Explicaciones al final del capitulo.

Resumen:La lectura de un libro lleno de oscuridad por in ha terminado, la recta final está a solo tres libros de distancia y cuando todo parecía tranquilo, las cosas comienzan a tomar una intensidad memorable. Entre risas y burlas, Rose tiene que recordarse a sí misma y una y otra vez que una de las razones por la cual lee el libro es solo para cerrar un capítulo de su vida, esperando que Dimitri hiciera lo mismo. El deseo de Lissa por el vínculo ya no existe más, siendo reemplazado por el deseo de querer usar la magia como arma defensiva, ¿podrá acaso controlar los cuatro elementos con la ayuda de su bendecida por la sombra?

~ Debo decir que la saga Vampire Academy fue un libro escrito por Richelle Mead


~ Leyendo el Pasado IV ~

Leyendo el capítulo
cuatro

Rose's POV.

Había que despertar temprano para que nadie se diera cuenta de lo que estaban haciendo a escondidas. Si bien, a Rose le molestaba tanto como a Lissa el no poder decirle a nadie lo que estaban haciendo a escondidas la chica sabía que Dimitri era consciente de sus escapadas tempranas, la forma en como de vez en cuando se rascaba la piel como si tuviera una fuerte picazón y lo mismo ocurría con su mejor amiga, pero él no iba a decir nada y eso era algo que Rose daba por hecho.

Ese día no había sido diferente a los otros. Se había levantado temprano como de costumbre y había puesto en marcha el auto hacía un lugar lejano y apartado para que nadie pudiera sentir la magia fluir. En silencio, Rose desviaba la mirada de vez en cuando hacia la rubia que parecía pensar en algo y aunque Rose tenía claro lo que era prefirió no entrar en el tema.

Le costaba un poco adaptarse a ver como su amiga usaba el espíritu y les afectaba a ambas, aun cuando usaba el anillo, pero en realidad no le importaba porque le parecía una idea increíble. Si la muchacha tenía una posibilidad de usar su propia magia para defenderse, a Rose le parecía asombroso y si lo lograba (para bien de ambas) no podía negar que estaría orgullosa.

Necesitaban variar, pero ambas habían acordado que empezar con un solo elemento hasta tener completo control sobre él era lo mejor para no matarlas a ambas en la locura que traía la magia desconocida. Los progresos eran lentos, Rose podía verlos siempre desde la arena, un lugar alejado donde no podía salir mojada por completo, porque a decir verdad después de varios intentos siempre terminaba empapada por alguna razón.

No lo decía en voz alta, pero le preocupaba la forma en como Lissa estaba manejando el espíritu, es decir, según lo que recordaba Adrián había tardado mucho más en poder usar un elemento de la forma en como la chica lo estaba haciendo. Quizá se esforzaba más o quizá tenía que ver con el hecho de que Adrián había usado los cuatro elementos al mismo tiempo y no uno por uno como ella. Como sea, no le gustaba nada como en tres semanas desde unas pequeñas burbujas había logrado mover las olas a voluntad. Era posible, también, que la rubia solo tuviera un talento nato para esto.

– Eso se ve bien, Lis – Dijo la morena sin prestarle demasiada atención. En sus manos tenía una revista de moda, algo que leía cada vez que la rubia practicaba sola o más bien cuando intentaba no estorbarle demasiado.

– Ni siquiera estás mirando –

Suspiró con fuerza y alzó la mirada. La chica se encontraba en los pies de la arena a duras penas levantando una burbuja de agua. Rose alzó las cejas sorprendida ya que de momento este era el mejor logro, porque eso de mover las olas… tenía que admitirlo, le era difícil y tampoco es que pudiera moverlas tanto.

A través del vínculo podía sentir la magia del espíritu elevarse lentamente con esfuerzo para permitir el paso a la magia del agua. Sonrió caminando hasta la chica y asintió.

– Eso es fantástico –

– Gracias – La chica asintió con una sonrisa.

La burbuja de agua exploto en el aire salpicando a ambas y con una expresión de pocos amigos, Rose miró a su amiga que le sonreía nerviosa. Resopló sacudiendo la cabeza.

– Creo que deberíamos empezar con otro elemento – Sugirió.

– Siempre terminas salpicada de agua – Torció los labios Lissa – ¿Si empezamos con fuego crees que termines quemada?

La muchacha frunció el ceño – ¿Qué quieres decir? –

– Creo que hay una razón por la que cada vez que te acercas la magia se descontrola y te moja por completo. Ya te dije que no es intencional, solo no sé qué sucede, pero tal vez es a causa del lazo. ¿No lo haz pensado? –

– ¿Dices que por ser shadow kissed tus poderes me atacan? –

La chica torció el gesto con una mueca – No. Lo que digo es que es posible que a causa de estar vinculada conmigo la magia se descontrole cuando estás cerca debido a la energía que se desprende de ambas – Ella sugirió mientras caminaban de regreso hacia el auto. En el momento en que Rose se acercó a ella, saco una toalla más pequeña y comenzó a eliminar el exceso de agua en su cuerpo al igual que su amiga lo hacía con otra toalla – Esta no es la primera vez que cuando te acercas la magia se descontrola. Cada vez que estás lejos no hay problemas. No parece del todo loco, si consideramos que estamos hablando del espíritu

– No es del todo loca tu teoría – Asintió la muchacha – Entonces, ¿cuál es el plan?

