Morir…
Así sin más, cerrar los ojos y perderse en un limbo donde no existe el dolor o sufrimiento. Donde ese maldito odio que siente no le carcoma las entrañas dejándolo tan desgarrado y herido que esta enloqueciendo poco a poco.
Esta exhausto, cansado de tanta mierda. Harto de luchar una batalla perdida desde el maldito día que nació. Ha perdido todo lo que ha amado, una familia, sus padre y seres queridos. Fue exiliado de un mundo que por derecho le correspondía, privado de crecer en un entorno que le pudo proveer de los medios suficientes para defenderse, para no ser solo un cordero criado para el matadero.
Esclavizado y condenado. Con unos tíos que le aborrecían con el alma y que tuvieron por bien demostrar sus mezquinos sentimientos cada puto día que vivió bajo su techo. Abandonado como un desecho en un viejo trastero bajo las escaleras.
La magia llego a su vida solo para hacerle ganar confianza, para darle una renovada fuerza en el descubrimiento que a pesar de lo jodida que estaba su vida, todo podía mejor.
¡Estúpido! No era más que un maldito estúpido que creyó encajar en un mundo al que si estaba destinado a pertenecer y podría ser feliz a lado de personas que se volvieron esa familia que nunca tuvo, solo para confiarse y perderles de nuevo.
Era el elegido, el niño que destronaría a un maldito mestizo loco de poder. Fue su fijación lo que lo llevo de nuevo a equilibrarse entre el dolor de ver como morían aquellos a quien amaba.
Se aferro a un amor para resistir, para soportar lo impensable hasta librar la guerra. Creyó que todo había valido la pena, que merecía la calma posterior al caos, creyó con una fe ciega que al fin podría ser feliz.
De nuevo era ese niño abandonado de sus recuerdos, sin amor o afecto, en un mundo gris y triste. Bien pudiera tener magia, pero eso ya no significaba nada en absoluto cuando carecía de todo lo demás.
Estaba desahuciado, condenado de nuevo. La fría muerte respiraba en su hombro, esperando, acechando. No faltaba mucho para dejarse envolver por sus cadavéricos brazos. Con el terminaría su historia de héroe trágico, no habría una continuación del cuento de los tres hermanos, no tendría jamás un hijo a quien heredarle la capa de invisibilidad.
Nunca, seria padre. La afirmación le sentó terriblemente mal.
Sería Malfoy, la escoria que tenía delante quien tendría a la única mujer buena que en realidad lo había amado. Tendría el privilegio del que él jamás podría disfrutar. Ese pensamiento fue determinante para perder la poca cordura que poseía. Sabiendo lo que sabía jamás toleraría recibir ayuda del desgraciado, por tanto, estaba condenado.
Moriría, sí.
Pero antes llevaría a ese maldito malnacido por delante, para que se pudriera por fin en el infierno que merecía. Solo de esa manera podría librar a la dulce Hermione de tan terrible alimaña. No había otro camino que matarle.
Con esa intención elevo su mano temblorosa y débil. Forzándose en resistir un poco más. Su vista comenzaba a ser borrosa, podía percibir que su fin estaba cerca cuando incluso le comenzó a costar demasiado trabajo respirar.
El calor que le invadía se concentró en su pecho como un oleaje de lava hirviendo, era su odio lo que lo movía esta vez para aguantar. Sentía el cuerpo entumecido y ardiendo. Tambaleante dio un paso y luego otro para acercarse a Malfoy, dudando que pudiera cumplir su objetivo a esa distancia.
Sus labios hormigueaban, paladeando ya la maldición asesina.
Draco estaba aturdido después de golpear con fuerza la pared, todavía intentaba incorporarse cuando su vista se oscureció por completo.
Era tarde para cualquier cosa que no fuera abandonarse a la muerte, si pudiera sonreirá con sarcasmo lo haría. Ni siquiera tenía la maldita suerte de cumplir con su última encomienda. Solo esperaba que Ron pudiera salvar a Hermione de las garras de ese despreciable.
Para cuando su cuerpo golpe contra el frio piso, Potter estaba casi inconsciente, el ardiente dolor en su pecho lo estaba terminando de consumir, el calor interno contrastaba con el frio de muerte de su piel pálida.
Potter no era consintiente de nada de lo que ocurría a su alrededor. Todo eran ecos confusos, sonidos amortiguados, ropa rascándose, cristales rompiéndose, palabras que no alcanzaba a entender, quizás eran gritos.
