*o*O*o*

Tenia calor, mucho calor. Podía sentir sus mejillas arder y un cosquilleo nacer de su bajo vientre, expandiéndose por todas sus terminaciones nerviosas, sofocándola. No terminaba de entender que le estaba pasando, por un momento pensó que tenía fiebre, posiblemente había pescado algún virus recientemente.

Apenas llego a la mansión, ni siquiera ceno, se fue directamente a su habitación para tomar un baño que pudiera bajarle ese calor que la estaba enloqueciendo. Se desvistió con prisa, sonriendo al recordar que no llevaba bragas. Estaba segura que el maldito de Draco se las había llevado, porque por más que busco en su oficina no las encontró, ni siquiera cuando conjuro un Accio.

Recordar esa mañana fue el acabose, la temperatura de su cuerpo subió escandalosamente haciéndola gemir. La tina de baño estaba llena y se sumergió con desespero intentando que el calor se disipara. Pero no funcionaba, el ardor seguía consumiéndola.

Su cuerpo pedía a gritos una satisfacción que no comprendía, su aturdimiento no le permitía pensar con claridad, solo sentía, podía percibir todo potenciado al cien por ciento.

Desesperada se sumergió por completo en la cálida agua, conteniendo la respiración por unos segundos cuando salió, sus mejillas ardían con mas fuerza, todos los bellos de su piel erizados y sus pezones duros y erguidos. Los acaricio por inercia logrando que la electricidad que sintió al hacerlo le provocara arquear su espalda.

Era placentero, sus manos comenzaron a acariciarla, provocando que la ola de deseo se incrementara. Incapaz de frenarse, sus manos estrujaron sus senos, primero suavemente, después mas fuerte, tirando de sus pezones, una de sus manos bajo lentamente por su abdomen, hasta el tocar el bello encrespado de su pubis. Sus piernas temblaron con anticipación.

Nunca lo había hecho, pero se encontraba fuera de si misma, buscando aplacar el sofocante deseo. No notaba que el anillo del rubí rosado se volvía mas cálido y que hacia brillar tenuemente la alianza de matrimonio de su dedo anular, como si este mismo irradiara una fuerza magnética imparable.

Comenzó a acariciarse primero tímidamente, apenas roso son las yemas de sus dedos su pequeño botón rosa estuvo a punto de perder el control. Se mordió los labios, gimiendo con fuerza, encendida y sofocada, deseosa. Era tan placentero como tormentoso, quería mas, mucho mas.

Sus dedos tomaron vida propia explorando su entrada, hundiéndose, mimando su intimidad, comenzando a danzar. Apretaba sus piernas presa de éxtasis, de una euforia desconocida, intima y sublime.

Alcanzo el orgasmo en un grito, el calor abrazador la dejo débil, con las piernas temblando y sus terminaciones nerviosas estallando en una suave ola que rompió su cuerpo.

Escucho ruidos afuera. Seguramente Draco había llegado. Se levanto aun temblorosa, tomando su varita seco su cabello y su cuerpo, desnuda fue a darle la bienvenida.

El calor seguía y buscaba ser satisfecho.

*o*O*o*

Pansy sujetaba su mano con firmeza entre las suyas, sin importar que él apretara con tal fuerza a su vez, que comenzaba a lastimarle los dedos.

Estaba por encima de las demostraciones en público de debilidad, su temperamento y carácter siempre le impedían que las lagrimas fluyeran con libertad, mucho mas cuando se trata de una persona que hasta hace poco estaba completamente desconectado de su vida.

Eso no evita que el nudo que ata su garganta comience a crecer y con ello, el escozor en sus ojos azules. Esta haciendo una tarea titánica para mantener a raya las lagrimas. Su rostro se muestra impasible como siempre. Serio, altivo e inexpresivo, pero esta vez esta muy lejos de ser eso lo que siente.

Muerde el interior de su mejilla sin darse cuenta, hasta que el sabor a sangre hace evidente que se ha roto por presionar demasiado. No es algo que le importe, de momento toda su atención esta puesta en la persona que se aferra a su mano con tal brío que comienza a sentirla entumecida. Imagina que quizás es el tacto de sus heladas manos lo único que lo sujeta en ese momento para no enloquecer de dolor, por eso se mantiene a un lado de su cama a pesar de la imperiosa necesidad de querer salir corriendo.

Tiene que reconocer que es valiente, que sin importar el sudor que corre por su rostro pálido y todo su cuerpo, empapando las sabanas, con todo y las convulsiones que lo hacen estremecerse de manera involuntaria, se niega a rendirse. Ahogo los gritos iníciales a fuerza de apretar los dientes hasta hacerlos rechinar.

