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Era un día soleado, el viento soplaba con suavidad meciendo las copas de los arboles con cierta tranquilidad. Todos vestían solemnes, con sus rostros inundados por la tristeza, muchos tenían los ojos enrojecidos por el llanto reciente, alguno aun lloraba.

Luna vestía de amarillo con jazmines blancos prendidos de sus largos cabellos rubios. La muerte es una amiga cercana desde que era una niña y falleció su madre. Ella no llora sus ojos azules están brillantes mas no derrama ninguna lagrima. Su tranquilidad pasiva es suficiente para contener a aquellos más afectados.

Hermione es un mar de lágrimas, su llanto es silencioso, el agua salada mana de sus ojos como un manantial, se apoya en el hombro de su mejor amiga, quien la sostiene con cuidado apartando los rizos monos que se han escapado de un apretado moño.

Trata con todas sus fuerzas de calmarse, por el bien de su pequeño que parece también agitado dentro de su vientre pronunciado. Llena sus pulmones de aire, exhalando lentamente para intentar serenarse. Pero es tanto el dolor en su corazón que no puede aplacar el pesar y el nudo en su garganta se aprieta con tal fuerza que parece que la asfixia.

Mareada se tambalea. Son lo brazos fuertes de Theodore Nott quien la sujeta, para estabilizarla. La preocupación es evidente en el par de ojos azules que siguen cada uno de sus movimientos. Hermione se abraza con fuerza al hombre alto, escondiendo su rostro en el cobijo de su pecho, ya no le importa humedecerle el traje y la camisa con las lágrimas.

Sabiendo que es una lucha perdida, deja de intentar contenerse por lo que se permite seguir llorando un poco mas.

Poco a poco todos se marchan, solo quedan los mas cercanos de pie frente a enorme lapida de mármol.

Con ayuda de Nott, Hermione se acerca a depositar un ramo de rosas blancas sobre la fría superficie, las lagrimas se han secado ya en sus mejillas, aunque el dolor sigue y la opresión en su pecho no disminuye.

Sus amigos, los Slytherin la rodean. Como si fueran su guardia de honor.

Pansy se abraza a Zabini, tratando de ser fuerte. Por un momento la morena quiere ser un poco como era antes, quiere levantar de nuevo un muro de indiferencia para no tener que sentir ese dolor que le desgarra por dentro. Quiere ser fuerte, no solo por ella, sino por todos. Blaise esta desecho, es como un niño perdido, un niño grande que acaba de descubrir lo que es la muerte. Sus ojos están húmedos, no siente vergüenza alguna por haber llorada, cada lagrima derramada a sido sincera.

-Hasta luego. -Pronuncia Hermione una despedida con voz quebrada. -Algún día volvemos a vernos.

El sol se ha ido ocultando con el paso de las horas, aun se resisten a irse es como si de alguna manera pronunciar un último adiós, volverá más real ese infierno.

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Es curioso como la muerte de alguien a quien amamos causa un dolor tan intenso que vuelve nuestros cuerpos pesados y al mismo tiempo nos adormece para ser incapaces de sentir otra cosa que la asfixiante opresión en el pecho.

Todo parece un sueño o,mejor dicho, una terrible pesadilla.

No importa que tan consientes estemos de que se a marchado, hay una parte del nuestro cerebro que aun se revela, que aun espera volverlo a ver en el día a día.

El vacío sordo que deja una partida parece adormecer todos los sentidos, dejando una sensación de que el tiempo esta en pausa, esperando que todo retome su curso cotidiano, pero ya no hay nada normal, ya no existe la posibilidad de seguir con la rutina diaria, por que falta alguien. La armonía se ha roto, de alguna manera ya nada puede ser los mismo.

Que terrible sensación es llegar a una casa donde alguien falta. Un lugar donde su presencia ya no se encuentra y aun se conserva la huella de sus pasos en cada lugar.

La taza favorita esta sucia con los residuos del ultimo te que bebieron, no han tenido valor de lavarla sintiendo que al hacerlo estaría borrando sus últimos momentos. Su aroma flota en el ambiente y es tan doloroso esperar que en cualquier momento entrara por la puerta con una sonrisa en los labios, con la vitalidad que la rodea a pesar de su devastadora enfermedad.

