Sintió el cambio, aun cuando no supiera que ocurría fue inevitable. El vínculo se había roto. Fue primero un calambrazo desde el dedo que portaba su alianza matrimonial hacia su pecho, quizás no lo suficiente doloroso para creer que estaba teniendo un pre infarto, pero si lo suficientemente fuerte para estremecerlo y hacer que se doblara, sujetándose el brazo para intentar contener la desagradable sensación.
Paso rápido el dolor, pero dejo a su paso una sensación de vacío que le oprimió con fuerza el pecho, haciendo que incluso le faltara el aliento.
Se dejo caer en una silla cercana. Un sudor frio le recorría la espalda y el estremecimiento tardo un poco más en retirarse de su cuerpo. Cuando se sintió más estable camino con paso lento hacia el baño, necesitaba con urgencia refrescarse un poco. Abriendo el grifo del agua se mojó el rostro una y otra vez, cuando se enderezo miro su reflejo en el espejo, y por un segundo no se vio a el mismo sino el rostro de Hermione. Parpadeo incrédulo, cuando enfoco de nuevo su vista se pudo ver a si mismo con los ojos sumamente abiertos, la imagen de su mujer ya no estaba.
Su primer instinto había sido salir a buscarla, sin embargo, no quería ponerse paranoico. Se obligo a calmarse y pensar con lógica. No deseaba preocupar a Hermione de manera innecesaria, presentándose en su oficina por algo sin importancia como un estúpido malestar.
Debía ser solo el estrés acumulado. Tenía demasiadas cosas en la cabeza, desde el embarazo de su mujer, hasta el tratamiento al que estaba sometiendo a Potter.
Estaba llegando a un punto en su vida donde sentía una plenitud desconocida, pero satisfecha y en consecuencia comenzaba a tener miedo de perderla.
Mas dueño de si mismo había reanudado sus labores en el laboratorio. Aún tenía una sensación en el cuerpo de entumecimiento, se sentía extrañamente adormecido como si su mente estuviera de alguna manera desconectada del cuerpo, en un limbo que no era agradable. Seguía sintiéndose incomodo, froto su pecho como si pudiera calentarlo, contuvo un escalofrió. Pensó que también era probable que hubiera cogido un resfriado.
Tomo el libro de Snape para hacer sus últimas anotaciones sobre los avances de las nuevas fórmulas que estaba desarrollando. Había llegado a un punto de no retorno, pues había pensado que para poder mantener una mejoría más palpable en Potter debía cambiar un poco de enfoque, uno que quizás no sería del todo agradable. Aunque siendo sinceros no había mucho de agradable desde el inicio.
Había pensado para su fuero interno que disfrutaría hacer sufrir a su enemigo de la infancia, al héroe del mundo mágico, pero lejos de eso, se encontró desarrollando una empatía por el hombre que luchaba aferrándose a una esperanza casi inexistente, por mantenerse con vida y disfrutar de una vida normal. Pero incluso eso le fue arrebatado por Ginny. Debía sentirse tan desamparado y herido como se sintió el cuándo descubrió el engaño, cuando sus planes se vinieron abajo.
Lo vio luchar contra las lágrimas, retorciéndose de dolor, ahogando los gritos contra la almohada mientras le suministraba sustancias que eran capaces de matar a la mayoría. Y ahora todo el sacrificio, todo el traumático tratamiento hacia sido por nada, a ojos del mismo Potter que había reprogramado su cita por tiempo indefinido.
Incluso no estaba seguro si iría la siguiente semana por los suministros que le ayudaban con los dolores más intensos.
Esos eran sus pensamientos cuando al abrir el libro se encontró con una estrada que había leído desde hace mucho tiempo pero que curiosamente había olvidado por completo:
"…cuanto dolor a de causarse hasta atravesar el umbral que separa la locura de la muerte. Es mejor suplicar por su dulce y frio toque, que una vida agónica sumido en la tiniebla dolorosa de sus maldiciones.
