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Eres libre de hacer con tu vida lo que te plazca. Puedes quedarte postrado en esa cama lamentándote y auto compadeciéndote. Entrégate a la muerte como el valiente héroe que fuiste y no el cobarde que eres ahora.
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Con la confianza que dan los años de amistad, entro a la casa veraniega en la que vivía su amiga de infancia Pansy con un simple "alohomora". De antemano sabia que Potter se encontraba en el lugar, la misma Parkinson les había puesto al tanto para que Draco pudiera ir a verle para evaluar su estado de salud.
Malfoy lo había mandado primero con la instrucción de evaluar la situación y tomar una decisión al respecto. Si su estado era grave no quedaba mas remedio que llevarlo de vuelta a San Mungo y de ser necesario tendría que intervenir perdiendo así el anonimato del tratamiento. Todos esperaban que su estado no fuera tan crítico para tratarlo desde casa o posiblemente en las oficinas privadas de Draco para suministrar lo necesario para estabilizarlo.
Lo que menos esperaba Nott era encontrarse con la presencia de Longbottom, mucho menos que se encontrara tan tranquilamente en el comedor tomando el desayuno de manera desenfadada con cierta rubia que no podía sacar de su cabeza.
El acido que sintió en la boca de estomago, trepo por su garganta, dejándole un sabor amargo. Sus ojos azules eran dos dagas que se clavaban con furia en el castaño que sonreía de manera boba a una encantadora chica que parecía cautivada por cualquier estupidez que estuviera contando Neville.
-¿Dónde esta Pansy? -Pregunto sin siquiera saludarlos, en un tono demasiado alto para su gusto.
Su intervención fue tan repentina y tan brusca que logro que dieran un respingo en sus asientos Luna y Neville.
-Esta en su habitación, desayunando con Harry. –Informo con cierto desconcierto por la repentina explosión en el carácter de Nott.
Hacia meses que habían dejado la hostilidad del pasado, incluso le parecía una persona agradable de trato, pero ahora parecía tener delante a alguien completamente diferente. Lo que lo desconcertó y molesto a partes iguales, pues le desagradaba la manera en la que veía a Luna, como si tuviera algo en su contra.
-¿Ocurre algo? –Se atrevió a preguntar sosteniéndole la mirada.
Neville ya no era el mismo chico tímido, patoso, inseguro y descoordinado del que todos se burlaban. La guerra lo había marcado profundamente como a todos, obligándolo a sacar el carácter y volverse un hombre seguro de si mismo, con el mismo corazón noble, pero decidido y entero.
-¿Qué habría de ocurrir? –Replico en tono burlón, apartando su vista del muchacho para ver de nuevo a la chica con cierta rabia.
-No se. –Se encogió de hombros. –Dímelo tu, pareces molesto.
Nott sonrió sin alegría tomando la manzana de Luna que estaba justo a un lado de su plato y que estaba a punto de coger, casi se la había arrebatado de la mano.
-No tengo nada que decir Longbottom. –Dijo con sequedad, mordiendo la manzana sin apartar sus ojos de los azules de Luna.
Neville se tenso al instante ante la grosería hacia Luna, su cuerpo se envaro y estuvo a punto de levantarse para exigir que se disculpara con su amiga. Pero la suave y delgada mano de la rubia se poso en la suya para contenerlo casi como por descuido. Sin verse afectada en lo mas mínimo por la actitud hostil de Nott.
-Nosotros ya terminamos de desayunar y ya vimos a Harry, si quieres puedes unirte a ellos para el desayuno –Se limito a decir la rubia completamente serena como si nada ocurriera.
Sin esperar una respuesta por parte de Theo, Luna retiro la servilleta de su regazo para levantarse de su asiento, sin soltar la mano de Neville.
-Recuerdas que te conté que hay un lago cerca de aquí. Estoy segura que habrá muchos animales mágicos y plantas acuáticas ¿Podemos ir a velos? –La rubia hablaba con emoción en la voz, guiando a su amigo hacia la puerta.
Pasaron por un lado de un furioso castaño que se sintió completamente indignado por ser ignorado de esa manera. Apenas salieron, lanzo la manzana contra una de las paredes.
-¡Demonios! –Maldijo por lo bajo y camino hacia la habitación de su amiga.
Tenia que hacer algo para sacarse a esa rubia de la cabeza. Necesitaba con urgencia encontrar alguna manea de borrarla de su vida, cada vez le costaba mas contenerse en su presencia y no lanzarse para romperle la ropa y tomarla.
