Liam es un hombre imponente, aun cuando los Weasley no conocieran de nada su pasado, lo cierto era que su porte hablaba por si mismo. Alto y fornido como era, lucia intimidante. La sonrisa que llevaba en los labios, lejos de ser agradable causaba escalofríos.

Aun a pesar de todo fue recibido en la madriguera con su traje caro y sus zapatos de diseñador. No podía ser de otra manera, siendo el padre de su nieto mas pequeño. Arthur y Molly le miraban con cierta cautela al lado de su hija que sostenía en los brazos al pequeño James que dormía apaciblemente ajeno a lo que ocurría a su alrededor.

Como era de esperarse la mayoría de los Weasley se habían reunido, no de muy buena gana para conocer a la nueva pareja de Ginny. Había demasiados sentimientos encontrados al respecto, fue un golpe muy duro para todos aceptar que la menor del clan hubiera cometido tales actos de deslealtad para quien consideraron siempre un miembro mas de su familia.

-De momento viviremos juntos, al menos, el tiempo que se lleve el proceso legal para que Ginebra este completamente libre.

El moreno no necesitaba la aprobación de nadie para hacer lo que quería, sin embargo, es lo suficientemente inteligente para mover las piezas a su conveniencia. Poner a Hermione en su contra no le beneficiaba en nada y podía provocar que comenzara a indagar en su pasado mas de la cuenta, lo que no resultaba para nada conveniente.

-Tanto su hija, como nuestro pequeño estarán bien cuidados. No deben preocuparse.

Molly había tratado de mantenerse tranquila, no pudo evitar suspirar largamente antes siquiera de intentar hablar. No podía olvidar todavía las amenazas de ese hombre, la manera en la que se había presentado por primera vez en el hospital para intentar llevarse a James. Ese día de no haber sido por la intervención de Hermione, estaba convencida de que posiblemente nunca hubiera visto de nuevo a su pequeño nieto de piel de ébano.

Ahora las circunstancias no eran las misma, pero a pesar de ello no podía quitarse de la cabeza que era mas que probable que no les permitieran formar parte de la vida del pequeño como desearían.

Fue Arthur el primero en encontrar su voz.

-Eres bienvenido a la familia. – Dijo con una sonrisa resignada que no llego a sus ojos.

Incluso Percy en su manera llana de ser, se sentía incomodo con esa bienvenida. Ninguno de los Weasley podía aceptar del todo la intrusión de Liam en sus vidas, había demasiado afecto hacia Harry para asimilar, pero no tenían más opciones.

George se mantenía de pie, con la espalda pegada a uno de los muros, aun cuando no hablara, su mirada delataba la desconfianza que le inspiraba aquel hombre. Su carácter siempre alegre, se mantenía amordazado ante las circunstancias. Para el, Harry siempre seria parte de su familia, su hermano, aun cuando Ginny lo hubiera arruinado de manera irremediable.

Ron, ni siquiera fue capaz de estar presente, a pesar de las suplicas de su madre. Bill era otra historia, no apartaba la vista de Liam, su rostro surcado por las cicatrices se mantenía sereno pero firme.

-No voy a mentirle Liam. -Levanto la voz llegado el momento. -Esto nos ha tomado a todos por sorpresa. Supongo que con el tiempo nos será más fácil aceptar los cambios. Eso no quiere decir que no seas bienvenido a la familia, debes de comprender que nos llevara un tiempo hacernos a la idea.

Se acerco lo suficiente para extender su mano para estrechar la del Moreno.

-Entiendo perfectamente su postura. -Acepto la mano que le ofreció Bill, estrechándola con un firme apretón. Mi casa es también su casa, ya les he pasado el domicilio que tendremos de momento, cualquier cosa estoy a sus órdenes, yo ya los considero mi familia y como tal, pueden contar conmigo para lo que necesite.

El tono despectivo en su voz, mientras miraba a su alrededor no paso desapercibido para nadie.

George se removió incomodo en su lugar y estuvo a punto de protestar, pero fue aplacado con una mirada de advertencia de su madre.

-Gracias. -Se forzó a decir la pelirroja mayor.

La despedida fue corta. Cuando por fin se marcharon la Sra. Weasley no pudo evitar derramar algunas lágrimas que se apresuró a limpiar.

-Estarán bien. -Aseguro Arthur abrazando a su mujer para consolarle.

-Ojalá así sea.

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La fama y la fortuna fueron un sueño efímero para Ginny. No pudo disfrutar demasiado tiempo de los beneficios de ser esposa del elegido, por el contrario, ahora era tratada por todo el mundo Muggle como una apestada. No le perdonarían fácilmente el engaño efectuado al héroe. A pesar de todo sabia muy bien que, si alguien podría ayudarle en esos momentos, era precisamente Liam Miller.

