Un buen día te encuentras pensando en lo que una vez deseaste en la vida, en esos primeros sueños, en los deseos que pretendías cristalizar con el tiempo, pensando que te darán la felicidad. Quizás te gane la frustración cuando mires sobre tu hombro para descubrir que muy poco o nada cumpliste de aquellos sueños. Pero tal vez, solo tal vez descubres que sin importar lo mucho que te has alejado de esas metas, el destino te a llevado a lograr cosas que ni siquiera imaginas que podrías alcanzar.

Draco no puede apaciguar los latidos de su corazón, late salvaje contra sus costillas haciéndolo sentir mareado. Apenas es consciente de que a contenido el aliento por mas tiempo del recomendado. Tiene el cuerpo tembloroso, teme que las piernas le fallen, sin duda es su orgullo lo que lo mantiene aparentemente sereno aun cuando esta a un paso de tener un ataque de pánico.

A dejado de escuchar lo que ocurre alrededor. Toda su atención esta puesta en el pequeño bulto que sostiene entre sus manos, envuelto en una suave sabana.

Las voces llegan amortiguadas a sus oídos, asiste por inercia sin apartar su mirada gris de su objetivo. No sabe definir lo que siente, pero es como si su pecho quisiera explotar de tantos sentimientos juntos. Es una mezcla de felicidad y éxtasis que lo a dejado aturdido e indefenso ante esa pequeña criatura de apenas poco mas 3 kilos.

Lo sostiene entre sus brazos inexpertos que se han cerrado para acogerlo. Nunca había sentido tanto miedo y tanta felicidad junta. Esta al borde de un ataque de pánico, siente el sudor frio correr por su espalda, al mismo tiempo que siete un calor casi sofocante en su interior como si estuviera derritiéndose.

No se da cuenta que contiene de nuevo el aliento cuando un par de pequeños parpados se mueven antes de abrirse por completo. Le mira, como si pudiera ver incluso su alma. Los vellos de su piel se erizan por la emoción, un nudo se forma en su garganta que le impide incluso pasar saliva.

El cálido toque de una mano sobre su brazo lo vuele a la realidad. Vuelve a respirar para dar un largo suspiro.

-Vas a ser un excelente padre. -Afirma con resolución, sin apartar sus ojos de los suyos. La sonrisa dulce en sus labios le hace saber a Draco que todo estará bien.

No sabe como Hermione es capaz de adivinar sus dudas, ese maldito miedo de cometer los mismos errores de su padre, trepa por su columna vertebral antes de bajas a sus pies para hacerle querer huir. Parece leerle demasiado bien para su gusto. Pero en momentos como ese, cuando siente que el piso bajo sus pies se tambalea, le da la fuerza suficiente para dar un paso hacia adelante en lugar de salir corriendo como le dicta su primer impulso.

Se acerca a ella con la misma necesidad de siempre, atraído a su luz, a esa suave energía que fluye siempre en su mirada.

Inclinándose lo suficiente hace que su pequeño hijo quede entre ambos. Hermione mueve un poco la sabana para descubrir el rostro regordete de su bebe, admirando la suave mata de cabellos rubios y los preciosos ojos grises que siguen mirando con curiosidad a Draco.

Los ojos castaños se llenan de lágrimas de emoción.

Destiny permanece unos pasos mas allá. Tímidamente se esconde tras Narcisa.

-Tiny. -Le llama con dulzura Hermione.

La niña avanza despacio, casi con miedo. Esperando el rechazo de sus padrea adoptivos ahora que ya tienen un bebe propio. Tiene tantas ganas de llorar, se aferra con fuerza a su muñeca favorita. Se detiene antes de llegar a un lado de la cama donde descansa Hermione.

-Ven acá. -Le pide de nuevo, palmeando un lado de la cama para que suba.

Destiny obedece, agachando la mirada para que no noten que sus ojos grises están demasiado acuosos y a punto de verter lagrimas saladas. No se atreve a levantar el rostro aun cuando siente uno de los brazos de Hermione tras su espalda dándole un corto abrazo para acercarla más.

-Te presento a tu hermano.

La sorpresa la invade haciendo sus ojos se abran demasiado, levantando el rostro, por primera vez es capaz de observar los rostros de sus padres, quienes las miran con amor mientras le acercan al pequeño bebe hasta colocarlo en su regazo.