No la quería, solo la deseaba como al infierno. La tenia metida hasta la medula quizás por que era alguien intocable. No podía comportarse con Luna, como lo haría con cualquiera. Un movimiento en falso haría que Hermione le cortara su hombría. Después de todo la castaña era muy protectora con los que quería y Lovegood es su mejor amiga, no podía tocarla solo para pasar el rato y no le apetecía llegar a algo mas profundo.
Por eso no entendía por que lo confundía tanto. ¡Carajo! Quería romperle la cara al imbécil de Longbottom por hacerla reír, por dejarse tocar.
Luna no era una mujer sensual, bonita sí, peculiar y extravagante. Tenia que admitir que era transparente, nunca se andaba por las ramas, tenia una crudeza tal para hablar con la verdad que podía ofender a los sensibles, pero que resultaba algo tan fuera de lo común que resultaba reconfortante que par variar alguien no mintiera para ocultar lo que en verdad piensa.
Su tranquilidad puede ser exasperante, como su manera de ver la vida. Era casi como si viviera en un mundo de fantasía diseñado para ella y al mismo tiempo tan insoportablemente real en muchos sentidos que hería su sentido común.
Bufo con molestia. Se acerco de nuevo a la mesa para tomar el vaso con jugo que dejo a medio bebe la rubia y se la llevo a los labios para dar un largo trago, tratando de quitar así el sabor amargo en su garganta, antes de ir a la habitación de Pansy y así saber de una buena vez a que se enfrentaban.
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Pansy se encargo de llevarle a Harry el desayuno a la cama, para que no se agotara. Seguía pálido y con oscuras ojeras bajo sus ojos, a pesar de todo parecía un poco mejor de como se veía la primera vez que se despertó antes del alba.
Tratando de distraerle se había puesto a parlotear sobre sus últimos viajes y la asombrosa obra muggle como ella le llamaba al mundo de la moda. Gracias a Hermione, la morena se permitió conocer más de la gente sin magia y estaba cautivada por su ingenio.
Harry la escuchaba en silencio. El dolor seguía palpitante en su pecho, pero la vitalidad y energía de la morena era contagiosa. Había sonreído débilmente un par de veces, incluso se avergonzó ante el ofrecimiento de darle de comer en la boca si se negada a desayunar.
-¿Cómo te sientes?-Pregunto de repente, levantando su mano para ponerla sobre su frente y checar su temperatura.
-Bien.
-¡No mientas Potter! –Dijo con enfado levantando un dedo de manera acusadora.
-¿Qué quieres que te diga? ¡Que me siento como una mierda! –Soltó con brusquedad, apartando su mano de un manotazo.
Trato de no ofenderse con su brusquedad. -Se que te siente como una y tienes buenas razones para ello. Pero me refiero a tu salud.
-Estoy muriendo. –Señalo sonriendo sin alegría. –Que más da como me sienta ¿A quien le importa? Ciertamente a mi no me interesa.
-¡Debería importarte! –Se limito a contestar, aunque en realidad hubiera querido decir en voz alta "A mi si me importa"
-Agradezco tu ayuda, pero ya no le veo caso continuar en algo que no me llevara a ningún lado. Es solo posterga un fin asegurado.
-¿Quieres darte por vencido? –Pregunto escandalizada. Sus ojos azules brillaban por las lágrimas que se negaba a derramar. –Yo creí que eras valiente. –Su voz inestable fue solo un murmullo.
-No se trata de valor ¿Qué sentido tiene luchar contra lo inevitable?
-Tienes razón Potter, la muerte es la única certeza que podemos tener desde el momento de nacer. Morimos un poco todos los días, pero hay una gran diferencia entre aceptarlo con dignidad o dejarse abatir por cobardía.
-¿Me hablas de valor? –Pregunto con los dientes apretados. –Cuando tu fuiste quien elevo la voz para entregarme al innombrable para salvar el pellejo.
Algo se rompió en el interior de Pansy, sus labios temblaron. Sabia que lo que decía era cierto, pero que se lo echara a la cara en ese momento, cuando solo pretendía ayudarlo era un golpe bastante bajo.
-¡Tiene razón! –Admitió. –Fui una despreciable cobarde.
Harry supo que se había equivocado en el mismo momento que las palabras salieron de su boca. Pudo ver lo mucho que sus palabras le herían, quiso retractarse pero las palabras se atoraron en su garganta.
