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Una habitación estéril, de paredes blancas. El aroma a antiséptico flotando y el intermitente sonido de los aparatos que marcan el ritmo cardiaco. La luz de las lámparas es intensa, lo que no quita que el lugar en si parezca demasiado lúgubre.
En la camilla descansa Potter, duerme gracias a la anestesia que le fue suministrada. Solo hay tres personas en la habitación, el paciente, Lovegood y Malfoy.
Hay en el sitio dos mesas llenas de herramientas que Luna jamás había visto y que no podía siquiera imaginar para que servía, en una mesa aparte una serie de frascos de varios tamaños y estilos, con pociones de colores que iban desde el rojo sangre hasta el azul eléctrico.
Draco lucia completamente concentrado mientras acomodaba los últimos detalles. Su varita estaba acomodada estratégicamente para poder usarla en cualquier momento y al mismo tiempo podía tener las manos libres de ser necesitarlo.
Un circulo había sido previamente trazado en la loza del piso, fue la manera en la que se aseguraba que nadie aparte de el pudiera pasar el perímetro de seguridad al menos hasta que él lo permitiera. Theo le hizo jurar que Lovegood no correría ningún riesgo.
-Responderás con tu vida. -Dijo en un tono demasiado serio sin despegar su mirada azul de sus ojos.
No bromeaba. Sabia que cualquier cosa que le ocurriera a Luna no solo quedaría en su conciencia. Su mejor amigo se encargaría de matarle con sus propias manos si algo malo le ocurría a su "novia"
En la habitación contigua estaba preparado el resto del equipo, alerta a cualquier señal para entrar a ayudar. Mas allá, cruzando el pasillo estaba la sala de espera, donde permanecían sumidos en un tenso silencio los mas allegados a los involucrados.
Pansy parecía que en cualquier momento se echaría a llorar de pura angustia, a su lado Blaise sostenía su mano intentando contenerla. Theodore se encontraba de pie, tenso como una tabla, su rostro serio no mostraba emoción alguna, aunque en su interior se lidiaba una batalla sin tregua. Neville sentado en una silla, tenia el rostro oculto entre sus manos, su cabello castaño despeinado caía descuidado a los lados de su cara, decir que se sentía culpable era poco, también tendría que estar dentro de esa sala ayudando, pero los recuerdos que le acechaban al ver a Potter al borde la muerte hacían que su patronus fuera demasiado débil.
Hermione se sentía incapaz de esperar en la misma sala, desesperaba caminaba de un lado a otro por el pasillo. Draco le había hecho prometer que no entraría por ningún motivo, de otra manera no podría concentrarse lo necesario y correría más peligros.
Temía por Harry, era mas que evidente, mas su angustia se multiplicaba sabiendo que la seguridad y la vida de Draco también estaban en juego.
Draco no lo pensó más, respiro profundamente antes de tomar su varita y por medio de un hechizo abrió el pecho de Potter, traspasando capa por capa la piel, músculos y tejidos. La sangre comenzó a brotar a borbotones. El sonido al fracturar el esternón hizo que se le erizaran los vellos de la piel.
Luna unos minutos atrás había convocado su patronus, poco antes de que Malfoy comenzara. Había tratado de apaciguar la maldición lo suficiente y ahora mantenía a su liebre tan cerca como era posible para que pudiera contener el mal que habitaba en el corazón de Harry.
Con sumo cuidado dejo a la vista el corazón del héroe mágico, la piel estaba ennegrecida y despedía un olor putrefacto lo que no era una buena señal. Esperaba que el pericardio y el endocardio, las dos capaz que protegen el corazón de infecciones e influencias externas hubieran cumplido su función y que daño fuera superficial.
Fue abrirlo por completo para exponerlo y de manera inmediata pudo observar la masa negra palpitante posiblemente del tamaño de un limón pequeño y con la forma de un hongo crecer entre el ventrículo derecho y el ventrículo izquierdo.
Al intentar cortar el hongo sangre completamente negra salía expulsada. Draco tubo sumo cuidado de que esta no le salpicara. Había cortado la mitad de la raíz del hongo cuando algo parecido a humo negro comenzó a salir como si se tratara de una pequeña nube que comenzó a moverse como si intentara atacar al rubio y proteger al dementor que estaba por surgir del corazón.
La liebre de Luna brincaba inquieta cerca del pelinegro como si la cercanía de aquella masa que tenia la consistencia similar a la nieva le estuviera dañando también a ella. Parecía debatirse entre proteger a Harry o a Draco.
La frente de Malfoy estaba perlada de sudor. Sostenía ya su varita con fuerza mientras conjuraba uno de los hechizos que Lestranger había proporcionado. Una burbuja salió de la punta de su varita, encerrando el humo negro que parecía intentar escaparse, removiéndose en su interior de manera violenta haciendo que la capa que lo cubría se estirar y moviera con fuerza.
El hongo parecido derretirse comenzándose a propagar como si fuera una mancha voraz que intenta aniquilar el corazón antes de que lo destruyan.
-¡Demonios! -Exclamo apretando los dientes intentando contener el avance usando un segundo hechizo.
El avance mermo pero mas de la mitad del hongo había logrado mantenerse pegado.
