Resumen:La lectura de un libro lleno de oscuridad por in ha terminado, la recta final está a solo tres libros de distancia y cuando todo parecía tranquilo, las cosas comienzan a tomar una intensidad memorable. Entre risas y burlas, Rose tiene que recordarse a sí misma y una y otra vez que una de las razones por la cual lee el libro es solo para cerrar un capítulo de su vida, esperando que Dimitri hiciera lo mismo. El deseo de Lissa por el vínculo ya no existe más, siendo reemplazado por el deseo de querer usar la magia como arma defensiva, ¿podrá acaso controlar los cuatro elementos con la ayuda de su bendecida por la sombra?

~ Debo decir que la saga Vampire Academy fue un libro escrito por Richelle Mead


~ Leyendo el Pasado IV ~

Leyendo el capítulo
Familia, regalos y… ¿Nieve?

DÍA ANTES DE NAVIDAD.

Escondidos se encontraban Rose y Eddie mirando hacia el blanco fijado por ambos. Con una mirada intercambiada ambos asintieron y en cuclillas comenzaron a moverse por el perímetro establecido. La víctima se encontraba en su modo más calmado y apaciguado, aún ignorante de las presas mayores que estaban rodeándole para evitar que pudiera escaparse. El silencio era tan denso que se podía tocar en el aire, incluso así, ambos permanecieron aún más en silencio para que la criatura no los mirara.

Hubo un momento en que un crujido bajo el pie de Rose se hizo que la criatura alzara la mirada por un momento. Quieta como los avestruces, esperando a que no la vieran, Rose pudo respirar finalmente después de un tiempo. La muchacha dejo escapar todo el aire contenido y al alzar la mirada por debajo del escondite pudo ver la mirada de Eddie que parecía rogarle mantener el silencio. La muchacha asintió y luego señaló con ambas manos, extendiendo la palma en forma vertical y golpeando suavemente la palma de ésta con el dedo índice de su otra mano. El muchacho asintió comprendiendo que se refería a la criatura. Su mano se desvió rápidamente hacia atrás y se encontró con el arma definitiva.

– ¿Qué haces, terminamos ese libro hace unos días? – Una voz hizo que ambos se inclinaran al suelo nuevamente. Alzando con cautela la mirada, se encontraron con alguien que hablaba con la futura víctima.

– Lo sé – Sonaba tensa la víctima – Es que hay algunas cosas que aún me molestan y me sorprende que estén escritas aquí

– Que mal – Declaró quien había aparecido hacía poco tiempo.

– Lo sé – Apenas se escuchó la voz, pues sonaba amortiguada por su propia voz, como si hubiera sido provocada para que no se escuchara con claridad.

La morena miro a su compañero que seguía mirando hacia la víctima del siguiente gran movimiento, tardo en darse cuenta de que tenía la mirada de la muchacha encima suyo. Sonrió ligeramente e hizo un ademan hacia la víctima y su nueva compañera, con una clara proposición de atacar a ambas. La sonrisa en el rostro de Rose se hizo ancha, cargada de malicia. Su mano se dirigió rápidamente hacia el arma que había estado en su espada y luego miro hacia adelante donde estaba la piscina. La víctima original y la nueva víctima estaban allí sentadas en las sillas playeras hablando con calma frente a la piscina.

Rose alzó dos dedos en alto para que su compañero los viera. Él asintió cuando estaba preparado y la muchacha dejo caer ambos dedos en dirección de las dos víctimas.

Con un rápido y feroz movimiento ambos saltaron de sus escondites con un grito de guerra y presionaron el gatillo de las pistolas que traían consigo. Pistolas de casi cincuenta metros apuntaron a dos chicas que vestían en ese momento con shorts y poleras, ropa liviana para el gran sol que había en ese momento. Un disparo se dirigió a ambas chicas que no pudieron evitar gritar enseguida. El chorro mojo por completo sus ropas y provoco que se cubrieran las caras con las manos. El agua estaba helada… realmente helada, como si la hubieran preparado con hielo con antelación.

