Estaba en terrenos peligrosos, eso como poco. No tardo en rememorar ese pasado turbulento que les unió en el colegio. La postura rígida, el ceño fruncido, una calma en apariencia pero la tormenta en sus ojos, sus manos cerradas en puño y un ligero temblor en el labio inferior. Aguardaba por una excusa para dejar fluir la ira en su contra y aunque debería ser precavido, tomar las señales de alarma muy en serio, el solo podía pensar en lo jodidamente sexi y ardiente que se veía su mujer.
Llevaba el cabello suelto, generalmente lo usaba atado en un moño desordenado, pero justo hoy opto por liberar su melena. Sus rizos ingobernables eran una marea marrón que enmarcaba suavemente su rostro enrojecido por la rabia, sus labios fruncidos en una línea recta siguen siendo tentadores a pesar de la mueca de disgusto que no hacen mas que evidenciar el temperamento intempestivo que posee.
Por su parte, también se encuentra cabreado, con los celos bullendo en su interior y un malestar que no sabe identificar. No tolera las indirectas tan directas de Nott, como tampoco la manera tan suya de joderle el día.
Verlos ser toda sonrisas y camarería lo enerva, no esta dispuesto a compartir esa parte que debería ser suya. Hermione es suya, desde la punta de los pies hasta esa melena leonina que le da un aspecto más feroz.
Se soltó de un tiro, mirándole retadoramente, con la barbilla recta. No le teme, nunca lo ha hecho. Tomando su varita insonorizo la oficina, sin apartar los ojos de los suyos. Tienen una batalla de miradas, que ninguno de los dos esta dispuesto a perder.
La noche anterior se sintió sola, decepcionada y triste. Era la primera vez desde su matrimonio con Draco que se encontraba de esa manera y el sabor amargo, asi como el dolor que le dejo la dureza de sus palabras le dieron un buen baño de realidad.
No sabe nada sobre la vida de su marido, como tampoco el conoce nada de la suya, pero después de lo que hablaran ese mismo día mas temprano, esperaba comenzar a conocerlo, ir descubriendo poco a poco todos los matices de su persona. Armar ese rompecabezas para compaginar lo poco que tenían en común en el pasado con el presente que los había unido.
Antes no había esperado que Malfoy tuviera un corazón que se pudiera romper, para ella siempre fue el insoportable hurón que le amargo la existencia en sus años de colegio, el mismo chiquillo engreído y prepotente que se vanagloriaba de su estatus de sangre, del apellido real, de la fortuna y la mandita herencia de elitistas egocéntricos igual a el.
Malfoy era un hombre distinto al que conoció aquella madrugada en Nueva York. Esa versión de Draco era altivo, orgulloso, firme pero no frio, dispuesto a ceder para complacer al amor de su vida. El mismo que dejo a un lado la careta con la que siempre se protegía y con la que se empeñaba mostrar al mundo que todo le era indiferente, mostro una humanidad que le toco el corazón.
Lo vio herido en su amor propio, pero sobre todo devastada por mucho que se había empeñado en ocultar de nuevo sus emocione, fue capaz de ver el dolor tras la rabia y la decepción fruir en reclamos coléricos.
Malfoy y Draco eran dos versiones de la misma persona, el ying y el yang siempre juntos pero sin mezclarse.
La noche anterior tuvo frente a ella una versión ligera del Malfoy de sus recuerdo, no fueron las palabras dichas, sino el desde con el que la miro.
"¡Deja de molestar!" tres simples palabra que penetraron muy dentro de sus sentidos haciéndola consiente de una realidad dolorosa. Eran esposo por un contrato, un vinculo mágico podía haberlos unido, pero lo cierto es que no eran nada fuera de un acuerdo conveniente que tenia fecha de expiración.
Por un momento olvido que su unión no era real. Ser consiente de pronto le cayo como un balde de agua helada. Se sintió extrañamente sola cuando se percato que el hombre con el que compartía su lecho es casi un extraño, que no estaba dispuesto a darle cabida en su vida.
Que linda había sido la simple invitación de conocerse mas afondo, pero las palabras habían quedado ahí, perdidas en una promesa que no se cumpliría. Unas pocas horas después todo el panorama cambio.
-Soy tu esposa por ahora. –Aclara haciendo que frunciera el ceño.
-Pues no te comportas como tal. –Siseo ganándose una sonrisa sarcástica de parte de Hermione. –No puedes ir por ahí a desayunar o salir con otros, mucho menos sin avisarme antes.
-No soy tu esclava o una extensión de ti mismo que puedas manipular a tu antojo.
-No espero que lo seas, pero debes portarte a la altura y no dar cabida a estúpidos rumores.
-Si lo que estas insinuando es que crees que seria capaz de traicionarte con cualquiera o aun peor con tu mejor amigo no me conoces en absoluto. Podre tener cientos de defectos, pero me gusta honrar mi palabra. Así que cuida muy bien tus palabras porque no voy a permitir que me ofendas cuestionando mi integridad.
Draco bufo en respuesta, girándose para poner espacio de por medio, de repente se sintió asfixiado por la situación. Tiro de sus cabellos peinándolos de manera compulsiva hacia atrás antes de volverse para ver de nuevo a la leona que aun seguía en guardia.
-No quiero a todo mundo especulando sobre nuestra relación o insinuando que tienes algo que ver con otros hombres.
-¿Desde cuando te importa lo que los demás piensen? Creí que siempre estuviste por encima de eso. –Se burlo.
Verdaderamente molesto se acerco a Hermione. Sus rostros estaban tan juntos que podían sentir la respiración agitada del otro.
-Cuida lo que dice.
-No, cuida tu lo que dices. Mantente al margen de mi vida, como yo me mantendré de la tuya.
-Si es por lo de ayer, creo que esto ya es demasiado. –Se resistía a disculparse por su arrebato.
