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El encantamiento Revelio, es un encantamiento complicado, usado para revelar objetos ocultos y la verdadera apariencia de las cosas. El hechizo es capaz de revelar mensajes, disfraces y hasta pasadizos secretos. Aunque ciertamente no es completamente efectivo si se han tomado las precauciones necesarias como en artilugios mágicos como el mapa de merodeador. Existe una variante igual de compleja que garantiza revelar incluso si alguien esta siendo sometido por un Imperius, rompiendo el yugo de la persona que está manipulando al individuo en cuestión. Además, detecta cualquier fragmento de alma ajeno al portador.
El Revelio Maléfico es una versión conocida por un puñado de magos cercanos a Lord Voldemor, la mayoría ya muertos, de hecho, solo había un superviviente que a esas alturas era capaz de conjurarlo. Fue precisamente el señor oscuro quien perfecciono el hechizo para conseguir sus planes. De esta manera podía revelar a cualquier infiltrado en sus filas cuando tenía sospechas, además era un hechizo muy conveniente para comprobar que los fragmentos de su propia alma seguían en el interior de los horrocrux.
Rodolphus Lestranger tenía claro que sin varita solo podía conjurarlo estando tan cerca como para tocar el objeto o la persona de la que quisiera revelar su real apariencia. De la misma manera sabia que el mismo Ministro de Magia se había encargado personalmente de poner los hechizos necesarios para que cualquier hechizo de ataque no pudiera efectuarse en aquella habitación, lo que no impedía de ninguna manera que magia de defensa no pudiera ser convocada. El Revelio Maléfico no causaba ningún tipo de daño y podría ser considerado ciertamente magia de defensa al intentar proteger de posibles peligros al mago que lo convoca.
Necesitaba con urgencia poder tocar a Hermione. La magia sin varita era muy compleja, requería de mucho poder y control para convocarse, solo magos completamente entrenados y capaces podían realizarlo, lo que implicaba el uso de mucho poder, por lo cual posiblemente contaría con una única oportunidad de realizarlo.
-¡Tócame! -Fue la petición hecha para dar información que creía vital para salvar al patético héroe mágico.
A esas alturas poco le importaba si ese mago de pacotilla se salvada, sus planes iban mas allá. Lo últimos días en su encierro, le proporcionaron el tiempo suficiente para pensar. No podía equivocarse había algo de Bellatrix en la insulsa castaña.
Tenia que reconocer que la joven era sumamente inteligente, todos los jodidos halagos que había escuchado haciendo referencia a sus virtudes se quedaban cortos. Poseía una brillante mente, además de pragmática. Estaba convencido de que se encontraba frente a él, a sabiendas que buscaba algo en especial, su curiosidad la llevo a la boca del lobo.
Sus intentos de negociación fracasaron, junto con parte de sus planes. La negativa a tocarle fue contundente, no así la chispa de furia que fue capaz de despertar en ella.
Si sus suposiciones eran correctas y algo de Bellatrix yacía en el interior de Granger -se negaba en rotundo pensar en ella como una Malfoy- haría explotar el carácter intempestivo de su esposa.
Cambio de táctica cuando la vio levantarse, decidía a marcharse. No se había equivocado. Fue relativamente sencillo hacerla perder la calma, empujando el poco control que tendría Hermione llegado el momento sobre el carácter explosivo de Bella.
Los resultados fueron afirmativos, tanto que a pesar de estar convencido de que sus hipótesis eran acertadas, no pudo evitar la sorpresa en sus ojos que se abrieron ante el impacto causado no por la amenaza realizada, sino por el simple saludo.
-No tocaras a Destiny, ni a mi hijo. Morirás mucho antes de salir de aquí. -Era la voz de Hermione, pero no sus palabras las que salían de su boca.
-¡Bella! -Exclamo con satisfacción.
Los cabellos de la joven ondeaban a su alrededor, una sonrisa desquiciada se formó en sus labios, ladeando su cabeza.
-Hola Rodolphus. -Saludo a la vez Bellatrix en el cuerpo de Hermione.
Movió los dedos de su mano derecha a manera de saludo.
Podía ser que fuera completamente la apariencia de Hermione Granger, seguía siendo la mujer de cabellos largos, castaños y rizados, enmarcando un rostro simple de piel bronceada con algunas pecas en el puente de la nariz, eran los mismos ojos color miel, con los labios rosados. No era demasiado alta, tenia una complexión esbelta.
