comentarios. Así que ya saben que me gusta corresponder con sus atenciones siempre que el tiempo me lo permite.

Besos enormes.

Helena Grand

P.D. Pido disculpas por los horrores ortográficas de siempre, que pueden ser aun mayores tomando en cuenta que escribí el capitulo al vapor ;)

También me disculpo si el titulo del capitulo les a hecho pensar en otra cosa jajaja