Las damas giraban por el salón al ritmo de la bella melodía que los músicos entonaban, su padre al cumplir sus cincuenta y seis años había recibido con gran sorpresa una fiesta en su honor, al parecer era uno de los pocos habitantes que tenía
la gentileza de festejar en el transcurso de la noche ya que era el miembro más importante de la Cruz y como habían explicado los amigos y socios del agasajado, era completamente seguro, ya que todos podían protegerse incluyendo a cada
familia. Solo tenían que seguir una única regla en aquella espléndida noche para no perder la protección y seguridad que estos hombres les brindaban, simplemente no podían alejarse durante la celebración.
El joven Eren se encontraba en un rincón apartado tratando de que su
prometida Sasha no lo divisara en la multitud, sabía que debía ser amable con ella y mostrarse enamorado y cariñoso con su futura esposa, pero lo único que lograba hacer cuando estaba cerca de la muchacha era asentir a cada palabra que salía
de sus labios y sonreír falsamente. La encontraba realmente molesta y grosera, además que era bastante tonta, de lo único que hablaba eran de sus costosos vestidos que para Eren era de lo más irrelevante. Recorrió con la mirada a todo el salón y divisó a Sasha quien conversaba animadamente con su madre y con una joven a la cual no había visto jamás en su vida.
Lo primero que captó fueron sus grandes ojos con una espesa capa de pestañas que se curvaban cada vez que su párpado caía y luego cuando sonrió su corazón dio un vuelco, nunca había visto a una muchacha tan bonita, su nariz era
pequeña, sus labios parecían realmente tentadores, su piel era tan blanca como la porcelana y daba la sensación de que se rompería con cualquier movimiento brusco que hiciera, lucía un gran vestido de color azul con un delicado lazo negro atado en su cintura; llevaba su cabello negro perfectamente peinado en un recogido. Vio como la joven giraba los ojos tras un comentario de Sasha y Eren no pudo evitar reír, logrando que la muchacha levantara su vista y la posara en él, se sorprendió de que fuera la única que lo escuchara y de un momento a otro comenzó a sentirse incómodo ante su mirada
penetrante, sin embargo él no desvió los ojos de los suyos. Observó como la joven se acercaba a su madre para susurrarle unas palabras y con una leve inclinación de cabeza, se alejó del pequeño grupo sin siquiera despedirse de Sasha, dirigiéndose hacia la puerta principal.
Tardó unos segundos en darse cuenta de que la muchacha había abandonado el salón y no dudó en hacer lo mismo.
Cuando sus pies pisaron los grandes escalones de piedra, un viento frío lo
sorprendió haciendo que se estremeciera al instante, cruzó sus brazos sobre su pecho y comenzó a caminar tratando de divisar a la muchacha. Se acercó al sendero y dudó por unos segundos si era seguro adentrarse en el bosque, tocó uno de los bolsillos de su saco para cerciorarse de que llevaba el arma consigo y con mucho éxito la traía, divisó una mancha azul entre los árboles y entonces sus pies comenzaron a moverse y no dudó en ir hasta allí.
Encontró a la muchacha no muy lejos de donde se celebraba la fiesta y
se acercó lo suficiente como para oír su voz, ésta se hallaba junto a un joven, bajo, de cabello negro, bastante apuesto, tan pálido como la mujer.
"Amantes" fue la primer palabra que cruzó por su mente; era algo demasiado común en aquellos tiempos y no era muy digno para una mujer encontrarse a solas con un hombre, al menos si éste no fuese su esposo. De pronto se sintió enfadado consigo mismo ¿Qué hacía espiando a estas personas? ¿Por qué le molestaba que ese muchacho se encontrara con ella? Y lo peor de todo era ¿Qué hacía aquí cuando su lugar estaba junto a Sasha? Pero, aun así, no se movió.
- Debes irte – Susurró la joven captando toda la atención de Eren.
- No voy a dejarte Mikasa es peligroso – La tomó de uno de sus brazos
acercándola a él.
- Voy a estar bien y lo sabes, Levi debes tomar un barco y salir de aquí, te están esperando y si aquí te ven no dudarán en buscarte.
El muchacho asintió y se acercó para abrazar a la joven.
- Te esperaré, si algo sale mal quiero que también huyas de aquí. – dio media vuelta sin esperar respuesta y se alejó rápidamente.
La muchacha quedó mirando hacia la nada, totalmente inmóvil y silenciosa, de pronto giró sobre sus talones y habló.
- No deberías espiar y escuchar conversaciones ajenas – Hubo un deje de burla en aquellas palabras.
Eren quedó congelado al escuchar que se dirigía a él, pensaba que estaba bien escondido, ya siendo descubierto y sintiéndose terriblemente humillado salió de la espesura y se dejó ver.
