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El anillo de rubí en la mano de Hermione ha dejado de emitir el mismo brillo, su propósito ha sido cumplido, sus efectos se irán disipando lentamente a lo largo de su embarazo. Pero sin duda sino es retirado volverá a intensificarse su magia para propiciar la procreación.

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*o*O*o*

Amor. Tan complejo como simple, hermoso como destructivo y aun con todo, algo difícil de negar a esas alturas del partido. Lo quería mucho más de lo que nunca había imaginado. No estaba en sus planes sentir lo que albergaba su corazón, pero ya era absurdo negar algo tan evidente.

Lo observaba dormir. Hacia cerca de una hora habían estado amándose hasta la saciedad. No era solo el buen sexo, sino la compenetración que lograban. Encajaban perfecto, dos partes de una misma pieza, ni más ni menos.

Ella que no creía en medias naranjas. Siempre pensó que cada individuo es un ser completo que no necesita de otro para sentirse plena. Ahora comprendía que no es necesariamente que te falte una pieza, es un sentimiento de pertenencia y descanso que te hace sentir que estás en el lugar correcto.

Su lógica no le permitía comprender del todo, como dos personas tan distintas podían entenderse tan bien. Los defectos que antes había odiado con todas sus fuerzas ahora eran parte de esos detalles que le hacían amarle. Seguía siendo el mismo pretencioso, narcisista y altanero de siempre, pero admiraba su seguridad, la manera en la que se movía por el mundo, su humor negro, la manera tan sencilla en que lograba alterarla para después tener el placer de calmarla con sus besos.

Cada encuentro era distinto, el fuego y la pasión era la misma, no así, los sentimientos que estaban en juego cada vez que Draco se perdía en su interior. Podía sentirlo en cada fibra de su ser, la evolución de sus caricias, de sus labios sobre su piel, la forma en que la miraba mientras la tomaba con un fervor que le erizaba cada vello de su cuerpo.

Lo sentía tan dentro, no solo de su cuerpo, sino de su alma. Quizás se sentía de esa forma porque había dejado de ser algo del momento para convertirse en algo mas profundo.

No recordaba haberse sentido tan plena y feliz. Por esa misma razón tiene miedo, mucho temor de despertar de ese hermoso sueño para darse cuenta que solo ella estaba poniendo su corazón en esa relación y que tarde o temprano Draco se alejaría de su vida, dejando un vacío que no sabría cómo llenar.

Tenía claro que su relación no era convencional en ningún sentido. Todo empezó de una forma que solo podía calificar como violenta, Malfoy estaba demasiado herido y desde su rabia se volvió alguien de cuidado, una persona que sin importar los métodos tomaría una compensación por la ofensa hecha.

Suspiro largamente, retirando un mechón de cabellos rubios que cubría su frente. En el proceso acaricia su rostro suavemente para no despertarle. Verlo dormir tan apaciblemente le gustaba, parecía tan pacifico, nada que ver con su personalidad real, cuando sus ojos color mercurio se abrían y mostraba esa sonrisa altanera que tanto amaba.

Le besa suavemente los labios, con una necesidad de trasmitirle lo que siente. Dormido se remueve abrazándola en el proceso. Se deja arropar en sus brazos, tratando de alejar el miedo para disfrutar ese calor que calienta ya aquel corazón que no hace tanto había albergado otro amor que comenzó a disiparse para dejarle cabida a su marido.

Cierra los ojos y se deja vencer por un sueño tranquilo.

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El anillo de rubí en la mano de Hermione ha dejado de emitir el mismo brillo, su propósito ha sido cumplido, sus efectos se irán disipando lentamente a lo largo de su embarazo. Pero sin duda sino es retirado volverá a intensificarse su magia para propiciar la procreación.

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Draco se despierta temprano con su mujer aun dormida entre sus brazos, sonríe como nunca había sonreído, sin siquiera ser consiente que lo hace. Acaricia lentamente su cabello indomable, aspirando su aroma.

Puede acostumbrarse a vivir el resto de su vida de esa manera, de hecho, desea que así sea. Buscará la manera de convencerla que el tiempo del contrato no es suficiente, la quiere, quizás mucho más que quererla, comienza a amarla y no está dispuesto a perderla.

Lleva su mano en una suave caricia por sus costados hasta llegar a su vientre y la deja ahí, en la planicie, en el lugar que alberga a su hijo.