Físicamente no había ningún cambio, su voz era la misma. Sin duda era los gestos, la manera de expresarse, como giraba el rostro para mirarle de soslayo con arrogancia, la forma en que fruncía los labios en una sonrisa despectiva y burlona, algo en el tono de voz empleado que lograban que Rodolphus comprobara que en efecto era Bellatrix a quien tenía delante.
-A pasado mucho tiempo de la ultima vez querida. -Contesto el hombre, recuperando un poco de aplomo en sus palabras.
-Mucho tiempo sí. Los años no te han favorecido en absoluto. -Le miro descaradamente de arriba abajo, comprobando su estado maltrecho y sucio.
-Lo mismo puedo decir, tu sangre ya no es tan pura. -Contesto de vuelta, tomándose el tiempo de evaluarla de pies a cabeza de manera lasciva.
Una carcajada escapo de sus labios con desdén.
-No son tiempos fáciles, como para ponernos quisquillosos ¿No crees?
-Eso supongo. Yo tampoco he estado en un lecho de rosas. -Levanto las manos mostrando sus cadenas.
-Eso veo.
La mujer se tomo un tiempo antes de comenzar a hablar de nuevo. Regresando sobre sus pasos se sentó de nuevo frente a él.
-¿Querías tocarme? -Soltó con falsa inocencia que le hizo sonreír.
Se inclino un poco sobre la mesa, con la mirada azul de Lestranger siguiendo cada uno de sus movimientos. Rodolphus seguía con la espalda rescata en la silla, hasta el momento en que la castaña se inclino un poco mas como si le quisiera decir algo de manera confidencial.
Estaban lo suficientemente cerca, como para que los rizos castaños le rosaran el rostro al hombre que se encontraba fascinado.
-Tócame. -Le susurro a pocos centímetros del rostro, ofreciendo su mano derecha.
"Revelio Malefico" conjuro en el hechizo silencioso al instante en que sus manos se posaban sobre la mano que amablemente le ofreció.
Al instante se mostró ante el, la imagen de Bellatrix Lestranger, su esposa, sobrepuesta a la apariencia real de Granger. Era una imagen intermitente, parpadeante, podía explicarse como si la imagen sobre el rostro oscilara como una fotografía mágica sobrepuesta.
Una sonrisa conocida, una mirada fría y dominante se hizo paso.
-Hola. -Saludo de nuevo a sabiendas que estaba completamente expuesta su verdadera personalidad.
Se hecho hacia atrás apartándose de su toque, una vez que le permitió verla.
-No tocaras ni un cabello de Destiny o de este niño, si sabes lo que te conviene -Advirtió con una amenaza clara.
Rodolphus conocida demasiado bien a su mujer como para leer entre líneas.
-Son tu posibilidad de regresar siendo una sangre limpia y de traer al Lord de vuelta.
La respuesta llego como una carcajada satisfecha. El hombre no necesito de mas para conocer sus planes.
-En ese caso considero conveniente negociar un trato.
-No negociare nada contigo.
-Yo que tú lo pensaría con calma Bella. Supongo que lo menos que quieres es que le diga al estúpido de tu sobrino que te estas adueñando lentamente de su mujer.
Se vio las uñas con desinterés.
-Puedes intentarlo, dudo mucho que te crean. Seria tu palabra contra la de su amada Hermione.
-Puedo hacer que te vea con sus propios ojos.
Bellatrix sonrió maliciosa.
-Inténtalo. -Reto sin perder la sonrisa.
Repentinamente su imagen comenzó a parpadear de manera mas intermitente, hasta que se desvaneció por completo.
Hermione parpadeo varias veces como si acabara de despertar de algún sueño ligero, viendo con algo de aturdimiento a su alrededor como si le costara ubicar el lugar donde se encontraba. Se sobresalto a sentir la intensa mirada de Lestranger sobre ella.
-¿Que? -Pregunto desorientada.
-Te has sentido mal y has tenido que sentarte. -Menciono con indiferencia en la voz.
Se tomo unos minutos para recomponerse, se sentía débil, le temblaban el cuerpo entero.
-Voy a darte una muestra de buena ve. Te diré que hechizos pueden utilizar para neutralizar la maldición que aqueja a tu amigo.
