Puedes intentar encerrar los esqueletos en el closet o en el maldito sótano, hacer de cuenta que nada pasa, que todo es normal y tratas de seguir adelante, ignorando esa pequeña bola de nieve emocional que va creciendo conforme pasan los días y esa pendiente se vuelve mas y mas inclinada acelerando no solo una caída inminente sino un ahogo cada vez mas asfixiante bajo toneladas blancas de culpa.
Ignoras tu sentido común, amordazando las palabras que pugnan por salir. Y esperas un momento mejor que claramente no llegara por que simplemente eres un cobarde que teme perder lo poco que aun conservas.
No ayuda tener a tu lado a un jodido hermano mayor recientemente reconocido, que te recuerda que entre mas esperes las consecuencias serán mas graves. Incluso cuando logras que se calle por unos minutos puedes sentir su mirada de desaprobación siguiéndote a donde quiera que vayas. Entiendes que la presión que ejerce también se debe a que se siente culpable por ayudarte aun sin saber de tus malditos planes de manipulación.
Bufas con fastidio, con cansancio, pero sobre todo con un maldito miedo que nunca habías sentido. Por que esta vez no puedes culpar a nadie que no sea a ti mismo. Ya no hay un maldito Lord, ni una puta causa que amenace tu vida o la de los tuyos que te orillase a tomar decisiones equivocadas.
Saber que tu mujer te evita no ayuda, como tampoco la fría indiferencia de su mirada. Es la primera vez que te sientes completamente solo por haberla cagado, por ser un maldito egoísta, pero sobre todo por ser tan mal padre que aun siendo algo muy cercano a un Muggle sin magia, te las ingeniaste para seguirle jodiendo la vida a tu único hijo.
Tu nuera a tenido la "decencia" de dejar el asunto en tus manos, con un -No seré yo quien le facilite las cosas Lucius, es hora de que se atenga a las consecuencias de sus actos y enfrente como un hombre lo que como un terco ha propiciado.
Después de haberla cagado es que puedes ver a lo que se refiere Narcisa. Por primera vez puedes ver a tu hijo genuinamente feliz, a pesar de lo mucho que lo has jodido, pudo encontrar el camino correcto.
Verlo así hace acrecentar el desasosiego. No es lo que dice, es lo que muestra sin palabras. Es la manera en la que mira a su mujer impura y esa chiquilla que no lleva directamente su sangre. No, no es expresivo, ha educado a un hombre contenido que no muestra lo que siente o piensa, pero a cambiado lo suficiente para poderlo leer entre líneas.
Pues ahora sin ningún esfuerzo puedes darte cuenta de que aun cuando no son de muchas demostraciones les basta sentarse juntos para mantener largas conversaciones con silencios, con miradas, con el suave rose de sus manos, con sonrisas que comparten tranquilas y apaciguadas.
Ahora mismo los ves en los jardines de la mansión ancestral familiar, sentados en una banca de piedra mientras cuidan a una pequeña de largos cabellos negros y ojos grises. No se abrazan, ni se besan, pero es tan palpable el amor que una nueva punzada lo sumerge de nuevo en la maldita culpa.
¡Basta! -Te dices, obligándote a ponerte de pie, caminando con paso inestable apoyándote en tu bastón.
Caminas lento, sabiendo que caminas a tu fin. Ya no hay marcha atrás y los sabes. Nunca va a perdonarte. Tener conciencia de ello hace todo más doloroso porque a pesar de todo aun cuando los demás no lo crean, no hay nada que ames mas que a tu esposa y a tu hijo, tu único hijo.
-Podemos hablar. -Sueltas tratando de que las palabras no se traben en tu garganta reseca.
Hermione sabe que el momento a llegado, palidece y se muerde el labio inferior nerviosa y vulnerable. Te obligas a mantenerte imperturbable ante su reacción, porque eres consciente que también estas jodiendo su vida por tus estupideces de la sangre.
Draco te mira con una mezcla de sorpresa y desconsiento. Lo entiendes, nunca a sido de los que pides, sino de los que exigen.
- ¿Qué ocurre? -Trata de averiguar con la duda danzando en sus pupilas.
-Necesito hablar contigo a solas. -Se limita a decirle, comenzando a caminar hacia el despacho esperando que lo siga. Aunque internamente ruega a todos los magos muertos que no lo haga.
Se encuentra de pie con la espalda recargada contra el mueble de roble acomodado detrás del escritorio. No puede sentarse sin dejar translucir el temblor de su mano derecha que corre hasta su hombro.
Draco no tarda en entrar mirándolo profundamente tratando de leer la tensión visible en su cuerpo.
