Joyas mágicas

By Hermes Malaky

"…Las piedras, gemas y cristales, se formaron desde hace miles de años en las entrañas de la tierra. Son mas antiguas que la misma humanidad, y han absorbido energías tan poderosas y únicas concediéndole propiedades variadas a cada una de ellas.

Las vibraciones de cada una de las piedra, gemas o cristales varían en frecuencia. Tomando una entre sus manos puedes percibir la energía que fluye a través, desde su centro, hasta su exterior y corre un flujo constante de energía acumulada que puede tener varios efectos en el sujeto que la toque.

En su estado natural, por si solas poseen cualidades privilegiadas; cualidades curativas y de sanación, existen aquellas piedras mágicas que nos pueden ayudar a encausar nuestra propia energía canalizando nuestro potencial y acompañarnos en nuestro camino para que la vida fluya de manera adecuada y se encuentre en equilibrio. Existen además gemas poseedoras de características peculiares que afectan no solo al sujeto que la porten sino a aquellos que se encuentran en su entorno cercano o mantienen un lazo afectivo y emocional estrecho.

En el caso de las gemas, la energía y la magia existen de manera contenida, esperando ser liberadas de la manera adecuada, sin embargo, dichas cualidades pueden intensificarse y potencializarse si los factores del entorno son los propicios para su manejo, sumado a la alineación de los planetas y el horario conveniente para trabajar con ellas, también interfiera la magia del artesano, las manos que moldean, pulen y transforman son quizás igual o mas importantes que la gema en si misma.

Son los duendes quienes han perfeccionado el arte de transformar piedra y gemas preciosas en joyas exquisitas que dotaran a sus dueños de un tesoro mas que invaluable, sin embargo, no son los únicos capaces de manejar los metales y las gemas más poderosas, existen también los magos y brujas que han nacido con la estrella sobre sus cabezas que incluso pueden dotar de una protección mucho más poderosa. La diferencia más notoria sin duda es que el humano mago o bruja dota a su trabajo de más sentimiento en su elaboración creando una variación tan única y poderosa que se convierte en una protección tal que nada podría dañar al portador independientemente del fin que la joya persiga. En caso contrario, cuando quien no posee las cualidades mágicas necesarias moldea gemas mágicas sus poderes se neutralizaran de manera definitiva al cortar el flujo de energía concentrado en su interior…"

Cuando Hermione termino de leer, le temblaban las manos. Encontró aquel libro casi por casualidad. Hacía mucho tiempo que dejo de buscar información sobre la magia del rubí rosado en el anillo que le obsequiara el Sr. Johnson a petición de Lucius. Conociendo sus efectos se limito a quitarlo de su mano y mantener su distancia, después de todo la finalidad de este se había cumplido, estaba embarazada y no había marchas atrás.

Quedo de verse con Luna esa tarde en el Callejón Diagon, pero conociendo a su amiga sabia que la puntualidad no era una de sus cualidades, además de que se distraía con tanta facilidad que siempre llegaba mas tarde de la hora pactada. Por esa misma razón le gustaba pasar a la librería para hacer tiempo, amaba el lugar le traía muy gratos recuerdos, por lo que el tiempo empleado en la búsqueda de un nuevo libro siempre era bien valorado, además de que Lovegood siempre sabría exactamente dónde encontrarla.

Se paseo por un rato por entre las altas estanterías, no buscando nada en particular. Le gustaba acariciar los lomos de los libros mientras leía los títulos, de vez en cuando sacaba uno para leer la contra portada y saber si era lo suficientemente interesante para comprarlo.

Un par de libros llamaron su atención. Bufo con cierta molestia, nunca faltaba aquel descuidado que sacara libros de sus estantes y no los ponía en su lugar. Eran cuatro libros en total que fue acomodando en sus lugares correspondientes, cuando le quedaba solo uno, lo miro con curiosidad al leer el tema del que trataba con letras doradas en la portada.

Se Leia "Piedras, gemas y cristales mágicos", el nombre por si solo la hizo estremecer, más aun cuando abrió el libro por el índice y se encontró con un apartada completo que hablaba sobre joyas mágicas.

Lo que vino después fueron sus ojos danzando por las líneas escritas a una velocidad sorprendente. Conforme su lectura avanzaba los latidos de su corazón se aceleraban. Mucha de la información contenida ya la conocía, pero había un capítulo completo dedicado a las joyas ancestrales empleadas por los sangre puras y sus efectos, pero sin duda fue el apartado que explicaba como el manejo de las gemas al ser transformadas a joyas podía darle una variación completa a la finalidad que perseguía la joya en cuestión.