– El plan es sencillo: encontrar un equilibrio entre ambas –

– Tampoco puedo estar lejos siempre. Qué tal si un día nos atacan y quieres usar tu magia. ¿Vas a atacarme a mí en lugar de al oponente? –

– Exacto. Es por eso que necesitamos encontrar un equilibrio a su paso, y yo no usaré la magia si alguien nos ataca. Eso solo interferiría en la pelea y le dará la ventaja al oponente –

Una sonrisa divertida se dibujó en los labios de la chica – ¿Dónde aprendiste tanto, majestad? –

– ¿Hablas en serio? Solo repito lo que tú dices de vez en cuando, además aprendo cuando estoy contigo –

– Es por eso que eres un cerebrito – Se burló la morena.

Volver a la casa de Abe no fue nada complicado ya que el sol aún estaba por ponerse, lo que significaba que no había peligro de momento. El problema más grande era entrar sin que alguien se diera cuenta de su presencia, y como tal las chicas preferían pasar el tiempo hasta que todos despertaran despiertas, ya que no podían volver a dormir.

La sorpresa de la situación era encontrar a Rose despierta desde temprano. Aunque en un inicio había sido motivo de burlas y de espionaje para saber el por qué, ahora era normal encontrarla levantada.

– Está bien, está bien. ¿Quién sigue con la lectura? – Preguntó Lissa esa misma tarde cuando estaban todos reunidos. Rose tuvo que desviar la vista para que ni siquiera la consideraran.

– Yo lo haré – Dijo Eddie alzando la mano con una sonrisa. Tras tener el libro en sus manos sonrió a todos – Capítulo cuatro

En cualquier otro momento de mi vida me habría encantado visitar Moscú. Sydney había planeado nuestro viaje de manera que dispusiéramos de unas cuantas horas antes de subir al tren que nos llevaría hasta Siberia. Nos daba tiempo de dar una vuelta y cenar algo, aunque ella insistió en que sería mejor quedarnos a salvo dentro de la estación para cuando cayese la noche. A pesar de mis bravatas o de mis marcas de molnija, Sydney no quería arriesgarse.

– Aburrido – Rose bufo.

– Era seguridad – Sydney sonrió.

– Cierto – Rose murmuró desviando la vista.

A mí no me preocupaba el empleo del tiempo que teníamos libre, siempre y cuando estuviera cada vez más cerca de Dimitri. Era lo único que importaba, así que Sydney y yo nos dedicamos a vagar sin rumbo fijo admirando los lugares de interés sin conversar mucho.

– Aún no sé… cómo es que ambas son amigas ahora – Dijo Christian sacudiendo la cabeza.

– Una serie de eventos que nos han traído hasta ahora – Dijo Rose con calma.

Nunca había estado en Moscú. Me pareció una ciudad próspera y muy bonita, llena de gente y de tiendas. Podría haber pasado varios días allí yendo de compras y comiendo en los distintos restaurantes. Tenía al alcance de la mano los lugares de los que había oído hablar toda mi vida: el Kremlin, la Plaza Roja, el teatro Bolshoi. A pesar de lo genial que era, pasado un rato me esforcé por desconectar de los paisajes y los sonidos de la ciudad porque me recordaban… bueno, me recordaban a Dimitri.

Él me hablaba de Rusia constantemente y me había jurado una y otra vez que me encantaría.

– Aunque yo esperaba un frío polar con el que te mueres – Dijo Rose sacando algunas sonrisas.

"Para ti, sería igual que estar en una tierra de fantasías." Me dijo una vez. Fue durante una clase de prácticas previa a entrar en las aulas de la escuela, muy poco antes de la primera nevada. El aire estaba cargado de niebla y el rocío lo cubría todo.

"Lo siento, camarada" contesté mientras me recogía el pelo en una cola de caballo. A Dimitri le encantaba verme con el pelo suelto, pero no pensaba dejármelo así en un entrenamiento de combate. El pelo largo era un incordio absoluto. "El borg y la música antigua no forman parte de ningún final feliz que me haya imaginado."

– ¿Borg? – Adrián alzó una ceja antes de dejar escapar una fuerte carcajada.

– Para mí sonaba igual – Se defendió la muchacha.

"Es borscht, no borg. Y ya he visto cómo comes. Si tuvieras hambre de verdad, te lo comerías."

– Ella come mucho – Murmuró Christian asintiendo.

Lo que más me gustaba era meterme con Dimitri y provocarlo. Bueno, aparte de darle besos.

– ¿Tienes que meterte conmigo siempre? – Dimitri murmuró.

– Oh, por supuesto que tengo. Es un método de supervivencia – Sonrió Rose.

"Te hablo de la tierra. De los edificios. Ve a una de las grandes ciudades. No se parece a nada que hayas visto. Todo el mundo en Estados Unidos suele construir del mismo modo. Siempre son bloques grandes, macizos. Hacen lo que es rápido y fácil. Pero en Rusia existen edificios que son obras de arte. Son arte en sí mismos, incluso los edificios más corrientes y ordinarios. Y qué decir de lugares como el Palacio de Invierno o la Iglesia Troistky en San Petersburgo? Esos sitios te dejarán sin aliento."

