¡Sorpresa!
Feliz cumpleaños Camila Anahí Barrios, espero disfrutes tu regalo.
Tardó en llegar pero al fin está aquí el nuevo capítulo.
Saludos
*o*O*o*
Su cabeza era un hervidero de pensamientos contrapuestos, con cientos de preguntas sin respuestas. Aunque no tenía muy claro si era que no conocía las respuestas en realidad, o si, su mente seguía lo suficientemente aturdida por los últimos vestigios de magia del anillo, como para no pensar con claridad y ver lo que debía ser evidente.
Lo único cierto es que tenía el corazón acongojado y lleno de angustia. El anillo de rubí ahora descansaba dentro de una pequeña bolsa de piel de topo. Precaución tomada por Hermione para evitar que la magia alrededor de la pieza le siguiera afectando.
No sabía cuántas horas llevaba recluida en la Mansión Malfoy, el hogar de sus suegros. Fue incapaz de mantenerse mucho tiempo en su oficina después de que se había marchado Liam Miller.
Apenas quedarse sola en la oficina, el nudo en su estómago creció provocándole náuseas y mareos tan intensos que tuvo que cerrar un momento los ojos para que todo a su alrededor dejara de girar. El poco temple que la mantuvo en apariencia tranquila mientras ese hombre se retiraba, se resquebrajo para dejar en evidencia la zozobra de estar viviendo una mentira mucho más grande de lo que hubiera podido imaginar.
Podía lidiar con las consecuencias de sus decisiones cuando todo se trataba de un contrato con fecha de expiración, cuando tenía claro que no se involucrarían sentimentalmente y no habría nada que lamentar, era solo intercambiar intereses. Pero con el embarazo todo había cambiado. Siendo todo lo optimista que podía ser al respecto y con todo lo inesperado que fue darse cuenta de su estado, sus sentimientos evolucionaron hasta el punto de reconocer que se enamoró perdidamente de Draco o al menos eso había creído hasta que se dio cuenta de las altas posibilidades de que todo fuera efecto de la magia contenida en la pequeña piedra engarzada al anillo.
No soportaba la idea de que sus sentimientos fueran una ilusión, la seguridad de su amor la hizo renacer en muchos sentidos, hasta el punto de ilusionarse con su embarazo, de desear con todas sus fuerzas esa criaturita que sería mitad de Draco y mitad de ella.
La angustia era asfixiante. Sus manos temblaban mientras intentaba vanamente seguir con su trabajo mientras estuvo en la oficina. Su mente y corazón estaban tan dispersos que se quedó por varios minutos viendo a la nada, con el temblor cimbrándole. Hasta que fue incapaz de aguantar un segundo más. Tomando su abrigo y su bolso se fue a la mansión de sus suegros para intentar aclararse lo suficiente.
Ahora, sobre el escritorio de roble descansaban varios tomos de diferentes autores. Libros antiquísimos de pastas desteñidas por el tiempo y paginas tan frágiles, que solo los hechizos puestos sobre ellos evitaban que se desmoronaran al tacto.
La magia en el anillo es mucho más compleja de lo que podía suponerse, no era solo afectar los sentidos o las emociones, sus efectos, aunque similares a lo que causaría una poción de amortentia iban mucha mas allá. Creaban un contexto completamente diferente que culminaba con la concepción.
Aumentaba la libido, alterando los deseos de su portadora, pero al mismo tiempo afectando a aquel que llevara sobre su dedo anular la alianza matrimonial, pues representaba el vínculo que unía a la pareja.
Hermione sabía que el anillo era el causante de que se nublara su mente, haciendo que olvidara las pociones anticonceptivas, dejándose de preocupar por completo de algo que era de suma importancia para ella.
Perecía que todo hubiera sido cubierto con una capa de ilusión tan tenue que no alcanzaba a distinguir lo que era real de lo que no. Su mente podía entender, pero su corazón se negaba a entrar en razón. Como podía explicar que lo que despista sus besos y caricias no es verdad
Ha investigado mucho. Leyendo a detalle capítulos y capítulos en diversos libros. Su incertidumbre aumenta cuando lee sobre las rarezas de la peculiar gema que posee. Entre toda la variedad que pudiera existir de piedras preciosas empleadas para dichos propósitos entre las familias pudientes, el rubí rosado es algo así como el santo grial. Sus poderes son bastos, mucho más poderosos que los presentes en otras cualquiera, pero además son tan raros que nunca se estudió a profundidad sobre sus verdaderos alcances.
