Kagome no podía concentrarse en su meditación del día, el zorro maestro le había dado la bienvenida con semejante inclinación y respeto que rayaba en la grosería. ¿Por qué ese cambio tan drástico? Si bien, ella lo consideraba de lo más hipócrita y deseaba poder detenerlo; pero luego estaban los otros, guerreros samurái como el zorro que inclinaban respetuosamente la cabeza al mirarla pasar, los soldados de bajo rango o guerreros bárbaros y sin honor, que fueron enlistados sin tener un entrenamiento previo, se detenían a mirarla, era incómodo.
Kagome abrió los ojos para encontrar a su maestro observándola sentado frente a ella, con una media sonrisa, como si hubiera estado esperando su reacción desde hace tiempo. Se preguntó si rodar los ojos sería bastante irrespetuoso.
—¿Por qué me has propuesto para estar con ustedes en el consejo, si sabes que no es mi deseo? —Tras ver que el zorro le dedicó una mirada larga, agregó—: Maestro.
—¿Cuál es tu temor? —respondió todavía con la media sonrisa. Y Kagome sabía que el viejo zorro estaba tramando una travesura y de las grandes.
—No es temor es… que no pertenezco a ese lugar.
El zorro levanto una ceja bien definida y su mirada era más que inquisitiva.
—¿Qué? —preguntó Kagome—. Es la verdad.
—¿Quieres decir que te has visto obligada por tu corazón humano a unirte a Inuyasha, pero no aceptas del todo lo que es?
—¡No! Si hay alguien en esta tierra que acepte a Inuyasha por lo que es, esa soy yo.
—No dudo que lo hayas aceptado en tu vida, pero ¿te das cuenta de que él ha elegido a su sangre demoniaca por sobre la humana? Él ha dado su lealtad al clan del Oeste y jurado con su vida a su hermano Sesshōmaru.
—No comprendo.
—Lucha al lado de su hermano, el demonio más poderoso de Japón, el señor del Oeste. No está con los humanos que desean acabar con los demonios.
—Me quieres decir que… ¿Sesshōmaru desea acabar con los humanos? Y en todo caso, sean cuales sean sus intereses, estoy aquí, ¿no? Sirviendo a Sesshōmaru como él lo exigió.
—Él no desea acabar con los humanos, pero tampoco va a doblegarse a ellos, y si es necesario terminar con unos miles para que lo entiendan, así será. Además, estás aquí, eso es cierto. Pero no lo está tu corazón.
—Mi corazón está con Inuyasha.
—Como tu esposo así debe ser y por lo tanto tu corazón debería estar con el Oeste, si Inuyasha muriera… Tú le pertenecerás a tu Daimyo, luego a la cabeza de tu familia que resulta ser el mismo Daimyo Sesshōmaru.
—¿A dónde quieres llegar?
—No es a dónde quiero llegar, sino a dónde estás. Escucha con atención… Como la esposa de Inuyasha hermano del señor de estas tierras tu deber es ser adiestrada, para servir y causar honor a la familia y no su deshonra. Sesshōmaru ordenó tu entrenamiento no solo para aprovechar tus poderes sagrados, sino para que aprendieras a defender tu lugar y tu virtud en estos tiempos de guerra.
»Él me ha solicitado explícitamente se te adiestre como uno de nosotros y como es la posición de Inuyasha un samurái; si por alguna razón Sesshōmaru muere en batalla, sin tener herederos el poder recaerá en Inuyasha y tú serás la Dama del Oeste. Debes tener la fortaleza y la sabiduría para gobernar a su lado. Ahora formas parte de la realeza y no importa lo que desees, sino que tan rápido lo aceptes. ¿Comprendes ahora?
—¿Su madre está de acuerdo con que Inuyasha sea el siguiente en sucesión?
—Ella estuvo de acuerdo. Perteneces a Sesshōmaru y estarás a su disposición para que le sirvas de la mejor manera.
—¿Cuál sería esa manera?