¿Es felicidad lo que siente? Esa mezcla extraña de plenitud y satisfacción, ese regocijo por tener por primera vez en su vida algo que es verdaderamente suyo. Ese bebe que ya crece en el interior de su mujer, lleva su sangre, parte de sí mismo y de ella.

*o*O*o*

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Su dolor era profundo y devastador, solo comparado con el propio. Era como una bestia con voluntad y fuerza destructiva que los estaba torturando con una lentitud agobiante.

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Quizás es demasiado egoísta su manera de actuar, no era el momento adecuado, como tampoco la situación idónea en la que se encontraba Harry. No, como para lanzar sobre él, mucha más mierda de la que ya llevaba a cuestas, pero no podía guardar silencio, sabiendo los altos costos que tendría que seguir pagando Hermione al estar atada a un hombre sin escrúpulos que le obligo a casarse.

Durante los tres días que se mantuvo enclaustrado en su casa lidiando con los demonios que desatara la confesión de Ginny se cuestionó sobre lo que debía hacer. Era importante encontrar la manera para corregir las consecuencias del sacrificio que había hecho la mujer que amaba.

Conocía a la perfección a Harry como para saber que sería algo sumamente doloroso, si alguien quería a Hermione tanto como el, aunque con una tesitura romántica distinta -o al menos eso creía- ese era su amigo. Se sentiría responsable de alguna manera de que los sentimientos que tenía por el la hicieran tomar un camino que no hubiera elegido de otro modo. Con ese conocimiento también fue consiente que no le perdonaría jamás que guardara el secreto por destructivo que este fuera.

Sabía lo delicado de su estado de salud, sumado al golpe que su propia hermana le diera al engañarlo no solo con el padre de su hijo, sino con Draco Malfoy, pero no podía permitirse ahorrarle ese nuevo revés a base de mantener un secreto que estaba atando a la mujer que ambos querían.

Sí, quizás la rabia y el dolor le dominaran por un momento mientras le contaba la verdad. Los celos eran fuertes y le carcomían las entrañas de tal manera que le sacudían hasta la última célula del cuerpo. No podía odiarlo, pero tampoco podía mantenerse indiferente ante el conocimiento de que poseía el amor que siempre había anhelado para si mismo.

El dolor que se reflejaba en el rostro de Harry era profundo y devastador, solo comparado con el suyo. Era como una bestia con propia voluntad y fuerza destructiva que los estaba torturando con una lentitud agobiante.

Pasaron largas horas en silencio. Sentados en el frio piso, cada uno sumergido en sus pensamientos y luchando con sus demonios.

Rostros pálidos, corazones rotos y doloridos. La culpa sumándose a su ya pesada carga. Si tan solo hubieran sabido antes la verdad, jamás le hubieran permitido llegar tan lejos.

Ron amaba tanto a Hermione que estaba destruido. Tiene claro en ese momento que nunca hubiera cumplido su sueño de ser correspondido. La castaña de sus sueños había entregado el corazón quizás al único hombre que no podría odiar realmente, sin embargo, algo tenía que hacer para cambiar su situación, quería desde el fondo de su ser que fuera tan feliz como merecía y estaba completamente seguro que nunca lo lograría si seguía a lado de Malfoy.

Hermione nunca seria suya, jamás compartiría el tipo de sentimientos que deseaba, ese un hecho doloroso, pero, al fin y al cabo, completamente real. Cuando logro aceptar su relación con Malfoy y posteriormente su boda, se consoló pensando que lo amaba y aun cuando el rubio no lo mereciera, la vio feliz y eso le dio un consuelo vago en su desesperanza.

El pelirrojo le dio el tiempo suficiente a Harry para que sus palabras hicieran eco en su cabeza. Esperaba que juntos pudieran buscar la mejor manera de solucionar la situación en la que se encontraba su mejor amiga.

Vio con sus propios ojos la manera en que los acontecimientos comenzaron a asentarse en su cabeza y posiblemente en su corazón, el semblante pálido y ausente, muto en un determinado. Los ojos verdes tras las gafas se volvieron dos ardientes pupilas llenas de algo que no supo cómo interpretar.

En ese momento espera poder hablar para forman un plan común. Lejos estaba de imaginar que Harry se levantaría del piso sin pronunciar palabra y se iría, tan rápido que no le había dado tiempo de reaccionar.

