No era un santo, estaba seguro que tenía mas defectos que virtudes, pero aun a pesar de ello quería encontrar la felicidad. Quizás suene estúpido, incluso cursi, para alguien como el, con un pasado tan oscuro como la peor de las cloacas, pero era cierto. Tan real y verdadero como el vacio con el que lleva lidiando toda su vida.
Le gustaba Hermione, fue sincero con Draco al admitirlo en voz alta, le agradaba su vivacidad, su fuerza, pero sobre todo esa luz que iluminaba a todo aquel que estuviera a su alrededor. El quería tener alguien que pudiera traer eso a su patética y opaca vida.
Trabajar con ella fue refrescante en muchos sentidos, le mostro lo fácil que era tratarla a pesar de sus reservas iníciales. Era alguien demasiado confiada para su propia seguridad, pero al mismo tiempo tan hábil y lucida en sus decisiones que nadie podría decir que era estúpida por confiar incluso en aquellos con un pasado tan sórdido como el suyo.
No la amaba y aunque lo hiciera nunca contemplaría hacer nada que dañara a su mejor amigo, antes se cortaría una pierna, un brazo o ambos, pero aun asi no podía evitar envidiar que tuviera una mujer como Granger a su lado.
De la misma manera en que fue sincero con Malfoy a contarle que en algún momento estuvo interesado en cortejar a Hermione, también lo fue al decirle que si era tan estúpido como para no aprovechar la oportunidad que el destino le estaba dando para retenerla, el lo aprovecharía al final de ese contrato que habían firmado.
Esperaba por el bien de Draco que lograra su cometido, lo deseaba con la misma intensidad que deseaba encontrar para el mismo una oportunidad como la que tenia en esos momentos.
A pesar de todo esperaba que su amigo dejara atrás sus complejos, junto con todas esas estupideces de su orgullo para que pudiera tomar lo que la vida le estaba ofreciendo en charola de plata.
Esa misma mañana pudo disfrutar la efervescente felicidad de la cotidianidad, de la deliciosa sensación de pertenecer a algo muy parecido a una "familia" Era nuevo encontrarse sentado en torno a una mesa con una charla fácil y amena, ahí no importaba el dinero, el apellido o el pasado, eran todos iguales, algo muy cercano a amigos y al mismo tiempo era algo cálido en muchos sentidos.
Hermione le ofreció un pedazo de su panque –el último- con una sonrisa, era quizás algo tan simple y ordinario que no pudiera representar nada, pero había sido una muestra de sinceridad ante su deseo de sentir que le importaba al menos un poco para no dejarle con un tonto antojo.
Era estúpido y lo sabia, quizás era algo tan normal y superfluo para Granger, pero para ellos, para las tres frías serpientes no era común, ni ordinario, sentir con tanta naturalidad las emociones de otro.
No es que fueran insensibles o no tuvieran sentimientos, pero estaban tan acostumbrados a limitarse, a mantener sus elaboradas mascaras ante todo el mundo, que cuando querían dejar salir sus emociones, les parecía tan antinatural que trataban siempre de evitarlo. Por esa razón la castaña parecía tener un extraño magnetismo que les atraía.
Incluso en Pansy tenia un efecto trasformador. Nott no recordaba la ultima vez que vio reír tanto a su amiga, como tampoco había conocido a nadie capaz de calmarla en sus ataques de rabia con solo palabras o que permitiera que alguien aparte de Draco y el la vieran llorar.
Hermione los hacia sentir bien consigo mismos de una manera que no alcanzaba a comprender. Tal vez se debía a que no se sentían juzgados o señalados como con el resto del mundo.
No, no podía evitar envidiar a Draco, era un jodido afortunado por tenerla.
Theo esperaba que en algún momento de su vida, alguien como ella llegara para darle la oportunidad de ser feliz. Mientras tanto buscaría como siempre intentar aferrarse a un momento, buscando un calor momentáneo en un cuerpo cualquiera, en un rostro y unos labios sin nombre.
Su congoja era mucha cuando abandono la mansión de su amigo e incapaz de regresar a la fría soledad de su propia casa, se fue a buscar a una de sus tantas amantes de ocasión. No fue difícil encontrar a quien estuviera dispuesta a darle cobijo entre sus piernas para dejar de pensar al menos un instante, hasta un orgasmo que le nublara un poco la necesidad de buscar algo mas verdadero.