El zorro sonrió de nuevo y esta vez se permitió una carcajada.
—Eso dependerá de tus habilidades.
—¿Por qué pensaría Sesshomaru que yo puedo ser un samurái?
—Gi Todos hemos sido testigos de cuanto valoras la Justicia. Yu. No hay duda de ti, Miko de Shikon No Tama. Jin, te compadeces de tus amigos y también de tus enemigos. Rei en definitiva no te enalteces por tus logros y no tratas a los demás con despotismo o mala conducta. Meyo, actúas con demasiado honor. Le has brindado honor a tu esposo con tus actos heroicos, sin esperar una recompensa. Makoto, haces lo que dices, no mientes y es bueno, aunque si me lo preguntas, no estoy muy seguro de si tienes o no dobles intenciones, aunque Sesshōmaru está seguro de tu honestidad, y solo te falta trabajar demasiado en el Chugo.
—Entonces, ¿no esperará a Inuyasha? Él solo decidió mi educación.
—Ya te lo dije no hay nada de malo en que te puedas proteger, si eres capturada deberás luchar contra el enemigo hasta el final y no permitir que seas deshonrada con una violación trayendo al Oeste un bastardo del enemigo como ha sido con la casa del Sur. Así que si fallas deberás morir con honor, tú cometerás Seppuku. Si tu esposo es asesinado será tu deber vengar su muerte.
Kagome comenzó a reír de manera incontrolable. El viejo zorro ladeó un poco la cabeza.
—¿Te parece gracioso?
—Me pregunto, si es válido y honorable matar al futuro asesino de tu esposo antes de que cometa el delito.
El zorro miró los ojos de la humana tan extraños venidos de lugares lejanos…
—¿Cómo es que nadie sabe de dónde vienes o quién eres?
—Soy Kagome Higurashi.
—Taishō —reprendió el Zorro y cerró los ojos dando por finalizada la conversación, esa humana no era lo que se esperaba, jamás.
Lo intrigante era que, corrían rumores acerca de la mujer. Aquellos que, si Sesshōmaru conocía la verdad, no estaba dispuesto divulgarla e Inuyasha nunca los negaba o aceptaba. Jaken que siempre divulgaba todo lo que llegaba a sus oídos solía decir que no sabía más que los demás.
La joya había sido quemada con su guardiana la sacerdotisa Kikyo, y el día en que apareció también lo hizo la sacerdotisa Kagome, al menos eso decían. Su discípulo, el Kit, no se cansaba en alabar a Kagome y hablar de su casa donde aparentemente había cosas que se desconocían aquí, él traía conocimientos que eran imposibles que un niño de su edad lo supiera —y más si no había sido educado antes—, algunos jamás escuchados por nadie y alegaba que Kagome era la mujer más sabia en las artes de las ciencias. Que sus conocimientos eran infinitos y constantemente el niño corregía a sus maestros diciendo cosas imaginables, él era tachado de mentiroso.
Las maneras de la mujer y su forma a veces extraña de hablar… Jaken había sugerido a Sesshōmaru que ella a veces podía ver el futuro. ¿Era verdad? Luego estaba el odio que todos podían percibir en ella hacia su señor, aparentemente sin razón. Ahora estaba seguro de qué si ella podía ver el futuro, había regresado de donde quiera que perteneciera por algo.
¿Sería para ayudarlos o para destruirlos?
Él Zorro abrió los ojos para observar a la hembra humana, un sirviente entró interrumpiendo la tormenta de pensamientos del Maestro. El sirviente ofreció una charola con un mensaje escrito en papel. El maestro al leerlo solo dio la respuesta con un asentimiento al joven sirviente que salió de inmediato.
—Mi señora, la Dama Inu la espera en sus aposentos. Y será mejor que se apresure porque es intolerante a la lentitud.
Kagome se despidió con una reverencia y salió al encuentro de la Dama.