Desapareció en la chimenea entre llamas verdes, ni siquiera escucho el lugar al que se dirigía. Se quedó con el nombre de su amigo en los labios y con la agobiante incertidumbre de no saber si había hecho lo correcto al contarle.

Tiro con fuerza de sus cabellos rojos con frustración, maldiciendo en voz alta ante la impotencia que de nueva cuenta lo estaba sobrepasando. Estaba a punto de usar la red flu, aunque no tenía muy claro si presentarse a la madriguera o a la casa de los Malfoy, cuando llamaron a la puerta.

De mala gana se apresuró a abrir. Dispuesto a correr a quien se atreviera a perturbarlo aún más. Pero apenas vio de quien se trataba, se quedó estático con la sorpresa reflejada en su rostro.

-Necesitamos hablar. -Dijo con seguridad mientras Ron se hacía a un lado para que pasara.

. . .

Era demasiado. El aire en la casa de Ron parecía tan espeso que no le permitía respirar. Por eso, sin siquiera despedirse se marchó por la chimenea para regresar al único lugar en el que podía estar lo suficientemente en paz para aclarar sus pensamientos. Es irónico pensar que ese lugar no fuera otro que la casa de campo de Parkinson.

Fue una fortuna que Pansy hubiera salido, después de dejarlo acompañado con Neville, se había marchado a hacer algunas compras, así que la casa se encontrara vacía. Así es mejor, no tenía fuerzas para dar explicaciones sobre su estado actual. Como autómata camino hasta los jardines que rodeaban la casa. Aun no podía quitarse la sensación de ahogo, por ese motivo había salido a tomar el fresco buscando poder volver a respirar de manera normal.

Entre más tiempo pasaba digiriendo la reciente confesión, mas enfermo se sentía, no físicamente sino emocionalmente hablando. Se sentó abatido en una silla del jardín bajo la sombra de un robusto árbol.

Se inclinó con abatimientos, hasta que apoyo los codos en las rodillas, entre sus manos escondía el rostro con todas las emociones a flor de piel y una angustia distinta a la que le había aquejado en días pasados. Supuso que se debía que ahora a sus penas se sumaba una sensación de culpa que no podía verbalizar, pero que latía en su interior.

No le ayudaba a encontrar ni paz, ni calma, darse cuenta que su mujer lo engaño con varios hombres, ¿Quién más se sumaría a su lista de amantes? ¿Cuántos hombres se estaría burlando a sus espaldas? Los celos crecían a niveles alarmante lastimando su orgullo, pero también un magullado corazón que se estaba llenando cada vez mas de amargura.

Ginny, su amada pelirroja no era más que una ramera. Sus promesas de amor no valían nada, todas esas palabras dichas desde antes que estallara la guerra no eran más que mentiras, juramentos vacíos, carentes de valor.

Se había aferrado a una mentira, construyendo castillos en el aire, para formar solo una farsa con la ilusión de la familia perfecta, la esposa devota, amorosa y fiel, un hijo al cual amar y cuidar, un pequeño que sería sangre de su sangre y carne de su carne, para quien trataría de ser un buen padre.

Era su familia la razón por la que luchaba contra la muerte, por quienes intentaba tolerar los dolores insoportables, que lo llevaban en ocasiones al borde de la locura.

Lagrimas brotaron de nuevo de sus ojos verdes, haciendo que sus gafas se empañasen. Con un suspiro ahogado las retiro de su rostro para dejar fluir sus penas, flotando el puente de su nariz para intentar detener la caída, sin ningún éxito.

Hubiera sido mejor no sobrevivir a la maldición, antes que vivir lo suficiente para ver como el engaño y las mentiras terminarían destruyendo su vida y sus ilusiones.

Si tan solo hubiera sabido antes de casarse sobre el engaño de Ginny, todo hubiera sido distinto. Igual le hubiera provocado un dolor indescriptible, pero al menos no se hubiera aferrado a una mentira y a la ilusión de ser padre. Con todo, la diferencia más grande seria que Hermione no estaría casada con Draco Malfoy y esperando su primer hijo.

Pensar en su mejor amiga hacia que le temblara el cuerpo. Tenía sentimientos encontrados al respecto, la culpa sin duda está presente, pero también un extraño regocijo de saber que alguien podía amarle de esa manera, aunque sonora absurdamente egoísta.