Poco hay que hacer cuando su magia te ha golpeado, sus rostros desquiciados sonreirán, mientras sus víctimas se deshacen en dolores insoportables. Gustan de dejarlos consumirse en ese suplicio inhumano.
La culpa me carcome ante los pobres desgraciados, más nada puedo hacer para seguir manteniendo la fachada de maldito y malvado. Aun así, en sus descuidos, la piedad ha llegado en accidentadas muertes.
Solo a alguien no pude concederle el alivio del frio sepulcro, era tan parecida a ella. Sus cabellos rojos y sus ojos verdes acuosos por las lágrimas dolidas. Hice por ella algo que no debí hacer ante los riesgos de ser descubierto, pero no pude no intentarlo, hubiera sido como permitir que muriera una segunda vez mi amada.
…
Murió entre mis brazos poco después de hacerla maldecido y hacer que su pecho se abriera para descubrir su corazón palpitante del tamaño de un puño. Lo sostuve en mi fría mano manchada de su sangre aun sus latidos retumban en mis tímpanos cuando lo empepe de díctamo, después de inyectarle la poción de "renovó" que cree para ella.
Cerré su carne hasta que dejo de manar sangre. Ya no gritaba su garganta desgarrada no podía emitir a esas alturas sonido alguno, no había sido necesario silenciarla a base de hechizos. Solo me había mirado con sus ojos verdes ya vacíos de cualquier cosa que no fuera la súplica silenciosa de un final que le concediera alivio.
Vi perderse el brillo de vida de sus ojos, su pecho se quedó quieto después de una exhalación perezosa. Lánguido su cuerpo se había ido y yo maldije para mis adentros por haber fallado de nuevo.
Le deje ahí, tendida en el frio y sucio suelo de las mazmorras. En mi desdicha sentí que la perdí de nuevo como esa noche donde fue asaltada en su propia casa y murió por el amor a un niño que aun aborrezco profundamente, quizás injustamente. Me gire antes de salir de manera definitiva, sabiendo que al menos ya no sufriría me atreví a verla de nuevo.
Fue cuando la vi apretar su delgada mano en un puño, mientras comenzaba de nuevo a moverse su pecho en respiraciones inestables pero constantes. La hechice para que pareciera muerta y me encargue de sacarla de ese lugar.
La vida de esa joven quizás sea mi único triunfo verdadero si no llego a completar mi misión de salvarlo…"
-Renovó. -Releyó en voz alta evaluativo. -¡Puede ser! -Admitió con asombro después de releer dos veces más los ingredientes y los resultados anotados sobre la poción.
Se pregunto si una formula como esa, con algunas variaciones podría ser empleada en Potter para ayudarle en los problemas más críticos de la maldición que lo golpeo. Ponerla en práctica desafiaría un par de leyes debido que la maldición necesaria para abrir el pecho de la víctima o en ese caso del paciente es magia negra muy antigua, prohibida por el ministerio, sin embargo, se preocuparía de eso en cuanto llegara a ese puente. De momento tenía mucho por hacer, aunque a decir verdad la idea era bastante prometedora para dar una cura definitiva.
El entusiasmo ante esa posibilidad le hizo que se enfocara completamente en el desarrollo de esa poción, haciendo a un lado el constante malestar que sentía y no sabía explicar.
Draco se encontraba haciendo algunas anotaciones en el libro que había heredado de su padrino. Cuando escucho que llamaban a la puerta.
-Adelante. -Pidió sin levantar la vista.
-Sr. Malfoy, sé que pidió no ser molestado cuando se encuentra en el laboratorio. Pero afuera lo espera el Sr. Potter.
Extrañado se giró a ver a su asistente, aun no era fecha de su sesión de tratamiento, si siquiera estaba completamente convencido de que quisiera seguirlo.
-A dicho que quiere.
-Solo que es importante y que desea hablar con usted.
-Hazlo pasar a mi oficina, en un segundo estaré con el.