Mantiene los ojos firmemente cerrados, mechones de cabello negro se pegan a su rostro evidentemente delgado y enfermo. Sin anteojos se ve mucho mas joven a pesar de todo, con un aire rebelde y desenfadado.

-¡Lo siento! –Escucha de repente decirle con voz temblorosa y débil.

Sus ojos verdes la miran con disculpa.

Trata de aflojar el agarre para soltarla, acaba de darse cuenta que le esta haciendo daño. Mas la morena parece molesta y lejos de permitir que aleje su mano, lo sostiene con mas fuerza, llevando su mano cerca de su corazón.

-¡No voy a soltarte! –Advierte.

Aunque no sabe muy bien a que se refiere, lo único que es seguro es que a pesar de todo no piensa marcharse. Que aguantara el dolor si con eso logra mantenerlo cuerdo y un poco distante al tormento que esta sufriendo.

Harry sonríe agradecido, mas la mueca de agradecimiento pronto cambia, evolucionando a una de dolor. Su respiración se agita, volviéndose mas superficial como si no alcanzara a llevar aire a sus pulmones.

Los monitores a los que esta conectado enloquece. Comienzan a pitar de manera estridente su presión arterial esta por los suelos, bajando dramáticamente a un ritmo acelerado.

-¡Apártate! –Grita Draco.

La morena ni siquiera lo escucha, asustada no es consiente de lo que esta ocurriendo hasta que el rubio la aparta de un fuerte empujón. Aterrorizada ve como entierra con fuerza una enorme aguja en su pecho para inyectar un liquido gris perlado directamente a su corazón.

Malfoy no pierde tiempo, en el suero que tiene conectado en su brazo derecho pone una segunda solución y espera. Con el rostro concentrado y preocupado, que los medicamentes que acaba de suministrarle surtan efecto.

No grita, pero no deja de ser terrible verlo revolverse sobre la cama, presa de dolores indescriptibles. Sus brazos y piernas se pones rígidos, ateridos por una tención que muestra los músculos engarrotados y tensos.

Pansy aun sostiene sus manos sobre su corazón, donde hacia un par de segundo también sostuvo la de Potter. Un par de pasos más atrás de donde Draco trabaja con desespero por estabilizarlo. Sus labios tiemblan y ese nudo en la garganta se a desecho para dejarle paso a las lagrimas silenciosas que escurre de sus ojos y resbalan lentamente por sus mejillas pálidas.

Se obliga a moverse, limpiando con el dorso de su mano las lagrimas tibia. Se mueve con paso firme al otro lado de la cama para no interrumpir la labor de su amigo y vuelve a tomar una de sus manos.

Lo sostiene con fuerza, llorando por primera vez sin vergüenza, ni egoísmo, por otro ser humano que sufre y se duele, pero sobre todo, que lucha con todas sus fuerzas por sobrevivir.

Neville esta a pocos metros con la espalda pegada a la pared, completamente en Shock, a sido demasiado para el castaño, que a revivido atravez de Harry lo que debió ser el sufrimiento de sus propios padres.

También llora y tiembla, abrazándose a si mismo, con los ojos sumamente abiertos, nublados de terror y dolidos. Resistió la primera media hora, hasta que el dolor de Harry fue tan intenso que solto un fuerte grito que le hizo estremecer. Si no le hubiera hecho prometer que no iba a detener ese infierno, gustoso hubiera mandado a Malfoy a la mierda para que parara todo.

No pudo aguantar por mas tiempo antes de colapsar ante sus propios demonios internos, se vio reducido y superado por la situación. Fue cuando Parkinson tomo su lugar al verlo imposibilitado para calmarse a si mismo.

Solo cuando las maquinas enloquecieron volvió a la realidad, quedándose por unos segundos sin aliento siquiera para moverse y dejar el resguardo de la pared donde había estado apoyado. Dio un primer paso titubeante, seguido de otro hasta estar justo al lado de la morena que parecía no prestarle atención alguna.

Draco seguía esperando cualquier cambio, no le quedaba mas remedio que esperar, necesitaba darle unos minutos a su cuerpo para reponerse de la alta dosis de veneno que le había suministrado.

El tiempo corría desesperadamente lento en la habitación, a la espera de cualquier cambio que decidiera entre si vivía o moría el salvador del mundo mágico.

*o*O*o*

Narcisa jamás mostro miedo ante el Lord, aunque este sentimiento fuera el único motivarte que tenia para mantenerse ecuánime en los peores momentos. Cuando Lucius temblaba antes su presencia, ella solo inclinaba la cabeza en señal de un falso respeto.