– ¡Rose! – Grito Lissa aun cubriendo su rostro del agua que estaba saliendo disparado de la pistola de juguete que la muchacha estaba manejando.

Entre risas y lágrimas, la acompañante de Lissa, Jill, intentó quitarle la pistola a Eddie para dispararle a él, pero el muchacho se movió más rápido y con lo poco de munición que le quedaba corrió dentro de la casa, detrás de él Rose dejó a Lissa y siguió apuntando con la pistola en lo alto.

Dentro de la casa, la pareja se escondió rápidamente pues las dos chicas de afuera se acercaron al interior. Conteniendo la respiración y las risas esperaron a que el camino estuviera libre para no tener problemas con ambas chicas.

– Eso ha estado bien – Comento Eddie una vez que las dos chicas se habían ido.

– Pudieron habernos matado – Se rió la chica con calma – ¿Qué dices? ¿Buscamos más víctimas?

– Viene bien el descanso después de todo lo que ha sucedido – Eddie dijo riendo.

Los dos chicos dejaron caer las pistolas en la mesa del comedor para poder recargarlas con más agua en el fregadero. Se miraron unos a otros, preguntándose si debían correr a buscar más víctimas pero la respuesta ni siquiera llego a ser formulada porque en ese momento alguien entró en la sala y no se veía muy contento.

– ¿Qué pasa contigo y ese traje? – Preguntó Rose a Abe, quién comenzaba arreglarse la ropa que traía puesta, preparado para salir a algún lado.

– Debo hacer un negocio, así que tú tienes una misión para mi ausencia –

– Interesante – Dijo Rose con una mueca – ¿Qué quieres de mí, viejo? Sabes que cobrare esto, ¿no?

– Exacto – Abe camino hasta la sala donde en una mesita junto a la pared había un jarrón nuevo. El jarrón era más o menos mediano, tenía dos orejas y el cuello era delgado. Los colores eran casi opacos, pero diversos entre morado, café, amarillo y naranja, estaban pintados en franjas horizontales y onduladas – Esta cosa es tu misión – Acerco las manos al jarrón, pero no lo toco, mantuvo la distancia mientras lo miraba como si se tratase la última maravilla del universo.

Rose frunció el ceño – ¿Seré la niñera de un jarrón? –

– Va a ser una noche interesante – Eddie se burló.

Abe miró a los dos chicos y mientras caminaba hacia ellos hacía un gesto con las manos – Aquel jarrón vale más de dos millones, si uno de ustedes lo rompe o cualquier otro lo hace, recae en ti la culpa – Señaló a Rose – Dos. Millones.

– ¿Es broma? –

– No lo es – Abe dijo rápidamente – Necesito que lo cuiden. Gracias a este bebé podré hacer un negoción más grande todavía

– Viejo, estamos en la época de navidad. No debería cuidar de un jarrón sino salir a buscar regalos –

– ¿No has comprado aún los regalos? – Eddie preguntó alzando la ceja.

– Claro que lo hice, solo me faltan unos pocos – Explicó Rose con calma – Como el tuyo por ejemplo. Pensaba en regalarte un suéter navideño, pero veo que Jill ya te regalo ese feo que tienes

El rubio frunció el ceño y señaló el suéter navideño que traía puesto, era de color azul con el rostro de Rodolfo en el centro. Hecho a mano por completo. – Lo hizo ella –

– Sí, se me adelanto a la idea de regalarte un feo suéter navideño – Rose se encogió de hombros.

– Está bien, no me interesa – Abe dijo – Cuida del jarrón. Oh, y guarda esas cosas, vas a mojar toda la casa

– Diecinueve años sin un padre y ahora de la nada aparece uno que me manda como si fuera el rey del mundo – Bufó Rose obteniendo una mirada seria de Abe – Y ya que sacas el tema de navidad

– No lo he hecho. Tú lo hiciste –

– Lo que sea. Haremos una cena así que no llames a los proveedores – Dijo Rose con calma, Eddie chasqueó los dedos asintiendo y luego miró a Abe con una sonrisa. – Y ya que tengo casi todos los regalos, pero aún me faltan necesitaré las llaves… y dinero. Así que cuidaré del jarrón y tú me darás lo que necesito

Abe miro a la muchacha con seriedad aún, escaneándola con los ojos e intentando ver más allá de sus palabras. Una sonrisa se torció en sus labios dejando visible uno de los colmillos que le pertenecían al ser un vampiro. De su chaqueta saco una tarjeta negra con una franja plateada que tenía su nombre en letras doradas y se la entregó a la chica.