Hermione lo amaba, ¡Verdaderamente lo amaba! Con todo lo que eso implicaba. Le quería de una manera tan intensa y pura que se había sacrificado por él. El nudo en su garganta le impedía incluso pasar saliva, lo que en ese instante era bueno pues también le ayudaba a contener las ganas de vomitar.

Todo tipo de pensamientos se arremolinaban en su cabeza, agitando sus recuerdos para traerlos al presente con tanta fuerza que lo hacía temblar internamente. Las nitideces de esos instantes del pasado venían a acrecentar su amargura y ese dolor que no había abandonado por completo su pecho desde que se enterara del engaño de Ginny.

Fue tan estúpidamente ciego. El amor de Hermione siempre estuvo frente a sus narices. Estaba en sus palabras de aliento, en el apoyo incondicional, en la dulzura que siempre se hacía presente cuando más la necesitaba. Sí, estaba en los cálidos abrazos que le arropaban, en la forma que peinaba sus cabellos y le veía a los ojos con un brillo peculiar que le calentaba incluso el corazón.

Cuando abandono la casa de Ron se encontraba alterado, pero también determinado a no permitir que Hermione siguiera manteniendo una farsa a costa de su propia felicidad. Ahora mientras tenía la mirada perdida en el bosque cercano de los jardines de Pansy necesitaba urgentemente enfriar su cabeza lo suficiente para pensar con claridad.

Ginny era una desgraciada que no solo lo había engañado con el verdadero padre de su hijo, sino que además había sostenido un tórrido romance con Malfoy, quien sabe por cuánto tiempo hasta que Hermione los había descubierto. Tenía que hacer lo necesario para disolver la relación que los unía en matrimonio, no quería estar casado con alguien tan vil, que ya ni siquiera podía decir que conocía verdaderamente.

No podía evitar sentirse ciertamente dolido por el silencio de Hermione, pero también comprendía dentro de todo, los motivos nobles que la impulsaron a callar sobre algo tan importante, sin embargo, hubiera sido mil veces mejor que le rompiera el corazón por la estúpida traición de su prometida que lo dejara entusiasmarse con la idea de formar una familia y ser padre.

Estaba dispuesto a mover cielo, mar y tierra con tal de arrancar a Hermione del lado de Malfoy. No seria una tarea sencilla considerando que aun cuando su amiga fuera coaccionada para casarse, el acto matrimonial era genuino y había sido consumado, si ya esperaban su primer hijo.

Pensar en ese bebe que esperaba Granger le dolía de muchas maneras, no podía dejar de pensar en ese pequeño ser que ya crecía en su interior con el anhelo de alguien que desea con todas sus fuerzas formar una familia, además, sabiendo lo que ahora sabia, no podía apartar tampoco el pensamiento que si las cosas hubieran resultado diferentes y la vida no fuera la perra que es, Hermione Granger pudo ser una verdadera esposa amorosa y su hijo el producto de ese afecto desmedido.

La realidad era otra distinta, el amor que ella sentía fue utilizado para manipularla y tomar ventaja, por el estúpido de Malfoy. La rabia creció en su interior arrasando con su cordura y sentido común. Lo único que desea en ese momento es recuperar un amor que por derecho le correspondía.

Estaba dispuesto a pagar cualquier precio, incluso acortar su vida sin con ello lograba rescatar a la dulce Hermione del desgraciado de Malfoy. Es consiente que el tratamiento que hasta ahora ha prolongado su vida no podrá continuar y con ello las probabilidades de sobrevivir son nulas, pero prefiere mil veces morir que permitir que el engaño de ese matrimonio forzado de su amiga continúe dañándola.

Se siente el más grande imbécil del mundo por no darse cuenta de todo, por ser tan ciego y estúpido. La culpa lo carcome, como también lo hace una sed de venganza antes desconocida para el.

Escucha el sonido de la puerta corrediza que da a los jardines, Pansy ha regresado. Le basta mirarla para que un pensamiento se abra paso en su cabeza.

-¿Tu lo sabias? -Pregunta a penas la morena llega a su lado.

Harry se pone de pie, acercándose con pasos lentos, sentía el cuerpo pesado y adolorido, aunque en esta ocasión no son sus padecimientos físicos los que lo afligen, es la posibilidad de una traición más lo que lo hace sentir descompuesto.

