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En la oficina de la mansión de los Brower, en Chicago, Susana analizaba lo informado, su mente estaba fija en el gran cuadro familiar que estaba sobre la chimenea. Sus padres habían contratado a un retratista profesional para pintar a la gran y amorosa familia Brower; pero por qué su mirada era calculadora y seria? Pues, en la imagen se mostraba a Rosemary y Vincent sonrientes, a la derecha del padre, Anthony lucía un traje azul marino; pero eso no era lo que le molestaba, sino que, a lado de Rosemary, con una sonrisa, Candy de más o menos 10 años, sujetaba la mano de su madre, debía admitir que el pintor debió haber sido uno bueno, ya que pudo captar y reflejar ese brillo en los ojos de la familia.

-Maldita… - dijo mirando a alguien en particular de aquella imagen – un día vas a arrepentirte de esto.

Una hora antes, la joven había recibido una llamada de Londres, una de las empleadas de los Granchester le informó que hace tres días, los señores habían viajado inesperadamente a América junto a sus padres.

-Ahora lo entiendo. El viaje inesperado de Anthony y Albert, seguramente se encontraran; pero por qué no me informaron? - Estaba molesta.

-Por qué me dejaste solo? – una voz la sacó de sus cavilaciones.

-Qué quieres Neal?

-A ti en la cama.

-Ya me tuviste, lo olvidaste? – alejó su cuello de los labios de Neal.

-Sigues pensando que Terry te hará caso?

-Cállate! Tú qué sabes? – comenzó a enfadarse más todavía.

-Sé que aunque lo niegues sigues estando enamorada de mí.

-En verdad lo crees? – lo miró a los ojos – aun si eso fuera verdad, tú no podrías darme la vida a la que estoy acostumbrada. – esas palabras podrían lastimar el orgullo de un hombre, pero a Neal no le afectaron, la miró con una sonrisa sínica antes de contestarle.

-Sabes puedo hacerlo… es fácil mentir y engañar, acaso no has estado viviendo de esa manera los últimos años?

-Imbécil! – trató de darle una cachetada, mas su mano fue detenida en el instante.

-Tanto que sigo a tu lado. – Neal la acercó y la besó con ferocidad, Susana intentó alejarse de él, pero cinco segundos después estaba correspondiendo aquel beso salvaje, dando inicio así, otra ronda de satisfacción.

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Candy estaba terminando su trabajo, cuando Liam se acercó a ella, desde que llegó al acuario la había estado observando.

-Ya terminaste?

-Oh! – dio un respingo – me asustaste, sí ya terminé.

-Lo siento no era intención asustarte, quería hablar contigo de algo, que te parece si te invito a cenar.

-Bueno… está bien, si no te molesta que Terry venga con nosotros, ya debe estar esperándome afuera.

Esa información tomó por sorpresa a Liam, él recordaba la actitud que tenía el castaño en la universidad, era huraño y tosco, nunca lo vio tratar a sus compañeras de manera delicada, según él, Terry sólo las usaba para una noche y después las abandonaba. Incluso vio como le hizo un desplante a la hermana de Anthony, fue algo bochornoso para la pobre.

-Él y tú…?

-Es mi novio. – Candy se había dado cuenta del interés que Parker tenía hacia ella; así que, era mejor dejar las cosas claras entre ellos.

-Tan pronto? – el mismo Terry se lo había dicho la última vez que lo vio, pero creyó que sería algo pasajero.

-Esto es de hace mucho… Terry y yo nunca dejamos de serlo. – Liam quería decir algo y Candy lo cortó - esto es un inconveniente para ti? Por qué sí es así…

-No, claro que no. Sólo me tomó por sorpresa. – sería inteligente y seguiría otra estrategia. – bueno, si Granchester te está esperando será mejor que vayas, hablaremos después.

-Adiós. – se despidió la rubia.

Mientras tanto fuera del acuario.

-Así que Liam es el dueño.

-Así es, quieres ir a saludarlo? Candy tardará un poco más.

-Sería bueno hacerlo, hace tanto que no lo veo. – abrió la puerta del auto – no vienes?

