Uno... dos... tres golpes impactaron seguidos sobre su rostro, dos en sus mejillas y uno en su nariz. Comenzó a toser y escupió la sangre que se había acumulado en su boca, sus muñecas estaban atadas sobre su cabeza, sus brazos se encontraban levemente entumecidos al igual que sus piernas ligeramente apoyadas en la tierra húmeda; su cuerpo tenía varias heridas que poco a poco cicatrizaban.
Un nuevo golpe impactó en él, esta vez en su mentón, gimió de dolor al sentirlo y levantando la mirada tratando de verse fuerte delante del hombre que lo golpeaba,el joven de cabello negro rio y pateó levemente un poco de tierra hacia el cazador.
- Es muy divertido verte así Levi tan... sometido.
El joven en respuesta sonrió de una manera escalofriante.
- Oh, créeme que por cada golpe que me das estoy pensando de qué manera vas a morir.
Aquél hombre contuvo el aire por unos segundos y una pequeña gota de sudor se deslizó por su frente, algo que para el azabache no pasó desapercibido.
- ¿Sabes? No lograran sacarme nada a base de torturas - Levi giró sus muñecas y observó al individuo con superioridad. - Desde aquí puedo sentir tu temor y mmm... sangre fresca - Hizo un gesto como si olfateara el aire y sonrió.
- Maldito. - Lanzó otro puñetazo - Te pudrirás en el infierno.
- Tranquilo Jean. - En el umbral de la puerta se encontraba Grisha Jaeger con su esbelta figura enfundada en un pulcro traje negro - Puedes retirarte.
Jean con la cabeza en alto, se alejó de allí y miró al vampiro con desprecio antes de desaparecer como si nunca hubiese estado en ese lugar.
- ¿Sabes por qué estás aquí Levi? Hablemos como hombres maduros, al fin y al cabo eres mayor que yo ¿no?
Tomó asiento frente al vampiro y lo observó detenidamente.
- Quieres nombres - dijo simplemente.
- ¿Y? - Preguntó como si le hablara a un niño.
- No escucharás nada de mis labios amigo - sonrió al ver que el hombre que tenía frente a él se exasperaba, pero cuando habló lo hizo con extremada calma.
- Solo un nombre y te dejaremos ir.
- Levi... Levi. Ese es el nombre del pasajero que capturaron en el barco. - Dijo un hombre humilde de sesenta y seis años que trabajaba en el puerto.
- ¿Cómo? - Mikasa ocultó su expresión de sorpresa - ¿Quiénes se lo llevaron?
- Bueno señorita, llegaron los hombres de la Cruz, tres de ellos
acabaron muertos, solo uno pudo detenerlo, supongo que era... - Se acercó a la joven y susurró - un vampiro.
Mikasa asintió enérgicamente, dándole la razón al anciano. Si algo odiaba profundamente era tener que fingir estar realmente interesada, solo buscaba el paradero de su primo, no necesitaba una explicación mucho más grande y a pesar de haber pasado horas de lugar en lugar, recién en el puerto había encontrado a alguien dispuesto a hablar.
- Mi padre le agradecería enormemente si me dijera quién fue el hombre que se lo llevó. - Movió de manera nerviosa sus uñas sobre la vieja mesa de madera.
- Bueno dígale que ha sido el comandante Pixis quien dio el aviso. No sé mucho más.
Por un instante una pequeña sonrisa estuvo a punto de asomarse en su rostro, ese hombre los había estado siguiendo desde que se habían trasladado a Inglaterra, aunque aún no sabía muy bien como Levi había sido capturado. Seguramente su primo tendría algún retorcido plan en mente en el que el clan no estaba incluido y aquello le daba las razones necesarias para abandonarlo a su suerte.
- Le agradezco su colaboración señor.
La muchacha se levantó y despidiéndose del hombre se alejó del lugar.
Observó el pequeño bar donde los caballeros pasaban largas e interminables noches, bebiendo, fumando o simplemente buscando mujeres para pasar el rato.
Pixis, salió de las puertas de aquél lugar poco después de medianoche.
Mikasa bajó un poco su abrigo y corrió hacia el hombre. Levi la pagaría en grande una vez que lo encontrara, antes de haber tenido que alejarse de todos por la aparición de un nuevo culto que los cazaba, su primo había sido un buen líder. Nunca le dijo las razones por las cuáles quiso que ella estuviese a cargo y ahora, se dejaba atrapar como un costal de papas poniendo a todo el clan en peligro.
- ¡Señor, señor! - Gritó fingiendo extremado temor - ¡Unos hombres me han atacado, por favor han querido morderme!
Cuando las últimas palabras salieron de sus labios supo que lo había conseguido. Los ojos de Pixis se iluminaron enseguida.
- ¿Dónde fueron jovencita?
- Se marcharon por aquí, venga - Corrió hacia un callejón oscuro con aquél hombre pisándole los talones.
- Señorita...
Mikasa se giró con sus colmillos al descubierto y sus ojos
completamente negros, lo tomó del cuello y con un simple empujón lo acorraló contra la pared. Seguían siendo humanos después de todo ¿Quién sigue a un desconocido en plena oscuridad?
- Ahora más te vale que abras esa asquerosa boca y me digas que hicieron con el vampiro que capturaste en el barco.
- No sé de que hablas - dijo entre dientes sin poder conseguir un poco de aire para sus pobres pulmones.
- Sabes perfectamente de lo que hablo maldito gusano, dímelo y prometo dejarte ir.
El hombre enceguecido por el miedo respondió.
- La casa Jaeger, lo llevaron a la casa del jefe - Mikasa apretó un poco más el cuello para que soltara más información - No lo matarán, al menos no hasta que de un nombre.