Ella era hermosa, con su larga cabellera negra y rizada, alta y esbelta, con curvas insinuantes y un rostro de porcelana de finas y encantadoras facciones. Su nombre no importa, como tampoco interesa nada mas que un momento, no hay sentimientos de por medio mas que un deseo de consumirse en sus pasiones.
Cuanto quisiera sentir la misma calidez que experimento cuando le obsequio ese estúpido pedazo de panque, pero de eso nada, todo es mecánico, monótono a pesar de que esta intimando con una hermosa mujer.
La escucha susurrar su nombre cuando entre a fondo en sus entrañas, haciéndolo sonreír, por que es un nombre pero no un sentimiento. Se reprende mentalmente por su estupidez y embiste con mas fuerza, mas profundo, va tan hondo como puede hasta que sus genitales chocan contra sus nalgas.
No se detiene, entra y sale rítmicamente, cada vez mas rápido, cada vez mas duro. Grita llegando al orgasmo, el solo aprieta su mandíbula bombeando dos veces mas antes de alcanzar su propio placer.
Sale de ella, echándose a un lado. Su respiración es agitada como el latido de su corazón. Mira al techo, sintiéndose perdido entre un resiente placer y un vacio que parece que nunca va a poder llenar.
-¿No te apetece un panque de arándanos? –Pregunta y sonríe por la confusión en el rostro de su amante. –Son mis favoritos. –Agrega al final, omitiendo decir que es por Hermione que ahora le gustan.
*o*O*o*
Te busco en mis recuerdos, en las imágenes desteñidas por el tiempo,
Persigo tu voz en los ecos que resultan cada vez mas lejano.
Ya no estas, pero sigues en mi corazón como una vieja herida que se niega en sanar.
Los años se han llevado todo lo que me importaba,
Los sueños, la juventud y los amores.
Ahora estoy solo, siempre esperando por ti,
Deseando el sueño eterno para encontrarte en donde quiera que estes.
J.J.
. . .
. .
.
El mal presentimiento sigue clavado en su pecho llenándola de angustia, no puede apartar de su cabeza la idea de que todo es una maniobra de Ginny y no saber que es exactamente lo que planea la saca de quicio.
Se encuentra en el salón de la mansión de los Malfoy, esperando por Lucius. Cuando la puerta se abre para dejarle entrar su rostro le dice todo. Esta enojado, furioso es una palabra mas correcta, pero además aun cuando hace todo por ocultarlo puede percibir en sus ojos la angustia.
Salir de su zona de confort debe de estarlo matando. Si no fuera el, quizás le causaría pena pero no puede hace mas que reprimir una sonrisa y portarse todo lo profesional posible.
-¡Buen día, Señor Malfoy!
No contesta el saludo. La mira iracundo. –Lo estas disfrutando realmente. –Suelta con sus ojos fríos grises puesto en ella.
-¿Quiere la verdad? –Pregunta sin inmutarse, manteniéndose firme ante esa mirada que pretende ser amenazante.
-No la necesito, se muy bien que esto es lo que quieres.
-No se confunda Lucius, ni crea lo que no es. No me divierte su situación, sino sus resistencias. Teme enfrentarse a los muggles que tanto a despreciado toda su vida, creyendo que van a dañarle de algún modo. Le aseguro que eso no es el caso.
-No digas estupideces. –Sisea apoyando su peso en el basto.
Hermione lo observa, sabe que antes la empuñadura de ese mismo bastón escondía su varita y ahora estaba vacía. Ahora si se da el lujo de compadecerle. No quiere ni imaginar lo que sentiría si no pudiera volver a hacer magia.
-Esto puede ser tan fácil o tan difícil como usted quiera. Si se da la oportunidad de conocer realmente las cosas como son y deja a un lado las torcidas historias que alimentaron en su mente, sobre un tipo de personas que no son tan diferentes a usted solo porque no tienen magia.
Lucius tuvo que morderse la lengua para no soltar un insulto. Sabía que las amenazas de su nuera no eran en vano y no deseaba complicar más su ya precaria situación. La ultima vez fue lo suficientemente clara al explicarle sobre las consecuencias de su insubordinación.
Las expectativas que habia mantenido sobre que su nuera fuera quien manejara su caso se esfumaron en el aire, a penas se dio cuenta que para la leona no tenia ningún significado especial, el trato seria el mismo que le daría a cualquiera, incluso tenia la sospecha que con el seria aun mas dura para escarmentarlo por su pasado.
