Draco entro a su oficina con Hermione en su pensamiento. Admitía sin vergüenza que estaba comenzando a visualizar una vida a su lado. Por el momento no podía decir que fuera por asuntos románticos o afectivos, sino prácticos y convenientes, que le daban una tranquilidad desconocida, pero agradable.
Su mujer a pesar de su carácter indómito y a veces insoportable, tenía una dulzura tal que hacia que los puntos amargos en su personalidad fueran pasados por alto o al menos los hacia medianamente tolerables.
Seguía sin entenderla en muchos aspectos. Le resultaba chocante su bondad extrema, la forma en que se desenvolvía sin rencores hacia aquellos que le causaron daño en el pasado –el encabezaba esa lista- pero sobre todo parecía tan transparente, que para alguien tan acostumbra a guardar las formas y nunca mostrar sus emociones, se volvía algo a si como un espécimen raro y en extinción.
Sus costumbres eran tan distintas, obviando por su puesto su origen muggle, le resultaba atrayente ir descubriendo facetas diferentes, detalles tan simples pero no menos importantes. Era mucho mas fuerte de lo que jamás hubiera supuesto y tan desesperadamente terca que ahora entendía a la perfección que alguien con tal perseverancia y testarudez se hubiera embarcado en un plan suicida para destronar al innombrable, logrando salir airosa y completa.
Potter fue un simple oportunista, que se colgó de los talentos de otros y de que la puta suerte estaba a su favor, de no ser por eso el final hubiera sido otro distinto.
Haciendo a un lado al héroe de pacotilla del mundo mágico, se centro de nuevo en su mujer y sus muchos y variados descubrimientos. Quería conocerla, hasta el momento no habían tenido oportunidad de hacerlo.
El pasado que los unió fue bastante turbio y el presente demasiado caótico que solo se dejaron llevar por el embudo que se formo a partir del engaño de Ginny. Quizás si la hubiera conocido realmente antes de encandilarse con la belleza salvaje de la pelirroja, bien pudo haberla amado realmente.
Regreso repentinamente a la realidad cuando escucho el timbre del intercominucador.
-¡Diga!
-Señor Malfoy, la Señorita Astoria Greengrass desea verle.
El rubio levanto la ceja con intriga, no imaginaba que pudiera motivar ese encuentro, mucho menos después de que el mismo cancelo el compromiso que había pactado su padre con la familia Greengrass.
-Voy a recibirla.
A Evin su secretaria le basto la afirmación para apresurarse a cumplir con la orden, no tarda en entrar a la oficina acompañada por la joven rubia, que agradeció amable su atención antes de que se marchara.
Draco se había levantado de su silla, rodeando el escritorio camino hasta estar a pocos pasos de distancia.
Astoria era una mujer extremadamente hermosa, todo en ella era armonía y belleza en la expresión mas pura, sin embargo, mas allá de su angelical apariencia y en contra de lo que se podría esperar de alguien de su clase, era una excelente persona.
Malfoy tenia que reconoce que si su padre no se hubiera empeñado tanto en decidir sobre su vida, no se hubiera resistido tanto al punto de rechazarla, por voluntad propia hubiera desposado a esa gracial mujer.
Poco la trato en el colegio a pesar de cursar el mismo grado que su hermana mayor Daphne, con quien compartía casa e incluso ocasionalmente su cama. Ambas eran tan distintas como el día y la noche, no solo físicamente, sino en su manera ser, razón por la cual posiblemente la menor de las Greengrass termino en la casa de Ravenclaw.
A pesar de las pocas veces que tuvo oportunidad de tratar con la joven, estas fueron suficientes para dejar a la vista su carácter bondadoso y la dulzura de sus modos. Era querida y respetada por convicción propia. Todo aquel que trataba con la rubia terminaba cautivado no solo por su belleza exterior, sino por ese halo angelical que siempre la rodeaba.