– Espero que esto valga el cuidado del jarrón – Abe extendió la tarjeta.

– Espero que sí – Rose asintió tomando la tarjeta.

Tras la conversación Abe se marchó por fin, y tras dejar la pistola de agua tirada sobre la mesa la muchacha se dirigió hacia la sala para mirar el dichoso jarrón de dos millones. Ante sus ojos no era nada fuera de lo normal, ni siquiera brillaba aunque la cerámica también parecía ser rasposa, quizá ni siquiera era cerámica sino greda o algo por el estilo.

– No lo entiendo – Eddie dijo cargando dos botellas de agua en las manos, le entregó una a la chica y ambos se dejaron caer en el sofá con el televisor encendido en un show de televisión – ¿Por qué le importa tanto cuidarlo? Está bien que sea caro, pero aún así…

– Ni siquiera lo intentes, Eddie – Rose sacudió la cabeza – Ni yo puedo saber que se le pasa por la mente al viejo

– Y son parientes – Dijo Eddie. Rose alzó las cejas y asintió, los dos chocaron las botellas y bebieron del agua mirando hacia el televisor.

La casa de verano de Abe estaba resultando más cómoda de lo que Rose hubiera esperado, tenía de todo… bueno, casi todo, porque no había un gimnasio en donde poder entrenar para no oxidarse, pero de todos modos con cuatro salas casi ni siquiera importaba la seguridad tanto como importaría si estuvieran afuera.

La decoración en la casa estaba completamente terminada, un gran árbol se encontraba en un esquina de la sala, un pino pequeño, pero real y con el clásico aroma silvestre. Adornado con oropel, pelotas de colores y algunas figuritas, rebosaba en alegría navideña con las cuatrocientas luces que tenía alrededor suyo. La brillante y dorada estrella en la copa. Debajo del árbol había un centenar de regalos envueltos en diferentes papeles, todos con una preciosa cinta navideña y con tarjetas.

La casa completa estaba preparada para la navidad, salvo que Rose no tenía todos los regalos completados. Pensándolo bien, y tachando en su lista mental: para Lissa tenía un collar con las letras BF, algo cursi pero que sabía que a la muchacha le gustaban esas cosas; para Christian tenía una taza que decía Bebo sangre, (y tenía el dibujo de unos colmillos ensangrentados) seguramente los humanos se las regalaban a los fans de los vampiros y le pareció cómico regalárselo a un vampiro real; para Adrián tenía una billetera con dibujos de signo de dólar para declarar lo millonario que era (o la cantidad de dinero que podía tener en esa cosa); para Sydney tenía una pulsera de plata; para Mia compro un collar con una gota de agua que contenía un liquido por dentro, lo que sea se veía bonito; para Jill compró un vestido bonito que combinaba con sus ojos; para Eddie compró unos zapatos nuevos tras notar que los suyos (lo que usaba cuando estaba vestido como guardián) se estaban desgastando; para Dimitri compró el último ejemplar que salió a la venta sobre un libro de vaqueros. Haciendo cuentas, ella suponía que no le faltaba nadie salvo sus padres…

Mierda.

Sus padres. ¿Qué iba a regalarle a un hombre que lo podía tener todo y a una mujer que no le interesaba nada? Si es que era la peor suerte que tenía ahora. No tenía tiempo de pensar con claridad y fríamente, la navidad se acercaba. El día de mañana se abrirían los regalos y ella no tenía nada de nada. ¡Nada!