La sonrisa en el rostro de la morena al verle se congela y sus ojos azules se abren desmesuradamente ante la pregunta, sus palabras son frías al cuestionarla, pero son sus ojos verdes y su manera de mirarla lo que hacen que se estremezca y pierda el aliento.

-¿Qué…? -Intenta preguntar aun desconcertada y asustada por las rabiosas facciones de su cara.

Las grandes manos de Potter atenazan los delgados brazos de Pansy, enterrándose en la tierna piel. Acercándola tanto que puede sentir la calidez de su cuerpo contra el suyo. Le hace daño, mas no le importa, es la incertidumbre mutando en rabia lo que lo mueve.

-¿Sabías que Hermione se casó con Malfoy por un chantaje? -Cierra más los dedos en torno a sus brazos.

El silencio se extiende junto con el dolor en su piel. No necesita confirmación alguna, es la falta de palabras lo que constata su sospecha.

Pansy no se queja, aguanta el dolor. Las lágrimas comienzan a inundar sus ojos sin derramarse aún, no tardaran mucho en hacerlo, pero Harry ni siquiera lo nota, la suelta con desprecio dando un paso y después otro para alejarse.

-¡Por supuesto que lo sabes! -Exclama con rabia. -Creí que habían cambiado. -La acusa levantando el rostro para clavar la mirada en la suya. -¡Como debieron burlarse a mis espaldas por mi estupidez!

-No fue así. -Intenta explicar tratando de acercarse.

Estira su mano para tocarlo e intentar calmarlo, pero es su mirada fría lo que la contiene, haciendo que baje lentamente su brazo.

-¿Cómo demonios fue entonces? -Pregunta con sarcasmo. -Se aprovecharon de los sentimientos de Hermione para salirse de la suya. Malfoy logro con ese matrimonio limpiar su podrido apellido, ¿Pero tu qué ganaste? ¿Disfrutar de su sufrimiento? ¡Burlarte de ella como en el colegio!

-Te equivocas Hermione es mi amiga, me importa.

Una carcajada desprovista de alegría salió de la garganta del pelinegro. -Si te importara un poco jamás hubieras permitido que se casaran. Siguen siendo la misma despreciables serpientes de siempre.

Fue un golpe certero para Pansy, un segundo golpe que recibió con dolor de parte de Potter, pero sin duda aun con todo lo herido y lastimado que pudiera estar había algo que no iba a permitirle.

Cruzo los pocos pasos que los separaba, retuvo las lágrimas mordiéndose la lengua hasta hacerla sangrar. No sería la primera vez que usaba el buen arte de ser actriz para mostrarse repentinamente indiferente, aunque su interior en ese momento fuera un caos. Cuando estuvo a un palmo de distancia de Harry, levanto la mano y no la detuvo hasta impactarle la mejilla izquierda.

-De mi puedes decir lo que quiera. No me importa, tu opinión no tiene, ni tendrá ningún efecto en mí. Pero no voy a permitirte que hables así de Draco. Por si no lo recuerdas esa despreciable serpiente como le has llamado, es el mismo hombre que ha intentado por todos los medios mantenerte con vida, de no ser por su ayuda posiblemente a estas alturas estarías muerto.

-Prefiero mil veces morir a permitir que se siga aprovechando de Hermione.

-Nadie se aprovecha de ella. Es una adulta capaz de tomar sus propias decisiones.

-La coaccionaron para lograr esa maldita boda.

-¡Por favor! -Exclamo con exasperación. -De no haber querido simplemente no se hubieran casado y a estas alturas tampoco estaría embarazada. Si eres tan ciego y estúpido para no darte cuenta que independientemente de cómo inicio todo ellos se quieren lo suficiente para formar una familia es tu problema.

-Que fácil se te hace deja a un lado el hecho de que se casó por un chantaje que ha tenido que sobrellevar un matrimonio sin amor, solo para protegerme.

Cansado se dejó caer en uno de los bancos que adornaban el jardín. Pansy se preocupó, pero trato de seguir ocultando sus emociones.

-Es realmente lamentable lo que te ocurrió, pero no tienes ningún derecho de volcar sobre ellos tus malditas frustraciones y toda esa mierda con la que no sabes lidiar.

La morena giro en dirección a la casa para alejarse de Harry.

-Sé que ya no eres capaz de tolerar mi presencia, así que me marcho. Puedes quedarte el tiempo que quieras en esta casa, que no voy a molestarte.