Aun con toda la furia y angustia que sentía en esos momentos, no podía perder de vista lo importante. Era medianamente libre y eso hacia que el sacrificio valiera la pena, además no perdía las esperanzas de que pronto cambiaria las cosas a su favor de algún modo. Esperaba que solo fuera cuestión de ganarse a Hermione lo suficiente para despertar en ella su lado mas noble y altruista, para poderla manipular.
-¿Por cual de las 3 opciones decidió comenzar? –Pregunto la castaña para no prolongar mas de lo necesario ese encuentro.
No le agradaba en lo mas mínimo la nueva forma en que Lucius la miraba.
-Lo dejo a su consideración.
Contesto mas dueño de si mismo, esperando que el infierno comenzara de una buena vez para no prolongar su suplicio.
-Como usted guste. –Le dijo con una diminuta sonrisa, que no fue bien recibida por el rubio.
. . .
Llegaron ahí por medio de aparición, pero Hermione había sido clara en decirle que debía aprender a llegar a ese lugar por su cuenta. Incluso sabiendo que no conocía de nada el mundo muggle se ofreció a ser su guía la primera semana.
Antes de salir de la mansión para dirigirse al punto donde les esperaba el traslador, la castaña había entregado al señor Malfoy ropa muggle para que no llamara la atención, aleccionándolo lo mejor que pudo debido al corto tiempo del que disponían para que nadie descubriera que era un mago.
Se aparecieron en un callejón algunas cuadras arriba de su destino. No tardaron en llegar hasta una enorme reja negra, rodeada por paredes de piedra. Hermione empujo un poco pues no estaba cerrada con llave.
Era tanto el nerviosismo que sentía, como lo que se esforzaba en ocultarlo, que no leyó el letrero de la entrada. No tenia la menor idea donde se encontraba o por cual de sus terribles tormentos empezaría.
Caminaron algunos metros por un camino de gravilla, hasta llegar a la entrada de una enorme y pintoresca casa, rodeada por amplios jardines llenos de flores multicolores.
La castaña toco una pequeña campañilla colgada a un lado de la puerta principal de madera. No tardaron es escuchar pasos acercándose.
Apenas la puerta se abrió dejo ver a una mujer ya entrada en años con una amable sonrisa que de alguna manera los hizo recordar a Molly Weasley. Tenia el cabello rojizo y lacio atado en la nuca con un pequeño moño, su rostro era redondo y estaba salpicado de pecas oscuras.
-Buen día, Susan. –Saludo cortésmente. –El Sr. es Lucius Malfoy. –Presento.
Susan extendió su mano para saludarle. Hermione tuvo que codear ligeramente al rubio para que no le dejara con la mano extendida.
-Es un placer conocerle y un gusto enorme que tenga la amabilidad de colaborar con nosotros.
-El placer es mío Madame. –Se obligo a contestar con cortesía.
-Pero pasen por favor no se queden en la puerta. –Le invito haciéndose a un lado para concederles la entrada.
Era una casa antigua, pero muy bien cuidada, los pisos de madera eran bastante bonitos y los adornos del lugar, aunque pocos eran sobrios y de buen gusto. Estaba bien iluminado por la luz natural que entraba por varias ventanas con marcos de maderas en color oscuro.
Los hicieron pasar a una pequeña oficina, donde se apilaban varias carpetas desbordadas con papeles.
-¿Podría decirme cual será mi trabajo? –La incomodidad estaba presente en la voz de Lucius, a pesar de que su apariencia no denotaba ninguna emoción.
El rubio tenia los nervios crispados, pero se obligaba a mantener la compostura y que su rostro no mostrara ni un ápice del pánico que comenzaba a sentir.
-Se nota que tiene muchas ganas por empezar. –Dijo con una sonrisa complacida Susan.
"No tiene idea" pensó para si misma Hermione con ironía, limitándose a sonreír para abstenerse de decir cualquier cosa que hiciera saltar a su suegro.
-No te preocupes Lucius. –Dijo tuteándolo –Tu tarea es sencilla, si me sigues te puedo explicar.
Conforme se adentraron a la casa pudieron ver a personas mas jóvenes vestidas con un uniforme azul claro, algunos en blanco ir y venir de un lado a otro, con sonrisas amables en el rostro y actitud profesional.
Fueron llevados a la parte trasera de la casa, donde estaba una enorme terraza llena de mesas de madera con sillas alrededor, un solar sobre ella protegía de los implacables rayos a todo aquel que estuviera bajo el.