Un temblor compulsivo hacía que la liebre moviera sus orejas como si se encontrara nerviosa. Luna tenia la espalda pegada a uno de los muros intentando aguantar pero el aire comenzaba a faltarle.
La maldición es poderosa, tanto que estaba debilitando el patronus de Luna como si estuviera drenando toda la felicidad dentro de la habitación.
Draco tenia la vista nublada, comenzaba a ver imágenes pasar delante como si estuviera rememorando su pasado. Momentos dolorosos, fatídicos, terribles se reproducían ante sus ojos como si se tratase de una película narrada desde sus más profundos miedos.
Era el aroma venenoso que le intoxicaba, como vapores que no podía ver pero si sentir como atacaban su sistema, destrozando sus nervios con recuerdos desoladores.
Estaba de nuevo frente a Dumbledor con el temblor cimbrándole las entrañas levantando su varita para convocar la maldición asesina. Otra vez escuchando los gritos desgarradores de Hermione destrozándole los tímpanos mientras su tía Bellatrix la tortura.
La temperatura cayo de precipitadamente haciéndolos temblar.
Luna cae de rodillas antes que se desvanezca por completo su patronus logra pronunciar un nombre.
-¡Hermione! -exhala una bocanada de vaho, haciendo que la luz plata ahora sin una forma definida atraviese la pared en busca de dar un mensaje.
Lo prometió, lo sabía. Juro no entrar, no por ella, sino por el hijo de ambos. Mas no permitiría que Draco cayera.
No fue necesario escuchar el mensaje, supo en el instante que la luz plateada atravesó la pared que su marido estaba en problemas.
-¡Neville! -Grito sobresaltando a todos.
Logrando que salieran de la sala de espera, acercándose a ella rápidamente.
-¡Por favor! -Suplico tomando el brazo de Longbottom. -Recuerda el invernadero en primavera, cuando ganamos la copa de la casa. Recuerda tu primer beso. -Dijo tomándole el rostro entre sus manos, su patronus era más fuerte que el de los chicos debía convocarlo. -Nos necesitan. -Urgió.
Neville aun con las manos de Hermione en sus mejillas, le sonrió. Su amiga conocía algunos de sus mejores recuerdos, el mismo se los había contado mientras practicaban en Hogwarts cuando eran parte del Ejercito de Dumbledore.
Nott no lo pensó, por Luna, por su Luna tenía recuerdos felices. Pero también, los tenía por esa castaña que tenia delante, con el sabor del panque de arándanos que compartieron, por las sonrisas fáciles y esa sensación cálida de por fin pertenecer a una familia que aunque no era de sangre era la mejor que pudiera pedir.
Pansy lloraba con las mejillas húmedas sonrió a pesar del miedo, levantando su varita con determinación. En el pasado eran contados sus momentos verdaderamente felices. Su presente cambio dramáticamente y a pesar de todo, tenia presente, latiendo en su corazón su momento feliz.
Tenían claro que ninguno de ellos seria capaz de traspasar las guardas que había levantado Draco para protegerlos, lo que no quería decir que su magia no lograra librarla.
-¡Patronus! -Convocaron al unisón.
La suave caricia de una nutria pateada contra su mejilla trajo de vuelta a Draco, al tiempo justo que aquella masa negra tocaba la piel de su brazo, sobre la antigua marca de mortifago.
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Hermione apoyaba si frente contra la fría pared, mantenía los ojos apretados. Mantenía firme su varita en la mano derecha, la izquierda la tenia extendida apoyada suavemente contra el muro como si le acariciaba.
El dolor atravesó con fuerza a Draco, como si un hierro candente estuviera siendo apoyado contra su tatuaje desteñido de mortifago. Quería gritar, pero algo le oprimía la garganta como si de un nudo se tratara.
Estaba entrando a través de su piel, causándole un agónico dolor que estaba a punto de hacer que perdiera el conocimiento. Se encontraba a punto de perder la batalla, ese día no solo moriría Potter, el también terminaría consumido por la maldición de Lestranger.
Hermione podía sentirlo, las lagrimas comenzaron a escapar de sus parpados cerrados. Con la temblorosa mano izquierda saco de su bolsillo el hermoso anillo del rubí rosado.
Fue ponérselo en su dedo anular, sobre su alianza matrimonial, para que una extraña calidez se apoderara de todo su cuerpo, algo similar a la electricidad corrió por su cuerpo, expandiéndose desde su interior hacia afuera. La piel se erizo, poniéndole en punta los vellos y estremeciéndola en un escalofrió.
Jadeo de manera audible.
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Un bendito calor apaciguo el dolor en Draco. Aun podía sentir aquel paracito queriéndole entrar al cuerpo. La oscuridad de la maldición mantenía frio alrededor como si un Dementor se estuviera materializando.
La nutria se froto contra su brazo de manera cariñosa, haciendo que la masa negra se retrajera apenas un centímetro.
Algo parecía calentarse y palpitar en el bolsillo derecho de la bata que usaba.
Le tomo toda su concentración y varias respiraciones recobrar las fuerzas suficientes para intentar convocar una segunda burbuja, ahora la pregunta era ¿Lograría hacerlo?
Fueron minutos que se hicieron eternos.