Cuando estaba por entrar a la casa se detuvo en el marco de la puerta, pero no se giró para mirarlo, ya no podía contener las lágrimas y no quería que la viera llorar de nuevo.

-Ellos se quieres. Si no fuiste capaz de amarla como ella necesitaba, ahora no seas tan egoísta y déjala ser feliz.,

-Esa no es felicidad, su matrimonio, todo es una mentira. Hermione me ama.

-Lo hizo, pero no esperes que después de haberte entregado su corazón por tantos años sin obtener nada de vuelta, siguiera haciéndolo. Quizás te quiera toda su vida, pero no de la misma manera.

-Hermione me ama. -Repitió con rabia, apretando los puños con fuerza.

Potter se aferraba a ese pensamiento para no enloquecer. Tomaría cualquier esperanza que le sacara de su miseria. Lo único real que tenía en su vida en ese momento es el amor de Hermione y nadie se lo arrebataría.

*o*O*o*

Un hombre de su clase, no está acostumbrado a esperar por nadie. Aun así, se encuentra en aquella austera y reducida sala de espera, después de que educadamente lo mandaran a la mierda, eso sí, con toda la diplomacia del mundo.

Era demasiado -Bufo frustrado-, considerando que hacía apenas un par de horas despidió a su abogado por su ineptitud, -No podía llamarlo de otra manera-, con todo el dinero que le pagaba, no logro encontrar la forma de concederle lo que pedía. Las escusas fueron varias, pero sin duda la de mayor peso, tenía nombre y apellido. Por esa misma razón se encontraba con una sensación desagradable en ese maldito lugar, algo que, a decir verdad, no recordaba haber experimentado antes.

No ayudaba mucho, encontrar que su presencia atraía miradas curiosas, una especialmente, de ojos azules, mucho más pesada que las demás, que no le quitaba en ningún momento la vista de encima, vigilando cada uno de sus movimientos como si esperara que de un momento a otro se fuera a convertir en algún monstruo.

Estaba a nada de perder la poca paciencia que le quedaba y terminar abriendo esa maldita puerta con no buenos modos, cuando por fin le avisaron que podía pasar.

La encontró tras su escritorio con pilas de papeles acomodados minuciosamente. Levanto la vista de una carpeta gruesa de color marrón, fijando sus ojos en los suyos.

-Tome asiente. -Invito con fría formalidad señalando la silla delante de su escritorio.

Aceptando la invitación con un asentimiento de cabeza, desabotono su saco con elegantes movimientos para tomar asiento, cruzo su pierna de manera masculina, colocando el tobillo de una de sus piernas sobre la rodilla de la otra. Sus ojos fijos en la mujer que tiene delante. Espera despertar alguna reacción, pero no encuentra ningún cambio en su semblante o en su postura aparentemente tranquila.

Hermione espera, se niega a ser la primera en hablar. Da un último vistazo a los expedientes antes de retira la carpeta y cruzar las manos sobre su regazo, completamente alerta de cualquier movimiento sospechoso, para tener el tiempo suficiente de reaccionar de ser necesario.

La pequeña marca en su cuello apenas es visible, solo un pequeño punto abullonado en su piel bronceada, es recordatorio de sus amenazas. No volverá a cometer el mismo error dos veces, ni permitir que trate de intimidarla.

El hombre se salta las formalidades de un saludo, su molestia por esperar es visible, aunque no es algo que le preocupe a la joven que trata de no reírse de la actitud sombría que muestra delante de ella.

-Seré breve Granger.

-Malfoy, -Corrigió- Le recuerdo Señor Miller de nuevo que mi apellido es Malfoy. Y sinceramente le agradecería que fuera de esa manera, lo más breve posible, tengo bastantes pendientes por resolver, no cuento con mucho tiempo para esta inesperada entrevista. Ha sido una sorpresa que se presente si cita previa, más aún que su abogado no le acompañe.

Contuvo su molestia, sonriendo de manera que pretendía ser intimidante. Percibe el sarcasmo en la curvatura de sus labios que corresponde a su mueca.

-Quiero la custodia completa de mi hijo. Tengo todo el derecho de tenerle, mucho más porque Ginebvra está de acuerdo.

