El fragmento de alma de Bellatrix Lestrager estaba cobijado dentro de la muñeca que hábilmente dejaría como herencia a su única hija Destiny, aunque el verdadero recipiente estaba guardado en el interior de Isabella.

Un asesinato es necesario para fragmentar el alma, un hechizo y un objeto, que podía ser casi cualquier cosa. Para el instante en que se dieron las condiciones de crear su propio Horrocrux, Bellatrix tenía entre sus manos un objeto antiguo que solía esconder entre su oscura y enredada cabellera para infringir en ocasiones dolor a sus víctimas.

Un largo alfiler para el pelo del siglo XIX, de oro macizo, de 12 cm de largo de punta a cabeza. Toda una reliquia familiar, heredada originalmente por su bisabuela a Andromeda Black, quien, al ser eliminada de la familia tras casarse con un Muggle, su hermana mayor hurto.

El alfiler era una fina pieza, en la cabeza se apreciaban ramas de vid formando un corazón y dentro de el estaba capturando una esmeralda.

En realizad Bella la mantuvo consigo no por la belleza de la pieza, sus motivos eran mucho más retorcidos. Sabia que Andrómeda amaba ese alfiler, siempre lo usaba para arreglar sus cabellos no por el valor del artículo en si, sino por su valor sentimental debido a la cercana relación que siempre tuvo con su bisabuela desde pequeña hasta su muerte y que la mayor de sus hermanas envidiaba. Era una pequeña venganza que se endulzaba aún más al utilizarlo para herir a sus víctimas.

Lo eligió casi sin pensar, apenas cumplido su propósito se encargo de mandar hacer la muñeca para esconder en su interior en alfiler.

Era precisamente este el que picaba el pecho de Destiny para fortalecerse con su sangre, el mismo que la última noche que paso en casa de sus padres antes de marcharse al colegio le solicito sacarlo, no sin antes perforar la piel de la pequeña lo suficiente para dotarse de fuerza y en consecuencia poder manipularla con mayor facilidad.

Cuando Destiny tomo el expreso llevaba su larga cabellera negra recogida en un chongo que aseguro con aquel precioso alfiler. Si Narcisa no hubiera enfermado el fin de semana se hubiera presentado para despedir a su "nieta" para notar que llevaba entre sus cabellos aquella joya que no auguraba nada bueno.

Para cuando Destiny atravesó la entrada de Hogwarts un largo suspiro escapo de entre sus labios. Pocas veces como en ese momento se había sentido que pertenecía a un lugar con tal intensidad que se sintió parte incluso de las paredes de aquel castillo. Era como si toda su vida se resumiera para lograr cristalizar ese momento.

- ¡Bienvenida!

El saludo la hizo dar un respingo.

-Gracias. -Contesto con timidez mientras sus mejillas se coloreaban de un tono rozado que mostraba su azoramiento.

-No debes preocuparte, todo estará bien. -dijo su acompañante, imaginando que su turbación se debía al nerviosismo.

Destiny se limito a asentir con gratitud, tratando de mantener a raya los nervios. Por un momento había olvidado que Edward Remus Lupin, a quien todos llamaban Ted formaba parte del alumnado de colegio. Se conocían desde hacia varios años, aunque no de manera tan estrecha. Siendo Harry Potter el padrino de Ted y al mismo tiempo manteniendo una amista estrecha con su madre, llegaron a coincidir en varias ocasiones.

Eran muy diferentes en cuanto a sus caracteres, Lupin era un niño alegre y desenvuelto, quien teñía el color de su pelo a su antojo, aunque había notado que el color azul era su favorito, en ocasiones le había hecho reír al imitar el rubio platinado de Draco o el castaño caramelo de Hermione.

-¿Te preocupa en que casa quedaras?

Le pregunto acercándose para hablarle al oído y que los niños que aguardaban con ellos no escucharan su plática.

-Un poco -Contesto, aunque la verdad sea dicha era uno de sus más grandes miedos.

-Yo seguramente terminaré en Gryffindor aunque mi abuela dice que también tengo posibilidades de quedar en Huffelpuff, ¿Tienes alguna preferencia?

-Seré Slytherin. -Afirmo con seguridad. El tono de amargura en su voz pareció no notarlo su compañero porque en ese momento pedían atención para iniciar la ceremonia de selección.