El calor abrazador fue mermando con cada corta respiración, hasta que ceso el dolor junto con las débiles respiraciones.
Se dejo sumergir en el vórtice que sabía bien separaba la vida de la muerte.
Fue cuando la escucho.
-¡Harry!
De nuevo el dolor se hizo presente partiéndolo en dos, un sabor salado inundo su boca.
-¡Harry! La desesperación era palpable en la voz femenina.
Fue su nombre en la voz que creyó era de su madre la última cosa que escucho antes de que su corazón dejara de latir.
*o*O*o*
La rabia bulle infernal en su interior, arrasando todo cuanto se puso en su camino como un torbellino destructor. Destrozo todo a su paso a punta de maldiciones, despedazo los muebles, los tapices en las paredes, las cortinas, hizo explotar las puertas que se atravesaron a su paso en la búsqueda de sus víctimas.
Sentir la resistencia de esa varita hurtada lo elevo mucho en esa explosión de furia. Maldijo una y mil veces a los malditos que le capturaron, a los traidores de la sangre, a todos esos desgraciados que no son más que escoria por tener algo que por derecho no les corresponde.
Todo a su paso fue teñido por su infinita rabia, mas no era ningún estúpido, no podía estar por demasiado tiempo en aquel lugar sin correr el riesgo de que lo atraparan.
Fue un arrebato ir por la niña, pero la quería a su lado, después de todo era lo único que le quedaba de Bellatrix. Ya no importaba que no fuera su hija, como tampoco que fuera la prueba de la infidelidad de su mujer. Todo lo que quería en esos momentos es tenerla de vuelta.
De momento tenía un escondite seguro y una desena de mortifagos bajo su mando, lo que le proporcionaba los medios suficientes para tener a Destiny. El oro no era problema, su cuñada se había encargado en su última visita de proveer lo suficiente para subsistir en buenas condiciones por una buena temporada.
Tenerla a su lado era el primer paso, sería la motivación para emprender sus planes. Deseaba lograr lo que su Lord no había hecho, derrocar al actual gobierno y desterrar a todos los miserables impuros y mestizos, a todo aquel que se atravesara en su camino. Los mataría a todos, a cada uno de ellos de ser necesario, nada ni nadie lo detendría.
Ganaría esta vez, costara lo que costara y para entonces Destiny seria su pilar, aquella en quien depositar sus sueños de una nueva era para los pocos elegidos. Sería su hija y como tal seguiría su legado.
Su mente, aunque trastornada es fría y tiene claro su objetivo, vengarse de los infieles, de todos los magos de segunda, mestizos y muggles. No descansara hasta hacerlos pagar de manera proporcional a sus ofensas. Los odia a todos, cada uno de ellos sufrirán. Después del elegido caerá el resto, con un sufrimiento similar o peor.
Aunque pensándolo bien, nadie podría sufrir más que el famoso niño que vivió. La maldición que lo aquejaba era peor en muchos sentidos. No había sido un hecho al azar que la hubiese elegido especialmente para él.
Cuando logro hacerse con la varita de aquel insipiente Auror, no lo pensó mucho para conjurar ese maleficio en contra de Potter. Le sorprendía que a esas alturas el desenlace no se hubiera llevado a cabo, pero era cuestión de tiempo para llegar al punto de no retorno. La muerte sería un alivio que jamás tendría y esa metamorfosis representaría su más grande logro, pues sería una manera de convertir al salvador del mundo mágico en algo que solo existía en las peores pesadillas de los magos.
Necesitaba tener acceso a la niña. Sabiendo que requería ayuda para lograrlo no lo pensó dos veces antes de aventurarse a la mansión Malfoy.
Tenía conocimiento que habían puesto salvaguardas y que siempre había alguien vigilando desde las sombras. Aun a pesar de todo, Narcisa seguía siendo la única persona en que confiaba y no era ningún estúpido como para no contemplar que su cuñada debía de mantener las apariencias para proteger a su familia. Pretendería que lo delataba para no levantar sospechas, pero seguiría ayudándolo tanto como pudiera.
Nada de magia debía ser conjurada cuando se acercó a los enormes terrenos que rodeaban la Mansión de los Malfoy. Aun existía un sinfín de túneles secretos que conducían por kilómetros y kilómetros de redes, algunos conducían a una muerte segura, unos pocos llevaban a las entrañas de la antigua Mansión.
