Inteligencia y astucia, son cualidades muy bien valoradas, ambas las poseía. En este caso tomaría las medidas necesarias para no involucrarse más de lo debido con Rodulphus. No seria tan estúpida para provocar que su vida y la de su familia se tambalearan de nuevo, mucho menos después de que parecía que al fin podía respirar tranquilamente. Tenia que ser lo suficientemente hábil para no desatar la ira de su cuñado al tiempo que lograba poner a salvo lo que ama y a si misma.
Su cuñado era un hombre sumamente peligro, si alguien lo sabia era precisamente ella. De alguna manera a pesar de lo que supuso que su hermana Bellatrix le roba al hombre del que estaba enamora, no podía estar menos que agradecida con su suerte.
No fue el amor lo que motivo a Bella a casarse, como siempre era mas sus ganas de joder a los demás lo que la hizo en primer instancia elegir a Rodolphus, lo segundo y no menos importante para ella, era cumplir con su papel como buena Black, de sangre pura, enlazando su vida a otra persona en un conveniente contrato para honrar a su familia y apellido.
Sin amor de por medio, lo único que parecía unirlos era sus tendencias psicópatas, el gozo que sentían al infringir dolor a pobres desgraciados que consideraban eran menos que escoria y la adoración enfermiza hacia su Lord.
En el pasado, las lágrimas nocturnas por su corazón roto mermaron lentamente. Su corazón se apaciguo cuando Lucius entro a su vida aunque el amor llego mucho después y le llevo bastante tiempo acoplarse al destino que le había tocado vivir.
Aun con todo, el recuerdo de ese cariño adolecente seguía en su pecho, bajo todas las capas de polvo que con los años le fueron cubriendo. Tenerlo delante había hecho que una punzada de nostalgia se expandiera en su pecho, pero se obligo a calmarla de inmediato.
-Se que te pido demasiado. –Cubrió su delgada mano con la suya. –Si tuviera otra manera de hacerlo ten por seguro que no te molestaría.
Parecía sincero, mentía tan bien que si no lo conociera le creería. Su rostro se dulcifico al tocarla, mas sus ojos mostraban un brillo que nada tenia que ver con la calma.
-Comprendo. –No retiro su mano, la mantuvo bajo la suya lo suficiente para no ofenderle. –Puedo darte dinero aunque quizás no tanto como quisiera. Sabes que aun vigilan nuestras cuentas en Gringotts, pero dispongo de una cantidad considerable de galeones en este momento.
-Gracias. –Le dijo apretando un poco más su mano en señal de agradecimiento.
Le miraba con detalle, tratando de adivinar su siguiente movimiento.
-En cuanto a la niña no se muy bien cuales son tus expectativas.
Lestrager aparto su mano con cierta brusquedad, poniendo en evidencia su carácter volátil. –Debería dejar que muriera, pero es lo único que me queda de ella. –Su odio era evidente al hablar de la niña.
El rostro se le contrajo con rabia, su barba crecida y la ferocidad de sus ojos eran intimidantes. A pesar de todo Narcisa mantuvo la calma, cruzando sus manos en el regazo.
–De momento la deje en un orfanato muggle, pero no la quiero viviendo entre esas ratas. –Dijo con asco.
-Sera difícil que me concedan a mí la custodia, mucho menos sin que los demás se enteren del origen de ella. Pero si me permites puedo buscar otra solución, aunque no se si te agradara la idea.
. . .
La señora Malfoy, podía aparentar todo lo que quisiera, pero su nerviosismo era más que evidente. Lo que alarmo considerablemente a Lucius que hasta el momento no le había podido sacar una palabra al respecto de su estado. Lejos de obtener una respuesta, Narcisa se limito a avisar que esperaban a Draco y Hermione a cenar.
El matrimonio Malfoy-Granger arribó a la Mansión con puntualidad. Después de seguir el frio protocolo de los saludos de cortesía se dirigieron al comedor.
Draco no pudo evitar mirar a su madre con el ceño fruncido, al igual que su padre notaba el cambio en Narcissa a pesar de ser algo sutil.
-¿Ocurre algo madre? –Pregunto directo después de que retiraran el servicio de la masa.