Algunas sillas estaban ocupadas por ancianos que jugaban juegos de mesa y al fondo en una esquina apartada se encontraba un hombre que pudiera pasar por familiar o incluso el padre de Lucius Malfoy de no ser por que este habia muerto hacia mucho de manera prematura.
El anciano a pesar de la edad se mantenía erguido sentado en su silla, con la vista fija en algún punto de los amplios jardines traseros, tenia todo el cabello encanecido, pero minuciosamente peinado con laca dándole un brillo que le daba distinción, sus ojos eran grises y su piel llena de arrugas era blanca, tan pálida que incluso se notaban algunas venas azuladas bajo ella.
No se acercaron de inmediato.
-El hombre de allá es James Johnson. –Señalo Susan con disimulo. –Como podrán ver es sumamente solitario, no suele hablar mucho, se limita a pasar todo el día en su habitación a menos que le pidamos de manera explicita que salga al menos a tomar un poco de aire y sol.
-¿Cuál es el problema? –Pregunto Lucius sin comprender.
-Su aislamiento le esta haciendo daño. –Admitió con preocupación. –hace 6 meses murió su único amigo y eso parece que lo sumió mas en una depresión con la que venia luchando desde hace años.
-¿Qué esperan que haga? –Cuestiono el rubio cada vez mas confundido.
¿Que podía hacer el? No tenia su varita, ni se le permitía hacer pociones. Si pudiera con un simple hechizo de euforia o con una poción de filtro de paz podría hacerle sentir mejor. Pero no tenia ni lo uno, ni lo otro.
-Que intente acercarse a él, ser su amigo. –Esta vez fue Hermione quien intervino.
Lucius bufo con exasperación pero no dijo nada. ¿Cómo jodidos esperaban que se hicieran amigos? Eso eran solo patrañas baratas. El hombre parecía estar bien, mucho mas cuerdo que esas dos mujeres que pretendía contrariarlo al imponerle cosas que no desea hacer.
Derivado del pensamiento de que deseaban forzar al anciano a hacer algo que no desea, sintió un poco de empatía, lo suficiente como para esforzarse en idear una manera de beneficiarles a ambos.
Podía ser que no tuviera su varita, pero su astucia serpentina estaba mucha mas alerta de lo que jamás había estado.
-Vamos a presentarles.
Caminaron la poca distancia para llegar a su mesa, el anciano ni siquiera se inmuto al tenerlos a su lado. Les obsequio una mirada hastiada antes de volver a fijar su vista donde antes estaba, para ignorarlos por completo.
-Sr. Johnson quería presentarles a unos amigos. –Susan le hablo, intentando que le prestara atención.
-Pierde su tiempo mujer, no me interesa conocer a nadie. –Contesto parco, sin siquiera mirales a la cara.
Susan decidió ignorarlo y les pidió que se sentaran.
-Ella es Hermione, una buena amiga mía y el Sr. es Lucius Malfoy será uno de nuestros colaboradores por algún tiempo.
-¿Qué espera? ¡Que les aplauda!
El sarcasmo y su tono irónico hicieron sonreír a Lucius.
-Nos podrían permitir un momento a solas. –Dijo cortes en un tono conciliador que le causo desconfianza a Hermione.
No era para menos, las intenciones de Lucius aunque no eran claras para la castaña, lo conocía lo suficiente para saber que se intentaría valer de algún truco para reducir sus responsabilidades. Susan por el contrario lo tomo como iniciativa de su parte y le concedió el tiempo a solas que le pedía para que se comenzaran a conocer.
Apenas se fueron Lucius hablo con determinación. –Supongo que quiero estar aquí tanto como usted. –Esa confesión llamo la atención de Sr. Johnson, que por primera vez se detuvo a mirarlo con mas detenimiento.
Hermione los observaba a distancia, de algún modo había un aire familiar en el abuelo que le recordaba al mismo Sr. Malfoy. Pensaba que era que tenia un color de ojos similar, pero había algo mas que no lograba descifrar por completo.
-Lo cierto es que me obligan a cumplir con un trabajo social, al igual que a usted le exigen salir del agradable confort de su habitación.
Su sinceridad hizo sonreír al anciano.
-Por esa misma razón le propongo algo. –Dijo en tono conspiratoria, teniendo asi toda la atención del Sr. James. –Démosles lo que quieren. –Declaro con simpleza.
-¿A que se refiere?
-Hagámosles creer que se salen con la suya.
. . .