Una sonrisa triste se tatuó en sus labios.
-Solo voy a complacerte Draco, dejare de molestarte, has sido lo suficiente claro al respecto. Ahora por favor vete que tengo demasiado trabajo. –Se aparto, pasando por un lado del rubio para ir hacia la silla tras su escritorio.
La tomo por el codo para hacerla girar y que chocara contra su pecho.
-No voy a irme hasta no aclarar lo de ayer.
-No hay absolutamente nada que aclarar. –Contesto orgullosa, ocultando lo mejor que podía su voz herida.
Tenia la disculpa atorada en la garganta, rasgando su laringe. Ya se habia disculpado en alguna ocasión por haberla herido en el pasado, pero ahora simplemente no encontraba las palabras para hacerle saber que se arrepentía por su arranque. Hablar no era lo suyo, nunca la había sido y la confusión sumada a esas nacientes emociones que estaban despertando en el, no le ayudaban en mucho.
Estaba perdido en su mirada, en la calidez que desprendía su esbelto cuerpo. Podía sentirla temblar a pesar de mantenerse firme y eso le gustaba, mas allá de lo que nunca podría admitir en voz alta.
Sin palabras, se limito a demostrar lo que no podía verbalizar.
Sintió a su presa, la tenia contra su cuerpo, subió lentamente una de sus manos en una caricia lenta, delineando sus costados hasta posarla en su rostro. La otra la mantuvo abierta contra su espalda para que no se moviera.
Sus ojos grises tenían las pupilas dilatadas. Los celos seguían ahí pero también el deseo y la necesidad de tirar de nuevo las barreras que su mujer estaba alzando para mantener su distancia.
Presa en sus brazos, quiso mantenerse indiferente a sus caricias, al contacto de su cuerpo. No quería escuchar el latido de su propio corazón siendo influenciado por la simpleza de un contacto que no debía significar nada.
Por la mañana se había prometido no mantener falsas expectativas que a la larga lastimaran de nuevo un corazón que seguía herido, sin embargo, sus labios borraron de un plumazo sus pensamientos coherentes. De nuevo todo era un sentimiento que la inundaba, que la hacia sucumbir a pesar de sus dudas e inseguridad.
La besaba intensamente, sin dejar de acariciar su mejilla, afianzándola con firmeza para que no pudiera soltarse por los casi inexistente forcejeos. Para su placer pronto noto como dejo de luchar para entregarse a sus labios. Solo entonces y después de que se hiciera necesario tomar de nuevo aire, termino el beso, mas no se alejo.
Con los labios sobre los suyo susurro. –Ayer tuve un día jodido y no me iré de acá hasta recompensarte por mi estupidez.
No era una disculpa propiamente dicha, sin embargo, era mucho mas de lo que pudiera esperar Hermione viniendo de Draco.
La castaña seguía cabreada por su actitud posesiva, pero después del enfrentamiento emocional que tuvo desde la noche anterior necesitaba un poco de paz. Se dejo llevar por un nuevo beso, mas intenso, caliente y húmedo.
Eso fue toda la motivación que necesitaba Malfoy para terminar de estirar el límite de sus propias reservas.
En otro momento, Hermione estaría verdaderamente cabreada de que alguien se atreviera a tirar todas las cosas de su escritorio, pero justo en ese instante no parecía relevante que las pilas de expedientes terminaran desperdigados por el piso junto con sus efectos personales, para ser apoyada contra la superficie mientras su marido levanta su falda hasta las caderas y rompe de un tirón sus bonitas bragas.
-Bonita oficina. –Le dijo con una sonrisa ladeada con la mirada acerada recreándose con la vista, antes de hundirse en su interior soltando un ronco gemido de placer que fue secundado por un largo suspiro de la castaña.
-Gracias. –Susurro en su oído, enredado más las piernas en sus caderas para acogerlo mas profundamente.
Quizás era el lugar y que podían ser descubiertos en cualquier momento fue lo que subió su adrenalina hasta el tope. Estaban envueltos en el fuego que recorría su piel y hacia hervir su sangre.
Otro tiron hizo que salieron volando los botones de su blusa. Mordisqueo sus pechos sobre la delgada tela del sostén que hacia juego con las bragas que destrozo. Empujo con fuerza penetrándola en un ritmo constante, cadencioso y caliente.
Estaba tan cerca, podía sentirla apretada, como sus paredes intimas comenzaban a contraerse, acelero su entrada con su propio deseo erizándoles los bellos de la piel.
-¡Draco! –Grito su nombre. Daba gracias al cielo que hubieran insonorizado el lugar, de otra manera no tendría cara de salir.
Escuchar su nombre fue todo lo que necesito para alcanzarla en un orgasmo que lo sacudió. Fue rápido, pero no menos placentero. Ambos necesitaban ese acercamiento, la calma que precede a la tormenta. Esa dulce reconciliación a una primera pelea conyugal.
Sin que Hermione lo notara, tomo las bragas rotas y las guardo en su bolsillo. Con un simple hechizo acomodo de nuevo las cosas en el escritorio, incluso los frascos de tinta que habían roto en el proceso, como también los desperfectos en la blusa de su mujer.
Reacomodaron sus ropas, sin decir palabra, pero mirándose intensamente y con una sonrisa satisfecha en los labios.
-Te dejo trabajar. -Acaricio su mejilla, para después depositar un suave beso en los labios. -¿Sabes? En mi oficina hay un cómodo sillón de piel, donde te veras preciosa completamente desnuda.
Hermione se sonrojo.
-¿Te gustaría conocerla mañana?
-Hare todo lo posible, por ahora estoy bastante atrasada con el trabajo. –Dijo con fingido enfado, pero una dulce sonrisa.
-No escuche ninguna queja hace unos minutos.
-¡Basta! Vete ya, antes de que me busques problemas. –Se quejo, tratando de ocultar su turbación, aun no se podía acostumbrar a su manera descarada de ser.