Malfoy estaba lejos de imaginar que ese día volvería a marcar su vida de manera irremediable.
. . .
Pasaron cerca de 15 minutos antes de dirigirse a su oficina, debía terminar la cocción de una poción que estaba bajo el fuego lento en uno de los hornillos de su laboratorio.
Estaba desconcertado sobre la visita de Potter. Cuando termino soltó una bocanada de aire con cansancio, se quitó la bata blanca para colgarla en el perchero antes de dirigirse por fin al encuentro de su inesperada visita.
Le desconcertó encontrarse con las luces apagadas de la oficina. Imagino que posiblemente Harry se desesperó por su tardanza y se había marchado. Estaba a medio camino de encender las luces, cuando un rayo de luz lo golpeo directamente en el pecho.
Su cuerpo se impactó contra la pared cercana, el golpe lo dejo aturdido y sin aire en los pulmones, además del intenso dolor en el pecho y espalda. Tratando de sobreponerse se palpo la ropa buscando su varita.
- ¡Maldición! -Exclamo con los dientes apretados al darse cuenta de que la había dejado en la bata que se quitó en el laboratorio.
Apoyándose en la pared se levantó, buscando a su agresor.
Lo encontró sentado en su sillón. Aún mantenía su varita en rice dispuesto a atacarlo de nuevo. Los ojos verdes de pelinegro ardían llenos de odio y resentimiento, aunque también percibió la palidez enfermiza de su rostro.
- ¿Qué demonios te pasa?
- ¿Qué se siente estar casada con una mujer que ama a otro? -Pregunto sonriendo sin humor.
La pregunta que soltó fue suficiente para llenarlo de rabia. Apretó sus puños con fuerza, aguantando el dolor presente en sus costillas se enderezo para encararlo sin importa que no llevara con que defenderse.
-Lo mismo podría preguntarte. -Contesto de manera venenosa, con su típica sonrisa torcida. -tengo entendido Weasley no debió casarse por amor dado que tuvo un hijo de otro.
El rubio hablada desde su rabia, tratando de causar el mayor daño posible. No toleraba que le restregara en la cara que Hermione lo amaba tanto como para casarse para protegerlo.
El pelinegro se levantó lentamente apretando los dientes hasta hacerlos rechinar. Las palabras dichas solo lograban enfurecerle más.
-Al menos yo no tuve que chantajear para lograr que se casarán conmigo. Te valiste de su nobleza y del amor que siente por mí para manipularla.
-No te engañes Potter, el resultado es el mismo. Tu usaste tu fama y renombre para tentar a Ginebra.
Draco no lucia intimidado, por lo contrario, su molestia era tal que no le importaba en lo más mínimo que su adversario volviera a atacarlo. Le causaba mayor conflicto hablar de los sentimientos de su mujer, que temer por su integridad frente al hombre que poseía quizás lo único que no podría poseer realmente, el amor de Granger.
-Eres una escoria Malfoy. Te aprovechaste de Hermione.
-¿Yo me aproveche? Lo dice la persona a la que le salvo el culo tantas veces que incluso he perdido la cuenta, le debes tu puta vida Potter, respiras porque es tan jodidamente terca para salvarte incluso de tu propia estupidez.
-¡Cállate! -Ordeno, caminando hasta clavarle la punta de la varita en el pecho.
-La verdad duele, ¿no? -Se burlo.
-Tú la obligaste a casarse contigo ¡Maldito bastardo! Voy a libarla de tu presencia, hare todo lo que este en mis manos para rescatarla de tus garras.
Draco dio un paso hacia adelante, sin importar que su piel se perforara por la presión de la varita.
-Granger es mi esposa, mi mujer y será la madre de mi hijo. No te atrevas a atravesarte en nuestro camino porque soy capaz de matarte.
-Hermione me ama Malfoy, para ella eres menos que nada.
-Sera lo que tu quiera. Pero es muy tarde para que reclames un cariño que para empezar nunca quisiste. Fuiste tan ciego y tan estúpido como para no darte cuenta y ahora solo eres un maldito cobarde egoísta.