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Kagome, fue anunciada por una sirviente, luego ella entró a las habitaciones de la Dama, después de ubicarla al lado de su hijo Sesshōmaru, saludó con una reverencia.
—¿Me llamó, señora?
La mujer que permanecía sentada cómodamente abrió su abanico y soltó una risita divertida, claramente estaba burlándose de la humana.
—Por supuesto, querida nuera.
Kagome abrió los ojos y solo un poco la boca, ¿acaso esta mujer estaba reconociendo a Inuyasha como su hijo?
—No deberías asombrarte, Inuyasha es hijo de mi difunto esposo y ahora ha sido reconocido como tal. Me guste o no, él es manada y uno muy fiel. Merece mi respeto, por luchar tan fervientemente por el Oeste.
Kagome asintió, y siguió con la mirada los movimientos de la Inu, se había puesto de pie al lado de un maniquí, con un hermoso Kimono. La mirada de Kagome se deslizó hacia Sesshōmaru que leía un documento en compañía de un Jaken que le servía té.
—Desnúdate.
—Disculpe, ¿qué dijo?
—Mis sirvientas te vestirán con este atuendo. Me mostrarás si puedes ser lo que se espera de ti.
—No voy a… quitarme nada frente a… un hombre ajeno a mi esposo. ¿Dónde puedo cambiarme?
La Inu aplaudió y dos sirvientes entraron para cerrar una pantalla shoji y así darle privacidad, o al menos eso pensó, pues tras la luz de las velas su sombra no dejó nada a la imaginación. Una vez que los sirvientes terminaron la tarea del arreglo personal de la hembra humana, retiraron la pantalla para mostrar el resultado.
La Dama del Oeste miraba a la mujer frente a ella, vestida como una verdadera Hime, no se podía negar la belleza de la humana, una que deslumbraba. Su hijo tal vez fingía no verla, pero ella sabía mejor.
—Toma asiento. —La Inu esperó a que Kagome lo hiciera para continuar—: Mi hijo debe engendrar al próximo heredero del Oeste. Por lo que tendrá que viajar a las tierras del sur donde lo espera Lord Fudo para ofrecer a su hija Fumiko. Lo acompañarás a tal encuentro.
—¿Por qué tengo que ir con él y no usted?
Kagome debatió, no quería estar lejos de sus hijos y mucho menos cerca de Sesshōmaru.
—Porque tú no sabes gobernar niña.
—¿No es su madre la que debería estar presente en el compromiso de su hijo? Yo solo soy su cuñada…
Sesshōmaru que fingía revisar unos documentos gruñó.
—Debo quedarme aquí, pero tú me representarás y llevarás contigo este obsequio, —la mujer le tendió a Kagome un pequeño cofre cerrado— para la prometida de mi hijo. Solo debes darlo si Sesshōmaru logra preñarla.
—Comprendo. Cuando se casen.
—¡No, humana tonta! Dije si ella queda preñada. Sesshōmaru no se casará y mucho menos la marcará.
—¿Qué? ¿Piensa tener un hijo con ella, pero no desposarla en las maneras Yokai?
—¡Oh! ¡Pobre niña ignorante! La marca de posesión es para toda la vida, solo pasa una vez con un compañero. Más se puede tener amantes, pero estas no son más que las hembras que aseguran una larga descendencia, en pocas palabras sirven a que la sangre de una casa no se pierda y más en tiempos de guerra.
Kagome no disimuló al mirar el cuello de la Dama en busca de la marca del padre de Sesshōmaru.
—Mi Señor Toga, no me dio una marca, ni la quise tampoco. Pero soy su Dama porque yo le di a su primer heredero.
—La madre de Inuyasha…
—No. Tampoco mi señor Toga la marcó. Si hubiese sido así Toga hubiese muerto con ella cuando fue asesinada por ese humano despreciable. La muerte nos arrastra junto a nuestra pareja. Es por eso que marcar o recibir la marca es un error para la nobleza y un acto de honor para los plebeyos, pero en cambio si nuestro deseo es alargar y dar poder al otro… entonces lo marcamos y la unión se da con el valor de nuestra vida.