Ya había pagado el libro y la abrazaba con fuerza contra su pecho, cuando a la salida de la librería se topó con Luna.

-Hola. -Saludo con apuro la castaña.

-Veo que llevas algo de prisa.

-Si, disculpa. Encontré algo que debo investigar ¿Te molestaría que te acompañara hasta mañana con Harry?

Luna sonrió. -No te preocupes, le mandare tus saludos.

-Mil gracias. -Le sonrió sincera besando su mejilla antes de marcharse con prisa hacia el ministerio.

La rubia la observo hasta que doblo en una esquina, aun no perdía la sonrisa cuando alguien le hablo a sus espaldas.

-A su amiga le gusto una de sus elecciones, pero no me dio tiempo de decirle que ya estaba pagado el libro.

-No se preocupe. -Contesto, tomando el dinero que le devolvía el dependiente de la librería.

-Me parece curioso que escogiera precisamente el libro que me pidió dejara al final sobre la mesa auxiliar al lado de las estanterías.

Luna se encogió de hombros restándole importancia. Después de agradecer de nuevo se marcho para hacer su visita diaria a sus amigos.

. . .

Hermione casi corría para llegar a los archivos del Ministerio de Magia. Se paso largas horas en su oficina leyendo de manera minuciosa su nueva adquisición. Cuando termino de leer el capitulo que le interesaba se levantó como un huracán de su asiento para dirigirse a aquel lugar.

Fácilmente le dieron acceso a la información que requería, después de todo el proyecto para reinsertar a infractores mágicos a la sociedad fue hecho por ella. Tomo las carpetas de los lugares elegidos por el ministerio para efectuar el servicio social y los coloco sobre una de las mesas dispuestas en el archivo.

La mayoría de las personas que trabajaban en ese departamento habían salido a almorzar, lo que agradeció internamente la joven para poder realizar sus investigaciones sin que le hicieran preguntas que no sabría cómo contestar.

Se quedo sin aliento cuando confirmo sus sospechas. No era ninguna casualidad las elecciones del ministerio sobre los lugares en los que realizaban el servicio social lo magos y brujas que esperaban ser reinsertados a la sociedad mágica. Podía ser que los lugares fueran completamente muggles, administrados y manejados por ellos, sin embargo, el interés en esos sitios en particular tenía un trasfondo interesante.

Durante la ultima guerra muchos murieron muggles y magos, muchas familias quedaron fracturadas, el Ministerio puso especial atención en intentar resarcir el daño causado por el innombrable y para hacerlo se tomo algunas libertades que solo un puñado de personas conocían, pues para no levantar más polémica de la necesaria se oculto al ojo publico parte de las decisiones tomadas.

Los centros sociales, casas hogar y el geriátrico cuidaban a los sobrevivientes muggles de familiares que perecieron por una guerra que no fue suya, aquellas personas que se quedaron desprotegidos, sin techo, huérfanos o sin los medios para subsistir por su cuenta.

En la casa hogar se mantenía a los hijos de muggles, pero también a los hijos mestizos de magos que aún no sabían si poseían magia, estaban a la espera de que llegara la edad para que esa magia se manifestara y poder reinsertarlos al mundo que por derecho les correspondía. Pero hasta entonces estaban cuidados y bajo la vigilancia del Ministerio Muggle y Mágico.

En el geriátrico se reubicaron a los adultos mayores cuyas familias muggles perecieron en la guerra, pero también aquellos Squib que nunca encajaron en el mundo mágico ya fuera conociendo o no su origen, sin embargo, había un puñado de casos especiales donde las victimas a los cuales les realizaron hechizos de memoria con el afán de ayudarles emocional y psicológicamente hablando, considerando que había cosas que eran mejor olvidar.

Uno de estos casos era el de James Johnson, hijo natural de Lucelia Johnson mestiza, quien murió durante la primera guerra mágica a manos de mortifagos cuando el apenas contaba con 10 años. Fue testigo de la muerte de su madre, sobrevivió gracias a que lo dieron por muerto. Sus heridas físicas eran graves, tanto que las maldiciones empleadas en el niño suponían le privarían de ejercer por siempre sus dotes mágicos.

