¡Oh dolor! Maldita incertidumbre que hace trizas un corazón que ya creía sanado, que pensaba por primera vez gozar de algo genuino y verdadero. Que tormento saber ahora que de nuevo vive una mentira que quizás lo que siente ella no es mas que un espejismo, una consecuencia mágica que nunca les dará algo verdadero.

No tenia a donde ir, al menos no un lugar donde no tuviera que contestar preguntas para las que no tenía respuestas, que no quería contestar ni a otros, ni a él mismo. Quería estar solo, sacar la rabia que le estaba carcomiendo las entrañas.

Cuanto debe odiarlo su padre, cuanto daño puede seguir haciéndole aun sin poderes mágico. Lo creía inofensivo ahora, cuan equivocado estaba, cuan estúpidamente ingenuo había sido al creer que ya no podía seguir dañándolo.

Lagrimas rabiosas corren por sus mejillas pálidas. Lagrimas que arden tanto que parecen veneno y hiel, le hacen escocer los ojos, pero sobre todo un alma que no sabe si algún día podrá ser reparada. En el fondo sabe que ya no tiene remedio, que este pedido e indefenso de nuevo ante sus demonios.

Creyó que lo amaba, verdaderamente que lo amaba.

Apresuro otra copa a sus labios, vertiendo todo el contenido en su boca se lo bebió de un solo trago. El ardor en la garganta inicial ya no era nada, después de la tercera copa había dejado de quemarle. La botella de licor descansa a su lado, la toma por inercia rellenando de nuevo antes de dar un nuevo y largo, muy largo trago.

Se deja caer hacia atrás en el largo sofá de su oficina, en el mismo que le hiciera el amor a su mujer en aquella primera visita. Recordar aquel día le hace daño. Aprieta con fuerzas los ojos intentando que las lagrimas no sigan escapando, pero es, una labor titánica que tiene perdida. Sinceramente ya no le importa, no hay nadie ahí que pueda juzgarle, aunque tampoco es algo que le importe.

Quiere adormecer sus sentidos, dejar de sentirse desgarrado por dentro y tan jodidamente decepcionado. Tuvo que ser un verdadero criminal, uno de los grandes en su vida pasada para que la vida se ensañara tanto con él.

El dolor es tan físico que le aprieta el pecho, haciendo que el aire en sus pulmones entre con dificultad. Tiene el cuerpo adormecido, no sabe si es por todo el alcohol que ha ingerido o es que ya no es capaz de sentir nada, después del golpe más duro que ha recibido.

Lo que sintió por la traición de Ginny no se compara en nada con lo que siente en ese momento.

Le dolió como el infierno darse cuenta del engaño, se sintió devastado por momentos, herido, traicionada e incluso usado de la manera mas vil posible. Le odio, maldiciéndola hasta el cansancio por la afrenta, por las noches padeció la ausencia de su hermoso cuerpo tan siempre dispuesto para acogerlo.

El recuerdo de su rostro pecoso agonizando por un orgasmo, sus labios rojos como cereza, hinchados de los salvajes besos, su cabello rojo fuego revuelto extendido sobre su almohada, su aroma a fresas mezclándose con el olor a sexo, fue por mucho tiempo un fantasma que lo asechaba para atormentarlo y herirlo de muchas formas.

La quiso mucho, creyó amarla, sin embargo, fue su orgullo lastimado lo que se alzo para buscar una satisfacción. Ahora que a pasado por tanto desde la traición, después de haber probado las mieles mas dulces del amor, sabe con absoluta certeza que lo que sintió en aquel entonces no fue amor. Pudieron ser muchas cosas las que lo unieran con Ginny Weasley, el cariño, el gusto, la atracción física y el sentimiento de aceptación que le brindaba, pero no existe un punto de comparación entre lo que sintió por ella a lo que siente ahora por Hermione.

Se ríe sin humor, cubriendo sus ojos con el brazo, siente la humedad de sus lágrimas mojarle la manga de la camisa sobre la maldita marca de su deshonra, la misma marca que Hermione a besado infinidad de veces haciéndolo comulgar con su pasado, perdonándole.