– La verdad es que sí son preciosos – Dijo Sydney asintió.

Dimitir asintió con una pequeña sonrisa disimulada.

El rostro se le había iluminado al recordar los lugares que había visto, y esa alegría hacía que sus rasgos, ya hermosos, se volvieran divinos. Creo que se podría haber pasado todo el día enumerando edificios famosos. Noté que me ardía el corazón con solo contemplarlo. Y entonces, como siempre hacía cuando sospechaba que podría acabar poniéndome ñoña o sentimental, hice una broma para distraerlo y ocultar mis sentimientos.

– Nah, no eres tan buena con eso – Murmuró Christian desviando la vista – Aburré todo el romance

– ¿Qué dices? El romance es lo mejor de los libros – Jill frunció el ceño.

– Yo digo que es mejor si patea traseros – Christian se encogió de hombros.

Rose suspiró no comentando nada sobre la pequeña discusión. Realmente se sentía como si no tuviera nada de qué hablar sobre todo ello.

Eso le hizo volver a concentrarse en la situación de combate, y nos pusimos a entrenar.

– Que manera de matar el momento – Murmuró Lissa algo molesta.

Mientras caminaba con Sydney por las calles de la ciudad, deseé haberme callado esa broma para escuchar a Dimitri hablar más sobre su tierra natal. Habría dado cualquier cosa por tenerlo a mi lado, como antes.

– ¿Tu vida? – Preguntó alguien en un murmullo, a lo que Rose asintió.

Ni siquiera estaba mirando a los presentes mientras leían el libro. Ella solo se mantenía en silencio con la mirada baja mientras en su mente las palabras generaban los recuerdos como si se tratase de una película.

Tenía razón sobre los edificios. Por supuesto, la mayoría eran copias toscas de cualquier edificio que pudieras encontrar en Estados Unidos o en cualquier otra parte del mundo, pero otros eran maravillosos, estaban pintados con colores brillantes y rematados por unas cúpulas raras, pero preciosas, con forma de cebolla. Hubo momentos en los que realmente parecía que me encontraba en otro mundo. Y durante todo ese tiempo, no dejé de pensar en que debería haber sido Dimitri quien estuviera a mi lado para señalarme los edificios y hablarme de ellos. Tendría que haber sido una escapada romántica para los dos.

– Se vale soñar, ¿no? – Mia sonrió con compasión, pero Rose ni siquiera se molestó en responder o mirarla.

Dimitri y yo habríamos comido en restaurantes exóticos y habríamos salido a bailar por la noche. Podría haberme puesto uno de esos vestidos de diseño que tuve que dejar en el hotel de San Petersburgo. Debería haber sido así, y no acompañada por una humana que se paseaba con el ceño fruncido.

"Qué irreal, ¿eh? Parece sacado de un cuento."

La voz de Sydney me sobresaltó, y me di cuenta de que nos habíamos parado delante de nuestra estación de tren.

– King Cross. Ya está – Dijo Abe con calma.

– ¿Quién es King Cross? – Rose frunció el ceño ligeramente.

– No quién, qué. Una estación de tren en Londres. Probablemente deberías ir allí, dicen que hay un pasaje escondido y secreto al atravesar una pared –

– ¿En serio? – Frunció el ceño.

– Sí… podrías intentar encontrarlo… si no te chocas con la pared primero –

La muchacha parpadeó un momento sintiendo una caricia en las mejillas que seguramente se tornaría de color rosado. La conversación parecía incomoda por un momento y fue como si hubiera algo que chocara con el mundo en ese momento.

En Moscú había unas cuantas. Lo familiar que resultaba su comentario con respecto a mi conversación con Dimitri me provocó un escalofrío que me recorrió la espalda de arriba abajo, sobre todo porque tenía razón. La estación no tenía las cúpulas en forma de cebollas, pero aún así también parecía saca de las páginas de un libro de cuentos, algo similar al cruce del castillo de la Cenicienta y una casita de galletas. El techo era alto y abovedado, una torre en cada extremo. En las paredes blancas se intercalaban franjas de ladrillo marrón y mosaicos verdes, lo que daba un aspecto casi rayado. En Estados Unidos algunos lo hubieran considerado chillón. A mí me parecía bonito.

– Me hubiera gustado poder verlo – Lissa dijo con una sonrisa.

Rose sonrió y asintió.

Los ojos empezaron a llenárseme de lágrimas, y me pregunté qué me habría dicho Dimitri de aquel edificio. Probablemente le habría encantado, igual que le encantaba todo lo demás de allí. Me di cuenta de que Sydney esperaba una respuesta, así que me tragué la tristeza y contesté como una adolescente frívola:

"Sí, de algo sacado de un cuento de estaciones de trenes."

Sydney levantó una ceja, sorprendida por mi indiferencia, pero no dijo nada.

– Ahora sé por qué – Espetó la muchacha con calma.

Rose sonrió.

Quién sabía... Quizá si le contestaba siempre con el mismo sarcasmo, acabaría enfadándose y me dejaría tirada. Pero dudaba mucho de que fuese a tener tanta suerte. Estaba bastante segura de que el miedo que Sydney sentía hacia sus superiores podría contra cualquier otra cosa que sintiese por mí.