El padre biológico jamás le reconocería a pesar de las condiciones de desamparo en las que quedo siendo tan pequeño. Siendo un Squib, sin familia que se hiciera cargo de el, termino un orfanato muggle, para ayudarle a sanar sus heridas emocionales su memoria fue alterada. No llego a ser adoptado, pero al cumplir la mayoría de edad salió a buscar su propio camino, se caso y aunque nunca tuvo hijos había tenido una vida buena hasta la muerte de su esposa, su gran amor.

Esa era la razón por la que el ministerio siguiendo su pista a lo largo de los años, después de todo habían sido los responsables de alterar su memoria, era entonces su deber darle seguimiento y ayudarle siempre que fuera posible.

Las carpetas de cada centro proporcionaban datos generales de las personas con ascendencia mágica, pero había un que estaba sellado. Las alertas de Hermione sonaron con más fuerza, tenía un fuerte presentimiento.

Personalmente acudió ante el ministro Kingsley Shacklebolt. Fue atendida de inmediato debido a la urgencia con la que fue solicitada la entrevista.

Kingsley se alarmo ante la palidez en el rostro de la joven. Por lo que incluso antes de saludarle ya se encontraba de pie para escoltarla para que se sentara en una de las sillas.

-¿Hermione te encuentras bien? -La preocupación era evidente en su voz.

-Si. -Se limito a contestar reafirmando con un movimiento de cabeza. -Estoy bien, pero necesito de su ayuda.

-¿Qué ocurre?

-Necesito que me permita abrir un expediente sellado.

-¿De quién? -Pregunto levantando las cejas con intriga ante la inesperada petición.

-James Johnson, actualmente está ingresado en el geriátrico que está bajo la vigilancia del ministerio.

Esa información era suficiente para que el ministro se diera una idea general de quien se podría tratar.

-¿Qué interés tienes en ese hombre?

-Uno personal.

-Hermione comprenderás que ese expediente lleva sellado décadas. No veo el caso de abrirlo a estas alturas.

-Se muy bien que lo sello IgnatiusTuft mientras estaba el ministerio bajo su cargo. Conozco las razones que lo llevaron a desmemoriar a James Johnson a sus 10 años. Aun así necesito abrir su expediente.

-No creo que eso sea posible.

La chica no sabia si llorar o reír de pura desesperación. Tenia los nervios destrozados y el que le negara su petición la enfureció.

-No entiendo el interés particular que tendrás por ese hombre, pero te aseguro que el expediente debió sellarse por una buena razón.

-Por supuesto. -Admitió. -Lo sellaron por que un sangre pura debió pagar una fortuna para que así fuera.

-No entiendo.

-No necesito que lo entienda. -Contesto con rudeza. -Pero le exijo que me de acceso a esto.

-Hermione no puedo hacer tal cosa sin una justificación de por medio.

Entonces la castaña no pudo contener una sonora carcajada llena de desdén.

-No puede abrirme un expediente sellado, pero si espera que me enfrente a un mortifago para hacer su trabajo. -Sus ojos destellaban llenos de furia.

-Hermione por favor cálmate.

-¡No voy a calmarme! – dijo en un grito.

Se levanto de golpe sorprendiéndolo por completo.

-Todos estos años me he partido el alma por hacer bien mi trabajo, incluso antes de entrar al ministerio estuve dispuesta a dar mi vida por la causa, luche en la guerra, casi muero. Todavía ahora me pide exponerme de nuevo embarazada para enfrentar a un hombre que puso al borde de la muerte a mi mejor amigo y no me puede conceder abrir una carpeta sin hacer preguntas.

Estaba roja de ira, con la respiración agitada y los puños apretados. Veía desafiante al ministro esperando que tuviera el valor de contestarle, de intentar desmentirla.

-Sabe que es lo que verdaderamente me molesta de este asunto. Que estoy casi segura de que ese expediente se sello para proteger el buen nombre de un sangre pura. -Soltó con ironía y rabia. -Sin importar que había un inocente de por medio. Puedo incluso imaginarles dándose palmaditas en la espalda para calmar su conciencia, diciendo que era lo mejor para el chico, cuando lo correcto hubiera sido exigir que le reconocieran, que el padre biológico se hiciera cargo.

Kingsley pudo entender de que iba todo el asunto al escucharla.

-Que caso tiene ya remover las aguas Hermione, nada le devolverá lo que ha perdido.

-Esa no es su decisión. -Dijo con desdén saliendo sin mediar más palabras, dando un portazo.

Si para lograr su objetivo, tenía que hacer las cosas de la manera difícil, lo haría.

. . .

