Sonrió a pesar de las lágrimas.
Valiente a pesar del dolor.
Estiro su mano acunando su mejilla.
-Te amaba.
Verde y café, fundiéndose en una confesión liberadora. Había necesitado por tanto tiempo purgar su alma y su corazón que las lagrimas fluyeron de sus ojos, esta vez no por dolor ante un amor no correspondido, sino ante la sensación de alivio al exorcizar sus demonios internos.
-Te amaba con todo el corazón Harry, aun sin saberlo fuiste el eje de mi mundo. Hubiera hecho cualquier cosa por ti. Mi amor me cegó lo suficiente como para no darme cuenta el daño que te cause con mi silencio.
Harry quiso hablar, pero ella no lo permitió. Movió la mano de su mejilla a sus labios. Aún tenía mucho por decir.
-Lo que sentí por Ron fue un enamoramiento infantil, nada comparado con lo que sentí por ti. El amor es así. -se encogió de hombros. -Sin razón o lógica, -sonrió con tristeza. -No me arrepiento de mis sentimientos a pesar de que no fueron correspondidos. Como tampoco me arrepiento del camino que tome.
Entrelazo sus manos sobre su vientre.
-Estas fueron mis elecciones Harry, solo mías. Quiero a Draco, el es mi marido, el padre de mi hijo y no me arrepiento de absolutamente de nada.
El pelinegro apretó su mano en un puño apretado.
-Sigues mintiendo. -Acuso.
-No miento. Quizás mis primeras elecciones las tome en mi afán por protegerte, pero eso no cambia lo que siento ahora.
-Tu me amas.
-No.
-Tu me amas. -Repitió con desesperación. -Admite que todo esto fue por mi culpa y busquemos arreglar las cosas.
La respuesta inmediata a esa decisión fue el silencio. Las manos de Hermione seguían sobre su vientre, así como su mirada, lentamente levanto el rostro buscando sus ojos, sabiendo perfectamente los cambios que se obraron en su corazón.
Sus sueños y deseos cambiaron. Quizás, solo quizás si esta propuesta hubiera llegado antes no lo pensaría, pero pasaron muchas cosas y entre ellas, alguien distinto entro en su corazón.
-Siempre te voy a querer. -Admitió mirándole a los ojos. -Pero ya no te amo.
Un fuerte ruido los sobresalto. Para cuando Hermione llego a la puerta para ver qué pasaba, no había nadie.
. . .
Una puerta más allá sobre el mismo corredor que daba a la habitación que ocupa Harry, estaba Draco Lucius Malfoy, cubriendo la boca de Luna. El corazón le latía con tal fuerza que lo hacia sentir mareado. A pesar de la ridícula situación no podía quitar la sonrisa de idiota que tenía en los labios.
Lentamente soltó su presa, dejándola que se apartara un par de pasos.
-Estas muy rojo. -Dijo estirando su mano para tocar su mejilla. -¿Te sientes bien?
Luna sabia que estaba mas que bien, pero no pudo evitar preguntar.
-Estoy bien. -Se limitó a decir. -Si me disculpas voy a revisar a Ariana. Sobra decir que no has visto nada.
-¿Ver qué? No vi nada en realidad, de hecho, solo estábamos escuchando tras la puerta de Harry.
Malfoy enrojecían.
-Olvida que tal cosa ocurrió. -Contesto evasivo saliendo lo más rápido que pudo de la habitación, aunque lo hizo hasta cerciorarse que no hubiera nadie en el pasillo.
La verdad se a dicha. Lovegood lo había descubierto escuchando a hurtadillas la conversación que tenían Hermione y Potter. Estaba tan concentrado y al mismo tiempo tan profundamente feliz por las palabras de su mujer que no la vio venir. No sabia a ciencia cierta cuanto tiempo tenia parada a su lado y que tanto había escuchado ella también. Para el momento que toco su hombro lo hizo dar tal respingo que golpeo su cabeza contra el marco de la puerta.
Lo que vino después fue tomar a Luna para escapar, le cubrió la boca y entraron a la habitación contigua cerrando la puerta tras de ellos.
Draco atendía a Ariana, cuando Luna se les unió.
-Buscas algo Lovegood. -Dijo con brusquedad para ocultar su azoramiento bajo la mirada azul de la rubia.
-No, solo estoy haciendo algo de tiempo para visitar a Harry. ¿Cómo te sientes hoy Ariana?
-Mucho mejor con lo que prepara para mi Draco.
-Me alegro.
Malfoy termino su labor más rápido de lo normal para poder escapar. A pesar evitar ver a la rubia de largos cabellos podía sentir su presencia y eso lo hacía sentir extrañamente vulnerable.
Lo primero que vio al bajar las escaleras fue a Hermione platicando con Theodore en la sala de estar. Draco ignoro por completo a su amigo. Bajo decidido los últimos escalones sin dejar de mirar a su mujer, quien en cuanto lo vio le sonrió. Ese simple gesto le provoco un agradable calor en el pecho.
La amaba, amaba a esa sabelotodo odiosa y complicada. La amaba tanto como odiaba sus manías y esa manera maniaca de ser tan buena incluso con quienes no lo merecías -el incluido en esa lista.
Sintió morir cuando escucho su confesión de amor, estaba con alterado, tan herido y no presto la suficiente atención como para entender que hablaba en pasado cuando le dijo a Potter que lo amaba.
Después escucho su voz segura pronunciar.
"No me arrepiento del camino que tome"
Esa simple frase lo dejo sin aliento, pero sin duda lo que vino después lo hizo renacer,
"Quiero a Draco, él es mi marido, el padre de mi hijo y no me arrepiento de absolutamente de nada"
Sus mayores miedos se disolvieron con sus palabras, su corazón vibro de éxtasis, de algo tan inexplicable que tenia ganas de gritar, echar abajo esa puerta para tomar a su mujer en sus brazos y regalarle el mundo.
"Siempre te voy a querer, pero ya no te amo"
Esa ultima frase fue capaz de aplacar sus demonios internos, demonios que se negaba a aceptar que existían pero que le habían doblegado y asfixiado por tanto tiempo que hasta ese momento pudo por primera vez desde que su relación con Hermione empezara, respirar con tranquilidad.
Ella le sonreía con sus ojos color miel brillantes.
Ya la amaba, pero justo en ese instante, mientras se perdían en la calidez de su mirada la amaba más, con todo su ser.
Cruzo la distancia sin dejar de mirarle y tomando con delicadeza su rostro la beso.
No fue un beso ardiente o pasional, sus bocas se saludaron de una manera distinta, era la aceptación y el descubrimiento de los verdaderos sentimientos que les unían.
-Te extrañe. -susurro contra sus labios, antes de besarla de nuevo.
Hermione con las mejillas rojas, se perdió en ese beso sin importar que hubiera testigos.
Theo abrió los ojos sorprendido, no por lo inusual de un beso, sino porque incluso el podía darse cuenta que algo acababa de cambiar profundamente en su mejor amigo. Levanto la vista para encontrarse a Luna parada en lo alto de las escaleras sonriendo complacida.
Quizás fue también en ese preciso momento cuando observaba a esa rubia delgada de cabellos largos y enormes ojos azules observar con su aura limpia y tranquila a dos enamorados besarse. Que el tuvo que reconocerse a sí mismo que él también estaba jodido.