-Tengo que hablar con ustedes. –Su voz pretendía ser tranquila pero fallaba por poco al final de la frase donde su voz parecía demasiado tensa.
En silencio se dirigieron al despacho de Lucius.
-¿Pueden decirnos que pasan? –Esta vez pregunto a su padre comenzando a perder los nervios, apenas cerraron la puerta. Lucius se limito a mover la cabeza de manera negativa, dando a entender que el no sabia que pasaba.
Era inevitable no sentir un golpe de pánico. Que Narcisa Malfoy se mostrara de esa manera no presagiaba nada bueno. Malfoy Junior recordaba que la única vez que vio a su madre de esa manera fue cuando le aviso que el innombrable se acuartelaría en la Mansión familiar. No pudo evitar sentir un escalofrió recorriendo su columna vertebral.
Hasta el momento Hermione se había mantenido al margen, suponiendo que era una cuestión familiar que solo involucraba a esos tres que tenia delante y que conforme pasaban los minutos parecía que explotarían ante la tención que se percibía en el ambiente.
La castaña se sentó a un lado de su esposo, que parecía que no se podía mantener quieto. Se peinaba de manera compulsiva el cabello hacia atrás, tirando tan fuerte que parecía que se los arrancaría de un momento a otro.
Narcisa se mantenía en pie apoyada en el respaldo de una de los sillones. Mantenía las manos juntas para evitar que se notara como estas temblaban.
-¿Madre? –Urgió Draco con impaciencia.
-Tu tío, Rodolphus Lestrager me hizo una visita por la mañana. –Dijo después de tomar una gran bocanada de aire para controlarse.
-¿Que? –Preguntaron a la vez Lucius y Draco, saltando en sus lugares.
Lucius se había mantenido también de pie cerca de una de las ventanas que daban a los jardines. Pero a penas fue escuchar su nombre palideció al instante.
-¿Te a hecho algo? –Pregunto caminando a grandes zancadas tomándola por sus brazos, mirándola con fijeza tratando de comprobar su estado.
En el timbre de su voz se hizo notoria la preocupación, incluso el pánico que trato de mantener a ralla.
-Estoy bien. –Se apresuro a decir.
-¿Estas segura? –Cuestiono de nuevo esta vez tomando su barbilla suavemente para mirarle directo a los ojos.
Draco se había levantado como impulsado por un resorte de su asiento. Tenia el rostro cenizo y los puños tan apretados que sus nudillos se tornaron blancos. A su lado Hermione no estaba en mejores condiciones, tomando en cuenta que Lestrager es el hombre que provoco que Harry este borde de la muerte.
Sobreponiéndose a sus propias inquietudes, tomo el puño derecho de Draco con ambas manos. El tacto cálido de su mano logro que aflojara la presión de sus puños y que regresara de golpe la cordura.
-¿Qué quería? –Se atrevió a preguntar Draco.
Lucius se giro a verlo antes de regresar su mirada hacia Narcisa.
-Dinero. –Dijo restándole importancia.
-¿Qué mas? -Volvió a preguntar Draco tenso como una tabla, imaginando que había mucho mas tras esa visita.
-Me puso al tanto de la existencia de una niña que tuvo Bellatrix poco antes de que estallara la guerra.
-¡Eso no es posible!
Hermione tembló ante la sola mención de esa mujer.
-Se llama Destiny, tiene 5 años y vive desde hace poco en un orfanato muggle. –Omitió decir que la mujer que la cuidaba posiblemente había sido asesinada por Lestrager.
-¿Quién es el padre? –Lucius fue el primero en formular la pregunta que rondaba en las cabezas de los presente, aunque sospechaba bastante bien quien podía ser.
-Voldemort
Las piernas de la castaña se doblaron, Malfoy tuvo que sostenerla para que no callera.
La mente siempre lucida de Hermione se quedo repentinamente nublada. Escuchaba cada palabra que pronunciaba su suegra, pero su cerebro se negaba en procesar la información.
Lo que deseaba Rodulphu es algo concreto que cuidaran de la niña aun a pesar de que la aborrecía con toda el alma. Narcisa y Lucius no podrían hacerse cargo sin levantar sospechas y con ello especulaciones en torno al origen de la pequeña. Pero si por el contrario fuera su nuera de origen mugglen quien se ofreciera a cuidarla, la historia seria muy distinta.