– Ya sabes como son ambos, trata de comprar algo que les vendría bien. Creo que a Abe le gustaría un nuevo traje que sea… ya sabes… abrumadoramente llamativo – Lissa le comentó esa mañana cuando ella había ido a preguntarle por alguna idea – Y a Janine siempre puedes regalarle un bonito collar

Y aunque el consejo de Lissa no era malo, suponía que su madre en su vida usaría joyería. Ella no era de joyas, era una mujer ruda.

– Lo que sea que venga de tu parte estará bien – Dimitri le dijo. Eso… no ayudo en nada, sinceramente. Por supuesto que Dimitri diría algo así, ¡así es él!

Y ahora, después de jugar con Eddie y las pistolas de agua, unas cuantas botellas de fresca agua y aburridos programas de televisión se había decidido por fin levantarse e ir al centro comercial más cercano para poder comprar el regalo de ambos.

Sinceramente se inclinaba hacía la idea de Lissa, pero francamente no estaba segura de que sea buena idea. Abe podía tener los trajes que quisiera, su madre no usaba joyas. ¿Qué hacer? Escaparates con ropa preciosa, cara y otras en oferta. Para hombres los mejores pantalones, zapatos bastantes caros. Joyas para hombres y mujeres. Perfumes caros pero deliciosos. ¿Dulces? ¿Chocolate? No estaría nada mal, ¿verdad? A todo el mundo le gustaba el chocolate.

Estuvo horas dando vueltas por el centro comercial preguntándose qué podía comprar. En su celular la hora que marcaba era algo tarde y estaba por anochecer. Ella no creía que fuera a ser la presa de un strigoi esa noche, pero tampoco quería arriesgarse así que volvió a casa.

Se encontraba en calma, pensando en que regalarle a sus padres. Tenía un día para pensar en que regalarles y comprarlo, un día para quebrarse la cabeza pensando, y hablando de quebrar.

– ¿Qué mierda han hecho? – Las llaves resbalaron de su mano hacia el suelo y sus ojos se abrieron de golpe al ver aquel jarrón tan, pero tan, caro que Abe le había pedido cuidar. Junto al jarrón, intentando arreglarle la oreja rota, se encontraba Adrián tratando de pegar la oreja despreocupado.

– Ha sido Adrián – Eddie alzó las manos rápidamente. En la sala estaban todos sus amigos reunidos rodeando al costoso jarrón.

Acaba de llegar a la casa y lo primero que se encuentra tras estacionar el auto es esto… ¡ESTO!

Algo iba a suceder. Algo malo. Abe la iba a matar. Los iba a matar a todos los que estaban aquí. ¡Un jarrón de dos millones se ha roto! No, espera, ¿qué ha pasado y por qué se ha roto ese jarrón? ¿Qué mierda ha sucedido aquí?

– Pensamos que podríamos reemplazarlo – Lissa le comentó cuando ella había salido el shock y había expresado su disgusto en palabrotas hacia todos. Se encontraba ahora intentando relajarse en el sofá, pero aquel jarrón se burlaba de ella mientras intentaban arreglarlo – con uno falso, quizá no sería tan grave, pero no hemos podido encontrar nada. He buscado en internet y dice que el jarrón se llama Aguas Coloridas, es una reliquia antigua preciosa que usaba una colonia para venerar a los dioses durante el fin de las cosechas. Al parecer llenaban el jarrón de agua y lo colocaban en un pedestal en un festival que se hacían para el final de una cosecha. Se dice que todo este ritual era usado para que los dioses se vieran felices con las aguas y les dieran buenas próximas cosechas. ¿A qué es genial?

– Lissa, eso es lo menos – Rose gruñó al ver a la chica con la tablet.

– Está bien. Escucha, es un ejemplar único, sin embargo según encontré en internet no ha sido la primera vez que se ha roto – Lissa dijo mirándolos a todos – La idea es pegarlo, cubrir las grietas y volver a pintarlo. Esconderemos el jarrón poniendo cualquier otro y cubriéndolo con un mantel. Si Abe, u otra persona pregunta, diremos que estamos evitando el polvo o lo que fuera. Quizá un poco de coacción nos venga bien de apoyo

Rose miro a su mejor amiga y luego asintió, sorprendida de que la chica lo tuviera todo planeado. Pensó un poco en lo que podría suceder si alguien se enteraba de la farsa del jarrón, ¿irían a prisión? No es algo que le guste hacer, de nuevo. ¿Abe los mataría? Sí, eso era muy probable.