-Mejor no hablemos de egoísmo.
-Sí, lo acepto. Toda mi vida he sido un egoísta de mierda, tome cuanto quise, nunca me preocupe por las consecuencias. -el rubio temblaba de rabia, con un manotazo aparta la varita que presionaba la piel de su pecho, haciendo que la bajara. -¿Pero qué méritos tienes para creer que mereces a Granger?
Ambos hombres se sostenían la mirada en un duelo de resistencia, la ira bullía en su interior, quizás por cosas distintas, pero la rabia se podía notar no solo en la tensión de sus cuerpos, si no en el dolor de sus corazones.
-El héroe sobre el villano. -Se burla. -Sin Hermione no hubiera sobrevivido un mes. Te crees mejor que yo, cuando toda la vida la has manipulado a tu antojo ¿Cuándo te has preocupado por lo que ella quiere? Ahora solo la quieres porque te traiciona la zorra de tu esposa, porque te has dado cuenta de la gran prostituta que es.
-Estoy dispuesto a todo para liberarla de ti. Incluso si tengo que matarte por rescatarla de tus garras no dudes que lo hare.
-¡Hazlo, Mátame!-Le reto. -Esa será la única manera en que podrás separarme de Hermione.
-La obligaste a casarse contigo solo para vengarte de Ginny y limpiar tu podrido nombre. ¿No me dirás que ahora estas enamorado? -Se burlo Harry.
Un largo silencio fue la respuesta de Draco ¿Amaba a Hermione? Pensar en sus sentimientos le causo una dolorosa punzada en la cabeza, que le nublo la vista por un instante.
La quería eso era cierto, tan cierto como que la vida a su lado era mucho más fácil, le daba calma y una calidez que no conocía. Ahora ya esperaba a su hijo y se sentía de una manera que solo puede ser definida como felicidad. No sabía si ero era amor, pero si no, estaba muy cerca de serlo.
El silencio fue interpretado por el pelinegro como negativa.
-Hermione me ama, la librare del martirio de estar casada con una sanguijuela de tu calaña. Voy a hundirte Malfoy para que termines en la cloaca que mereces tú y tus padres.
Draco furioso lo tomo por la solapa de su camisa, estrujando con fuerza la tela.
-A mis padres no los metas, ellos nada tienen que ver en esto.
-Pues tendrán mucho que ver si no dejas a Hermione libre.
-Me estas amenazando.
-Tómalo como quieras. Pero de mi cuenta corre que al menos tu padre no vuelva a ver el sol en lo que le reste de vida.
Lentamente el pelinegro había vuelto a levantar la varita hasta ponerla contra el pecho de su oponente.
-¡Expulso! -Conjuro haciendo que Draco saliera volando de nueva cuenta hasta estrellarse contra la pared.
El dolor que experimento en las costillas era intenso, probablemente se le habían roto alguna con el impacto. Eso no lo detuvo para levantarse de nueva cuenta sujetando su costado con una mano y con la otra tomo apoyo de la pared para levantarse.
-Tendrás que matarme. -Repitió con los dientes apretados. Esperaba un segundo hechizo, que incluso el héroe trágico del mundo mágico en verdad lo aniquilara, porque no había ninguna otra puta manera de separarle de su mujer. Era suya, su esposa y amiga, su amante y la futura madre de su hijo.
Mas cuando estuvo de nuevo en pie tambaleante y levanto el rostro para encararse con Potter, lo pudo ver tirado en el piso con una palidez de muerte en el rostro y los ojos cerrados. El muy idiota había sucumbido ante sus propios arrebatos.
Se acerco lentamente, pateo con la punta de su zapato la varita para alejarla.
Esa era su oportunidad de matar a Potter antes de que intente arruinarle de nuevo la vida, quitándole lo único bueno que ha conseguido de toda su vida de mierda.
