Levi Ackerman descubrió cinco razones para pedir que lo lanzaran en medio de la hoguera.

La primera, no sabía porqué le había contestado las preguntas a Jaeger, no todas por supuesto, pero su infancia había quedado al descubierto por el cazador.

La segunda, estaba realmente hambriento y tener a ese muchacho encerrado con él por varias horas le había dejado un humor insoportable.

La tercera, era más que seguro que ninguno de sus compañeros iría a buscarlo, por lo que tendría que encontrar la manera de escapar él mismo de allí.

La cuarta, no estaba regenerando su cuerpo como debería y ahora mismo le dolía cada una de las heridas causadas, tal vez sería un impedimento al momento de irse.

La quinta y última pero no menos importante, si escapaba tenía que llevarse a Eren consigo.

El muchacho se había retirado unas horas atrás, no sabía realmente si habían pasado toda la noche hablando, Jaeger parecía muy interesante a simple vista ya que desde un principio no se había mostrado de manera altiva hacia su persona y cuando él callaba luego de alguna pregunta que no contestaría, Eren se animaba a contarle un poco de su vida. El cazador era extraño, no estaba seguro si el joven había estado allí en busca de información o si realmente sólo estaba de curioso, lo había visto varias veces en el pasado pero no cuando fue capturado, jamás había entrado con su padre o con otro cazador.

Su captura fue realmente ridícula y se odiaba por no haber sido lo suficientemente rápido en aquel momento.

Él debía partir a Francia, una carta de un clan amigo lo había alertado sobre unos experimentos que estaban llevando a cabo los cazadores a los de su especie, el hecho de que él se encontrara tan cerca de una de las cedes más importantes aumentaba el riesgo a un 90% de que los atraparan a todos. Para no levantar sospechas le había dejado el mando a Mikasa, a quien veía por el momento, la más indicada para calmar a los demás.

Si bien como vampiros la mayoría de las veces viajaban y vivían solos, el gran nombre de Ackerman se había corrido tanto por Inglaterra que muchos de ellos decidieron unirse a él. No le molestaba, pero tampoco era de su agrado, después de todo a la única que había dejado que se acercara tanto a él como así también permitir que viajara a todos lados acompañándolo era a Mikasa. No la odiaba y tampoco la quería, ellos tenían una relación de respeto mutuo y él al ser el primogénito de un "original", cabe mencionar que lo llamaba así para no sentirse un animal, podía ordenar lo que quisiera mientras que los vampiros no pertenecieran a otro clan, harían lo que él quería, lo seguirían si lo pidiera o no, eso lo sabía muy bien; pero Mikasa era diferente, ella también era una Ackerman sin embargo no era lo suficientemente fuerte o importante para desafiarlo, aún así la joven siempre encontraba algo por más diminuto que fuera para llevarle la contra.

Mikasa se quedaría en Inglaterra con el resto de los vampiros, él viajaría a Francia a reunirse con el clan de Hange, tomaría un barco en la madrugada del viernes y se desharia de sus problemas allí por unas horas. Salvo que, cuando ya estaban por comenzar el viaje un grupo de cazadores salió a su encuentro. Todos preparados para enfrentarse a él, recordaba haberse deshecho de dos o tres dentro de la embarcación, hasta que apareció Grisha Jaeger; ese hombre lo había dejado atontado, jamás habría imaginado que un humano podría moverse con aquella rapidez, que sus ataques fueran tan certeros y que él no podría defenderse lo suficiente del cazador.

Todo fue muy rápido, sorpresivo, tanto que su mente se había quedado en blanco hasta que lo habían esposado en aquella habitación asquerosa.

Lo primero que dedujo fue que alguien les había informado sobre su viaje, solo dos personas sabían sobre ello, Mikasa y Farlan, uno de ellos lo había traicionado. Después, descubrió casi a punto de reírse que los cazadores no tenían ni la menor idea de que él era uno de los originales, más bien, creían que tomaba el lugar de Mikasa. Seguramente la información no había llegado completa a ellos, gracioso y ridículo.

Lo tercero y lo que para él fue lo más inquietante fue que lo dejaran allí, vivo, en esa habitación llena de suciedad e insectos asquerosos, si hubiesen sido lo suficientemente listos podrían haberse ahorrado las torturas y ofrecerle una habitación mejor a cambio de información, y Levi seguramente hubiese largado todo lo que sabía.