Por inercia estira los brazos para tomarlo con ayuda de Hermione. Su muñeca resbala por el borde de la cama hasta caer al piso. Nadie parece darse cuenta del extraño ruido que sale de ella al caer.

-Scorpius te presento a tu hermana mayor, Destiny.

La pequeña levanto la vista para anclar su mirada a la de Draco, antes de bajarla de nuevo al bebe.

-Serás una increíble hermana mayor. -Le alago con ternura Hermione, depositando un beso en la coronilla de rizos negros de su hija.

La burbuja de felicidad que rodeaba a los Malfoy pareció reventarse cuando Draco vio hacia la puerta para notar que su padre acababa de entrar.

El porte de Lucius parecía el mismo de siempre, su rostro se mantenía inmutable, con la frialdad y arrogancia de antaño. Solo Narcisa era capaz de notar el nerviosismo que trataba de ocultar su esposo al empuñar con demaciada fuerza la empuñadura de su bastón para ocultar el temblor de su mano derecha.

Suspiro largamente la rubia esperando un desagradable enfrentamiento entre padre e hijo.

Lucius y Draco no se habían visto desde su enfrentamiento en el despacho cuando el segundo se había enterado de su intervención para que Hermione quedara embarazada.

Draco estaba agradecido de ya no tener a su hijo en sus brazos. Podía sentir ahora la ira y la rabia agitando de nuevo su interior. Aún estaban demasiado frescas las heridas para incluso soportar verlo.

Lucius no llego solo, un paso más atrás estaba James Malfoy, con una apariencia muy similar a la de su hermano menor. Parecía que James no había notado la tensión que se suscitó en el ambiente apenas atravesaron el umbral de la puerta. Aunque lo cierto era que decidió ignorarlo por completo.

Paso por un lado de Lucius para acercarse a la cama donde todos parecían inmóviles. Solo Tiny parecía ajena a lo que ocurría alrededor, estaba demasiado centrada en admirar al pequeño Scorpius, su hermano para notar nada más.

-Mira nada más que preciosidad de niño, felicitaciones a los padres. Es idéntico a ti muchacho. -Le sonrió abiertamente a Draco.

El rubio solo fue capaz de asistir con un movimiento de cabeza y sonreír a boca cerrada.

Hermione tomo su mano, para que aflojara la fuerza con la que apretaba los puños. Se giro lo suficiente para mirar su rostro preocupado.

-Quizás no hoy, pero algún día tendrás que enseñarles a tus hijos sobre lo que significa el perdón y la familia.

Draco entendió al instante a que se refería su mujer. Aun no estaba listo para dar ese paso, existía demasiada mierda entre el y su padre para hacer de cuenta que todo estaba olvidado, sin embargo, tendría que trabajar en ello, si algún día esperaba enfrentarse a Tiny y Scorpius para contarles de su pasado.

Se limito besar la mano de Hermione antes de hacerse a un lado para dejarle espacio, cruzando la habitación para ponerse a un lado de Narcisa, quien le sonrió con un brillo de orgullo en sus ojos tomándolo del brazo.

-En verdad es idéntico a ti. Aunque quizás tenga el cabello rizado como Hermione y las suaves pecas en el puente de su nariz son de su cosecha.

-Espero que tenga su carácter.

-En eso tienes razón cariño, si tiene el tuyo no tendrán paz ni un segundo. -Se burlo.

Lejos de sentirse ofendido por las palabras de su madre, sonrió de manera genuina.

Fue extraño ver a Lucius con Scorpius en los brazos. A pesar de las resistencias de que estuviera tan cercas de su hijo, incluso el podía percibir el cambio en el rostro de su padre y la manera protectora y emocionada con que mecía al pequeño.

-El te miraba de la misma manera. Siempre estuvo tan orgulloso de tenerte.

Una emoción bilateral le atravesó el pecho. Quería creer las palabras de su madre, necesitaba creer que su padre le había querido y que al menos en algún momento de su vida estuvo orgulloso de el. Pero le resultaba una idea chocante después de todo lo vivido. Agito la cabeza como si intentara quitarse ese pensamiento de la cabeza y se limito en observar aquella imagen que nunca imagino que vería.