-Pensé que habías aceptado mis disculpas, que me habías perdonado por mis estupideces de juventud. Que comprendías que no era más que una adolecente aterrorizada. –Se trago las lágrimas a base de morderse la lengua. –¡Ya veo que no fue así!
Estaba sumamente herida, sin embargo, recompuso su gesto adolorido. La vieja Parkinson estaba de vuelta, usando la mascara fría que se confecciono a si misma, para no traslucir sus sentimientos.
Se levanto despacio, alzando la barbilla con arrogancia. Sus ojos azules estaban ya secos, la trémula humedad desapareció para dejar solo un velo opaco de tristeza.
Acogió en su corazón la esperanza de que con paciencia y tiempo, en algún momento Harry sanaría no solo su cuerpo, sino su corazón, entonces tendría la oportunidad de acercarse a el para demostrarle sus sentimientos, sin embargo, ahora es claro que eso no será posible. Para Potter siempre será la joven que clamo por su entrega para salvar su cuello. Jamás la perdonaría.
-Te quedas en tu casa. Eres libre de hacer con tu vida lo que te plazca. Puedes quedarte postrado en esa cama lamentándote y auto compadeciéndote. Entrégate a la muerte como el valiente héroe que fuiste y no el cobarde que eres ahora.
En la puerta se topo con Nott, le basto verle la expresión en la cara para saber que había escuchado toda la conversación. Pansy paso por su lado sin mirar atrás, sintió la suave caricia de su amigo al pasar, tratando de reconfortarla.
Theodore se aseguro de cerrar bien e insonorizar el lugar. Se giro en redondo para encarar al pelinegro, que seguía con la vista fija en la puerta por la que acababa de salir Parkinson.
*o*O*o*
Lucius tenía una concepción de la vida bastante clara. En su mundo nunca hubo cabida para muchas cosas, entre ellas, los niños. No es que no amara a Draco, lo amaba a su manera, pero nunca fue lo suficientemente tolerante para pasar demasiado tiempo a su lado, ese el trabajo de Narcisa y poco se involucro verdaderamente con la educación y cuidado de su vástago.
No podía sentirse mal al respecto, porque simplemente esa era la manera de actuar y dirigirse de los varones sangre pura. Su trabajo era claro siendo la cabeza de familia; mantenía los negocios familiares andando, formando buenas relaciones que facilitaran obtener todo cuanto quisieran.
Su nombre siempre le abrió con facilidad todas las puerta y fue hasta que su trágica intervención en las guerras termino de dañar, su ya de por si, tambaleante reputación. Perdió absolutamente todo en consecuencia, no solo manchando su nombre al convertirse un paria de la sociedad, un ex mortifago, sino además mermaron sus arcas por pagar cantidades escandalosas para salvarse de pisar Azkaban. Por encima de todo, lo que mas le pesaba era verse impedido de volver a usar magia, el sentimiento de estar mutilado siempre estaba presente en su cuerpo.
El temblor en su mano derecha solo era la evidencia física del trastorno que sufría ante el impedimento de usar una varita. Por esa razón se afianzaba con fuerza a la empuñadura de su bastón, para que no se notara el movimiento involuntario de su mano.
En el geriátrico, para su sorpresa encontró un buen distractor. La amistad con Johnson le trajo una paz de la que hacia décadas no disfrutaba. Además de que el hombre se volvió una herramienta útil para poner en marcha sus planes, se encontró con una rivalidad que despertó su lado mas competitivo y le hizo a la larga sentirse bien consigo mismo.
Eran sus manos ya su única herramienta posible, pero también lo era su inteligencia y su astucia. Desde que le quitaran su varita, no había vuelto a sentirse tan bien.
Ahora estar rodeado de niños era otro asunto, uno mucho mas intimidante si cabe mencionar. Ni estando rodeado de una decena de mortifagos se podía compara con tener a la sensación de tener doce pares de ojos de niños inquietos fijos en el, esperando que hablara.
-Niños les presento al señor Malfoy.
-¡Buen día, señor Malfoy! –Saludaron a la vez un coro de voces infantiles.
Lucius se acojono y estuvo a punto de salir discretamente por la puerta ante la curiosidad que despertó en esa marabunta de pequeños que le miraban con descaro. Incluso uno de ellos tenía el dedo metido en la nariz hurgando en ella, sin apartar la mirada de la suya, tuvo que contener una mueca de asco.