– Está bien, vamos a arreglar el jarrón – Dijo ella finalmente. Cansada y sin querer pensar más. Su cabeza ya no daba más para pensar.

Subió las escaleras cansada, estaba dejando su vida en manos de un par de tontos. ¿Qué se supone que haría ahora? Claro, todos parecían estar al tanto de lo que el jarrón significaba, seguramente Eddie se había encargado de decirles, pero eso no cambia el hecho. ¿Qué debía haber hecho ella, llevarlo consigo al centro comercial como si fuese un bebé? Maldita sea, jamás imagino que eso sucedería.

– Te ves algo estresada –

Alzó la mirada del suelo, pues se había quedado de pie parada pensando en lo sucedido. Dimitri le sonreía con calma, evidentemente no estaba enterado de lo sucedido, o no le interesaba. Lo cierto es que aquel hombre no era de niñerías como los demás, no era de sentarse abajo y jugar a "quién es más tonto" con los demás. Siempre prefería estar solo, tranquilo y leyendo un libro o estando con ella ambos en un ambiente cómodo dónde nadie les moleste.

– Bueno, lo estoy. Tengo que comprar ahora un regalo de dos millones para Abe, ¿alguna idea? –

– Oí lo que sucedió – Hizo una mueca – Lo siento

– Yo lamento no haberme llevado el jarrón conmigo – Suspiró ella cansada – Y sobre el regalo de mis padres, en serio necesito uno que valga dos millones ahora

– Sabes que el valor monetario no es lo importante –

– Eso le dices a los pobres. Tengo la tarjeta de Abe –

– Entonces, ¿es un regalo que está pagando él para él mismo? –

– No, se lo daré yo así que… – Se encogió de hombros. Sacudió la cabeza.

– Está bien, piensa un poco, ¿qué es lo que Abe podría querer? – Dimitri preguntó con calma. La pareja comenzó a caminar lentamente hacia su habitación, en donde Rose pudo ver un libro con temática de vaqueros junto a una taza de chocolate a medio terminar. Ella se sentó en la cama mirando a su novio y torció los labios.

– ¿Una máquina del tiempo para evitar que rompieran el jarrón? –

– Okey, algo más realista –

Torció los labios pensando. ¿Qué podría querer Abe aparte de matarlos a todos? Un momento, eso podría… y su madre… tal vez podría funcionar. Sí, ¿por qué no? No había visto que Abe usara una nueva y su madre mucho menos. De hecho podría funcionar. Wow… la mejor charla de toda la vida. Le aclaró sus dudas y aunque aún no sabía qué hacer con el maldito jarrón estaba un paso menos.

Escuchó un ruido provenir de abajo así que rápidamente corrió a ver que estaba sucediendo, Dimitri detrás de ella iba armado. No esperaba encontrarse a un strigoi, pero nunca se sabía. Sin embargo, para su suerte más bien, eran chillidos de las chicas. Ella observo el jarrón sorprendida. La oreja estaba pegada, pero era muy notorio que algo sucedió allí.

– ¿Por qué los gritos? – Preguntó Rose rápidamente.

– Vi una araña – Mia dijo con una mueca.

Resopló al mirar a sus amigos. Torció los labios al jarrón y luego sacudió la cabeza.

– Abe va a matarme – Asintió ella – Y va a ser su culpa…

– Suerte que no vemos fantasmas como tú o estaríamos viéndote en todos lados – Christian murmuró.

Rose le gruñó.

DÍA DE NAVIDAD.

Tenía que admitir que el jarrón había quedado mucho mejor de lo que ella esperaba y Abe aún no se había dado cuenta, lo que hacía su día maravilloso. Sin embargo, aún estaba bastante nerviosa por el tema del jarrón. Gracias a las grandiosas manos de Lissa, sabía que no habría problemas, pero aún le preocupaba mucho el jarrón… y su vida propia.