– No tienes ni idea – Dijo Sydney con una mueca.

– Bueno, ahora entiendo el por qué – Rose asintió.

Teníamos billetes de primera clase, pero el compartimiento resultó ser mucho más pequeño de lo que me esperaba. A cada lado había una combinación de asiento y cama, una ventana, y una televisión colocada en la pared. Supuse que eso me ayudaría a pasar el tiempo, pero no resultaba fácil ver una televisión rusa: no solo por el idioma, sino también porque algunos programas eran absolutamente estrambóticos. Aun así, Sydney y yo dispondríamos de nuestro propio espacio, aunque el compartimiento fuera más íntimo de lo que nos hubiera gustado.

– Hablando en serio, qué sucedió – Adrián dijo – Parecían odiarse la una a la otra y ahora… ahora son amigas, ¿lo son, verdad?

– Por supuesto que lo somos – Sydney le frunció el ceño antes de mirar a Rose – ¿Lo somos?

– Oh, sí. Lo somos – Asintió Rose con una sonrisa al ver el intercambio de ambos. No sentía celos, pero si estaba contenta de que ambos pudieran llevarse bien tal y como son.

Los colores me recordaron mucho a los mismos diseños alegres que había visto en distintas ciudades. Incluso el pasillo del compartimiento tenía unos colores luminosos, y en el suelo había una moqueta esponjosa con dibujos rojos y amarillos, con una guía de color verde azulado y amarilla en el centro. Los asientos del compartimiento estaban cubiertos por cojines de terciopelo naranjo intenso y las cortinas eran de un tejido grueso con dibujos bordados en seda y colores a juego con tonos dorados y melocotón. Entre aquello y la mesa recargada que se encontraba en mitad del compartimiento, uno tenía la sensación de viajar en un palacio miniatura.

Ya era de noche cuando el tren salió de la estación. No sé por qué, el Transiberiano siempre salía de noche de Moscú. No era muy tarde, pero Sydney quería dormirse ya, y yo no quería que se enfadase aún más, así que apagamos todas las luces, a excepción de una lamparita junto a mi cama. Había comprado una revista en la estación y aunque no entendía el idioma, las fotográficas de maquillaje y ropa trascendían todas las barreras culturales. Hojeé las páginas todo lo silenciosamente que pude y admiré las blusas y los vestidos veraniegos mientras me preguntaba cuándo podría volver a interesarme aquello, si es que alguna vez volvía a interesarme.

– Ser guardián requiere su sacrificio – Rose observó a su madre mirarla con seriedad. Ella en realidad creía en sus palabras y no es que ella no lo creyera, pero incluso ella tenía que admitir que había momentos en los que preferiría ser solo una adolescente normal.

– Sí, tienes razón –

No estaba cansada cuando me acosté, pero me dormí de todos modos. Estaba soñando que me encontraba practicando esquí acúatico cuando, de repente, las olas y el sol que me rodeaban se desvanecieron para convertirse en una sala con las paredes cubiertas de estanterías llenas de libros. En la sala se alienaban mesas con ordenadores de última generación y en el ambiente había una calma que lo impregnaba todo. Me encontraba en la biblioteca de la Academia St. Vladimir.

– El mejor de toda tu vida. Soñar con la academia cuando ya estás fuera de ella – Christian sacudió la cabeza.

– Eso no fue mi culpa – Rose dijo con calma.g

"Anda ya. Hoy no." Gruñí.

"¿Por qué hoy no? ¿Por qué no todos los días?"

Me giré y vi el atractivo rostro de Adrián Ivashkov. Era un moroi, el sobrino nieto de la reina, y alguien a quién había dejado atrás en mi vida anterior. Tenía unos preciosos ojos color esmeralda que hacían que la mayoría de las chicas cayesen rendidas a sus pies, sobre todo porque iban acompañados de un pelo castaño alborotado pero con estilo. También estaba un poco enamorado de mí y era la razón por la que disponía de tanto dinero para aquel viaje. Me lo había camelado para que me lo diese.

– ¿Camelado? – Frunció el ceño Adrian.

– No tengo ni idea – Rose sacudió la cabeza.

"Es verdad" Reconocí. "Supongo que debería sentirme agradecida de que solo aparezcas una vez por semana."

Me sonrió y se reclino contra el respaldo de una de las sillas de madera. Era alto, como la mayoría de los moroi, con un cuerpo esbelto pero musculoso. Los moroi eran demasiado corpulentos.

"Rose, la ausencia hace que el corazón ansíe más lo que echa en falta. No quiero que pienses que siempre voy a ser tuyo."

"No te preocupes, no hay peligro."

"Supongo que no me vas a decir dónde estás."

"No."

Aparté de Lissa, Adrian era el único usuario del espiritu vivo, y una de sus habilidades era la capacidad de aparecérseme en sueños (a menudo sin invitación) y hablarme.

– No, yo diría que siempre – Rose sacudió la cabeza.

– A ti te gustaba que lo hiciera –

– Era acosador – Murmuró la chica desviando la vista.