Sin duda tenia muchas cualidades, pertenecer a la casa de las águilas no era gratuito, su inteligencia siempre fue evidente, brillante y centrada, además de hermosa. Si fuera tan superficial como su hermana mayor nunca hubiera contemplado siquiera recibirla, pero dado su carácter y lo amable que siempre había sido con el, no podia negarse a tratarla con la misma cortesía.
Era un poco mas alta que Hermione, con una figura definida y armoniosa, su cabello rubio era brillante, lacio hasta la cintura prolijo y brillante como oro, sus tupidas y rizadas pestañas enmarcaban sus ojos de un azul intenso con vetas grises que le daban mucha expresividad a su mirada. Su rostro poseía rasgos delicados, una nariz pequeña y respingada, labios rellenos y barbilla afilada.
-Draco. –Dijo a manera de saludo tendiendo cortes su mano, sin poder evitar que sus mejillas adquirieran un bonito color rosado haciendo evidente su timidez.
-Astoria. –Contesto del mismo modo, tomando su mano para besarla en un gento mas propio de otros tiempos. –Me a sorprendido gratamente tu visita.
-Lamento llegar tan de repente a importunarte. –Se disculpo, dejándose guiar hasta una de las sillas frente al escritorio de Malfoy.
Después de asegurarse que se encontraba cómoda, volvió a su silla para ver de frente a su acompañante.
-No debes disculparte, siempre es agradable verte.
-Imagino que no pensaras lo mismo cuando sepas por que he venido. –Admitió avergonzada.
La miro con mayor atención, hasta ese momento noto una ligera palidez en su rostro, que acentuó mas el rubor en sus mejillas cuando comenzó a hablar llena de vergüenza.
-¿Qué ocurre?
-Mis padres…
-¿Tus padres que? -Cuestiono tratando de animarla para que continuara hablando.
La rubia se vio en la necesidad de juntar sus manos y colocarlas sobre su regazo para evitar que temblaran. Claramente avergonzada bajo la mirada como si tratara de protegerse de Draco.
-Vengo a advertirte, pero es algo tan vergonzoso que no se por donde empezar.
Malfoy le dio tiempo para que continuara hablando, algo en su actitud comenzaba a encender sus alarmas, las noticias que iba a darle seguramente no serian nada buenas.
-Mis padres consideran que tu matrimonio con Granger no representa un obstáculo para impedir que en un futuro no tan lejano se lleven a cabo los planes que tenían previstos con tus padres para unir a nuestras familias en un enlace que fuera provechoso para todos.
Astoria parecía al borde de las lagrimas, sus ojos azules se veían mas claros y acuoso.
-Incluso están convencidos que todo se trata de una estrategia que despeje cualquier duda posible de tu inocencia y las implicaciones de tu familia en la guerra, que con el tiempo resultara mucho mas beneficioso incluso para nuestra familia.
-Comprendo. –Dijo con simpleza apretando con demasiada fuerza sus puños.
Malfoy estaba realmente molesto de que de nuevo terceras personas se sintieran con derecho para decidir sobre su vida, como si su opinión no contara para nada.
-¿Qué esperan?
–Esperan que tu matrimonio con Granger dure como máximo 3 años, el tiempo suficiente para complacer a las masas y al ministerio, cumplida esa fecha esperan te divorcies para formalizar un compromiso.
-¿Por qué creen que aceptaría tal acuerdo?
-Esperan que me haga tu amante, que logre enamorarte lo suficiente para hacer que la dejes. –Contesto temblando con las mejillas teñidas de un color intenso, sin levantar la vista.
-¿Mis padres están al tanto de esto? –Pregunto obligándose a contener su rabia.
-Realmente no lo se, no puedo estar segura. Lo único que puedo afirmar es que al menos mi padre esta convencido de que contara con el apoyo de Lucius.
-¿Y tu que piensas de todo esto?