La puerta volvió a abrirse de improviso y Ackerman tuvo que entrecerrar los ojos a causa del resplandor entrante, cuando logró acostumbrarse ya la oscuridad volvía a cubrirlo y sólo la luz de una vela podía notarse allí. Los ojos verdes del cazador lucían cansados y a su vez completamente hermosos con aquella iluminación suave.

- ¿Tienes hambre? - preguntó ansioso.

- ¿Qué quieres?

Eren dio un paso hacia atrás por inersia pero luego volvió a acercarse muy lentamente.

- Bueno, solo quiero saber si necesitas alimentarte.

- ¿Es una de esas escenas en donde el raptor se muestra gentil para que la víctima confíe en él? - preguntó con sorna - si, tengo hambre.

Eren tardó unos segundos en reaccionar, abrió y cerró su boca varias veces sin emitir sonido alguno, parecía pensar en lo que el vampiro había dicho y como si hubiese caído en las palabras demasiado tarde, caminó indeciso hacia la puerta.

- Te traeré algo y...

- No.

El castaño lo miró confundido, en medio de las sombras proyectadas por la luz de la vela no podía ver con mucha claridad el rostro de Levi. Supuso que estaría llevando aquel ceño fruncido y los labios apretados como cada vez que contestaba la noche anterior.

- No me gustan las ratas.

- ¿Y qué quieres? - preguntó ansioso - No sé si pueda conseguirte algo mejor.

- ¿Puedes acercarte?

Eren había descubierto al vampiro la noche en la que no podía dormir, jamás había hablado con uno y aquel espécimen era sorprendente, Levi no se parecía a ninguna bestia asesina que había visto antes y en realidad a sus ojos, era como un humano común y corriente.

Pasaron cuatro horas desde que había amanecido y él por su propia seguridad había abandonado la habitación, su padre no tardó demasiado en darle los buenos días cuando las sirvientas les servían el desayuno. Para su gozo interno nadie lo había visto pasar la noche fuera de su cama y tampoco entablar conversación alguna con el vampiro, Grisha le dijo que tendría una reunión urgente con los demás cazadores y Eren se preguntó si él mismo tendría que asistir.

Su padre le borró aquellas dudas de inmediato, cuando alegó que sólo era para buscar nueva mercancía, eso significaba nuevas armas y herramientas para defensa propia, y que no era necesario que Eren estuviese presente. En ese momento el castaño supo que su padre estaba escondiendo demasiadas cosas a él, para empezar estaba el vampiro encerrado en su propia casa, se preguntó si era por su falta de experiencia, pero a su vez le molestó que no tratara de integrarlo como se debía a la organización.

Entonces cuando vio al hombre partir, no dudó en saciar su curiosidad y a la vez, el deseo de volver a ver a aquel vampiro que se encontraba cautivo. No conocía realmente las cualidades y peculiaridades de esos seres, solo lo básico que su padre le había enseñado, así que creyó que su ansiedad de volver a cruzar sus ojos con los del otro era completamente normal, a pesar de que sólo pasaran unas pocas horas en las que se había despedido.

Y allí estaba, en medio de una habitación casi a oscuras, con una vela en su mano que no tardó en usarla para encender las del candelabro, que se encontraba en una mesa de madera que estaba en el rincón izquierdo de la habitación y que luego apagó cuando ya no fue necesaria. Con un vampiro atado en el otro extremo que no le quitaba los ojos de encima y que lograba sacar a flote su nerviosismo.

Se acercó como éste le había pedido, aunque guardó una distancia prudente después de todo, los ojos del hombre cautivo brillaban un poco más que la noche anterior y eso hizo que los propios quisieran mirar hacia otro lado. No lo hizo, porque se sintió preso de aquella mirada penetrante que parecía que en cualquier momento leería todo lo que tenía en su cabeza.

- ¿Puedes acercarte un poco más?

Le gustaba su voz, había descubierto en solo unas horas que podría oírlo toda su vida cuando hablaba, nunca le había ocurrido algo parecido, pero Levi era hermoso e interesante de cualquier forma en que uno lo mirara. Aquello lo había confundido sin más, pero aunque quisiera o no jamás hubiese podido calmar su curiosidad.