Todos conocían el buen corazón de Granger, ese lado altruista que le hacia preocuparse siempre por los casos perdidos, por las personas mas desprotegidas. No seria de extrañarse que se conmoviera lo suficiente para buscar adoptar a una pequeña sin hogar.
-¡No! –Elevo la voz antes de que su madre terminara de explicarse.
-Pero Draco…
-¡No! –Repitió aun con más fuerza contundente, sintiendo los temblores que agitaban el cuerpo de su mujer. –Lo siento madre pero no vamos a hacernos cargo de esa niña.
-Es tu prima. –Su tono era suplicante.
-¿Te das cuenta de lo que estas pidiendo?
-Lo se. Tengo claro que su origen no es el mejor, pero eso no quita que sea familia.
-Si le das lo que quiere nunca nos lo quitaremos de encima. –Advirtió Lucius.
-¿Crees que no lo he pensado? –Exclamo ofendida. –Pero que más podía hacer en ese momento que prometer que lo haría. ¿Sabes lo que Rodolphus es capaz de hacer? ¡No tiene limites! si no hacemos nada terminara matándola.
-¿Sabe donde se esconde? –Se atrevió a hablar por fin Hermione, siendo sostenida por Draco.
La rubia movió la cabeza de manera negativa.
-No es tan estúpido como para decir su ubicación. –Se aventuro a decir Lucius.
-Me a dado una semana para sacar a Destiny de la casa hogar o el se la llevara a otra parte. –Sus manos temblaban tanto que era imposible seguir ocultando sus temores.
-Sabiendo eso pueden los Aurores tenderle una emboscada para atraparlo. –Sugirió Draco.
-¿Y poner en riesgo a niños indefensos? –Hermione poco a poco iba recuperando el aplomo.
Draco percibió el cambio en el cuerpo de Granger. Había dejado de temblar más dueña de si misma a pesar de que seguía estando en el cobijo de sus brazos para estabilizarse. Le basto ver su rostro para conocer sus intenciones.
-¡No voy a ceder en esto Granger! –Advirtió de nuevo, soltándola.
-Lo hacemos juntos o lo hago yo sola. –Dijo con resolución.
Narcisa sonrió disimuladamente. No se había equivocado al evaluar el carácter de su nuera y si en algún momento se había negado a aceptarla en su familia, ahora estaba convencida de que su hijo no pudo encontrar mejor esposa que ella.
. . .
Para fortuna o desgracia, según se viera. La casa hogar en la que acogieron a la pequeña Destiny era uno de los centros asignados a Hermione para que su programa de servicios sociales se llevara acabo.
Lucius comenzaba a prestar su ayuda en dicho centro, por lo que la castaña podía justificar su presencia en el lugar y propiciar una entrevista con la niña.
Mientras instruían al Señor Malfoy sobre sus actividades, Hermione miraba por la ventana hacia el amplio patio de recreo. Trataba de adivinar quien entre todas aquellas niñas que correteaban por el lugar, era la hija de Bellatrix.
No podría definir bien lo que sintió cuando sus ojos se fijaron en una pequeña de cabellos negros, su piel era sumamente blanca y estaba demasiado delgada. Sostenía con fuerza entre sus manos una muñeca con la cabeza agachada y todo el cuerpo encogido como si no quisiera llamar la atención de nadie.
A pesar de los intentos de la niña de pasar desapercibida, con temor Granger observo como se acercaba tres niñas mas grandes para intentarle quitar su muñeca. Nada mas ver sus ojos llenos de miedo a la distancia, la hacen correr sin dar más explicaciones.
La pequeña se niega a soltar su muñeca y se aferra a ella sin importar que hayan comenzado a pegarle para que la suelte. Tiran con fuerza de sus largos cabellos negros, rasguñándola y mordiéndola. Más no desiste, ni llora o se queja. Solo se contrae en un ovillo aferrando con todas sus fuerzas a su único tesoro.
-¡Basta! ¡Déjenla en paz!–Escucha que alguien grita y unos pasos apresurados se acercan veloces.
Tiene los ojos tan apretados y esta temblando. Su pequeño cuerpo le duele. Ni siquiera cuando siente que la levantan y la sostienen en un estrecho abrazo abre los ojos.