Tardo dos días, pero por la mañana del tercer día, muy temprano Hermione le esperaba de nuevo para una entrevista. Esta vez no iba sola y tampoco iba a hacer ninguna petición amable. Llevaba con ella varias carpetas y en el rostro una sonrisa llena de satisfacción.

Theodore Nott, Lucius Malfoy le acompañaban, pero también otro hombre que jamás había visto antes.

Cuando los hicieron pasar, la joven fue al grano. No tenía tiempo por perder.

-Acabamos de pasar por el departamento legal de Herencias, títulos y propiedades. Tengo el agrado de presentarle a James Malfoy, recientemente reconocido legalmente como un legitimo heredero de la casa Malfoy, nacido fuera del matrimonio pero con todo el derecho consanguineo, primogénito de Abraxas Malfoy, hermano mayor de mi suegro.

Kingsley se quedo sin palabras.

-Estos son los resultados de los exámenes de genética que respaldan mis palabras. -Le tendió una de las carpetas que llevaba. -Mi suegro aquí presente se prestó para los exámenes por voluntad propia.

Lucius sonrió de medio lado, petulante y orgulloso de la manera en que su nuera estaba dejando callado al ministro de magia.

-Se le han restituido todos sus derechos como parte de la sociedad mágica de la que nunca debió de haber salido. Y esta -Le tendió otra carpeta- Es una demanda contra el ministerio que usted preside donde se exige resarcir los daños y perjuicios contra el Sr. James Malfoy aquí presente, por las negligencias cometidas contra su persona al poner los intereses de un mago sangre pura sobre los de un menor. Como entenderá para evitar conflicto de intereses decidí no representarlo, pero el Sr. Nott aquí presente se encargará de hacer lo necesario.

Shacklebolt palideció.

-Como vera ya no es necesario abrir los sellos del expediente. A menos claro que trate de hacerse un favor a si mismo y facilitar todo el engorroso proceso que le espera. Muchas gracias por su tiempo Ministro Kingsley, si nos disculpa nos retiramos aun tenemos tramites que hacer.

Si el ego de Lucius Malfoy fuera capaz de inflarse de puro orgullo en ese momento, saldría volando como un globo por la ventana. No podía mentirse a sí mismo, aun no podía creer que tuviera un hermano mayor. Estaba seguro de que su padre a esas alturas estaría revolcándose en su tumba ante la indignación de que reconociera a un hijo ilegitimo del que a todas luces había renegado hasta el punto de abandonarlo a su suerte cuando quedo huérfano de madre.

A el simplemente ya le daba la mismo las estupideces de la sangre, con una nuera hija de muggles y un futuro nieto mestizo, se encontraba mas que satisfecho. Además, no podía negar lo mucho que había simpatizado con James desde que lo conociera, disfrutaba de su rivalidad en el juego, pero sobre todo de su compañía. Era una sensación nueva y bastante gratificante tener un hermano, aunque primero muerto que admitirlo.

James tampoco podía creer lo que ocurría, a pesar de todo se mostraba seguro y confiado ante lo que Hermione decía. No importaba que sus recuerdos de infancia hubieran sido devueltos todo parecía fuera de la realidad. Tenia mucho por asimilar, pero estaba en paz, ahora ya no estaba solo tenia una familia y por primera vez en su vida sentía que pertenecía a algo real, hasta ahora comprendía por que siempre había vivido con una sensación de vacío como si algo le faltara.

Cuando la castaña leyó en el libro que si una persona no mágica trabajaba con gemas mágicas neutralizaba los poderes que la joya pudiera tener, lo supo. El Sr. James Johnson poséis magia, quizás no era consciente de ello, pero el anillo no solo había cumplido su función de manera exitosa estaba segura que de alguna manera había ganado muchas más cualidades que propiciar la concepción.

Después del pánico inicial al enterarse de los poderes del anillo de rubí, tuvo el tiempo suficiente para meditar como se había sentido mientras lo portaba, siempre se había sentido extrañamente segura a pesar del acecho de Lestranger, como si algo en su interior le dijera que nada le pasaría. Descubrir los alcances que tendría el anillo era una historia aparte y esperaba tener la oportunidad de descubrirlo con algo de tiempo y mucha suerte.

Fue un golpe de suerte determinar que James era hermano de Lucius, pero desde que conociera al primero había encontrado en su apariencia muchas cosas en común, el peculiar color de ojos, alguna de sus facciones, incluso algunas manías y parte de su carácter.