Puede simplemente dejarlo morir. Tiene las suficientes pruebas para mostrar que se encuentra en tratamiento. Tiene firmado de puño y letra del elegido un documento que lo exime de cualquier culpa en caso de que muera bajo su cuidado.
Tiene en sus manos el poder de eliminar a su gran rival de amores. Ya nadie se presentará en su puerta para amenazarle con llevarse a Granger de su lado. La comadreja no será un obstáculo, muerto Potter, el ya no representará un riesgo.
Se inclina sobre el cuerpo inmóvil de Harry, toma su mano para checar que aún está presente un débil pulso. Respira de manera superficial, el color a fluido por completo de su rostro.
¿Qué debe hacer? Salvarlo para que arruine su vida o dejarlo morir para liberarse de su carga. Ahí encuentra su respuesta-
Con ese pensamiento en mente, camina rápidamente a su laboratorio para coger la formula recién hecha que aún permanece en el caldero, además de recuperar la varita de su bata.
Es muy inteligente para dejar cabos sueltos, mando mensajes urgentes a Longbottom y a Parkinson. Sabe que llegaran tarde para cualquier cosa, sin embargo, los quiere para constatar los inevitables hechos que están por ocurrir.
Su mano se mantiene firme cuando empuña su varita. Puede tener mil dudas, pero en ese momento lo único seguro, quizás lo único claro en su cabeza es que no está dispuesto a perder a Hermione.
La punta de su varita comienza a iluminarse creando una mota de luz roja que se vuelve poco a poco más intensa antes de tocar el cuerpo de un inconsciente hombre que se encuentra ya en el umbral de la muerte.
*o*O*o*
Hermione peina los largos cabellos negros de su hija con suma delicadeza. Está preparándola para dormir.
-¿Aun no llega papa?
La castaña abre los ojos sorprendida es la primera vez que Destiny llama de esa manera a Draco. su pecho se llena de una calidez que la inunda y provoca que la emoción se agolpe en su garganta causándole un nudo difícil de deshacer.
-No debe tardan en llegar, ha tenido mucho trabajo últimamente.
La niña no contesta nada, pero la tristeza es evidente en su pequeño rostro.
-¿Qué ocurre? -Pregunta con cautela.
-¿Siempre me van a querer? -Pregunto bajito, casi en un susurro, por miedo a la respuesta.
La hizo girar por completo para mirarle a los ojos antes de contestar con toda sinceridad.
-Siempre, siempre te vamos a amar, no importa que pase tu siempre serás nuestra hija ¿Lo entiendes?
Tiny sonrió feliz dejándose besar por su mama. Qué bueno era tener una mama de verdad.
-Ya es hora de dormir. -Le indico, después de abrazarla y besarla con cariño.
-Puedes quedarte conmigo hasta que duerma. -Suplico.
-Por supuesto.
Apenas el sopor del sueño comenzaba a llegar, cuando un fuerte estruendo se escuchó en la planta baja, haciéndolas sobresaltar.
Hermione cubrió la boca de Destiny para que no gritara. Alguien había irrumpido en su casa. No llevaba la varita consigo por lo cual no podría defenderse. Su mente comenzó a trabajar a mil por hora, para encontrar una salida.
Había una ventana, pero estaban en el segundo piso, sería demasiado peligro intentar salir por ahí. Podrían resbalar de la cornisa y caer.
Con señas le indico a la pequeña que guardara silencio, abrió la ventana para que creyeran que habían salido por ahí. Pero contrario a eso se encerraron dentro del enorme armario entre las cajas de zapatos y la ropa. Destiny abrazaba con fuerza a su muñeca, tenía mucho miedo y temblaba. Hermione la abrazaba a su vez de manera protectora.
El sonido de pasos era cada vez más cercano. La puerta de la habitación había sido abierta de manera abrupta.
-¿Dónde están? No pueden huir de mí. -Se escuchaba la voz de un hombre que no pudo identificar por completo. -Se que están aquí y si no se entregan me harán enfadar y pagar por ello.