Kagome, puso su mano en la marca que Inuyasha le había dado. Y sin apartar los ojos de la mujer la descubrió mostrándosela.
—Hnn, esa marca de Hanyō no es válida. Su instinto lo obliga a dártela, pero no tiene el mismo efecto por ser mitad raza.
—Tal vez para usted, pero para mí lo es todo.
—Cualquier demonio de sangre completa puede anularla —dijo Sesshōmaru y sin mirarla se levantó, y pasó a su lado sin dirigirle una mirada y retirándose de la habitación.
Kagome hubiera querido responderle, sin embargo, se prometió que se comportaría solo en agradecimiento al entrenamiento que estaba recibiendo por su orden. Quería proteger a los que amaba.
—Está molesto porque el consejo le obligó a aceptar a la hembra. Llevarás mi estola. Con ella todo demonio sabrá que perteneces al clan del Oeste como una de la realeza. Y no intentarán dañarte a menos que su propósito sea el de la guerra.
—No puedo llevarlo conmigo… Eso es algo de… usted y…
—Puede que seas un humano un poco más que inferior, mas no te presentarás como algo menos.
La Dama se puso de pie y Kagome también, ella le colocó la estola en los hombros.
—Gracias, Mi señora será un honor. Y haré lo posible por representarla bien.
—Mantén la boca cerrada sea lo que sea que escuches… guardarás tus pensamientos solo para ti y luego cuando estés de regreso me hablarás sobre lo que tus ojos y oídos, captaron; no solo irás como su acompañante y mi representante, serás mi espía.
La dama sonrió tan siniestramente que dudaba de los verdaderos motivos de la Dama para enviarla en su representación.
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La noche había llegado, los preparativos para su partida estaban listos y Kagome había contado un cuento al Kit para dormir. El pequeño odiaba separarse de ella, pero estaba tranquilo al saber que Sesshōmaru la protegería. Su hijo humano estaba recostado al lado del kit.
Pensó en Inuyasha, había pasado demasiado tiempo fuera y al parecer la reunión de los altos líderes se había pospuesto tras la derrota que sufrieron por el Oeste. Kagome se colocó una manta para cubrir la desnudez de su ropa de dormir y se dirigió al jardín.
Tantas cosas habían pasado y su mente estaba inquieta. ¿Qué pasaría si el clan de los demonios Pantera no llegaban a un acuerdo con Sesshōmaru? ¿Él encontraría a la supuesta hembra ofertada suficiente para llevar a su heredero? Odiaba este tiempo en la que la mujer no era más que una moneda de cambio para beneficiar a los… hombres.
—Kagome.
—Rin…
—¿Es cierto que Sesshōmaru elegirá a una hembra?
—¡Oh Rin! Lo siento.
—No importa él… nunca amará a Rin como ella lo ama.
Kagome se acercó un poco más al estante en donde Rin estaba mirando las luciérnagas bailar en el aire, parecían pequeñas hadas.
—Dime Kagome, ¿alguna vez intentaste olvidar a Inuyasha con otro hombre?
—Sí.
—Pero no funcionó —afirmó Rin y Kagome la abrazó.
—Cada corazón es diferente Rin, y el que no esté a tu lado como pareja, no significa que no seas especial. Será difícil aceptarlo, sin embargo, tu corazón lo hará. El tiempo te dará esa resignación. Te confieso que hubo una vez en que casi lo hice, pero yo realmente no quería olvidar.
»Cuando sentía que mi corazón podía lograrlo yo saboteaba mi relación con él. No cometas el mismo error, Rin. Se feliz cuando tengas la oportunidad. Porque la diferencia está en que yo tenía esperanza y sabía que Inuyasha me esperaba. No es tu caso Rin, así que no pierdas más tu tiempo, somos humanas y debemos vivir nuestra vida al máximo y no perder el tiempo en amores que no son correspondidos.