Liam era un gran empresario y como tal sabia manejar perfectamente a las masas. Tenia los medios y la visión para montar todo un escenario que les permitiera estirar las cosas de tal manera en que pudieran cambiar la verdad lo suficiente para amortiguar el daño hecho a la imagen de la pelirroja.

Por supuesto que su ayuda no sería gratuita, en algún momento le sedería la completa custodia de James sin rechistar. Pero eso no era algo que realmente le preocupara. El niño siempre había sido solo un medio para llegar a un fin, nada más que eso.

-¿Ahora qué sigue? -Pregunto la pelirroja con el niño en brazos a penas alejarse lo suficiente de la madriguera para aparecer.

-Formar la familia perfecta y mostrar que el héroe de pacotilla tiene tantas secuelas por la guerra que solo fuiste una víctima de las circunstancias.

Ginny no se molesto en ocultar su sonrisa burlona ante un plan que considero tenía una enorme debilidad.

-Hermione te despedazara si siquiera lo intentas.

-Estoy esperando que lo intente. -Sonrió con suficiencia, su seguridad no se vio menguada.

El brillo en la mirada de Liam no pasó desapercibido.

-No me dirás que ahora te interesa Granger. -Dijo con manera venenosa, omitiendo de manera intencionada el apellido Malfoy.

El moreno no contesto, la única respuesta fue una sonrisa mucho más pronunciada.

No era estúpido había que atacar siempre dando pequeños golpes en la oscuridad, que nadie imaginara quien era quien movía los hilos hasta que todo fuera demasiado tarde y se encontraran atrapados en sus redes.

Tenia los medio y toda la tenacidad para hacer caer al "salvador del mundo mágico" en el proceso menguaría el poder de su imagen para llegar a un objetivo mas que claro.

Hermione terminaría de rodillas frente a él, de una manera u otra alcanzaría a la inalcanzable. Nadie absolutamente nadie se atrevía a desafiarlo de la forma en que ella lo hizo y no le permitiría salir airosa. A pesar de la molestia inicial había algo que le gustaba de esa fierecilla, le bajaría los humos, disfrutaría de ella y después la botaría como a todas.

La pelirroja no necesitaba de una respuesta afirmativa para intuir sus intenciones. Lejos de molestarle la situación, lo vio como una oportunidad. Una esperanza para separar a Hermione y Draco.

-Tengo información valiosa que te podría ser de mucha utilidad. ¿Qué pasaría? si salen a la luz los verdaderos motivos por las que el matrimonio Malfoy-Granger se realizó.

-Eres temible Ginny. –Dijo el moreno antes de soltar una carcajada.

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No fue una idea muy brillante tocarle. Después de curarla, sus manos habían tomado vida propia, deslizándose por la suavidad de la piel expuesta de sus piernas. Arriba y abajo, lentamente sintiendo la sedosidad y el calor.

Un suave suspiro escapo de los labios de la rubia antes las caricias. Sus labios entreabiertos fueron una tentación más y era demasiado débil como para resistirse a tomar lo que tan buenamente le ofrecían.

Nott estaba seguro de que no era bueno, posiblemente no era el villano que en otros tiempos había creído, pero estaba lejos de ser el hombre indicado para Luna.

Ella merecía sin duda alguien como Neville. Alguien que le pudiera ofrecer un apellido limpio, la estabilidad de un hogar sin manchas, con una reputación de héroe y una conciencia tranquila que no le hiciera tener pesadillas por las noches.

Aun a pesar de haber huido de lo peor de la guerra al huir de su casa, eso no lo eximio de haber presenciado cosas atroces como un silencioso y cobarde espectador que no hizo nada.

No la merecía en absoluto, no debía manchar su vida con la presencia de alguien que no buscaba permanecer en su vida mas que el instante que durara el placer de un orgasmo.

No la merece. Piensa mientras la besa, sus dedos bailan sobre su piel, subiendo lentamente hasta sus muslos trazando círculos pequeños hasta toparse con la tela de sus bragas húmedas.

Gime, intentando hacer que sus manos retrocedan, que dejen de tocar esa piel lechosa, caliente y humedecida por el deseo. Trata con todas sus fuerzas apartar los labios de los suyos, aclarar su mente, hacer que la erección cada vez mas pronunciada en sus pantalones no clame por perderse en las virginales carnes de su entrada.

Se mentaliza para abandonar el confort de su cuerpo sobre el suyo. En algún momento a tirado de ella para acomodarla sobre su regazo sin dejar de acariciarla, ni abandonar su boca. Pero sabe y siente que no es correcto.