Eran muy pocos aquellos que conocía el lugar lo suficientemente bien para no corres riesgos. Solo una persona los había conocido a cabalidad y ya había muerto, sin embargo, buena parte de sus conocimientos fueron transmitidos ante la posibilidad de llegar a ocupar un rápido escape.
A pesar de su apariencia demente y su aspecto descuidado, Bella era sumamente hábil. Sus tendencias crueles no hablaban tanto de su inteligencia, como de sus bajos instintos, pero que no mostrara una brillantez como la de su hermana Narcisa no quería decir que tuviera grandes talentos.
Todo el tiempo que permaneció en los confines de la mansión de su cuñado se dio a la tarea de recorrer ese laberinto de túneles, incluso aumentando las trampas, las protecciones e incluso habilitando un par de cuevas como posibles escondites.
Ahora esa valiosa información estaba en poder de Rodolphus y el la emplearía de la mejor manera posible para sus fines. De momento se encontraba caminando por el túnel indicado que lo llevaría al interior del lugar, buscaba tener una nueva entrevista con Narcisa.
Un último muro de roca solida lo separaba de lograr parte de su objetivo. Tocando la piedra indicada se abrió para darle paso al interior de un vestidor en desuso.
Salió sacudiéndose el polvo, caminando con seguridad como si estuviera recorriendo su propia casa. Recuperada la calma se dirigió al despacho principal esperando encontrarse ya fuera con Narcisa o con el patético de Lucius.
Cuando traspaso la puerta del despacho se encontró con Malfoy, sentado tras su escritorio con una copa de vino en las manos.
Si le sorprendió su presencia no lo mostro en ningún momento. Por el contrario, se levantó de su asiento para servir una segunda copa que ofreció al hombre que estaba allanando su casa.
-¡Bienvenido! -Exclamo en un tono familiar.
Asistiendo con un movimiento de cabeza en agradecimiento, tomo la copa y bebió el contenido de un solo trago.
-A pasado mucho tiempo desde la última vez.
-Mucho tiempo es verdad. -Afirmo el rubio sin dejar translucir ninguna emoción. Su rostro de piel blanca volvía a ser una máscara perfectamente diseñada para esconder sus verdaderas intenciones. -Narcisa se encuentra enferma, me temo que no puedo molestar para que te dé la bienvenida.
El gesto en el rostro de Rodolphus no le agrado a Lucius, parecía genuinamente preocupado por sus palabras.
-¿Se encuentra bien?
-Nada de importancia. -Admitió ocultando el malestar. -Pero yo te puedo ayudar en lo que necesites.
-Dudo mucho que puedas ayudarme. -Contesto en un tono burlón, señalando su bastón donde alguna vez había estado su varita.
El rubio sonrió con arrogancia.
-Te sorprendería saber lo que puedo lograr. Te recuerdo que aun con todo no volví a ser encarcelo, aquí me tienes, libre y limitado solo por algún tiempo respecto a la magia para guardar un poco las apariencias, -Mintió. - y tengo por nuera a una heroína de guerra que me ha abierto la puerta a buenas conexiones.
Fue el turno de Rodolphus de sonreír. Por mucho que le desagradara llevaba algo de razón, a pesar de despreciar profundamente a Hermione Granger, tenía que admitir que emparentar con ella era un salvoconducto para ocupar un puesto privilegiado en el mundo mágico.
-En tal caso requiero de tu ayuda.
-Tu dirás. -Lo insto a explicarse.
-Quiero a la hija de Bella a mi lado. No me importa lo que tengas que hacer, pero la quiero conmigo. Fui a recuperarla a casa de tu hijo y de esa sangre sucia, pero lograron escapar.
-Puedo ayudarte. -Admitió. -Pero eso llevara tiempo para no levantar sospechas en contra de mí y los míos. -Dijo indiferente. -Potter no tardara en caer y con su muerte podemos crear una distracción para secuestrar a la pequeña.
-Su fin está cerca, incluso me sorprende que a estas alturas aun respire.
-Por lo que se apenas sobrevive. Fuiste muy hábil al hechizarlo. -Halago. -Nadie ha podido dar con un contra hechizo para salvarle.
-Nunca lo encontraran. -Contesto Apretando los puños.