- Lo siento – sonaba sincero – Es solo que no es seguro salir de noche y bueno creí...
- Lo sé – La muchacha lo observó y sonrió – Soy Mikasa.
- Eren – se presentó mientras se acercaba lentamente hipnotizado por aquellos hermosos ojos.
- ¿Qué tanto oíste? – Su semblante cambio de relajado y feliz a uno serio y frío en tan solo segundos.
- Nada en absoluto.
No iba a decirle que lo había escuchado todo, se enfadaría. Además luego de oír sus palabras había quedado muy claro que aquel joven era un fugitivo. Tal vez debería dar aviso a las autoridades, sería lo más seguro.
Mikasa alejada de los pensamientos del muchacho soltó una risita nerviosa y se acercó depositando un beso en la mejilla del joven.
- Deberías irte es peligroso – tras decir estas palabras se giró alejándose del muchacho y adentrándose aún más en la espesura.
- Oye y ¿qué será de ti? – Preguntó.
- Estaré bien – respondió la muchacha bastante confiada – y no te preocupes, nos volveremos a ver Jaeger.
Eren respiró el aroma que Mikasa había dejado impregnado en su saco con aquel simple acercamiento, un olor a rosas penetró en sus fosas nasales y creyó que moriría en aquél instante, jamás se había sentido tan atraído por una mujer que había conocido hace tan solo unos minutos. La vio alejarse, se dio media vuelta y se dirigió a su hogar mientras una
sonrisa se escapaba de sus labios sin permiso.
Cuando regresó Sasha fue la primera en tomarlo del brazo.
- ¿Dónde te habías metido? – preguntó furiosa.
- Solo salí a tomar un poco de aire – se excusó.
- ¿En serio? Porque no recuerdo que te gustaran los perfumes de mujer.
- Mira, puedes pensar lo que quieras, no me interesa. – se separó y caminó hacia los invitados que comenzaban a irse y a saludarlos cordialmente.
Una vez de haber terminado la celebración, Eren se dirigió a su habitación y esa noche una muchacha, de sonrisa confiada y voz dulce lo visitó en sus sueños, transformándose lentamente en un hombre de cabello negro y mirada afilada.
Las espesas gotas caían por su rostro molestando un poco en su visión, su pelo castaño se pegaba a su frente así también las ropas a su cuerpo, tomó un poco de aire y volvió a apretar el paso aumentando la velocidad dejando a su padre y a sus compañeros de la Cruz totalmente rezagados; dobló en la siguiente esquina hacia la izquierda y quedó frente a un callejón sin salida.
Esta era su primera noche como cazador y realmente quería hacerlo bien, habían encontrado el cuerpo de una joven con una gran mordida en el cuello y un reguero de sangre a su alrededor. Pero el vampiro no se había alejado lo suficiente como sus compañeros creían porque Eren lo había visto allí mientras ellos revisaban el cuerpo, notó miedo en el otro y entonces, tomando ventaja de la situación no dudó en ir tras él y así comenzar la cacería.
El vampiro dio media vuelta y observó a Eren, solo estaban ellos dos en aquél callejón oscuro, se acercó unos pasos enseñando sus dientes y puso las manos a sus costados mostrando unas uñas largas y en mal estado. El joven posó sus dedos en el enorme cuchillo de plata que llevaba en su cinturón pero no lo desenvainó más bien esperó el ataque, pero aún asi no lo vio venir, realmente no lo hizo, no pudo evitar gemir de dolor cuando cayó de lleno contra el suelo, se giró rápidamente en el momento justo en el que el vampiro se abalanzaba y lo detuvo solo a milímetros de su rostro mientras aquella bestia intentaba morderlo; lo tomó de los brazos y levantó su pierna derecha propinándole una fuerte patada en el estómago, al vampiro no pareció dolerle el golpe pero si le dio a Eren la ventaja suficiente de unos segundos para levantarse del suelo y sacar su cuchillo.
- ¿Eso es todo lo que tienes? – Inquirió el muchacho.
Vio el odio en la mirada del vampiro, lo observó levantarse y acercarse a él, hizo un movimiento en falso al tratar de atraparlo haciendo que el castaño pudiera esquivarlo fácilmente, la bestia giró demasiado tarde cuando sintió un agudo dolor en su pecho, comenzó a brotar sangre negra de aquella herida que el cazador le
había causado, si había algo de lo que no podían curarse rápidamente era de la plata, cayó de rodillas y observó al castaño con un deje de tristeza, temor y un profundo odio venenoso que escondió velozmente tras aquellos ojos marrones.
- No lo mates – Oyó decir a su padre cerca de él – Buen trabajo hijo, sólo que esta vez el fuego acabará con tu tarea.