-Sabes que nunca fuimos amigos, se llevaba mejor contigo y Archie.

-Creí que esa rivalidad que tenían había terminado después de graduarnos.

-Pues ya ves. – se encogió de hombros - apresúrate y ve, se hará más tarde, y si sale Candy, no podrás saludarlo.

-Tienes razón mejor me apresuro. Saldré con mi hermana. – Terry asintió con los ojos cerrados mientras llevaba sus brazos detrás de su cabeza y se acomodaba en el asiento del conductor.

De reojo Terry vio como Anthony entraba al acuario, entonces dirigió la mirada a la pequeña puerta que era la de los empleados, de donde, después de dos minutos, Candy salía. Al verlo la rubia apresuró sus pasos mientras él salía del auto.

-Esperaste mucho? – le dio un beso.

-No, acabo de llegar. – correspondió al beso; pero para desconcierto de la rubia no lo prolongó como solía hacerlo. – vamos? Quiero llevarte a un lugar.

-Está bien. – lo miró extrañada – hay hora de ingreso?

-No, por?

-Es qué… pareciera que quieres salir rápido o… - lo miró inquisitivamente llevándose el dedo al mentón – quieres escapar de alguien?

-Te parece? Es sólo que quiero estar lejos de tu trabajo, ya sabes, a veces sale un compañero que quiere que le hagas un favor y todo eso.

-Ah… bueno, entonces vamos.

Sin esperar que se lo repitiera, Terry, aceleró sonriendo al imaginar de lo que se le vendría más tarde, ya estaba escuchando el reclamo de su amigo, que por una ventana lo había visto partir.

Al saludar a Liam y decirle que Candy era su hermana, Anthony preguntó por ella, su amigo le dijo que ya debió haberse ido porque Terry la recogía puntual, entonces se acercó rápidamente a la ventana de la oficina que daba a la calle, sólo pudo ver cómo el coche se alejaba de la entrada del acuario.

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En la suite de uno de los hoteles de lujo de San Diego, Rosemary y Vincent, conversaban sobre la situación de su familia.

-No podemos seguir en un hotel Vince, tenemos que buscar un departamento si queremos que Candy se mude con nosotros.

-Ya pensé en eso cariño, pero no estoy seguro que Candy se mude con nosotros.

-Por qué lo dices?

-Ella es muy independiente, la escuchaste, trabaja desde los 17, se ha tenido que mantener a sí misma desde la muerte de Margaret.

-Lo sé… mi niña sufrió mucho, por eso quiero recompensarla.

-Yo también mi amor; estoy muy orgulloso de mi princesa, ha demostrado ser muy fuerte.

Candy les había contado todo lo que tuvo que vivir cuando se quedó sola, como luchó para poder mantenerse y seguir estudiando después de la muerte de Margaret. Cuando les contó que estaba estudiando para ser veterinaria, Albert se puso de pie para abrazarla cuando le dijo que él le había inspirado a seguir esa carrera, estaba alagado y feliz por su sobrina.

Cuando le preguntó a Vincent si estaba decepcionado porque no sería una doctora, éste le contestó que nunca lo decepcionaría, que ella debía seguir sus sueños y no el de los demás.

Rosemary por su parte, se sentía orgullosa de Candy; pero eso no quitó la tristeza y culpa que sintió al saber que su niña había sufrido tanto, cuando siempre había planeado darle todo, que prometió cuidarla desde que la tuvo en sus brazos.

-Y si no acepta vivir con nosotros, Vince? Y no quiero alejarme de ella.

-Esperemos a mañana. Hoy aprovechemos que está con Terry y Anthony para buscar un departamento y ya luego se lo consultamos.

-Tienes razón, tengamos el departamento primero. Eleonor y Richard deben estar por llegar.

Cinco minutos después, los esposos Granchester llegaron al hotel y junto a los Brower salieron para buscar un departamento.

-No quiero verla Vince! - una Rosemary furiosa azotó la puerta de la habitación, Susana había llamado a su padre al celular, pero éste no le contestó.

-Te entiendo mi amor; pero… - la mirada seria de su esposa lo detuvo para continuar. – de acuerdo, no le diremos que estamos en América.