Enderezándose lo suficiente rellena su copa, esta vez no bebe de inmediato, hace que el liquido atrapado dentro del cristal gire.

Levanta la copa hacia la luz para apreciar los matices en el color del licor. Parece hipnotizado manteniéndolo frente a sus ojos, observando con deleite el color ambarino tan parecido al color de los ojos de su amada.

Bebe lento esta vez paladeando el sabor de su bebida, como si bebiera de ella, imaginando que es el sabor de sus labios lo que le llena. Aprieta con tal fuerza la copa que la rompe contándose en el proceso.

Entonces grita con furia, con rabia. Grita a todo pulmón hasta desgarras su garganta. Maldice al destino, la vida y a su jodido padre. Se maldice a si mismo por ser tan ingenuo como para haber creído que lo amaba, lo cierto es que no la merece, podría pasar toda una eternidad esperando compensarle todo el daño que le a causado y nunca lo lograría.

Tambaleante se levanta para ir hacia su librero, aun tomado tiene la precaución de limpiar su mano para no manchar con sangre una de sus posiciones mas valiosas.

Murmura un hechizo para poder acceso al diario de Snape. El libro en sus manos parece cálido, la piel de dragón que lo forra sigue dándole la sensación de que es un ser vivo.

Con pasos inestables regresa al sofá, para tirarse en el con poca gracia. Manteniendo firmemente el libro contra su pecho.

Busca una de las muchas entradas del diario, una que recuerda a la perfección y que podría recitar en voz alta de memoria.

Puede ser masoquista, pero cree de alguna manera merecer regodearse en el sufrimiento.

Acaricia las pagina con la pulcra y estilizada letra de su padrino.

Amortentia

"…Puede esta poción generar un poderoso enamoramiento, con tintes pasionales tan intensos como obsesivos, que consiga momentáneamente calmar una necesidad de ser correspondido un afecto, pero esto siempre será un engaño, una ilusión efímera. No hay nadie que consiga crear el único sentimiento verdaderamente indestructible, eterno e incondicional que merece ser llamado amor.

Cuantas veces pensé prepararlo para ella, las mismas que me obligue a rechazar la idea de solo imaginar cuanto me odiaría al someterla de esa manera vil. Tenerla así sería tenerla a medias, que suplicio más grande, comparado con mi actual tormento de no ser correspondido. Su odio seria mortal para mi existencia y yo mismo me maldeciría mil veces si gano su desprecio por mi febril deseo de que me ame de la misma manera en que yo lo hago

A pesar de desistir de mis intenciones, siempre conservo un poco de Amortentia en un frasco entre mis posesiones más valiosa, solo para evocar su aroma a fresas dulces, a sol y a tinta…"

-Siempre será un engaño. -Leyó en voz alta con amargura, haciendo una pausa hasta llegar al siguiente párrafo. -No hay nadie que consiga crear el único sentimiento verdaderamente indestructible, eterno e incondicional que merece ser llamado amor.

Era consciente que los efectos de una joya tan ancestral como la descrita por su padre, tenia un efecto sino igual, si muy similar a los que tiene la poción de amor. Se doblo de dolor, cerrando los ojos hacia apenas unas horas atrás Lucius había echado por tierra todos sus sueños junto con su felicidad.

Creyó que el piso bajo sus pies se desmoronaba conforme Lucius fue desgranando sus teorías sobre como la magia se iba diluyendo en la sangre generación con generación. La enfermedad de reyes la llamaban, era consecuencia de mezclar una y otra vez la misma sangre. Matrimonios establecidos entre sangres puras con las mismas raíces, primos lejanos y cercanos para conservar la pureza, lo único que había logrado con el paso de los años era degradar la magia, que con cada nueva generación nacieran niños cada vez menos aptos para ejercer la magia, incluso Squibs.

Esa era la razón por la que no se había opuesto a su matrimonio con Hermione Granger, no podía haber una mejor candidata para renovar la ancestral sangre de los Malfoy. Describió como ante sus resistencias de procrear a la brevedad había hecho lo necesario para asegurar que tuvieran al menos un descendiente.