Es un calor desconocido para ella, nunca antes la han abrazado de esa manera, ni de ninguna. Sentir el calor y esa extraña sensación de sentirse protegida la golpe con tal fuerza que un sollozo escapa de su garganta, pero se niega a dejar salir las lágrimas.
Acaricia su espalda, peinando en el proceso sus cabellos con mimo. Cuando por fin abre los ojos se encuentra con una marejada de rizos castaños que le hacen cosquillas en el rostro.
-Todo estará bien. –Una dulce voz le asegura, aun sosteniéndola con fuerza contra su cuerpo.
Un suspiro escapa de su garganta, intentando creer sus palabras, sin embargo, el miedo sigue y la desconfianza la hace temblar de nuevo ante el desconocido afecto de una mujer a la que aun no se atreve a mirar al rostro.
*o*O*o*
El dolor atroz ha pasado. Es consiente de que estuvo muy cerca de perder la primera batalla. Según le han dicho, su corazón estuvo a punto de colapsar por las altas concentraciones de veneno con las que Malfoy inundo sus sistema para contrarrestar los efectos mas dañinos de la maldición.
Cuando el dolor se volvió insoportable todo se volvió borroso, como desdibujado en los umbrales más altos del sufrimiento. Fue como ser desgarrado lentamente desde su centro, el cuerpo literalmente se estaba quemando por dentro, sus nervios, las venas, cada musculo, cada hueso de su esqueleto.
Perdido en el limbo, una mano se asió a la suya con fuerza, sosteniéndolo.
Sin los lentes, su vista no es clara. Eso no le impidió ver a la joven morena que tomo su mano para no soltarlo en su agonía. Sin importar que le estuviera destrozando en el proceso sus dedos por la fuerte presión que ejerció en ellos.
No lo soltó, se mantuvo firme mientras el navegaba a ciegas aterido por un sufrimiento tal que no tenia ni siquiera aliento para agradecer.
De repente se había sumido en la oscuridad de la inconsciencia, desmayado cuando su cuerpo no pudo resistir más. Cuando volvió en si, seguía a su lado, junto con Neville y Malfoy, con el rostro húmedo pero una sonrisa de alivio en sus labios.
Nunca había notado que Parkinson fuera tan hermosa o sensible. A pesar de sus ojos azules enrojecidos por las lágrimas eran brillantes y su cabello negro cortó hacia que resaltara aun más su piel blanca.
No se conocían demasiado, fuera de esa adolescencia turbulenta que los mantuvo en bandos distintos y que alimento un odio sin sentido por parte de la morena y una desconfianza innata de su parte. Pero sin duda estaba gratamente sorprendido y agradecido.
Si cerraba los ojos aun podía recordar con claridad que lo primero que vio cuando se acomodo sus gafas fue su rostro contraído por la preocupación y poco después el alivio, un segundo antes de que se abalanzara sobre el, cortándole el aliento, pero agradecido de poder sentir un consuelo durante y después del difícil momento que había pasado.
-¿Te encuentras bien? –La pregunta lo toma por sorpresa, tiene que parpadear varias veces para enfocarse de nuevo y dejar atrás los recuerdos que fueron capaces incluso de erizarle el bello del cuerpo.
-Todo bien. –Contesta en tono alegre.
Al girarse se encuentra con Ginny. Se ve preciosa con su barriga redonda, el embarazo le a sentado de maravilla. A dejado atrás la palidez enfermiza y la sombra que oscurecía su rostro. Parece una castañuela, siempre alegre y sonriente. Tan feliz que es imposible no sentirse contagiado y motivado de que a pesar de todo esta haciendo lo correcto.
Quiere tener el tiempo suficiente para conocer a su hijo, para sostenerlo entre sus brazos y darle todo el cariño y amor que no pudo recibir el mismo de sus propios padres.
-¡Ven acá! –Le pide. Da un par de palmada a su lado en el sillón que ocupa.
La pelirroja obediente se acerca, sin dejar de acariciar su vientre. Esta especialmente feliz por que hoy tiene cita con su ginecóloga y espera a Hermione para seguirla atormentando.
Harry no la deja sentarse a su lado, tira de ella un poco para que termine sentada en su regazo.