-¿Qué quieres a cambio? He sido clara al decir que no voy a tocarle.
-Me queda claro. -Sonrió con diversión, después de todo ya lo había hecho aun cuando no lo recordara. -Te diré lo que necesitas saber para salvar al héroe mágico, eso será un regalo. Pero a cambio de información sobre mis allegados pediré beneficios para sobrellevar lo que espero sea una corta estadía en Azkaban, hasta que decidan ejecutarme.
-Eso aún no se decide.
-La ejecución es lo mas lógico. -Dijo restándole importancia. -No espero misericordia, cada vida que he tomado a sido con plena conciencia y satisfacción.
Hermione se estremeció ante sus frías palabras.
-El beso del dementor será un dulce fin.
Trago saliva con dificultad. -Desea que ponga sus peticiones por escrito.
-Confió en que cumplirás tu palabra.
Rodolphus Lestranger narro una larga lista de crímenes, proporciono nombres, lugares, fechas, parte de los medios que utilizaban. Dio detalles demasiados escabrosos de sus planes para atacar el ministerio, pero nunca se destapo por completo. Solo dijo lo justo y necesario para obtener lo que buscaba.
Menciono un contra hechizo que si bien no atacaba la maldición que conjuro en contra de Potter, su podía contener el daño lo suficiente para extirpar el mal como un tumor.
Hermione estaba agotada para cuando termino de escribir. Lestranger había sido claro, no quería a nadie en esa habitación aparte de ella. La castaña había salido solo en dos ocasiones de esa habitación; la primera fue para buscar pergamino y pluma, avisando en el proceso que el recluso estaba dispuesto a hablar por fin. La segunda porque necesitaba tomar un poco de agua y pasar al tocador.
Draco había estado atento a todas sus necesidades, no estaba dispuesto a marcharse sin ella. Le importaba bien poco que el ministro se ofreciera a avisarle en cuanto terminaran y que le asegurara una y mil veces que su mujer estaba a salvo. Le jodia no estar presente en el interrogatorio, mucho mas que hubieran insonorizado la sala a petición de un recluso que no debía de tener ningún maldito derecho. Poco le importaba que esas fueran las condiciones que pusiera para hablar.
Ya anochecía cuando Hermione escribía el punto final de su declaración y le tendía los pergaminos para que pudiera firmarlos al cancel de cada pliego de pergamino.
Sus manos se habían rosado solo un instante mientras le ofrecía la pluma para que firmara. Fue un leve toque, aun así la castaña se estremeció. Rodolphus le había sonreído de manera distinta, su mirada parecía indescifrable cuando sus ojos se conectaron.
-Esto a sido todo. -Informo recogiendo los papeles y guardándolo en una carpeta. -Por la información que ha ofrecido tendrá una celda individual en un anexo de Azkaban hasta que se establezca su sentencia.
Cuando estaba por cerrar la puerta, escucho con claridad la voz de Lestrager.
-Hasta pronto. -Soltó como una promesa.
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Hermione aún se sentía extraña cuando salió de la habitación, aun así, suspiro con alivio, tendiendo la carpeta al ministro. Draco fue de inmediato a su encuentro y paso uno de sus brazos por sus hombros atrayéndola a su cuerpo, como si intentara reconfortarla.
Levanto el rostro y le sonrió con agradecimiento.
-Es hora de irnos. -Aviso en voz alta. Su despedida no era dirigida a nadie en particular, solo deseaba llevar a su mujer a casa.
-Gracias. -Alcanzo a decir el ministro cuando el matrimonio Malfoy ya se acercaban a la puerta.
Draco no se giro para mirarlo, lo que no evito que expresara lo que pensaba.
-No voy a permitir que vuelvan a importunar a mi mujer de esta manera.
No espero ninguna respuesta, tampoco pudo ver la sonrisa Kingsley.
Malfoy se encargo de llevar a Hermione a su hogar, su pequeña hija se encontraba en la mansión de sus abuelos.
Al rubio le preocupaba el cansancio en el rostro de su esposa, había algo que le molestaba aun cuando no supiera definir exactamente de qué se trataba. La palidez de su rostro no era una buena señal, por esa misma razón le había hecho beber algunas pociones que le ayudarían a reponer sus fuerzas. En su estado era imperativo que su salud física fuera buena, tanto como que se encontrara tranquila. Desafortunadamente para ambos no se encontraban en un momento que les permitiera respirar con tranquilidad.