-Sé que estoy siendo cruel… pero… ella vio como me afectó el haber perdido a Candy. – Vincent se acercó a su esposa para abrazarla y reconfortarla – por qué hasta ahora no puedo amarla Vince?

-No te sientas mal amor, fueron las circunstancias – no quiso admitir que él se sentía igual que su esposa, pensó que por lo menos uno debería omitirlo.

-Es tan distinta a nosotros…

-Lo sé, pero ten en cuenta que no se crió con nosotros, la mayor parte de su vida estuvo con los Marlow.

-Crees que ya sabe que estamos en América? O por qué te llamaría entonces?

-No creo que sepa dónde estamos, debe estar llamando para saber de Terry.

-Él ya le dijo que no quería nada con ella, qué hará cuando sepa que él está con Candy? – Rose se preocupó - crees que sea capaz de hacer algo en contra de ella? – miró a su esposo – porque si se atreve a…

-No creo que intente algo en contra de Candy, no se lo permitiré.

-Tienes razón… ahora vamos a protegerla.

-Así es. Me olvidé decírtelo, ya inicié su castigo. – asintió con la cabeza al ver la mirada de entendimiento de su esposa.

-No creo que sea suficiente. – la molestia regresó a la rubia al recordar lo que Susana había hecho – pero no importa, por ahora, será mejor que me tranquilice, pronto llegará Candy. – entonces una sonrisa apareció en su rostro – crees que acepte?

-Espero que sí. – en ese momento escucharon que la puerta se abría y vieron a Anthony entrar. – al fin llegan…

-Y Candy?

-No la esperes mamá, Terry me engañó y la secuestró. – dijo molesto.

-Cómo es eso? – su padre sonreía de la molestia de su hijo, él ya esperaba que eso sucediera.

-Lo que dije, me engañó y se la llevó, ni siquiera pude saludarla.

-Bueno, creo que deberíamos darles tiempo juntos, la hemos acaparado estos días.

-Pero…

-Cariño – interrumpió a su esposa – ayer, tú y Eleonor la llevaron de compras todo el día; antes de ayer, salió a cenar con Albert y no olvides que tú – señaló al menor – le pediste que te mostrara la ciudad y lo hizo desde que la viste.

-Pero aun así, Terry…

-Terry respetó nuestro deseo de pasar tiempo con Candy y no la visitó más que un par de horas. Ahora sean sinceros y respondan si ustedes hubieran hecho lo mismo.

-No. – respondieron madre e hijo al mismo tiempo con la mirada baja, entendieron que Vincent tenía razón, ellos deseaban estar con la rubia y la estaban acaparando, reconocieron que les dieron tiempo a solas a Terry y Candy.

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-Terry! Cómo pudiste hacerle eso a Anthony? – Candy le había preguntado a Terry dónde estaba su hermano, habían quedado de ir a comer juntos.

-Nos estaba quitando tiempo a solas. – dijo con simpleza.

-Debe estar molesto.

-Supongo, si habría sabido que era un cuñado pegajoso, no lo hubiera llamado.

-No seas malo, él sólo quiere recuperar el tiempo perdido.

-Lo sé y lo entiendo, sé muy bien que tu familia quiere recuperar esos años de distanciamiento; pero, yo también quiero tiempo a solas con mi novia. – la miró y le guiñó el ojo.

-Yo también lo deseo. – le sonrió como sólo ella lo hacía y él quedó más cautivado aun.

Después de unos minutos conduciendo llegaron a su destino, el edificio del apartamento de Terry. Cuando subieron al ascensor la rubia se extrañó cuando el castaño no apretó el botón de su piso, sino el de la azotea.

-La azotea?

-No seas impaciente, ya lo verás. – una vez que llegaron a su destino, Terry le cubrió los ojos con las manos y la guió para que no tropezara. -Te gusta? – le preguntó cuándo le quitó las manos.