Convencer a Lucius fue tan sencillo que le pareció incluso sospechoso. Se limito a encogerse de hombros suspirando sonoramente. No parecía sorprendido del comportamiento de su padre, la sorpresa hubiera sido que reconociera a un hijo ilegitimo que encimada de todo es mestizo.

Hermione no tuvo la necesidad de persuadirlo como había pensado. Incluso estaba dispuesta a chantajearlo, mas no fue necesario, de buena gana la acompaño al geriátrico e incluso fue el mismo el que hablo de la antigua dinastía Malfoy para preparar a su medio hermano mayor. Fue practico y directo, le hubiera agradado poder darle una demostración de su poder mágico pero le toco a su nuera cumplir esa parte, además de realizarle un hechizo -por supuesto con su permiso – para reparar su memoria.

-No será algo agradable. -Explico con calma- mas que nada por que paso por algo demasiado duro, al presenciar la muerte de su madre.

-Solo hazlo. -Pidió exigente.

Segundos después se estremeció cerrando los ojos con fuerza, se tomo el pecho con dolor, no era algo físico, pero si uno tal que lo hizo doblarse.

-Lo siento.

-No se llora sobre la leche derramada niña.

Lucius sonrió con cierta amargura. Ahí estaba su lado Malfoy, si alguna duda pudiera quedarle la actitud indiferente ante algo tan fuerte le dejo todo claro.

Lo demás fue sencillo, muchos tramites y papeleo. Algunas pruebas mágicas y no mágica. Después de la visita al ministro la tarde termino cuando Lucius y Hermione llegaron a la Mansión Malfoy acompañados por James Malfoy y sus maletas.

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El tiempo se detiene, sabe que la espera. Tiene la seguridad que el mensaje a llegado fuerte y claro. Aguarda a que Draco salga de la habitación, es lo mejor para tratar que nada saliera de control. La espera se vuelve una condena cada vez más difícil de sobrellevar.

Mientras hace un poco de tiempo, observó con atención como la luz se filtraba por un requisito de la ventana que estaba al final del corredor. Le gustaba la apariencia solida de los pequeños rayos que permitían ver las motas de polvo agitarse, se acerco a la ventana con lentitud tratando de distraerse.

Estiro su mano intentando tocar, sabiendo de antemano que no podría. Era un viejo juego de niñez hacerlo, cuando se levantaba con los primeros rayos de sol que se colaban por entre las cortinas de su habitación.

Una sonrisa cuajo en sus labios, dándole unos minutos de calma por el recuerdo.

El sonido de una puerta abrirse, la sobresalta, haciéndola dar un respingo. El movimiento involuntario es una señal del nerviosismo que la agobiaba. Lleva días luchando con la incertidumbre de lo que se encontrara tras esa puerta y por más que ha intentado prepararse psicológica y emocionalmente, no es lo mismo decirlo a hacerlo.

No debe temerle, lo sabe. Mas no puede evitar el vacío en la boca del estomago y el ligero temblor de sus manos que se han tornado frías. Camina sobre sus pasos para tomar de nuevo su lugar a un lado de la puerta.

Su mirada gris translucía su descontento cuando se cruzaron por uno segundo en el pasillo. La observo por unos segundos como esperando que se retractara para poder largarse de ese lugar. Pero aun Draco sabe que eso es algo que sus ojos nunca vera, Hermione es demasiado Gryffindor para dejar las cosas de esa manera a pesar del miedo.

Una sonrisa torcida, llena de ironía tira de las comisuras de su boca. Se hace a un lado para concederle el paso. No sin antes acariciar en el proceso el dorso de su mano, casi por accidente. Contiene el aliento haciendo un gran esfuerzo por no retenerla.

-Te estaré esperando. -Le dice en un tono bajo, pero posesivo.

Hermione no contesta, no encuentra su voz en ese instante. Trata de sonreír tranquila pero esa mueca no llega a reflejarse en sus ojos, solo asiste un movimiento un tanto torpe, respira llenando sus pulmones de aire mientras cierra la puerta a sus espaldas.

No se gira de inmediato, se toma un minuto mas antes de enfrentarle. Sigue su mano aferrada al pomo de la puerta. El silencio se extiende, aun cuando no hay palabras que delaten su presencia es muy consciente de que la observa. Se gira por fin soltando lentamente el aire que ha retenido.

Ahí esta con los ojos fijos en ella. Se parece mucho al Harry del pasado, de no ser porque se encuentra demasiado delgado, diría que es el mismo.