Tenía los regalos terminados. Al fin. Y solo le faltaba esperar hasta navidad. Llevaba dos horas viendo a sus amigas hacer galletas de jengibre y bebiendo chocolate caliente, por su parte no podía estar más nerviosa de lo que ya estaba.

– Todo va a estar bien. Ni siquiera se nota que alguien lo rompió – Dimitri se sentó a su lado y le entregó una taza con chocolate.

– Eso espero, no pude pegar ojo en toda la noche por culpa de estos dos tontos – Murmuró Rose.

– No te preocupes por ellos. Estoy seguro que Abe no se dará cuenta – Sonrió Dimitri.

– Eso espero – Susurró ella.

La navidad era la época de la que menos podía gustar Rose, al menos eso quería decir ella pero sabía que no. Tiempo atrás no dudaría de decirlo que solo era un día en que las tiendas se ponían felices por la alta de clientes y dinero, pero quitando los regalos, la verdad es que a ella le gustaba mucho esta nueva navidad que estaba teniendo. Familia cerca, amigos cerca, novio cerca. Nada podía ir mal, ¿oíste universo, nada? Bebiendo chocolate, hablando con sus amigos, compartiendo un par de risas. La navidad era casi perfecta, ni un strigoi podía arruinarlo.

La cena navideña se veía deliciosa, estaba deliciosa. No sabía a ciencia cierta quién la cocino, pero podía apostar a que la hizo Christian y francamente no lo iba a admitir en voz alta así que se dedicó a dejar que sus pensamientos dijeran que estaba deliciosa solo para ella. No iba a decírselo a él.

No canto. Fijo que no canto. Aunque, aunque, ella podía escuchar suavemente tararear a algunos de sus amigos canciones navideñas. Los especiales navideños de la tele no eran malos, le gustaban. Se sentía cómoda al lado de su novio mientras continuaba conversando con todos en la mesa, comiendo la cena y escuchando chistes. Nada importaba más que aquella extraña e irregular familia, sus padres apenas hablaban porque parecían más pendientes de otra cosa, le ponía tensa cada vez que Abe se paseaba cerca del jarrón o lo miraba intrigado, parecía ser que el viejo ya estaba captando algo y cada vez que iba a tocarlo alguien lo interrumpía (gracias a dios).

– Tarde o temprano se va a enterar – Sydney le dijo a Rose.

La muchacha asintió con la cabeza y luego hizo una mueca al ver el jarrón, casi considerando contarle la verdad al viejo, pero cuando las campanadas lejanas de la ciudad y las de la tele comenzaron a sonar olvido la idea de inmediato.

25 de Diciembre era una fecha especial para los codiciosos, donde los niños pedían y pedían juguetes, y los adultos se llenaban la boca con el dinero de las personas que buscaban que obsequiarle a los demás; sin embargo, pese a todo ello, la fecha era especial porque las familias podían estar juntos y pensar en alegría y bondad, olvidando el capitalismo. Rose sabía que su familia era diferente: vampiros, dhampir, alquimista, nada de ello era normal entre los humanos, pero aún así era su familia al fin y al cabo. No podía cambiarlo. Padres con los que apenas hablaba y amigos que le hacen desear no tener enemigos al tenerlos a ellos. Honestamente estaba contenta de poder pasar siquiera un momento con esa familia tan disfuncional.

Y cuando los abrazos y los besos terminaron, se sorprendió de saber que las bufandas que había comprado, con un toque especial que mantenían la inicial de los nombre de sus padres a uno de los extremos, en realidad les habían gustado. Compro una negra para su madre, para aquellas noches tan heladas siendo guardián, aunque sabía que la mujer seguramente estaba acostumbrada a ello, y no solo era negra sino que tenía un apenas visible diseño de un patrón floral. En cuanto a Abe, compró algo más llamativo, era una bufanda de colores vivos y así mismo no tan brillantes. Le pareció adecuado la bufanda para ambos, su padre le había regalado la suya que era una herencia familiar y su madre fue la primera que la reconoció. Evidentemente, esa familia tenía algo por las bufandas si ahora su hija les había regalado una a ambos.