Cuando Draco salió de la oficina esperaba encontrarse con Theo, tenia que cruzar un par de palabras con su amigo para sacarse la espina que llevaba clavada desde el día anterior. Pero no había nadie, además de los compañeros de área de su mujer en un par de cubículos en el fondo del lugar.
Mas tarde se encargaría de buscarlo.
Nott llevaba razón al decir que Astoria era una mujer mas a su medida que Hermione. Todo en ella estaba hecho para hacerla la mujer ideal para alguien de su estirpe y condición. Tenía el porte, belleza, elegancia, la cuna y sangre tan pura como la suya. Con alguien como ella todo estaría claro desde el principio, si el amor llegaba seria bienvenido, sino, seria una de las tantas relaciones que se sostendría para guardar las apariencias y nada más.
Si el caso fuera otro, sin en su vida no hubiera entrado Ginny Weasley, con un poco mas de insistencia por parte de su padre, posiblemente hubiera aceptado un compromiso con los Greengrass, sin embargo, eso ya no era relevante, los "hubieras" ya no tenían cabida en su vida, su realidad era otra distinta.
Por mucho que le doliera su orgullo y el amor propio el punto era que la pelirroja se había burlado de el, como si fuera un niño y en consecuencia había entrado Hermione a su vida para ayudarle de manera involuntaria a cobrar venganza y sacar una ventaja en el proceso que le facilitara limpiar su sucio apellido de ex mortigado.
Los hechos eran esos, pensar en otras probabilidades no tenia sentido. Si bien, por un breve instante sopeso la conveniencia de un contrato matrimonial entre Astoria y el, si las cosas no llegaban a nada con Hermione, no estaba dispuesto a darse por vencido.
Estaba hastiado de seguir siempre las mismas directrices, de caminar por las sendas marcadas para alguien de su estirpe, ¿Cuántas malas decisiones había tomado hasta el momento? Solo por que eso era lo que se esperaba que hiciera.
Nació en una cuna de oro, llevando un apellido que pesaba demasiado y hasta ahora de adulto cuando a dejado atrás toda la mierda que envolvió su vida es capaz de ver que todo lo que había hecho hasta el momento era por las causas erróneas, siempre por intereses de terceros y no por los propios.
La primera decisión que había tomado por si mismo, fue tomar sus maletas y marcharse a otro continente para empezar de cero. Busco un lugar donde nadie le conociera, donde su apellido no significara nada, se mezclo entre los muggles y aprendió de ellos. Creo su propia empresa con fondos que no provenían de sus padres y logro formar un emporio que le traía grandes rendimientos. La fortuna de su familia no volvió a tocarla, aunque manejara todos los negocios aun a la distancia, para mantener complacida a su madre.
Por primera vez se daba por satisfecho, sabia lo que era partirse el alma para ganarse cada galeón. Tenía el ingenio, pero sobre todo la motivación. Quería probarse a si mismo que por primera vez no tenia necesidad de su apellido. Quizás con ese exceso de confianza fue pillado con la guardia suficientemente baja como para que la pelirroja Weasley se le colara hasta el tuétano.
Tenerla a pesar de su pasado fue un aliciente, la reafirmación de lograr conquistar el afecto de una mujer por sus propios medios, con el ingrediente extra que representaba que dicha persona estuviera al tanto de su turbio pasado y que a pesar de este, estuviera dispuesta a amarle por sobre los errores y la historia oscura que le seguía.
Fue un doble golpe enterarse del engaño. Humillado y dolido, perdiendo el terreno ganado en confianza. Lo que trajo de nuevo la rabia contra su maldito apellido, contra quien fue y quien trataba de ser, por permitirse la debilidad de un sentimiento que solo propicio que se burlaran de el.
Orillado por la situación, pero aun dueño de si mismo a pesar de todo, tomo su segunda decisión, vengarse.
Fue ese deseo irrefrenable de ajustar cuentas lo que lo hizo regresar al lugar donde se había prometido nunca volver. Presentándose en San Mungo con el único propósito de descubrir ante los ojos de San Potter y todo la maldita prole Weasley, la gran zorra que era realmente Ginebvra.
Quería ver el rostro del elegido descomponerse por la traición, que supiera que compartió su mujer con su peor enemigo. Deseaba que tuviera las mismas imágenes mentales de la mujer que amaba en brazos de otro, para que padeciera el mismo infierno por el que pasaba.
Contrario a todo, su paso se vio detenido por una mujer determinada a no dejarle pasar para cumplir su cometido. En apariencia era frágil, pequeña y parecía devastada, no por eso se dejo abatir. Se aferro a el en un abrazo tembloroso, húmedo y salado por sus lagrimas, sin importar que fuera el enemigo.
Suplico como jamás lo había hecho en sus años de escuela, a pesar de sus constantes ataques verbales. Pidió con todos sus fuerzas piedad, no para ella, sino para el hombre que pensaba destruir y del cual estaba enamorada.
Vio por primera vez su vulnerabilidad pero también la firmeza y convicción en esa entrega total para salvar lo insalvable y concederle paz a su mejor amigo, a su amor.
La suerte estaba echada. Si tan solo no hubiera detectado los furiosos celos en los ojos de Ginny descomponerle el semblante y tensarle el cuerpo. Si tan solo la calidez de Granger no le hubiera hecho tambalear su determinación, haciendo que la envidia de poseer un afecto como el suyo, que le hiciera estar dispuesta para hacer cualquier cosa por amor. Si tan solo su orgullo no estuviera tan herido como rabioso, no hubiera pronunciado las palabras que pronuncio en ese momento y que habían marcado un antes y un después que le dio un nuevo giro de 180 grados a su vida.
-¿Qué estas dispuesta a darme por mi silencio? –Pregunto a una Granger temblorosa que sujetaba entre sus brazos, al tiempo que su mente maestra entretejía nuevos planes.