Yo consideraba una suerte que su poder no le permitiera saber dónde estaba yo en cada momento.

"Me matas, Rose." Respondió con voz melodramática. "Cada día que paso sin ti es un tormento. Vacío. Solo. Pensando por ti y preguntándome si seguirás viva."

– Creo que todos lo hacíamos – Rose escucho a su mejor amiga, y al mirarla vio que tenía el ceño fruncido mirando a Adrian que solo sonreía.

Hablaba con un tono exagerado y ridículo muy típico de él. Adrian pocas veces se tomaba las cosas en serio y siempre mostraba una actitud algo frívola.

– Entre Christian el sarcástico y Adrian el frívolo no tenemos nada bueno – Rose dijo despreocupada.

– Sí, pero a veces se necesitan ambos para que no tengamos un ambiente tan pesado – Lissa dijo con una sonrisa, provocando que Christian le guiñara el ojo.

– ¿En serio? – Rose bufó.

– Y tú eres igual de sarcástica – Christian la señaló.

– Y frívola – Adrian asintió – De hecho, tú haces un dos por uno

El espíritu también tenía cierta tendencia a hacer que la gente fuera inestable y, aunque intentaba resistirse, Adrian no se libraba de ese efecto. Sin embargo, bajo toda esa afectación, capté que había algo de verdad. No importaba lo frívolo que pudiera parecer su comportamiento: estaba preocupado de verdad por mí. Me crucé de brazos.

"Bueno, está claro que sigo viva, así que puedes dejarme que vuelva a dormir."

"¿Cuántas veces voy a tener que explicártelo? ¡Estás dormida!

"Y sin embargo, inexplicablemente, me siento agotada de hablar contigo."

Eso hizo que se echase a reír.

"Ay, te echo mucho de menos." La sonrisa desapareció. "Ella también te echa de menos."

Me puse tensa. Ella. Ni siquiera tenía que decir su nombre. No cabía duda alguna de a quién se refería.

– Creo que es bastante obvio – Rose vio a Christian asentirle. Ella no quiso mirar a Lissa a los ojos en ese momento, porque sabía que solo encontraría una extraña mueca de dolor oculta por una sonrisa compasiva y delicada. Pero ella podía sentir que aún con todo lo que había pasado, días y meses desde aquello, Lissa aún se sentía mal por la pelea que tuvieron aquel día.

«Lissa»

El simple hecho de pensar en su nombre me dolió, sobre todo después de lo que había visto la noche anterior. Elegir entre Lissa y Dimitri había sido la decisión más difícil que había tomado en la vida, y el tiempo transcurrido no había hecho que fuera más fácil. Aunque había elegido seguir a Dimitri, alejarme de ella era tan doloroso como si me hubieran cortado un brazo, sobre todo porque el vínculo impedía que estuviésemos separadas.

– ¿Alguna vez te han cortado un brazo? – Mia levantó una ceja.

– No, pero imagino que si lo hicieran se sentiría de tal manera – Rose asintió con una sonrisa tonta que provoco que algunos sacudieran la cabeza. Ella no tenía ganas de jugar a la víctima.

Adrián me miró con una expresión astuta, como si fuese capaz de leerme el pensamiento.

"¿La observas?"

"No." Contesté. Me negaba a reconocer que la había visto la noche anterior. Preferiría que pensase que ya había dejado todo aquello atrás. "Esa ya no es mi vida."

"Claro, ahora tu vida gira alrededor de peligrosas misiones justiciera."

"No entenderías nada que no fuese fumar, beber o ligar."

"Tú eres la única a la que quiero, Rose."

Por desgracia, le creía. Hubiera sido más fácil para los dos que Adrian fuese capaz de encontrar a otra.

– Los giros del destino – Suspiro Adrian.

"Puedes sentirte así todo el tiempo que quieras, pero vas a tener que seguir esperando."

"¿Mucho más?"

Me hacía esa misma pregunta siempre, y cada vez yo insistía en lo larga que sería la espera y en cómo estaba desperdiciando el tiempo. Al pensar en la posible pista de Sydney, esa noche dudé.

"No lo sé."

En la cara de Adrian apareció una expresión esperanzada.

"Es el cálculo más optimista que has hecho hasta ahora."

"No te hagas muchas ilusiones. «No lo sé» puede ser un día o puede ser un año. O nunca."

Volvió a esbozar una sonrisa traviesa y no me quedo más remedio que reconocer que era atractivo.

"Voy a albergar esperanza de que se trata de un día."

Al pensar en Sydney se me ocurrió una pregunta.

"Oye, ¿alguna vez has oído hablar de los alquimistas?"

"Claro."

"Claro, por supuesto que sí." Repetí sin sorprenderme. Era típico de él.

"¿Por qué? ¿Te has topado con ellos?"

"Algo así."

"¿Qué has hecho?"

"¿Por qué crees que he hecho algo?"

Adrián se echó a reír.

"Los alquimistas solo aparecen cuando hay problemas, y tú arrastras los problemas allí a donde vas. Pero ten cuidado. Son unos pirados religiosos."

– Con que pirados, eh – Rose escuchó a Sydney decir con un tono que fingía estar tranquila cuando en realidad estaba molesta. Ni siquiera entendía por qué ella se molestaba en fingirlo. Desvió la vista mientras intentaba no reír por la mirada de auxilio que Adrian tenía en el rostro.