-¿Qué has hecho? -Había preguntado avanzando un par de pasos de manera amenazante hacia su padre. Tenia las manos en puño.

-Me asegure de facilitarles las cosas por medio de una joya familiar antigua. Con ella cualquier medio de anticoncepción se anula, además de fomentar los lazos de la pareja lo suficiente para propiciar su acercamiento.

No era necesario dar mas detalles. Draco entendió a la perfección. No era un secreto que en el pasado había sido utilizada con frecuencia, pero según sabía que desde dos o tres generaciones anteriores a su abuelo Abraxas ya no se había empleado de nuevo.

-Te exijo que me digas todo.

El mayor de los Malfoy se había quedado callado unos minutos dejando que su hijo procesara la información que acababa de soltarle. Pudo ver claramente como su cabeza trabajaba a mil por hora, estaba con la cabeza gacha mientras los engranes en su cerebro terminaban de acomodarse.

Entonces dijo todo lo que había hecho, omitiendo a conciencia algunos detalles que harían saber que su nuera estaba al tanto del asunto, no deseaba perjudicarla más. Así podría desquitarse solo con el y no acusarla de ocultarle algo tan importante.

-Ya no porta la joya. Después de cumplido el propósito le pedí me la devolviera para pulirla. Hace ya varias semanas que esta de nuevo en mi poder.

Fue justo ese momento en que había enloquecido de rabia. Rodeando el escritorio cogió a su padre de las solapas para estamparlo con fuerza varias veces contra la estantería a sus espaldas.

De no ser por la intervención de su madre no sabe que hubiera sido capaz de hacer. Quería causarle daño, para que pagara un poco por el sufrimiento causado, por toda la destrucción que estaba causando por el "bien de la familia".

Siempre la misma frase, como si en algo le preocupara realmente la familia. si así fuera no lo hubiera hecho marcarse como mortifago, no hubiera arrastrado a su madre y a el mismo a ese calvario donde pusieron sus vidas en riesgo.

No solo no lo amaba, parecía odiarlo. Destruía todo lo que tocaba, todo lo manchada de una manera u otra.

Un par de días atrás estaba tan pletórico de felicidad, tan esperanzado por lograr lo imposible, por tener el cariño verdadero de Hermione. El futuro ya no parecía tan incierto u oscuro, ya no importaba el contrato que los uniera, no tenia sentido si los lazos que los unía se habían afianzado, si lo que sentían el uno por el otro era amor.

Amor. Se burlo con amargura al pensar en la palabra. Para el significaba todo, era su renacimiento mientras que para Hermione debió ser todo, una ilusión que pronto se desvanecería para no dejarle nada.

Le gustaría pensar que el amor que siente por Hermione fuera suficiente para ambos, pero eso no era posible, nunca lo seria. Cuando se enterara de la joya todo estaría acabado. Jamás perdonaría un engaño como ese, con un hijo de por medio quizás esperaría al término del contrato establecido, pero no más.

No podría culparla el mismo se sentía traicionado, defraudado de la ilusión efímera que le hizo creer que Hermione correspondía sus sentimientos.

El licor se acabó demasiado pronto dejándole una bruma que lejos de darle calma lo atormento en sueños cuando cayo en la inconciencia del alcohol. Para cuando despertó ya amanecía en algún momento de la noche había rodado hasta terminar tendido en el frio piso aun abrazada al diario de Snape. Le dolía el cuerpo y sentía que su cabeza explotaría de un momento a otro.

Se levanto como pudo para dirigirse a su laboratorio en busca de algo que le calmara el dolor físico, aunque el emocional continuaba con cada latido de su corazón.

Cuando el palpitar de su cabeza se atenuó, una idea se hizo paso en su cerebro paralizándolo por un momento.

Ya era tiempo de comportarse como un hombre.

Con ese pensamiento parecido despertar un poco más de su adormecimiento emocional. Se alisto con un par de hechizo antes de salir de su oficina con rumbo desconocido.