-Le aconsejaría que hable de nuevo con ella. Estoy al tanto por medio de sus padres que quiere el niño a su lado, aunque no se niega a que tenga usted la posibilidad de verle. Lo ideal sería una custodia compartida

-Me temo que esa no es una opción. -Tenso no dejaba de mirarle, le resultaba frustrante no tener ninguna influencia en esa mujer. -Soy el padre.

-Así se ha confirmado Señor Miller, estoy al tanto que los exámenes han sido positivos, pero le recuerdo que James también tiene una madre, abuelos y más familiares que también quieren estar en contacto con el pequeño.

Hermione se inclinó un poco hacia adelante, tratando de aplacar su propia irritación ante el asunto y la impotencia que le causa actuar bajo los lineamientos de la ley cuando no está segura sobre todo lo que se habla del empresario que tiene delante.

-Siendo completamente sincera usted no me agrada, como tampoco sus formas de tratar a los Weasley, sin embargo, le están concediendo el beneficio de la duda al permitir una custodia compartida.

Sonrió arrogante ante la franqueza de la castaña. -Por mucho que no le simpatice debe de admitir que el niño estará mejor a mi lado, tengo las posibilidades económicas de darle un inmejorable nivel de vida.

-Un inmejorable nivel de vida. -Repitió levantando la ceja con escepticismo. - ¿De qué manera pretende lograr eso? dándole todo cuando pida, comprando incluso aquello que no utilice para compensar el tiempo que no estará a su lado. Seamos realistas Señor Miller, usted es un hombre de negocios no podrá dedicarle el tiempo y los cuidados que James necesitará.

-Me encargare de que todas sus necesidades sean satisfechas.

-Estoy segura de que así será. Pero que pasara con aquellas necesidades que no pueden comprarse con dinero. A su lado el niño vivirá a cargo de sus empleados, en cambio los Weasley le proveerían un verdadero hogar, lleno de afecto y cariño.

Liam se burló con desdén. -Esas son estupideces sin sentido.

-Se equivoca, tiene mucho más sentido de lo que cree. Ante todo, su hijo necesita tener un hogar estable, que usted con sus frecuentes viajes y ocupaciones no puede proveer. Podrá tener una enorme fortuna, pero eso no lo hace mejor persona.

-¡Cuide sus palabras! -Dijo golpeando con el puño cerrado el escritorio, haciendo caer una de las altas torres de documentos, para después levantarse enfurecido de la silla.

-No, usted es quien debe de tener cuidado. -Contesto levantando su varita, tomándolo desprevenido. Si no conteste sus amenazas la vez anterior, fue para no alterar más a la Señora Weasley, pero tome en cuenta que no volveré a permitir que me hable o me trate como se le dé la gana.

El hombre levanto las manos en señal de rendición. Tomo asiento de nuevo con movimientos lentos, tras una gran bocanada de aire para calmarse. Recompuso su ropa.

-Creo que esto se nos ha salido de nuevo de las manos. Lamento si mi fuerte carácter ha hecho que usted tenga una idea equivocada de mi persona. Debe comprender que James se volvió lo más importante en mi vida y lo quiero a mi lado.

Hermione bajo lentamente su varita, pero aun la sostenía con fuerza dispuesta a utilizarla de ser necesario.

-Como le he dicho, Usted puede ver y convivir con el niño de manera normal hasta que se lleve a cabo el juicio de la custodia. Pero hare cuanto esté en mis manos para garantizar la felicidad de su hijo.

Con un hechizo acomodo los documentos que había tirado Liam al piso.

-No cree que podamos llegar algún acuerdo.

-¿Acuerdo de qué tipo? Espero que no esté pensando en insultarme ofreciéndome dinero. Si es así le advierto que se está equivocando de persona.

-No, por supuesto que no. No la ofendería de esa manera.

Era claro que mentía, pero por la actitud enfurecida de la castaña, no creyó conveniente insistir. Ya encontraría una manera de persuadirla. Alguien como él sabía que todos tienen un precio, solo era cuestión de descubrir cuál era el de Hermione Malfoy.

-Me refería a un acuerdo con Ginny.

-Puede intentarlo. -Dijo encogiéndose de hombros, restándole importancia. -Pero le advierto que todo acuerdo que involucre quitarle los lazos afectivos del resto de su familia no es una opción.

- ¿Y si me casara con ella?

Hermione palideció, pero trato de contenerse lo suficiente, aplacando sus propias emociones para pensar con la cabeza fría.