—Gracias, Kagome.
Rin sintió que su vida comenzaba a tener sentido de nuevo, con un humano que cada día lograba arrancarle una sonrisa o una palabra. Y ella ahora comprendía que era su oportunidad para aceptar la realidad y permitir a su corazón volver amar.
Kagome sostuvo un poco más a Rin. Al cabo de unos minutos más la joven Rin se inclinó ante su mayor y regresó a su habitación.
Kagome observó la Luna Llena, tan hermosa y el cielo lleno de estrellas se reflejaba en el estanque…
«¿Dónde estás Inuyasha?»
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Viajar con Sesshōmaru, no había sido tan terrible como había pensado en un principio. El demonio le había asignado un caballo, para que pudiera mantener el paso de los demonios, pero no podía negar que también era cansado e incómodo hacerlo de lado y mucho más con tantas capas y capas de ropa, sin mencionar que se sentía tan ajustada que apenas y podía respirar. Volar no era una opción, los demonios dragones que ahora trabajaban para los humanos sobrevolaban las fronteras impidiendo el paso libre a sus enemigos.
—Nos detendremos aquí ―ordenó el demonio.
Los seis guerreros que los acompañaban se dispersaron para asegurar el terreno, Kagome bajó de su caballo como pudo y casi se cae de rodillas tras brincar al piso. Reacomodo su estúpido peinado y se preguntó cómo es que la señora madre de Sesshōmaru creyó que llegaría tan intacta en su apariencia, como si solo se hubiera vestido una hora atrás. Llevaba otros diez kimonos, pero era tan difícil viajar de esa manera. Recordó a Kagura y entonces reconoció que verse siempre tan bien, era cosa de demonios.
Soltó del caballo los lazos de su bolso de viaje que contenía los víveres para ella, pues los demonios preferían comer carne fresca.
Sesshōmaru tomó asiento en el lado opuesto a ella con la mirada fija hacia la oscuridad del bosque. Kagome podía ver sus orejas moverse al captar los sonidos inaudibles para ella. Ajustó la estola de la madre de Sesshōmaru y aspiró su aroma, debía reconocer que era acogedora para el clima fresco. Y extrañamente fresca y ligera durante el día.
—¿Cuándo llegaremos? —le preguntó mientras mordía la carne seca y bebía un poco de agua.
—En una semana.
Kagome se levantó y caminó hacia él demonio.
—Si el acuerdo se realiza… la madre de tu futuro heredero, ¿vendrá con nosotros?
Tomó asiento a su lado, no porque quisiera simpatizar con él, sino, porque de alguna manera se sentía insegura sin Inuyasha y le gustará o no, Sesshōmaru era lo más cercano que tenía de su esposo.
—No.
—¿Por qué? Llevará tu heredero, ¿no?
—La familia real jamás debe viajar juntos al mismo destino, es arriesgado porque podríamos ser capturados o asesinados y con ello caería el Oeste.
—Sé que no soy importante, pero ¿por qué llevarme contigo a todas partes?
Ella le miraba con sus enormes ojos azules, tan extraños…
—Hnn. Inuyasha me hizo prometer que no te perdería de vista —le respondió mientras giraba su rostro para evitar su mirada exótica.
—¡Oh! Comprendo.
—Duerme —ordenó.
—Bien, yo —Kagome jugueteó con los pelos de la estola entre sus dedos—… ¿Puedo quedarme junto a ti? Sé que eres honorable y que no me matarás mientras duermo.
Sesshōmaru le regaló una mirada que parecía divertida.
—Has lo que quieras.
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Kagome fue despertada de manera poco sutil. Algo había golpeado en su pierna y cuando abrió los ojos encontró a Sesshōmaru de pie observándola.
—Entrenarás con éste Sesshōmaru.