-Siéntate. -Le pide señalando la silla más cercana.
-Ve al grano, padre.
Lucius bufa frustrado sin dar de mírale a los ojos, gris contra gris. Son tan parecidos y a la vez tan distintos.
-Debo decirte algo importante. -Comienza sabiendo que no lo convencerá de moverse ni un ápice.
Aprieta con fuerza el mango en forma de cabeza de serpiente de su bastón, tanto que sus dedos se tornan blancos.
Ya no tiene magia y esta por quedarse sin familia. El triste pensamiento asalta en el ultimo momento.
Cierra los ojos un momento tratando de prepararse para darle el golpe de gracia a su propio vástago.
-Perdóname, Draco. -Por primera vez en su vida el menor de los Malfoy escucha un todo de suplica por parte de su padre.
Un sabor amargo comienza a trepar por su garganta ante la actitud de Lucius.
-¿Que has hecho? -Pregunta apretando los puños, su actitud es desafiante incluso furiosa imaginando que se trata de algo sumamente grave si su padre es capaz de tragarse su orgullo para pedir perdón.
Fuera Hermione se debate entre esperar o correr hacia el despacho para evitar un enfrentamiento. Pero incluso a ella le falta el valor.
Lo único que se le ocurre es buscar a Narcisa.
-Tiny, enseguida regreso voy a buscar a la abuela. -Le avisa a la pequeña que sigue jugando entre las flores.
La niña le sonríe asistiendo obediente.
Para cuando la Sra Malfoy se encuentran en el pasillo que da al despacho de Lucius. Escucha un fuerte golpe que la alarma.
La rubia abre la puerta sin llamar. Se encuentra con un Draco furioso que toma por las solapas a su padre estrellándolo con fuerza contra la estantería a sus espaldas.
-Draco suelta a tu padre. -Le pide con cautela Narcisa.
El rubio menor ni siquiera nota la presencia de su madre.
-¿Porque? -Pregunta con odio, escupiendo las palabras sobre el rostro cenizo de su padre que ni siquiera es capaz de intentar defenderse.
-Quería asegurar el mejor futuro para los Malfoy.
Draco se ríe sin gracia.
-Con un Malfoy mestizo. Hasta donde eres capaz de llegar por mantener la supremacía de un apellido de mierda.
-La magia en nuestra sangre se degrada con cada generación, de no hacer nada las siguientes generaciones seria Squib.
-¿Todo tiene que ser a tu manera no? No podías dejar que las cosas se dieran, ya estaba casado con la mejor de las impuras.
-No estaba en sus planes procrear.
Pudo leer la duda en el rostro iracundo de su hijo, por lo que contesto a una pregunta no formulada. -Nadie me dijo nada, pero no soy estúpido, desconozco las razones que los llevaron a casarse, pero no estaba en sus planes tener hijos.
-Y aun asi te atreviste a ir en contra de nuestros deseos.
-Tenia que hacer algo por la familia.
-¿Cuándo te ha importado tu familia? toda esta mierda no es por la familia es por mantener un estatus que has perdido, padre.
-Draco, por favor.
El rubio se sobresalto al sentir las manos de su madre tocarle para intentar que soltara a Lucius.
-¿Tu lo sabias? -Pregunto dolido mirando los ojos azules de su madre.
-¿Saber qué? -Fingió demencia Narcisa en un intento desesperado por no perder ella también la confianza de Draco.
-No sabe nada. -Mintió con maestría. -Esto lo planee y ejecute por mi cuenta.
-¿Hermione? -Pregunto cuando ya se encontraba cerca de la puerta, ni siquiera se había girado para hablar.
-Tampoco sabe nada.
-Te prohíbo que le digas. -Exigió.
Ya en el marco de la puerta se detuvo, giro lo suficiente para ver a su padre siendo sostenido por su madre para recuperar el aliento después de que el golpe le sacara el aire de los pulmones.
-Para mí has muerto padre.
La frase fue lapidaria.
Se encontró con Hermione en el pasillo a pocos pasos de llegar al despacho.
-Debo irme.
-¿Qué paso?
-Nada. -Mintió, sin detener sus pasos.
Lo siguió guardando una distancia prudente hasta uno de los salones contiguos.
-¿Estas bien?
-Genial. -dijo con ironía mientras ya desaparecía entre las llamas verdes de la chimenea.
Apenas lo vio desaparecer, Hermione se derrumbo cayendo de rodillas. Las lágrimas escaparon rápido de sus ojos rodando por sus mejillas.
No fue su actitud o sus palabras indiferentes. Fue su mirada llena de decepción al mirarle lo que la quebró por dentro.