Dado que era la primera vez que el Sr. Malfoy cumplía con sus horas de servicio, Hermione estuvo presente. No les interrumpió, mantuvo su distancia disfrutando de una taza de te, aun cuando parecía que no era una plática común la que sostenían ese par de particulares hombres, sino les envolvía un ambiente con tintes conspiratorios.
No paso desapercibido que dos pares de ojos grises la buscaron a la distancia, antes de retomar su plática. La castaña reprimió un escalofrió y trato de alejar los malos pensamientos de su mente.
Cuando el tiempo concluyo, se acerco a la mesa que aun ocupaban.
-Es tiempo de irnos Sr. Malfoy. Fue un placer conocerle Sr. Johnson.
-El placer a sido tomo mío muchacha.
Aun cuando las palabras eran educadas, el tono en el que pronuncio "muchacha" le pareció una ofensa. Ahora tenia claro por que había algo tan peculiar en el anciano, sin duda tenia el mismo carácter odioso de Lucius.
A pesar de todo mantuvo la sonrisa y estrecho la mano que el anciano le ofreció, ignorando la molestia reflejada en su rostro. Los dos hombres se despidieron sin muchas ceremonias, estrecharon sus manos e hicieron un movimiento cortes con la cabeza como para reafirmar el saludo.
Cuando salieron del lugar. Hermione explico con detalle la manera correcta en que debía regresar al mundo mágico. Tomarían un taxi que lo llevaría hasta las afueras del Caldero Chorreante donde le estaría esperando un translador que a su vez le permitiría regresar a su mansión.
Hermione no lo creía capaz de soportar el transporte publico o incluso el autobús noctambulo para magos y brujas, era mejor simplificarlo lo suficiente como para que no sufriera una crisis nerviosa.
Arribaron a la Mansión de los Malfoy sin contratiempos, incluso se tomo un par de horas mas para explicarle con mas detalle la manera en que debía de comportarse entre los muggles para que estos no notaran su origen mágico. Prometió además dotarle de mas ropa muggle y de un ajedrez, pues según le había dicho el plan para los próximos días era disputar algunas partidas de dicho juego. Tuvo que aleccionarlo también sobre la diferencia monumental entre un tablero mágico de ajedrez y uno normal, para que no se sorprendiera si tenia que ser el mismo el que moviera las piezas.
Cuando su nuera se marcho, Lucius se permitió respirar con normalidad, no fue tan malo como había imaginado, de hecho podría decir que le simpatiza un poco el Sr. Johnson, aunque nunca lo admitiría en voz alta. Además, el trato que habían hecho le facilitaría aun mas las cosas, después de todo James –como pidió que lo llamara- estaba cansado de que le molestaran y no le dejaran estar tranquilo en su soledad, y si alguien lo podía entender era precisamente el.
Lejos estaba el Sr. Malfoy de imaginar lo mucho que cambiarían las cosas con el tiempo.
*o*O*o*
Ginny estaba radiante, su semblante alicaído tuvo una metamorfosis notable. No podía parar de sonreír, la vivacidad regreso a su mirada con una nueva esperanza de lograr cumplir sus sueños.
El cambio radical fue apreciado por su esposo, que no podía estar mas que feliz de que la sombra de tristeza que se había establecido en su carácter hubiera desaparecido por completo.
Quizás dadas las circunstancias que un bebe estuviera en camino debía ser preocupante. Su mala salud aunque estable de momento, dentro de su deterioro físico no era lo mejor, pero la idea de ser padre estaba haciendo que se aferrara con mas fuerzas a la vida, quería recuperarse, estar bien para vivir lo suficiente y ver crecer a su hijo.
Era un aliciente demasiado grande que estaba sacándolo del hoyo negro de la depresión. Incluso que Ginny estuviera tan recuperada de ánimo le ayudaba a sobrellevar de mejor modo su enfermedad.
Por eso mismo había mandado una carta a Hermione para que se presentara en su casa en compañía de Malfoy, tenia que hacerles una petición importante y confiaba que si aceptaba podría estar mucho mas tranquilo.
. . .
Ya anochecía cuando el matrimonio Malfoy arribo a la casa de Harry. De inmediato los hicieron pasar a la sala y les ofrecieron viandas en lo que avisaban al pelinegro que se encontraba reposando en una habitación que había sido acondicionada en la planta baja para que no hubiera la necesidad de subir escaleras.