Por primera vez desde que comenzara con su relato levanto el rostro para mirarle a los ojos.
-Siempre me has parecido un buen hombre, incluso cuando se hablo de formalizar un compromiso estaba segura de que podríamos llegar a ser felices a pesar de lo poco que nos conocemos. Pero muchas cosas cambiaron desde entonces y no toleraría la idea de sepárate de alguien a quien amas, mucho menos por fines tan poco nobles. Aunque siendo sincera si las circunstancias fueran otras me hubiera gustado formar una familia contigo.
Sí, Astoria era una gran mujer.
-Gracias. –Draco la miro profundamente agradecido.
-Lamento mucho la situación pero por mas que he intentado persuadirlos, no he logrado nada, se empeñan en que busque la manera de hacerme tu amante, aunque me he negado. Temo que se valgan de otro tipo de medios para intentar salirse con la suya. –La rubia estaba mortificada.
-No te preocupes Tory, me encargare de que nada ocurra.
-Te agradecería que no comentaras lo que acabas de escuchar con Narcisa y Lucius, mis padres no se tomarían bien si se enteran que los delate.
-Pierde cuidado.
La joven se despidió de Draco y estaba a punto de irse cuando se topo de frente con un alto castaño que ya entraba por la puerta.
-Hola Astoria. –Le saludo con amabilidad y una radiante sonrisa.
-Theodore. –Saludo con una genuina sonrisa, impactada por el atractivo joven que la miraba de manera intensa. –Nos vemos luego. –Aviso de nuevo consiente del lugar donde estaba y lo poco conveniente que seria que la vieran.
Draco y Theo la vieron caminar hacia el asesor y hasta que las puertas se cerraron ambos entraron de nuevo a la oficina.
-¿Qué hacia la pequeña Greengrass aquí? -Curioso pregunto, levantando la ceja.
No es que le molestara la presencia de Astoria, pero sospechaba que no era un buen augurio cuando a penas los lazos entre su amigo y Hermione se estaban afianzando.
-No es lo que crees. –Advirtió al ver el entrecejo fruncido de su amigo. –Es demasiado buena para venir con segundas intenciones.
-Lo se. Pero eso no asegura que si Hermione la ve rondando por aquí no le haga suponer lo contrario. Además sin duda por tu cara puedo adivinar que no vino por nada bueno.
-Los Greengrass consideran que mi boda fue una estrategia para limpiar mi apellido, esperan que dure por mucho 3 años para congraciarme con el ministerio y la sociedad mágica. Tratan de obligar a Astoria a que se haga mi amante para que pasado ese tiempo y después de un divorcio conveniente podamos casarnos.
-Debes admitir que Andrew y Celina son bastante perceptivos, sus especulaciones concuerdan bastante con tus planes, por no decir que calzan a la perfección.
Sentado frente a Draco intentaba leer su rostro. Parecía molesto por la propuesta pero al mismo tiempo pensativo y eso no le terminaba de agradar.
-¿Qué te molesta? Que adivinaran tus planes o que te ofrezcan a su hija como premio de consolación.
-No digas estupideces.
-No son estupideces Draco. Incluso me parece un trato conveniente. Tendrías el paquete completo ¿No es eso lo que querías? Utilizar el prestigio de Hermione para limpiar tu apellido, para después dejarla y rehacer tu vida libre del asedio del ministerio y el yugo de tus padrea. Ahora agregarías a ese beneficioso plan una nueva esposa, que no solo es bonita e inteligente, sino que además es sangre pura, la mujer ideal para que tengas tu ansiada descendencia.
Nott no había perdido la sonrisa divertida que solía adornar sus labios, pero sus ojos mostraban su contrariedad ante la situación.
-Ya no tendrás que esforzarte en hacerte del afecto de Granger, ni en convencerla de que sea la madre de tu heredero. Tu vida se simplificaría bastante, te limitarías a coger con ella hasta el término del plazo y después desecharla con la misma facilidad con la que obligaste a que entrara a tu vida.