Su tío James y Lucius peleaban por la atención del pequeño Scorpius mientras Hermione sonreía con Destiny recargada en su costado quien sonreía con la misma felicidad.

-Estoy sumamente orgullosa del hombre en que te has convertido. Tienes ahora tu propia familia.

Las palabras de Narcisa le calaron profundamente de manera positiva. Estaba seguro que si tuviera que pasar lo mismos para tener la dicha de terminar al lado de la grandiosa mujer que le acabada de dar una de las mas grandes felicidades, volvería a hacerlo sin dudar.

Sí, era cierto que ninguno de sus anhelados sueños se hicieron realidad. Jamás tuvo la fama o el reconocimiento que tuvo Potter, no llego a ser el líder que esperaba, ni cosechar los triunfos escolares que siempre deseo para ser admirado y respetado. La guerra lo fracturo dejándolo sin la capacidad siquiera de permitirse soñar de nuevo.

Ahora que ve sobre su hombro para ver el pasado se da cuenta que esos sueños no eran nada en comparación con lo que estaba viviendo en ese momento. Tenia una familia, una mujer amorosa, una hija inteligente, vital y buena, un hermoso hijo que complementaba su felicidad, una que jamás había estado ni cerca de sentir.

Con su madre a lado y su padre a pocos pasos, incluso con ese tío recién descubierto podía admitir con completa convicción que no podía pedirle más a la vida.

. . .

. .

.

Luna no iba a mentir, no estaba en su naturaleza hacerlo. Sus palabras nunca eran filtradas de ninguna manera. No porque fuera demasiado fría o desconsiderada para soltar la verdad sin anestesia, sino que en su manera particular de ser no encontraba una razón para mentir o esconder lo que en verdad pensaba o sentía.

Cuando Nott le pregunto directamente sobre las razones por las que Scamander estaba de vuelta en Londres, además del interés tan notoria que tenia de verla.

-Vino a pedirme matrimonio. -Respondió con simpleza.

Theodore perdió el color del rostro, quedándose inmóvil como si las palabras de Luna le hubieran petrificado. Tenia los ojos sumamente abiertos, sus labios ligeramente separados mostraban también su consternación.

Cuando fue capaz de reaccionar, se obligo a recomponerse, apretando la boca en una línea recta para no mostrar su vulnerabilidad. Sus puños te tornaron blancos de tanto apretarlos a sus costados. Cerro los ojos un segundo haciendo un vano esfuerzo por contener las emociones que posiblemente habían sido demasiado visibles para ser ignoradas.

Cuando abrió de nuevo los ojos, un brillo de furia relampagueo en sus pupilas azules.

-¿Eres su prometida? -Pregunto tratando de contener su rabia y no mostrar lo herido que se sentía.

Llevaban algún tiempo juntos, compartiendo el lecho, pero jamás fue hecha una promesa o dicho un compromiso. Ni siquiera podía decirse que fueran novios por que el nunca lo pidió, se había limitado a seducirla, enamorándose hasta la medula en el proceso.

-No, fui su novia, pero decidimos darnos un tiempo. Queríamos estar seguros cuando diéramos el siguiente paso, por eso acordamos volver a vernos después de un tiempo razonable para averiguar si debíamos casarnos.

-¿Vas a casarte con él? -Volvió a preguntar esperando que sus palabras no mostraran la necesidad de que lo negara.

-No lo sé. -Admitió con sinceridad sin apartar sus enormes ojos azules de los de Theo.

-¿Lo quieres?

-Tengo sentimientos por el, pasamos mucho tiempo juntos y somos muy parecidos. Quizás no lo entiendas porque a pesar de tu carácter reservado tenias amigos cercanos, eres respetado e incluso temido. Nosotros no tuvimos esa suerte, fuimos rechazados y excluidos la mayoría del tiempo, somos los raros donde quiera que vayamos, podemos mostrar que no nos importa y centramos nuestra atención en nuestra pasión por los animales mágicos, pero las palabras siguen escociendo y doliendo por mucho que aparentemos que no nos afectan.

-Aceptaras su oferta. -Esta vez no era una pregunta.

Por su reciente declaración podía adivinar que aceptaría compartir su vida con Scamander, lo haría a un lado. Se giro para no verla, no quería romperse frente a ella, jamás en su vida se había sentido tan vulnerable.