Hermione no tardo en ponerse de pie cuando vio que su amigo caminaba a paso lento, para intentar ayudarle. Draco se tenso de inmediato pero no dijo nada. Después de ayudarle a sentarse en un cómodo sillón de una plaza a pocos metros de la chimenea regreso al lado del rubio, quien le tomo la mano de manera posesiva.
La castaña quiso rodar los ojos ante esa acción tan infantil, pero se contuvo, aun mas cuando en ese momento entraba también Ginny con una sonrisa maliciosa y camino hasta ponerse a un lado del sillón donde estaba Harry.
Después de los saludos protocolarios, las cortas conversaciones educadas y las mas sinceras disculpas por parte de Potter por llamarlos tan apresuradamente, entraron en el tema importante por el que habían sido llamados en primer instancia.
-De verdad lamento molestarlos justo ahora, que deberían estar disfrutando de su tiempo a solas.
-No te preocupes Harry, por motivos de trabajo no pudimos salir de luna de miel. –Dijo Hermione con las mejillas sonrojadas, haciendo sonreír internamente a Draco, pues sabia con certeza que estaba recordando su noche de bodas.
-Aunque eso no quiere decir que no disfrutáramos de nuestro tiempo juntos. –Soltó con sorna el rubio, haciéndola enrojecer más de vergüenza.
-Me alegro por ambos. –contesto tratando de ocultar la incomodad el pelinegro.
Ginny perdió la sonrisa por un momento, mirándolos con evidente molestia y los celos bullendo en su interior.
-Tenemos una maravillosa noticia que darles. –Corto el momento la pelirroja.
Harry tomo la mano de Ginny con cariño, depositando un tierno beso en el dorso de su mano.
-Queremos compartir con ustedes nuestra dicha y pedirles un gran favor. –Agrego Harry.
-¡Estoy embarazada! –Soltó con una enorme sonrisa que hizo palidecer de inmediato a los Malfoy. –Tengo 3 meses de embarazo, ni siquiera lo sabíamos, a sido una grata sorpresa.
El silencio se extendió por eternos minutos, solo Harry pareció no notar la densidad del ambiente pues estaba completamente centrado en besar nuevamente la mano de su mujer.
-¡Felicidades! –Se obligo a decir Hermione apretando con fuerza la mano de su esposo, quien a su vez hizo lo mismo.
Para Malfoy y Hermione fue más que evidente el peso que conllevaba esa declaración. Por el tiempo del embarazo existía la misma posibilidad de que fuera Draco o Harry el padre.
-Queremos pedirles que fueran los padrinos. –Harry se centro de nuevo en las visitas.
A pesar del semblante enfermo, la castaña no pudo evitar darse cuenta de la enorme felicidad que iluminaba los ojos verdes de su mejor amigo. Se forzó por sonreír aunque algo en su interior se rompió.
-Estoy seguro que preferirás que Weasley sea el padrino. –Se aventuro a decir el rubio.
-Ron es mi mejor amigo y será el tio de nuestro hijo, pero deseamos que sean ustedes, ambos, los padrinos. –Contesto Harry de inmediato.
A pesar de las muchas diferencias que tuvieron en el pasado, tenia mucho que agradecerle. Además Hermione no podía estar equivocada al elegir a Malfoy como esposo, a pesar de sus errores era un buen hombre como lo había dicho alguna vez Dumbledor. Seria un buen padrino para su hijo. Además que estaba profundamente agradecido por el tiempo que gracias a el estaba obteniendo.
Draco iba a protestar, pero Hermione lo silencio de inmediato presionando su mano, imaginando la tormenta que podría surgir a la menor provocación.
-Sera un placer Harry. –Procuro que la voz no le fallara al contestar.
-Gracias. –Dijo con una sonrisa. –Malfoy crees que puedas acompañarme al despacho por una botella para brindar.
-Si quieres puedo ir por ella. –Se ofreció la pelirroja.
-No es necesario Ginny. Me hace bien caminar un poco. Mientras tu y Hermione pueden platicar un poco, hace mucho que no salen juntas y se que tendrán mucho que contarse.
No les quedo mas remedio a los tres que seguir fingiendo para que Harry no notara la incomodidad que sentían de estar en esa situación.
Apenas se quedaron solas, Ginny comenzó a soltar su veneno.
-Te dije que no te casaras con Draco, ya ves, regresara a mi lado sin importar que estén casados. –Se burlo.
-¿Qué te hace pensar eso? –Pregunto con el mismo tono frio que empleo la pelirroja y se forzó a sonreír con indiferencia.
-¡Le daré un hijo! –Se llevo las manos al vientre con una expresión triunfal.