Planes que subsanaran su orgullo, que le diera el placer de una venganza contra Ginny y arrebatar quizás el mas puro afecto a un estúpido hombre que no sabia de su existencia. Seria la cereza en el paste desposar a una heroína de guerra que pudiera limpiar su nombre y con ello dejar por fin de ser un paria de la sociedad mágica.
-Lo que me pidas. –No había duda en su respuesta.
-¿Estas segura Granger? –Volvió a cuestionarla con el afán de probar sus límites.
-Te daré lo que quieras. –Contesto de nuevo con tal intensidad como si estuviera haciendo un juramente inquebrantable.
-Te quiero a ti. –Soltó esas cuatro palabras sellando su destino.
De ese día había pasado poco mas de tres meses, desde entonces habían construido una relación que si bien no había comenzado de manera convencional, con el paso de los días estaba acercándolos mas.
Los celos y las dudas seguían acechándolos a ambos, por un lado Draco siendo tan posesivo como era no podía soportar tener que enfrentarse a la sombra de Potter, su frágil salud no hacia mas que mantener a su mujer siempre al tanto y preocupada de cualquier cambio en su estado. Por otro lado las inseguridades de Hermione se hacían presentes siempre que Ginny estaba presente, mas ahora que su embarazo ponía de manifiesto el posible lazo que podría unir a su marido con la mujer de su antiguo amor.
Para ambos, Draco y Hermione dar pasos para acercarse era un proceso lento, pero que hasta el momento les habia hecho darse cuenta que por encima de sus diferencias, se reconocían como iguales, que sin duda si las circunstancias que los unieron fueran distintas hubiera sido fácil cultivar sentimientos reales que les hicieran vislumbrar un camino juntos para consolidarse como pareja y posiblemente formar la familia que en el fondo ambos anhelaban.
Recordar aquel día le trajo a Draco la reafirmación de que quería luchar por conquistar a Hermione y no conformarse con un conveniente trato con los Greengrass. Lo que de verdad vale la pena cuesta el doble de esfuerzo y al final brinda mayores satisfacciones.
Con las bragas rotas de Hermione en el bolsillo y con su esencia de mujer aun en su cuerpo se propuso con más firmeza dar con una cura definitiva para Potter y asi quitar ese peso de su relación actual.
En cuanto llego a su oficina, se encerró a piedra y lodo en su laboratorio para seguir haciendo pruebas, sumergiéndose a su vez en el diario de su padrino para encontrar una respuesta a las posibles maldiciones que Lestrager usara en contra de Potter.
*o*O*o*
No se limito al pedir un postre para degustar con su té de cardamomo, ¡Por supuesto que eso simplemente no era posible! –pensó con sarcasmo-, en cambio pidió 3 porciones de diferentes variedades de pastel, 2 grandes trozos de tarta helada de frambuesa y delicia de chocolate y un helado de tres sabores distintos.
El simplemente se llevaba su taza de café a los labios cada cierto tiempo, viendo con incredulidad, como parecía debatirse con que empezar.
-¿Te vas a comer todo eso?
-Claro que no. Lo vamos a compartir. –Aclaro mostrándole dos pequeñas cucharas en lugar de una.
Apenas estaba buscando las palabras justas para rechazar la oferta de manera educada, cuando entreabrió un poco los labios y Luna le metió la cuchara en la boca con un poco de pastel de arándanos.
El buen Theo no pudo protestar cada que intentaba decir algo un nuevo postre entraba a su boca.
-Deja de hacer eso. –Le dijo por fin sosteniendo su mano por la muñeca.
-¿Porque? Se nota que te gustan las cosas dulces, por que no compartir un poco. –contesto mirándole fijamente.
Si, definitivamente tenía una mente tan retorcida que aquella inocente declaración parecía tener un doble sentido que le hicieron sonrojar como un colegial virgen. Carraspeo incomodo cuando ya venia otra cuchara hacia su boca, esta vez con un poco de tarta de frambuesa.
-Puedo hacerlo solo. –Aclaro, su voz le pareció extraña.
Tratando de no ser brusco le quito la cuchara para comer la porción que le había ofrecido.
-No me molesta darte. –Le dice con simpleza tomando la otra cuchara y tomando un poco de helado blanco de coco para ella, paladeando el sabor.
¡Joder! –Pensó, imaginando que era otra cosa, la suave mancha de color blanco entre sus labios.
-Creo que ya es hora de irnos. –Aviso apresurándose a pagar la cuenta.
Esa lunática rubiecilla lograba ponerlo de los nervios. Ahora además había hecho que pensara en cosas no santas ante sus inocentes comentarios. Tenía la mente trabajando en perversiones que hacían que se apretara su pantalón.
. . .
Theo se paso por la oficina de Draco, ese mismo día por la tarde. Había solicitado su presencia. Se daba una muy buena idea de sus intenciones, por eso iba preparado para una nueva discusión.
Lo que no esperaba era verlo tan pacifico, sentado en su silla con la mirada fija en el. El silencio podría cortarse con un cuchillo aun asi no abrió la boca, no seria el primero en poner las cartas sobre la mesa. Esta vez tendría que ser Malfoy quien diera el primer paso.
El castaño no se había sentado, se mantenía de pie apoyando ambas manos en el respaldo de la silla frente a Draco. No se movió cuando lo vio levantarse y rodear el escritorio para enfrentarlo. Lo que no vio venir fue que le lanzara un buen golpe en la mandíbula con el puño cerrado que le causo un punzante dolor.
Malfoy no era del tipo de hombres que usara sus puños para defenderse, eso siempre le pareció de mal gusto y poca clase, especialmente para alguien de su cuna. Por eso comprendía que su amigo por fin había madurado, al menos lo suficiente para dejar atrás sus manías anti muggles.