Hermione le detallo de memoria los hechizos a conjurarse para contener la oscuridad que crecía en el interior de Potter. Era magia poco conocida, demasiado antigua para encontrarla en algún libro, en su mayoría ese tipo de magia ancestral que es transmitida de padres a hijos, por lo que tampoco tenían la completa certeza que funcionaran. Aun así lo intentaría, no tenían mucho para perder dadas las circunstancias.
Todo estaba programado para esa misma semana. Trabajaría en los últimos detalles a la mañana siguiente, en medida de lo posible trataría de practicar los hechizos, aunque no habría manera de saber si funcionarían hasta abrir el pecho de su enemigo.
Con sumo cuidado lleno la tina de baño, agregando sales curativas e hizo que su mujer entrara. Cuidarla es un verdadero placer, uno que se duplicaba al ver la dulzura en los ojos castaños y esa sonrisa agradecida en sus labios.
Su vientre, ya lucia abultado, mostrando que su hijo o hija estaba creciendo de manera adecuada. No pudo evitar pasar su mano con delicadeza por la curva que comenzaba a crecer cada vez más. La caricia hizo suspirar a Hermione, quien puso su propia mano sobre la de Draco.
-¿Crees que sea un niño o una niña? -Pregunto en voz alta, mirando los hermosos ojos mercurio.
Draco se encogió de hombros.
-No tengo ninguna preferencia, ¿Y tú?
-Tampoco. -Contesto sin apartar sus ojos de la intensa mirada del rubio.
Se pasaron un rato envueltos en un reconfortante silencio, acariciando al bebe de ambos con cariño.
Hermione hubiera querido tener intimidad con Draco, pero se encontraba extrañamente cansada.
-Fue un día demasiado agitado, será mejor que descanses. -La arropo acostándose a su lado hasta que se durmió.
Por su parte Malfoy se encontraba con la mente demasiado agitada para conciliar dormir. Se levanto de la cama con dirección a la cocina para beber un poco de agua.
Sus pensamientos eran caóticos, pensaba en la información que les proporciono Lestranger y en como empataría esos nuevos datos a su investigación. No podía permitirse fallar, había demasiadas cosas en juego.
No podía precisar cuánto tiempo estuvo sentado en la sala, cuando levanto la vista y vio a Hermione caminar hacia él, con una sensual ropa interior.
Levanto la ceja sorprendido, sin perderla de vista al acercarse.
No pronuncio palabra al sentarse sobre sus piernas. En ningún momento perdió la sonrisa que adornaba sus labios, fue hasta que lo beso con profundidad mientras enredaba sus dedos en los cabellos rubios de Malfoy que algo cambio.
Con brusquedad la tomo por las muñecas para separar sus bocas.
Draco estaba realmente furioso.
-¿Qué demonios haces aquí?
-Vine a complacerte a mostrarte lo que puede hacer una verdadera mujer.
-Sal de mi casa. -La rabia se hizo presente de manera tan violenta que la empujo con fuerza cuando intento volver a besarlo.
La fuerza con la que la aparto provoco que cayera.
-Se que me amas ¿Por qué me rechazas?
Los ojos color miel se llenaron de lágrimas.
-No te amo Ginebra, no más.
Fue la sinceridad en sus palabras lo que la dejo helada. La furia había menguado de alguna manera, para dejar paso a una brutalidad sinceridad a la que no estaba acostumbrada. Draco ya no hablada desde la rabia, parecía simplemente cansado de la situación.
Desesperada se acerco de nuevo, sin importar la fría mirada gris que le dedico.
-¡Por favor! -Suplico poniendo las manos en sus mejillas para que la mirara. -Se que me amabas, lo que teníamos era especial.
-Tu lo has dicho era especial. Te quise -Aparto sus manos dando un paso hacia atrás.
-No puedes dejar de amarme. Se que estas molesto, que mis estupideces te alejaron, pero te amo y estoy dispuesta a hacer cualquier cosa para que me perdones. Podemos volver a empezar, irnos lejos y empezar de nuevo.
-¿No entiendes? No me interesa regresar contigo, tengo todo lo que puedo desear, incluso mucho mas de lo que merezco.