-¿Y quien asegura que es su hijo? –Rebatió con una sonrisa de suficiencia marca Malfoy.
-Yo se que es su hijo.
-Puede ser. –Admitió. –O puede ser de Harry y como van las cosas puede ser de cualquier otro.
-¡Como te atreves! –Rugió indignada.
-Solo digo la verdad. Si crees que ese bebe cambiara algo estas equivocada. Draco es mi esposo y Harry el tuyo. Tu lo quisiste de esa manera cuando perseguías la fama y la fortuna, ahora atente a las consecuencias.
-Estoy segura que Draco no pensara de esa manera. Yo tendré a su heredero. Además el no te ama y tu sigues enamorada de Harry, asi que puedes quedártelo, te lo regalo.
Ese fue un fuerte golpe para Hermione, su manera de expresarse de Harry solo le constataba el hecho de que nunca lo había amado como les había hecho creer a todos. Meneo la cabeza de manera negativa, con suma tristeza. Su amigo no merecería eso.
Un golpe de culpa la atravesó, comprobando la clase de arpía que era realmente Ginny. Habia pensado que a pesar de los errores que cometió al liarse con Draco estando comprometida con Harry, ella lo amaba y solo estaba encaprichada con Malfoy. Pero eso no era cierto, no solo se había burlado de el traicionándolo, no lo amaba.
-Me da mucha pena comprobar la clase de persona que eres. No te mereces a Harry.
-¿Y tu si? Solo eres una cobarde con ínfulas. Si tanto valor presumes debiste desde hace mucho contarle de tus patéticos sentimientos.
-Tienes razón. –Admitió. –Quizás si hubiera sido mas valiente le hubiera dicho la verdad a pesar del dolor que le causara para ahorrarle estar al lado de un escorpión venenoso como tu.
-No te permito…
-No necesito que me permitas nada. –dijo desafiante. –Puedes decir lo que se te venga en gana, eso no cambiara nada. No voy a dejar que le hagas daño a Harry, ni dejare a Draco y si el quiere un heredero, seré yo quien se lo de.
Se callaron en cuanto vieron a Draco entrar. El rubio sabiendo que debían estar discutiendo se adelanto para que Potter no presenciara lo que ocurría. Sinceramente le daba exactamente lo mismo, pero sabia lo que pensaba y sentía Hermione al respecto.
-Draco yo… -Intento Ginny acercarse.
Malfoy levanto la mano en advertencia y cruzo la estancia hasta ponerse al lado de Hermione para pasarle el brazo sobre los hombros. Hermione temblaba y sabia que estaba haciendo todo lo posible para contener sus rabiosas lagrimas.
Ignorando por completo a la pelirroja, se centro en reconfortar a su mujer. Le sirvió una copa del licor que habían ido a buscar. En ese momento entro Harry caminando lentamente, recibió una copa de Malfoy.
-Brindemos pues por los felices padres. –Levanto la copa Draco fingiendo como el buen actor que era.
Harry acababa de pedirle algo que lo tomo completamente por sorpresa, aun cuando no lo demostró. Pedirle que lo acompañara por una botella de vino fue solo un conveniente pretexto para poder hablar a sola. Aun tenía mucho que asimilar sobre el embarazo de Ginebvra y la solicitud que le acababa de hacer Potter.
. . .
Hermione se sentó en la orilla de la cama abatida. Hacia apenas una hora que habían llegado a su mansión y estaba emocionalmente agotada. La situación la estaba sobrepasando sobremanera y no sabia que hacer o como reaccionar ante la noticia del embarazo de Ginny.
Le costo horrores contenerse, mantenerse tranquila ante el cinismo del que hacia gala Ginny. Notablemente estaba complacida ante la posibilidad de que Draco fuera el padre, pensando que esa seria la forma de retenerlo a su lado.
Un hijo. Pensó para sus adentros y eso le causo un tremendo dolor. No tenia nada en contra de una criaturita inocente, pero sabia que de tener razón la pelirroja, si Draco resultaba ser el padre, todo se vendría abajo.
Sus esfuerzos por hacer feliz a Harry a costa de sus propios sentimientos, se irían al diablo. Junto con la armonía que había logrado mantener con Draco.
No aspiraba a formar una familia feliz, pero esperaba poder lograr sanar su corazón, al lado de un hombre que había sufrido tanto como ella en cuestiones amorosas. Ahora el futuro parecía demasiado incierto.