Asintió levemente y se limpió la nariz con la manga de su camisa dejando un poco de sangre, no pudo evitar hacer una mueca de disgusto, el muy maldito lo había lastimado. Cargaron al vampiro una vez atado sobre uno de los carruajes en el que iban él y su padre, éstos no dijeron una palabra en todo el camino que los llevaba al pueblo.
Cuando llegaron los hombres lo bajaron con brusquedad y mientras algunos comenzaban a preparar la fogata con algunas ramas y troncos que tenía el señor Stref, otros se limitaban a detener a las personas
curiosas que se asomaban para ver a la bestia, la lluvia había cesado. Una vez cuando todo estuvo listo colocaron al vampiro en el centro de aquella gran montaña de leña que esperaba el intenso calor del fuego, el monstruo miraba todo con resignación aceptando su destino.
El padre de Eren se acercó al vampiro y lo señaló; mirando intensamente al pequeño grupo de personas curiosas del pueblo habló.
- Este monstruo – Hizo una pausa – Esta atrocidad es el culpable de otra muerte cruel, de una jovencita de apenas quince años, pero como verán ya no quitará más vidas inocentes ¡hoy arderá en las llamas del infierno!
La multitud gritó alborotada en señal de triunfo, solo había una muchacha entre aquél gentío que no parecía inmutarse, sus grandes ojos se posaron en la pobre criatura herida, el vampiro levantó la cabeza y la vio.
- Lo siento – Le susurró a la muchacha, pero el rostro de Mikasa era frío e intimidante, hizo un leve asentimiento de cabeza hacia él para demostrarle que aceptaba sus disculpas.
- Esta noche, mi hijo Eren se ha unido a nosotros con la misión de proteger al pueblo y tengo el gran honor de anunciarles que no habríamos podido capturar a esta bestia sin su ayuda, actuó con valentía y agilidad luchando cuerpo a cuerpo e hiriendo al vampiro para así capturarlo. – Su padre lo miró por un segundo totalmente orgulloso – Y como es costumbre cada cazador debe terminar su trabajo.
Diciendo estas últimas palabras le entregó la antorcha encendida a Eren, éste la tomó con torpeza, no quería hacerlo, no quería verlo morir en las llamas del fuego pero una vez más se dijo que estaba haciendo justicia por todos aquellos inocentes, levantó la antorcha y la dejó caer sobre la montaña de ramas.
- Idiotas – El vampiro habló por primera vez y sin embargo estando al borde de la desgracia no titubeó ni por un segundo – Él los matará, los matará a todos y los hará sufrir imbéciles – soltó una risa escalofriante antes de que las llamas tomaran su cuerpo y lo devoraran en una lenta agonía.
Eren miró aquella mata luminosa por unos segundos mientras repetía las palabras dichas una y otra vez, suspiró y alejó la vista de allí mirando hacia la multitud, entonces la distinguió, se acercó a pasos torpes y alcanzó su brazo derecho tomándolo suavemente con una de sus manos.
- Mikasa – La muchacha giró y le sonrió.
- Eren – Se tomó unos minutos y al ver que el joven no diría nada continuó – felicitaciones.
El muchacho tardó unos segundos en entender a lo que se refería y sonrió.
- Realmente no fue nada solo hice mi deber, aunque si te soy sincero las únicas palabras que salieron de su boca aún me tienen un poco aturdido.
Mikasa mostró su larga hilera de dientes blancos y perfectos y Eren creyó que podría quedarse observando su bello rostro durante horas o tal vez días.
- Oh no le des tanta importancia, solo son pestes de un gusano desesperado.
Eren iba a aportar algo más cuando un hombre canoso, cerca de los cincuenta años apareció detrás de ella.
- Mikasa, tesoro ya tenemos que irnos – la muchacha lo miró y asintió, el hombre observó al acompañante de la joven y sonrió – Buen trabajo muchacho.
- Gracias – respondió.
Vio al gran hombre asentir y alejarse a pasos elegantes y fuertes.
- Debo irme - Se acercó al castaño y besó su mejilla tal y como lo había hecho la noche del baile.
- Hasta luego – Eren suspiró y la vio alejarse, cuando dio media vuelta y se encontró con Sasha .
- Mikasa es muy simpática ¿No crees? – Los celos en la joven se hicieron
presentes pero sacudió su cabeza tratando de disiparlos – Felicitaciones amor.
Se acercó y tomó sus labios entre los suyos.
Eren ocultó su muesca de asco al separarse y sonrió falsamente, su padre lo llamó y fue hacia allí repitiendo continuamente las palabras del vampiro.
"Él los matará, los matará a todos, los hará sufrir imbéciles".