"¿No estás exagerando?" Repuse. No me parecía que la fe de Sydney fuera tan extrema.

"Tú procura no dejar que te conviertan." Me guiñó un ojo. "Me gustas así de pecadora."

– No tienes reparos a la hora de coquetear, eh – Lissa dijo riendo.

– No, y ustedes tampoco – Christian sacudió la cabeza.

Empecé a decirle que Sydney probablemente pensaba que yo estaba más allá de toda salvación, pero él puso fin al sueño y me envió de vuelta al mío.

Sin embargo, en lugar de seguir soñando, me desperté. El tren ronroneaba de forma agradable mientras recorríamos a toda velocidad la campiña rusa. La lamparita seguía encendida y su luz era demasiado intensa para mi vista somnolienta. Alargué la mano una mano para apagarla y, al hacerlo, me fije en que la cama de Sydney estaba vacía. Pensé que seguramente estaría en el cuarto de baño. Aún así, me sentí incómoda. Ella y su grupo de alquimistas eran un misterio, y de repente me sentí preocupada por la posibilidad de que estuviera planeando algo malo. ¿Habría salido para reunirse con un agente encubierto? Decidí encontrarla.

– Tienes una imaginación increíble – Escuchó el sarcasmo provenir de la voz de Sydney. Ella se rió ligeramente.

No tenía ni idea de dónde podía estar, en un tren de aquel tamaño, pero la lógica nunca había conseguido disuadirme. No había motivo para empezar a estas alturas. Por suerte, después de ponerme las zapatillas y salir al pasillo, descubrí que no tendría que buscar mucho.

Una de las paredes estaba cubierta por una hilera de ventanas, todas con las mismas cortinas lujosas. Sydney estaba de espaldas a mí, contemplando el exterior, cubierta desde los hombros por una manta. Tenía el pelo enmarañado y parecía menos dorado con la escasa luz.

"Oye…" Murmuré. "¿Estás bien?

– Aquí comienza la operación "conversación a la luz de la luna y volverse amigas tras un par de chistes" – Adrian rió.

– Casi… – Sydney respondió.

Se volvió un poco hacía mí. Sostenía la manta con una mano. La otra jugueteaba con la cruz que llevaba colgada al cuello. Recordé lo que Adrian me había comentado sobre su religiosidad.

"No puedo dormir." Respondió con sequedad.

– Auch – Christian dijo.

"¿Es por… es por mí?"

Su única respuesta fue volverse de nuevo hacia la ventana.

"Mira, si puedo hacer algo…" Le dije, aunque me sentía impotente. "Aparte de dar media vuelta y cancelar ese viaje, quiero decir."

"Lo superaré." Respondió. "Lo que pasa es que… Bueno, que todo esto es muy extraño para mí. Debo dedicarme a resolver asuntos con vosotros constantemente… pero, en realidad, no los resuelvo con vosotros, ¿lo entiendes?"

"Probablemente podamos conseguir un compartimiento para ti sola, si eso te ayuda a dormir. Podemos buscar al encargado, y tengo dinero para pagarlo."

Sydney negó con la cabeza.

"Solo son un par de días, si llega."

No supe qué más decir. La compañía de Sydney era un inconveniente en el esquema general de mis planes, pero no quería verla sufrir.

– Si tiene sentimientos – Christian se burló de ella con un tono divertido.

Rose bufó – No para ti –

Al ver que seguía jugueteando con la cruz, intenté pensar en algo reconfortante que decirle. Charlar sobre nuestras ideas sobre Dios hubiera sido un modo de acercarnos la una a la otra, pero pensé que contarle cómo me enfrentaba diariamente a Dios y cómo últimamente dudaba de su existencia no iba a ayudarle mucho a mi reputación de malvada criatura de la noche.

"Vale." Dije por fin. "Si cambias de idea, dímelo."

Me volví a la cama y me quedé dormida con una rapidez sorprendente, a pesar de la preocupación de que Sydney se quedase de pie toda la noche en el pasillo. Sin embargo, cuando me desperté a la mañana siguiente, estaba acurrucada en su cama, completamente dormida. Al parecer, estaba tan agotada que, pese a tenerme miedo, se había visto obligada a descansar. Me levante en silencio y me cambié la camiseta y los pantalones chándal que me había puesto para dormir. Estaba muerta de hambre, y supuse que Sydney dormiría un poco más si yo salía del compartimiento.

El restaurante estaba en el siguiente vagón y parecía sacado de una película antigua. Las mesas se hallaban cubiertas por unos manteles elegantes de color burdeos, y el bronce y la madera oscura, junto a los ornamentos realizados con brillantes cristales de colores, le daban un aspecto antiguo al conjunto. Se parecía más a un restaurante que uno pudiese encontrar en una de la esquinas de San Petersburgo. Que al vagón restaurante de un tren. Pedí algo que me recordó vagamente a una tostada, pero que venía con queso por encima. Me pusieron una salchicha, que parecía igual a las de todos los sitios a los que iba.