Cierra el último libro con desgana. Mareada por toda esa información que intenta asimilar cierra los ojos y recarga su cuerpo contra el respaldo de la silla, tratando de calmar sus afectados nervios. Le ha comenzado a dolor la cabeza, pero es insignificante en comparación con el dolor presente en su corazón.
Con los parpados cerrados se sumerge en sus recuerdos, específicamente en su noche de bodas. Tiene fresco en su memoria cada detalle de su encuentro. La intimidad, la compenetración y la entrega no solo física, sino la conexión que surgió de la empatía, de deseo mutuo que fue naciendo; primero de manera tímida y después tan lentamente que apenas lo notaron se convirtió en algo intenso, desenfrenado sí, pero también consiente del paso que estaban dando.
En aquel momento no había un anillo de rubí que pudiera nublar sus sentidos, para confundir sus sentimientos. Era consiente que no lo amaba cuando se entregó completamente, pero en aquel entonces ya sentía un cariño especial por Draco. Quizás todo se trataba de que se sentía identificada por sus dolencias del corazón, pero ya existía un algo que la hacía sentir especialmente completa y querida mientras comenzaba a descubrir los nuevos placeres carnales.
Las caricias y los besos eran cálidos, mordaces e intensos, a veces incluso tiernos, siempre necesitados y exigentes. Había sentido desde ese primer encuentro que algo había cambiado en su interior.
No esperaba mucho de ese contrato que la unió a Malfoy, más que comenzar a subsanar sus heridas, darle un tiempo a su corazón para que comenzara a sanar y a su vez, ayudar a ese dragón que en apariencia era feroz, pero que tenía escondido muy dentro de si un corazón que también estaba roto.
Antes de tener ese anillo, ya comenzaba a vislumbrar que sus sentimientos estaban evolucionando, dirigiéndose lentamente en una dirección que no había considerado. Fue un cambio paulatino, quizás también impulsado por las acciones de Draco, que le demostraba que aun cuando no la amaba le importaba lo suficiente para darle un espacio en su vida.
Sí, sabía que no la amaba. Fueron demasiado claros en ese sentido, pero sin duda las cosas estaban cambiando entre ambos. Pero ahora debido a la magia del rubí ya jamás estaría segura hasta donde hubieran llegado de seguir cultivando sus afectos.
A sus muchas dudas, se sumaba una que la inquietaba especialmente ¿Draco sabia del rubí? ¿Sería el quien planeo todo? Quizás Lucius había actuado por cuenta propia, pero si no es así, ¿Era tanto el deseo de Draco de que le diera un hijo? Que pudiera recurrir a ese tipo de artimañas.
La angustia la estremeció de nuevo, dejándola sin aliento y sin fuerzas. Se quedo un rato más en esa posición, vencida en la silla de madera con los ojos firmemente cerrados, intentando respirar lentamente para calmarse.
Las emociones fuertes y la angustia no le harían bien a su bebe. Se llevo las manos a vientre, acariciando suavemente aun cuando aún no se notará, sabía que estaba ahí, creciendo y sintiendo a su vez todo lo que ella misma sentía. Pensar en su futuro hijo le dio un poco de calma. En eso estaba cuando escucho que la puerta se abría.
Lentamente abrió los ojos para ver a Lucius traspasando el umbral de la puerta, se encontró con su mirada gris observando con curiosidad la pila de libros, mientras se acercaba.
Lucius no tardo en sumar dos más dos, cuando vio los títulos de los libros que descansaban en el escritorio, más el semblante frio de su nuera. Palideció al instante consiente de que había sido descubierto.
Los ojos castaños de Hermione eran fieros, nunca abandonaron los de su suegro mientras se levantaba de la silla y rodeaba el escritorio. Cuando estuvo frente a el, separados a penas por un par de pasos, el hombre pudo percibir la rabia bullendo en sus pupilas, la ira y el resentimiento, todas esas cosas que pensó que alguien como ella no podía transmitir o incluso sentir en esas dimensiones.
-Yo… -Intento decir, pero las palabras murieron antes de salir de su garganta, cuando un puño se estrelló contra su rostro provocando un chasquido cuando rompió su nariz.