-Estoy seguro, siempre has sido contundente y no tardara en morir.
-Bueno en eso te equivocas Lucius, el gran Harry Potter no morirá, al menos no en el sentido estricto de la palabra. Digamos que solamente dejara de ser para siempre quien es. Es irónico si lo piensas bien, incluso tendrá un fin bastante poético, pasará de amarlo todo mundo a temerle y odiarle.
Un ligero temblor se hizo presente en la mano derecha de Lucius, quien hábilmente lo disimulo al tomar su bastón con un poco más de fuerza.
-Déjame adivinar. -Contesto el rubio intentando que la voz no demostrara la impresión que sentía en ese instante. -Sufrirá el mismo fin que Lázaro Crunch.
La respuesta de Malfoy fue la sonrisa macabra de Rodolphus.
*o*O*o*
Recostada en su cama, se abrazaba con fuerza a su muñeca. Con cinco años podía comprender algunas cosas, entre ellas que sus padres estaban muertos y que no habían sido buenas personas. Saberlo lastimo su joven corazón llenándolo de angustia y desazón.
Cuando la puerta de la habitación se abrió, fingió estar dormida. Aun con los ojos cerrados pudo percibir como un lado de la cama su hundía. El perfume de Hermione pronto se coló en sus fosas nasales haciendo que la tirantez de su cuerpo se aflojara un poco.
Suavemente acaricio su cabeza, antes de depositar un suave beso en su coronilla. Un suspiro escapo de su garganta por la tranquilidad que ese gesto le proporcionaba.
Pensó entonces que si Hermione la quería a pesar de saber bien quien eran sus padres, no debía preocuparse del todo.
-Voy a cuidar de ti. -Escucho susurrarle abrazándola con cariño a pesar de creerla dormida.
No necesitaba más para calmar su agitado corazón. Destiny creía fiel mente que asi seria. Con ese último pensamiento se quedó por fin dormida con el cobijo de los brazos de su nueva mama reconfortándola.
. . .
Angustiada espero la llegada de Draco. No podía calmarse a pesar de la petición de Nott de que fuera a descansar y que el esperaría por su llegada.
Pasaron las horas con una lentitud asfixiante, hasta que llego una lechuza con una carta dirigida al dueño de la casa.
"Estoy trabajando, llegare mañana"
DM
Eso era todo, ni una línea dedicada a ella o a su hija. Ni siquiera se había preocupado por preguntar por su estado. Algo muy dentro de Hermione se rompió.
Quizás era algo simple y sin importancia. Tal vez tenía demasiado trabajo para acudir a casa de Theo y comprobar con sus propios ojos que su pequeña familia se encontrara bien, sin embargo, esto era una prueba de que algo entre ellos se había roto.
Sin la magia presente, la ilusión del amor que los había unido ya no existía, como tampoco la necesitada de preocuparse por el bienestar del otro.
Se preguntaba si las cosas serían así a partir de entonces. El seria indiferente a su existencia y ella lloraría en silencio de nuevo por su corazón roto, sumando a esa ecuación a un bebe que crecía en su vientre que no había sido concebido por amor, sino por magia.
Le tocaría de nuevo amar en silencio, esperando con todas sus fuerzas ser correspondida.
No, no podía ser de esa manera. No se permitiría de nuevo cultivar un amor que no era reciproco. Bastante había aprendido ya de vivir anhelando un cariño que jamás seria suyo, más aun ahora tenía dos personitas a quienes enseñar sobre vivir sin dependencias.
Cumpliría entonces, sin más con el contrato. Disfrutaría ese tiempo y cuando todo terminara se alejaría sin reproches ni culpas. Amaría a sus hijos por dos, por ella y ese padre que solo sería una presencia en sus vidas.
Con esa resolución se fue a dormir ya entrada la madrugada a la habitación de invitados que su amigo le había asignado. Ahí ya dormía su pequeña Destiny, abrazando como siempre a su muñeca Isabella.
Se recostó a su lado, acariciando sus cabellos para calmarse. Le beso, prometiéndole en voz baja que siempre la cuidaría sin importar nada.
. . .
Por la mañana, con la mente en calma y el corazón menos agitado, aunque adolorido. Pudo ser capaz de razonar que sin importar que la relación de pareja con Draco se terminara, harían siempre lo mejor para sus hijos.