Podría luchar contra Rolf, hacer todo cuanto estuviera a su alcance para destruirlo, para que nunca se acercara a su Luna. Pero si ella le quería, si el significaba mas para Luna que el mismo. Contra eso no podía hacer nada.

-Eso depende de ti.

Volvió a sorprenderlo haciendo que se girara de nuevo para enfrentarla.

-También siento cosas por ti. -Admitió sin vergüenza la rubia caminando hasta el.

Levanto su mano para acunar su mejilla.

-Me gustas Theodore Nott, nunca había sentido tantas cosas como las que provocas en mi cuando me tocas, cuando me besas.

Se acerco mas hasta apoya la mejilla en el fuerte pecho de Theo.

-Se que me quieres, pero tienes miedo de sentir.

La estrecho en sus brazos, el dolor en su pecho disminuyo un poco al tenerla cerca.

-La pregunta aquí es, ¿Quieres que me case con otro?

Luna se alejo lo suficiente para levantar el rostro y mirarle.

La respuesta era clara.

No, definitivamente no deseaba que Luna se casara con nadie que no fuera el. No toleraba la idea de que otro hombre se le acercara o la tocara. La amaba, no sabía como ocurrió, simplemente estaba perdidamente enamorado de esa mujer.

Sus sentimientos eran claros, pero sus miedos también eran fuertes. La amaba tanto que dudaba que pudiera hacerla verdaderamente feliz.

Su pasado era demasiado caótico. Su padre se había encargado de joderlo por completo. No se creía capaz de hacer feliz a nadie después de haber sido bombardeado desde niño por los reproches y la culpa arraigada que sembró su padre sobre que los Nott solo eran capaces de destruir.

Nott padre siempre lo culpo de la muerte de su madre, se encargó de hacer su vida un infierno mientras crecía. Por eso siempre creyó que no era capaz de amar a nadie y por tanto jamás podría tener una familia propia. No era solo la falta de sentimientos, era la naturaleza maligna y el odio que desarrollo contra si mismo lo que le hacían sentirse incapaz de merecer el amor de nadie.

No quería arruinar la vida de Luna, no la arrastraría a su miseria poniéndola en riesgo.

Dejo caer los brazos sin fuerza a sus costados, obligándose a dar un paso a tras y luego otro antes de girarse y salir sin decir nada.

Apenas estuvo fuera se desapareció. No pensaba volver.

. . .

. .

.

El beso del dementor era su sentencia, no era un misterio. Lo tenia claro desde que lo capturaron la ultima vez. Saberlo no despertaba nada en su interior, ni miedo o arrepentimiento de ningún tipo.

Su celda esta aislada, tenia ciertas comodidades gracias al acuerdo que hizo con Hermione Malfoy. Pensar en ella le hizo sonreír mientras caminaba hacia su destino final.

Era escoltado por un par de Aurores que caminaban a sus costados, llevaba las muñecas sujetas con una cuerda mágica.

Caminaba despacio, la distancia que tenían que salvar para llegar a la habitación donde le esperaba un dementor estaba dos pisos arriba de donde se encontraba aislado.

Esperaba un momento.

Un segundo que hiciera la diferencia.

Lo encontró cuando un tercer Auror se cruzo en su camino, lo reconoció al instante. Se parecía demasiado a su padre. Sonrió despiadado antes de soltar una sonora carcajada.

-Tu padre grito como una niña mientras le torturaba.

Recibió la respuesta que esperaba.

Fue un instante lo que les llevo a los otro dos Aurores separarles después de que le golpeara directo en la mandíbula a Lestranger antes de echársele encima con toda la intención de matarle con sus propias manos.

Rodolphus no necesito mas que eso para convocar su varita de hueso, lanzando la primera maldición asesina que le quito la vida a uno de los hombres.

Fueron minutos, una lluvia de hechizos cruzados y el resultado fue atroz. Dos Aurores muertos.

Rodolphus Lestranger esa tarde no seria despojado de su alma. Su cuerpo se quedo a mitad de aquel frio pasillo, con los ojos abiertos y una extraña mueca en los labios como si se tratara de una sonrisa siniestra.

El único superviviente estaba herido, pero vivo. Camino algunos metros antes de desmayarse.