Para cuando termino el evento Ted termino cenando en la mesa de Huffelpuff. Rodeado de sus nuevos compañeros de casa se sentían feliz. Aunque había algo que le llamaba mucho la atención en a mesa de verde y plata.

Destiny no probaba bocada, se mantenía sentada recta frente a un plato con abundante comida que parecía no apetecerle en lo mas mínimo. A su lado izquierdo un niño rubio posiblemente uno o dos años más grande, se inclinó lo suficiente para hablarle al oído.

Por el cambio en el semblante de Tiny, algo no estaba bien. Ted lo supo al instante. La piel blanca de la niña se volvió de color ceniza, incluso sus labios acorazados parecieron perder su color y el inferior comenzó a temblar ligeramente.

Ted ya se levantaba de la mesa para ir en su ayuda cuando la vio levantar su mano derecha para retiro algo de su cabello que no alcanzo a identificar a esa distancia, dejando que su larga melena le callera a su espalda y a los lados de su cara.

Fue el turno del chico rubio de palidecer, no solo eso. Su cuerpo fue empujado con tal fuerza que termino estrellándose contra un muro cercano.

El silencio impero en el lugar ante el suceso. Los maestros corrieron para ver que ocurría. Nadie podía explicar lo sucedido, ni identificar al actor intelectual.

Robert Thomson, se desmayo del impacto. Para cuando despertó lo único que recordaba es estar cenando antes de que todo se volviera negro. Nadie pareció prestar atención al pequeño orificio en el muslo de su pierna derecha.

Todos quisieron creer que se trataba de magia involuntaria, debido que ninguna varita había sido utilizada en el hecho.

El joven Remus se rasco la cabeza con confusión. Para cuando llego al lado de Tiny el alboroto se había calmado y todos continuaron con su comida, la pelinegra daba un primer bocado a su comida y cuando levanto el rostro para verlo el gris de sus ojos era de un tono tormentoso que no había notado antes.

-¿Estas bien?¿Te estaba molestando?

-Estoy bien. -Contesto después de limpiar sus labios. -No se dé que hablas ¿Molestarme, quien?

-El chico que llevaron a la enfermería.

-No, en absoluto. Solo me preguntaba por mi padre. Me desconcertó un poco, pero es algo común tomando en cuenta el pasado que lo envuelve.

Ted apretó lo puños entendiendo el comentario.

-Entonces si te molestaba. -Afirmo.

-Mi mama siempre me a dicho que las palabras son solo eso, palabras. Somos nosotros mismos quienes les damos el poder de lastimarnos.

El chico se lo pensó un instante, para después sonreír.

-Creo que debiste de quedar en Gryffindor.

Los ojos de grises de la niña se entristecieron un segundo.

-Estoy donde debo estar.

-Eso parece. El sombrero no lo pensó ni un solo segundo. Aun no tocaba tu cabeza cuando ya gritaba por todo lo alto que tus colores serian verde y plata.

Lupin no noto que aun cuando su amiga parecía comer de manera pacífica mientras charlaban su mano izquierda empuñaba con fuerza el alfiler de oro sobre su regazo.

-Bueno creo que es hora de retirarnos a descansar. Te veré mañana en clase.

-Hasta mañana. -Se despidió con una sonrisa.

. . .

Recostada sobre su cama, con las cortinas verdes de brocado en plata corridas para tener más privacidad. Destiny miraba fijamente el techo de la habitación aun sostenía el alfiler para el cabello en su mano, aunque la fuerza con la que lo apretaba había menguado.

El remordimiento la carcomía. No fue su intención lastimar a Thomson, trato de ignorar sus comentarios malintencionados sobre su familia, los insultos contra su padre al decirle que era un traidor amante de muggles. Perdió el control cuando sintió sonar sus alarman internas, se estremeció al sentir el aliento del joven contra su oído y este se había atrevido a tocarle apretando su muslo con fuerza.

No fue un pensamiento consciente llevar la mano hacia sus cabellos para liberarlos y hacerse con el punzante alfiler que clavo profundamente en la piel del muslo de Robert. En cuanto se incrusto en su piel y la sangre toco la punta fue como si una energía cinética le rodeara el cuerpo. La fuerza se extendió en su cuerpo de una manera que la mareo y la hizo sonreír internamente, para después expulsar muy lejos a su atacante.

La sangre de Thomson despertó algo en el Horrocrux, algo que la niña no sabia definir, pero que la hacía sentir poderosa.