El gemido que secundo el golpe fue terrible, solo el reflejo del dolor que sentía. Altiva lo vio encogido frente a ella, apretando su nariz con una mueca de dolor, aun asiendo sonidos lastimeros.
-Esto tendrá consecuencias, prepárese para regresar a prisión. -Su voz era fría, lapidaria. Una amenaza en toda regla.
Aun no sabía el cómo o el cuándo, pero tenía claro en su mente que lo haría pagar muy caro lo que le había hecho. Pagaría por su complejo de Dios, por sentirse con el derecho de inmiscuirse y dirigir las vidas de otros.
Hermione hizo su camino hacia la puerta, sin importar que Lucius estaba inclinado luchando por respirar con una profunda hemorragia nasal. Estaba a punto de cruzar el marco de la puerta cuando fue detenida por la muñeca.
-Merezco lo que me pase. -Dijo el rubio sin soltar su muñeca. Un sonido nasal salió de su garganta debido a que con la otra mano intentaba contener el sangrado haciendo presión en su nariz. -Fue mi idea, mi culpa y lidiare con las consecuencias. Pero él no sabe nada, no desates contra Draco tu enojo, cuando soy el único responsable.
Hermione suspiro con cierto alivio al saber que Draco no sabía de los planes de su padre. Aun así, se soltó con brusquedad. Una marca roja quedo hecha en torno a su muñeca, la sangre de Lucius Malfoy.
-Mis intenciones nunca fueron malas. -Trato de nueva cuenta de explicar.
-De buenas intenciones está lleno el infierno, Lucius. -Replico con una amarga sonrisa en los labios.
-Un heredero mestizo renovara la sangre de los Malfoy. Lo hice pensando en su futuro. -Dijo señalando su vientre.
La castaña tembló de rabia al comprender los motivos poco nobles por los que propicio su embarazo. Saco por primera vez su varita y lo apunto.
-El fin siempre justifica los medios ¿No es cierto? No importa sobre quien tenga que pasar o lo que tenga que hacer, para garantizar que se haga su voluntad.
-Lo hice pensando en nuestra familia.
-Usted no piensa en nadie más que en su mismo. -Tratando de calmarse respiro lentamente y profundamente, bajando la varita. -Pudimos darle nietos, pero no de esta forma.
-¿En serio? -Se burlo con ironía. -No soy estúpido Hermione, ustedes no quieren hijos. No conozco los detalles, pero es tan evidente que esto solo es un trato conveniente, con fecha de término.
-Si lo sabe, debía detenerse a pensar si no en mí, al menos en su hijo y en la criatura que espero ¿Qué sentirá Draco cuando lo sepan?
-No tiene por que enterarse. -Casi suplico el rubio.
-No mentiré, mucho menos por usted, que no merece nada.
-Si lo piensas bien no es tan grave. -Intento conciliador.
Hermione meneo la cabeza de manera negativa.
-Es tan egoísta y tan ególatra, que ni siquiera se da cuenta de todas las maneras en las que nos ha arruinado. Su hijo y yo comenzábamos a tener algo real y digno, algo que mancho con sus trucos.
-Pueden seguir sus vidas como hasta ahora.
-¿Como? -Interrogo rabiosa, con las primeras lagrimas resbalando por sus mejillas. -Como después de que nunca sabremos que es real y que producto de magia.
La castaña se giró para marcharse. Lucius intentó detenerla de nuevo, lo que solo logro que salir disparado con fuerza hasta chocar con la pared.
-No vuelva a tocarme. -Dijo, limpiando el rostro con el dorso de su mano.
. . .
Narcisa había pasado casi toda la tarde en los jardines en compañía de Destiny. Le gustaba observarla jugar entre las flores de su jardín. Lo único que la mantenía intranquila era la presencia de Hermione en la Mansión tan temprano y el hecho de que llevara tanto tiempo recluida en la biblioteca.
Su rostro pálido la había alarmado de inmediato. No le tranquilizo en nada la explicación de que estaba haciendo una investigación para su trabajo y necesitara hacer uso de su amplia colección de libros. Aun así le concedió el espacio y distrajo a la niña para que la dejara trabajar.
Estaba a punto de ir a buscarla, mientras la niña se lavaba para invitarla a cenar. Cuando se encontró de frente con Hermione que ya iba a buscarlas.
Fue verle el rostro y saber que algo muy malo había pasado.