A solas era otra historia distinta, el miedo la envolvía como una fiera que le desgarraba lentamente las entrañas causando un pánico tal que no conciliaba dormir ni comer. Resguardada por las paredes de su habitación, se permitía llorar de angustia y desesperación, pero solo por breves momentos, cuando salía de nuevo era la representación perfecta de la seguridad y la tranquilidad. Volvía a ser altiva, a mantenerse imperrima ante cualquier circunstancia por oscura o turbia que fuera.

Mostro la misma actitud ante Rodolphus. Reponiéndose con suma maestría le sonrió con cortesía después de pronunciar su nombre.

-¿Quieres tomar un poco de té?

-Por supuesto querida. –Le dijo cortes, inclinándose en un ademan caballeroso.

La rubia sonrió en respuesta haciendo aparecer con su varita una taza limpia. El movimiento tensiono al hombre, pero la tranquilidad que mostraba la mujer le apaciguo de inmediato. Siguió con la mirada los suaves movimientos de sus manos, la delicadeza con la que sostenía la tetera para verter el liquido caliente.

-Sin azúcar y un poco de leche ¿Verdad?

-Aun lo recuerdas. –Le dijo alagado.

-Tengo muy buena memoria.

-Creo que no es cuestión de buena memoria, Bella tenía una excelente y jamás recordó como me gustaba tomar el té.

-Su carácter y modos iban enfocados a otras cosas.

-Supongo. –Contesto sin afán el hombre bebiendo de la taza que le ofreció su cuñada.

-Te apetece comer algo. Me temo que tengo solo galletas dulces y no son precisamente tus favoritas.

-No gracias. –Declino la oferta amablemente, volviendo a beber.

Hacia tanto tiempo que no lo veía y a pesar de los años y todo lo que ambos habían vivido por separado era inevitable no tener un golpe de nostalgia al encontrarse de nuevo en un momento tan cotidiano, trato de enfocarse en ese sentimiento para no sucumbir al nerviosismo inducido por el miedo.

La ultima vez que habían compartido el te, ambos eran muy jóvenes y se encontraban en la Mansión de los Black. Narcisa fue la encargada de hacerle compañía en lo que sus padres bajaban a recibirle. Esa misma tarde pediría de manera formal la mano de su hermana Bellatrix.

Narcisa recordaba que esa noche lloro hasta quedarse dormida, sabiendo que ese matrimonio se había concertado solo por el empecinamiento de Bella, conociendo de antemano que estaba enamorada de Rodolphus.

-Supongo que me equivoque al elegir. –Repentinamente hablo como si adivinara sus pensamientos. –Debí pedir tu mano y no la de Bellatrix.

Fingiendo turbación escondió su mirada.

-Pudimos ser felices. –Insistió, tomando con su mano la barbilla de la rubia para hacer que lo mirara. –Se que al menos tu jamás me hubieras engañado.

La sorpresa en los ojos azules de Narcisa fue genuina cuando se anclo a los de Lestrager.

-¿A que te refieres?

-Bella tuvo una hija.

-Eso no es posible.

-Quizás poco probable, pero no imposible, además hay una pequeña bastarda que comprueba mis palabras.

La rubia se llevo la servilleta a los labios, para ganar unos segundos e intentar reacomodar sus emociones. Obligada por la nueva información proporcionada no le fue difícil desmenuzar sus recuerdos lo suficiente para intentar averiguar si era cierto.

Conforme sus recuerdos se agitaron y comenzó a buscar cualquier evento sospechoso, cayo en cuenta que tal evento en verdad pudo haber ocurrido.

Mientras se acuartelaban en la Mansión Malfoy en muchas ocasiones su hermana se mostraba indispuesta, mucho mas evasiva de lo normal, se la pasaba encerrada o fuera de la mansión alegando misiones extrañas que no estaba segura que en verdad ocurrieran. Quizás dos o tres meses antes de que estallara la guerra se marcho sin decir nada a nadie y regreso mucho mas pálida que de costumbre.

-¿Quién es el padre?

Rodolphus sonrió con sarcasmo. –Cissy no es muy difícil adivinar, esfuérzate un poco. ¿De quien estuvo siempre enamorada? ¿A quien adoraba hasta la locura? ¿Por quien incluso se hubiera dejado matar?

Narcisa palideció por primera vez imposibilitada de mantener la compostura.

-Es…

-Si, el mismísimo Lord, el señor oscuro es su maldito padre. Ahora la pregunta que debes hacer es ¿Por qué has venido? –Le dijo moviendo su mano para invitarla a repetir.

-¿Por que has venido? –Pregunto recuperando el aplomo.

-Para que te hagas cargo de esa bastarda. Digamos que su anterior niñera a muerto recientemente en un desafortunado accidente. Además necesito los medios para sobrevivir lo suficiente para cobrar venganza.