-Es… es hermoso… - Candy miraba el lugar, Terry había preparado una cenar en la azotea, le pidió ayuda a Annie para decorar el lugar; ella también cocinó y se ofreció a servir la comida. Las luces y velas, la mesa con unas rosas rojas y una botella de vino esperando, cautivaron la mirada de Candy, era la primera vez que alguien hacía eso por ella, le pareció realmente romántico.

-Bienvenidos.

-Annie?

-Esta noche seré la mesera. - la miró con una sonrisa cómplice. – por aquí, por favor. – los llevó a la mesa y fue Terry quien le ayudó con la silla.

-Gracias. – lo miró con una enorme sonrisa – esto es… Terry, es hermoso.

-No hemos tenido mucho tiempo para nosotros.

-Lo sé y lo lamento.

-No te preocupes, ya te dije que lo entiendo. Quien no quisiera quieran pasar tiempo contigo? - la miró a los ojos con deseo.

-Terry… no exageres. – se puso nerviosa.

-Ok, mademoiselle, disfrutemos de esta noche.

-Claro.

Durante la cena, los jóvenes hablaron sobre su día; Candy le contó lo que le había dicho a Liam, y aunque Terry se sintió orgullosos por la aclaración que su novia le había hecho a su jefe, le molestó que después de que él mismo se lo haya dicho, hubiera tratado de invitar a su novia a cenar.

-Candy…

-Sí? – ella lo miró con una sonrisa que desapareció al ver la seriedad de su novio. – qué sucede?

-Candy… recuerdas lo que te pedí cuando nos encontramos? – ella lo miró por unos segundos hasta que recordó lo que le había pedido. Así que, asintió sin decir una palabra – ya tienes una respuesta?

-Yo… si quiero; pero… mis padres también me insinuaron que me mude con ellos.

-Y qué decidiste entonces?

-Tengo miedo… - él trató de interrumpirla – es decir que, es un gran paso, tengo miedo decepcionarte, que no sea lo que esperas…

-Candy! - La detuvo en seguida – amor, lo más probable es que tú te decepciones de mí, mi carácter es fuerte, soy celoso y pierdo la paciencia rápidamente.

-Jamás me decepcionarías! sigues siendo el mismo. Eres cariñoso y atento conmigo, siempre me tuviste paciencia, así que no sé de qué hablas cuando te describes de esa manera.

-No dijiste que no soy celoso.

-Eso es porque eres el hombre más celoso del mundo.

-Y así me aceptas…

-Y así te aceptó.

-Entonces?

-Mis padres van a odiarte, porque vas a llevarte a su hija.

-Candy? – la sonrisa de Terry se ensanchó tanto que mostró todos sus perfectos dientes.

-Me mudaré contigo. – él se acercó a ella y la besó, Candy correspondió al beso sin borrar su sonrisa. – te amo… susurró sobre sus labios.

-No más que yo pecosa. – Terry intensificó el beso, algo que incomodo a Candy al pensar que Annie la estuviera viendo.

-Annie… ella… - dijo muy bajito apartándose del castaño.

-Ya se fue. – entonces Candy miró alrededor y corroboró que su amiga ya no estaba en el lugar. – se fue hace un momento. – no tienes excusa para rechazar mis besos bonita.

-Ese no es mi plan, guapo.

Terry la volvió a besar, esta vez de una manera apasionada, a la rubia no pareció incomodarle o molestarle, al contrario, estaba tan ansiosa como su novio; al darse cuenta Terry que ella también lo deseaba, la guió a unos almohadones que estaban acomodados estratégicamente en una esquina, internamente prometió que le compraría un regalo a Annie por su iniciativa; al llegar Candy se puso de rodillas mientras poco a poco el cuerpo de Terry la iba cubriendo.

-Terry…

-Nadie vendrá, la puerta está cerrada.

Y con eso Candy ya no dijo nada más, bueno ninguna palabra que no sea el nombre de Terry, al amanecer abrazados cubiertos con una manta vieron como salía el sol; internamente, ambos se hicieron una promesa, y la cumplirían a cómo de lugar.

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Cómo están? Disculpen que hay subido el capítulo 11 nuevamente. Bueno, si quieren que en el próximo capítulo Susana se encuentre con los rebeldes, háganmelo saber.

Saludos y se cuidan mucho.