-¡Eres tan hermosa! –Acaricia sus hombros para bajar lentamente en una suave caricia hasta su barriga.
Deja sus manos descansar ahí, donde un tenue movimiento se percibe en la palma de su mano. Sonríe como un idiota al notar pequeños golpes.
-Hoy voy a acompañarte. –Le dice con sus ojos verdes perdidos en la nada, sin dejar sus caricias.
Ginny se tensa por un segundo, pero se recupera rápido.
-No es necesario Harry. No quiero que te fatigues. –Le dice suave fingiéndose preocupada.
Por dentro esta rabiosa de nuevo pensando en que puede arruinar sus planes del día.
El pelinegro le sonríe ante el tono preocupado. Toma su mano para besarla.
-Me encuentro muy bien. –Afirma con una resplandeciente sonrisa. –No quiero perderme estos momentos ahora que me encuentro con la fuerza suficiente para acompañarte.
-Pero Hermione no debe de tardar.
-Que mejor que vayamos los tres juntos.
-¿Estas seguro que te encuentras bien? Me sentiría mas tranquila si te quedas a descansar. Aunque te sientas bien, no debes abusar y esforzarte de más.
-Deja de preocuparte. –Pide acomodando un largo mechón de cabello rojo que se a soltado de su trenza.
Llamas verdes en la chimenea avisan la llegada de Hermione.
-¡Hola! –saluda sin mucho entusiasmo.
Encontrarlos siendo tan cariñosos el uno con el otro, ya no le afecta. Por el contrario desea con todo su corazón que su relación pudiera fortalecerse y Ginny deje de intentar separarla de Draco. Su entusiasmo a decaído por que se encuentra pensativa por los últimos acontecimientos.
-¡Hola, Hermione! –Saludo con cariño Harry acomodándose las gafas que se le han resbalado del puente de su nariz.
-Ginny.
-Que tal Hermione. –Trata de sonreír, pero no puede lograrlo del todo. Se encuentra de nuevo tensa imaginando el martirio que sufrirá e nuevo al acompañarle a su cita.
-Voy a acompañarlas. –Le avisa Harry con una enorme sonrisa.
-¿Enserio? –Una sonrisa tira de la comisura de sus labios.
-Hoy me siento de maravilla y quiero aprovechar. Ya va siendo hora que conozca a mi pequeño.
Una punzada sacude a la castaña, mas trata de aferrarse a la idea de que en realidad ese bebe solo puede ser de Harry.
-Eso es maravilloso. –Exclama con genuina felicidad.
-Ya le he dicho que no es necesario, no quisiera que su estado decaiga ahora que se encuentra mejor.
Hermione frunce el ceño y se acerca a su amigo con cautela. Ginny abandono su regazo desde el mismo momento que llego, por lo que tratando de ignorar sus miradas cargadas con dobles intenciones cruza la distancia que les separa.
Se sienta a su lado para verlo de cerca. Tiene que reconocer que tiene mejor semblante. Las oscuras ojeras que antes acampaban bajo sus ojos se han atenuado, sus ojos verdes parecen brillantes y su rostro comienza a rellenarse poco a poco.
-Me parece una buena idea que aproveches tu mejoría. Te encantara ver a tu bebe, incluso si quieren ya pueden saber si será un niño o una niña. –Lo alienta y ve como su rostro se ilumina.
-¿De verdad? –Pregunta.
Asiste con la cabeza y le da un corto abrazo al verlo tan emocionado.
Ginny a sus espaldas esta furiosa, tiene los dientes apretados y los puños firmemente cerrados ante el panorama de perder la oportunidad de terminar de fastidiar la poco confianza que le queda a Hermione.
-Además, si la acompañas. Me quedaría mas tranquila, estaba preocupada.
-¿Porque?
-Me apena un poco quedarles mal. Pero venia a avisarles que hoy no podre acompañar.
-¿Ocurre algo? -Pregunta preocupado.
-No, nada grave. –Agita las manos restándole importancia.
-Entonces no veo por que no puedes cancelarlo. –Dijo con visible enfado la pelirroja.
-No es grave, pero es muy importante para mi.