Un sonido frustrado escapa de su garganta al terminar el beso, sus labios húmedos tienen el dulce sabor que lo aturde. Cierra los ojos apoyando su frente contra la suya. Escucha su respiración agitada mezclándose con la suya. No se siente capaz de abrir los ojos aun, trata de juntar todas sus fuerzas para ayudarla a levantarse y pueda huir como debe.

La palma de la mano aun descansa entre sus muslos.

"lo siento" piensa, pero no lo dice en voz alta, temiendo que su voz se escuche afectada.

Aun mantiene sus ojos cerrados cuando la siente moverse, buscando sus labios. Su aliento es caliente contra la piel sensible de su boca. Sus movimientos inexpertos no desmerecen el afán que pone en ese beso cargado de un sentimiento que desconoce -Ternura, -

Todas sus resistencias caen cuando se frota quizás de manera inconsciente contra su entrepierna. Gime y se abandona, haciendo que una de sus manos viaje a su cintura para estrecharla contra su cuerpo, manteniendo la otra contra su nuca para ahondar en ese beso hambriento que comienza a causar mayores estragos.

La tiene sobre el a horcajadas. Ha bajado su blusa para besarle el cuello, la clavícula y mas allá, hasta donde el limite del sostén se lo permite. Gruñe frustrado retornando sus besos húmedos de nuevo hacia arriba para paladear el sabor de su boca.

Lentamente casi sin darse cuenta comienza a desnudarla. Hace que levante sus brazos para sacar por arriba la blusa y con un solo movimiento desengancha los broches del sostén.

No hay palabras, no hay promesas. Solo besos y suspiros.

Luna aún mantiene la ropa de la cintura hacia abajo aunque lleva la falda subida hasta las caderas, a cerrado los ojos abrumada por lo que siente. Los intensos besos han hecho que su intimidad humedezca aun mas su ropa interior y le duela de una manera extraña, anticipada y placentera.

Aun siguen en el sillón. Nott a maniobrado para recostarla y ponerse sobre ella, le a dejado la falda aunque a retirado por fin la delgada tela de sus bragas. Con habilidad se a desnudado, sus movimientos son fluidos, sentir la mirada azul sobre la desnudez de su cuerpo varonil lo enciende, porque puede percibir también el deseo en sus enormes ojos color del cielo.

Le cubre el cuerpo con el propio comenzando de nuevo con una sesión de besos, que van desde sus labios, hasta sus pechos, haciendo que arquee su espalda cuando juguetea con sus pezones erectos. No entra, pero su erección roza su entrada húmeda y caliente.

Apoyado en sus codos se endereza los suficiente para buscar sus ojos.

-¡Mírame!, -Le pide con la respiración agitada. Admira el tono rosado de sus mejillas y sus labios hinchados y brillantes.

Luna obedece, fijando sus ojos azules en los de Nott.

-¿Quieres que siga? -Suelta la pregunta, pensando internamente que si la respuesta es negativa, no sabe si será capaz de retirarse estando tan cerca de alcanzar saciar su obsesión por la rubia.

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Terminaron en un cuarto de hotel. Hacia un par de horas que estaban ahí, solo mirándose.

Con la segunda poción que tomo Hermione en aquel callejón, su cabello había cambiado de nuevo de negro a un castaño casi rubio, mucho mas prolijo que el suyo, caía lacio hasta media espalda. Aunque tenían una estatura y compleción muy similar, la ropa le seguía quedando un poco justa en las caderas.

Estiro su mano para tocar un mechón de cabello castaño y rizado, apartándolo del rostro de aquel hombre con rostro desconocido, pero mirar intenso.

-Me gusta mas el verdadero color de tus ojos, aunque el color del cabello te queda muy bien.

Draco había sonreído de medio lado. Era un gesto tan peculiar que, aunque su apariencia fuera distinta lo encontró.

No se tocaron realmente hasta que los efectos de la poción estaban remitiendo, hasta ese momento se atrevieron a fundirse en un beso tan intenso y necesitado que les erizo los bellos de la piel.

Hermione estaba segura de amarlo, seguía teniendo miedo del futuro, sobre lo que haría Draco cuando se enterara del anillo de Rubí, pero por ahora necesitaba tanto sentirlo de nuevo que se dejo envolver por el deseo que hacia sus cuerpos arder.

Con sorpresa se dio cuenta que parecía que los deseos de Draco no se habían alterado a pesar de que ya no portaba el anillo. No quiso pensar demasiado, pero internamente una pequeña esperanza se agito en su corazón.

-Te extrañe tanto. -Susurro contra sus labios la castaña.

Draco no contesto, pero se aparto lo suficiente para mirarla con tanto ardor en ellos que no necesito palabras para entender que le ocurría lo mismo. Llevo sus manos al rostro de su mujer y la beso de nuevo.

Esa tarde hicieron el amor, o al menos eso quiso pensar Hermione.