Estaba a punto de terminar cuando entró Sydney. Cuando la reconocí, supuse que se había puesto pantalones de vestir y la blusa para ir al Ruiseñor. Sin embargo, esa mañana descubrí que era su forma habitual de vestir. Me pareció que era una de esas personas que no tenían vaqueros ni camisetas en su armario. La noche anterior la había visto despeinada, pero ahora llevaba puestos unos pantalones negros eñidos y un jersey de color verde oscuro. Yo iba vestida con unos vaqueros y una camisa térmica gris de manga larga, y me sentí un poco desaliñada comparada con ella.

– Poco-Mucho – Adrian asintió.

– No te pregunte – De mala gana respondió Rose provocando que él se riera.

Llevaba el pelo cepillado y peinado con estilo, aunque me mostraba un aspecto un tanto descuidado que sospeché que siempre la acompañaba, por mucho que se esforzase en disimularlo. Al menos, tenía a mi favor el pelo recogido en una pulcra cola de caballo.

– No era una competencia – Sydney rió.

– Para ti – Rose sonrió.

Se sentó a mi lado y pidió una tortilla cuando el camarero se le acercó. Habló de nuevo en ruso.

"¿Cómo lo haces?" Le pregunté.

"¿El qué, hablar en ruso?" Se encogió de hombros. "Tuve que aprenderlo desde pequeña. Además de otros cuantos idiomas."

"Vaya."

Yo también había empezado a estudiar un par de idiomas y había fracaso de un modo penoso. No le había dado mucha importancia hasta entonces, pero en ese momento debido al viaje y a Dimitri, deseé profundamente haber aprendido ruso. Supuse que todavía no era demasiado tarde, y ya me había aprendido unas cuantas frases desde el tiempo que llevaba allí, pero a pesar de todo… era una tarea de proporciones hercúleas.

"Habrás tenido que aprender un montón de cosas para tu trabajo." Comenté mientras pensaba en lo que debía suponer formar parte de una organización secreta internacional que tenía relaciones con toda clase de gobiernos. Se me ocurrió algo más. "¿Qué hay de eso que utilizaste con el strigoi? Lo que desintegro el cadáver."

– Buena conversación – Dijo Christian con sarcasmo – Digo, si yo quisiera hacer amigos también les preguntaría a los extraños que usan para matar a otros

– Técnicamente yo lo maté – Rose dijo con calma.

– Es verdad, pero aun así –

Sonrió. Bueno, casi.

"Ya te dije que los alquimistas comenzaron siendo un grupo de gente que se dedicaba a hacer pociones, ¿verdad? Eso es producto del químico que inventamos para librarnos con rapidez de los cadáveres de los strigoi."

"¿Se puede utilizar para matarlos?" Quise saber.

Matar a un strigoi cubriéndolo con un líquido disolvente sería mucho más fácil que con los métodos habituales: por decapitación, con una estaca clavada o quemado.

"Me temo que no. Solo sirve con los cadáveres."

"Que rollo." Solté. Me pregunté si tendría otras pociones escondidas en la manga, pero supuse que tendría que racionar las preguntas que podía hacerle en un solo día. "¿Qué vamos a hacer cuando lleguemos a Omsh?"

"Omsk" Me corrió. "Alquilaremos un coche y haremos el resto del camino sobre cuatro ruedas."

– Siempre cambiando los nombres, eh – Dimitri sonrió.

– Ni siquiera es intencional – Rose murmuró.

"¿Ya has estado allí? ¿En el pueblo?"

Hizo un gesto de asentimiento.

"Una vez."

"¿Cómo es?" Pregunté, y me sorprendió el tono melancólico de mi voz.

Aparte de mi búsqueda de Dimitri, una parte de mí quería aferrarse a todo lo que pudiera de él. Quería saberlo todo sobre su persona, todo lo que aún no sabía. Si en la academia me hubiesen entregado sus objetos personales, habría dormido con ellos cada noche. Sin embargo, no habían tardad en limpiar y despejar su habitación. Ahora solo podía reunir los pocos retazos de información que conseguía sobre él, como su conservar esos datos lo mantuviese a mi lado.

"Supongo que es como cualquier otro pueblo dhampir."

"Nunca he estado en ninguno."

El camarero puso la tortilla delante de Sdyeny, y esta se quedó quieta con el tenedor en el aire.

"¿De verdad? Pensaba que todos vosotros… Bueno, no sé."

– Eso casi me ofende – Rose rió ligeramente.

"Negué con la cabeza.

"Llevó toda mi vida en la academia. Más o menos."

El período de dos años que había pasado entre los humanos no era relevante.

Sydney empezó a comer, pensativa. Estaba casi segura de que no se terminaría la tortilla. Por lo que había visto la primera noche y el día anterior, mientras esperábamos a que saliera el tren, apenas comía nada.

– Tú la intimidabas – Dijo Adrian.

La chica asintió, casi considerándolo.

Daba la impresión de que subsistía simplemente con el aire. Quizá era otra característica de los alquimistas, aunque lo más probable era que solo fuera cosa de Sydney.

"La gente del pueblo es medio humana y medio dhampir, pero los dhampir están integrados. Tienen toda una sociedad clandestina que los humanos desconocer por completo."

Siempre supuse que habrá subcultura en un lugar así, pero no tenía ni idea de cómo encajaría con el resto del pueblo.