Sin importar el exterior frio de Malfoy, sabía que tenía un buen corazón, que bajo toda la fachada que mostraba ante los demás había cosas de suma importancia para el rubio. Su familia siempre había sido lo más importante en los momentos mas críticos.
Habían sido sus padres la razón por la que en primera instancia se había marcado como mortifago. Su necesidad de mantenerlos a salvo del innombrable fue determinante para estar en el lado equivocado en la guerra.
Su amor por Ginny lo llevo a mostrar una faceta completamente diferente, mostrando una persona de sentimientos profundos. No era un príncipe azul, no era completamente bueno, pero aun en la oscuridad que rodeo su vida, salieron a flote virtudes suficientes para rescatar su lado más humano.
No sería diferente con sus hijos. Podía notar por sus actitudes que en realidad consideraba a Destiny como hija suya. No tenía por qué ser diferente con un hijo de ambos, lo amaría tanto como lo amaría ella misma.
*o*O*o*
Hacía varias semanas que lo seguía. Sabía bien que debía olvidarlo, eso era lo más racional dadas las circunstancias, pero el corazón no sabe de razones y a pesar del tiempo y todo lo que han vivido por separado aún guarda en su interior un amor que sobrevive en contra de los pronósticos.
El no entra en sus planes, no puede darse el lujo de acercarse y decirle que le sigue amando. Que su corazón le pertenece desde aquella vez que la salvo de caer de su escoba mientras practicaban en la clase de vuelo. Que aun con 11 años y sin saber lo que realmente debía ser el amor, la cautivo.
A la distancia lo veía feliz, con aquella infeliz muggle que odiaba ya con toda el alma. La odiaba de la misma manera que había odiado a Pansy por quitarle las atenciones de su amado.
Aun a pesar de saber que estaba condenada a morir pronto, eso no le ayudaba a contener la rabia al verlos juntos.
Dhapne debía seguir con sus planes para salvarse de la ruina, no importaba que siguiera amando a Zabini. Se aferraba a la esperanza que en un futuro no muy lejano quizás podría tener la oportunidad de conquistarle, pero ahora no era el tiempo.
Se fue al verlos besarse, limpiando con furia la rebelde lagrima que corrió por su mejilla.
. . .
Ariana es una joven voluntaria en el albergue donde Zabini hace su servicio comunitario. Se podría decir que fue amor a primera vista. El moreno tenía unas horas de haber sido presentado formalmente cuando ya tenía a la pequeña rubia en sus brazos. La libro de una caída aparatosa y desde entonces se habían vuelto inseparables.
Rápidamente habían pasado de ser amigos a novios, y a las pocas semanas ya vivían juntos. Ariana vivía la vida así, sin pensar demasiado las cosas, no le gustaba perder el tiempo y por eso en la relación que mantenía con Blaise en muchas ocasiones, sino en todas, ella tomaba la iniciativa.
-Tengo poco tiempo para perderlo por tonterías. -Le había dicho una vez con una sonrisa alegre. Sin importar que hablara de su fatal desenlace.
Estaba desahuciada. Moriría pronto y eso era un hecho. Le costó aceptarlo al principio, pero después de meditarlo un poco se dio cuenta que quería vivir al máximo por lo que dejaría de preocuparse.
Blaise era una historia aparte, le costaba aceptar el fin de su pareja. Amaba su frescura, la alegría que siempre manaba de ella, la amabilidad y ese espíritu fuerte. Por esa razón desde hacía un par de días tenía en mente visitar a Draco para solicitar su ayuda.
Si en el mundo Muggle no había cura para la enfermedad de Ariana, quizás en el mundo mágico encontraría una solución. Quizás ella estaba resignada, pero él no lo aceptada y haría todo lo posible para salvarla. No le importaba romper de nuevo las reglas sin con eso garantizaba que sobreviviría.
-¿Estas bien? -Pregunto la rubia al verlo repentinamente serio.
-Si claro. -Se apresuro a decir.
-Mmmmmm no te creo. -Dijo señalándolo acusadoramente.
-La verdad es que voy a visitar a un viejo amigo.
-¿Por qué estaría preocupado por eso?
Zabini sonrió. -No término de la mejor manera nuestra amistad. Quería a la chica que estaba enamorada perdidamente de él.
-Tema complicado. -Se limitó a decir la delgada rubia antes de besarlo.
Ese beso fue lo ultimo que vio Daphne antes de marcharse para continuar con sus planes.