Eren quién había estado mirando al vampiro por unos segundos bastante largos para el mismo, se acercó sin dudarlo y sin decir una palabra. Se agachó levemente cuando Levi con un solo gesto le incentivó y allí se quedó, estático, incapaz de abandonar aquella mirada que lo abrazaba, confundido, curioso, espectante, con la mente imposible de razonar, esperándolo.

- Estira tu brazo - el muchacho lo hizo sin pensarlo dos veces y Levi no pudo evitar que una sonrisa asomara en sus labios - No me gustan las ratas Eren.

El castaño no entendió a que se refería, pero si lo hizo cuando sintió la boca húmeda del azabache encerrar una parte de su muñeca, los colmillos rozaron su piel y un cosquilleo recorrió cada parte de su cuerpo, su mente decía que debía alejarse y sin embargo se sentía casi imposible poder hacerlo. Un pequeño ardor se sintió cuando los colmillos del vampiro se hundieron en su carne, no era doloroso como lo pensó, más bien a medida que comenzó a succionar su cuerpo reaccionó de una manera muy diferente a lo que esperaba. Vio como la sangre caía por ambos lados de la comisura de la boca del azabache y que las espesas gotas caían sin problema alguno sobre el suelo de la habitación, aquella imagen era fascinante mucho más que cuando lo había visto destrozar a la pobre rata que le había lanzado la noche anterior. Levi no parecía querer lastimarlo, más bien lo trataba como si estuviese a punto de romperse, sentía calor, un hormigueo terrible en sus partes bajas y cuando menos lo pensó un gemido bajo escapó de sus labios haciendo que el acabache sonriera en medio de la succión.

Levi se separó aún con restos de sangre en su boca, Eren no podía apartar su mirada de aquellos ojos brillantes, que desprendían un calor inmenso, vio como la lengua de su acompañante terminaba de saborear lo que había quedado en sus labios y cuando el azabache lo miró no pudo evitar contener la respiración.

Levi se relajó visiblemente a su lado y Eren con las pocas fuerzas que le quedaban se obligó a bajar su brazo pero aunque hubiese querido no pudo apartarse de su lado.

- Ahora ratoncito, vas a sacarme de aquí.

Su voz lo atrapó de nuevo, lo encerró como si fuese una melodia tan hermosa y tan atrayente de la cual uno se queda embelesado por horas deseando que no acabase jamás, asintió levemente y cuando se disponía a acercar sus manos a los grilletes, el sonido de pasos fuera de la habitación y de voces masculinas lo sacó de su trance.

- Oye te he dicho que tienes que soltarme.

Eren frunció el ceño y se alejó casi a rastras del vampiro, intentó recobrar la compostura y se irguió mirando con recelo la marca de colmillos que tenía en su muñeca.

- Ni lo sueñes. - contestó al tiempo que se apresuraba para apagar las velas y acercarse a la puerta de la habitación tratando de escuchar lo que había del otro lado.

Levi chasqueó la lengua, realmente consternado, la hipnosis siempre había sido efectiva, no con todos por supuesto, pero si con jóvenes ingenuos como el cazador que tenía delante de sus narices y había estado cerca, muy cerca de lograrlo. Vio como Eren abría la puerta y escuchó el sonido de las llaves que le aseguraban que el mocoso la había cerrado. Su lengua se movió inquieta por su boca y tanteó el sabor dulzón de la sangre del muchacho, era diferente a cualquier cosa que hubiese probado antes y algo molesto, odiaba la forma en la que el cazador lo había mirado, esperando algo más de su parte, siempre era así con sus víctimas. Él les hablaba de forma dulce y todos se entregaban, pero Eren no sólo se había entregado, había despertado en él algo que hacia mucho tiempo no sentía cuando se alimentaba, ese algo más que no quería que saliera a la luz cuando sus planes simplemente habían sido que lo liberara desde un principio. Y allí estaba con la imagen del muchacho en su cabeza y el sabor de su sangre en su boca rehusandose a desaparecer.

La puerta se abrió y Grisha apareció ante sus ojos, sonriente y confiado.

- Prepárate muchacho, hoy te llevaremos a la hoguera, será un espectáculo que no querrás perderte.