Cuando la puerta del armario se abrió, Hermione esperaba lo peor. Sintió como movía la ropa colgada a su lado y que removían las cajas buscándolas. Fue en ese momento cuando se atrevió a abrir los ojos para descubrir que el hombre que había entrado a la fuerza en su casa era nada más y nada menos de Rodolphus Lestrange.
El hombre estaba a un palmo de su cara, pero por los gruñidos frustrados se dio cuenta que no podía verlas aun cuando estuviera a escasos centímetros de ellas. Se percato entonces de que posiblemente Destiny estaba haciendo magia involuntaria por miedo. Estaba muy lejos de sospechar que era la protección de la muñeca lo que les había ayudado.
No sabe exactamente por cuanto tiempo estuvieron dentro del armario antes de atreverse a salir. Habían escuchado como destrozo la habitación y hasta que los ruidos cesaron Hermione se dispuso a abandonar su escondite.
-Espera aquí. -Le pidió a Destiny, apartando mechones de cabello que se habían pegado a su rostro húmedo por las lágrimas.
- ¡No, por favor! -Suplico. -No me dejes sola.
-No voy a dejarte. -Intento tranquilizarla. -Solo me cerciorare que es seguro salir ya.
Destiny se negó a soltarla. Con cautela se asomaron por la puerta, Hermione como pudo cargo a su hija entre sus brazos y casi corrió a la habitación que compartía con Draco para tomar su varita. A penas la tuvo en sus manos se desapareció del lugar.
. . .
Era bastante tarde cuando llamaron con fuerza a la puerta. Enfadado se levantó de la cama para atender a quien llama, pues no dejan de insistir. En días como ese se arrepentía de no tener servidumbre, a veces era útil tener a alguien que se hiciera cargo de despachar a los inoportunos.
Apenas abrió la puerta iba a maldecir a quien estuviera del otro lado, pero las palabras murieron en su boca, cuando se encontrar con Hermione descalza, vestida con su pijama con la pequeña Tiny en sus brazos.
-¿Están bien? -Pregunto apresurándose a cargar el mismo a la niña y haciéndose a un lado para que pasara.
- Rodolphus Lestrange. -Fue la respuesta que hizo palidecer a Nott. -Hay que avisar a Draco que no vaya a casa. -Pidió casi sin aliento. -También hay que avisar al ministerio para que manden aurores. Dudo mucho que aun este, pero será mejor que investiguen.
Después de recostar a la niña en una de las habitaciones, Theo le ofreció una taza de té para que pudiera calmarse en lo que llegaba Draco. Le había mandado un mensaje urgente y esperaba que no tardará en llegar. Solo así estaría más tranquila la castaña.
Con una cobija sobre los hombros y el líquido resbalando por su garganta, se sintió un poco mejor.
-¿Sabes que quería?
La angustia se hizo presente en los ojos castaños.
-Estoy casi segura de que iba por mi hija.
- ¿Por Destiny?
Por seguridad de la niña, nadie además de los padres de Draco y Harry, sabían del verdadero origen de Destiny. Pero dadas las circunstancias comenzó a contar a Theo todo lo referente a su hija adoptiva.
-¿Por qué no me lo habían dicho? -Pregunto montándose un poco herido.
-Lo siento en verdad, no es por falta de confianza te lo aseguro. Con lo delicado del asunto, creemos que entre menos personas sepan lo que acabo de decirte será lo mejor para Tiny. No quiero que nadie la juzgue por las acciones de sus verdaderos padres.
-Comprendo. -Acepto al final.
Siguieron conversando un poco más sobre el asunto, creyendo que la niña se encontraba dormida. Pero no podían estar más equivocados pues desde hacía mucho tiempo la pequeña se encontraba escuchándolos desde las escaleras que estaba frente al salón en que se encontraban.
Destiny acababa se enterarse del nombre de sus verdaderos padres, aun cuando no comprendía quien habían sido, por lo que pudo entender supo que no eran personas buenas.