La ultima tarde la pasaron todos juntos, como si se tratara de una pijamada, acondicionaron esa misma sala para acomodarse cómodamente en los sillones, los pisos alfombrados fueron cubiertos con sacos de dormir y grueso edredones.

Esa tarde, la ultima de Ariana en este mundo la paso entre risa, con historias graciosas de la adolescencia de ese grupo de magos que la hicieron parte de su familia, con su gran amor a su lado acariciándole la espalda. Así sin mas compartieron tazas de café, chocolate y te.

Hermione le había dicho que si tenía una niña llevaría su nombre, eso le saco un grito de emoción a la rubia que no podía apartar las manos del vientre de la castaña que pronto se había convertido en una gran amiga, junto con Luna y Pansy. Blaise le había dedicado una mirada llena de agradecimiento.

Ariana simplemente se quedo dormida, con una dulce sonrisa en los labios. No había mas que hacer, no sin arriesgar a que perdiera no solo su humanidad, sino su alma por mantenerla con vida.

Blaise la dejo ir, no se aparto de su lado hasta el ultimo momento.

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-Tócame.

La invitación fue hecha tan de repente que la palabra quedo flotando como un eco en la habitación. Hermione tuvo que parpadear un par de veces para salir de su aturdimiento.

-No voy a tocarte.

-No tienes nada que perder. No tienes varita, no tengo varita y aunque la tuviera aquí no se puede hacer magia que no sea de protección. Te ofrezco mucho en realidad en comparación a lo que pido.

-Quieres probar algo. -Contesto después de un breve momento de meditar lo que estaba pasando. -Hay algo que te detuvo de atacarme, lo mismo que despierta su curiosidad ahora.

Molesto el hombre se despego de la mesa para sentarse con la espalda recta, poniendo sus ojos azules en los castaños.

-Te ofrezco la posibilidad de salvar a Potter.

Hermione se puso de pie, dispuesta a marcharse.

Si las cosas fueran diferentes se arriesgaría sin pensarlo. Ella era capaz de tomar la jodida mano de ese asesino con tal de salvar a Harry. Pero esta vez no era su vida y bienestar, era la vida del bebe que esperaba. No, simplemente no podía poner en riesgo a su criatura. Incluso estaba convencida que Draco estaba dispuesto a correr cualquier posible riesgo al intentar salvar a Potter antes exponerla de esa manera.

-¡No te vayas! -Dijo suplicante al verla girarse rumbo a la puerta.

-No voy a hacer lo que me pides. No hay nada que puedas decirme que realmente cambie el daño que ya has causado, la posibilidad de salvarle en casi nula en comparación a lo que pides. Tu ejercito será aniquilado, como lo fue el de tu Lord.

Una chispa en los ojos miel de Hermione llamo la atención del hombre, era un brillo rabioso demasiado familiar.

El hombre largo una carcajada de burla, crispando los nervios de la castaña.

-Los tuyos caerán antes. Siempre abra alguien dispuesto a seguir luchando para librarse de alimañas como tu y el engendro que esperas.

-Tu eres el engendro.

-Yo soy un sangre pura, como yo hay muchos que no te permitirán ver un mañana. Los míos se encargarán de matarte y cazar a ese bastardo que no debe de nacer. -Sentencio con odio, destilando veneno con cada palabra. -Voy a destruirte, mi hija volverá a mi lado y será como su madre.

Hermione perdió el control, una oleada de magia sin varita salió despedida de su cuerpo, recorriendo la mesa y las sillas, incluso en la que estaba sentado Lestranger.

-No tocaras a Destiny, ni a mi hijo. Morirás mucho antes de salir de aquí. -Era la voz de Hermione, pero no sus palabras las que salían de su boca.

-¡Bella! -Exclamo con satisfacción.

Los cabellos de la joven ondeaban a su alrededor, una sonrisa desquiciada se formo en sus labios, ladeando su cabeza.

-Hola Rodolphus. -Saludo a la vez Bellatrix en el cuerpo de Hermione.