-¡Cuida tus palabras! –Siseo amenazante.
-¿Porque? Solo digo la verdad. Deberías estar contento ya tienes toda tu vida planeada, tienes de momento una hermosa impura que te abrirá las piernas para apagar tus instintos y al termino del contrato tendrás en charola de plata tu prestigio intacto y una bruja de casta para que sigas con esa larga lista de generaciones de sangre pura.
-¡Basta! –Grito molesto levantándose abruptamente de la silla y golpeando con fuerza el escritorio con sus puños.
Nott no se inmuto por la actitud amenazante de Draco, como tampoco doblego su mirada ante la suya. Lo observo en silencio aun con su sonrisa lobuna tirando de las comisuras de sus labios y con sus ojos azules ardiendo en cólera.
-¿Sabes que es lo mas curioso de todo? Que por mucho que te hagas el ofendido, estas pensando en las conveniencias de que entre Astoria en tu vida. Sinceramente me parece bien, así no tendré ningún reparo en tomar lo que tú no valoras. Quiero a Hermione en mi vida, fui claro al respecto y esto solo hace que mis oportunidades mejoren.
Sin agregar nada mas se levanto, sacando de su portafolio una gruesa carpeta llena de documentos.
-Supongo que como ya no te importa complacer a Hermione, salvar a Potter ya no entra mucho en tus perfectos planes. Lamentablemente el contrato ya esta formalizado, sellado por el ministerio y firmado.
Dejo la carpeta sobre el escritorio antes de marcharse.
*o*O*o*
Lucius no tardo en poner sus planes en marcha. Convencer a Hermione de que permitiera que el hiciera una buena donación al centro de retiro, para comprarle a Johnson todo lo necesario para habilitarle un pequeño taller, que le mantuviera activo y entretenido fue pan comido. Incluso se mostro sumamente complacida por la idea y no tardo en facilitar todos los tramites, así como hacerse cargo de conseguir todo lo necesario, que el anciano había puesto en una lista.
El dinero nunca seria problema para un Malfoy, como tampoco era fingir a la perfección para esconder sus verdaderas intenciones. Incluso sin prestarle demasiada atención había afianzado una verdadera amistad sin proponérselo. Posiblemente Malfoy no lo notara, pero tenían un carácter bastante parecido y congeniaban bastante bien.
Una habitación en desuso dentro del geriátrico fue acondicionada para dicho fin. La directora del centro parecía también entusiasmada con el proyecto, en mucho por que se había prometido subastar las piezas que se crearan para crear nuevos talleres que pudieran ayudar a los ancianos.
El seños Malfoy sabia que tenia que tomarse el tiempo necesario para ganar terreno con el Sr. Johnson, al igual que con su nuera para propiciar un acercamiento necesario, antes de entregar el dije para ser modificado.
Sus pasos eran cautelosos pero firmes. No veía el momento de conseguir que el rubí cayera en manos de Hermione para garantizar la llegada del primer Malfoy mestizo. El carácter de la joven seguía sin agradarle mucho, pero sin duda tenia que reconocer que era precisamente la forma de ser de la castaña lo que le garantizaba bastantes mas oportunidades.
Aunque su orgullo le impidiera mostrar gratitud, era consiente de que ella era responsable de su libertad actual y de la normalidad que iba ganando terreno a pesar de nunca mas pudiera ejercer la magia.
No era fácil acostumbrarse a valerse de sus propias manos cuando antes le hubiera bastado mover su varita para lograr casi cualquier cosa, pero tenia que valorar que dentro de toda la mierda en la que se convirtió su vida, pudo haber terminado mucho pero como el desgraciado de Rodolphus del que no conocía su suerte, pero si lo que le llegaría a pasar cuando lo encontraran.