-¿Qué es eso tan importante? Como para que me dejes votada de esta manera. –Reclama elevando la voz. –Prometiste acompañarme y después de todo mi bebe será tu ahijado. Que mala madrina serás que ni siquiera te dignas en acompañarme cuando mas te necesito.
-¡Ginny! –Exclama Harry desconcertado, para intentar que su mujer controle su repentina explosión.
-No importa Harry. –Le dice suavemente dando unas palmaditas sobre su rodilla. –Ginny tiene razón. ¡Lo siento! –Se disculpa. –Esto me es muy importante, por ahora no puedo contarles porque seria demasiado prematuro, pero espero que pronto sea una realidad y entonces podre compartir con ustedes mi felicidad.
La pelirroja enfadada salió de la sala para encerrarse en el despacho dando un portazo completamente irritada.
-¡Disculpa! No se que le pasa.
-No te preocupes. –Le resto importancia, sabiendo muy bien la razón de su reacción. –Debe ser el embarazo.
-Sí, eso debe ser. –Contesto no muy convencido.
-Me alegro mucho de que este mejor, ese tratamiento parece estar funcionando muy bien. Espero que muy pronto te encuentres perfectamente bien.
Harry le sonrió.
-Gracias.
-¿Gracias porque?
-Por ser una constante en mi vida.
Hermione sonrió. –No tienes nada que agradecer.
Un silencio cómodo se extendió entre ellos. Mientras que en la habitación contigua era otra la historia.
Ginny estaba enloquecida de rabia y frustración. Hechizo el lugar insonorizándolo, asegurándose de que nadie pudiera entrar para dejar fluir todo su odio. Rompió todo cuanto pudo hasta que se canso, ni siquiera la detuvo la suave punzada en su vientre bajo, estaba tan airada que apenas la noto. Tenía la respiración agitada, el cabello despeinado y los ojos anegados de lágrimas furiosas.
Cuando logro calmarse lo suficiente y salir de la habitación, Hermione se había marchado. Harry la esperaba con paciencia, sin tocar de momento el tema, sin embargo, mas tarde se encargaría de hablar con ella para saber que le había hecho comportarse de esa manera con su amiga.
-Si no nos vamos ahora, perderemos la cita Ginny.
-¡Bien! –Se limito a decir tomando su bolsa del perchero.
*o*O*o*
Desnudo, mira por la ventana ignorando el frio, con su vista perdida en un punto lejano. Es inevitable escarbar en los recuerdos. Quizás sea masoquista de su parte, pero se aferra a esos momentos que pasaron juntos, cuando su corazón aun guardaba esperanzas de tenerla.
Gira un poco para observar a la mujer que duerme en su cama enredada en las sabanas azul cielo. No puede evitar sentir un poco de culpa al recordar que fue precisamente Hermione quien se las regalara.
Eran las mismas que estaban sobre su cama la tarde que Hermione le pidió que subieran a la habitación. Tenía las mejillas encendidas y los labios hinchados después de besarse largamente en el viejo y destartalado sillón de dos plazas de la sala.
Hacia poco que se había mudado a una sencilla casa de dos pisos, en su afán de independizarse y buscar un lugar que en el futuro fuera su hogar.
Estaba feliz de que por fin hubiera aceptado ser su novia. En el fondo sabia que su corazón no le pertenecía, había sido clara al respecto, sin embargo, estaba convencido de que podía conquistarla, ganarse su cariño.
-¡Subamos! –Le había dicho haciendo que su corazón saltara de alegría.
Se habían tomado de las manos para hacer el camino hacia arriba. Lentamente subieron los escalones sin dejar de mirarse de reojo. Ron no podía borrar la estúpida sonrisa, sus ojos amorosos absorbían cada pequeño detalle de su rostro muestras andaban.
Podía recrear con todo detalle cada cosa, aun cuando toda su atención estaba puesta en la joven castaña que tenia enfrente. Habia sido como si el tiempo se hubiera congelado en ese instante y sus sentidos siempre aletargados se hubieran agudizado al punto de persibir hasta el más minúsculo hecho.
El rojo de sus mejillas hacia resaltar las pequeñas pecas que salpicaban su nariz, sus rizos castaños estaban despeinados después de su sesión de besos, lo que era obvio pues le gustaba enredar sus manos en su cabello mientras la besaba, adoraba el aroma que despedía su pelo.