"¿Y? ¿Cómo es la subcultura?" Quise saber.

Sydney dejó el tenedor en el plato.

"Digamos que será mejor que te prepares."

– Uhhh final de suspenso – Murmuró Adrián con una sonrisa. Rose rodó los ojos ligeramente y luego volteó a mirar el libro que Eddie estaba entregando a Jill. Se sintió con un revoltijo en el estómago e intentó no mostrar emociones en publico. Casi estaba considerando nuevamente la lectura del libro, sin embargo, cuando miraba aquellos libros no podía evitar sentir liberación del pasado, como si los libros le ayudasen a recordar y a olvidar lo malo.

Continuará...


Okey... sé que tengo que dar muchas explicaciones... Antes que todo lo que tengo que decir, quiero pedirles disculpas por no haber podido actualizar, pero es que me fui de vacaciones, acabo de volver y no tuve tiempo de escribir los capitulos, ya saben que siempre me gusta tener hartos capítulos escritos cuando actualizo uno, cosa que tenga siempre una cantidad asegurada. Este capitulo lo he escrito mientras estaba de vacaciones, pero no lo pude subir porque el internet que tenía no era especialmente bueno. Se caía a cada rato (y las veces que no, bueno, estaba pegada con una serie que me volvía casi imposible hacer otra cosa que no fuera verla). De aquí en adelante no tengo más capítulos escritos, por lo que no voy a poder actualizar en un tiempo porque no creo que pueda empezar a escribir de mañana, o desde el día siguiente, ni siquiera creo que en la semana, así que no les voy a mentir diciéndoles que comenzaré a escribir los demás capitulos ya de ya.

La razón de que no pueda escribir es que no tengo mucha inspiración... e ideas... ideas más que inspiración porque mi inspiración viene de las ideas que tengo, así hasta no tener algo más concreto no puedo hacer nada. Yo tengo definido en mi cabeza el rumbo de este cuarto fics, lo he dicho antes, quiero que sea un poco más tenso y oscuro de lo que debería ser a causa de la escritura, pero no puedo escribirlo porque no me resulta como yo quiero así que de momento dejaré de escribir y lo haré luego. Ya sé que muchos estarán desconformes con esto, lo siento mucho, y más por toda la larga espera de los dos años, pero no puedo hacer nada. Realmente esto lo hago por un hobby y por supuesto que me gusta escribir y saber sus opiniones sobre mi escritura, lo que les gusta y lo que no, de hecho amo cuando leo los comentarios. Pero cuando llega un momento en que no tengo inspiración o ideas, lo mejor es descansar y no forzar. No es la primera vez que me pasa, de hecho hay varias historias mías que ahora están terminadas, pero en su momento tuve que forzar las ideas y cuando miro los capítulos no me atraen como los capítulos que me salieron naturales, y siendo sinceras ustedes no lo notaran pero yo sí.

En serio lo lamento, pero sepan que he estado mirando sus mensajes preguntando cuando el siguiente capitulo, y todo lo demás. Siempre estoy pendiente de los comentarios. Ya saben que aunque me gusta escribir Leyendo el Pasado, para mí es muy difícil porque transcribir del pdf y hacer comentarios es cansador, aparte a veces me siento como encerrada porque no tengo una escritura 100% libre, que evidentemente me gustaría tener.

AVISO: Algo que quiero comentar, es que el día 13 tengo planeado subir una historia-libro, como quieran llamarlo, a wattpad y es algo que tengo terminado en mi pc pero estoy esperando una critica de alguien para poder subirlo. Esta historia será lo típico en la literatura juvenil de ficción: un grupo de chicos que salvan al mundo de un mal... solo que más oscuro (ya saben que los temas serios y oscuros con un toque pequeño de humor y romance son mis favoritos) es algo que escribí hace como cuatro años así que después de echarle unas miraditas decidí subirlo a wattpad. Me gustaría que le echarán un ojo y me digan si les gusta o no, también en wattpad, seguramente si la cosa resulta con esta historia y actualizo (1x semana) seguido es probable que allí avise cuando actualizaré VA de nuevo. Créanme, esta es una historia que quiero subir, con muchas ganas porque la idea de la historia me ha encantado y quiero compartirla, así que espero que les guste tanto como me ha gustado a mí.

Lamento todo el inconveniente, pero si tienen preguntas estaré respondiendo siempre y cuando no sea la típica pregunta de: cuándo vas a actualizar, porque ya dije que de momento no lo haré, (y claro, siempre y cuando sea directo desde una cuenta para responder en PM porque de otro modo no veo como). Y ya saben, el día 13 quiero a todo el mundo hablando de la super historia que subire a Wattpad, me pueden encontrar como Liraa12.

Y antes de irme, si alguien proveniente de Chile está leyendo mi fics, quisiera mandarle un saludo y apoyo, esperando (evidentemente) que no se haya visto cara a cara con el manto rojo que cubría las verdes copas de los árboles y los poblados cercanos. Quizá es tarde para decirlo, pero en serio espero que si algunos de mis lectores chilenos se encontraba cerca del incendio, no haya salido lastimado y se encuentre bien.

Dejen Reviews.
Se despide Liraa12.