Lejos de enfadarse, le sonrió con sorna, moviendo su mandíbula de derecha a izquierda como queriendo acomodarla después del golpe.
-Nunca volverás a expresarte de esa manera de Hermione ¿He sido lo suficientemente claro? –Advirtió con sus ojos grises aun ardiendo de rabia.
Como respuesta Nott levanto las manos en señal de rendición. No pensaba realmente todo lo que dijo de Hermione, el mismo se cortaría la lengua si algún verdadero insulto saliera de su boca contra la castaña.
-Pensé que estabas interesado en Astoria. –Fue su respuesta.
-Pensaste mal. –Dijo aun con enfado.
-¡Vaya amigo! Déjame felicitarte. Parece que no eres tan estúpido como pretendes.
-¡Nott! Controla tu lengua.
Theo rio de buen humor.
Ellos eran Slytherin, no hablarían de sentimientos y no hacia falta. Ese golpe era el ajuste de cuentas necesarias para resarcir el honor dañado. Draco comprende el actuar de su amigo, pero no toleraría que pasara de los límites y por su lado Nott acababa de confirmar que el rubio iba por todo con Hermione y eso internamente le satisfacía.
El Cataño suponía por los acontecimientos de la mañana que su plan habia salido de maravilla, cuando regreso al ministerio acompañado por la extravagante Lovegood se encontraron con una Hermione que era toda sonrisas, era una muy distinta a la triste y distraída joven con la que había tomado el desayuno. Era más que evidente que se habían reconciliado. De nuevo estaba ahí el dulce amargor de querer algo así para el mismo.
-¿Tienes algo mas que decirme? –La pregunta era mero trámite.
Sabia por la manera nerviosa en que se peinaba el pelo hacia atrás que habia algo que le molestaba.
-Hay una entrada en el libro que me preocupa.
Nott sabia bien a que libro se refería, el era el único que sabia la existencia de la obra de Snape.
-¿Qué exactamente?
Draco se limito a sacar de uno de los cajones de su escritorio, utilizado su varita para deshacer algunos hechizos de seguridad, el diario de vida de su padrino.
Abriendo el libro, busco una pagina en concreto y girando el libro le permitió que el mismo lo leyera.
Con curiosidad Theo se inclino para leer la entrada.
"…La hierba mala crece por todos lado y se junta con los de su misma especie, casi como por casualidad o la misma selección natural que hace que las aves de rapiña nunca vayan solas. Cuanto aborrezco a los hermanos L, ambos desquiciados, su sadismo retorcido y el gusto por infringir dolor mas allá de los limites. Uno de ellos ha contraído nupcias con una mujer con sus mismas inclinaciones. Merlín libre a cualquiera de caer en sus garras, sus últimas victimas enloquecieron de dolor suplicando la muerte... "
-Los hermanos Lestranger y tu tía Bellatrix. –Afirmo el castaño.
Quizás no se mencionaban los nombres pero los detalles eran claros, incluso por historias que el mismo Lucius le contara sobre su cuñada y el esposo de esta, sabia que habían sido precisamente ese trió –Bellatrix, Rodolphus y Rabastan Lestranger- mas Barty Crouch hijo quienes torturaran al matrimonio Longbotton hasta llevarlos a la demencia.
-No se como no me había acordado de esas entradas del libro. Hasta hoy que intentaba hacer unos registros.
El castaño no quiso hacer preguntas. Lo que quisiera decir su amigo le estaba costando trabajo de asimilar por algún motivo. La tención era evidente.
-Snape menciona en varias entradas que tanto detestaba a los Lestranger que era mi padre a quien mandaban en las mismas misiones, con el pretexto de no exponer la fachada que mantenía de doble agente.
-¿Cual es el punto?
-Rodolphus era un hombre de costumbres, sus ataques siempre eran iguales, las mismas maldiciones imperdonables, las torturas, la manera de trabajar con sus victimas. Hay una buena posibilidad de que mi padre conozca la maldición que pudo emplear contra Potter.
-¿Esa es una buena noticia? Aunque debe de haber una buena razón por la que te comportas como si fuera algo malo.
-Mi padre no es del tipo de personas que haga favores, mucho menos para ayudar a Potter.
-Sera un gran problema. –Admitió Theo. –¿Te preocupa lo que pedirá a cambio?
-Es muy posible que quiera hacer algún acuerdo para aceptar un contrato con los Greenglass.
-Hermione puede persuadirlo.
-¿Crees que no lo he pensado? –Pregunto molesto. –Para eso tendría que decirle que estoy ayudando a San Potter y eso es lo ultimo que quiero.
-¿Qué tendría de malo? Después de todo lo estas haciendo por ella.
-No quiero que lo sepa y punto.
-Sera como tu quieras, pero entonces tendrás que encontrar alguna manera de convencer a Lucius. Así evitarías el riesgo de matar a Potter en el proceso y que de todos modos tu leona se entere de que hiciste cosas a sus espaldas.
-A veces sigo preguntándome por que eres mi amigo. –Le dijo lanzándole un tintero a la cabeza que Nott esquivo con facilidad.
-Se que me amas. Además yo podría decir lo mismo.
*o*O*o*
Desde que se volvió a topar con Draco Malfoy, su vida era como una montaña rusa, llena de subidas y bajadas emocionales constantes que la dejaban extenuada. Estar a su lado no era sencillo, haciendo a un lado el pasado que los unió y los motivos por los que termino aceptando un contrato nupcial, a su lado todo era intenso.
No se arrepentía en lo mas mínimo de entregarse a el, todos sus encuentros le hacían descubrir nuevas sensaciones, explorando una sensualidad y sexualidad que nunca creyó que pudiera poseer.
En su oficina no podía dejar de pensar en el encuentro que acababa de tener con su marido. Sonrió de manera boba acariciando sus labios. Suspiro largamente intentando concentrarse, sin embargo, a pesar de sus esfuerzos no podía alejar a Draco de sus pensamientos.