Llevaba un ligero vestido de tirantes finos, su chaqueta había quedado olvidada en el respaldo del sillón que ocupaban. Su corazón golpeaba con fuerzas sus costillas y su erección se apretaba en su pantalón.
Todo se reducía a ella. Su rostro, su cuerpo, sus labios. Paseo sus manos por su espalda al estrecharla contra su cuerpo, sintiendo la imperiosa necesidad de desnudarla. Había esperado tanto por ese momento que le parecía un sueño.
Hermione había tomado la iniciativa tomando el borde de su camisa para ayudarle a quitársela. Solo eso necesito Ron para acariciar sus hombros bajando lentamente para hacer correr los tirantes y que el vestido callera a sus pies.
Se desnudaron uno al otro sin prisas, pero sin pausas. Entre beso y beso se tumbaron en la cama. Era la gloria sentir la suavidad y calidez de su cuerpo desnudo bajo el suyo.
Estaban a nada de dar el ultimo paso, alcanzar el nirvana al hundirse en su cuerpo, sin embargo, así, sin previo aviso la había sentido tensarse. Preocupado y confundido había buscado sus ojos para encontrarlos brillantes por las lagrimas. Un sollozo escapo de su garganta.
Se hecho a un lado para liberarla de la presión de su cuerpo.
-¡Lo siento! –Había dicho con las lágrimas escurriendo ya libremente por sus mejillas. –No puedo hacerte esto, no quiero herirte y que a larga termines odiándote.
-Nunca podría odiarte. –Intento decirle, pero tenía las palabras atoradas en la garganta.
-Te quiero, pero no te amo. Mereces más de lo que puedo ofrecer.
-No te estoy pidiendo nada. –Por fin las palabras habían salido atropelladas de su garganta.
-Lo se, pero aun así mereces mucho mas de lo que yo podre darte.
Se vistió con prisa y salió corriendo. Ni siquiera se sintió capaz de seguirla, congelado por el agudo dolor en su pecho solo fue capaz de llorar con amargura.
Unas manos suaves y calidad lo volvieron de golpe al presente. Se obligo a sonreírle.
-Vuelve a la cama. –Le pidió ronroneando abrazádnoslo desde la espalda.
Ron suspiro con nostalgia tratando de alejar los recuerdos, estaba dispuesto a intentar aferrarse a esa hermosa mujer para dejarse de aferrar a un imposible.
La beso con ansias, con la necesidad de borrar las sombras de un amor frustrado y no correspondido. Buscaría entre las piernas de Daphne el olvido y la calma que tanto necesitaba. Estaba lejos de imaginar que la joven Greengrass tenía otros planes distintos a los suyos, que ya estaban en marcha. De momento estaba ganando su confianza para acercarse lo suficiente a las personas que eran de su interés.
*o*O*o*
Decir que estaba furioso era poco.
-¡No te entiendo! –Grito exaltado caminando por la habitación como un animal enjaulado. –Te has negado a darme un hijo y ahora quieres que adoptemos a nada mas y nada menos que la hija de un par de desquiciados.
-Ella no tiene la culpa. –Contesto lo mas calmada que pudo, comenzaba a perder también los nervios pera era mejor contenerse para ponerse hablar.
-Me niego a hacer tal estupidez. –Draco se paro en seco a pocos pasos de ella.
-¡Bien! –Dijo con simpleza
-¿Bien? ¡Que demonios quiere decir eso!
-Que no voy a obligarte a hacer algo que no quieras.
-Entonces, ¿Olvidaras esta locura? –Pregunto, viendo como negó con la cabeza.
-Voy a hacer todo lo posible para adoptarla, sino quieres que lleve tu apellido llevara el mío. Pero no voy a permitir que le pase nada a esa niña.
Exasperado se acerco a ella, sosteniéndola por los brazos.
-La madre de esa niña te torturo. –Dijo sacudiéndola ligeramente como si intentara hacerla entrar en razón. –Estuvo a punto de matarte ¡Con un demonio! ¡Llevas esa puta cicatriz por su causa! –toco la fina línea en su cuello donde Bellatix había amenazado con cortarle el cuello.