- Gracias eso era lo que quería oír - soltó a Pixis pero antes de dejarlo ir continuó - ¿Sabes? Hace días que no me alimento y tú ya sabes demasiado.
Lo apretó nuevamente contra la pared con brusquedad, asomó sus colmillos con rapidez y sus ojos volvieron a ser negros. Sintió un inmenso placer al sentir el sabor de la sangre, el líquido caliente se deslizó por su garganta y los latidos del corazón de Pixis fueron disminuyendo el ritmo; antes de que se detuvieran se alejó.
- Lo siento mucho - dijo antes de tomar la cabeza del hombre entre sus manos y girarla por completo.
Limpió los restos de sangre que tenía alrededor de su boca y caminó lentamente alejándose del cuerpo, necesitaba hacer una pequeña visita a la casa de Jaeger.
Todo estaba en completo silencio, se había despertado y al intentar dormirse de nuevo no logró volver a conciliar el sueño, quitó las cobijas que cubrían su cuerpo y se
deslizó fuera de la cama, sus pies descalzos tocaron con suavidad el frío suelo de madera haciendo que sintiera un escalofrío recorrer cada centímetro de su piel y levantándose con pereza se dirigió hacia la puerta.
Asomó su cabeza y miró por el estrecho pasillo que estaba consumido en una oscuridad absoluta y un profundo silencio; salió de la habitación adentrándose en él hasta llegar a las escaleras, mientras bajaba los escalones con mucho cuidado, buscaba en uno de los bolsillos de la bata que traía puesta las cerillas para encender el candelabro que estaba en un pequeño estante junto a la escalera, unos minutos después las
encontró y encendiendo cada una de las velas logró que el salón quedase levemente iluminado, pudiendo así Eren, ver con mayor claridad.
Un sonido seco y duro de algo que se golpeaba contra el suelo se oyó por una milésima de segundo haciendo que sus sentidos se pusieran en alerta.
Con una de las velas envuelta por un pañuelo en la base, el joven caminó hacia la última puerta de la casa, el sonido que le había alertado volvió a repetirse y con una suavidad absoluta Eren tomó la perilla de la enorme puerta de madera pesada, que su padre le había prohibido tocar, abriéndola con lentitud y adentrándose poco a poco intentando que la luz de la vela alumbrara la habitación; Tan pronto estuvo dentro descubrió al causante de aquél alboroto.
- Oh por Dios...- Sus palabras sonaron torpes y ruidosas en cuanto salieron de sus labios.
El joven que estaba allí, levantó su cabeza y observó al recién llegado.
- ¿Vienes a golpearme? - susurró.
- Tú... tú - quedó en silencio, con una de sus manos señalando al joven que se encontraba con las muñecas atadas hacia arriba contra la pared.
- Si esperas a que hable te diré lo mismo que le he dicho a tu padre, no daré ningún nombre, Mátame y espera por una muerte lenta y dolorosa.
Eren se quedó perplejo, no sabía exactamente a lo que se refería el joven, pero no esperaba que éste fuera el vampiro que su padre estuvo intentando cazar durante veinticinco años. ¿Era él, cierto?
- Eres el amante de Mikasa. - Afirmó.
Levi lo observó, sus ojos mostraron un brillo de diversión solo por unos segundos y luego tan pronto en un parpadeo volvieron a ser fríos y duros.
- ¿Es lo primero que se te cruza por la cabeza al verme? - su mirada se cruzó con la del muchacho y por dentro estaba divirtiéndose al máximo - No eres muy inteligente por lo que veo.
- Deberías contestarme - dijo Eren esta vez exaltado. - Mikasa, ella es...
- No - Levi lo interrumpió - ella no sabe lo que soy, no la metas en esto.
- ¿Por qué no la has mordido? - Las preguntas se atoraban en su cabeza y tan pronto como aparecían se resbalaban hacia sus labios.
- ¿Por qué insistes tanto con eso? - Contraatacó Levi. - Ella es humana, yo vampiro, no hay nada más que saber - Sus ojos se volvieron oscuros. - Y si no vas a golpearme o liberarme sería mejor que te largues... ¡Demonios! Desde aquí puedo oír los latidos de tu corazón.
Eren lo supo, lo observó por unos segundos, el vampiro hizo una mueca de desagrado en cuanto él se acercó un poco, estaba hambriento.
- Espérame aquí - dijo.
- ¡Oh claro! Como si pudiera irme en cualquier momento.
El muchacho de cabellera castaña hizo caso omiso a aquellas palabras y salió de la habitación, tomó con rapidez el atizador de la chimenea y se acercó al pequeño hueco de la pared, dio dos golpes en éste y esperó.
- Vamos pequeñas, no tengo toda la noche - susurró.
Dos ratas bastante grandes salieron de su escondite y Eren con habilidad
atravesó la primera con el atizador.
- Toma. - Oyó decir cerca de él.
Observó por unos segundos a Eren y luego miró la rata que éste le ofrecía, se estiró un poco y la tomó entre sus labios, sus colmillos se alargaron en cuanto el sabor de la sangre llegó a su boca. "Parece un auténtico animal" pensó el castaño al verlo beber desesperadamente del cuerpo inerte de la rata.
- Bien, vampiro.
Habló con determinación y observó al muchacho que dejaba la rata en el suelo, se acercó lentamente y con su pañuelo limpió los restos de sangre de la boca de Levi y tomó el cuerpo del animal alejándolo de ambos.
- No queremos que mi padre se entere de que te he alimentado.
- Si no querías algo que te delatara podrías haber dejado que te mordiera.
Eren le sonrió y se alejó un poco del joven, lo observó por unos segundos y sus ojos se oscurecieron.
- Yo hago las preguntas y tú me das las respuestas.