-El Señor Malfoy muy amablemente se ha ofrecido a apoyarnos para cuidar de ustedes. De momento será el encargado de leer los cuentos que mas les gusten.
El rubio se vio tentado a decir en voz alta que no lo hacia por voluntad propia, que estaba siendo obligado a cumplir con el servicio, pero no tenia caso. De cualquier manera no había manera de escaparse de ese tormento, además, si su nuera se enteraba de su reticencia y hostilidad para cumplir, no quería ni imaginar que tan malo se pudiera volver su estadía en la casa hogar.
Carraspeo incomodo cuando la mujer que lo presento se marcho sin ceremonias, dejándolo a cargo de un grupo de 12 niños entre lo años.
-¡bien! –Exclamo mas para si mismo. -¿Qué quieren que les lea?
Tarde se dio cuenta de su error cuando doce vocecitas se alzaron para pedir cosas diferentes.
-¡Un cuento de piratas! –Grito un niño de cabello negro despeinado y ojos aceituna. Agitaba su pequeña mano como su llevara una espada en la mano. Y los niños comenzaron a vitorearlo.
¿Qué carajos en un pirata? Pensó para sus adentros Lucius.
-¡No! –Exclamo indignada una niña que llevaba el pelo atado en dos coletitas chuecas. -¡de Princesas encantadas!
¡Por Merlín! ¿Qué es una princesa encantada? Al rubio comenzaba a dolerle la cabeza. Los niños cada vez gritaban más.
-¡Basta! –Grito amenazante pero nadie le hizo cao. -¡Cállense todos! –Exigió golpeado el piso con su baston, haciendo un fuerte ruido.
Se hizo el silencio.
Aunque no duro demasiado, cuando el grupo completo de niños se pusieron a llorar al mismo tiempo.
Sí, definitivamente prefería a los mortifagos, al menos a ellos sabía como tratarlos. Ese primer día iba a ser mucho mas largo de lo que nunca imagino.
*o*O*o*
Pansy miraba por la ventana que da a los bonitos jardines que rodean la casa de verano. No es capaz ni de llorar, su corazón se encuentra acongojado y triste, pero se obligo a retener las lagrimas delante de Harry y ahora simplemente ya se negaban a salir, como si se hubieran amotinado.
A través del cristal, alcanza a ver como Neville y Luna están de regreso, caminan por un pequeño sendero entre los arboles que llevan al bosque. Pensó que seguramente fueron al lago. Ambos chicos lucían bien juntos, se notaba con solo verlos lo bien que se llevaban y que posiblemente había un cariño bastante fuerte entre ellos. Eso le hizo sentir un poco mal por Nott, pero si su amigo era tan ciego para no darse cuenta de lo que comenzaba a sentir por Luna, no podía hacer nada por ayudarle.
Al menos Pansy creía que a pesar de la desilusión, al menos lo había intentado y eran sincera consigo misma como para admitir que estaba enamorada de Potter.
Suspiro al escuchar pasos acercándose, sabia muy bien quien era cuando su perfume llego mucho antes que el.
-¿Sabes que viven juntos? –Pregunto sin girarse.
-¿Quienes?
-Lovegood y Longbottom.
-¿Como? –Pregunto en tono alto, haciendo sonreír a Pansy, ante la evidente molestia en su voz.
-Por eso Luna esta aquí. Le trajo ropa limpia a Neville. Comparte un piso cerca del viejo departamento de Hermione.
Theo tenia los puños tan apretados que sus nudillos se tornaron blancos.
-Deberías de dejar de ser tan cabezotas y admitir lo que sientes antes de que sea tarde.
-Para que me rompan el corazón como a ti. –Dijo sin afán de ofenderla.
-Al menos yo puedo decir que lo intente. –Contesto a la defensiva girándose a mirarlo por primera vez.
Sus ojos azules estaban brillantes de nuevo por las lágrimas.
-Yo no quise…
-¿No quisiste que? –Cuestiono acercándose –No has dicho nada que no sea cierto al igual que el.
Pansy parpadeo varias veces mirando al techo para contener las lagrimas.
-Ambos son unos cobardes, que prefieren conformarse con la mierda que tienen antes de atreverse a luchar. Yo puede haber sido una cobarde en el pasado, una estúpida insensible ante el dolor ajeno, pero he cambiado y actuó en consecuencia, si no es suficiente para los demás, se pueden ir al diablo tu y el.