-Lo se. –contesto soltándose suavemente de su agarre. –Pero eso no tiene nada que ver con Destiny. Es tan inocente como lo fui yo o como lo fuiste tú, esa guerra no fue suya. No tiene que hacerla pagar por pecados que no son de ninguna manera de ella.
-Yo no puedo… -Volvió a negar.
-Como ya te dije no voy a forzarte. Pero voy a seguir adelante.
-¿Porque?
-Porque siempre he pensado que si en verdad alguien se hubiera preocupado por Tom Riddle cuando era niño, si alguien le hubiera enseñado lo que era el amor y la compasión, no hubiera habido en su vida cabida para el odio, Lord Voldemort nunca hubiera existido. No puedo condenar a otro niño inocente a un futuro como ese, mucho menos sabiendo que de no intervenir quizás ni siquiera sobrevivía lo suficiente.
Sus argumentes lo dejaron sin palabras. Se resistía a la idea de acoger a esa niña, todavía odiaba demasiado a Bellatrix y al innombrable. Aun le escocían las heridas que le provocaran, las pesadillas seguían demasiado presentes.
-Esta bien, puedo hacerlo sola, además hacerlo de esta manera simplificara las cosas cuando nuestro convenio termine.
Esa declaración lo dejo sin aire. Ambos eran consientes que su matrimonio tenia fecha de termino, pero hablarlo en voz alta lo hizo tan real que resulto ¿Doloroso?
-Lo haremos juntos. –Dijo después de unos largos minutos. –Si alguna oportunidad tiene esa niña de tener un futuro distinto al de sus padres será por ti.
-Gracias. –Le contesto conmovida acercándose a Draco para enredar sus manos en su cuello y besarle.
*o*O*o*
Toda mujer es bella en más de un sentido. Nunca ha tenido preferencias por algún tipo de dama. A disfrutado de muchas bocas con sabores distintos y con cuerpos variados. Todas ellas entregadas a la causa, como el mismo para complacerlas.
Rubias, morenas, pelirrojas o castañas. No hay diferencia todas hermosas, todas, un suculento bocado para ser probado y paladeado, sin embargo, hoy tiene un antojo particular.
Desea sacarse una espina que lleva días clavada en su deseo. Sabe exactamente a quien buscar para calmar su placer y así poder apartar de su cabeza las mil tonterías que ahora rondan su cabeza.
Toca una puerta y una delgada rubia le da la bienvenida con una sonrisa y poca ropa. Le seduce su feminidad, los contoneos de sus caderas cuando le pide que la siga, lo ponen duro al instante.
Sus cabellos largos y rubios se mesen con su andar felino. Lo conduce a la cama, sin muchos teatros se desnudan.
Entra en ella apretando los dientes, llenando la estreches de su intimidad húmeda y caliente. La sensación lo atrapa nublando su coherente pensamiento. Tiene las piernas de su amante sobre los hombros para entrar mas profundo. La escucha gemir con fuerza con cada bombeo en su sexo.
No se contiene, quiere perderse y tenerla perdida. Bebe con avidez de sus pechos, succionando su pezón izquierdo, lamiendo y mordiendo, tirando de el causando pequeños calambrazos y gemidos mas fuertes en la joven.
Mas no le basta, se hunde en ella con movimientos rápidos y profundos. La mira a los ojos de un azul más pálido del que busca. Maldice entre dientes tratando de borrarla de su mente, pero no lo logra, al contrario. Se enciende en su cabeza y su cuerpo su recuerdo.
¡Maldición! -Grita por dentro con los dientes rechinando. Tiene su imagen inocente danzando en su cabeza, causando estragos en su sistema.
Revienta en un orgasmo solo imaginando que es Luna en la que entra. No le basta otra mujer rubia, por algún motivo la quiere probar a ella.
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Hola a todos,
Mil gracias por sus comentarios, me hacen muy feliz. No he tenido computadora y se me ha hecho un tanto difícil escribir este capitulo, pero siempre vale la pena el esfuerzo al leer sus mensajes.
Agradezco muy especialmente a las hermosas personitas que recomiendan mi historia, a las que se toman la molestia de avisar de mis actualizaciones, a quienes me leen y me regalan unos minutos para hacerme saber sus opiniones.
Les mando un enorme beso.
Helena Grand