Que se casara Ginny y Liam haría que el resto de los Weasley estuvieran involucrado de manera constante con la crianza y cuidados del pequeño James. No era su ideal, pero quizás era el mejor trato que se podría lograr dadas las circunstancias, después de todo, aun cuando no le agradara el hombre que tenía delante, este era el padre biológico y debía querer al niño lo suficiente para buscar lo mejor para él. Si su única preocupación era la parte afectiva, una unión más fuerte entre los padres del pequeño tendría muchas más probabilidades de mayor estabilidad para el bebe.

-Es una opción. -Admitido después de unos minutos. -Aunque primero tendría Ginny que resolver su estatus legal antes de eso.

Liam sonrió. -Eso no será difícil, un sencillo divorcio.

No quiso opinar al respecto del divorcio, es un tema demasiado delicado y sensible para su mejor amigo. Aun no quería abordar el tema de manera abierta hasta comprobar que emocionalmente se encuentre más estable, de momento se encontraba tranquilo en casa de Pansy, aunque su semblante había tenido una notable mejora aún tenía mucho por delante.

-Hable con Ginny, tomen la mejor decisión para James y tendrá mi apoyo.

-En tal caso cuente con ello, soy el más interesado en el bienestar de mi hijo.

-Demuéstrelo y contara con mi apoyo, como le he dicho mi prioridad es que provean al pequeño de un hogar estable, las decisiones que tomen para conseguirlo solo les corresponden a ustedes como sus padres.

-Así será.

El hombre se levantó para estrechar la mano de Hermione en despedida. No le quedo más remedio a la joven que corresponder por educación.

Liam retuvo su mano por un momento más después de estrecharla, fijándose en el anillo que portaba en su mano diestra.

-Hermosa joya. -Alago soltándola suavemente, no sin antes acariciar levente su mano con el pulgar.

Hermione recogió su mano con una sensación extraña hormigueando en la punta de los dedos.

-Es un rubí rosado muy poco común. -Dijo el hombre en reconocimiento. -Aunque por lo que puedo apreciar la manufactura es muggle.

Por inercia se llevó la mano derecha sobre su corazón cubriéndola con la otra.

-Fue un regalo de un buen amigo muggle. Tiene usted muy buen ojo.

-Soy muy aficionado, incluso colecciono joyas poco comunes mágicas con características peculiares. Si no fuera una joya de origen muggle incluso me atrevería a suponer que es uno de los pocos rubís mágicos de su tipo.

-¿A qué se refiere? -Pregunto por impulso con una sensación incomoda comenzando a crecer en su interior como un mal presentimiento.

-Hay perdidas una o dos joyas con rubí rosados que contienen magia ancestral poco común, tengo un par de años tratando de rastrearlos, pero no he tenido suerte. El suyo es hermoso, pero sin duda el origen no puede ser el mismo.

-¿Qué tipo de cualidades poseen?

-¿Le interesa?

-Simple curiosidad.

Liam sonrió. -Acabo de comprobar lo que me han dicho de usted, que es una mujer siempre deseosa de conocimientos nuevos.

Hermione sonrió apenas, sin dejar de acariciar el anillo de manera distraída.

-Supongo que es cierto. -Contesto esperando por una respuesta.

-Las joyas se crearon para fomentar lazos afectivos en matrimonios arreglados en familia de abolengo, de ahí que sea casi imposible rastrearlas, comprenderá que, aunque su uso en el pasado era bastante común, hoy en día no se emplean. Aunque no pierdo las esperanzas de encontrar alguna para sumarla a mi colección.

-Espero que las encuentre. -Atino a decir de manera distraído.

-Gracias por su tiempo. -Agradeció el moreno con una actitud completamente distinta a su postura inicial, se daba cuenta que para llegar a la castaña y cumplir con sus deseos era mejor buscar nuevas técnicas.

Apenas se fue, Hermione dejo de acariciar el anillo y lentamente lo hizo resbalar de su dedo, retirándolo por completo.

Un enorme vacío se instauro en su corazón.

*o*O*o*

Hola a Todos,

Hace siglos que no me paso por aquí, pero saben que no es por gusto. Extrañaba mucho escribir.

Espero que este muy bien, mil gracias por todos sus comentarios. Se que la espera ha sido demasiado larga, pero espero que merezca la pena.

Besos,

Helena Grand