Fue un movimiento desesperado para escapar atacar a Potter, pero eso no quitaba que la maldición que le lanzo volvía a hacer evidente lo mucho que disfrutaba de torturar a sus victimas. Rodolphus y Bellatrix eran tal para cual, unos sádicos sin remedio que gozaban en extremo tortura más que matar.
Conocía bastante bien el repertorio de maldiciones de ambos, no por nada detestaba que su Lord los mandara en las mismas misiones, sabiendo de antemano que los enfrentamientos estarían aderezados con los gritos desgarradores de sus victimas.
Recordarlo le provocaba escalofrió. Precisamente por conocer a la perfección sus manías, aun cuando no supiera exactamente el estado de Potter podía asegura con completa certeza que si aun seguía con vida era solo para garantizar su sufrimiento.
Las maldiciones que empleaba Rodolphus eran mortales pero no de manera inmediata, por el contrario solían alargar por mucho tiempo las vida de sus victimas, lo que no era nada bueno considerando que el dolor aumentaba cada vez mas, hasta llegar al punto de que sus victimas suplicaban morir.
Que a esas alturas Potter siguiera con vida significaba que había reservado para el muchacho la peor de sus maldiciones.
*o*O*o*
-¿Estas bien? –Pregunto con cierta preocupación, atrayendo su atención.
-Sí. –Contesto de manera parca.
-¿Estas seguro? Pareces distraído, como si algo te preocupara.
-No es nada. –Aseguro incomodo.
-Puedes confiar en mi, si algo te ocurre yo…
-¡He dicho que no tengo nada! –Elevo la voz sobresaltándola. –¡Deja de molestar!
Sin decir nada mas salió de la habitación conyugal dando un furioso portazo, dejando a Hermione con una nueva sensación que no supo identificar.
Tardo varios minutos sin ser capaz de moverse, limitándose a mirar la puerta cerrada por la que Draco había salido. No entendía su actitud, mucho menos sabia por que se sentía extrañamente dolida.
Estaba acostumbrada desde hacia mucho tiempo atrás a sus desplantes, a las palabras hirientes que soltaba a diestra y siniestra cuando deseaba herirla, incluso sus groserías y su sarcasmo ya no le afectaban, por eso no entendía por que esta vez era diferente, porque en su pecho sintió un pinchazo doloroso.
Ni siquiera podía decir que le había gritado, elevo la voz, pero no al punto de considerarla un grito. Quizás todo se debía a que la tomo desprevenida, después de todo ya se había acostumbrado al trato cordial que habían mantenido desde el destino los uniera de nuevo.
Sin querer pensar mas se recostó en la cama, sintiendo la extraña congoja que le oprimía el corazón. Las sabanas estaban frías y por primera vez desde que se casara se sintió verdaderamente sola y desprotegida.
Una lagrima resbalo por su mejilla, apretó los ojos para no dejar que las lagrimas fluyeran. Se sintió estúpida repentinamente por ser tan infantil como para que le afectara una tontería. Reprendiéndose mentalmente limpio su mejilla dispuesta a dormir.
. . .
Por la mañana cuando Hermione se despertó, Draco estaba dormido a su lado, tomándola por la cintura de manera posesiva. Con cuidado se soltó de su agarre procurando no despertarlo y se metió al cuarto de baño para tomar una ducha.
Cuando salió ya completamente vestida y lista para salir a trabajar, lo encontró despierto, sentado en la orilla de la cama.
-Sobre ayer, yo… -Intento decir pero se detuvo.
La castaña había levantado la mano para detenerlo.
-No hace falta que me digas nada. –Sonrió con tristeza. –No soy nadie para meterme en tus asuntos, ya me ha quedado bastante claro. Si me disculpas tengo que irme tengo que hacer varios pendientes antes de ir al ministerio.
Draco no supo que decir en ese momento, solo la dejo marcharse. Impotente por su propio silencio se levanto furioso para estampar su puño cerrado contra la pared, haciéndose daño.