– Otro libro que no puedo esperar a leer – Escuchó un suave murmullo en su oído. Sonrió ligeramente y luego miro a su novio que la había tomado de la mano.

– Lo sé – Dijo con una sonrisa de superioridad. El muchacho le sonrió ligeramente, entregándole una pequeña cajita que tenía una decoración preciosa de lo que parecía ser dibujos de oropel o hecho con oropel. Ella miro a su novio que le asintió para abrir la caja y cuando lo hizo se encontró con un lápiz labial de su marca favorita. Estaba sorprendida de encontrar aquello, francamente tampoco esperaba un anillo o un collar, pero sinceramente nunca se le hubiera pasado por la cabeza encontrar un lápiz labial. Miro el objeto entendiendo por fin que se refería Dimitri con "lo que venga de ti", y una gran sonrisa miro a su novio.

El lápiz labial no era solo un regalo como tal, era un recuerdo de otro que anteriormente le había regalo él. La intención allí era más que solo entregarle algo que podría gustarle, era darle algo especial. Lo mismo que ella hizo con sus padres. El lápiz labial era especial para ella, porque en aquel entonces significaba que Dimitri le prestaba atención aun antes de ser pareja oficial.

– Es perfecto – Dijo ella con una sonrisa. Dimitri le sonrió y luego la abrazo. Apenas si les prestó atención a los demás que estaban todos conversando mientras abrían los regalos, ya que en ese momento solo le importaba estar junto a su novio y luego ya vendría su familia. Su familia bastante disfuncional, pero que al fin de cuentas amaba.

– ¿Alguien le hizo algo a mi jarrón? – Fue lo último que alcanzo a escuchar por parte de Abe antes de que Jill gritara sorprendida que estaba nevando. Rose frunció el ceño y corrió rápidamente hacia la ventana encontrando con que en realidad estaba nevando, algo blanco estaba cayendo hacia el suelo lentamente y a montones, pero según podía notar era solo allí en la casa no lejos de ella. Alzó la mano a través de la ventana y se sorprendió de que le cayera encima una especie de espuma blanca. Con los demás gritando emocionados y saliendo hacia afuera ella miró a Abe intrigada.

– Feliz Navidad – Dijo aquel hombre, sorprendiéndola a ella de que buscar alguna forma de que nevara, aún si era nieve falsa. La chica sonrió a sus amigos y familiares pensando en que la próxima navidad… ojala no llegara nunca para no tener que pasar por los mismos problemas. Era agotador. Pero (viendo la caras de todos sonrientes) valía la pena.

Continuará…


Feliz Navidad a todo el mundo. Bien, antes que nada, ya sé que el capítulo no es nada menos algo grande, pero la verdad es que yo tenía otra idea para el especial de navidad y por alguna razón cuando comencé a escribir me fui por otro camino y como tal decidí ver como funcionaba este camino. Me gusto el resultado aunque como he terminado el capítulo hoy y tengo otras cosas que hacer, por desgracia, no puedo arreglarle o darle detalles así que tendré que dejarlo así, aunque igual me gusta.

De todos modos, lo más importante... es el lunes que viene. Sucede que no tengo capitulo escrito, de hecho nada de nada, ni el titulo, y no sé si mañana pueda escribir porque ya saben es 25 y hay que ver a la familia, etc, etc. La cosa es que no puedo hacerlo, así que no creo poder actualizar el lunes o en la semana así que lo siento mucho. La próxima semana y es año nuevo, así que es otro ajetreo más y con todo esto no me ha dado mucho tiempo de escribir. Así que supongo que la próxima actualización será en Enero por fin. De todos modos voy a ver si logro subir un capitulo, no lo prometo pero espero que estén atentos, pero sí o sí el día 2 de enero se actualiza.

Dicho todo esto, espero que tengan una feliz navidad con sus familias y amigos, nos veremos el otro año con más de Vampire Academy.

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Se despide Lira12.