Ella frunció el ceño, había creído que estaba de vacaciones con el viaje y todo. Tal parecía que no era así. Se levantó de mala gana y caminó detrás de los arbustos dejando atrás la estola de Inu No Kami, su kimono blanco con flores rojas en las mangas, se había deslizado dejando su hombro izquierdo al descubierto —ser una princesa dulce y sutil no era lo suyo por—, lo que gruñó mientras reacomodaba sus ropas. Caminó lo más lejos posible para hacer sus necesidades fisiológicas. Detestaba a los demonios con su buen olfato, pero esto obtenían por traerla a una misión que dudaba fuera buena, tener que hacer de mensajera y chaperona de un demonio ¡Qué horror! Cuando regresó encontró a Sesshōmaru de espaldas.
Había una espada enterrada en la tierra y se preguntó si él esperaba que lo tomara. Nunca había blandido una, por ahora solo le habían enseñado el uso correcto del arco y la lanza, pero no la espada.
Sesshōmaru se giró y sacó su propia espada, Colmillo Sagrado, Kagome quiso bufar tras la consideración del Demonio para no matarla.
—La tomarás de este modo.
Kagome desenterró la espada y copió las maneras del demonio. Entonces él, comenzó a realizar una serie de movimientos con ella. Era como ver una película antigua de samuráis entrenando, hubiese reído si no hubiera reconocido algunos movimientos, luego los reconoció todos. Su Sensei Zorro la hacía bailotear todas las mañanas antes de sentarse a meditar.
«El cretino maestro me estaba preparando para poder manejar una espada y no me lo dijo» pensó.
Cuando Sesshōmaru inició de nuevo la coreografía, Kagome ya sabía los movimientos correctos de los pies, tan solo debía concentrarse en la espada.
Luego dejó que ella continuara sola. La observó hacerlo una vez. Y en la siguiente Sesshōmaru corrigió la postura de un brazo tocando levemente su codo para elevarlo un poco, mientras se encontraba detrás de ella.
Luego, Kagome empezaba de nuevo con la postura correcta. Sesshōmaru daba vueltas alrededor de ella observando minuciosamente sus fallos. Con cada comienzo de la coreografía el corregía otro movimiento. La muñeca izquierda, en una; en otra ocasión fue su pie, el cual lo corrigió golpeándolo con el suyo lo suficiente para moverlo, pero no para hacerla perder la concentración o el equilibrio. En la siguiente corrigió su espalda que se había encorvado por el peso de la espada al no estar acostumbrada, colocando la palma de su mano en su espalda media y con la otra tocó su pecho para empujarlo hacia atrás; en otra más elevó su barbilla con la punta de sus dedos haciéndola parecer, más altiva. Y por último estando detrás de ella, colocó sus manos sobre las de Kagome, y las apretó mostrándole la fuerza correcta para sujetar la espada y sin soltarla hicieron juntos la coreografía solo una vez.
Kagome pensó que debería sentirse abrumada por el toque de Sesshōmaru, pero no fue así. Ni siquiera cuando invadió totalmente su espacio colocándose detrás sujetando sus manos, sus brazos rozándose, el calor de su pecho sin armadura detrás de ella, sus piernas tocándose. Moviéndose al mismo tiempo. Fue en realidad una experiencia que nunca olvidaría, porque no había sido incomoda, no había malicia en él, no había malicia en ella. Hasta el instante en que él bajó una mano colocándola en su vientre y la atrajo hacia su cuerpo cerrando la poca distancia que había en ellos. Congelada y aturdida dejó caer la espada.
Sesshōmaru aspiró el aroma de su cabello, bajó su cabeza hasta el cuello de la hembra y aspiró el aroma de su piel rozándola con la nariz, el corazón de Kagome comenzó a latir más rápido cuando sensaciones de electricidad recorrían su cuello hasta su pecho y espalda, era la energía del demonio que estaba enviando.
—¿Qué estás haciendo? —susurró Kagome, no podría haber gritado, aunque lo hubiera deseado.
—Esto hace Inuyasha, ¿no es cierto?