Los efectos de la poción multijugos estaban pasando, dejando a la vista la verdadera apariencia de la pelirroja. El cuerpo menudo de Hermione dio paso a unas curvas mucho mas marcadas, rizos castaños se tornaron lacios y de un rojo intenso.
-En algún momento terminara tu contrato, para entonces tu apellido esta limpio y Hermione correrá a los brazos de Potter o incluso a los de Ron, pero jamás se quedaría contigo, porque no te ama.
Las palabras hirieron a joven, mas no mostro el daño que le causaron.
-Eso lo tengo claro, pero aun cuando Hermione me deje no quiero nada contigo.
-No piensas con claridad. Esperare por ti hasta entonces.
-No es necesario Ginny, no estoy interesado en tus favores. Así que vete de una buena vez antes de que mande echarte a patadas.
Una furiosa pelirroja con lagrimas en los ojos abandono el lugar. Ni ella, ni Draco notaron que la verdadera Hermione había escuchado todo desde la escalera.
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Astoria se quedo sin palabras ante la intensidad de las palabras de Ron.
-No voy a mentirte o a mentirme, te aprecio demasiado para siquiera intentarlo. Tengo mas que claro que no me amas, y yo me encuentro en un punto donde no puedo prometerte amor hasta sacar por completo a Hermione de mi corazón, eso es lo menos que mereces. Pero te quiero, no es solo un gusto, en verdad te quiero.
Despeino sus cabellos rojos con desesperación caminando por la habitación para intentar encontrar las mejores palabras. Era tan difícil externar sus sentimientos, no estaba acostumbrado a ser tan abierto. Recién descubre que toda su vida a estado llena de evasiones emocionales, que dependía completamente de sus amigos para compensar su falta de madures y tacto.
-Creo que ninguno de los dos, tenía planeado lo que ocurrió. -Hizo una pausa que hizo palidecer a Astoria con cierta culpabilidad. -Pero no estoy remotamente arrepentido.
Ron detuvo su andar, acercándose con paso seguros hacia Astoria que permanencia sentada en la orilla de la cama. Se incoó para esta a su altura.
-Eres lo mas maravilloso que pudiera pasarme. No me arrepiento y espero que tu tampoco lo estés. -Soltó lo último con cierto temor en la voz. -Se que quizás las cosas no debieron pasar de esa manera, pero el hecho es que pasaron y no estoy dispuesto a fingir que todo volverá a ser como antes. Te quiero en mi vida.
-Daphne... -Susurro el nombre de su hermana con los ojos aguados por las lágrimas.
-Ya le he dicho lo que paso entre nosotros.
Astoria cubrió su rostro con las manos comenzando a llorar abiertamente, se sentía tan tremendamente culpable por fallarle a su hermana y al mismo tiempo tan confundida respecto a lo que sentía por Ron.
-Esta consternada y herida, incluso me a prohibido verte. Pero no quiero separarme de ti, no soportaría perderte.
Tomo delicadamente sus manos para apartarlas de su rostro y poder mirarla a los ojos.
-Quédate conmigo. -Suplico. -En verdad creo que puedo llegar a amarte como realmente mereces, solo dame una oportunidad.
Se inclino para besarla dulcemente.
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Cuando Astoria despertó se encontró sola, en una cama ajena. A penas abrió los ojos, los latidos de su corazón se aceleraron al igual que su respiración en cuanto su mente aletargada por el sueño se despejo.
Se encontraba completamente desnuda, tomo las sabanas para cubrirse mejor. Sus ojos azules buscaron a Ron hasta que se encontró con la nota sobre la almohada.
"No te vayas por favor, necesitamos hablar"
Suspiro con cierto alivio. Por un momento pensó que la había dejado sola porque se arrepentía de acostarse con ella.
Se permitió recostarse unos minutos mas intentando aclarar sus pensamientos. Todo era un caos en su cerebro. Era completamente consciente que no era de ninguna manera correcto que se hubiera liado con el novio de su hermana, pero en ese momento, mientras se besaban parecía tan correcto que ninguno de los dos se detuvo hasta llegar a las ultimas consecuencias.
Ahora que no era presa de la pasión y el deseo, la culpa comenzó a invadirla con fuerza.
¿¡Que demonio había hecho¡?
Su hermana jamás la perdonaría, ella misma no se perdonaría por fallarle.