La noche anterior se durmió con una sensación de desazón y de tristeza que hicieron tambalear su corazón. Por la mañana al despertar con Malfoy a su lado como si nada hubiera ocurrido, la deja todavía mas confundida y extrañamente dolida por su actitud.
Era consiente que no debía sentirse de esa manera después de todo, su matrimonio no era del todo convencional, no podía comportarse como una esposa comedida y preocupada por su marido, y Draco no tenia obligación de contestar sus preguntas.
Se alecciono para comenzar a separa sus emociones de lo que debería ser solo un negocio. Eso le enloquecía, pero no encontraba otra manera de proteger a su corazón de nuevos golpes. No quería terminar decepcionada por esperar mas de algo que tenia fecha de expiración. En algún momento el divorcian seria inminente y con ello, debía aprender a estar bien en soledad.
A pesar de su determinación, ahora estaba de nuevo poniendo demasiado corazón a algo que no debería tenerlo. Debía recordar que ella solo representaba un trato conveniente, que sin importar lo mucho que había cambiado Draco y todo lo bien que la hacia sentir, su relación no seria duradera.
El día anterior de compras fue una locura. Draco no mintió al mencionar que Blaise era la contraparte masculina de Pansy, juntos lograrían que la moda se suicidara o como poco que entrara en coma.
Recordarlo le ponía la piel de gallina.
Fueron tienda tras tienda, se probaron cientos y cientos de conjuntos, parecía que en cada negocio armaban su propia pasarela, haciendo que las dependientas casi enloquecieran antes sus exigencias. No era que no supieran que querían, era que sabían exactamente que buscaban y nada parecía complacerles.
Sinceramente ella no veía gran diferencia en las prendas, no tenia el ojo clínico de Pansy para notar la calidad de las telas y los tejidos, ni el exquisito gusto de Blaise para combinar la gama de colores. Tampoco sabía distinguir entre el amarillo limón y el amarillo veraniego, para ella ambos eran amarillos. Sin duda debió mantener la boca cerrada pues eso les dio entrada a ese par de maniacos de la moda para arrastrarla también a los probadores haciéndola sentir una muñeca que tenia que meterse en cuanto modelito escogieran para ella.
En algún punto ya no sentía el cuerpo como suyo, la hacían salir de los probadores usando ropa que rayaba en el escándalo. Lo mismo podía ser satín, encaje, cuero negro, telas translucidas que mostraban mas de lo que cubrían. Montada en plataformas, botas de tubo alto en piel, zapatillas con tacones de aguja tan altos que caminaba como el venadito bambi recién nacido, con las rodillas apretadas una contra otra para intentar guardar el equilibrio, tastabillando y con las piernas temblorosas.
¡Por Merlin! Si no era el infierno, estaba muy cerca de serlo.
Vestidos; de noche, para coctel, casuales, largos, cortos, con ruedo, cola, volantes, sin mangas, con escotes rectos, en corazón o cuadrados, drapeados, fruncidos, liso, irisados, con aplicaciones de piedras, lentejuelas o botones. Pantalones; con corte rectos, entubados, acampanados, largos, cortos, lisos, con desgastes, decolorados, en mezclilla, organza o gabardina. Todo, todo era una locura.
-Con ese vestido, estos zapatos. –Decía Pansy dándole un par de zapatillas con cordones que se enredaban hasta las pantorrillas.
-Esta bolsa, los lentes y estos accesorios. –Blaise le colgó el bolso en la mano, haciéndola girar para ayudarle ponerse un collar.
Se habia resistido cuanto pudo. En verdad que lo habia intentado pero Pansy y Blaise juntos eran como una fuerza natural incontrolable. Apenas aplacaba un poco la euforia de la morena, era Zabini quien la arrastraba tras probadores con la amenaza de que si no lo hacia de manera voluntaria el mismo la desvestiría para ponerle después los bellos conjuntos que eligieron para ella.
Era imposible contenerlos, incluso en contra de sus principios había querido sacar su varita para hechizarlos, pero estaban en el mundo Muggles en uno de los centros comerciales de mayor prestigio. Simplemente no podía ponerlos en evidencia, además aun cuando sufriera en silencio no podia evitar sentir también un poco de alegría por ese par de locos que estaban pletóricos de felicidad, como niños en juguetería. Además de que los vendedores a pesar de las exigencias y que estuvieran sudando de manera literal ante sus demandas se estaban ganando comisiones estratosféricas, que a pensar del cansancio y desgaste inevitable que provocaban esos compradores compulsivos, no perdían sus sonrisas satisfechas.
En un momento dado fue imposible cargar con las decenas de bolsas y cajas de sus compras, a empujones lograron meter todo en un baño desocupado y en cuanto verificaron que nadie les miraba, Hermione tuvo que hacer uso de su varita para mandar los paquetes a su mansión.
Compraron de todo; ropa, zapatos y accesorios, pero también algunos artilugios muggles como los llamo Pansy, televisores de plasma, aparatos de música, etc. que entregarían a domicilio.
Cuando terminaron los tres se dejaron caer en los comodos asientos en una cafetería.
-Ustedes son demasiado. –Admitió la castaña suspirando exhausta.
-Gracias. –Contestaron al unisón sus amigos, haciéndola reir, mas aun por que ella no lo habia dicho como un alago.
Incluso al Señor Malfoy le surtieron todo un guardaropa muggle para que siguiera siendo el mismo hombre distinguido que era, pero esta ocasión acorde al mundo con el que comenzaba a interactuar.
Blaise observo un rato en silencio la plática alegre que sostenían Pansy y Hermione. El al igual que Nott y Malfoy, descubría maravillado la facilidad con la que conquisto el aparentemente siempre frio y duro corazón de la morena.