-Discúlpame Pam.
-No hay nada que disculpar, soy lo que soy y ya no me avergüenza admitir lo mucho que me equivoque. Solo espero que no sea demasiado tarde cuando te des cuenta que tu tampoco eres la misma persona que fuiste y que necesitas y quieres tener a alguien que permanezca en tu vida y no sea solo una aventura de una sola noche.
Se quedaron en silencio hasta que Luna y Neville entraron a la estancia.
-¿Cómo se encuentra Harry?
-Esta estable. –Se obligo Nott a contestarle a Neville conteniendo su molestia al verlo a lado de Luna. –Sera mejor no moverlo por ahora. Draco vendrá mas tarde, su hija se encuentra enferma y tiene que estar con ella, ya que Hermione sigue un poco débil.
-¿Te quedaras aquí hasta que Malfoy venga? –Pregunto la rubia.
-Si, ¿Porque? –Pregunto con brusquedad.
-Necesitamos irnos Neville y yo, pero no queremos dejar sola a Pansy con Harry por si llegara a necesitar ayuda.
-No se preocupen, Theo se quedara conmigo. –Contesto la morena al ver que el castaño no era capaz de hablar ante su malestar evidente.
-Muy bien, nos vemos después.
-Gracias por todo Pansy.
-Al contrario Neville, gracias por ayudarme. Llegaste en el momento mas oportuno.
Longbottom sonrió con sinceridad a la morena, pero la sonrisa se le esfumo cuando giro a ver a Nott. Aun seguía molesto y desconcertado por su actitud. Se despidió de el con un leve movimiento de cabeza antes de salir con Luna a su lado.
Cuando estuvo seguro que se marcharon, Theo no pudo contenerse más. -¡Maldición!
-Me temo que tendrás que esforzarte mas.
-¿De que hablas?
-Para fingir que Lovegood no te importa. –Dicho eso se marcho dejándolo solo.
. . .
Golpe ligeramente la puerta antes de entrar. Ni siquiera lo miro una sola vez antes de dirigirse directamente al baño. Regreso con tres frascos en las manos.
-Tienes que tomar estas pociones. –Destapo el primer frasco ofreciéndoselo al pelinegro.
Harry lo tomo sin rechistar, al igual que lo hizo con los otros dos que le ofreció. Cuando estaba por retirarse la retuvo tomándola por la muñeca.
-Lo lamento. –Se disculpo.
Pansy estaba de pie, sintiendo el calor abrazador por ese simple toque sobre su muñeca. Su corazón latía con fuerza, humedeció sus labios antes de contestar.
-No hay nada que lamentar, solamente has expresado lo que siente y tienes razón. –Con su mano libre abrió lentamente los dedos de Harry para que la soltara. –No soy alguien en quien puedas confiar, no soy nadie en tu vida. Pero a pesar de todo quiero que estés bien, has luchado demasiado y mereces ser feliz. Haz recibido un duro golpe, otro mas a tu lista, y te aseguro que es quizás el mas doloroso por que fue de alguien a quien amas, pero la vida sigue a pesar de todo.
Se giro para retirarse, ya había abierto la puerta para salir cuando la voz de Harry la hizo detenerse de nuevo.
-Por favor, no me dejes solo. –Sus palabras era suplicantes.
Titubeo en el umbral de la puerta. Después de lo ocurrido, de comprobar que nunca la perdonaría realmente, sabía que debía proteger su corazón.
Cerró la puerta lentamente.
No había nada que proteger cuando su corazón ya no le pertenecía. Regreso sobre sus pasos para acostarse a un lado de Harry.
*o*O*o*
Cuando los ojos grises de Destiny se abrieron, lo primero que vio fueron los rostros preocupados de sus padres.
-¿Estas bien cariño? –Le pregunto con dulzura Hermione. Inclinándose para besas sus mejillas.
La pequeña sonrió radiante. No recordaba nada, pero se sentía bien sentir el afecto sincero de sus papas.
-Me siento bien. –Afirmo de inmediato.
Draco suspiro con alivio.
Busco a su lado inquieta al no ver cerca a su muñeca, a penas iba a preguntar cuando Hermione se levanto para tomarla de un juguetero cercano.
-Aquí esta Isabella. –Le dijo la castaña entregándole la muñeca.