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Narcisa Malfoy se acercó en silencio con la mirada cargada de tristeza, eran contadas las veces que se permitía mostrar sus emociones. Siempre lo había hecho en privado cuando solo la noche era su testigo. Esta vez simplemente no podría contralar la aflicción que le causaba ver a Hermione de esa manera.

Estaba hincada en el piso con el rostro bañado en lágrimas, sus brazos colgaban a los lados como si las fuerzas le hubieran abandonado. No emitía ningún sonido, pero su cuerpo temblaba.

No tenia palabras de consuelo para darle. Sabiendo que su nuera es un ser sensible, verla rota le partía en dos. No intento levantarla de inmediato, se hinco a su lado abrazándola de manera maternal.

-Todo estará bien. -Le susurro suavemente al oído, frotando sus brazos. Repitiendo la misma frase una y otra vez.

El llanto se intensifico antes de calmarse. La dejo llorar un poco mas retirando los mechones de cabello castaño que tenia pegados al rostro por sus lágrimas.

-Anda levántate pequeña que estar así, no les hará bien, ni a ti, ni a mi nieto.

Algo de luz se hizo en el interior de la joven ante la mención de su hijo. Se llevo las manos a su vientre de manera protectora, para después limpiarse el rostro con el dorso de su mano.

Respiro hondo, tan profundamente como le permitieron sus pulmones. Cerro sus parpados un momento antes de recibir la ayuda de Narcisa para levantarse.

-¿Sera posible quedarnos esta noche? -Pregunto por cautela.

-No necesitas siquiera preguntarlo, esta es tu casa. Vamos a que descanse un poco antes de que sea hora de cenar.

-En realidad no tengo apetito.

-Lo se, pero no te puedes permitir no comer.

Esta vez fue la mano de la rubia, la que se poso en el vientre de su nuera con cariño.

-Pediré que te preparen algo ligero y lo lleven directo a tu habitación mas tarde.

Hermione asistió con un movimiento débil, dejándose guiar por la madre de Draco.

Lucius presencio todo escondido en la oscuridad del pasillo, no se atrevió a acercarse. Giro sobre sus talones para entrar de nuevo al despacho cuando las perdió de vista. Cerro tras de el, lentamente.

Encerrado en esas cuatro paredes, en soledad, deseo con todas sus fuerzas ser condenado al beso del dementor, era muy consciente de que lo merecía ahora mas que nunca.

. . .

Destiny vio llorar a su madre desde la puerta entreabierta de su habitación, no entendía que pasaba, pero el peso de la tristeza llego a ella con fuerza. Corrió escaleras abajo para ir en busca de la bolsa de cuentas, estaba segura de que Isabella le haría sentir mejor.

La encontró sin problemas estaba en el mismo lugar donde la había dejado cuando llegaron de visita, abrazo la bolsa mientras hacia el camino de vuelta.

Un ligero golpeteo se escucho contra la puerta, sin necesidad de abrirla Hermione supo de quien se trataba. Se apresuro a limpiarse el rostro para quitar cualquier señal de llanto.

-Pase. -Pidió suave con la voz entrecortada.

Vio como Destiny se asomaba tímidamente.

-Ven acá. -Palme a un lado de su cama.

-¿Estas enferma?

-Un poco, pero no debes de preocuparte. Estaré mejor por la mañana.

La niña suspiro de alivio ante la respuesta y lentamente le sonrió.

-Traje tu bolso para que Isabella pueda cuidar de ti.

-Que amable eres hija. -La abrazo con ternura acariciando sus negros cabellos para después besar su coronilla. -No sé qué haría sin ti, tenerte en mi vida a sido lo mejor que me ha pasado.

Escuchar esas palabras que reafirmaban el amor que le tenia Hermione la conmovieron hasta la lágrimas.

-¿Por qué lloras? -Pregunto preocupada.

-Soy tan feliz.

Hermione le acaricio el rostro hasta que se calmo lo suficiente.

-Anda, vamos a sacar a Isabella de la bolsa para dormir las tres juntas.

Tiny sonrió radiante ante esa invitación.

Cuando el sueño las venció a ambas se encontraron sumidas en un sopor extraño. Escuchaban una voz conocida que prometía que su tiempo estaba por llegar.