-Gracias. –Soltó de repente el muchacho, llevando su vaso de jugo a los labios.
Ambas chicas le miraron, como para asegurar que había dicho algo.
-¿Gracias por que? –Fue la morena la que pregunto con curiosidad.
-Hacia mucho tiempo que no me sentía tan bien.
Hermione sonrió y tomo su mano para reconfortarlo. Podía notar la melancolía en sus palabras a pesar de los esfuerzos que hacia por no mostrar debilidad. Pansy tomo la mano libre de su amigo igual que la castaña.
-A partir de ahora todo estará bien. –Prometió Granger esa tarde.
Los dos Slyterin sonrieron ante sus palabras.
Con ese ultimo recuerdo Hermione intento de nuevo ponerse a trabajar, mucho tiempo había perdido como para seguir por el mismo camino.
*o*O*o*
Apenas Ron abrió los ojos, deseo con todas sus fuerzas no haber despertado y seguir sumido en el sopor del sueño que le evitaba la agonía de la resaca. Parecía que la cabeza iba a estallarle en cualquier momento.
Se enderezo lentamente para sentarse en la orilla de la cama, todo le daba vueltas. Parecía que la noche anterior se extendió con el whisky de fuego y ahora le estaban pasando factura. Era mas que posible que aun siguiera un poco ebrio.
La sensación de las arcajadas le hizo levantarse rápido de la cama, para correr al baño a tropezones. Justo llego a tiempo para vaciar el contenido de su estomago en el retrete. Inclinado tiro de la cadena antes de tener que vomitar de nuevo. Se levanto apoyándose en las paredes del baño y después de lavarse la boca intento regresar a la cama para descansar un rato mas.
Daba gracias a Merlín que fuera su día libre. Se recargo en el marco de la puerta que dividía el cuarto de baño de la habitación para intentar tomar fuerzas, el dolor de cabeza no hacia mas que empeorar y seguía con el estomago revuelto, al menos las cosas habían dejado de girar alrededor.
Dio un primer paso, liberando su soporte para averiguar si podía hacer el recorrido de vuelta a la cama sin tropiezos. Fue cuando levanto la vista hacia la cama para calcular la distancia que se percato que entre el lio de sabanas estaba una mujer desnuda.
Abrió son sorpresa los ojos, congelado en el lugar sin poder recordar que demonios había pasado la noche anterior.
Quizas debido a que la joven durmiente sintió la ferrea mirada del pelirrojo, comenzó a removerse en la cama, hasta despertar.
Se enderezo hasta estar sentada, dejando caer la sabana que dejo al desnudo sus pechos blancos. Fue cuando sus ojos se conectaron que reconoció a la mujer con la que evidentemente había intimado.
-¿¡Daphne!?. –Dijo con voz temblorosa y enronquecida. Haciendo sonreír a la chica.
-Hola. –Saludo moviendo su mano con sensualidad le invitaba a volver a la cama.
-Discúlpame un momento. –apenas contesto entro de nuevo al baño para vomitar.
La joven sonrió maliciosa. Sus planes estaban en marcha.
*o*O*o*
En el departamento que antes había habitado Hermione, se encontraba Blaise y Pansy, sacando de las bolsas todas las cosas que compraron. La conversación había sido fluida y ligera hasta que de algún modo todo se torció para tratar sobre un tema delicado para ambos.
-Creo que no pido demasiado, solo quiero la verdad. Después de todo merezco saber si tengo al menos una oportunidad de conquistar tu afecto.
No había reproches en sus preguntas, nada mas la necesidad de saber a que debía atenerse para insistir o dejar ir definitivamente sus sentimientos.
-Te quiero. –Titubeante levanto la mirada buscando el azul de sus ojos.
-¿Pero? –Pregunto al verla dudando, imaginando que a pesar de que le quería no era precisamente de la forma en que el desearía que lo hiciera.
-No te amo, al menos no de la manera en la que mereces. Muchas veces lo intentamos.
-Pero antes estaba Draco, ahora el esta fuera de tu lista. –No quiso ofenderla pero el comentario le dolió a la morena.
Suspiro con tristeza antes de contestar. –Me llevo mucho tiempo darme cuenta que tampoco a Draco lo quise de esa manera, entre nosotros se formo una relación llena de necesidad, no de afecto verdadero. También lo quiero, pero al igual que tu, creo que es un tipo de cariño distinto.
-Has cambiando mucho.
-Me gusta pensar que madure.
Zabini sonrió. –Eres una gran mujer.
-Lo se. –Dijo presumida haciéndolo sonreír aun mas.
-Entonces creo que ya es tiempo de dejarte ir. –No dejaba de doler esa aceptación, pero había llegado el tiempo de avanzar.
Continuaron desempacando sus compras, organizando el enorme armario del moreno que había sido ampliado con un hechizo expansor. Lo hicieron rodeados con un silencio cómodo que ya no les dañaba.
Zabini amaba a Pansy, ese sentimiento en el pasado lo había destruido de muchas maneras por los celos hacia Malfoy, por el resentimiento hacia la misma morena por no corresponderle y el odio contra lo que estaban viviendo ante la inevitable proximidad de la guerra.
Quizás tardaría en sanar y le seguiría doliendo por algún tiempo. Pero dejo de ser un dolor dañino que destruye para convertirse en un dolor sosegado que le hacia saber que a pesar de todo tenia un corazón que podía amar.
-Gracias por la ayuda. –Le dijo besando su coronilla y fundiéndose en un abrazo liberador.
Daba gracias por la oportunidad de volver a empezar.
*o*O*o*
Los tres meses de servicio en el Geriátrico terminaban esa misma semana. El tiempo había terminado más rápido de lo que hubiera imaginado Lucius, incluso el señor James. El trato que hicieron el primer día que se conocieron en algún momento quedo en el olvido.