-El medico a dicho que debes descansar un poco y tomar unas vitaminas. Nos asustamos mucho cuando te desmayaste, pero parece ser que fue debido a la fuerte emoción que experimentaste por la llegada de tu hermanito. –Draco acaricio sus cabellos negros mientras le explicaba.
Una enorme sonrisa ilumino aun más el rostro de Tiny. –Voy a quererlo mucho.
-Y el o ella también te querrá mucho. –Hermione beso de nuevo sus mejillas redondas. –Ahora a descansar para que pronto podamos ir de compras, necesito ayuda para comprar cosas de bebe. Además estoy segura que a tu tía Pansy le encantara acompañarnos.
Destiny nunca se había sentido tan feliz como en esos momentos. Su madre Melinda siempre había sido dura y estricta con ella, jamás le demostró afecto, para ella solo era un estorbo.
Hermione era tan distinta, tan dulce y cariñosa. Siempre la llenaba de palabras amables, de cálidos abrazos y besos que le calentaban el corazón. Le desenredaba el cabello con mimo y la peinaba, leía todas las noches hasta que se quedaba dormida y todo el tiempo le decía lo mucho que la quería y lo importante que era.
Draco no era demasiado abierto, pero siempre era paciente para aplacar sus dudas, se ocupaba de que estuviera bien y que nada le faltara. Todos los días se tomaba el tiempo de salir al menos un rato por los jardines para caminar con ella de la mano, le hablaba de muchas cosas interesantes, entre ella que era una bruja que poseía magia al igual que ellos.
Ahora entendía un poco las cosas extrañas que ocurrían a veces, se sentía mucho mas tranquila al saber que era algo real y no producto de su imaginación. Aunque aun no se animaba a contarle a nadie que su muñeca era especial, tan especial como para hablar con ella.
*o*O*o*
Ginny no era tonta, sabia que había personas peligrosas a las que no debía acercarse a pesar de las tentadoras ofertas. Mientras jugaba para las arpías se había topado varias veces con Liam Miller, mago y magnate de los negocios en el extranjero, específicamente en el nuevo continente. Y después cuando se volvió imagen de una de sus muchas empresas se vieron con mayor frecuencia.
Miller era sumamente atractivo, con una impecable piel color ébano, alto y atlético, pero su reputación no era tan buena como su apariencia. Tomaba cuanto quería sin importar los medios o las consecuencias, tenia el dinero suficiente para pagar por ello y nunca se tocaba el corazón para lograr sus fines.
Desde que vio a Ginny por primera vez, se volvió su objetivo, su presa a cazar. A pesar de los pocos escrúpulos de la pelirroja, nunca se atrevería a meterse con alguien como el, sabiendo de las posibles consecuencias. Sus evasiones no fueron bien tomadas, pero siendo prometida del héroe mágico, no era tan estúpido para tomarla a la fuerza, sin embargo, seria paciente para esperar por momento mas propicio.
Cuando faltaban pocos meses para su boda con Potter, el momento llego. La encontró en una de las muchas fiestas que organizaban la empresa deportiva de la cual era la imagen. Estaba sola y parecía sumamente abatida por alguna razón. Se acerco de manera amistosa y bebieron hasta que Ginny cedió a acompañarle a su habitación. Por supuesto que no estaba en sus cinco sentidos, como para ser consiente de lo que hacia, eso no evito que se entregara con pasión a Liam.
A la mañana siguiente la pelirroja se despertó en una habitación ajena acompañada por un hermoso y terrible hombre que le miraba con burla y desprecio, después de obtener lo que quería.
Salió de ahí prometiéndose olvidar el asunto, después de todo tenia demasiados problemas como para preocuparse por uno mas.
Ginny se había enfocado tanto en recuperar a Draco, que se había olvidado por completo de aquel encuentro que tuvo con Liam Miller, sin embargo, este no lo había olvidado, mucho menos después de enterarse por la prensa de que la pelirroja había dado a luz a un niño negro.
-¿Ese niño es mío? Pequeña zorra. –Pregunto traspasando la puerta.
Ginny tembló bajo su mirada, tan pálida como un fantasma.
-Yo no…
-¿Tu no que? Intentas burlarte de mí.
-En absoluto Liam. –Dijo agitando las manos.
-¿Es mío? –Pregunto de nuevo, acercándose amenazante hasta la cama donde estaba la pelirroja.
-Si. –Admitió en un susurro.
-¿Dónde esta?
-En San Mungo, nació antes de tiempo.