Draco salió del baño húmedo, con una toalla amarrada a las caderas. No le gustaba en nada ver a Hermione tan pensativa, a penas pronuncio palabra desde que dejaran la casa de los Potter. Por eso había decidido tomar una ducha para darle tiempo de calmarse, pero sabia que tenían mucho de que hablar.
-¿Estas bien? –Pregunto con cautela, sentándose a su lado, sin tomar la molestia de cambiarse antes.
No recibió respuesta, Hermione seguía con la mirada perdida, mordiendo nerviosamente su labio inferior.
-Deja de morder tu labio. –Le pidió, haciendo que lo liberara tirando con el pulgar, su labio para liberarlo.
Solo entonces Hermione giro su rostro para mirarlo. Parecía tan pérdida, extraviada en sus pensamientos y sentimientos que le urgió la necesidad de reconfortarla. Tiro de ella para hacerla sentar sobre sus piernas.
La castaña no puso resistencias, no había una acción romántica en ese movimiento, sin embargo, necesitaba tanto ese contacto, el calor reconfortante que le proporcionaron sus brazos que se dejo llevar un momento, arropada en una comodidad que resulto un bálsamo para sus angustias.
-¿Qué harás si ese bebe es tuyo?
La pregunta fue tan directa, que lo tomo desprevenido. Ni siquiera se había planteado hasta el momento que esa criatura pudiera ser realmente suya.
-No lo se. –Dijo sincero, abrazando con mas fuerza a la presa que tenia entre sus brazos.
Hubieron tantas mentiras en su relación con Ginny, tantos desencantos y traiciones que le parecía una idea absurda que entre tanta mierda que le hizo creer mientras estuvieron juntos, resultara cierta esa noticia.
-Harry sufriría mucho. –Apenas fue un susurro el que escapo de la boca de la castaña, pero fue lo suficientemente dañino para Draco que se tenso al instante.
Sus palabras no habían mas que restregarle en la cara que seguía amando a San Potter, que para su mujer el no existía. De nuevo estaba presente esa preocupación desmedida por buscar la felicidad de un desgraciado que ni siquiera se daba cuenta cuanto la amaba.
Hermione lo sintió tensarse e intento buscar su rostro para averiguar que había causado ese cambio tan evidente, pero Draco la atenazo con ahincó, sin lastimarla pero siendo firme la sostuvo contra su pecho.
La preocupación de Granger no era por el, era por otro.
-Creo que la pregunta debería ser ¿Qué harás tu, si resulta ser mío? –Sus palabras eran contenidas, para no dejar que le delatara, no deseaba mostrarse herido u ofendido. No deseaba humillarse aun mas pidiendo migajas de un amor que nunca seria suyo.
-¿Yo que puedo hacer en tal caso? –Pregunto sin emocione aparente.
En la mente de la castaña ya se formaba la imagen de un pequeño bebe rubio de ojos grises, una pulsada de ¿Dolor? Se hizo presente en su pecho.
-No has dicho que tu me darías a mi heredero. –Le dijo soltándola por fin.
Hermione era consiente que esas habían sido sus palabras mientras discutía con Ginny. No era difícil suponer que Draco la había escuchado antes de entrar a la sala.
-Estaba muy molesta, lo dije sin pensar. –Mientras hablaba se levanto nerviosa de sus piernas, tratando de poner distancia de por medio.
Draco no estaba dispuesta a ceder, se levanto también de la orilla de la cama y camino tras de ella.
-¿Qué es lo que te molesta tanto? –Pregunto tomándola de su mano para hacerla girar. –Que ese niño pueda ser hijo mio, un bastardo.
-¡No digas eso! –Reprendió con molestia. –Esa criatura no tiene la culpa de nada. No tengo nada en su contra.
-¿Entonces te molesta por el o por mi?
-Ginny espera que sea tuyo para que tengas todos los motivos para dejarme. No le importa el dolor que pueda causar a Harry, a ti, a mí o incluso a su propio hijo. Esta dispuesta a todo para tenerte de vuelta.
Hermione libero su mano tirando de ella con fuerza, se encerró en el baño para estar a solas y poder calmarse.
A pesar de todo Draco se sintió aliviado por su respuesta. Quizás lo que mas lamentaba Hermione de esa situación era que su mejor amigo, su verdadero amor, resultara herido. Pero dentro de todo, también parecía preocupada por el, por como reaccionaria o lo que haría si ese niño fuera en efecto suyo.
. . .
. .
.