Parece serio, sus ojos buscan los suyos, por primera vez después de tantos años de conocerlo no sabe descifrarlo. Antes había sido como un libro bastante fácil de leer, ahora era como si un abismo insalvable los separara y lo que tenía por conocido se hubiera borrado de un plumazo.

No sabe como empezar una conversación que postergo por tanto tiempo. Jamás creyó que en algún momento se tendría que parar frente a el para contarle todo lo que guardo por protegerlo y para que fuera feliz.

Era mas que probable que estuviera molesto. Posiblemente si los papeles se invirtieran ella estaría furiosa con su amigo por permitirle vivir una mentira. Protegerle solo alargo su condena y le dio un golpe mucho mas duro.

Quería decir "lo siento" pero sentía la garganta repentinamente seca y temía que se le quebrara la voz y terminara llorando.

Por esa razón se acerco paso a paso hasta sentarse a su lado.

Aun tenia su cabello negro húmedo por el baño reciente, rebelde como siempre apuntada en todas direcciones. Tuvo que contener el deseo de intentar aplacarlo un poco con sus manos. Era una vieja costumbre hacerlo, pero en ese momento se sentía insegura si aceptaría el contacto o la rechazaría. Prefirió no arriesgarse, esperaría a que fuera el quien empezara esa conversación.

Saco su varita, conjurando su patronus. Al instante una nutria apareció para acomodarse en el regazo del joven.

Una sensación de bienestar hizo suspirar a Harry, logrando que incluso cerrara un momento los ojos. Era un sentimiento que no podía definir, pero siempre que alguien convocaba su patronus le proporcionaba además de una apaciguadora calma, un calor le recorría su interior expulsando cualquier tipo de malestar que lo aquejaba.

El patronus sumado a las múltiples pociones que acababa de tomar por orden de Malfoy para darle fuerza y energía, le hacia sentir normal, al menos casi normal.

Abrió los ojos cuando sintió la mano de Hermione asiéndose a la suya.

-¿Estas bien?

Su rostro preocupado le hizo sonreír.

-Muy bien, no te angusties.

No parecía convencida, pero no quiso insistir más al respecto.

-Yo… -Comenzó a decir con timidez.

-Lo siento. -Se adelanto, tomándola por sorpresa.

- ¿Que?

-Lo siento Hermione. -Repitió apretando ligeramente su mano.

Parecía roto, sus ojos verdes estaban cristalizados como si las palabras que acababa de pronunciar lo lastimaran profundamente.

-Nunca me di cuenta de que tu… yo no sabía, que tu… -Harry no sabia como terminar la frase, hablar en voz alta sobre sus sentimientos no era sencillo.

-Lo sé, no tenías por qué saberlo. -Le dijo con comprensión, con una sonrisa triste.

-Si yo hubiera sabido…

Hermione negó con un movimiento de cabeza.

-No hubiera cambiado nada Harry. Tu estabas enamorado, no tenias la culpa de no corresponder mis afectos.

-Por mi culpa tienes que soportar a ese desgraciado.

-No tengo que aguantar nada. Quiero estar con Draco.

-¡No mientas! -Suplico.

-Digo la verdad.

Hermione se enfrento a la profunda mirada de su amigo.

-¿Quieres la verdad?

-Te ame con todo el corazón -Admitió.

Con esa confesión se sintió mas ligera, como si el peso que cargo sobre sus hombros por tanto y tanto tiempo desapareciera por arte de magia.

-¿Cuándo sucedió? -Se pregunto a si misma en voz alta, sin despegar sus ojos de sus manos unidas. -No lo sé. Simplemente ocurrió, un buen día comencé a sentir cosas que nunca había sentido por nadie, ni siquiera por Ron cuando creí que estaba enamorada. Aceptarlo me llevo mucho tiempo, años.

Hizo una pausa, intentando reacomodar las palabras.

-Cuando por fin, fui capaz de admitir mis sentimientos, estábamos en plena guerra, luchando por sobrevivir. Tu, bueno ya estabas muy enamorado de Ginny, esperabas sobrevivir por ella y Ron cada día que pasaba estaba peor, fue por esos días que no dejo.

Lentamente levanto el rostro, no se había notado que ambos lloraban.

-El se fue, nos dejó. Dolió tanto y al mismo tiempo me sentí tan aliviada. Esa noche lo entendí.

Sonrió a pesar de las lágrimas.

Valiente a pesar del dolor.

Estiro su mano acunando su mejilla.

-Te amaba.