-¿Usted lo sabía? -Le cuestiono de inmediato.
-¿Saber que? -Pregunto a su vez la rubia.
-Que estoy embarazada gracias a los efectos convenientes de un anillo. -Soltó, mirando con intensidad a su suegra.
Narcisa abrió los ojos con sorpresa ante la declaración, en mucho porque no pensó en que lo averiguaría tan pronto. Lo que le valió para fingir lo suficientemente bien para que la castaña le creyera.
-¿Como? -Se cubrió la boca con la mano, abriendo los ojos desmesuradamente.
-Pregúntele a su esposo en tal caso.
-¿Nos quedaremos a cenar? -Pregunto Tiny llegando en ese momento.
-Lo siento hija, será en otra ocasión.
-Está bien. -Contesto sin notar nada raro en el rostro de ambas mujeres que se esforzaron en sonreírle. -¿Qué es eso? -Pregunto, señalando la marca roja en la muñeca de su mama.
-Es solo un poco de pintura. -Se excuso, limpiando con un simple hechizo la marca roja.
Tomando su mano se dirigieron a la chimenea para ir por red flu a su hogar. A penas se fueron la rubia alarmada al comprender claramente que era sangre fue en busca de su esposo, imaginando que hubo un enfrentamiento entre ambos.
Se tranquilizo al verlo al menos vivo, lo encontró sentado en el mismo lugar que había ocupado Hermione durante horas. Llevaba un pañuelo en la mano aun intentando contener la sangre. Comenzaban a formase moretones alrededor de sus ojos grises.
-Te lo advertí.
-Ahora no mujer.
Narcisa que siempre mantenía la compostura perfecta se acercó con paso lento hasta su marido, sacando su varita conjuro un hechizo para arreglar la fractura en la nariz de su esposo. Con una calma que alerto a Lucius, incluso se tomó el tiempo de limpiarle la ropa y todo lo que había manchado con su sangre. Una vez que no había más evidencia de lo que había ocurrido que el morado en la piel alrededor de sus ojos, abandono la habitación en silencio.
Alarmado por su actitud la siguió hasta la habitación que compartían, dándole un poco de tiempo y espacio para calmarse, solo la siguió con la mirada, mientras su mujer iba de un lado a otro preparando su ropa de cama.
-Narcisa. -Le llamo, logrando que su mujer solo elevara la mano para callarlo.
-No quiero escucharte. -Advirtió. -Te dije claramente lo que pasaría, pero no te importo.
-No hay nada más importante para mí que nuestra familia. -repitió esas palabras como un mantra.
Los ojos azules de Narcisa se llenaron de inmediato de lágrimas.
-Si pensaras un poco en tu familia no hubieras jurado lealtad a tu Lord, no habrías guardado bajo este techo esos bienes que sabias lo traerían de vuelto, no hubieras permitido que entrara en tu hogar y lo convirtiera en cueva de carroñeros, ni habrías permitido que Draco, tu único hijo fuera marcado.
Lucius nunca había visto a su mujer llorar de esa manera, mucho menos había escuchado nunca reclamarle por sus errores tan crudamente.
-Si pensara en tu hijo, no habrías arruinado su oportunidad de ser feliz al lado de una persona que lo está ayudando a sanar de todas esas heridas que a lo largo de los años le has infringido.
Tomando un pañuelo de la cómoda, limpio elegantemente su rostro.
-No Lucius, no te equivoques, esto no es por tu familia. Esto es por tu soberbia de intentar ser mejor que el resto del mundo.
Lucius Malfoy se quedó sin palabras y por primera vez desde que se casara con Narcisa, abandono su alcoba para dejarlo dormir solo.
*o*O*o*
Draco se encontraba haciendo algunas anotaciones en el libro que había heredado de su padrino. Cuando escucho que llamaban a la puerta.
-Adelante. -Pidió sin levantar la vista.
-Sr. Malfoy, sé que pidió no ser molestado cuando se encuentra en el laboratorio. Pero afuera lo espera el Sr. Potter.
Extrañado se giró a ver a su asistente, aun no era fecha de su sesión de tratamiento.
-A dicho que quiere.
-Solo que es importante y que desea hablar con usted.
-Hazlo pasar a mi oficina, en un segundo estaré con el.
Malfoy estaba lejos de imaginar que ese día volvería a marcar su vida de manera irremediable.