-No me hace gracia, pero ningún hijo mío será criado por un enclenque y una zorra.
-Por mi quédatelo.
Liam la tomo por el cuello impidiéndole respirar.
-Ten por seguro que así será. –La soltó con asco y salió de ahí.
Ginny tocia con fuerza tratando de recuperar el aliento perdido.
Nada le importaba sobre ese niño, pero era consiente de cuando apareciera en San Mungo para ir por su hijo, habría serios problemas.
*o*O*o*
Había pasado una semana del nacimiento del pequeño James, seguía en el hospital, pero sus mejoras eran notables. Posiblemente en un par de días mas seria dado de alta y sus abuelos pensaban llevárselo a la madriguera para seguirlo cuidando.
Acababan de darle de comer y se encontraba en brazos de su abuela cuando alguien irrumpió en la habitación. Liam Miller era acompañado por su abogado e iban con todas las intenciones de llevarse al bebe.
-Soy Liam Miller, el padre biológico de este niño y vengo a hacer cumplir mis derechos.
-¡No! –Fue lo único que pudo decir Molly entre lágrimas, después de leer el documento que le ofrecieron.
-Sera mejor que lo entregue. –Afirmo el hombre con elegante túnica que acompañaba a Miller. –O tendremos que usar la fuerza.
-No se atreva siquiera a tocar uno de sus cabellos, si sabe lo que le conviene –La voz autoritaria de Hermione se escucho desde la entrada.
Paso por un lado de los hombres poniéndose frente a la señora Weasley de manera protectora.
-Estoy en mi derecho, ¡No sabe quien soy! –Dijo colérico Liam.
-Por mi puede ser el Rey de Inglaterra e igual no se llevara a este bebe. –Le miro desafiante, sin importar que tuvo que elevar el rostro pues era mucho más alto que ella.
-Tenemos una orden.
-Una que no es valida por no hacerlo por los canales legales. –Respondió sin siquiera leer el documento que le ofrecían. –Si en realidad es su padre biológico, tiene que comprobarlo.
-La madre, Ginebvra Weasley lo admitió.
-Eso no es suficiente. –Movió de manera negativa la cabeza y sonrió con suficiencia. –Hacen falta pruebas genéticas y un juicio para solicitar la custodia. Y en caso de comprobarse aun esta por delante un largo proceso de custodia.
-La madre esta dispuesta a ceder los derechos. –Insistió el abogado perdiendo el aplomo ante los argumentos de la castaña.
-Apelaremos sobre su incapacidad de tomar decisiones. Hay un equipo medico que confirman su inestabilidad mental, los abuelos del niño tienen todo el derecho de pelear la custodia.
-¿Quién se cree que es? –Pregunto con desprecio Miller.
El hombre no estaba acostumbrado a que nadie lo desafiara, saco su varita enterrando la punta en el cuello de la castaña.
-No me creo, soy Hermione Malfoy y este pequeño es mi ahijado y no permitiré que nadie lo aparte de su familia. –No dudo, ni dio un paso atrás a pesar de la amenaza.
-Vaya tenernos una heroína de guerra. –Se burlo.
-Entonces sabrá que así como no me intimido un Lord oscuro, no le tengo miedo. Así que será mejor que guarde de nuevo su varita, sino quiere que a mis demandas agregue una acusación por amenazas.
-Señor Miller, creo que será mejor que nos marchemos por ahora. –Le dijo su abogado tomándolo por el brazo.
Liam se soltó de un brusco tiro. –Esto no a termina.
-Lo tengo muy presente Señor Miller.
Cuando se marcharon ambos hombres, Hermione se giro respirando de nuevo con normalidad.
-Todo estará bien Molly, de alguna manera lo solucionaremos.
La pelirroja mujer no podía dejar de llorar con su pequeño nieto en brazos. Hermione solo esperaba ser capaz de cumplir su palabra. Claramente el hombre estaba dispuesto a hacer lo que fuera por hacerse con la custodia del niño.
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Hola a todos,
Aquí tienen la segunda parte del capitulo, espero que sea de su agrado.
Muchas gracias por sus comentarios, votos, quienes me ponen en favoritos, me siguen y a todos los que me recomiendan y avisan de mis actualizaciones.
Les recuerdo que mis historias se publican en Potterfics, Wattpad y Fanfiction. Y pueden buscarme como Helena Grand en facebook y Twitter.
Besos,
Helena Grand