Lagrimas culpables comenzaron a correr por sus ojos. Tenia la cabeza revuelta y el corazón en un puño, sobre todo por que descubrió que Ron en vedad le interesaba, de otra manera jamás se hubiera dejado llevar de esa manera.
Puso en una balanza sus sentimientos por Draco. Se encontró sorprendida al darse cuenta de que en realidad estaba enamorada de una ilusión. Siempre lo idealizo, desde el colegio había construido una historia de amor a su alrededor y mientras crecía sus padres fueron alimentando sus deseos infantiles para asegurar una unión que al fin y al cabo no se había llevado a cabo.
En ese momento se encontró desolada y herida en su amor propio, cuando se entero de su matrimonio con Granger. Todas sus ilusiones, sus esperanzas, así como todo su amor juvenil fue depositado en una persona que ni siquiera era consciente realmente de que cultivaba tales afectos.
No pudo odiarle, le quería demasiado. Tampoco pudo odiar a Granger por quitarle el amor de su vida. Por esa razón, cuando vio de nueva cuenta una pequeña esperanza de que todos esos sueños de juventud al fin se volvieran realidad, se aferro a ellos sin detenerse a pensar con más profundidad, si eso era lo que deseaba.
Escuchar las suplicas de Ron, de la resolución en sus ojos, la pasión con la que le hablaba sobre lo que merecía, la sacudió profundamente.
Descubrió entonces que sentía por el pelirrojo muchas cosas, le gustaba la manera en que la protegía y la cuidaba, la manera en que le hablaba y su manera de tratarla. Lo que cultivaron en pocos meses fue mucho mas real y solido de lo que alguna vez fue lo que sintió por Malfoy.
No, quizás no era amor. Pero se querían y fue fácil descubrir que lo que sentían uno por otro era mucho mas que la ilusión que habían mantenido en las personas que amaron y no les correspondían.
Si alguna duda le quedaba, fue despejada en ese instante. Con los tibios labios de Ron sobre los suyos. Ahora el gran problema seria enfrentar a Daphne y no estaba segura de salir bien librada de ese encuentro.
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No, simplemente no seria tan patético para mostrarse afectado. Se negaba aceptar que fueran celos, no podía mostrar tal debilidad. Pero que los infiernos se congelaran sin en ese preciso instante no estaba dispuesto a abrirle las entrañas a ese tal Scamander para que no se le acercara a Luna.
Rolf Scamander no poseía nada extraordinario, incluso parecía alguien soso y sin ningún talento en particular. De no ser por que Luna le miraba como si fuera un Dios viviente, el veneno que le causaba ese molesto ardor en la boca del estómago no estaría trepando por su garganta provocándole un sabor amargo.
Los observaba a la distancia, se negó a acompañarla. No por que no deseara hacerlo, era mas bien que intentaba mostrarse indiferente por la inesperada visita.
El brillo en los ojos azules de Luna mientras leía la carta que recibió por parte de Scamander no paso desapercibido, como tampoco lo hizo la ligera sonrisa que se adueño de sus delgados labios, estaba genuinamente feliz, en ningún momento oculto sus sentimientos al respecto.
Se obligo a no preguntar sobre el tipo de relación que tenían, aunque la pregunta le taladro de tal manera el cerebro que no podía apartar el malestar que le causaba no tener una jodida idea de qué tipo de relación los unía.
Estaban en la estación de tren. Luna había ido a recibirle. Aun a la distancia a la que se encontraba podía percibir sus mejillas rosadas y la sonrisa que no se borró en ningún momento al verle bajar del tren.
Scamander a los ojos de Nott es un hombre común y corriente. No demasiado alto, con el cabello castaño oscuro un poco largo, unos comunes ojos azules, piel blanca y una apariencia general ciertamente descuidada.
Por un momento se sintió en una de esas estúpidas escenas de televisión muggle donde un par de enamorados se rencuentran. Pudo ver como sus ojos se conectaron, se acercaron lentamente hasta estar uno frente al otro. Su mirar era intenso, como el de dos viejos conocidos que vuelven a verse, una sonrisa idiota parecía tatuado en los labios de muchacho que era apenas unos 20 centímetros mas alto que Luna.
No se besaron, pero se estrecharon en un apretado abrazo que duro eternidades al parecer de Theo, que parecía haber tragado plomo.
Definitivamente no conocía a Rolf Scamander, pero ya lo odiaba con toda su alma.