Su amistad se fue fortaleciendo tan lentamente que quizás ninguno de los dos lo noto realmente, entre la rivalidad en el ajedrez que le hizo pasar buenos momentos de sana competencia y berrinches por parte de un rubio que no le gustaba perder. Además del hecho de que el señor Malfoy le facilitara volver a hacer el trabajo que amaba, su relación se fortaleció hasta el punto de decir que su amistad era verdadera.
James Johnson dejo su aislamiento auto impuesto, cuando volvió a sentirse útil. Cuando sus compañeros y cuidadores veían admirados sus hermosos trabajos de joyería que cada fin de mes terminaban subastados para proporcionarle nuevo material, al tiempo que el dinero también se empleaba en organizar nuevos talleres que mejoraron de manera considerable la calidad de vida de los ansíanos del asilo.
La amargura de James se disolvió al mismo tiempo que se disolvían las resistencias de Lucius para admitir que después de todo los magos y los muggles no eran tan diferentes.
Faltaban tres días para terminar el servicio en ese lugar, antes de embarcarse en una nueva aventura en un lugar distinto, lleno de muggles a los cuales adaptarse y en una situación a la que no sabia muy bien Lucius si podría hacerle frente.
Era martes y le habían pedido a Hermione que se tomara el tiempo para hacer una visita, pues tenían una sorpresa.
Cuando llego Hermione, fue directamente al pequeño taller del Señor Johnson, donde los encontró charlando animadamente.
-Buen día. –Saludo cortes, acercándose a los dos hombre que parecían felices por su llegada.
-¡Bienvenida! –James se levanto de su asiento para acercarse a la castaña y besar ambas mejillas.
El recibimiento la tomo por sorpresa, pero fue grato darse cuenta del gran progreso que presentaba el estado anímico del anciano.
-Gracias. –La sonrisa de Hermione era resplandeciente y satisfecha.
-Me dijo Lucius que quería verme y aquí estoy.
-Así es mi buen amigo Lucius siempre es un buen aliado. –Dijo el anciano con un doble sentido que Malfoy entendió a la perfección.
-¿En que le puedo ayudar?
-Tengo un pequeño presente para ti.
-No es necesario, no debe molestarse. –Intento negarse avergonzada a recibir la pequeña caja que le ofrecía.
-Me ofenderé profundamente si no lo aceptas. –Advirtió.
Lucius se mantuvo ciertamente al margen, no quería levantar ninguna sospecha en su contra y conocía bastante a su hijo como para evitar cometer errores que lo pusieran en alerta.
Vacilante Hermione abrió la pequeña cajita de terciopelo negro y se encontró con un bonito anillo de oro blanco con una piedra de buen tamaño en color rosado.
-Es realmente hermoso.
-Y lo hice especialmente para ti, es mi manera de agradecer su ayuda, que me permitieran volver a sentirme útil.
-Es demasiado, no puedo aceptarlo.
Con cierta brusquedad el anciano saco el anillo de la caja, tomando su mano lo coloco en el dedo indicado.
Sin duda el anillo era una pieza exquisita, no era demasiado ostentoso como lo había sido en forma de dije, pero el rubí rosado había sido cortado magistralmente dándole un corte perfecto y discreto. Engarzado en un aro de oro blanco con pequeños grabados en el exterior como de enredaderas.
"Hermione" se leía el grabado en su interior, pero ese detalle no lo pudo apreciar con el anillo ya puesto.
-Ya te dije que no estoy dispuesto a aceptar una negativa. –Advirtió de nuevo con fingiendo enojo.
-Gracias, es realmente hermoso.
Moviendo la mano el anciano intento quitarle importancia.
-Solo espero que no nos olvides, regresa alguna vez a visitarnos. Cuando vengas quiero verte el anillo.
-No voy a quitármelo. –Prometió sosteniendo su mano contra su corazón y acariciando el anillo con la otra.
Una calidez embargo a la castaña, un suave calor que interpreto como agradecimiento y se extendió desde su corazón hasta el resto de su cuerpo. Abrazo sin pensar al Señor Johnson, con una única lagrima rodando por su mejilla. Estaba realmente conmovida.
Cuando lo soltó, se limpio rápidamente con el dorso de la mano.
-Gracias de nuevo.
-No agradezcas niña, ha hecho posible otorgarme un poco de juventud con todo esto. –Dijo señalando alrededor el taller.
Se despidió después de un rato de platicar sobre los nuevos proyectos y con la promesa de visitarle con frecuencia. Cuando se retiro al fin dejo solos a James y Lucius.
-Debiste decirle que el regalo era tuyo.
-Nunca lo aceptaría de mi parte.
-Esa chiquilla tiene demasiado buen corazón como para no perdonarte. Igual lo hubiera recibido.
-Lo se. –Admitió Lucius con cierta culpa por lo que acababa de hacer. –Pero es mejor así.
El rubí rosa ya estaba en manos de Hermione, sus cualidades debían ser los mismos que los del dije, por tanto esperaba que en breve surtiera efecto y el primer Malfoy mestizo viniera en camino.
*o*O*o*
Narcisa se encontraba tomando el te en la terraza de su mansión. Lucius solía llegar ya entrada la tarde, asi que además de la poca servidumbre que ahora tenía, se encontraba sola, o al menos eso pensó hasta que de la nada apareció un hombre a pocos pasos de donde se encontraba.
-¿Cuánto tiempo sin verte Cissy?
Sabía que debía de temerle al hombre frente a ella, que incluso tenia el descaro de sentarse frente a ella, sin ser invitado y tomar sin permiso una galleta que se llevo a los labios. Pero estaba tan impactada por su repentina aparición y por la familiaridad de sus palabras que se quedo helada.
-Sigues tan hermosa como siempre. –Evaluativo la admiro.
-Rodolphus –Dijo al fin encontrando su voz y temblando internamente ante su presencia.