Kagome recuerda las caricias de su esposo y se preguntó si el imbécil los espiaba. Quiso separarse de él, pero Sesshōmaru la abrazó por detrás y puso una mano sobre su boca para impedir que gritara.
—La marca de Inuyasha no es nada frente a un demonio completo lo sabes. Entonces él debe dejar su marca de olor, para decirles a otros machos que estarán muertos si se acercan a ti. Pero él no está ahora. Y tu mujer… estas en celo.
Al escuchar sus palabras ella detuvo su lucha por deshacerse del agarre de Sesshōmaru, —si al estar en celo se refería a que ella estaba en días fértiles no se equivocaba—, y él aflojó su agarre y retiró su mano de la boca de la mujer. Y continúo emanando su energía en ella.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó de nuevo. Al parecer lo que para ella eran tiernas caricias de su esposo, para él fue algo más.
Kagome tenía miedo. Odiaba a Inuyasha por ser tan imbécil para no explicarle nada sobre los términos y costumbres demoniacas. Era como una niña, ignorante y perdida.
—Dejando un rastro de mi yōki para que todos sepan que eres manada. Nada que humille a mi hermano o a ti.
—Tu madre me dio su estola.
—Sí, pero cuando lo hizo no estabas en celo. Y no será suficiente protección en un castillo lleno de Yōkai, que saben que una sacerdotisa con un poder extraordinario que se relaciona y se acuesta con un medio demonio —que no puede darle una marca real—, está a su alcance.
El demonio elevó todavía más su energía, esta vez bañando cada centímetro del cuerpo de Kagome con él. La hizo estremecer, pero no de dolor; era como algo extrañamente placentero y sin poder evitarlo gimió penosamente, él, soltó otra ola de energía y ella mordió su labio inferior.
—Déjame tocar tu reiki.
Lo escuchó pedirle con voz ronca, ella no entendía lo que quería decir hasta que otra ola de su energía la bañó y ella quiso desfallecer era tan intensa pero no dolorosa, solo intensa…
—Déjame tocarla.
—No. Suéltame.
—Te doy mi protección y la rechazas.
—¡No la quiero!
—Ichiro es el heredero del señor del Sur, hijo mayor, un macho en edad de tomar a una mujer, demasiado ambicioso te querrá al instante. ¡Tonta! Vamos a celebrar una unión no una guerra. Él ira tras Inuyasha si tu aroma llega a él. ¿No lo entiendes? ¿Serás la caída del Oeste? ¿La humillación de tu esposo, de tu señor?
«Inuyasha» pensó. Kagome tenía miedo, porque no estaba dañándola era más como una sensación de pertenencia y no quería nada de él.
—¡No sé cómo! —gritó.
—Relájate, y no repeles mi Yōki déjalo entrar en tu cuerpo.
Y entonces sucedió, él soltó su energía y ella hizo lo que le dijo. Su reiki se elevó, pero permitió que la energía de Sesshōmaru la traspasara y entró en su cuerpo. Sintió que sus pulmones colapsaban y perdía el poder para respirar. Y cuando esa horrible sensación desapareció todavía estaba en los brazos del demonio. Sus miradas se mantenían.
—Le has hecho esto a Rin. —afirmó.
—Es mi hija y no iba a permitir que algún demonio quisiera hacerse de ella para llegar a mí y mi favor. Pero ella mal interpretó, su corazón humano… es ambicioso —Sesshōmaru había mentido, porque lo que él le había hecho era beber un poco de su luz. Algo que Rin había perdido cuando la revivió. Ella era dulce e inocente, pero su alma estaba ya marcada por la oscuridad de la muerte.
Sesshōmaru se levantó con ella —Kagome no se había dado cuenta en qué momento él se dejó caer al piso colocándola en su regazo—, y después de estabilizarla se dio media vuelta y le ordenó:
—Continúa.
Y así lo hizo un par de veces más, aunque las piernas le temblaban y se sentía tan asustada y tan invadida, porque todavía podía sentir el yōki de Sesshōmaru, recorriendo su cuerpo.
